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The ConsciousLibrary

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Grandes conceptos de la humanidad

Sufrimiento, liberación, consciencia, vacío, gracia. Las palabras con que la humanidad ha intentado nombrar lo esencial, explicadas desde cada tradición y en su lengua original, sin dar por hecho que términos parecidos significan lo mismo.

En cada maestro

Las nociones propias que articulan el pensamiento de cada uno.

Jesús de Nazaret
  • Abba: Dios como padreabba

    Marcos conserva en arameo la invocación de Jesús en Getsemaní: «Abba, Padre, todo te es posible» (14:36), y Pablo atestigua que las primeras comunidades de lengua griega seguían usando la palabra aramea en la oración (Gálatas 4:6; Romanos 8:15). El Padrenuestro empieza con la misma invocación. Joachim Jeremias sostuvo que Abba era un término infantil e íntimo («papá») sin paralelo en la oración judía, y que revelaba una conciencia filial única; la investigación posterior ha matizado ambas afirmaciones: Abba era también la forma usada por los adultos y la idea de Dios como padre es frecuente en la Biblia hebrea y en el judaísmo de la época. Lo característico de Jesús parece ser la centralidad de esta relación y su enseñanza de que los discípulos pueden dirigirse a Dios de la misma manera, con confianza, pidiendo el pan de cada día y el perdón.

  • El amor a los enemigosamor-a-los-enemigos

    El mandamiento de amar al prójimo procede de la Torá (Levítico 19:18), y Jesús lo une al amor a Dios (Deuteronomio 6:5) como resumen de la Ley (Marcos 12:28–34). Lo que la tradición de dichos le atribuye como propio es su extensión radical: «amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen» (Lucas 6:27–28; Mateo 5:44), con las imágenes de poner la otra mejilla, dar también el manto y caminar la segunda milla. La justificación es teológica: Dios hace salir el sol sobre buenos y malos. Los historiadores lo consideran uno de los rasgos más característicos de su enseñanza, porque es poco frecuente en la literatura antigua formulado de manera tan absoluta. Se ha leído como ética del reino inminente, como estrategia de resistencia no violenta frente a la ocupación romana (Walter Wink) o como ideal personal; inspiró, entre otros, a Tolstói, Gandhi y Martin Luther King.

  • El Hijo del Hombrehijo-del-hombre

    Es la expresión con la que Jesús se refiere a sí mismo con más frecuencia en los evangelios —unas ochenta veces— y casi solo en su boca. En arameo, bar enash puede significar simplemente «un ser humano» o funcionar como circunloquio para «yo». Pero el libro de Daniel (7:13) describe a «uno como un hijo de hombre» que viene sobre las nubes y recibe de Dios el reino eterno, y la literatura apocalíptica posterior (las Parábolas de Henoc) hizo de él una figura celeste de juicio. Los dichos evangélicos se agrupan en tres tipos: sobre la actividad terrena («el Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar la cabeza»), sobre su sufrimiento y sobre su venida futura. Si Jesús usó la expresión, si se identificó con la figura de Daniel o hablaba de otro, o si los títulos son creación de la comunidad, es uno de los problemas más debatidos y no resueltos de la investigación.

  • Mesías y Cristomesias

    Mashiaj, en hebreo, y christos, en griego, significan «ungido»: el rey o el sacerdote consagrado con aceite. En tiempos de Jesús, algunos grupos judíos esperaban un mesías davídico que liberaría a Israel del dominio extranjero; otros, figuras sacerdotales o proféticas, y muchos, ninguna. Los evangelios presentan a Jesús reacio a usar el título (el «secreto mesiánico» de Marcos), y el letrero de la cruz —«rey de los judíos»— indica que fue ejecutado como pretendiente mesiánico, lo que muchos historiadores toman como un dato fiable. La fe en la resurrección transformó el título: un mesías crucificado era, como escribe Pablo, «escándalo para los judíos»; los cristianos lo reinterpretaron mediante los cantos del siervo sufriente de Isaías y los salmos, y «Cristo» se convirtió muy pronto en un nombre propio. El judaísmo no reconoce a Jesús como el mesías esperado; el islam le da el título (al-Masih) sin su sentido cristiano.

  • Las parábolasparabolas

    La forma más característica de la enseñanza de Jesús según los sinópticos: relatos breves tomados de la vida cotidiana de Galilea —el sembrador, la levadura, la red, el tesoro escondido, los jornaleros de la viña, el hijo pródigo, el buen samaritano— que comparan el reino de Dios con algo inesperado. El griego parabole traduce el hebreo mashal, que abarca la comparación, el proverbio y el enigma; la forma era conocida en la literatura rabínica. Adolf Jülicher (1888) rompió con la lectura alegórica tradicional y defendió que cada parábola tiene un único punto; C. H. Dodd y Joachim Jeremias intentaron recuperar su sentido en la situación de Jesús, distinguiéndolo de las interpretaciones de la Iglesia primitiva, que ya aparecen en los propios evangelios (la explicación del sembrador, Marcos 4:13–20). Su estructura —un giro sorprendente que obliga al oyente a tomar partido— hace de ellas uno de los estratos que con más probabilidad se remontan a Jesús.

  • El reino de Diosreino-de-dios

    Es el centro de la predicación de Jesús según los sinópticos: la expresión aparece más de cien veces en los evangelios y casi nunca en el resto del Nuevo Testamento. El griego basileia tou theou traduce una idea judía, el reinado o soberanía de Dios, más que un territorio: el momento en que Dios hará valer su voluntad y restaurará a Israel y al mundo. Jesús la anuncia como inminente («se ha acercado»), pero también como presente en sus exorcismos («si yo expulso los demonios por el dedo de Dios, es que ha llegado a vosotros el reino de Dios», Lucas 11:20) y como algo que crece en secreto, como la semilla de mostaza. Esta tensión entre presente y futuro es la gran cuestión de la investigación: Albert Schweitzer vio en Jesús a un profeta apocalíptico que esperaba el fin del mundo; C. H. Dodd, un «reino ya realizado»; otros, un programa de renovación social de Israel. Mateo, por reverencia judía hacia el nombre divino, habla de «reino de los cielos».

Patañjali
  • Práctica y desapego (abhyāsa y vairāgya)abhyasa-vairagya

    Los dos medios que el primer capítulo propone para detener los movimientos de la mente (1.12–1.16). La práctica es el esfuerzo repetido por mantener la mente estable, y se afianza cuando se cultiva durante mucho tiempo, sin interrupción y con devoción. El desapego es el dominio de quien ya no siente sed de los objetos, ni de los vistos ni de los prometidos por la escritura; su forma suprema es la indiferencia incluso hacia las cualidades de la naturaleza, nacida de la visión del sí-mismo. Ambos se complementan: la práctica orienta la mente hacia la quietud y el desapego le quita el impulso que la arrastra hacia fuera. El comentario los compara con las dos orillas de un río que encauzan una corriente que puede fluir hacia el bien o hacia el mal.

  • Los ocho miembros (aṣṭāṅga)ashtanga-yoga

    El aforismo 2.29 ordena la práctica en ocho miembros: las abstenciones (yama: no dañar, veracidad, no robar, castidad y no poseer), las observancias (niyama: pureza, contento, ascesis, estudio y entrega a īśvara), la postura (āsana), el control de la respiración (prāṇāyāma), la retirada de los sentidos (pratyāhāra), la fijación de la atención (dhāraṇā), la meditación (dhyāna) y la absorción (samādhi). Los cinco primeros son medios externos; los tres últimos, practicados sobre un mismo objeto, forman el saṃyama. De la postura el texto solo exige que sea estable y cómoda, y no describe ninguna. Las abstenciones, cuando se observan sin excepciones de lugar, tiempo o circunstancia, constituyen el «gran voto», y coinciden en contenido y nombre con los cinco votos del monacato jaina. En el yoga moderno, aṣṭāṅga designa también un método de posturas que toma el nombre del texto.

  • Detención de los movimientos de la mente (cittavṛttinirodha)citta-vritti-nirodha

    Es la definición del yoga en el segundo aforismo. Citta es la mente en sentido amplio, el órgano interno donde se forman todas las representaciones; vṛtti, sus «giros» o movimientos, que el texto clasifica en cinco: conocimiento válido (percepción, inferencia, testimonio), error, construcción verbal sin objeto, sueño profundo y memoria; nirodha, su detención o contención. El yoga no consiste, por tanto, en añadir estados extraordinarios, sino en aquietar la actividad que hace que la conciencia se identifique con sus contenidos. Mientras la mente se mueve, el que ve adopta la forma de esos movimientos; cuando se detienen, reposa en su propia forma (1.3–1.4). La detención tiene grados: la concentración con soporte, que aún tiene objeto, y la que queda solo como impresión latente, sin objeto. Los comentaristas discuten si nirodha es supresión o más bien dominio de la mente.

  • Īśvara, el señorishvara

    Īśvara aparece en el primer capítulo como uno de los caminos hacia la concentración: «o bien, por la entrega a īśvara» (1.23). El texto lo define como un puruṣa especial, una conciencia nunca tocada por las aflicciones, las acciones, sus frutos ni sus depósitos latentes; en él se encuentra la semilla insuperable de la omnisciencia, es el maestro incluso de los antiguos por no estar limitado por el tiempo, y su expresión es la sílaba om, cuya repetición con atención a su sentido elimina los obstáculos. No es un creador del mundo, y su papel en un sistema por lo demás dualista ha sido muy discutido: para unos es un añadido devocional, para otros una pieza esencial que distingue al yoga del Sāṃkhya. La entrega a īśvara vuelve a aparecer entre las observancias y en el kriyāyoga.

  • Aislamiento (kaivalya)kaivalya

    Es la meta del yoga clásico y el título del cuarto capítulo. Kaivalya significa literalmente «estar solo»: el puruṣa, la conciencia pura, queda separado de la naturaleza (prakṛti) y de sus tres cualidades, con las que se había confundido. No es una unión con Dios ni con el absoluto, como en el Vedānta, sino un aislamiento: cuando el discernimiento entre la conciencia y lo que no es conciencia se vuelve ininterrumpido, las cualidades de la naturaleza, que existían para servir a la experiencia y la liberación del puruṣa, han cumplido su propósito y se reabsorben en su origen. El último aforismo lo dice con dos fórmulas equivalentes: reabsorción de las cualidades o potencia de la conciencia establecida en su propia forma. La doctrina comparte con el Sāṃkhya la estructura dualista y el vocabulario.

  • Aflicciones (kleśa)klesha

    El segundo capítulo enumera cinco aflicciones que alimentan el ciclo del karma y del sufrimiento (2.3–2.9): la ignorancia (avidyā), que toma lo impermanente por permanente, lo impuro por puro, el dolor por placer y lo que no es el sí-mismo por el sí-mismo; el sentido del yo (asmitā), que confunde la conciencia con el instrumento que conoce; el apego, la aversión y el aferramiento a la vida, que existe incluso en el sabio. La ignorancia es el campo de las demás. Las aflicciones pueden estar dormidas, debilitadas, interrumpidas o activas; la práctica del kriyāyoga las debilita y la meditación elimina sus manifestaciones, pero su raíz solo desaparece con el discernimiento entre la conciencia y la naturaleza. La lista tiene estrechos paralelos en el análisis budista de las impurezas mentales.

  • Absorción (samādhi)samadhi

    El primer capítulo se titula samādhi, y la palabra designa tanto el último de los ocho miembros como el estado de concentración en general. El texto distingue la absorción «con conocimiento» (samprajñāta), acompañada por deliberación sobre objetos burdos, reflexión sobre objetos sutiles, gozo o sentido del yo, y la absorción «sin conocimiento» (asamprajñāta), en la que solo quedan impresiones latentes. Más adelante describe la absorción «con semilla» y «sin semilla» y la claridad que culmina en un conocimiento «portador de verdad» (ṛtambharā prajñā). En el miembro octavo, la meditación se vuelve samādhi cuando el objeto brilla solo, como vacío de la propia forma de quien medita. La terminología de las absorciones tiene correspondencias con las jhāna del budismo antiguo.

Chaitanya Mahaprabhu
  • Diferencia y no diferencia inconcebibles (achintya-bhedabheda)achintya-bhedabheda

    Es la posición metafísica de la escuela gaudiya ante la gran pregunta del vedanta: la relación entre Dios, las almas y el mundo. Frente al no dualismo de Shankara, para quien la diversidad es ilusoria, y frente a los dualismos estrictos, la escuela sostiene que las almas y el mundo son energías (shakti) de Dios, a la vez idénticas y distintas de él, como el calor y el fuego, y que esa simultaneidad es inconcebible para la razón pero accesible a la revelación. La fórmula no aparece en el Shikshashtaka: la elaboró Jiva Gosvamin, sobrino de Rupa y Sanatana, en los Sat-sandarbhas y su comentario Sarva-samvadini, y la tradición la atribuye retrospectivamente a la enseñanza de Chaitanya, como hace el Chaitanya Charitamrita en los diálogos con Sarvabhauma y Sanatana.

  • Canto colectivo del nombre (nama-sankirtana)nama-sankirtana

    Para Chaitanya y su escuela, el nombre de Krishna no es un signo que remite a Dios sino Dios mismo presente en el sonido, dotado de toda su potencia, como afirma la segunda estrofa del Shikshashtaka. De ahí que su pronunciación, sobre todo en grupo, con música y danza, sea el medio de liberación más eficaz en la era presente (kali-yuga). El canto no exige condiciones previas de casta, pureza ritual o erudición; sí una actitud, la de la tercera estrofa: humildad, paciencia y respeto por los demás. Junto a la práctica colectiva, la tradición desarrolló la recitación individual con rosario (japa), en particular del llamado mahamantra Hare Krishna, que procede de la Kali-santarana Upanishad y que la escuela asocia a Chaitanya. La práctica pública del kirtan, por calles y plazas, fue el rasgo más visible del movimiento desde sus comienzos en Navadvipa.

  • Amor divino (prema) como fin supremoprema-bhakti

    La tradición india reconocía cuatro fines del ser humano: el deber, la prosperidad, el placer y la liberación. La escuela de Chaitanya coloca por encima de todos un quinto, el prema, amor puro por Krishna, que no busca nada para sí, ni siquiera la liberación. Rupa Gosvamin, a quien Chaitanya instruyó en Prayag, lo analizó con las categorías de la estética sánscrita: la devoción es un rasa, una experiencia emotiva saboreable, que se declina en cinco relaciones fundamentales con Dios —contemplación serena, servidumbre, amistad, ternura parental y amor de amantes—, siendo la última la más intensa. El diálogo con Ramananda Raya en el Chaitanya Charitamrita recorre precisamente esa escala hasta el amor de Radha. La cuarta estrofa del Shikshashtaka, que pide una devoción «sin motivo», expresa el ideal en primera persona.

  • Radha y Krishna en un solo cuerporadha-krishna-en-un-cuerpo

    La teología gaudiya no ve en Chaitanya solo a un santo ni a una encarnación más, sino a Krishna mismo, que desciende revestido del sentimiento y del color dorado de Radha para saborear desde dentro el amor que ella le tiene. Una estrofa atribuida a su secretario Svarupa Damodara, citada al comienzo del Chaitanya Charitamrita, lo formula así: lo que en el mundo de Krishna son dos —el amado y la amante— se ha unido en Chaitanya. La doctrina explica a la vez el color de su piel (Gaura, «el dorado»), su devoción extática y los estados de separación de sus últimos años: Krishna experimenta en Chaitanya el anhelo de Radha. Es una interpretación teológica de los discípulos, no una enseñanza que se pueda documentar en boca del propio Chaitanya.

  • Amor en separación (vipralambha)vipralambha

    La poética sánscrita distingue el amor en unión (sambhoga) y el amor en separación (vipralambha). La tradición de Chaitanya considera el segundo más intenso y fecundo: en la ausencia, el amado está en todas partes. Las últimas estrofas del Shikshashtaka hablan con la voz de la amante separada —el instante que dura una era, los ojos que llueven, el mundo vacío— y el Chaitanya Charitamrita describe los años de la Gambhira como una inmersión en ese estado, alimentada por la lectura del Gita Govinda de Jayadeva y de los poemas de Chandidasa y Vidyapati. Más allá de su dimensión biográfica, la idea convirtió el anhelo en vía espiritual: la falta de Dios sentida con intensidad es ya una forma de su presencia.

Al-Ghazali
  • La costumbre divina (ada) y la crítica de la causalidadada-causalidad

    En la cuestión XVII de la *Tahafut*, al-Ghazali sostiene que la conexión entre lo que habitualmente llamamos causa y lo que llamamos efecto no es necesaria: la observación muestra que el algodón arde *cuando* lo toca el fuego, no que arda *por* el fuego. Lo que vemos es una sucesión regular, una «costumbre» (*'ada*) que Dios crea y que podría suspender, como en los milagros. No niega la regularidad de la naturaleza, sobre la que el ser humano puede fiarse, sino su necesidad metafísica, que a su juicio limitaría la libertad divina. El argumento, que Averroes rebatió y que se ha comparado con el de Hume, es una pieza central del ocasionalismo asharí; Griffel ha mostrado que al-Ghazali admitía también, como hipótesis compatible con la fe, una causalidad secundaria querida por Dios.

  • El gusto (dhawq): saber de estados, no de palabrasdhawq

    Para al-Ghazali hay tres grados de conocimiento de las realidades espirituales: la fe que se apoya en la autoridad, la ciencia que se adquiere por demostración y el «gusto» (*dhawq*), que es experiencia directa. Su ejemplo es el de la embriaguez: el médico conoce su definición y sus causas sin estar ebrio, y el ebrio la vive sin saber definirla. Los sufíes, concluye, son «gente de estados, no de palabras», y lo esencial de su vía no se aprende escuchando, sino recorriéndola. La noción justifica el giro de su vida en 1095 y estructura el *Ihya*, cuya segunda mitad no se limita a describir virtudes, sino que propone ejercicios para adquirirlas.

  • El amor de Dios (mahabba)mahabba

    El libro XXXVI del *Ihya* defiende, frente a teólogos que solo admitían «amar» a Dios en el sentido de obedecerle, que el amor de Dios es posible y es la meta de todas las estaciones espirituales. Al-Ghazali analiza las causas del amor —el amor a uno mismo, al benefactor, a la belleza, a la afinidad oculta— y muestra que todas convergen en Dios, el único realmente bello y benefactor. Para explicar el amor puro cita los versos atribuidos a Rabia al-Adawiyya sobre los «dos amores», el del deseo y el que se debe a Dios porque Él lo merece. El amor culmina en la visión de Dios en el más allá, de la que el conocimiento en esta vida es anticipo.

  • El corazón como espejo (qalb)qalb

    El libro XXI del *Ihya* y el primer título de la *Kimiya* hacen del corazón (*qalb*) no el órgano de carne sino «una sutileza divina y espiritual» que es la verdadera esencia del ser humano, capaz de conocer a Dios. Al-Ghazali lo compara con un espejo: puede reflejar la realidad de las cosas, pero se empaña con los deseos, los pecados y la costumbre, y se vela cuando se vuelve hacia otra parte. La disciplina espiritual —la «alquimia» que da título a la obra persa— consiste en pulirlo. Por eso la ética del *Ihya* es una medicina del corazón: cada vicio se trata con su contrario, y el conocimiento de sí se convierte en la llave del conocimiento de Dios.

  • Los grados de la unidad y la confianza en Diostawhid-tawakkul

    En el libro XXXV del *Ihya*, al-Ghazali distingue cuatro grados del *tawhid*, la afirmación de la unidad de Dios, con la imagen de la nuez: la cáscara exterior es la profesión de fe hecha solo con la lengua; la segunda cáscara, la fe sincera del creyente común; el fruto, la visión de que todas las cosas proceden de un único Agente; y el aceite, el grado de los sufíes que en la existencia no ven más que a Dios, y que llaman extinción en la unidad. De esa visión nace la confianza (*tawakkul*): quien comprende que todo actúa por Dios no deja de obrar, pero deja de inquietarse por el resultado. La doctrina permite integrar las experiencias extáticas de los sufíes en una teología que mantiene la distinción entre Dios y la criatura.

  • Certeza (yaqin) y la luz en el pechoyaqin

    El *Munqidh* define la certeza como un conocimiento en el que lo conocido se revela sin dejar lugar a la duda ni a la posibilidad de error. Al-Ghazali somete a esa prueba los datos de los sentidos, que la razón corrige, y luego la propia razón, que podría ser corregida por una instancia superior como el sueño es corregido por la vigilia. La duda lo deja dos meses en un escepticismo «de hecho, no de palabra», del que no sale por argumentos —porque todo argumento presupone los primeros principios— sino por «una luz que Dios arrojó en el pecho». La escena, que se ha comparado con la duda cartesiana, no conduce a un fundamento racional sino a la experiencia: la certeza última es un don y se busca por la vía de quienes la han «gustado».

Adi Shankara
  • Superposición (adhyāsa)adhyasa

    Concepto con el que Śaṅkara abre su comentario a los Brahmasūtras. Define la superposición como la aparición, en forma de recuerdo, de algo antes percibido sobre otra cosa: el nácar tomado por plata, la cuerda tomada por serpiente. Aplicada al conocimiento de uno mismo, la superposición es mutua: atribuimos al sí-mismo, que es conciencia pura, las propiedades del cuerpo, los sentidos y la mente («estoy gordo», «estoy triste»), y atribuimos a esos instrumentos la luz de la conciencia que no les pertenece. Śaṅkara subraya que esta confusión es natural, sin comienzo, y que de ella depende toda la vida ordinaria, incluidas las prácticas rituales y las escrituras en tanto que mandan y prohíben. La tarea del Vedānta no es añadir un conocimiento sino deshacer la superposición, y por eso su método es negativo y correctivo.

  • Identidad de ātman y brahmanatman-brahman

    El núcleo del Advaita, «no dualidad»: el sí-mismo íntimo de cada ser, el testigo consciente que nunca es objeto, es idéntico al fundamento absoluto de todo. Śaṅkara lo lee en las grandes sentencias upaniṣádicas —«tú eres eso» (Chāndogya 6.8.7), «yo soy brahman» (Bṛhadāraṇyaka 1.4.10)— y sostiene que esas frases no establecen una semejanza ni una participación, sino una identidad estricta, una vez eliminados los atributos limitantes (upādhi) que la superposición añade. Brahman se define como realidad, conocimiento e infinitud (Taittirīya 2.1), definiciones que señalan sin delimitar. La identidad no se alcanza: se reconoce, porque nunca dejó de ser el caso.

  • Ignorancia (avidyā) y māyāavidya

    Para Śaṅkara, avidyā no es simple falta de información, sino la misma superposición que confunde sujeto y objeto. Paul Hacker mostró que en los comentarios auténticos avidyā es un término técnico preciso, mientras que māyā aparece con menos frecuencia y casi siempre como metáfora del poder de ilusión; la escuela posterior sustancializó la ignorancia como una fuerza cósmica indefinible (anirvacanīya), algo que en Śaṅkara apenas se insinúa. Este matiz es uno de los criterios con los que la crítica distingue sus obras auténticas de las atribuidas. La ignorancia no tiene un portador real ni un comienzo; se descubre como inexistente en el momento en que el conocimiento la disuelve, igual que la serpiente desaparece cuando se ve la cuerda.

  • Realidad práctica y realidad últimados-niveles-de-realidad

    Para conciliar la enseñanza de la no dualidad con la experiencia de un mundo plural, la tradición de Śaṅkara distingue niveles de realidad. En el nivel práctico o convencional (vyavahāra) el mundo, los individuos, las obligaciones rituales y el Señor (īśvara) que crea y gobierna son plenamente válidos: Śaṅkara no niega la percepción ni la moral. En el nivel último (paramārtha) solo brahman es real, sin segundo. La tercera categoría, la de lo meramente aparente (prātibhāsika), como el espejismo, la sistematizaron sobre todo los autores posteriores. La distinción le permite defender la devoción y el deber sin renunciar a la tesis no dual, y explica por qué el mundo es «indescriptible» —ni real ni irreal— en la escuela.

  • Liberación en vida (jīvanmukti)jivanmukti

    Si la liberación es conocimiento y no un efecto producido por obras, no tiene por qué esperar a la muerte: quien ha reconocido su identidad con brahman está libre aunque el cuerpo siga viviendo. Śaṅkara usa la imagen del torno del alfarero, que sigue girando un tiempo después de que se retire la mano: el cuerpo continúa por el impulso de las acciones pasadas que ya han empezado a dar fruto (prārabdha), pero el liberado no se identifica con él. El término jīvanmukti como tal se sistematiza más tarde —en el Jīvanmuktiviveka de Vidyāraṇya, siglo XIV—, pero la idea está en los comentarios. Es la base de la figura del sabio realizado que enseña, central en el Advaita moderno.

  • Los cuatro requisitos del aspirantesadhana-chatushtaya

    Al comentar el primer aforismo de los Brahmasūtras —«ahora, por tanto, el deseo de conocer brahman»—, Śaṅkara pregunta qué debe preceder a esa indagación y responde con cuatro requisitos: el discernimiento entre lo eterno y lo no eterno; el desapego hacia el disfrute de los frutos, aquí y en el más allá; las seis virtudes que empiezan por la calma y el dominio de sí; y el anhelo de liberación. No exige, en cambio, haber completado el estudio ritual. El Vivekacūḍāmaṇi y otros manuales atribuidos convirtieron esta lista en la columna vertebral de la formación vedántica, y así se enseña aún en las órdenes monásticas.

Zenón de Citio
  • Virtud e indiferentesadiaphora

    Para Zenón solo la virtud es buena y solo el vicio es malo; todo lo demás —vida y muerte, salud y enfermedad, riqueza y pobreza, fama y deshonra— es indiferente (*adiáphoron*) respecto a la felicidad. Pero no todos los indiferentes valen lo mismo: unos son «preferidos», como la salud, y otros «rechazados», como la enfermedad, porque son conformes o contrarios a la naturaleza. Esta distinción, que permitía elegir razonablemente en la vida sin hacer depender de ello la felicidad, fue discutida desde dentro: Aristón de Quíos, discípulo de Zenón, sostuvo que entre los indiferentes no hay diferencias de valor, y la Academia acusó a los estoicos de cambiar solo los nombres de las cosas. Es el núcleo de la serenidad estoica ante la fortuna.

  • La ciudad del mundo (cosmópolis)cosmopolis

    La República de Zenón, escrita bajo la influencia de Diógenes de Sinope, proponía una comunidad sin las instituciones de la ciudad griega: sin templos, tribunales, gimnasios ni moneda, con comunidad de mujeres y la amistad como vínculo. En ella solo los sabios son verdaderos ciudadanos. Plutarco la resumió como el ideal de que todos los hombres sean conciudadanos bajo una ley común, como un rebaño que pace junto, y lo comparó con el imperio de Alejandro. Los estoicos posteriores desarrollaron la idea de una ciudad universal formada por dioses y seres racionales, gobernada por la recta razón, que Cicerón, Séneca y Marco Aurelio difundieron en Roma y que está en el origen del cosmopolitismo y del derecho natural modernos.

  • Vivir en acuerdo (homología)homologia

    El fin (*télos*) de la vida humana, según Zenón, es «vivir en acuerdo». Estobeo explica que Zenón decía solo eso —vivir de acuerdo con una razón única y concordante, porque los que viven en conflicto son desdichados— y que Cleanthes añadió «con la naturaleza». Diógenes Laercio, en cambio, atribuye ya a Zenón, en su libro Sobre la naturaleza humana, la fórmula completa «vivir de acuerdo con la naturaleza», que equivale a vivir según la virtud. Las dos noticias no se contradicen del todo: para los estoicos la naturaleza del hombre es racional, y la naturaleza del universo está gobernada por la misma razón, de modo que vivir coherentemente con la propia razón es vivir conforme al orden del cosmos. La felicidad consiste en esa coherencia, y la virtud basta para alcanzarla.

  • Representación y comprensión (katálepsis)katalepsis

    La teoría estoica del conocimiento parte de la representación (*phantasía*), la impresión que los objetos producen en el alma. Algunas representaciones son «comprensivas»: proceden de lo que existe, reproducen fielmente su objeto y no podrían proceder de algo inexistente. Al darles el asentimiento, la mente las «agarra»: eso es la comprensión (*katálepsis*), palabra que Zenón acuñó, según Cicerón, a partir del gesto del puño cerrado. La ciencia (*epistéme*) es una comprensión firme e inquebrantable por la razón, que solo posee el sabio. La doctrina provocó la gran polémica helenística con la Academia escéptica de Arcesilao, que negaba que existieran representaciones comprensivas y recomendaba suspender el juicio.

  • Lo conveniente (kathêkon)kathekon

    Zenón fue, según Diógenes Laercio, el primero en usar la palabra *kathêkon* y escribió un tratado sobre ello. Designa la acción conveniente o apropiada: la que, una vez hecha, tiene una justificación razonable, como cuidar de la salud, honrar a los padres o servir a la patria. Es una noción intermedia entre la acción perfecta del sabio, que nace de la virtud, y el error: cualquier persona puede realizar acciones convenientes, aunque solo el sabio las realiza por la razón correcta y con disposición firme. Permitió a los estoicos dar un contenido práctico a una ética muy exigente, que solo reconocía como bien la virtud, y orientar la conducta del que todavía progresa. Cicerón la tradujo como *officium* en su tratado Sobre los deberes, y por esa vía llegó a la ética moderna del deber.

  • Los dos principios: logos y materialogos-y-materia

    En su tratado Sobre la sustancia, según Diógenes Laercio, Zenón estableció que el universo tiene dos principios: uno pasivo, la materia sin cualidades, y otro activo, la razón (*lógos*) o dios, que, eterno, recorre toda la materia y produce cada cosa. Ambos son corpóreos, porque solo los cuerpos pueden actuar y padecer. Dios no es un artesano exterior, como el demiurgo de Platón, sino la razón inmanente al mundo, identificada con un fuego artífice; el mundo es un ser vivo y racional, que nace del fuego y vuelve a él en ciclos. El alma humana es un fragmento de ese principio: un soplo cálido (*pneûma*). Esta física materialista y providencialista sostiene la ética: si el mundo está gobernado por la razón, vivir de acuerdo con la razón es vivir de acuerdo con el todo.

  • Las pasiones (páthe)pathe

    Zenón definió la pasión como un movimiento irracional del alma, contrario a la naturaleza, o como un impulso excesivo. Distinguió cuatro géneros supremos: el pesar o aflicción (*lýpe*), el temor (*phóbos*), el deseo (*epithymía*) y el placer (*hedoné*), referidos a bienes y males presentes o futuros tal como los imaginamos. Las pasiones no son fuerzas ajenas a la razón, sino errores de juicio o consecuencias de ellos: quien teme a la muerte la juzga un mal, y no lo es. Por eso el sabio no está libre de sentir, pero sí de pasiones: la *apátheia* estoica no es insensibilidad sino ausencia de perturbaciones. Crisipo desarrolló la tesis de que las pasiones son juicios, y Posidonio la discutió; en Roma, Séneca dedicó a la ira un tratado entero.

Vālmīki
  • Ādikāvya y ādikavi (el primer poema, el primer poeta)adikavya

    La tradición llama al Rāmāyaṇa ādikāvya, «primer poema», y a Vālmīki ādikavi, «primer poeta», para distinguirlo de los himnos védicos —revelación, no obra humana— y del Mahābhārata, que se tiene por historia (itihāsa). El kāvya es la poesía culta, consciente de su forma y de sus efectos, que florecería con Aśvaghoṣa, Kālidāsa y Bhavabhūti. Al presentar su propio nacimiento como origen de la poesía, el Rāmāyaṇa se convierte en modelo del género: la riqueza descriptiva, las figuras retóricas y la atención a las emociones de los personajes anuncian la literatura clásica. La filología añade que ese papel fundacional se fijó cuando se compusieron los marcos tardíos del poema.

  • Karuṇa rasa (la emoción compasiva)karuna-rasa

    En la poética india, rasa es la emoción estética que la obra despierta en el espectador o el lector, distinta de la emoción vivida. El karuṇa rasa es el de la compasión o el duelo. Ānandavardhana, en el siglo IX, se apoyó en la escena de las grullas para sostener que el alma de la poesía es el sentido sugerido, y que el dolor del ādikavi ante la pareja separada se hizo estrofa: el Rāmāyaṇa entero estaría dominado por el karuṇa, desde el llanto de la grulla hasta la separación de Rāma y Sītā y la desaparición final de ella. La lectura convirtió el poema de Vālmīki en el ejemplo canónico de la teoría del rasa.

  • Rāma, el hombre ideal del dharmamaryada-purushottama

    La pregunta inicial de Vālmīki —si existe un hombre plenamente virtuoso— hace del Rāmāyaṇa un retrato del dharma encarnado. Rāma acepta el destierro para que su padre no falte a su palabra, trata con respeto a aliados y enemigos y antepone su deber de rey a su felicidad personal. La tradición le llama maryādā-puruṣottama, «el mejor de los hombres en el respeto de los límites», y en la recensión transmitida y en los libros tardíos aparece ya como encarnación de Viṣṇu. Esa misma ejemplaridad ha suscitado las grandes críticas al poema, desde la muerte de Vālin hasta el repudio de Sītā y el castigo del asceta śūdra Śambūka, que la literatura posterior ha discutido sin cesar.

  • Las recensiones y la edición críticarecensiones-ramayana

    El Rāmāyaṇa no existe en un texto único. Los manuscritos se agrupan en dos grandes recensiones, septentrional (con versiones del noreste y del noroeste) y meridional, que difieren en un tercio aproximadamente de las estrofas. La edición crítica de Baroda (1960–1975) reconstruyó, a partir de cientos de manuscritos, el texto común más antiguo y relegó a notas y apéndices los pasajes que solo aparecen en algunas ramas. El resultado permite estudiar el poema como un texto vivo, ampliado durante siglos: lo que la tradición atribuye a un solo autor es, para la filología, el producto de una transmisión oral y escrita en la que intervinieron muchos recitadores y copistas.

  • Śloka (la estrofa nacida del dolor)sloka

    El śloka es la estrofa de dos versos de dieciséis sílabas, divididos en cuatro pies de ocho (anuṣṭubh), que se convirtió en el metro por excelencia de la épica y de la literatura sánscrita clásica. El Rāmāyaṇa cuenta su origen: al ver morir a una grulla, Vālmīki lanzó una maldición que le salió medida, y la llamó śloka porque había nacido del śoka, el dolor. El metro existía ya en los Veda, pero la tradición atribuye a Vālmīki su uso narrativo y, con él, el nacimiento de la poesía culta. La etimología es un juego de palabras, no una derivación lingüística, y por eso mismo expresa una teoría: la forma poética es la emoción hecha medida.

Sadhguru
  • Adiyogi y el origen del yogaadiyogi

    En la enseñanza de Sadhguru, el yoga no comienza con Patanjali ni con un texto, sino con Shiva entendido como Adiyogi, el primer yogui, y como Adi Guru, el primer maestro. Según el relato que Sadhguru reivindica como tradición yóguica, hace miles de años Adiyogi apareció en el Himalaya, permaneció inmóvil en éxtasis durante largo tiempo y acabó transmitiendo la ciencia del yoga a siete discípulos, los Saptarishis, que la llevaron a distintas regiones del mundo. Sadhguru insiste en que no habla de un dios al que adorar, sino de una figura que abrió posibilidades de transformación interior; los 112 pies de altura del busto de Coimbatore aluden, explica, a las 112 vías que la tradición enumera para que el ser humano alcance su máxima posibilidad. El relato está desarrollado en el libro Adiyogi: The Source of Yoga (2017), presentado junto a la inauguración del busto el 24 de febrero de 2017, que el Libro Guinness reconoce como el mayor del mundo. Se trata de una narración mítica y doctrinal, no de una tesis histórica sobre los orígenes del yoga.

  • Dhyanalingadhyanalinga

    El Dhyanalinga es el espacio de meditación que Sadhguru consagró en 1999 en el Centro de Yoga Isha, al pie de los montes Velliangiri, y que presenta como una de sus obras centrales. Es un linga —la forma elíptica asociada a Shiva— alojado bajo una cúpula, pero Sadhguru insiste en que no es un templo de culto: no se hacen ofrendas ni ritos y no se exige ninguna creencia; basta sentarse en silencio para recibir, según su enseñanza, la influencia de un objeto consagrado para favorecer la meditación. La consagración, que la fundación data en junio de 1999, fue presentada como el remate de tres años de un proceso intenso de prana pratishtha, la infusión de energía vital en una forma, dirigido por el propio Sadhguru. Cada 24 de junio Isha celebra el aniversario con cantos de distintas tradiciones religiosas, como señal de que el lugar está abierto a todas. La eficacia que se le atribuye pertenece al ámbito de la creencia y del testimonio, no al de lo comprobable.

  • Inner Engineering (ingeniería interior)inner-engineering

    Inner Engineering es a la vez el programa central de la Fundación Isha y el título del libro más difundido de Sadhguru (2016). La idea que lo ordena es que, así como la ciencia y la técnica han transformado el mundo exterior, existe una tecnología igualmente precisa para el mundo interior, y que el bienestar no depende de las circunstancias sino de cómo funcionan el cuerpo, la mente, las emociones y la energía de cada persona. El libro se divide en dos partes: una reflexión sobre la responsabilidad —entendida como capacidad de responder, no como culpa— y sobre los límites de la percepción, y una serie de indicaciones prácticas para cada una de esas cuatro dimensiones. El programa, que hoy se imparte en una versión en línea de siete sesiones, culmina en una iniciación presencial a la Shambhavi Mahamudra Kriya. Sadhguru lo presenta como algo que no exige creencia alguna y que puede comprobarse en la propia experiencia; sus críticos han subrayado el lenguaje de producto y de rendimiento con que se ofrece.

  • Isha Kriyaisha-kriya

    Isha Kriya es la meditación gratuita que la Fundación Isha difunde como puerta de entrada a sus prácticas. Dura unos doce minutos y puede hacerla cualquier persona a partir de los doce años. Se practica sentado con las piernas cruzadas o en una silla con los tobillos cruzados, con los ojos cerrados y el rostro ligeramente elevado. Tiene tres fases: durante unos minutos se respira lenta y suavemente sosteniendo en la mente, con la inhalación y la exhalación, la afirmación de que uno no es el cuerpo ni tampoco la mente; después se emite siete veces un sonido «aaa» largo que debe sentirse vibrar algo por debajo del ombligo; por último se permanece sentado en quietud. Isha recomienda hacerla dos veces al día durante cuarenta y ocho días o una vez al día durante noventa. Su promesa, en palabras de la fundación, es crear un espacio entre uno mismo y el cuerpo, y entre uno mismo y la mente, porque el sufrimiento, sostiene, solo ocurre en esos dos niveles.

  • El karma como memoria y responsabilidadkarma

    En Karma: A Yogi's Guide to Crafting Your Destiny (2021) Sadhguru propone una lectura del karma alejada de la idea popular de destino o de sistema de premios y castigos. Karma, insiste, significa acción, y lo que se acumula de las acciones —físicas, verbales, mentales y emocionales— es una forma de memoria que condiciona las tendencias, los gustos y las reacciones de cada persona. No sería algo impuesto desde fuera, sino una especie de programación que uno mismo ha ido escribiendo sin darse cuenta. De ahí se sigue la consecuencia práctica que más le interesa: si el karma es memoria propia, la persona puede asumir la responsabilidad de él y dejar de vivir de forma compulsiva, reaccionando según patrones acumulados, para hacerlo de manera consciente. Las prácticas yóguicas se presentan en este marco como medios para tomar distancia de esa memoria y disolver su poder. La propuesta enlaza con la idea de responsabilidad como capacidad de responder que vertebra Inner Engineering, y deja fuera, a propósito, la cuestión metafísica de la reencarnación como castigo.

  • Shambhavi Mahamudra Kriyashambhavi-mahamudra

    Es la práctica que la Fundación Isha transmite al final del programa Inner Engineering: una kriya de unos veintiún minutos diarios basada en la respiración y la meditación, y que la fundación describe como una técnica yóguica de energía interior. No se publica en libros: se aprende en una sesión de iniciación, presencial o guiada por instructores formados por Isha, y se pide practicarla a diario. Isha le atribuye equilibrio emocional, concentración y beneficios para la salud, apoyándose en encuestas a practicantes y en estudios. El más citado, publicado en 2017 en el Journal of Evidence-Based Complementary & Alternative Medicine, siguió a 142 adultos que la aprendieron en un retiro de tres días y registró, tras seis semanas, menos estrés percibido y más bienestar general declarados por los propios participantes. El diseño, sin grupo de control y basado en autoevaluaciones, y la vinculación de parte de los autores con la Chopra Foundation impiden tomarlo como prueba de causalidad; es un indicio, no una demostración.

  • El yoga como tecnología interioryoga-as-inner-technology

    El rasgo más reconocible del discurso de Sadhguru es su manera de hablar del yoga: no como religión, creencia ni ejercicio físico, sino como una ciencia o tecnología del bienestar interior, tan precisa como la ingeniería, que cualquiera puede comprobar en su propia experiencia sin necesidad de fe. En esa clave presenta las posturas, la respiración, la consagración de espacios y los programas de Isha: como métodos con efectos, no como devociones. Rechaza las etiquetas confesionales y niega enseñar una religión, aunque su enseñanza descansa en una cosmología shivaíta y en la figura de Adiyogi. La estudiosa Joanne Punzo Waghorne ha mostrado cómo este lenguaje técnico y empresarial, compartido con otros gurús de la India contemporánea, traduce el yoga para una clase media urbana, profesional y global, y cómo convive con prácticas de consagración y con un imaginario sagrado muy tradicional. Esa tensión entre el vocabulario de la ciencia y el contenido de la tradición es también lo que le reprochan sus críticos cuando sus afirmaciones chocan con el consenso científico.

Serafín de Sarov
  • La adquisición del Espíritu Santoadquisicion-del-espiritu-santo

    El término ruso stiazhanie significa adquirir, ganar, acumular: es la palabra del comercio y del ahorro. La Conversación con Motovílov lo convierte en la clave de la vida cristiana: el ayuno, la vigilia, la oración y la limosna no son el fin, sino medios, y sólo dan fruto cuando se hacen «por Cristo»; el fin es que el Espíritu Santo habite en el hombre. Serafín —o Motovílov a través de él— lo explica con imágenes de mercado: así como el comerciante busca la mercancía que más rinde, el cristiano debe practicar la virtud que más gracia le da, y la oración es la que está siempre a mano. La parábola de las vírgenes necias se lee en esa clave: el aceite que les faltó es la gracia del Espíritu. La gracia se reconoce por sus frutos sensibles —paz, alegría, dulzura, calor, luz— y no es privilegio de monjes: Dios busca el corazón, no la condición.

  • La luz de la gracialuz-de-la-gracia

    La escena del rostro luminoso en la Conversación es la expresión rusa más célebre de una doctrina antigua: la gracia divina puede hacerse perceptible como luz, la misma que rodeó a Cristo en el monte Tabor, y transfigurar también el cuerpo. Motovílov describe una luz que no ciega la vista corporal, pues sigue viendo los labios y los ojos del anciano, acompañada de paz, alegría y calor, y Serafín la interpreta como signo de que ambos están «en el Espíritu de Dios», visible para el discípulo porque también él lo está. Pável Florenski reprodujo el pasaje en 1914 como ejemplo de la «luz de la verdad», y la iconografía de Serafín la integró en sus representaciones. Las Instrucciones, más sobrias, hablan de la «luz de Cristo» que ilumina el corazón purificado por la atención.

  • La oración de Jesús y la regla breveoracion-de-jesus

    Para Serafín la oración incesante no exige una técnica elaborada. Las Instrucciones piden a quien quiera servir a Dios que se ejercite en el recuerdo de Dios repitiendo con la mente «Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador», y que, en las horas de distracción, invoque a la Madre de Dios; con el tiempo, la atención baja de la mente al corazón y la oración se vuelve continua. Para los laicos ocupados propuso una regla mínima —tres Padrenuestros, tres saludos a la Virgen y un Credo por la mañana y por la noche, con la oración de Jesús durante el trabajo—, convencido de que la constancia en lo pequeño conduce a la perfección. Advertía, al mismo tiempo, contra la contemplación sin guía: a la vida contemplativa se entra «con temor y temblor», bajo la dirección de un anciano experimentado.

  • La paz del almapaz-del-alma

    Las Instrucciones dedican dos capítulos a la paz interior (мир душевный) y la presentan como condición de todo progreso. La paz se adquiere por las tribulaciones, se guarda con el silencio y con una conversación «incesante consigo mismo y rara con los demás», y se pierde por la ira, la condena del prójimo y la tristeza. Quien llega a un estado pacífico «puede derramar sobre los demás la luz de la iluminación de la mente»: la paz no es un fin privado, sino el modo en que la gracia irradia. De ahí el consejo de soportar las ofensas sin responder, de no juzgar y de alejar el abatimiento, porque donde hay paz de los pensamientos «descansa el mismo Señor». La fórmula popular «adquiere el espíritu de paz y miles se salvarán a tu alrededor» condensa esta enseñanza, aunque no se encuentra literalmente en las fuentes antiguas.

  • El starets y la dirección espiritualstarchestvo

    Starets (anciano) designa en Rusia al monje experimentado al que se acude para abrir el corazón y pedir consejo, sin que medie un cargo jerárquico. Serafín encarna el paso de la soledad más radical a ese servicio: tras más de treinta años de bosque, silencio y reclusión, abrió su puerta a cualquiera y dedicó sus últimos años a escuchar a miles de personas y a dirigir a las hermanas de Diveyevo. Su autoridad era carismática —se le atribuía el don de leer el corazón y responder antes de la pregunta— y su estilo, desarmante: humildad, saludos pascuales, consejos breves y concretos. Al mismo tiempo desaconsejaba a sus discípulos la vida solitaria sin preparación y les recomendaba la vida común. Su figura, junto con la de los ancianos de Óptina, fijó el modelo que la literatura rusa del siglo XIX haría universal.

Helena Roerich
  • Agni Yoga (Ética Viviente)agni-yoga

    Nombre de la enseñanza recogida en los catorce libros publicados entre 1924 y 1938 (y, póstumamente, «Supramundano»). «Agni» es el fuego en sánscrito: la Agni Yoga se presenta como el yoga del fuego espiritual, síntesis de todos los yogas y adecuado a una nueva época en la que la humanidad entraría en contacto consciente con energías más sutiles. Sus rasgos distintivos son la aplicación a la vida diaria —trabajo, relaciones, creación— en lugar de la renuncia; la centralidad del pensamiento como energía; la disciplina del corazón; la cooperación y la comunidad como formas de vida; y la relación con la Jerarquía de maestros. Su vocabulario procede de la teosofía de Blavatsky —mahatmas, mundos sutiles, evolución cósmica— y del hinduismo y el budismo, reelaborados en párrafos breves y exhortativos. Sus seguidores la llaman también «Enseñanza de la Ética Viviente»; la Agni Yoga Society de Nueva York, el Centro Internacional de los Roerich de Moscú y numerosas sociedades nacionales la difunden.

  • El corazóncorazon

    La Agni Yoga atribuye al corazón un papel cognitivo: es el órgano que percibe lo sutil, intuye el futuro y une al ser humano con el Maestro y con los mundos superiores, por encima de la inteligencia discursiva. El libro «Corazón» (1932) lo desarrolla desde su primer párrafo —«ver con los ojos del corazón»— y lo convierte en criterio ético: la sensibilidad, la compasión, la paciencia y la ausencia de irritación son formas de cuidar el corazón, que los textos tratan a la vez como centro espiritual y como órgano físico sensible a las tensiones de la época. La idea enlaza con la tradición hesicasta rusa de la oración del corazón y con la bhakti india, aunque la Agni Yoga la integra en su propia cosmología de energías.

  • Energía psíquicaenergia-psiquica

    Noción central de la Agni Yoga: una energía universal, presente en toda la naturaleza y concentrada en el ser humano, que el pensamiento, la voluntad y el corazón pueden acumular, dirigir o malgastar. Los libros la describen como base de la salud, de la creatividad y de la comunicación entre los mundos, y la vinculan con el fuego (agni) que da nombre a la enseñanza. Recomiendan cultivarla con la disciplina del pensamiento, la alegría, el trabajo y la ausencia de irritación, a la que se atribuye un poder destructor —el «veneno» que llaman imperil—. Los textos piden su estudio científico, y el Instituto Urusvati se concibió en parte con ese propósito. Para la crítica externa, la noción reformula conceptos del magnetismo animal, el espiritismo y la teosofía; para los seguidores, anticipa descubrimientos sobre la mente y la energía.

  • Jerarquía de la Luzjerarquia

    En la Agni Yoga, la Jerarquía es la cadena de seres más evolucionados —los maestros o mahatmas— que guía la evolución humana desde los planos sutiles y desde un refugio en el Himalaya, y en cuya cúspide se sitúan figuras como el Buda, Cristo o Maitreya. La noción procede de la teosofía de Blavatsky y de las cartas de los mahatmas, pero Helena Roerich la convierte en el eje práctico de la vida espiritual: el discípulo progresa mediante la devoción y la cooperación con su Maestro, y la obediencia a la Jerarquía se presenta como condición del ascenso. Esa idea dio forma a la organización del movimiento roerichiano, en el que la palabra de Helena —transmisora de las indicaciones del Maestro— tenía autoridad sobre sus colaboradores, como muestran las cartas y los diarios. El libro «Jerarquía» (1931) está dedicado por entero a ella.

  • La Madre del Mundomadre-del-mundo

    Figura femenina cósmica que la Agni Yoga y la pintura de Nicolás Roerich presentan como principio de la creación y protectora de la humanidad, velada durante una época y llamada a manifestarse en la nueva era. Los Roerich la asociaban con las grandes figuras femeninas de las religiones —la Virgen, Tara, Lakshmi, Kwan-yin— y con el papel de la mujer en la renovación de la cultura; Nicolás le dedicó cuadros como «Madre del Mundo» (1924) y escribió sobre su «estrella» en «Shambhala». En la tradición del movimiento, Helena Roerich aparece como su encarnación o su mensajera, interpretación que pertenece a la fe de sus seguidores. La Agni Yoga Society publicó en 1977 una recopilación de textos titulada «Mother of the World».

  • Mundo sutil y Mundo ardientemundo-ardiente

    La cosmología de la Agni Yoga distingue tres mundos: el físico, el sutil —donde vive la conciencia tras la muerte y que el ser humano visita en sueños— y el ardiente, el plano más elevado, hecho de energía pura, hacia el que tiende la evolución. Los tres volúmenes de «Mundo ardiente» (1933–1935) describen la preparación para ese plano: purificar el pensamiento, encender el fuego espiritual sin dejarse consumir por él, adquirir cualidades terrenas —valor, paciencia, devoción— que serán necesarias en los mundos superiores. La división procede de los «planos» de la teosofía, simplificados, y los textos insisten en que el acceso al mundo ardiente se prepara ya en la vida terrena, mediante la acción y no mediante la huida.

Ajahn Chah
  • Agua quieta que fluyeagua-quieta-que-fluye

    En el retiro de lluvias de 1981 Ajahn Chah propuso a sus oyentes una paradoja: han visto el agua que fluye y el agua quieta, pero nunca agua quieta que fluye. Así es, dijo, la mente en paz. La imagen resume la integración de calma (samatha) y visión penetrante (vipassana) que él defendía frente a quienes las oponían como dos métodos distintos: una mente quieta que no se detiene en la quietud, sino que sigue viendo con claridad el surgir y cesar de los fenómenos; y una sabiduría que no es agitación del pensamiento, sino lucidez serena. La quietud sin sabiduría se estanca; el pensamiento sin quietud se dispersa. El símil dio título a una de sus charlas más célebres y, después, a la biografía de Ajahn Jayasaro.

  • La disciplina del bosque (Vinaya y dhutanga)disciplina-del-bosque

    Para Ajahn Chah la observancia estricta del Vinaya, el código monástico, y de algunas de las trece prácticas ascéticas (dhutanga) —una sola comida al día, comer del cuenco, vivir en el bosque— no era rigorismo sino el marco que hace visible el apego. La disciplina pone al monje frente a sus deseos y aversiones de manera continua y desarrolla la paciencia, que él consideraba la virtud central del entrenamiento. Por eso imponía trabajos largos y en apariencia inútiles, cambiaba los planes sin aviso y frustraba deliberadamente el apego a la tranquilidad. A la vez, rechazaba el fanatismo: el Vinaya debía entenderse en su espíritu, como apoyo para soltar, y no como fuente de orgullo. Esta síntesis entre la herencia de Ajahn Mun y su propio sentido común es la que transmitió a Occidente.

  • «El que sabe» (Buddho)el-que-sabe

    Ajahn Chah hablaba con frecuencia de «el que sabe», expresión que identifica con Buddho, el despierto. No se refiere a un yo oculto ni a un alma, sino a la cualidad de conocimiento consciente que puede observar los estados mentales sin identificarse con ellos. En la mente corriente hay «el que se da cuenta», que registra un ruido y se irrita según sus preferencias; la práctica consiste en entrenarlo hasta que se convierta en «el que sabe de acuerdo con la verdad», capaz de ver el ruido como ruido, el enfado como enfado, todo como impermanente e impersonal. En la charla sobre Tuccho Pothila, el erudito «de escrituras vacías», describe cómo «el que sabe» acompaña al practicante a todas partes y le permite ver cómo miente la mente.

  • «No es seguro» (mai nae)mai-nae

    Mai nae, «no es seguro», era una de sus fórmulas favoritas y la convirtió en método. Ajahn Chah enseñaba a responder a cada deseo, a cada rechazo y a cada certeza con esa pequeña frase: esto es tan bonito que tengo que tenerlo —no es seguro—; esto no me gusta en absoluto —no es seguro—. No se trata de escepticismo intelectual sino de la aplicación inmediata de la visión de la impermanencia (anicca) a la experiencia: lo que se presenta como firme cambia, y aferrarse a ello produce sufrimiento. En la charla «“Not Sure!” – The Standard of the Noble Ones» llega a decir que esta incertidumbre reconocida es la medida de los nobles: quien ha comprendido de verdad no se fía de sus estados mentales, ni siquiera de los buenos. La fórmula es típica de su pedagogía: reducir la doctrina de las tres características a una expresión de uso diario que cualquier campesino puede recordar y aplicar.

  • La práctica en todas las posturaspractica-en-todas-las-posturas

    Ajahn Chah rechazaba la idea de que la meditación sea solo el tiempo pasado sentado con las piernas cruzadas. A quienes se quejaban de no tener tiempo para meditar les preguntaba si tenían tiempo para respirar: la meditación es atención y naturalidad en cualquier actividad. En los monasterios del bosque esto se traducía en una vida en la que barrer, sacar agua, coser y teñir los hábitos o caminar a la aldea para mendigar el alimento eran ocasiones de práctica tan válidas como la meditación formal. Advertía también contra la embriaguez del samādhi: creer que la práctica formal es la única forma de practicar y descuidar la vida corriente. La atención continua, en las cuatro posturas del cuerpo, es para él lo que hace madurar la sabiduría.

  • Soltarsoltar

    «Soltar» es, según Ajahn Chah, la enseñanza que la gente menos entiende y que más choca con sus opiniones. No significa dejadez ni hacer lo que a uno le plazca: es una práctica exigente que consiste en no cargar con nada en el corazón, ni siquiera con lo bueno. Si ves la bondad, suéltala; si ves lo correcto, suéltalo; si has hecho una buena acción, no la lleves encima. En «The Training of the Heart» lo explica con la imagen de un hombre que carga una piedra pesada y no quiere tirarla porque cree que se quedará sin nada; solo cuando, agotado, la deja caer, descubre por sí mismo lo ligero que se siente. Soltar, por tanto, no se aprende por convencimiento sino por experiencia, y exige primero ver con claridad el peso de lo que se lleva.

Ramana Maharshi
  • El pensamiento «yo»aham-vritti

    Aham vritti, el pensamiento «yo», es para Ramana la raíz de la mente. Todos los demás pensamientos dependen de él: primero surge la noción «yo soy este cuerpo», y solo después aparecen el mundo, los otros y Dios como objetos frente a ese yo. En el sueño profundo no hay pensamiento «yo» y, con él, desaparecen el mundo y el sufrimiento; al despertar, el «yo» se levanta y arrastra consigo todo lo demás. Ramana llama a este pensamiento ego o individuo, y lo describe como un nudo entre la conciencia, que no tiene forma, y el cuerpo, que es inerte. No es real en sí mismo, pero tampoco es una simple ilusión que se pueda ignorar: hay que rastrearlo hasta su origen. Cuando se busca su fuente, se disuelve, porque no tiene existencia propia; lo que permanece es el «yo-yo», la conciencia sin objeto que Ramana llama también aham sphurana, el resplandor del yo.

  • Indagación del yoatma-vichara

    Atma vichara, la indagación del yo, es el núcleo de la enseñanza de Ramana. No consiste en repetir la pregunta «¿quién soy yo?» como una fórmula ni en buscar una respuesta conceptual, sino en volver la atención hacia el sentimiento mismo de «yo» que acompaña a toda experiencia y mantenerla ahí. Cada vez que surge un pensamiento, se pregunta a quién le surge; la respuesta, «a mí», devuelve la atención a su origen. Ramana insistía en que no se trata de reprimir los pensamientos sino de dejar de alimentarlos: privado de atención, el pensamiento «yo» se va adelgazando hasta sumergirse en su fuente, el corazón. Lo que entonces queda no es un nuevo estado adquirido sino lo que siempre había estado presente. Por eso decía que la realización no es nada nuevo: no se alcanza el yo, se deja de tomar por yo lo que no lo es. Consideraba esta vía la más directa, aunque reconocía que no todos estaban preparados para ella y aceptaba otras prácticas como preparación.

  • El corazónhridayam

    Ramana llama corazón (hridayam) a la fuente de la que surge el pensamiento «yo» y en la que vuelve a sumergirse. En sentido último no es un lugar: es el yo mismo, la conciencia que no tiene dentro ni fuera. Pero a quienes se identifican con el cuerpo les indicaba un centro situado en el lado derecho del pecho, no en el izquierdo, donde está el órgano físico, y precisaba que no se refería al órgano. Contaba que, durante la experiencia de 1896 y en otras ocasiones, había sentido allí el punto del que brota el «yo». La palabra se analiza como hrit-ayam, «esto es el centro». La enseñanza del corazón permite a Ramana unir la indagación y la devoción: buscar la fuente del yo y entregarse a Dios conducen al mismo sitio.

  • Silenciomauna

    Para Ramana el silencio (mauna) era la forma más alta de enseñanza. No se refería a la ausencia de palabras sino a la quietud del yo, que actúa sin intermediarios sobre quien está dispuesto. Sostenía que las palabras no hacen más que trasladar un pensamiento a otro, mientras que el silencio comunica directamente, y ponía como ejemplo a Dakshinamurti, la forma de Shiva como maestro primordial que instruye a los sabios sin hablar. Las conversaciones existían para quienes no podían recibir esa enseñanza silenciosa; lo esencial ocurría en la quietud de la sala. Distinguía este silencio del voto de no hablar: el verdadero mauna es el estado sin pensamiento «yo», compatible con la palabra y con la acción. Muchos visitantes describieron su presencia en esos términos, como una paz que se imponía sin que mediara explicación.

  • Samadhi naturalsahaja-samadhi

    Ramana distinguía entre varios tipos de absorción. En el kevala nirvikalpa samadhi la conciencia del mundo y del cuerpo se suspende por un tiempo, pero el ego no ha muerto y reaparece al salir de ese estado, como un cubo bajado al pozo que sigue atado a su cuerda. En el sahaja samadhi, el samadhi natural, el ego se ha disuelto en su fuente y la conciencia del yo permanece sin interrupción mientras la persona come, habla o trabaja; es el estado del liberado en vida (jivanmukta). Ramana lo consideraba el único definitivo y decía que, para quien vive en él, los estados de vigilia, sueño y sueño profundo pasan como imágenes sobre una pantalla que no cambia. Su vida en el ashram, entregado a tareas corrientes, era vista por sus discípulos como ilustración de este estado.

  • Entregasaranagati

    Junto a la indagación, Ramana proponía la entrega total (saranagati) como camino igualmente válido. Entregarse significa renunciar a la idea de ser el que actúa y dejarlo todo, también la propia liberación, en manos de Dios o del maestro. Advertía que la entrega auténtica no admite condiciones: quien se entrega a medias, esperando a cambio algo concreto, no se ha entregado. En su análisis, indagación y entrega llegan al mismo punto por lados opuestos: la primera disuelve el ego buscando su fuente; la segunda lo disuelve abandonándolo. Por eso decía que da igual cuál se elija, siempre que se practique a fondo. Esta doble vía explica que su enseñanza fuera aceptada tanto por personas inclinadas al conocimiento como por devotos, y que sus propios himnos a Arunachala sean poemas de amor.

Mahāvīra
  • No violencia (ahiṃsā)ahimsa

    El principio central de la ética jaina y el primero de los votos. Su alcance es más amplio que en ninguna otra tradición india porque el jainismo atribuye alma no solo a hombres y animales, sino a los seres de un solo sentido que habitan la tierra, el agua, el fuego, el aire y las plantas. El Ācārāṅga funda el principio en una evidencia compartida: todos los seres aman la vida y odian el dolor, y dañarlos es dañarse, porque la violencia ata el alma con karma. De ahí prácticas características de los monjes, como filtrar el agua, barrer el suelo antes de pisarlo, no comer de noche o cubrirse la boca, y las restricciones alimentarias y profesionales de los laicos. Gandhi recibió de la tradición jaina parte de su idea de la no violencia.

  • Pluralidad de puntos de vista (anekāntavāda)anekantavada

    Doctrina según la cual la realidad tiene innumerables aspectos y ningún juicio la agota: toda afirmación es verdadera desde un punto de vista (naya) y debe completarse con otros. Su forma lógica, el syādvāda, formula siete predicaciones condicionadas («en cierto sentido es», «en cierto sentido no es»…). La sistematización es obra de maestros posteriores —Kundakunda, Siddhasena, Samantabhadra, Haribhadra—, pero la tradición la atribuye a Mahāvīra, y el Bhagavatī contiene respuestas suyas que distinguen puntos de vista, por ejemplo al decir que el mundo es eterno en un sentido y no eterno en otro. Pániker la presenta como base del pluralismo filosófico jaina.

  • Alma y no alma (jīva y ajīva)jiva-ajiva

    La ontología jaina divide la realidad en lo vivo (jīva) y lo no vivo (ajīva): materia, espacio, tiempo y los principios del movimiento y del reposo. Las almas son innumerables, eternas e individuales; por naturaleza poseen conocimiento, percepción, energía y dicha infinitos, pero están limitadas por el karma y adoptan el tamaño del cuerpo que ocupan. Se clasifican por el número de sentidos, de uno a cinco, y por su destino: infernales, animales y plantas, humanos y dioses. No hay un alma universal ni un dios creador: el universo es eterno y funciona por sus propias leyes. Esta clasificación, ya presente en el Ācārāṅga, la sistematizan el Jīvājīvābhigama y la Prajñāpanā.

  • El karma como materiakarma-jaina

    A diferencia de las demás tradiciones indias, el jainismo concibe el karma como una sustancia material sutilísima que llena el universo y que se adhiere al alma cuando esta actúa movida por las pasiones —ira, orgullo, engaño y codicia—. El proceso tiene etapas precisas: afluencia (āsrava), atadura (bandha), detención (saṃvara) mediante los votos y la vigilancia, eliminación (nirjarā) mediante la ascesis, y liberación (mokṣa) cuando el alma queda libre de toda partícula. La doctrina clasifica los karmas en ocho tipos según qué cualidad del alma oscurecen. El Ṣaṭkhaṇḍāgama y el Kasāyapāhuḍa de los digambara son grandes tratados sobre esta teoría.

  • Omnisciencia (kevala-jñāna)kevala

    El conocimiento «aislado» o absoluto que el alma recupera cuando se destruyen los karmas que oscurecen sus cualidades: conoce simultáneamente todas las sustancias y todos sus modos, pasados, presentes y futuros. Mahāvīra lo alcanzó a los cuarenta y dos años; quien lo posee es un kevalin, y si además funda la comunidad, un tīrthaṅkara. A la muerte, el kevalin se libera de todo karma restante y su alma asciende a la cima del universo, donde permanece en dicha. Śvetāmbara y digambara discrepan sobre si el kevalin come y si las mujeres pueden alcanzar este estado. La pretensión jaina de omnisciencia fue objeto de largos debates con budistas y mīmāṃsaka.

  • Los cinco grandes votos (mahāvrata)mahavrata

    Los monjes y monjas jainas hacen cinco votos absolutos: no dañar a ningún ser, no mentir, no tomar lo que no ha sido dado, castidad completa y desapego de toda posesión. Los laicos observan versiones atenuadas, los «votos menores» (aṇuvrata), con otros complementarios hasta sumar doce, como describe el Upāsakadaśā. Según el diálogo entre Keśin y Gautama del Uttarādhyayana, la tradición de Pārśva tenía cuatro votos y Mahāvīra separó la castidad como quinto, además de exigir la desnudez; el texto lo explica por la distinta capacidad de los discípulos de cada época. Los yamas de los Yogasūtra de Patañjali coinciden con estos cinco votos.

  • Tīrthaṅkara (hacedor de vados)tirthankara

    Título de los veinticuatro maestros que, en cada mitad del ciclo cósmico, alcanzan la omnisciencia y «hacen un vado» (tīrtha) para cruzar el océano de las existencias, es decir, refundan la comunidad de monjes, monjas, laicos y laicas. El primero de nuestra era fue Ṛṣabha; el vigesimotercero, Pārśva, al que muchos historiadores consideran una figura histórica anterior a Mahāvīra; el vigesimocuarto, Mahāvīra. Para los jainas, por tanto, Mahāvīra no es un fundador sino el último renovador de una doctrina eterna. Los tīrthaṅkara no son dioses creadores ni intervienen en el mundo: se los venera como modelos liberados, y sus vidas siguen un patrón común de cinco acontecimientos auspiciosos.

Gauḍapāda
  • Ajātivāda (la doctrina del no-origen)ajativada

    Tesis central de la Kārikā: en verdad nada nace. Gauḍapāda la defiende examinando las alternativas: lo existente no puede nacer, porque ya existe; lo inexistente tampoco, como no nace el hijo de una mujer estéril; y el efecto no puede ser ni idéntico ni distinto de su causa sin contradicción. La creación que enseñan las Upaniṣad con la arcilla, el hierro y las chispas es solo un medio pedagógico (3.15). En consecuencia, la atadura y la liberación son imaginaciones: nadie ha estado nunca atado y nadie se libera (2.32). Śaṅkara no adoptó la doctrina en su forma extrema y prefirió hablar de un mundo empíricamente real pero no último; la tradición posterior y algunos maestros contemporáneos la presentan como la enseñanza más alta del Advaita.

  • Alāta (el tizón y la vibración de la conciencia)alata-cakra

    En el cuarto capítulo, la conciencia (vijñāna) es comparada con un tizón: cuando «vibra» (spandita), aparece como sujeto y objeto, como las figuras que traza el tizón agitado; cuando se detiene, la dualidad se extingue. Las apariencias no salen de la conciencia ni entran en ella, porque no son sustancias. El término y la imagen proceden del ámbito budista del Yogācāra, y su uso es el núcleo del debate sobre la deuda de Gauḍapāda con el budismo: para unos asimiló la tesis de la «solo conciencia»; para otros la puso al servicio del ātman no dual de las Upaniṣad.

  • Asparśa-yoga (el yoga del no contacto)asparsa-yoga

    Práctica descrita en el tercer capítulo: cuando la mente comprende que solo el ātman es real, deja de imaginar objetos y, sin nada que asir, se aquieta. Ese estado «sin contacto» con objetos no es el sueño ni la absorción vacía: Gauḍapāda distingue la mente controlada de la mente disuelta en el sueño profundo, y advierte contra el gozo de la absorción (rasāsvāda). Dice que los yoguis lo temen, porque ven peligro de aniquilación en lo que es la ausencia de todo miedo. Bhattacharya relacionó el término con usos budistas; para la tradición advaita es la forma de meditación propia del conocimiento no dual.

  • Ghaṭākāśa (el espacio en la vasija)ghatakasa

    Imagen con la que Gauḍapāda explica la relación entre el ātman único y los individuos. El espacio parece dividirse en el interior de las vasijas, y cada porción parece tener su forma, su tamaño y su nombre; si una vasija se llena de polvo o de humo, las demás no se ensucian. Pero el espacio no ha nacido de las vasijas ni se ha dividido realmente, y cuando estas se rompen, el espacio de su interior no va a ninguna parte. Del mismo modo, los individuos son el ātman limitado aparentemente por los cuerpos. La imagen tuvo una larga fortuna en el Advaita posterior, que la desarrolló como teoría de la «limitación» (avaccheda).

  • Turīya (el cuarto)turiya

    La Māṇḍūkya Upaniṣad describe el ātman en cuatro «cuartos»: la vigilia, que conoce lo exterior; el sueño, que conoce lo interior; el sueño profundo, conciencia compacta y dichosa; y un cuarto que no es ninguno de ellos, inaprensible, sin señal, pacífico, no dual. Gauḍapāda precisa que el durmiente profundo (prājña) está atado por la causa —la semilla de la ignorancia— aunque no por el efecto, mientras que turīya no está atado por ninguno; que en el sueño y en la vigilia se da el error, y en el sueño profundo el no-conocimiento. Turīya no es un estado que se alcance, sino el fondo en el que los tres estados aparecen y desaparecen, y la sílaba Om lo expresa con su silencio final.

Pitágoras
  • Acusmáticos y matemáticosakousmatikoi-mathematikoi

    Las fuentes tardías, a partir probablemente de Aristóteles, dividen a los seguidores de Pitágoras en dos grupos. Los acusmáticos («oyentes») conservaban las sentencias orales y las normas de vida sin pedir explicaciones; los matemáticos («los que aprenden») se dedicaban a la investigación y daban razón de los preceptos. Cada grupo acusaba al otro de haberse apartado del maestro: los acusmáticos negaban que los matemáticos fueran pitagóricos auténticos, y los matemáticos reconocían a los acusmáticos como pitagóricos, pero se tenían por más verdaderos. Jámblico atribuye la división a una disputa en torno a Hípaso de Metaponto, al que la leyenda hace morir en el mar por divulgar un secreto matemático —según algunos, la inconmensurabilidad—. Los historiadores leen en esta división la escisión del pitagorismo en una corriente religiosa y otra científica.

  • Armonía y númeroarmonia-y-numero

    Aristóteles atribuye a los pitagóricos la convicción de que los principios de los números son los principios de todos los seres, y la relaciona con el descubrimiento de que las consonancias musicales se expresan en razones de números enteros pequeños: la octava, 2:1; la quinta, 3:2; la cuarta, 4:3, comprobables en la longitud de una cuerda. Si algo tan inmaterial como la belleza de un acorde obedece al número, el número podría ser la estructura de todo. Filolao habla de un cosmos hecho de lo ilimitado y lo limitante, ajustados por una armonía; la *harmonía* era en griego el ensamblaje de las piezas de un barco. La extensión de la idea al cielo —los planetas producirían sonidos según sus distancias, la «armonía de las esferas»— es pitagórica pero tal vez posterior al fundador; Aristóteles la critica en Sobre el cielo y Kepler la reformuló en 1619. Qué parte procede del propio Pitágoras es discutido: Burkert la atribuye a Filolao; Zhmud, a los primeros pitagóricos.

  • Metempsicosis (transmigración de las almas)metempsicosis

    Es la doctrina que con más seguridad puede atribuirse a Pitágoras, porque la atestiguan ya Jenófanes, su contemporáneo, y poco después Heródoto, Ion de Quíos y Empédocles. Según el resumen de Dicearco que conserva Porfirio, Pitágoras enseñaba que el alma es inmortal, que pasa a otras especies de seres vivos, que lo que ha sucedido vuelve a suceder en ciclos y que todos los seres animados son parientes. De ahí derivan la abstención de ciertos alimentos y la idea de una vida purificada que libre al alma del ciclo. La tradición le atribuía el recuerdo de sus vidas anteriores: había sido Etálides, hijo de Hermes, el troyano Euforbo, Hermótimo y el pescador Pirro. Heródoto sostiene que los griegos tomaron la doctrina de Egipto, cosa que los egiptólogos niegan; otros han pensado en influencias tracias o indias. Por Platón, la doctrina pasó al Fedón, la República y el Fedro.

  • El «teorema de Pitágoras»teorema-de-pitagoras

    En un triángulo rectángulo, el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de los catetos. La relación era conocida mucho antes de Pitágoras: la tablilla babilónica Plimpton 322 (c. 1800 a. C.) enumera ternas de números que la cumplen, y textos indios y chinos la usan con independencia. La atribución a Pitágoras es tardía: aparece en un epigrama de un tal Apolodoro el calculador, citado por Diógenes Laercio (VIII 12), según el cual Pitágoras sacrificó bueyes al descubrirlo —anécdota incompatible con el rechazo pitagórico de los sacrificios cruentos—, y en Plutarco, Vitruvio y Proclo. Ninguna fuente antigua describe una demostración de Pitágoras; la primera conservada es la de Euclides (Elementos I 47), hacia el 300 a. C. Que el teorema lleve su nombre muestra cómo la tradición le atribuyó los logros de la escuela.

  • La tetraktýstetraktys

    La *tetraktýs* («cuaternidad») es la figura triangular formada por diez puntos dispuestos en filas de uno, dos, tres y cuatro: 1 + 2 + 3 + 4 = 10. Contiene las razones de las consonancias musicales fundamentales (2:1, 3:2, 4:3) y suma el número que los pitagóricos tenían por perfecto. Los pitagóricos juraban por Pitágoras llamándolo «el que entregó a nuestra estirpe la tetraktýs, fuente que contiene las raíces de la naturaleza eterna», y un acúsma la identificaba con «el oráculo de Delfos» y con «la armonía en la que están las sirenas». Su antigüedad es objeto de debate, pero el juramento la vincula con el fundador. La tradición neopitagórica multiplicó sus interpretaciones —los cuatro elementos, las cuatro dimensiones geométricas del punto al sólido—, y su figura reaparece en la cábala y en el hermetismo renacentista.

  • La vida pitagórica (bios pythagoreios)vida-pitagorica

    Platón (República 600a–b) dice que Pitágoras fue amado sobre todo por haber legado un modo de vida, y esa es quizá la clave de su influencia. La comunidad de Crotona se regía por normas: un periodo de prueba y de silencio para los aspirantes, la memorización diaria, el examen de conciencia, la amistad entendida como comunidad de bienes («entre amigos todo es común»), la música como medicina del alma, restricciones alimentarias —las habas, ciertos peces, los corazones de animales— y ritos de pureza. Hombres y mujeres participaban en ella, algo excepcional en la Grecia arcaica. Las fuentes tardías distinguen entre acusmáticos, que seguían los preceptos orales, y matemáticos, que se dedicaban a la ciencia; la distinción refleja probablemente la división del movimiento tras la muerte del fundador. El modelo influyó en la Academia de Platón, en las escuelas filosóficas posteriores y, a través del neoplatonismo, en el monacato.

Yājñavalkya
  • Akṣara (lo imperecedero)akshara

    En la segunda intervención de Gārgī, Yājñavalkya responde que todo lo que hay arriba del cielo, debajo de la tierra y entre ambos, el pasado, el presente y el futuro, está tejido sobre el espacio, y el espacio sobre lo imperecedero. Lo describe con una larga serie de negaciones —no es grueso ni fino, ni corto ni largo, sin sombra, sin oscuridad, sin aire, sin espacio, sin sabor, sin olor, sin ojos, sin oídos, sin interior ni exterior— y, a la vez, como el poder bajo cuyo mandato se mantienen separados el sol y la luna, el cielo y la tierra, y transcurren los días, las estaciones y los años. Concluye que es el que ve sin ser visto, y que fuera de él no hay otro que vea. La noción de akṣara, que también significa «sílaba», tuvo después un gran desarrollo en la Bhagavad Gītā y en el Vedānta.

  • Antaryāmin (el controlador interno)antaryamin

    Ante Uddālaka Āruṇi, que le pregunta por el «hilo» que une este mundo y el otro y por el «controlador interno» de todos los seres, Yājñavalkya responde que el hilo es el viento y que el controlador interno es aquel que habita en la tierra, en el agua, en el fuego, en el sol, en los sentidos y en la mente, distinto de cada uno de ellos, al que ninguno conoce, cuyo cuerpo son y al que gobierna desde dentro. «Ese es tu ātman, el controlador interno, el inmortal». La doctrina tuvo una importancia especial en el Viśiṣṭādvaita de Rāmānuja, que leyó en ella la relación entre el Señor y el mundo como la de un alma con su cuerpo.

  • Ātman (el sí mismo)atman

    En los diálogos de Yājñavalkya, el ātman es el sujeto último de la experiencia: lo que ve sin ser visto, oye sin ser oído y conoce sin ser conocido. Es «su propia luz» cuando todas las demás luces se apagan, permanece en los tres estados de vigilia, sueño y sueño profundo, y es aquello por lo que todo lo demás es amado. Yājñavalkya lo identifica con brahman, el principio de todo, y con el «controlador interno» (antaryāmin) que gobierna desde dentro cada elemento del cosmos. La identidad entre ātman y brahman que se lee en estos textos es la base del Vedānta, aunque las escuelas posteriores la interpretan de modos distintos: identidad estricta (Advaita), identidad con diferencia o dependencia (Viśiṣṭādvaita, Dvaita).

  • Karman y renacimientokarman-y-renacimiento

    La Bṛhadāraṇyaka contiene una de las primeras formulaciones de la idea de que la acción determina el destino después de la muerte. En el debate de Janaka, Yājñavalkya se retira con Ārtabhāga para hablar a solas, y lo que tratan es la acción: «uno se vuelve bueno por la acción buena, y malo por la mala». Ante Janaka desarrolla la doctrina: el ser se compone de deseo; según su deseo es su voluntad, según su voluntad es su acción, y según su acción llega a ser. Al morir, el ātman pasa a otro cuerpo como la oruga que se apoya en una brizna antes de soltar la anterior, o como el orfebre que da a un trozo de oro una forma nueva y más bella. Quien no desea nada, en cambio, no transmigra: siendo brahman, va a brahman. Witzel señala que el mismo Yājñavalkya del Śatapatha se burla del aspecto más radical de la doctrina, el renacimiento en animales.

  • Neti neti («no esto, no esto»)neti-neti

    Fórmula con la que la Bṛhadāraṇyaka designa el ātman o brahman: no puede describirse mediante ningún atributo, porque cualquier cosa que se diga de él lo convertiría en un objeto entre otros. Yājñavalkya la usa ante Śākalya, ante Janaka y ante Maitreyī, y la acompaña de una serie de negaciones explicadas: el ātman es inasible porque no se le puede asir, indestructible porque no se destruye, sin apego porque no se apega, no sufre ni padece daño. No es un nihilismo: la negación apunta a lo que conoce, que no puede ser conocido como un objeto. Śaṅkara hizo de este método de negación (apavāda) una de las herramientas centrales del Advaita, y la tradición posterior lo ha convertido en una práctica de discernimiento entre lo que se percibe y el que percibe.

  • La renuncia (saṃnyāsa)renuncia-samnyasa

    La Bṛhadāraṇyaka presenta a Yājñavalkya a punto de «salir» (pravrajiṣyan) de su casa para llevar una vida errante, y describe a los conocedores del ātman que, renunciando al deseo de hijos, de riqueza y de mundos, viven de limosna. Witzel lo considera el primer caso textual de un «protorrenunciante», anterior a la sistematización de los estadios de la vida (āśrama). Las Upaniṣad tardías de la renuncia, como la Jābāla y la Yājñavalkya Upaniṣad, convirtieron al sabio en el maestro por excelencia del saṃnyāsa, y Śaṅkara se apoyó en estos pasajes para defender que el conocimiento de brahman exige la renuncia.

Shinran
  • El malvado como objeto del Voto (akunin shōki)akunin-shoki

    Fórmula de la tradición posterior para la paradoja del capítulo 3 del Tannishō: «si hasta el hombre bueno alcanza el nacimiento, ¡cuánto más el malvado!». El razonamiento no exalta el mal: quien confía en sus buenas obras no se apoya del todo en el Voto, mientras que quien se reconoce incapaz de liberarse por sí mismo —lleno de pasiones, como todos los seres de la edad final del Dharma— es precisamente aquel para quien Amida formuló su compromiso. La idea ya aparecía en Hōnen, pero Shinran la radicaliza al incluirse a sí mismo entre los «malvados». En sus cartas tuvo que combatir la lectura contraria, la de quienes creían poder obrar mal impunemente («no tomes veneno porque exista el antídoto»).

  • Ni monje ni laico (hisō hizoku)hiso-hizoku

    Expresión con que Shinran define su condición tras el destierro de 1207, en el epílogo del Kyōgyōshinshō. Despojado de su estatus monástico por la corte, no se considera tampoco un laico corriente, porque su vida sigue entregada a la enseñanza. Adopta por ello el nombre de Gutoku, «el calvo necio», y vive casado y con hijos. La fórmula tiene alcance doctrinal: si la salvación no depende de los preceptos ni de las prácticas, la distinción entre monjes y laicos pierde su valor religioso. De ahí que la Jōdo Shinshū fuera la primera gran escuela budista japonesa cuyos ministros se casan abiertamente, rasgo que generalizó para todo el clero japonés la legislación de la era Meiji.

  • Lo naturalmente así (jinen hōni)jinen-honi

    En un texto dictado en 1258, a los ochenta y seis años, Shinran explica que ji significa «por sí mismo», no por la medida del practicante, y nen, «hacer que sea así»: el Voto de Amida lleva al ser humano al nacimiento sin que este tenga que calcular nada. Hōni, «así por el Dharma», indica que esta actividad pertenece a la naturaleza misma de la realidad. Shinran añade una reflexión notable: el Voto quiere conducirnos al buda supremo, que no tiene forma, y Amida es el medio para que conozcamos lo que no tiene forma. Una vez comprendido, ya no hay que seguir dándole vueltas, porque dar vueltas a lo natural sería volver al cálculo. Es la formulación más madura y filosófica de su pensamiento.

  • Las dos transferencias: de ida y de vuelta (ōsō ekō, gensō ekō)oso-genso-eko

    Shinran retoma de Tanluan la distinción entre la «transferencia de ida» (ōsō), por la que el ser humano va a nacer en la Tierra Pura, y la «transferencia de regreso» (gensō), por la que, alcanzado el despertar, vuelve al mundo para guiar a los demás. La novedad de Shinran es atribuir ambas a Amida: no es el practicante quien transfiere sus méritos, sino el Tathāgata quien le transfiere a él la enseñanza, la práctica, la confianza y la realización, y también la capacidad de regresar. Así, la compasión activa hacia los demás no es un deber moral que el creyente añade a su fe, sino el fruto del mismo Voto que le salva. El Kyōgyōshinshō se abre con esta doctrina y el breve Nyorai nishu ekō mon la resume.

  • Confianza verdadera (shinjin)shinjin

    Shinjin, a menudo traducido como «fe», es para Shinran el corazón de la vida religiosa. No es una creencia que el sujeto decide adoptar ni un estado emocional, sino la mente sincera de Amida transferida al ser humano: la «mente de diamante» que no puede destruirse. En el capítulo de la Confianza del Kyōgyōshinshō, Shinran muestra que las tres mentes del decimoctavo voto —sinceridad, confianza alegre y aspiración al nacimiento— se reducen a esta confianza única, y que en el instante en que surge el creyente se cuenta ya entre los «verdaderamente establecidos» que alcanzarán el nirvana. Por eso los traductores de su escuela prefieren a menudo dejar el término sin traducir, para evitar las connotaciones voluntaristas de la palabra «fe».

  • Los verdaderamente establecidos (shōjōju)shojoju

    En la tradición de la Tierra Pura, el «grupo de los verdaderamente establecidos» designaba a quienes, ya nacidos en la Tierra Pura, tenían asegurado el nirvana. Shinran adelanta esta condición a la vida presente: en el instante en que surge la confianza, el creyente entra ya en ese grupo y su nacimiento queda fijado. De ahí que rechace la necesidad de esperar la visita de Amida en el lecho de muerte (raigō), central en la piedad de su tiempo, y que diga en sus cartas que quien tiene la confianza no necesita aguardar ese momento. La doctrina libera al creyente de la ansiedad por el modo de morir, como muestra la carta de Eshinni a su hija tras la muerte de Shinran.

  • Poder del otro (tariki)tariki

    Término tomado del comentario de Tanluan que Shinran convierte en clave de toda su enseñanza. «Poder del otro» designa el poder del Voto Original de Amida, opuesto al «poder propio» (jiriki), es decir, a cualquier esfuerzo del practicante por acumular méritos, purificarse o calcular su salvación. Shinran no lo entiende como una ayuda que complementa el esfuerzo humano, sino como la única causa del nacimiento en la Tierra Pura: incluso la confianza y la invocación del nombre proceden de Amida. De ahí su desconfianza radical ante la idea de mérito y su insistencia en que el creyente abandone toda «medida» o cálculo (hakarai). El término se ha comparado a menudo con la gracia en la teología cristiana, y en especial con la doctrina luterana de la justificación por la fe.

Platón
  • La alegoría de la cavernaalegoria-de-la-caverna

    Al comienzo del libro VII de la República (514a–521b), Sócrates pide imaginar a unos prisioneros encadenados desde niños en una caverna, que solo ven las sombras proyectadas en el fondo por objetos que otros pasean ante un fuego. Para ellos, las sombras son la realidad. Si uno fuera liberado y obligado a subir hacia la salida, la luz le cegaría; poco a poco vería los objetos, luego las cosas del exterior, sus reflejos, los astros y, por último, el sol mismo. Y si regresara a contarlo, los demás se burlarían de él e incluso intentarían matarle, alusión transparente a Sócrates. Platón la presenta como imagen de la educación (paideía): no consiste en meter visión en ojos ciegos sino en «volver» el alma entera hacia la luz.

  • Reminiscencia (anámnesis)anamnesis

    Para resolver la paradoja de cómo se puede buscar lo que no se sabe, el Menón propone que el alma, inmortal, ya ha visto todas las cosas antes de nacer y que aprender es recordar. Sócrates lo demuestra haciendo que un esclavo sin instrucción descubra, solo con preguntas, cómo construir un cuadrado del doble de superficie. El Fedón usa la reminiscencia como prueba de la inmortalidad: reconocemos que dos palos son «casi» iguales porque tenemos ya la noción de la Igualdad en sí, que no hemos sacado de los sentidos. El Fedro la convierte en mito: el alma recuerda la Belleza que contempló cuando viajaba con los dioses. La doctrina funda la idea de un conocimiento a priori y del maestro como partero, no como proveedor.

  • Eros y la escala de lo belloeros

    En el Banquete (201d–212a), Sócrates repite lo que le enseñó Diotima de Mantinea: Eros no es un dios sino un daímon intermedio, hijo de Poros (Recurso) y Penía (Pobreza), siempre necesitado y siempre ingenioso, deseo de poseer el bien para siempre. El amor bien guiado asciende por grados: de un cuerpo bello a todos los cuerpos, de ellos a las almas, a las leyes e instituciones, a los saberes y, por fin, «de repente», a la contemplación de la Belleza en sí, pura, sin mezcla, eterna. Quien llega ahí engendra no imágenes de virtud sino virtud verdadera. El Fedro añade la «locura» amorosa como don divino que hace recordar la Belleza. Es la fuente de la mística occidental del amor, de Plotino y el Pseudo-Dionisio a Ficino y los poetas del Renacimiento.

  • El filósofo gobernante y la justiciafilosofo-rey

    La República define la justicia como que cada parte haga lo suyo: en la ciudad, que productores, guardianes y gobernantes cumplan su función; en el alma, que razón, ánimo y apetito guarden su orden. Y concluye (473c–d) que los males de las ciudades no cesarán mientras los filósofos no reinen o los reyes no filosofen de verdad. Los gobernantes, hombres y mujeres por igual, se forman durante décadas en matemáticas y dialéctica hasta conocer el Bien, viven sin propiedad privada ni familia propia y aceptan el poder como un deber. La Carta VII atribuye a Platón esa convicción desde la juventud y la relaciona con sus viajes a Siracusa. En las Leyes, más realista, el gobierno pasa a la ley escrita, persuasiva y vigilada.

  • Asemejarse a Dios (homoíosis theô)homoiosis-theo

    En la digresión del Teeteto (176a–b), Sócrates dice que el mal no puede desaparecer de la tierra y que por eso hay que intentar huir de aquí hacia allá cuanto antes; y huir es asemejarse a Dios en lo posible, y asemejarse es hacerse justo y santo con inteligencia. La fórmula une la ética con la contemplación: la virtud no es solo conducta correcta sino participación en lo divino. El Timeo la completa al pedir que el alma acompase sus movimientos con las revoluciones ordenadas del cielo, y la República con la imagen del filósofo que, mirando lo ordenado y divino, se vuelve ordenado y divino. Los platónicos medios la convirtieron en definición del fin de la vida, y a través de ellos pasó a los Padres de la Iglesia como theosis.

  • La Idea del Bienidea-del-bien

    En la República (505a–509c) Sócrates llama a la Idea del Bien «el estudio más alto». No la define: la explica con la imagen del sol. Así como el sol da a las cosas visibles la luz que las hace ver y además su nacimiento y crecimiento, el Bien da a las Formas su inteligibilidad y su ser, y él mismo está «más allá del ser en dignidad y en poder» (509b). Es la meta de la educación del filósofo y la medida que debe guiar al gobernante. Esa fórmula, «más allá del ser», fue decisiva para Plotino, que identificó el Bien con el Uno, y para la teología negativa cristiana, judía e islámica. La anécdota de la lección «Sobre el Bien» sugiere que en su enseñanza oral Platón lo relacionaba con el Uno y con los principios matemáticos.

  • Inmortalidad y partes del almainmortalidad-del-alma

    Platón es el primer filósofo que argumenta sistemáticamente la inmortalidad del alma: en el Fedón, por los contrarios, la reminiscencia, la afinidad del alma con lo invisible y su vínculo esencial con la Forma de la Vida; en la República y el Fedro, porque el alma es principio de su propio movimiento. Al mismo tiempo, la República (libro IV) distingue en el alma tres partes —razón, ánimo o fogosidad (thymós) y apetito—, cuya armonía bajo el gobierno de la razón es la justicia interior; el Fedro la pinta como un auriga con dos caballos alados. Los mitos escatológicos del Gorgias, el Fedón y la República (mito de Er) completan la doctrina con un juicio de los muertos y una elección de vidas futuras.

  • Teoría de las Formas (Ideas)teoria-de-las-formas

    Platón sostiene que, además de las cosas sensibles, múltiples y cambiantes, existen realidades inteligibles, eternas e inmutables —las Formas o Ideas (eidos, idéa)—, como lo Bello en sí, lo Justo en sí o lo Igual en sí. Las cosas sensibles son bellas o iguales porque «participan» de la Forma correspondiente, o la imitan imperfectamente. Las Formas son el objeto propio del conocimiento: de lo que cambia solo cabe opinión (dóxa). La teoría aparece de modo explícito en el Fedón, el Banquete y la República; el Parménides la somete a objeciones muy serias y los diálogos tardíos la reformulan como red de géneros que se combinan. Platón nunca la expuso como sistema cerrado, y sus discípulos —Aristóteles el primero— discutieron sin fin qué quería decir exactamente con «participación».

Baal Shem Tov
  • Ascensión del almaaliyat-ha-neshamah

    La ascensión del alma a los mundos superiores mediante conjuros y concentración es una práctica de la mística judía antigua y cabalística. El Besht la practicó, según su propia carta, en fechas señaladas como el Año Nuevo, con un fin preciso: interceder ante las instancias celestes por comunidades amenazadas por epidemias o acusaciones, y aprender enseñanzas que luego transmitía. Etkes subraya que esta práctica no es un éxtasis privado sino un servicio a la comunidad, y que en ella se funda la autoridad del Besht como dirigente. La respuesta del Mesías —que llegará cuando otros puedan hacer las mismas ascensiones— vincula la mística individual con la redención colectiva.

  • Servicio a Dios en lo corporalavodah-be-gashmiyut

    Si «toda la tierra está llena de Su gloria» (Is 6,3), no hay ámbito de la vida ajeno a Dios. Las enseñanzas del círculo del Besht deducen de ahí que las acciones físicas —comer, beber, comerciar, conversar— pueden ser servicio divino cuando se realizan con la intención correcta, y que en todas las cosas hay chispas de santidad que el hombre eleva al usarlas rectamente. Esta doctrina, heredera de la cábala luriánica de las chispas caídas, invirtió la valoración del ascetismo: el ayuno y la mortificación no son el camino preferente, y la tristeza que producen puede alejar de Dios. Los adversarios del jasidismo vieron en ella un peligro de laxitud y de confusión entre lo sagrado y lo profano; sus defensores insistían en que exige una vigilancia interior constante, más difícil que la abstinencia.

  • Devekut (adhesión a Dios)devekut

    *Devekut*, de la raíz hebrea «adherirse», designa en la tradición cabalística la unión del pensamiento con Dios, que autores anteriores reservaban a unos pocos y a momentos excepcionales. En las enseñanzas atribuidas al Besht se convierte en el ideal de toda vida religiosa y en un estado que debe acompañar cada acto: la oración, el estudio, pero también el comer, el trabajo y la conversación. Como el hombre «está allí donde está su pensamiento», quien mantiene la mente adherida a Dios mientras realiza tareas corrientes las convierte en servicio. Scholem vio en esta reinterpretación —que coloca la *devekut* al principio y no al final del camino— la gran novedad del jasidismo. La adhesión no exige retirarse del mundo, y por eso puede pedírsela también al hombre sencillo; al mismo tiempo, su forma más alta queda para el justo, cuya adhesión irradia sobre su comunidad.

  • Elevación de los pensamientos extrañoshaalat-mahshavot-zarot

    Los *mahshavot zarot*, «pensamientos extraños», son las distracciones, deseos o imágenes indebidas que asaltan al orante. La tradición ascética aconsejaba rechazarlos. Las enseñanzas atribuidas al Besht proponen, para quien ora con fervor, otra vía: reconocer en el pensamiento extraño una chispa caída de su raíz divina y devolverla a ella. Un deseo indebido es amor desviado; reconducido, se convierte en amor de Dios. *Tsava'at ha-Rivash* enumera siete clases de pensamientos correspondientes a los siete atributos divinos inferiores. La doctrina fue una de las más atacadas por los *mitnagdim*, que la consideraron peligrosa, y el propio jasidismo posterior la restringió a los justos.

  • Hishtavut (ecuanimidad)hishtavut

    *Tsava'at ha-Rivash* abre su segundo párrafo con un juego de palabras sobre el Salmo 16,8, «siempre pongo (*shiviti*) al Señor ante mí»: *shiviti* se relaciona con *hishtavut*, igualdad. El hombre que ha alcanzado la adhesión a Dios mira con igualdad lo que le sucede: el elogio y el desprecio, los manjares y la comida pobre, la reputación de sabio o de ignorante. No es indiferencia moral, sino consecuencia de la *devekut*: quien está ocupado en adherirse a Dios no tiene tiempo de pensar en su prestigio. El texto lo presenta como «un grado muy elevado» y lo vincula a la humildad: nadie debe creerse superior a su compañero, ni siquiera a un gusano, porque todos sirven al Creador con la capacidad que les fue dada.

  • Alegría (simhah)simha

    Las enseñanzas del círculo del Besht hacen de la alegría una condición del servicio divino y de la tristeza (*atsvut*) su principal obstáculo. *Tsava'at ha-Rivash* advierte que el impulso al mal suele disfrazarse de escrúpulo religioso para sumir al hombre en la tristeza y apartarlo así de Dios; que el llanto es malo salvo cuando nace de la alegría; que la oración gozosa es mejor recibida que la que se hace entre lágrimas, como el rey da más al ministro que lo alaba con alegría que al pobre que suplica llorando. Esta valoración, que desplazaba la piedad penitencial dominante, tuvo traducción en la vida del movimiento: el canto, la danza y la comida comunitaria se convirtieron en formas de culto.

Plotino
  • El alma no descendidaalma-no-descendida

    Una de las tesis más personales de Plotino es que el alma humana no desciende entera al cuerpo: una parte de ella permanece siempre en el mundo inteligible, contemplando, aunque no lo sepamos. «Si hay que atreverse a decir algo contra la opinión de los demás», escribe en IV 8, 8. El yo empírico, absorbido por las sensaciones y las preocupaciones, ignora esa actividad superior; la tarea de la filosofía es volver la atención hacia dentro para tomar conciencia de lo que ya somos. Esta tesis explica que la vuelta al principio sea posible sin un salvador externo y funda la ética plotiniana de la purificación. Sus sucesores, a partir de Jámblico, la rechazaron y sostuvieron que el alma desciende por completo, lo que dio a los ritos un papel necesario.

  • La bellezabelleza

    En su primer tratado (I 6), Plotino rechaza la definición estoica de la belleza como simetría de las partes con buen color: también son bellos lo simple —un color, la luz, el oro, un relámpago— y lo que tiene simetría puede no serlo, como un rostro muerto. La belleza es la presencia de la forma, que procede del mundo inteligible, en una materia; por eso el alma, emparentada con lo inteligible, la reconoce y se alegra ante ella. Hay una escala que va de los cuerpos bellos a las ocupaciones y las ciencias, a la virtud y a la Belleza inteligible, cuyo principio es el Bien. Para verla, el alma debe hacerse bella ella misma, como el escultor que trabaja su estatua. En V 8 añade que el arte no copia la naturaleza, sino que remonta a sus razones.

  • Todo es contemplacióncontemplacion

    En III 8 Plotino formula, «jugando», una tesis seria: todo aspira a la contemplación (theōría). No solo los seres racionales, sino los animales, las plantas y la tierra que las produce: la naturaleza, al dar forma a los cuerpos, contempla las razones formativas que lleva en sí y produce en silencio, como el geómetra traza figuras al pensar. La acción es una contemplación debilitada, un rodeo de quienes no pueden contemplar directamente y necesitan ver fuera lo que no ven dentro. La jerarquía de los seres es, así, una jerarquía de grados de contemplación, que culmina en el Intelecto, donde contemplar y ser coinciden, y se abre al Uno, que está más allá incluso de la contemplación.

  • El Uno (el Bien)el-uno

    El primer principio de Plotino es el Uno, al que también llama el Bien. Es absolutamente simple: si tuviera partes, cualidades o incluso pensamiento, habría en él dualidad y necesitaría a su vez un principio que lo unificara. Por eso está «más allá del ser» (República 509b) y más allá del Intelecto, y no puede ser objeto de conocimiento ni de definición: decir que es uno es solo negar en él la multiplicidad. Plotino lo describe con negaciones y con imágenes —la fuente que no se agota en los ríos, el sol que ilumina sin perder luz—, siempre advirtiendo que hablamos «como si». Todo ser es lo que es por participar de la unidad, y todo aspira al Bien. No es, sin embargo, un principio frío: en VI 8 Plotino lo presenta como causa de sí mismo, cuyo ser coincide con su querer.

  • Procesión y conversiónprocesion-y-conversion

    Plotino explica cómo lo múltiple sale del Uno sin que este cambie ni pierda nada. Todo ser perfecto produce algo distinto de sí, como el fuego desprende calor o la nieve frío: es la teoría de la doble actividad (V 4), una interna, que es el ser mismo, y otra externa, que deriva de él. Lo producido es siempre inferior a su principio. Pero la generación no se completa con la salida (próodos): lo engendrado se vuelve hacia su origen para contemplarlo (epistrophḗ), y en esa vuelta recibe su forma. Así el Intelecto se constituye al mirar al Uno, y el Alma al mirar al Intelecto. La imagen de la «emanación», que se ha hecho habitual, es solo una metáfora: Plotino rechaza que el Uno produzca por necesidad mecánica o por deliberación.

  • Las tres hipóstasistres-hipostasis

    Plotino organiza la realidad inteligible en tres niveles o hipóstasis —«realidades subsistentes»—, expuestos de forma programática en V 1: el Uno, el Intelecto (noûs) y el Alma (psykhḗ). El Intelecto es la primera multiplicidad: un pensamiento que se piensa a sí mismo y es idéntico a su contenido, el conjunto de las Formas platónicas, que son a la vez seres y actos de pensar; en él no hay tiempo ni discurso, sino visión simultánea. El Alma procede del Intelecto y es su imagen: piensa discursivamente, pasa de un objeto a otro, y por eso con ella nace el tiempo; el Alma del mundo da vida y orden al cosmos sensible, y las almas individuales a los cuerpos. Plotino insiste en que no hay más hipóstasis que estas tres y critica a los gnósticos por multiplicarlas.

  • La unión con el Unounion-mistica

    La meta de la filosofía plotiniana no es un saber, sino una experiencia: la unión (hénōsis) con el Uno. No se alcanza por razonamiento, porque todo conocimiento implica dualidad, sino por una «presencia superior a la ciencia» (VI 9, 4), cuando el alma se despoja de toda forma, incluso de la del pensamiento. Plotino la describe con imágenes: el centro que coincide con el centro, el amante que se une al amado, el que entra en el santuario y deja atrás las estatuas. No hay entonces visión de un objeto: el que ve y lo visto son uno. La experiencia es breve, y el alma vuelve a caer en el razonamiento, pero puede repetirse. Plotino la vivió, según Porfirio, cuatro veces en seis años, y la evoca en primera persona al comienzo de IV 8.

Ignati Brianchanínov
  • Almas y ángeles: espíritus con cuerpo etéreoalmas-y-angeles

    En la «Palabra sobre la muerte» (1862) y su «Suplemento», Ignati sostiene que sólo Dios es espíritu absolutamente incorpóreo, porque sólo Él es ilimitado; los ángeles y las almas humanas, como criaturas, están limitados en el espacio y el tiempo y poseen por tanto un cuerpo sutil, «etéreo» o «gaseoso», invisible a los ojos corporales. Con esta tesis, que apoyaba en Basilio el Grande, Gregorio el Teólogo, Juan Crisóstomo y otros Padres, explicaba cómo los demonios pueden actuar sobre el hombre, cómo el alma es vista y retenida tras la muerte en las «aduanas» aéreas y dónde se sitúan el infierno y el paraíso. Teófano el Recluso le replicó que almas y ángeles son espíritus en sentido propio y que esa doctrina materializaba la teología; la polémica sigue siendo un tema de estudio de la teología rusa.

  • La lectura de los Padreslectura-de-los-padres

    Ignati hizo de la lectura de los Padres el eje de la vida espiritual moderna. «Haz tuyos el pensamiento y el espíritu de los santos Padres leyendo sus escritos»: puesto que el cielo los ha recibido, sus escritos son un camino garantizado, y todos desembocan en el Evangelio como los ríos en el océano. Pero esa lectura exige discernimiento: hay que preferir a los autores que escribieron para el propio estado de vida —los monjes que vivían en comunidad no deben leer, sin más, lo escrito para anacoretas— y guardarse de los libros heterodoxos, porque «quien lee los libros de los falsos maestros se pone en comunión con el espíritu de la mentira». De ahí su severidad hacia la literatura mística occidental, que consideraba fruto de la ilusión.

  • La oración con atenciónoracion-con-atencion

    Para Ignati la oración es ante todo «el llanto del hombre caído y arrepentido ante Dios», y su condición es la humildad: «el único lugar espiritual para ofrecer el sacrificio de la oración es la humildad». En la oración de Jesús rechaza que se busque el «lugar del corazón» mediante la respiración o la postura, técnicas que considera peligrosas sin guía; propone en cambio encerrar la mente en las palabras de la oración, pronunciándolas despacio y con atención, porque «el alma de todos los ejercicios en el Señor es la atención». La oración oral se vuelve mental y, cuando Dios lo concede, del corazón, que es don de la gracia y no resultado de un método. A los laicos les da una regla de atención para la vida diaria: calidad antes que cantidad, el Evangelio leído para dirigir la conducta, la moderación en la comida.

  • La prelest o ilusión espiritualprelest

    Prelest (de lest, engaño, seducción) es para Ignati el daño de la naturaleza humana por la mentira: un estado en el que todos estamos desde la caída y del que sólo nos libra la verdad, que es Cristo. Se vuelve peligrosa cuando el asceta la confunde con la gracia. Distingue dos formas. La «opinión» (mnenie) es una ilusión de la mente: uno se forja una idea falsa de sus virtudes y de su santidad, y esa soberbia secreta, sin llevar necesariamente a la locura, lo aparta de la penitencia; de ella nacen libros como la «Imitación de Cristo», según él. El «ensueño» (mechtanie) es una ilusión de la imaginación y de los sentidos: el que ora busca visiones, luces, perfumes, dulzuras, y los demonios, adoptando la figura de santos o de ángeles, halagan su amor propio hasta perderlo. El remedio es la humildad, la conciencia de ser pecador, la penitencia, la oración sin imágenes y el control de la Escritura y los Padres.

  • Vivir por consejovida-por-consejo

    Ignati estaba convencido de que en su tiempo casi habían desaparecido los ancianos «portadores del Espíritu» que en la antigüedad anunciaban directamente a sus discípulos la voluntad de Dios. La obediencia total a un starets, que había sido el camino clásico, se volvía peligrosa si el guía no tenía experiencia. Propuso por eso, como forma de obediencia adaptada «a nuestra debilidad», la vida «por consejo»: buscar la voluntad de Dios en la Escritura y en los escritos de los Padres, y pedir consejo a hermanos virtuosos y prudentes, recibiéndolo con extrema cautela, sin dejarse arrastrar por la primera impresión. Pone como modelo a Antonio el Grande, que aprendió de muchos, de uno la templanza, de otro la mansedumbre. El progreso es más lento, admite, pero ésa es la disposición de Dios para estos tiempos, y hay que aceptarla con gratitud.

Khalil Gibran
  • Almustafá y la voz proféticaalmustafa-la-voz-profetica

    Gibran no se presenta como profeta: crea uno. Almustafá, «el elegido y el amado», es un extranjero que ha vivido doce años en Orfalese y que habla solo cuando le preguntan, en la hora de la partida. Esa estructura —un sabio que se despide— permite a Gibran adoptar el tono de los libros sapienciales y de los evangelios sin reclamar autoridad doctrinal: Almustafá no funda una religión, devuelve a cada oyente lo que ya «se mueve en sus almas». El recurso tiene antecedentes en el Zaratustra de Nietzsche, que Gibran leyó con pasión, pero su profeta carece de sarcasmo: es un maestro de la reconciliación de contrarios (alegría y tristeza, razón y pasión, libertad y ley). Por eso el libro ha podido leerse desde tradiciones muy diversas, y también por eso la crítica lo ha acusado de vaguedad.

  • El amor que no poseeel-amor-que-no-posee

    Para Gibran el amor es una fuerza que hiere y purifica: «coronará y crucificará», «trillará» y «amasará» al amante hasta hacerlo pan sagrado. Pero su rasgo decisivo es que no posee ni quiere ser poseído. De ahí los consejos sobre el matrimonio («que haya espacios en vuestra unión»; «los pilares del templo se alzan separados») y sobre los hijos, que «vienen a través de vosotros, pero no de vosotros». Esta concepción, que su vida sentimental —Haskell, Ziadeh, amores sin convivencia— parece encarnar, chocaba frontalmente con el matrimonio impuesto que denunció en Espíritus rebeldes y Alas rotas, y explica la popularidad de esos pasajes en las bodas laicas del siglo XX.

  • El yo divino (god-self)el-yo-divino

    En El profeta Gibran distingue en cada persona un «yo divino» (god-self), comparado con el océano y con el sol, que «permanece para siempre inmaculado», y una parte que «aún es hombre» o «todavía no es hombre», «un pigmeo informe que camina dormido entre la niebla». El mal no es una sustancia sino la distancia entre ambos: quien obra mal no deja de ser bueno, sino que camina cojeando hacia su yo mayor. De aquí se siguen su crítica del castigo (en «Del crimen y del castigo» el culpable y la víctima son inseparables) y su ética sin mandamientos. La noción, emparentada con el panteísmo de Blake y con la idea sufí del ser humano como reflejo de Dios, aparece ya en El precursor, donde cada hombre es precursor de sí mismo.

  • Los contrarios reconciliadoslos-contrarios-reconciliados

    Una de las figuras de pensamiento más constantes de Gibran es la unidad de los opuestos: la alegría es «la tristeza desenmascarada»; la copa que contiene el vino es la que se quemó en el horno del alfarero; la razón es el timón y la pasión la vela del alma, y ninguna debe gobernar sola. Lejos de una dialéctica filosófica, se trata de una pedagogía del sufrimiento: el dolor «rompe la cáscara» del entendimiento y ensancha la capacidad de gozo. La idea tiene raíces en la mística cristiana oriental de su infancia y en el romanticismo europeo, y le permite hablar de la muerte —«¿qué es morir sino estar desnudo en el viento y fundirse en el sol?»— como un acto de libertad y no de pérdida.

  • El Mahyar y el poema en prosa árabemahyar-y-poema-en-prosa

    Gibran fue la figura central de la literatura del Mahyar, la de los escritores árabes emigrados a América. Frente a la retórica neoclásica, que exigía metro y rima de la qasida, practicó un poema en prosa (shi'r manthur) de frases cortas, imágenes naturales, repeticiones y tono confesional, y un árabe cercano al habla que algunos puristas consideraron incorrecto (respondió en 1924 con «Vosotros tenéis vuestra lengua y yo la mía»). La Liga de la Pluma, que presidió desde 1920, sistematizó esa renovación. La crítica árabe —Salma Khadra Jayyusi, Khalil Hawi— reconoce en él la influencia más decisiva en el paso del clasicismo al romanticismo en la poesía árabe moderna.

  • El trabajo como amor hecho visibletrabajo-amor-visible

    En el discurso «Del trabajo» Gibran rechaza tanto la visión del trabajo como castigo bíblico como su reducción a medio de vida. Trabajar con amor es «tejer la tela con hilos sacados del corazón», «construir una casa como si la habitara el amado»; quien trabaja con desgana «hornea un pan amargo que solo sacia a medias». La fórmula final —«el trabajo es el amor hecho visible»— condensa una ética del oficio que procede del mundo artesano de su madre costurera y de su hermana Marianna, y que conecta con el movimiento Arts and Crafts que conoció en el Boston de Holland Day. Es uno de los pasajes más citados en contextos laborales y educativos.

Tomás de Kempis
  • «Ama nesciri»: humildad y vida escondidaama-nesciri

    «Ama el ser desconocido y tenido en nada»: la consigna resume la ética de la humildad que recorre toda la obra de Thomas. Conocerse a sí mismo con verdad lleva a no preferirse a nadie; la ciencia sin humildad infla; la soledad, el silencio y la celda protegen del deseo de ser visto. No es misantropía, sino la convicción de que lo que el hombre es ante Dios no depende de la opinión ajena: «cuanto es cada uno a tus ojos, tanto es, y no más», repite con palabras que atribuye a san Francisco. La vida escondida del claustro de Monte Santa Inés, donde Thomas pasó setenta años copiando libros, es la encarnación de ese ideal; la paradoja es que el libro anónimo que lo formula se convirtió en uno de los más leídos de la historia.

  • Compunción del corazóncompunctio

    La compunción —el corazón «punzado» por el dolor de los pecados y por el deseo de Dios— es para Thomas la puerta de la vida espiritual. No se trata de un sentimiento de culpa paralizante, sino de una sensibilidad del alma que la vuelve dócil y la limpia: «prefiero sentir la compunción a saber definirla». La Imitación dedica un capítulo a la compunción del corazón y el autor un tratado entero a la verdadera compunción. Las lágrimas, la memoria de la muerte y del juicio, el examen diario y la soledad son los medios que la alimentan. La tradición viene de los padres del desierto, de Casiano y de Gregorio Magno, y la devotio moderna la convirtió en ejercicio cotidiano. Frente a la teología académica, la compunción representa el primado de la experiencia afectiva sobre el saber.

  • Devotio modernadevotio-moderna

    La «devoción moderna» fue el movimiento de reforma espiritual surgido en los Países Bajos a partir de Geert Grote (1340–1384), diácono de Deventer que reunió en su casa a mujeres y después a clérigos y laicos para vivir en común, sin votos, del trabajo de copiar libros. De él nacieron los Hermanos y Hermanas de la Vida Común y, para quienes buscaban la vida religiosa, la congregación de canónigos regulares de Windesheim, a la que perteneció Thomas. Su piedad es interior, metódica y práctica: lectura meditada de la Escritura y de los padres, cuadernos de sentencias (rapiaria), examen de conciencia, ejercicios regulares, desconfianza ante la especulación mística y escolástica. La Imitación es su fruto más célebre; Erasmo, educado en Deventer, y los reformadores católicos y protestantes del siglo XVI son en parte herederos suyos.

  • La imitación de Cristoimitatio-christi

    La idea que da título al libro no es nueva —arranca de san Pablo («sed imitadores míos como yo lo soy de Cristo») y atraviesa a Bernardo y a Francisco de Asís—, pero Thomas la convierte en programa de vida cotidiana. Imitar a Cristo no es reproducir exteriormente sus gestos, sino conformar con los suyos los propios afectos: la humildad, la obediencia, la paciencia en la contradicción, el desprendimiento. La vida de Cristo es el libro que hay que leer: «el sumo estudio nuestro sea meditar en la vida de Jesús». Esa imitación es más afectiva que especulativa y desconfía de la teología disputadora («¿de qué te sirve disputar altas cosas de la Trinidad si careces de humildad?»). Lutero y los reformados objetaron que la imitación podía convertirse en camino de obras; en los siglos siguientes el libro fue releído, con sus propios acentos, por católicos, protestantes y anglicanos.

  • El camino real de la santa cruzvia-regia-crucis

    El último capítulo del libro II, «De regia via sanctae crucis», es el centro dramático de la Imitación. Lo prepara el capítulo anterior, sobre los pocos que aman la cruz: muchos le siguen hasta partir el pan, dice, pocos hasta beber el cáliz de la pasión. La cruz no es un accidente que haya que evitar, sino la forma misma de la vida cristiana, y está preparada en todas partes: en uno mismo, en los demás, en las circunstancias. Quien huye de una cruz encuentra otra, quizá más pesada; quien la lleva de buen grado descubre que es ella la que lo lleva. La enseñanza no exalta el dolor por sí mismo: lo integra en la imitación del Cristo paciente y en la promesa de la consolación interior que desarrolla el libro III.

Byron Katie
  • Amar lo que esamar-lo-que-es

    Actitud que resume la experiencia que Katie describe desde 1986 y que da título a su primer libro: no oponerse mentalmente a la realidad tal como es en cada momento. Para ella, la realidad es «más amable que nuestras historias» sobre ella, y discutir con lo que ya ha ocurrido es tan inútil como intentar que un gato ladre. No lo plantea como una norma moral ni como resignación pasiva —las acciones siguen siendo necesarias—, sino como la consecuencia natural de haber cuestionado los pensamientos que se oponen a lo que sucede. Algunos participantes y comentaristas han visto en esta aceptación el riesgo de la pasividad ante la injusticia; Katie responde que la mente que no lucha contra la realidad actúa con más lucidez y amabilidad.

  • El Trabajo (The Work)el-trabajo

    Nombre que Byron Katie da a su método de indagación. Se parte de la hoja de trabajo «Juzga a tu prójimo», en la que se anotan, sin censura, los juicios sobre una persona o situación que producen malestar: qué nos enfada de ella, qué querríamos que cambiara, qué debería o no debería hacer. Cada juicio se somete a cuatro preguntas: ¿es verdad?; ¿puedes saber con absoluta certeza que es verdad?; ¿cómo reaccionas, qué sucede, cuando crees ese pensamiento?; ¿quién serías sin él? Las preguntas no buscan respuestas correctas, sino que quien las contesta se detenga y observe en silencio lo que aparece. El proceso concluye con la inversión. El método puede practicarse por escrito a solas, con otra persona que formula las preguntas o en grupo, y su web oficial lo ofrece gratuitamente en decenas de idiomas.

  • Reducción del estrés basada en la indagación (IBSR)ibsr

    Denominación con la que El Trabajo se ha estudiado en la investigación clínica, sobre todo por equipos de la Universidad de Tel Aviv desde la década de 2010. Los programas suelen consistir en sesiones grupales semanales durante varias semanas, en las que los participantes aprenden a aplicar las cuatro preguntas y la inversión. Se han evaluado sus efectos en profesores, enfermeras, personas con tartamudez, portadoras de variantes BRCA o estudiantes con ansiedad ante los exámenes. Una revisión sistemática de 2021 encontró diecisiete estudios con resultados iniciales prometedores en estrés, ansiedad y bienestar, pero solo tres ensayos aleatorizados, y pidió investigaciones de mayor calidad; los autores relacionan el método con las terapias cognitivo-conductuales de tercera generación, como la terapia de aceptación y compromiso.

  • La inversiónla-inversion

    Último paso de El Trabajo. Una vez cuestionado un pensamiento, se le da la vuelta de varias maneras: hacia uno mismo («él debería escucharme» se convierte en «yo debería escucharme»), hacia el otro («yo debería escucharle») y hacia lo contrario («él no debería escucharme»). Para cada inversión se buscan al menos tres ejemplos concretos y reales de cómo podría ser tan verdadera o más que la frase original. Katie presenta la inversión no como un castigo ni una culpa, sino como una forma de recuperar la responsabilidad sobre la propia experiencia y descubrir que los juicios sobre los demás suelen describir lo que uno mismo hace o necesita. Como mostró la investigación de 1999 sobre una sesión con una superviviente de incesto, se ha planteado el riesgo de aplicarla de manera literal a situaciones de abuso o de violencia, donde podría reforzar la autoinculpación de la víctima; los facilitadores del método responden que la inversión no niega los hechos ni justifica el daño.

  • Los tres asuntostres-asuntos

    Katie distingue tres tipos de asuntos en el mundo: los míos, los tuyos y los de la realidad —ella dice «de Dios»—, entendiendo por estos últimos lo que escapa al control de cualquiera, como un terremoto o el momento de la muerte. Gran parte del sufrimiento, sostiene, procede de estar mentalmente en los asuntos ajenos («deberías cuidarte más») o en los de la realidad («no debería llover»), lo que produce una sensación de separación y de soledad. Volver a los propios asuntos no significa desentenderse de los demás, sino actuar desde lo que a uno le corresponde, con más claridad y eficacia. La distinción sirve como ayuda práctica para identificar los pensamientos que conviene indagar.

Meher Baba
  • El amor divinoamor-divino

    Para Meher Baba el amor es a la vez el medio y el fin del camino. Distinguía el amor humano, ligado al deseo y a la posesión, del amor divino, que no pone condiciones, no tiene límites y no cambia. El amor no puede imponerse por la fuerza, ni siquiera por la fuerza de la voluntad propia, pero se contagia: quienes lo reciben lo devuelven. Por eso desconfiaba de la moral como esfuerzo y de la religión como ritual, y proponía en su lugar el amor al maestro o al Amado, que desgasta el ego hasta que el amante se pierde en él. El relato sufí de Majnún y Layla, que cita en los Discourses, le servía de ejemplo: un amor humano completamente desinteresado puede conducir al discipulado y a Dios.

  • El Avatar y los cinco maestros perfectosavatar

    Meher Baba enseñó que en todo momento hay en la tierra cincuenta y seis almas que han realizado a Dios, de las que cinco son los maestros perfectos de su época; cuando uno muere, otro ocupa su lugar. El Avatar es un caso singular: el alma que primero realizó a Dios, el Anciano, que vuelve periódicamente, cada setecientos a mil cuatrocientos años, «hecho descender» por los cinco maestros perfectos para impulsar la creación hacia la conciencia divina. Identificó ese estado con Vishnu en el hinduismo y con Parvardigar en el sufismo, y afirmó que en otras épocas habían cumplido esa función Zoroastro, Rama, Krishna, Buda, Jesús y Mahoma. Desde 1954 se presentó públicamente como el Avatar de la era. La doctrina combina la noción hindú de *avatara* con la jerarquía sufí de los santos (*qutb*), y es inseparable de su autodefinición: aceptarla es para sus seguidores un acto de fe, no una tesis que pueda comprobarse.

  • Evolución, reencarnación e involución de la concienciaevolucion-reencarnacion-involucion

    Es el eje de God Speaks. En el principio, Dios está en un sueño profundo, infinito e inconsciente de sí; un primer impulso, la pregunta «¿quién soy yo?», hace surgir la nada como sombra del todo. El alma, una gota del océano divino que se imagina separada, se identifica sucesivamente con formas cada vez más complejas: gases, piedra, metal, vegetal, gusano, pez, ave, animal y hombre. En ese tránsito la conciencia crece hasta hacerse plena en la forma humana, pero arrastra las impresiones acumuladas que la atan a la ilusión. La reencarnación, una serie de vidas humanas, sirve para agotarlas; cuando se han debilitado lo bastante, comienza la involución, un viaje interior por siete planos que culmina en la realización de Dios, cuando el alma se sabe idéntica al océano. La metáfora del océano y la gota es, como advierte Purdom, solo un símbolo.

  • Los mastsmasts

    *Mast* (del persa y urdu, «ebrio») designa en el vocabulario de Meher Baba a las personas «ebrias de Dios», que a sus ojos habían quedado trastornadas por el contacto con los planos interiores del camino espiritual y que, vistas desde fuera, parecían locas. En los años treinta y cuarenta recorrió la India, Ceilán y el actual Pakistán en su busca; las bañaba, las alimentaba, les daba ropa y pasaba con ellas horas en reclusión, convencido de que así las ayudaba a avanzar y de que ellas colaboraban en su trabajo. Llegó a abrir un *ashram* para masts. Su discípulo William Donkin, médico británico, documentó el trabajo con fotografías y fichas en *The Wayfarers* (1948). Para el observador externo es difícil separar esta labor de la atención a enfermos mentales; para su movimiento es una de las expresiones más singulares de su misión.

  • Sanskarassanskaras

    Los *sanskaras* son las impresiones que la experiencia deja en la mente y que determinan los deseos, los hábitos y la identificación del alma con el cuerpo y el mundo. En los Discourses Meher Baba los presenta como la causa del encadenamiento: cada acción vivida desde el ego crea nuevas impresiones, que piden a su vez ser vividas, y así se perpetúa el ciclo de nacimientos. La liberación no consiste en acumular impresiones buenas en lugar de malas —ambas atan—, sino en desgastarlas por completo, lo que se logra mediante el amor, la acción desinteresada, la entrega a un maestro y la gracia. De ahí su insistencia en la renuncia interior más que en la exterior, y su desconfianza hacia la piedad ritual y los méritos.

  • El silenciosilencio

    Desde el 10 de julio de 1925 hasta su muerte, Meher Baba no pronunció palabra. Escribió durante algo más de un año, después se sirvió de un tablero con las letras del alfabeto y, desde octubre de 1954, solo de gestos que sus íntimos traducían. Negó que fuera una práctica ascética: lo presentó como parte de su trabajo universal y como respuesta a una humanidad que había recibido ya bastantes palabras y no las vivía. Anunció en numerosas ocasiones que rompería su silencio pronunciando una Palabra que despertaría el amor en todos los corazones y sentaría las bases de los setecientos años siguientes. Nunca lo hizo de forma audible, según todos los testimonios contemporáneos; algunos seguidores sostienen que lo rompió en un plano espiritual o que lo hará en el futuro. Sus seguidores guardan silencio cada 10 de julio. El silencio tiene además una consecuencia literaria: todo su corpus impreso pasó por intérpretes y editores.

Baruch Spinoza
  • Amor intelectual de Dios y eternidad de la menteamor-intellectualis-dei

    La quinta parte de la Ética culmina en un afecto que no es pasión: el amor intelectual de Dios, la alegría que acompaña al conocimiento de tercer género con la idea de Dios como causa. Es el mismo amor con que Dios se ama a sí mismo, y en él consisten la salvación, la felicidad o la libertad. Spinoza sostiene también que algo de la mente humana es eterno: no una inmortalidad personal con memoria y duración, que niega, sino la idea que expresa la esencia del cuerpo bajo la especie de la eternidad. «Sentimos y experimentamos que somos eternos». La felicidad no es el premio de la virtud, sino la virtud misma, y el camino hacia ella, aunque arduo, puede encontrarse: todo lo excelso es tan difícil como raro.

  • Sustancia, atributos y modosatributos-y-modos

    Spinoza define la sustancia como lo que es en sí y se concibe por sí; el atributo, como lo que el entendimiento percibe de la sustancia como constituyendo su esencia; el modo, como las afecciones de la sustancia, que son en otro y se conciben por otro. Dios tiene infinitos atributos, de los que conocemos dos: el pensamiento y la extensión. Mente y cuerpo no son dos sustancias que interactúan, como en Descartes, sino una misma cosa expresada bajo dos atributos: el orden y la conexión de las ideas es el mismo que el orden y la conexión de las cosas. De ahí que la mente humana sea la idea del cuerpo humano, y que su potencia de pensar crezca con la aptitud del cuerpo para ser afectado de muchas maneras. Este paralelismo, como lo llamaron sus intérpretes, disuelve el problema cartesiano de la comunicación de las sustancias.

  • Conatus y afectosconatus

    Cada cosa, en cuanto está en sí, se esfuerza por perseverar en su ser, y ese esfuerzo, el conatus, es su esencia actual. En el ser humano, consciente de sí, se llama deseo, y el deseo es la esencia misma del hombre. Todos los afectos se derivan de tres primarios: el deseo, la alegría, paso a una mayor perfección o potencia de obrar, y la tristeza, paso a una menor. El amor es alegría acompañada de la idea de una causa exterior; el odio, tristeza con la idea de su causa. Spinoza anuncia que tratará las acciones y apetitos humanos como si fueran líneas, planos o cuerpos, y de ahí sale una psicología naturalista de las pasiones —la esperanza y el miedo, la envidia, la ambición, la compasión— que no las condena, sino que explica su necesidad. Una cosa no es buena porque la deseemos: la deseamos y por eso la llamamos buena.

  • Deus sive Natura: Dios o la Naturalezadeus-sive-natura

    El núcleo de la Ética es que solo existe una sustancia, absolutamente infinita, que es causa de sí misma y de la que todo lo demás es modo o afección: esa sustancia es Dios, y es también la Naturaleza. Dios no es un ser personal que crea el mundo desde fuera por un acto de voluntad, sino la potencia infinita que se expresa en todas las cosas por la necesidad de su naturaleza. La fórmula Deus seu Natura aparece en el prefacio de la cuarta parte: la razón por la que Dios o la Naturaleza existe y la razón por la que actúa son una y la misma, y como no existe por un fin, tampoco actúa por un fin. Distingue la naturaleza naturante, Dios como causa libre, de la naturaleza naturada, los modos que se siguen de él. Si esto es panteísmo, panenteísmo, naturalismo o ateísmo es la gran disputa de su recepción.

  • Necesidad, servidumbre y libertadlibertad-y-servidumbre

    Para Spinoza en la naturaleza no hay nada contingente: todo está determinado por la necesidad de la naturaleza divina. Los hombres se creen libres porque son conscientes de sus deseos e ignoran las causas que los determinan, como una piedra lanzada que, si pensara, se creería libre. La servidumbre es la impotencia humana para moderar y reprimir los afectos, que nos arrastran a ver lo mejor y hacer lo peor. La libertad no es libre albedrío, sino actuar por la sola necesidad de la propia naturaleza, es decir, conducirse por la razón: un afecto que es pasión deja de serlo en cuanto nos formamos de él una idea clara y distinta, y ningún afecto puede ser reprimido sino por otro más fuerte. El hombre libre no piensa en la muerte, busca su utilidad verdadera, que coincide con la de los demás, y vence el odio con el amor.

  • Libertad de filosofar y crítica de la Escrituralibertas-philosophandi

    El Tratado teológico-político separa la filosofía, que busca la verdad, de la teología, que solo busca la obediencia, y sostiene que la Escritura no enseña ciencia ni metafísica, sino una doctrina moral sencilla: amar a Dios y al prójimo. Para entenderla propone interpretar la Biblia por la Biblia misma, como se estudia la naturaleza, reconstruyendo la lengua hebrea, la historia de cada libro, sus autores y su transmisión; de ahí su conclusión de que Moisés no escribió el Pentateuco y de que Esdras compiló los libros históricos. En política, funda el Estado en el derecho natural, que identifica con la potencia, y concluye que el soberano puede regular las acciones, pero no los pensamientos: el fin del Estado es la libertad, y la libertad de pensar y de decir lo que se piensa no puede suprimirse sin daño para la paz.

  • Los tres géneros de conocimientotres-generos-de-conocimiento

    Spinoza distingue la opinión o imaginación, formada por experiencias vagas y por signos, fuente de toda falsedad; la razón, que conoce por nociones comunes y por ideas adecuadas de las propiedades de las cosas; y la ciencia intuitiva, que procede de la idea adecuada de la esencia de algunos atributos de Dios al conocimiento adecuado de la esencia de las cosas singulares. Ilustra la diferencia con el problema de hallar el cuarto proporcional de tres números: se puede saber la regla de oídas, deducirla de Euclides o verla de un golpe. Del tercer género nace la mayor satisfacción del alma y el amor intelectual de Dios, que es eterno. La falsedad no es algo positivo, sino privación de conocimiento.

Sri Yukteswar
  • El amor natural del corazón (sraddha)amor-natural-del-corazon

    En el tercer capítulo de *La ciencia sagrada*, «El procedimiento», Sri Yukteswar enumera cuatro virtudes por las que el practicante llega a oír el sonido sagrado: sraddha, virya, smriti y samadhi. La primera, que traduce como «el amor natural del corazón» y define como su intensificación, es para él el requisito principal de la vida santa: cuando aparece, serena el organismo, lo hace sano de cuerpo y mente y permite comprender la guía de la naturaleza y la verdadera posición del propio yo y de los demás. A partir de ella describe una pedagogía práctica —dieta natural, respiración, vida ordenada, compañía de los sabios— que conduce al encuentro con el *sat-guru*. En la tradición posterior este amor del corazón se convierte en una de sus enseñanzas más citadas.

  • La astrología como ciencia del karmaastrologia-como-ciencia

    Sri Yukteswar practicó el *jyotisha* y lo defendió ante su discípulo como una ciencia de correspondencias: un niño nace, decía, cuando los rayos celestes están en armonía matemática con su karma individual, de modo que la carta natal es un retrato de su pasado y de sus consecuencias probables, interpretable solo por personas de intuición. No lo entendía como fatalismo: la meditación, la oración, la voluntad y ciertos remedios —brazaletes de oro, plata y cobre, gemas de peso adecuado llevadas sobre la piel— podían atenuar las influencias adversas. Esta faceta, que la *Autobiografía* expone sin reservas, es también la base de su cronología de los yugas y de su costumbre de fijar fechas significativas por los equinoccios.

  • El ciclo de los yugas de 24.000 añosciclo-de-los-yugas

    En la introducción de *La ciencia sagrada*, Sri Yukteswar sostiene que el Sol, con sus planetas, gira en torno a una estrella compañera en un periodo de unos 24.000 años, y que la proximidad o la lejanía de un «gran centro» de magnetismo divino determina el desarrollo de la inteligencia humana. El ciclo se divide en un arco descendente y otro ascendente de 12.000 años, cada uno con cuatro edades —Satya, Treta, Dvapara y Kali— de 4.800, 3.600, 2.400 y 1.200 años, sumando los periodos de transición. Según su cálculo, el punto más bajo se alcanzó hacia el año 499 d. C.; el Kali ascendente terminó en 1699 y la humanidad vive desde entonces en el Dvapara ascendente, la edad de la electricidad y de las energías sutiles. Corrige así la cronología puránica, que asigna 432.000 años al Kali Yuga, atribuyéndola a un error de los astrónomos de la época del rey Parikshit. La hipótesis del Sol binario carece de respaldo en la astronomía académica, que explica la precesión de los equinoccios por el giro del eje terrestre; su cronología, sin embargo, ha sido retomada por autores como David Frawley o Joseph Selbie.

  • El gurú como guía, no como salvadorguru

    Para Sri Yukteswar el *sat-guru* es imprescindible en la vía espiritual, pero su toque no sustituye el esfuerzo del discípulo. Según la biografía de Satyananda, advertía que no tiene sentido creer ciegamente que el contacto con el maestro salva: la gracia del gurú ayuda a que florezca el conocimiento, pero el discípulo debe convertirse él mismo en sabio aplicando las técnicas recibidas. En *La ciencia sagrada* identifica al verdadero maestro con la figura de Juan el Bautista, que da testimonio de la luz. En la práctica fue un educador exigente, que corregía con dureza y prefería pocos discípulos bien formados a una multitud de devotos.

  • Kriya yogakriya-yoga

    Técnica de meditación basada en la regulación de la respiración y la energía vital, transmitida por Lahiri Mahasaya a partir de 1861 y atribuida por su linaje a Babaji. Sri Yukteswar la recibió en 1884 y la enseñó a sus discípulos como un medio científico, no sectario, para acelerar la evolución interior; Yogananda, que la identificó con el *pranayama* de los *Yoga Sutra*, la difundió en Occidente. La técnica se transmite por iniciación y sus detalles no se publican; lo que de ella se sabe por la literatura del linaje es su estructura general y su promesa: permitir al practicante retirar la conciencia de los sentidos y dirigirla hacia los centros de la columna. Distintos discípulos de Sri Yukteswar —Yogananda, Satyananda, Dasgupta, Hariharananda— la enseñaron con variantes, lo que explica la existencia de varias organizaciones de kriya yoga.

  • La unidad esencial de las religionesunidad-de-las-religiones

    La tesis declarada de *Kaivalya Darsanam* es que todas las fes enseñan las mismas verdades, comparten un método de evolución interior y apuntan a una sola meta. Sri Yukteswar la demuestra con un procedimiento peculiar: compone aforismos sánscritos que resumen la doctrina del sámkhya, el yoga y el vedānta y los comenta en paralelo con versículos del Nuevo Testamento, en especial del Apocalipsis, que lee como una descripción simbólica del despertar de los centros sutiles del cuerpo. La Palabra del Evangelio de Juan es para él la vibración del Om; el Espíritu Santo, la misma energía cósmica; el Hijo, la conciencia universal reflejada en la creación. Es una lectura alegórica, no histórica ni filológica, que anticipa el ecumenismo esotérico de Yogananda y su comentario de los evangelios.

Empédocles
  • Amor (Philótes) y Discordia (Neîkos)amor-y-discordia

    Para mover las raíces, Empédocles introduce dos potencias, también eternas: el Amor, que llama también Afrodita, Cipris, Alegría y Armonía, y que une lo distinto; y la Discordia u Odio, que separa lo unido. No son fuerzas abstractas, sino realidades que ocupan un lugar entre las raíces, «iguales en longitud y anchura» (B17.20), y su alternancia es la ley del mundo. El Amor que mueve el cosmos es el mismo que los hombres sienten en sus cuerpos, aunque ningún mortal lo haya visto girar entre los elementos (B17.22–26). Aristóteles consideró a Empédocles el primero en postular dos causas del movimiento opuestas, aunque le reprochó que el Amor a veces separa y la Discordia une. Freud vio en esta pareja un precedente de su oposición entre Eros y la pulsión de muerte.

  • El ciclo cósmico y el Esferociclo-cosmico

    Bajo el dominio completo del Amor, todas las raíces se funden en el Esfero (*Sphaîros*), un todo redondo y uniforme que «goza de su soledad circular» (B27–B28), heredero de la esfera de Parménides. Cuando, al cumplirse el tiempo fijado por un juramento, la Discordia penetra en sus miembros, el Esfero se disgrega; la Discordia llega a separar por completo las raíces, y luego el Amor vuelve a reunirlas. El mundo en que vivimos pertenece a una de las fases intermedias. El «doble relato» de B17 describe ese doble nacimiento y doble muerte de las cosas mortales. Los intérpretes discuten si hay dos cosmogonías por ciclo —una bajo el Amor creciente y otra bajo la Discordia creciente— o solo una; el papiro de Estrasburgo ha aportado nuevos versos al debate, sin resolverlo.

  • Las cuatro raíces (rhizómata)cuatro-raices

    Empédocles acepta con Parménides que nada nace de lo que no es ni se aniquila, pero no renuncia a explicar el cambio. Su solución es postular cuatro realidades eternas e inmutables, las «raíces de todas las cosas»: fuego, aire (éter), agua y tierra. Las nombra con dioses —Zeus resplandeciente, Hera dadora de vida, Aidoneo y Nestis—, y ya en la Antigüedad se discutió qué dios correspondía a cada raíz (Aecio identifica a Hera con el aire y a Aidoneo con la tierra; Diógenes Laercio, al revés). Ninguna raíz se transforma en otra: todo lo que llamamos nacer y morir es mezcla y separación, en proporciones distintas, como los colores de un pintor que mezcla pigmentos (B23). Platón llamó a estos principios «elementos» (stoicheîa), Aristóteles los adoptó añadiendo el éter, y la teoría, unida a la medicina de los humores, rigió la ciencia europea hasta la química moderna.

  • El dáimon desterrado y la transmigracióndaimon-y-transmigracion

    Las Purificaciones parten de un «oráculo de la Necesidad, antiguo decreto de los dioses»: el dáimon que se mancha con sangre o perjura es desterrado durante tres veces diez mil estaciones lejos de los bienaventurados, y nace en todas las formas mortales, rechazado por el aire, el mar, la tierra y el sol (B115). «De ellos soy yo ahora», declara Empédocles, que recuerda haber sido muchacho, muchacha, arbusto, ave y pez (B117). La consecuencia ética es tajante: matar animales y comerlos es devorar a los parientes, y el sacrificio puede ser un parricidio inconsciente (B136–B137). La doctrina enlaza con el pitagorismo y el orfismo de la Magna Grecia (Zuntz, Kingsley) y con la esperanza de que los sabios, purificados, renazcan como profetas, poetas, médicos y príncipes, y finalmente como dioses (B146–B147).

  • Efluvios y poros: percepción y pensamientoefluvios-y-poros

    Empédocles explicó la percepción con una teoría que Platón atribuye a Gorgias en el Menón: de todas las cosas fluyen emanaciones (*aporroaí*) que penetran en los órganos de los sentidos a través de poros de tamaño adecuado. Conocemos lo semejante por lo semejante: con la tierra vemos la tierra, con el agua el agua, con el amor el amor (B109). El ojo es como una linterna en la que un fuego encerrado en membranas sale hacia los objetos (B84). La respiración se explica comparando la entrada y salida del aire por los poros de la piel con una clepsidra, el recipiente perforado con el que jugaba una niña (B100). El pensamiento reside sobre todo en la sangre que rodea el corazón, porque en ella las raíces se mezclan en la proporción más perfecta (B105). La teoría marcó la fisiología de la escuela médica siciliana y llegó a Platón y Aristóteles.

  • La zoogonía: miembros errantes y combinacioneszoogonia

    En una fase del ciclo, la tierra hizo brotar miembros sueltos: cabezas sin cuello, brazos sin hombros, ojos sin frente (B57). Al encontrarse al azar, se unieron de todas las formas posibles, y surgieron monstruos —bueyes con cara de hombre, hombres con cabeza de buey, seres de doble rostro y doble pecho (B61)—, de los que solo sobrevivieron los capaces de vivir y reproducirse. Aristóteles, en la Física (II 8), discutió esta explicación de la adaptación sin finalidad y la rechazó; en el siglo XIX se la leyó como un precedente de la selección natural, aunque el propio Darwin citó el pasaje aristotélico en una nota de «El origen de las especies». La zoogonía muestra la ambición de Empédocles: explicar también la vida a partir de las raíces y de las dos potencias, sin recurrir a un plan.

Al-Hallaj
  • «Yo soy la Verdad» y la expresión extática (shath)ana-l-haqq

    *Ana l-Haqq* es el más famoso de los *shathiyyat*, las expresiones extáticas en las que un místico parece hablar en nombre de Dios. *Al-Haqq*, «la Verdad» o «lo Real», es un nombre divino, de modo que la frase equivale a «Yo soy Dios». Los sufíes posteriores la interpretaron de tres maneras, según el resumen de Nicholson: como verdad que no debía divulgarse ante el vulgo, como palabra pronunciada en la embriaguez de la unión, cuando el místico confunde la unión con un atributo con la unión con la esencia, o como la voz del propio Dios hablando por un hombre que ha dejado de existir para sí mismo, igual que habló a Moisés desde la zarza. Esta última lectura, que convierte la frase en un axioma de la unicidad, fue la más aceptada. Al-Hallaj, en los *Tawasin*, se compara precisamente con la zarza ardiente.

  • La mariposa y la lámparafarash-y-lampara

    En el *Kitab al-Tawasin* aparece por primera vez en árabe una imagen que haría fortuna en la poesía persa: la mariposa nocturna que gira en torno a la lámpara. Primero ve su luz desde lejos, luego se acerca y siente su calor, y solo al arrojarse en la llama alcanza la realidad que buscaba; pero entonces ya no puede volver para contarlo a las demás. Las tres etapas corresponden a los grados del conocimiento —saber de oídas, ver, ser— y la última coincide con la extinción del yo. La imagen pasó a Attar, a Rumi y a toda la lírica mística del mundo persa como emblema del amante que se consume en el Amado.

  • La peregrinación interiorhajj-interior

    La peregrinación ocupa un lugar central en la vida de al-Hallaj: tres viajes a La Meca marcan sus giros, y según una versión de su proceso fue condenado por proponer que quien no pudiera viajar cumpliera los ritos en un lugar limpio de su casa, alimentando a huérfanos con el dinero del viaje. Sus enemigos leyeron en ello la abolición del deber ritual; sus defensores, la primacía del sentido interior del rito, coherente con su predicación: buscar a Dios en el propio corazón. La idea de una Kaaba del corazón, superior a la de piedra, reaparece en Rabia según Attar y en toda la mística posterior.

  • Lahut y nasut: la acusación de encarnación (hulul)hulul

    Al-Hallaj distingue en sus textos entre la divinidad (*lahut*) y la humanidad (*nasut*) y habla del espíritu de Dios que se mezcla con el del amante «como el vino con el agua». Sus acusadores leyeron en ello la doctrina de la *hulul*, la encarnación o infusión de Dios en un ser humano, que el islam considera herejía por su parentesco con la cristología. Massignon sostuvo que al-Hallaj enseñaba una deificación personal del amante por el Espíritu divino, distinta tanto de la encarnación cristiana como de la «unicidad del ser» posterior; la mayor parte de los sufíes, en cambio, rechazaron la *hulul* y se esforzaron por demostrar que al-Hallaj no la profesaba. El término sigue en el centro del debate sobre su ortodoxia.

  • Iblis, el monoteísta fieliblis-monoteista

    En el capítulo más largo de los *Tawasin*, el de la preeternidad y la ambigüedad, al-Hallaj reinterpreta la caída de Iblis. Dios ordenó a los ángeles postrarse ante Adán; Iblis se negó porque solo aceptaba postrarse ante Dios, y prefirió la maldición a traicionar esa exclusividad. Al-Hallaj lo presenta como el más sincero de los monoteístas y como amante que acepta la separación impuesta por el Amado, y lo compara con Faraón y consigo mismo. La lectura no niega la culpa de Iblis —su orgullo y su desobediencia—, pero la convierte en tragedia del amor. Ahmad al-Ghazali, Ayn al-Qudat Hamadani y Ruzbihan Baqli la desarrollaron después.

Diógenes de Sinope
  • Desvergüenza (anaídeia)anaideia

    La conducta más escandalosa de Diógenes —comer en el ágora, satisfacer en público las necesidades del cuerpo, burlarse del pudor— tenía un argumento. Si algo no es vergonzoso en privado, no lo es en público; si desayunar no es absurdo, tampoco lo es desayunar en la plaza. La vergüenza, en esta lectura, es un producto de la convención y no de la naturaleza, y someterse a ella es una forma de esclavitud. La desvergüenza cínica funciona así como prueba y como pedagogía: obliga al espectador a preguntarse por qué le escandaliza lo que es natural y no le escandaliza lo que es injusto. Laercio le atribuye la idea de que la mayoría está tan cerca de la locura que basta un dedo para distinguirlos: quien camina con el dedo corazón extendido pasa por loco, y con el meñique, no. El adjetivo «cínico», de *kýon*, perro, nació precisamente de esa vida a la vista de todos.

  • Ascesis (áskesis, ejercicio)askesis

    Para Diógenes, la virtud no se aprende en los libros sino por ejercicio. Laercio le atribuye una teoría explícita: hay dos clases de entrenamiento, el del cuerpo y el del alma, y ninguno es completo sin el otro; así como los artesanos, los flautistas y los atletas alcanzan una destreza asombrosa a fuerza de práctica, quien trasladara ese esfuerzo al alma alcanzaría la virtud. Nada sale bien en la vida sin ejercicio, y el ejercicio puede vencerlo todo. Pero el ejercicio ha de ser el que pide la naturaleza, no los trabajos inútiles que imponen la ambición o la costumbre. De ahí la exposición voluntaria al frío, al calor, al hambre y al desprecio, que no es mortificación religiosa sino entrenamiento para la libertad: quien se habitúa a lo duro deja de depender de la fortuna. La paradoja final es hedonista: el desprecio del placer, una vez habituado, resulta más placentero que el placer mismo.

  • Autosuficiencia (autárkeia)autarkeia

    La autosuficiencia es el fin que persigue la vida cínica: necesitar lo menos posible para depender lo menos posible. Diógenes, dice Laercio, sostenía que es propio de los dioses no necesitar nada y de los hombres semejantes a los dioses necesitar poco. Las anécdotas lo traducen en gestos: el manto doblado que sirve de vestido y de cama, la alforja, la tinaja como casa, el cuenco arrojado al ver a un niño beber con las manos, la respuesta a Alejandro. El epigrama de las estatuas de Sinope lo resume: Diógenes enseñó a los mortales la lección de la autosuficiencia y el camino más fácil de la vida. No se trata de pobreza por sí misma sino de libertad: quien no necesita nada no puede ser comprado, amenazado ni humillado, y por eso el esclavo Diógenes podía decir que su comprador necesitaba un amo.

  • Ciudadano del mundo (kosmopolítes)kosmopolites

    Preguntado de dónde era, Diógenes respondió: *kosmopolítes*, ciudadano del mundo. Es la primera aparición conocida de la palabra. En boca de un desterrado tiene una carga negativa evidente: no pertenezco a ninguna ciudad, no reconozco las fronteras ni las leyes particulares de las póleis. Pero tiene también un sentido positivo, que Laercio recoge al resumir su República: la única constitución recta es la del cosmos. El sabio vive según la naturaleza, que es común a todos, y no según los nómoi de su ciudad. Los estoicos, empezando por Zenón, transformaron esta negación en una teoría de la comunidad universal de los seres racionales, y por ese camino la idea llegó a Cicerón, a Séneca, a Marco Aurelio y, mucho después, al cosmopolitismo ilustrado de Kant. En Diógenes, sin embargo, es menos un programa político que una forma de libertad: no deber nada a ninguna patria.

  • Alterar la moneda (paracharáttein to nómisma)paracharattein-to-nomisma

    La expresión designa, en sentido literal, el delito que desterró a Diógenes de Sinope: rayar o adulterar la moneda. La tradición la convirtió en lema de su filosofía gracias a un juego de palabras: *nómisma*, la moneda, procede de la misma raíz que *nómos*, la ley o la costumbre. Alterar la moneda pasa a significar revaluar los valores corrientes, retirar de la circulación lo que la ciudad tiene por valioso —la riqueza, la fama, el linaje, el pudor— y poner en su lugar lo que vale según la naturaleza. Diógenes Laercio lo dice expresamente al resumir su doctrina: alteraba la moneda de verdad al no conceder a la convención la autoridad que concedía a la naturaleza. El oráculo que, según una versión, le habría ordenado hacerlo es probablemente una elaboración posterior, pero la fórmula captura bien el programa cínico: no se trata de fundar una escuela ni un sistema, sino de desacreditar con la propia conducta las monedas falsas de la vida social.

  • Franqueza (parresía)parresia

    La *parresía* es el derecho y el deber de decirlo todo. En la Atenas democrática era un privilegio del ciudadano en la asamblea; Diógenes, exiliado y sin patria, la ejerció sin título contra todos, del vendedor del mercado a Filipo y Alejandro. Preguntado qué era lo más hermoso entre los hombres, respondió que la franqueza. Sus réplicas —al rey, a Platón, al rico, al supersticioso— son ejercicios de parresía, y su eficacia depende de que el que habla no tenga nada que perder: sin casa, sin bienes y sin miedo, nadie puede castigarle. Michel Foucault dedicó a esta noción su último curso en el Collège de France (1984) y vio en el cinismo la forma más radical de la parresía antigua, aquella en que la verdad no solo se dice, sino que se vive y se muestra en el propio cuerpo, a riesgo de escándalo.

  • Naturaleza frente a convención (phýsis y nómos)physis-nomos

    La oposición entre lo que es por naturaleza (*phýsis*) y lo que es por ley o costumbre (*nómos*) venía de la sofística del siglo V a. C., pero Diógenes la convirtió en regla de vida. Decía oponer a la convención la naturaleza, y las anécdotas lo muestran tomando como modelos a los animales y a los niños: un ratón que corre sin buscar cama ni temer la oscuridad le enseñó a adaptarse a cualquier circunstancia; un niño que bebía con las manos, a deshacerse del cuenco. Su República extrae las consecuencias más radicales: si el matrimonio, la propiedad, la moneda o incluso los tabúes alimentarios son convenciones, el sabio no está obligado por ellos. Esa radicalidad fue el principal escollo para la recepción del cinismo y explica que los estoicos posteriores intentaran desmarcarse de su República.

Agustín de Hipona
  • La analogía psicológica de la Trinidadanalogia-psicologica

    En la segunda mitad de De Trinitate Agustín busca en el ser humano, creado «a imagen de Dios», una huella de la Trinidad que ayude a pensarla sin confundir las personas ni dividir la sustancia. Ensaya varias tríadas —amante, amado y amor; mente, conocimiento de sí y amor de sí— y se detiene en la más célebre: memoria, inteligencia y voluntad, tres facultades que son una sola mente y una sola vida, distintas por su relación mutua y cada una implicada en las otras. La imagen culmina cuando la mente no solo se recuerda, se entiende y se ama a sí misma, sino que recuerda, entiende y ama a Dios: la imagen se realiza al volverse hacia su modelo. Agustín insiste en que la analogía es deficiente y que se ve «en espejo y en enigma». La tríada pasó a Pedro Lombardo, Buenaventura y Tomás, estructuró la mística (Teresa de Ávila, Catalina de Siena) y fue criticada en el siglo XX por favorecer una concepción individualista de Dios.

  • Las dos ciudadesdos-ciudades

    La ciudad de Dios interpreta la historia como la coexistencia de dos ciudades definidas no por territorios ni instituciones, sino por amores: la terrena, fundada en el amor de sí hasta el desprecio de Dios, y la celestial, fundada en el amor de Dios hasta el desprecio de sí (XIV,28). Ambas nacen con la caída de los ángeles, recorren la historia desde Caín y Abel y están mezcladas en este mundo hasta el juicio final; ni la Iglesia visible coincide sin más con la ciudad de Dios, ni Roma con la ciudad terrena. La ciudad peregrina usa de la paz terrena —el orden, la ley, la concordia— sin poner en ella su fin, y el libro XIX define la paz como «tranquilidad del orden». Con esta tesis Agustín desacraliza el Imperio, que los cristianos de la época de Teodosio tendían a identificar con la providencia, y priva a toda política de pretensión salvífica. La lectura medieval del agustinismo político, que subordinó el poder temporal al espiritual, simplificó una teoría mucho más reticente con cualquier poder.

  • Gracia y pecado originalgracia-y-pecado-original

    Desde Ad Simplicianum (396) y de forma sistemática en la polémica pelagiana, Agustín sostiene que la naturaleza humana, creada buena, quedó herida por el pecado de Adán, en quien en cierto modo pecaron todos sus descendientes. De ahí una voluntad que sigue siendo libre para elegir, pero que no puede querer eficazmente el bien sin la gracia: no solo la ley o el ejemplo de Cristo, como decía Pelagio, sino una acción interior de Dios que derrama la caridad en el corazón (Romanos 5,5). La gracia precede a todo mérito —incluso al comienzo de la fe— y la perseverancia final es también un don. De ahí se sigue una doctrina de la predestinación: Dios elige gratuitamente a quienes salva, sin que por ello sea injusto con los demás, que reciben lo que merecen. El concilio de Cartago (418) y después el de Orange (529) asumieron lo esencial de su doctrina, aunque no la predestinación en su forma más dura. Lutero, Calvino y Jansenio la reivindicaron por caminos diversos; sus críticos, desde Julián de Eclano, la han acusado de pesimismo antropológico.

  • La iluminación divinailuminacion

    ¿Cómo conoce la mente verdades necesarias e inmutables, como que siete y tres son diez o que hay que preferir lo eterno a lo temporal, si ella misma es mudable? Agustín rechaza la reminiscencia platónica de una vida anterior y responde con la imagen de la luz: así como el ojo ve los cuerpos iluminados por el sol, la mente ve las verdades inteligibles en una luz incorpórea que no es ella misma, la Verdad que es Dios, presente a toda mente racional (De Trinitate XII,15,24; De magistro). Cristo, «maestro interior», enseña sin palabras desde dentro; los maestros humanos solo advierten. La doctrina no pretende que veamos a Dios al conocer, sino que toda certeza participa de una luz que nos excede. Su interpretación ha sido muy discutida: desde Buenaventura, que la defendió como fundamento de la certeza, hasta Tomás de Aquino, que la reinterpretó como la luz natural del entendimiento agente, y Malebranche, que la llevó a la visión en Dios.

  • La interioridad (redi in te ipsum)interioridad

    La vía agustiniana hacia la verdad pasa por el interior: «no salgas fuera, vuelve a ti mismo; en el hombre interior habita la verdad» (De vera religione 39,72). El movimiento tiene tres tiempos. Primero, de lo exterior a lo interior: de las cosas sensibles al alma que las percibe y juzga. Después, de lo interior a lo superior: el alma descubre en sí normas —la verdad, la belleza, el número— que no ha producido y que la juzgan a ella, y por las que reconoce algo más alto que la mente. Por último, el reconocimiento de que ese Dios estaba dentro antes de ser buscado: «más íntimo que lo más íntimo mío». Las Confesiones narran este itinerario como biografía y el libro X lo convierte en exploración de la memoria, los «vastos palacios» donde se guardan imágenes, saberes y afectos y donde el alma se busca a sí misma sin abarcarse. La interioridad agustiniana no es intimismo: es el lugar donde se encuentran la autoconciencia y la trascendencia, y de ella beben la mística medieval, Descartes, Pascal y la fenomenología.

  • El mal como privación del bienmal-como-privacion

    Durante nueve años Agustín aceptó la respuesta maniquea al problema del mal: existen dos principios, el bien y el mal, y el mal es una sustancia tenebrosa en lucha con la luz. La lectura de los platónicos le ofreció otra: todo lo que es, en cuanto es, es bueno, porque procede del Bien supremo; el mal no es una naturaleza, sino la privación o corrupción de un bien —de la medida, la forma y el orden que Dios da a cada cosa (De natura boni). Un ser totalmente malo no podría existir. Para el mal moral, la causa es la voluntad libre que se aparta del bien mayor hacia uno menor: no busca algo malo, sino que ama desordenadamente algo bueno. La tesis libera a Agustín del dualismo, funda su defensa de la bondad de la materia y del cuerpo y sitúa la responsabilidad en el sujeto. Sus críticos modernos, desde Bayle hasta la teodicea contemporánea, han discutido si basta ante el sufrimiento.

  • El tiempo como distensión del almatiempo-distensio-animi

    El libro XI de las Confesiones parte de una pregunta de los maniqueos —¿qué hacía Dios antes de crear el cielo y la tierra?— y la desactiva: no hubo un «antes», porque el tiempo es criatura y comenzó con el mundo. Pero entonces, ¿qué es el tiempo? El pasado ya no es, el futuro aún no es y el presente, si siempre fuera presente, sería eternidad. Agustín concluye que pasado, presente y futuro solo existen en el alma, como memoria de lo pasado, atención a lo presente y espera de lo futuro; medimos el tiempo en el alma, que se extiende en esas tres direcciones. El tiempo es una distentio animi, una distensión de la mente. El ejemplo del salmo recitado de memoria —que pasa de la expectativa a la memoria a través de la atención— ilustra la tesis, que contrapone la dispersión de la vida temporal al recogimiento en lo eterno. Husserl, Heidegger y Ricoeur partieron de estas páginas.

Siddhartha Gautama, el Buda
  • No-yo (anatta) y las tres característicasanatta

    El budismo antiguo enseña que toda experiencia condicionada presenta tres características: es impermanente (anicca), insatisfactoria (dukkha) y carece de un yo (anatta). El segundo discurso de Benarés (SN 22.59) aplica este análisis a los cinco agregados —forma corporal, sensación, percepción, formaciones volitivas y conciencia—: puesto que cambian y no están bajo nuestro control, de ninguno puede decirse «esto es mío, esto soy yo, este es mi yo». La enseñanza se dirige contra la noción brahmánica de un atman eterno e idéntico al absoluto, pero el Buda evita también afirmar que «no hay yo», que considera otra opinión a la que aferrarse; se trata de un método de desidentificación más que de una tesis metafísica. Las escuelas posteriores discutieron intensamente cómo explicar sin un yo la continuidad del karma y del renacimiento: los pudgalavadin admitieron una «persona» inexpresable y el Mahayana extendió la ausencia de esencia a todos los fenómenos (vacuidad).

  • Las cuatro nobles verdadescuatro-nobles-verdades

    Formuladas en el primer sermón (SN 56.11), organizan toda la enseñanza al modo de un diagnóstico médico. La primera es el sufrimiento (dukkha): el nacimiento, la vejez, la enfermedad y la muerte, la unión con lo que no se quiere y la separación de lo querido, y, en suma, los cinco agregados del apego. Dukkha no significa solo dolor, sino también la insatisfacción inherente a lo que cambia. La segunda es su origen: la sed o el ansia (tanha) de placeres sensoriales, de existencia y de no existencia. La tercera es su cese, el desvanecimiento completo de esa sed, que la tradición llama nirvana. La cuarta es el camino que conduce a ese cese, el noble óctuple sendero. El texto añade que cada verdad exige una tarea —comprender el sufrimiento, abandonar su origen, realizar su cese, cultivar el camino— y que el Buda solo se declaró despierto cuando había cumplido las doce fases resultantes. Se discute si el esquema pertenece al Buda o a una sistematización temprana; en cualquier caso, aparece en todos los cánones.

  • Karma como intenciónkarma

    El Buda heredó del pensamiento indio la idea de que las acciones (karma) dan fruto en esta vida y en las siguientes, pero la transformó en un sentido ético e interior: «La intención, monjes, es lo que llamo karma; habiendo intencionado, uno actúa con el cuerpo, la palabra y la mente» (AN 6.63). Frente al ritualismo brahmánico, para el que el acto eficaz era el sacrificio bien ejecutado, y frente al jainismo, que atribuía consecuencias kármicas incluso a los actos involuntarios, lo decisivo es la motivación con que se obra: la raíz sana (generosidad, benevolencia, comprensión) o la insana (deseo, odio, engaño). De ahí que el budismo antiguo critique también el valor de la casta por nacimiento: el verdadero brahmán es el que actúa con pureza (Sutta Nipata 3.9). Richard Gombrich ha considerado esta «eticización» del karma como una de las innovaciones más radicales del Buda. El karma no es destino: es la continuidad de las intenciones, que la práctica puede reorientar.

  • Nirvana (nibbana)nirvana

    Nibbana, en pali, significa literalmente «extinción», como la de una llama que se queda sin combustible. Designa la meta del camino: la extinción de los tres fuegos —el deseo, el odio y el engaño— y, con ellos, del sufrimiento y del ciclo de renacimientos. Los textos distinguen el nirvana alcanzado en vida, «con residuo» de los agregados, del que sobreviene a la muerte del liberado, el parinirvana, «sin residuo». Sobre la naturaleza de este último el Buda se negó a pronunciarse: preguntar si el Tathagata existe tras la muerte es, según el símil del fuego (MN 72), como preguntar hacia qué punto cardinal se ha ido una llama apagada. Cuando el canon lo describe lo hace sobre todo por negación —lo no nacido, lo no compuesto, lo no condicionado (Ud 8.3)—, lo que ha alimentado dos lecturas: una que lo entiende como mera cesación y otra que ve en él una realidad trascendente. Las escuelas mahayana añadieron la idea de un nirvana «no estático», compatible con la actividad compasiva del bodhisattva.

  • Origen dependiente (paticca-samuppada)paticca-samuppada

    Principio según el cual todo fenómeno surge en dependencia de condiciones y cesa cuando estas cesan: «Si esto existe, aquello existe; si esto surge, aquello surge; si esto no existe, aquello no existe; si esto cesa, aquello cesa». El canon lo aplica sobre todo a la génesis del sufrimiento mediante una cadena de doce eslabones: ignorancia, formaciones volitivas, conciencia, nombre y forma, seis bases sensoriales, contacto, sensación, sed, apego, devenir, nacimiento y vejez y muerte. Recorrida en sentido inverso, la cadena muestra cómo el cese de la ignorancia lleva al cese del sufrimiento. Un célebre dicho atribuido a Sariputta afirma que «quien ve el origen dependiente ve el Dhamma, y quien ve el Dhamma ve el origen dependiente» (MN 28). Los especialistas discuten si la lista de doce es original o resulta de combinar listas más breves; Richard Gombrich ha propuesto leerla en parte como una parodia de las cosmogonías védicas. En el Mahayana, Nagarjuna identificará origen dependiente y vacuidad.

  • El camino medio y el óctuple senderosendero-octuple

    El primer sermón comienza rechazando dos extremos: la búsqueda del placer sensorial, «baja, vulgar, propia de la gente común», y la mortificación, «dolorosa, innoble, inútil». Entre ambos, el Buda propone un camino medio que identifica con el noble óctuple sendero: visión correcta, intención correcta, habla correcta, acción correcta, medio de vida correcto, esfuerzo correcto, atención correcta y concentración correcta. La palabra traducida por «correcto», samma, significa también «completo» o «cabal». Los comentaristas agrupan los ocho factores en tres entrenamientos: ética (habla, acción, medio de vida), meditación (esfuerzo, atención, concentración) y sabiduría (visión e intención). No son etapas sucesivas, sino aspectos que se refuerzan mutuamente. El camino medio tiene además un sentido filosófico, que se desarrollará en Nagarjuna: la vía entre la afirmación de que todo existe y la de que nada existe, entre el eternalismo y el aniquilacionismo.

Carl Gustav Jung
  • Ánima y ánimusanima-animus

    Jung llamó ánima a la imagen interior de lo femenino en el hombre y ánimus a la imagen de lo masculino en la mujer: figuras arquetípicas que median entre el yo y lo inconsciente, como la persona media entre el yo y el mundo. Se proyectan en las personas amadas —lo que explica la fascinación del enamoramiento— y aparecen en los sueños y los mitos como musas, sirenas, sabias, héroes o jueces. Jung describió estadios en su desarrollo, desde la figura instintiva hasta la guía espiritual. El ánima confiere al hombre estados de ánimo; el ánimus, en la mujer, opiniones y convicciones. Esta formulación, muy ligada a las ideas de género de su época, ha sido revisada por la psicología analítica posterior, que tiende a hablar de ambos principios en toda persona; pero la función de la figura como puente hacia lo inconsciente sigue siendo central en su teoría de la individuación.

  • Arquetipoarquetipo

    Los arquetipos son las formas estructurales del inconsciente colectivo: patrones universales de percepción, emoción y comportamiento que se actualizan en imágenes concretas según la cultura y la biografía. Jung insistió en distinguir el arquetipo en sí, irrepresentable, comparable a la estructura axial de un cristal, de las imágenes arquetípicas que lo expresan. Entre los que describió figuran la Madre, el Niño divino, el Anciano sabio, el Embaucador, la Kore, el Héroe y el renacimiento, así como la sombra, el ánima, el ánimus y el sí-mismo, que también son figuras de la personalidad. Los arquetipos poseen una carga emocional «numinosa» que fascina y arrastra; de ahí su poder en las religiones y su peligro en los movimientos de masas, cuando la conciencia se identifica con ellos. En sus últimos escritos Jung los consideró «psicoides», es decir, situados en la frontera entre lo psíquico y lo material.

  • Complejocomplejo

    El complejo, el primer concepto propio de Jung, procede de sus experimentos de asociación en el Burghölzli. Cuando un sujeto respondía con retraso, repetía la palabra estímulo, olvidaba la respuesta o mostraba alteraciones en el reflejo psicogalvánico, Jung detectaba la presencia de un «complejo de tono afectivo»: un grupo de representaciones cargadas de emoción, en buena medida inconscientes, que se comportan como personalidades parciales con autonomía propia. Los complejos explican los lapsus, los síntomas y la sensación de «no ser uno mismo»; en la psicosis pueden llegar a disociarse por completo. Freud adoptó el término —el «complejo de Edipo»— y fue esa coincidencia lo que acercó a ambos. Jung lo situó después en relación con los arquetipos: todo complejo tendría un núcleo arquetípico rodeado de experiencias personales. Durante un tiempo pensó llamar a su escuela «psicología de los complejos».

  • Inconsciente colectivoinconsciente-colectivo

    Jung distinguió en lo inconsciente dos estratos. El personal contiene lo olvidado, lo reprimido y lo percibido de forma subliminal por cada individuo, organizado en complejos. Bajo él postuló un estrato colectivo, que no procede de la experiencia personal sino que es heredado, idéntico en todos los seres humanos y anterior a la conciencia: un «sustrato psíquico común de naturaleza suprapersonal». No contiene imágenes ya formadas, sino disposiciones a producir imágenes análogas —los arquetipos— que se reconocen en los mitos, las religiones, los cuentos y los sueños. Jung llegó a la noción por la coincidencia de motivos mitológicos en los delirios de pacientes sin instrucción (el célebre «hombre del falo solar» del Burghölzli) y por la comparación de religiones. La hipótesis ha sido criticada por su difícil comprobación empírica y por sus resonancias lamarckianas; Jung la defendió como un postulado necesario para explicar la universalidad de los símbolos.

  • Sí-mismo e individuaciónsi-mismo-individuacion

    La individuación es el proceso por el que una persona llega a ser lo que es: un individuo indiviso, ni fusionado con la colectividad ni identificado con su máscara social. No consiste en aislarse sino en integrar lo inconsciente —sombra, ánima o ánimus— en la conciencia, desplazando el centro de la personalidad del yo a una instancia más amplia, el sí-mismo (das Selbst). El sí-mismo es a la vez el centro y la totalidad de la psique, consciente e inconsciente; se manifiesta en símbolos de unidad como el mandala, el niño divino, la piedra filosofal o la figura de Cristo, que Jung leyó en Aion como imagen del sí-mismo en la cultura cristiana. Jung reconoció que el sí-mismo es psicológicamente indistinguible de la imagen de Dios, sin pronunciarse sobre la realidad metafísica de esta. El proceso, que describió a partir de su propia experiencia del Libro rojo y de las series de sueños de sus pacientes, suele corresponder a la segunda mitad de la vida.

  • Sincronicidadsincronicidad

    Jung llamó sincronicidad a la coincidencia significativa entre un estado psíquico y un acontecimiento exterior, o entre dos acontecimientos, que no están unidos por una relación causal pero sí por el sentido. El ejemplo canónico es el del escarabajo que llamó a la ventana mientras una paciente narraba un sueño con un escarabeo. Jung propuso la sincronicidad como un principio de conexión acausal complementario de la causalidad, y la relacionó con la activación de un arquetipo, con el I Ching —que usó durante décadas— y con la astrología. Elaboró la idea durante veinte años de diálogo con el físico Wolfgang Pauli, que vio en ella un posible puente entre la psicología y la física cuántica. El concepto ha tenido enorme fortuna popular, pero los experimentos con los que Jung quiso apoyarlo son metodológicamente débiles, y la noción sigue siendo objeto de debate filosófico más que de comprobación científica.

  • Sombrasombra

    La sombra es el conjunto de rasgos, deseos y potencialidades que el yo no reconoce como propios porque contradicen la imagen que tiene de sí mismo. Suele aparecer en los sueños como una figura del mismo sexo que el soñante, inquietante o despreciable, y en la vida diurna se manifiesta en la proyección: lo que más nos irrita en otros es a menudo lo que no aceptamos en nosotros. Jung la consideraba el primer obstáculo y la primera tarea del análisis: «un problema moral que desafía a toda la personalidad del yo». La sombra no es solo negativa; contiene también cualidades vitales no desarrolladas. Junto a la sombra personal Jung habló de una sombra colectiva, la de una cultura o una nación, cuya proyección masiva sobre un enemigo explica en parte las guerras y las persecuciones. Integrarla no significa obedecerla, sino hacerla consciente y responsabilizarse de ella.

  • Tipos psicológicostipos-psicologicos

    En Tipos psicológicos (1921) Jung distinguió dos actitudes generales de la conciencia: la extraversión, orientada hacia el objeto y el mundo exterior, y la introversión, orientada hacia el sujeto y sus procesos internos. Las combinó con cuatro funciones de orientación —dos racionales o de juicio (pensamiento y sentimiento) y dos irracionales o de percepción (sensación e intuición)—, de las que una suele ser dominante y otra, la «inferior», permanece inconsciente y fuente de dificultades. La tipología nació de la necesidad de entender su desacuerdo con Freud y con Adler como diferencia de temperamento, no solo de doctrina. Jung advirtió que no pretendía clasificar a las personas sino ofrecer un instrumento crítico; aun así, la tipología fue convertida después, por Katharine Briggs e Isabel Briggs Myers, en un cuestionario de enorme difusión, cuya validez psicométrica es discutida.

Uddālaka Āruṇi
  • Aṇiman (la esencia sutil)animan

    Lo que Uddālaka busca en sus ejemplos es una realidad tan fina que no se percibe y que, sin embargo, lo sostiene todo: el interior invisible de la semilla de higuera del que nace el gran árbol, la sal que no se ve en el agua y está en cada sorbo, la vida que impregna el árbol y sin la cual se seca. A esa «finura» (aṇiman) la llama el ser de todo, lo real y el ātman. El concepto une la observación física y la especulación metafísica, y es el sujeto gramatical del que depende la interpretación de «tat tvam asi».

  • Sat (el ser, uno sin segundo)sat

    Uddālaka afirma que al principio solo existía el ser, «uno sin segundo», y rechaza expresamente la opinión de quienes decían que al principio era el no-ser y que el ser nació del no-ser: «¿cómo podría el ser nacer del no-ser?». El ser, deseando ser muchos, emitió el calor; el calor, el agua; el agua, el alimento. Esta cosmología, que deriva todo de un único principio existente y no de un caos o de un sacrificio primordial, es el núcleo de la ontología vedántica y fue invocada por todas sus escuelas.

  • Tat tvam asi («eso eres tú»)tat-tvam-asi

    Estribillo que cierra nueve de las lecciones de Uddālaka a Śvetaketu en la Chāndogya (6.8.7–6.16.3): esa esencia sutil (aṇiman) es lo que todo esto tiene por ser; eso es lo real; eso es el ātman; tat tvam asi. Śaṅkara y la tradición advaita lo leyeron como una identidad entre el ātman individual («tú») y brahman («eso»), y lo cuentan entre las cuatro «grandes sentencias» (mahāvākya) de las Upaniṣad. Rāmānuja lo entendió como una relación de inherencia: el Señor es el ātman interior del individuo. Joel Brereton (1986) mostró que, gramaticalmente, el pronombre neutro tat puede remitir a la esencia sutil o tener valor adverbial, y propuso traducir «así eres tú»; Patrick Olivelle traduce «and that's how you are, Śvetaketu». En todas las lecturas, la frase afirma que la persona está hecha de la misma realidad invisible que el resto del universo.

  • Trivṛtkaraṇa (la triplicación de los elementos)trivrtkarana

    Según Uddālaka, el ser entró en las tres «divinidades» —calor, agua y alimento— con el ātman viviente y las hizo triples, de modo que cada cosa contiene las tres. El rojo del fuego es el color del calor, el blanco el del agua, el negro el del alimento; al ver esto, dice, se desvanece lo «fuego» del fuego, que no es más que un nombre. El mismo análisis se aplica al cuerpo humano, en el que el alimento se convierte en carne y mente, el agua en sangre y aliento, y el calor en hueso y voz. La doctrina, que más tarde el Vedānta desarrolló como «quintuplicación» (pañcīkaraṇa), ha sido señalada por Chattopadhyaya como un intento temprano de explicación natural de la materia.

  • Vācārambhaṇa (la modificación es solo un nombre)vacarambhana

    En la primera lección, Uddālaka dice que por un terrón de arcilla se conoce todo lo hecho de arcilla, por una pieza de cobre todo lo de cobre, por un cortaúñas todo lo de hierro, porque la modificación (vikāra) es «un asunto de palabras» (vācārambhaṇa), un nombre, y lo real es la sustancia. La fórmula se convirtió en el texto de prueba de la teoría vedántica de la causalidad: el Vedānta advaita la usó para defender que el mundo es una apariencia (vivarta) sobre brahman, y otras escuelas para sostener que el efecto preexiste en la causa (satkāryavāda).

Pável Florenski
  • Antinomiaantinomia

    Para Florenski la verdad religiosa es antinómica: sólo puede enunciarse mediante pares de proposiciones contradictorias, igualmente verdaderas, que la razón discursiva no puede reconciliar. La Trinidad es un Dios y tres personas; Cristo es plenamente Dios y plenamente hombre; el hombre es libre y todo depende de la gracia. Esto no es un fallo del dogma sino el signo de que la verdad viene de otro plano: «la verdad es antinomia», escribe en «La columna y el fundamento de la verdad». La razón, que exige identidad y no contradicción, se ve obligada a una «hazaña de fe» que la eleva sin destruirla. Florenski apoya esta tesis en su formación matemática —las antinomias de la teoría de conjuntos, los imaginarios, la discontinuidad— y en una lectura de las antinomias de Kant como revelación de la estructura del ser. La idea, muy discutida, influyó en Bulgákov y en Lósev.

  • El icono y el iconostasioicono

    «El iconostasio» (1922) parte de una fenomenología del sueño: en el sueño el alma pasa del mundo visible al invisible y vuelve con imágenes que son símbolos de aquel. El arte verdadero hace lo mismo: el icono es la imagen de una visión espiritual fijada en la materia, una ventana por la que se ve —o desde la que mira— la realidad celeste. El iconostasio, la pared de iconos que separa el altar de la nave, no es un obstáculo sino la frontera visible entre los dos mundos, «formada por los propios santos», que testimonian lo que hay al otro lado. Florenski defiende la técnica tradicional del icono —el fondo de oro, la luz que construye las figuras por capas, la tempera al huevo— como expresión de una metafísica de la luz, frente al óleo, la carnalidad y la perspectiva del arte occidental postridentino. De ahí su célebre «prueba» de la existencia de Dios: «Existe la Trinidad de Rubliov; luego existe Dios».

  • Los imaginarios y el espacio del más alláimaginarios

    En «Los imaginarios en geometría» (1922) Florenski propone interpretar los números imaginarios no como abstracciones sino como el «reverso» de una superficie geométrica: los puntos imaginarios estarían en la otra cara del plano. Aplica la idea a la teoría de la relatividad: cuando un cuerpo supera la velocidad de la luz, sus magnitudes se vuelven imaginarias, y empieza así un espacio de otra naturaleza, el mundo invisible. Apoyándose en la cosmología del «Paraíso» de Dante —que el viajero atraviesa sin volverse para salir «del otro lado»—, defiende una cosmología geocéntrica y sitúa la frontera entre la Tierra y el Cielo entre las órbitas de Urano y Neptuno. El librito, admirado por su audacia y su diseño (la cubierta es de Favorski), fue atacado por la prensa soviética como oscurantismo y es aún objeto de discusión entre historiadores de la ciencia, que lo leen como especulación metafísica más que como física.

  • El nombre y la magia de la palabranombre

    En los ensayos de «En las divisorias del pensamiento» —«La magia de la palabra», «Estructura de la palabra», «El culto del Nombre como premisa filosófica», «Los nombres»— Florenski desarrolla una filosofía del lenguaje realista: la palabra no es un signo convencional, sino energía de la realidad nombrada, un puente entre el sujeto y el objeto en el que ambos se encuentran. Por eso defendió a los monjes del Athos que sostenían que «el Nombre de Dios es Dios mismo» (imiaslavie), condenados por el Sínodo en 1913, y por eso escribió un ensayo sobre los nombres propios como formas o «tipos» espirituales de la persona. Su discípulo Alekséi Lósev prolongó esta línea en «Filosofía del nombre» (1927).

  • La perspectiva invertidaperspectiva-invertida

    En «La perspectiva invertida» (1919) Florenski analiza un rasgo de los iconos que la crítica académica consideraba torpeza: las líneas que deberían converger hacia el fondo divergen, los objetos se ven desde varios puntos a la vez, las caras laterales de los edificios se despliegan hacia el espectador. Sostiene que no es un error sino otra concepción del espacio. La perspectiva lineal del Renacimiento, codificada como si el mundo se viera desde un único ojo inmóvil, expresa el individualismo y el naturalismo de la modernidad y convierte el cuadro en ilusión teatral; la del icono organiza el espacio desde el mundo espiritual hacia el que mira, y hace del icono una presencia y no una ventana engañosa. Florenski examina la historia del arte —la escenografía griega, Giotto, Durero, Leonardo— para mostrar que las épocas oscilan entre ambos tipos de representación según su «sentimiento de la vida». El ensayo, publicado en 1967 en Tartu, se convirtió en un texto clásico de la teoría del arte y de la semiótica.

  • Sofía y sofiologíasofia

    En la carta décima de «La columna y el fundamento de la verdad» Florenski recoge la doctrina de la Sabiduría divina de Soloviov y la reformula desde la liturgia, la iconografía y la piedad rusas. Sofía es «la Gran Raíz de la creación entera», la criatura ideal en Dios, por la que lo creado participa en la vida trinitaria; es a la vez el Ángel custodio de la creación, la Iglesia como cuerpo de Cristo, la Virgen María y la virginidad como pureza de la persona. Florenski se apoya en los iconos y templos de Santa Sofía de Nóvgorod y de Kiev y en los oficios litúrgicos para mostrar que la conciencia religiosa rusa ha venerado siempre a Sofía como algo distinto de Cristo-Logos. Su sofiología, desarrollada después por Bulgákov, fue criticada por teólogos como Florovski y Lossky por difuminar la frontera entre Dios y la creación; Berdiáyev la juzgó estetizante.

Rudolf Steiner
  • Antroposofía (ciencia espiritual)antroposofia

    Steiner tomó el término «antroposofía» de un libro del filósofo austriaco Robert Zimmermann (1856) y lo definió como «un camino de conocimiento que quisiera conducir lo espiritual en el ser humano a lo espiritual en el universo». Su pretensión era fundar una ciencia espiritual (Geisteswissenschaft) tan rigurosa como las ciencias naturales, basada en la observación de lo suprasensible mediante facultades desarrolladas por ejercicio interior. De ella se derivan una antropología (los miembros del ser humano), una cosmología (la evolución planetaria), una cristología y aplicaciones prácticas en pedagogía, medicina, agricultura, arte y vida social. Steiner insistió en que sus afirmaciones debían examinarse con el pensamiento, no aceptarse por fe; la crítica académica, sin embargo, considera que buena parte de ellas no es contrastable y que se apoya en la literatura teosófica que él reelaboró.

  • Imaginación, Inspiración, Intuiciónimaginacion-inspiracion-intuicion

    Steiner describe el conocimiento suprasensible como una ampliación disciplinada de las facultades ordinarias, en tres grados que nombra con mayúscula. En la Imaginación el alma percibe imágenes espirituales que no proceden de los sentidos; en la Inspiración percibe, como una escucha, las relaciones entre los seres espirituales; en la Intuición se une con ellos desde dentro. El camino hacia esos grados pasa por la concentración del pensar, la meditación sobre imágenes y textos, el control de la voluntad, la serenidad y la purificación moral, y requiere cultivar la veneración y el juicio sano para no confundir las fantasías propias con percepciones. Steiner presentó este método como un camino acorde con la conciencia moderna, practicable en la vida cotidiana y sin retiro del mundo.

  • Individualismo ético y pensar libreindividualismo-etico

    En La filosofía de la libertad Steiner parte de que el pensar es la única actividad que podemos observar mientras la producimos, y por eso es la base segura del conocimiento: en él percepción y concepto se reúnen y la realidad se completa. De ahí extrae una ética: una acción es libre cuando no procede del instinto, de la costumbre, de una autoridad o de un deber abstracto, sino de una intuición moral que el individuo capta con su pensar y realiza por amor a la acción misma, sirviéndose de la «fantasía moral» para traducir la idea en actos concretos y de la «técnica moral» para hacerlo sin violentar el mundo. La convivencia de individuos libres no requiere normas impuestas, porque todos participan del mismo mundo de ideas. La obra conecta con Fichte, Stirner y Nietzsche, y Steiner la consideró la raíz filosófica de toda su obra posterior.

  • Los miembros del ser humanomiembros-del-ser-humano

    En Teosofía Steiner describe al ser humano como cuerpo, alma y espíritu, y los articula en una serie de «miembros». En su formulación más usada son cuatro: el cuerpo físico, que comparte con los minerales; el cuerpo etérico o vital, portador del crecimiento, la reproducción y la memoria, que comparte con las plantas; el cuerpo astral, sede de las sensaciones y los deseos, que comparte con los animales; y el yo, propio del ser humano. A partir del trabajo del yo sobre los otros miembros surgen, en el futuro, el yo espiritual, el espíritu de vida y el hombre espíritu. Esta antropología, tomada en parte de la teosofía y reelaborada, organiza la pedagogía Waldorf —con el «nacimiento» de cada cuerpo en los septenios—, la medicina antroposófica y la explicación del sueño y de la muerte.

  • El Misterio del Gólgota, Lucifer y Ahrimánmisterio-del-golgota

    En el centro de la cosmología de Steiner está el «Misterio del Gólgota»: la muerte y resurrección de Cristo, entendido como un ser cósmico —el Espíritu solar— que se encarnó en Jesús de Nazaret y que desde entonces está unido a la evolución de la Tierra. Frente a la teosofía de Adyar, que veía en Cristo a un maestro entre otros, Steiner sostuvo la unicidad de ese acontecimiento, y por ella rechazó la proclamación de Krishnamurti como nuevo instructor del mundo. Cristo representa el equilibrio entre dos fuerzas que tientan al ser humano: Lucifer, que lo eleva hacia el entusiasmo, la fantasía y la evasión del mundo, y Ahrimán, que lo endurece en el materialismo, el cálculo y la mecanización. Esta tríada aparece en su escultura El representante de la humanidad, tallada para el Goetheanum.

  • Reencarnación y karmareencarnacion-y-karma

    Steiner adoptó de la teosofía las doctrinas de la reencarnación y del karma, pero las reformuló en términos occidentales y cristianos. El núcleo eterno del ser humano, el yo, atraviesa vidas sucesivas; entre la muerte y un nuevo nacimiento recorre el mundo anímico y el espiritual, donde elabora los frutos de la vida anterior y prepara la siguiente. El karma no es un castigo, sino la ley por la que las acciones y experiencias de una vida se convierten en capacidades y destino en otra; Steiner insistió en que no anula la libertad, porque cada uno puede responder de manera nueva a lo que le viene al encuentro. En 1924 dedicó decenas de conferencias a describir supuestas encarnaciones de figuras históricas, uno de los aspectos más discutidos de su obra.

  • Triformación del organismo socialtriformacion-social

    Ante el hundimiento de 1918, Steiner propuso reorganizar la sociedad separando tres ámbitos que, a su juicio, el Estado moderno había confundido: una vida espiritual-cultural (educación, arte, ciencia, religión) regida por la libertad y autónoma frente al Estado; una vida jurídica regida por la igualdad, propia del Estado democrático; y una vida económica regida por la fraternidad, organizada en asociaciones de productores, comerciantes y consumidores. Asoció cada ámbito a uno de los lemas de la Revolución francesa. La propuesta tuvo un breve movimiento político en Wurtemberg en 1919 y fracasó, pero de ella nació la idea de la escuela libre e independiente del Estado, que dio origen a la escuela Waldorf, y sigue inspirando iniciativas de banca ética y economía asociativa.

Epicuro
  • Ataraxia y aponíaataraxia

    Los dos nombres del placer estable son la *aponía*, ausencia de dolor en el cuerpo, y la *ataraxía*, ausencia de turbación en el alma. La segunda es la más importante, porque el alma sufre no solo por lo presente sino por lo pasado y lo futuro, y sobre todo por opiniones falsas: el miedo a los dioses, el miedo a la muerte, el deseo de lo que no hace falta. La física y la teología epicúreas sirven ante todo para quitar esos miedos, y la propia Carta a Pitocles advierte que el estudio de los cielos no tiene otro fin que la tranquilidad. La ataraxia no es apatía: el sabio siente dolor, llora a sus amigos y grita en el potro, según Laercio, pero conserva la serenidad porque sabe que el dolor intenso dura poco y el prolongado es llevadero.

  • Átomos, vacío y desviación (clinamen)atomismo

    La física de Epicuro parte de que nada nace de la nada ni se destruye en la nada, y de que el todo está formado por cuerpos y vacío. Los cuerpos compuestos resultan de la unión de átomos, partículas indivisibles e indestructibles de forma, tamaño y peso definidos, en número infinito, que se mueven sin cesar a la misma velocidad a través de un vacío también infinito. Hay infinitos mundos que nacen y perecen. El alma es un compuesto de átomos sutiles repartido por el cuerpo, que se disgrega al morir. A Demócrito, de quien tomó lo esencial, Epicuro le añadió una pieza que conocemos por Lucrecio y Cicerón: una mínima desviación de los átomos, sin causa, que explica que choquen y formen cuerpos y que rompe la cadena de la necesidad, dejando sitio a la libertad.

  • El canon: criterios de verdadcanon

    La «canónica» es la teoría epicúrea del conocimiento, expuesta en el perdido Canon. Tres son los criterios de verdad: las sensaciones, las prenociones (*prolépseis*) y las afecciones de placer y dolor. Todas las sensaciones son verdaderas, porque son efectos reales de los simulacros que emanan de las cosas; el error nace de la opinión que les añadimos, por ejemplo al juzgar sin esperar a ver de cerca. Las prenociones son nociones generales formadas por la repetición de experiencias —la forma del hombre o del caballo— sin las cuales no podríamos nombrar ni investigar nada. Para lo que no se ve directamente, como los átomos o los fenómenos celestes, vale la regla de la no contradicción con lo evidente: se aceptan las explicaciones que lo visible no refuta.

  • La clasificación de los deseosdeseos

    Epicuro distingue tres clases de deseos. Los naturales y necesarios, como beber cuando se tiene sed, son los que suprimen un dolor y son fáciles de satisfacer. Los naturales pero no necesarios, como el deseo de comidas refinadas, solo varían el placer sin aumentarlo. Y los vanos, ni naturales ni necesarios, como el ansia de riqueza, de honores o de poder, nacen de opiniones vacías y no tienen límite, porque nada los sacia. La clave de la felicidad está en reconocer esta diferencia: lo natural es fácil de conseguir y tiene un límite, lo vano es inagotable. De ahí la frugalidad del Jardín, que no es renuncia ascética sino estrategia: quien se contenta con poco disfruta más de lo poco y teme menos a la fortuna.

  • Los dioses de Epicurodioses-epicureos

    Epicuro no era ateo. Afirmaba que los dioses existen, porque todos los pueblos tienen de ellos una prenoción clara, y que son seres inmortales y perfectamente felices, de forma humana y hechos de átomos sutilísimos. Pero precisamente porque son felices no se ocupan del mundo: no lo crearon, no lo gobiernan, no se irritan ni conceden favores, pues todo eso supondría debilidad y preocupación (Máxima I). La religión popular es impía, decía la Carta a Meneceo, no por negar a los dioses, sino por atribuirles lo que no les corresponde. Los dioses son un modelo de la vida feliz que el sabio puede imitar y contemplar sin miedo. Lucrecio y Cicerón añaden que viven en los espacios entre los mundos, los *intermundia*.

  • El placer (hedoné) como finhedone

    Para Epicuro el placer es «principio y fin de la vida feliz»: el primer bien, connatural a todo ser vivo, y la regla con que juzgamos cada elección. Pero su idea del placer es casi lo contrario de lo que el nombre de su escuela llegó a sugerir. El placer supremo no es la excitación sino la ausencia de dolor: el límite del placer es la supresión de todo sufrimiento (Máxima III), y una vez alcanzado no puede aumentar, solo variar. De ahí la distinción, que Laercio atribuye a Epicuro frente a los cirenaicos, entre placeres «en movimiento», como comer cuando se tiene hambre, y placeres «estables» o catastemáticos, como el estado de quien ya no tiene hambre ni turbación. La ética es un cálculo: a veces se renuncia a un placer que trae más daño y se acepta un dolor que trae un bien mayor. Y ese cálculo exige prudencia, que Epicuro valora por encima de la filosofía misma.

  • La amistad (philía) y el «vive oculto»philia

    De todo lo que la sabiduría procura para la felicidad, lo más grande es la amistad (Máxima XXVII). Epicuro la funda en la utilidad —los amigos dan seguridad en un mundo incierto—, pero las Sentencias vaticanas la elevan a un bien deseable por sí mismo y llegan a decir que el sabio sufrirá por un amigo torturado como por sí mismo. La comunidad del Jardín era su realización práctica. Su complemento es el retiro: el sabio no hará política salvo necesidad, porque la ambición y la fama traen turbación, y el lema «vive oculto», que Plutarco atacó en un opúsculo entero, resume esa actitud. No es indiferencia hacia los demás, sino la elección de un círculo de amigos frente a la multitud.

  • El cuádruple remedio (tetrafármaco)tetrafarmaco

    Las cuatro primeras Máximas capitales forman un compendio de la ética epicúrea que la escuela llamó más tarde «cuádruple remedio». Primera: el ser feliz e inmortal no tiene preocupaciones ni las causa, luego no hay que temer a los dioses. Segunda: la muerte no es nada para nosotros, porque lo disuelto no siente. Tercera: el límite del placer es la supresión de todo dolor, luego el bien es fácil de alcanzar. Cuarta: el dolor intenso dura poco y el prolongado es soportable, luego el mal es fácil de sobrellevar. La fórmula condensada en cuatro frases breves es de Filodemo, en un papiro de Herculano, pero el contenido es del maestro. Responde a la idea epicúrea de la filosofía como medicina del alma: argumentos que se memorizan para tenerlos a mano en el momento del miedo.

Simone Weil
  • La atenciónattention

    La atención es el concepto central de Weil. No es concentración muscular ni esfuerzo de la voluntad, sino una espera: suspender el pensamiento, dejarlo vacante y penetrable, sin buscar nada, para que la verdad o el otro puedan entrar en él. Por eso los estudios escolares valen incluso cuando fracasan: cada esfuerzo de atención, aunque no resuelva el problema de geometría, prepara al alma para la oración. La atención absolutamente pura es oración, y la capacidad de prestar atención a un desdichado —preguntarle de verdad «¿qué estás pasando?»— es casi un milagro. La noción une su epistemología, su ética y su mística: conocer, amar al prójimo y orar son tres formas de la misma disposición receptiva.

  • Descreacióndecreation

    Dios creó retirándose: para que el mundo exista, Dios renuncia a ser todo. Weil pide al ser humano el movimiento inverso, la descreación: «hacer pasar algo creado a lo increado», renunciar al yo —no destruirlo por la voluntad, lo que sería otra forma de afirmación, sino consentir a que deje de ocupar el centro— para que Dios pueda amar a su creación a través de nosotros. No es aniquilación psicológica ni desprecio del mundo: la descreación hace posible mirar las cosas sin la perspectiva deformante del yo y amarlas tal como son. El concepto se relaciona con el vacío que la gracia necesita para entrar y con la imagen de Dios como pobre y paciente ante la puerta del alma.

  • Arraigo y desarraigoenracinement

    El ser humano tiene raíces por su participación real, activa y natural en una colectividad que conserva vivos ciertos tesoros del pasado y ciertos presentimientos del futuro, a través del lugar, el nacimiento, la profesión y el entorno. Cada persona necesita múltiples raíces. El desarraigo, producido por la conquista militar, por el dinero y por la educación separada de la vida, es la enfermedad más peligrosa de las sociedades humanas: los desarraigados caen en una inercia del alma o se lanzan a desarraigar a otros. Weil aplica el diagnóstico al obrero, al campesino y a la nación francesa, y propone una reconstrucción basada en la descentralización, el trabajo con sentido y una educación que haga visibles las raíces espirituales.

  • La fuerzaforce

    En el ensayo sobre la Ilíada, la fuerza es lo que hace de cualquiera que le está sometido una cosa: un cadáver, o un ser vivo que es ya cosa, el esclavo, el suplicante. La fuerza embriaga a quien cree poseerla y le hace olvidar sus límites, de modo que el vencedor de hoy será el vencido de mañana; nadie la posee realmente. Homero, según Weil, es grande porque muestra esa ley con equidad, sin despreciar a los vencidos ni admirar a los vencedores, con una amargura que procede de la ternura. La justicia y el amor solo son posibles para quien conoce el imperio de la fuerza y no lo respeta. El concepto prolonga su análisis de la opresión de 1934 y prepara su reflexión de Londres sobre el poder.

  • La desgracia (malheur)malheur

    Weil distingue la desgracia del sufrimiento. Hay desgracia cuando un acontecimiento desarraiga una vida y la alcanza a la vez en el cuerpo, en el alma y en la dimensión social, con una degradación que marca a la víctima. La desgracia es anónima, convierte a la persona en cosa y produce en ella desprecio de sí y una especie de complicidad con su propia condición. Por eso casi nadie la mira de frente, y los desgraciados encuentran rara vez compasión. Teológicamente, la cruz es la medida de la distancia infinita que el amor divino atraviesa: Cristo en el abandono es la presencia de Dios en el punto más alejado de Dios. La desgracia no tiene sentido en sí misma, pero puede convertirse en el lugar donde el amor sigue orientado hacia Dios en el vacío.

  • Metaxu (los intermediarios)metaxu

    Weil toma de Platón la palabra *metaxu*, «lo que está entre», para designar los bienes relativos que unen la tierra y el cielo: la casa, la patria, la lengua, las tradiciones, la cultura, la belleza del mundo. No son el bien absoluto y adorarlos sería idolatría, pero son puentes, y privar a alguien de ellos —como hacen la miseria, la deportación o la destrucción de una cultura— es un crimen, porque le quita los apoyos que le permitirían orientarse hacia el bien. Con este concepto Weil evita tanto el desprecio místico del mundo como la absolutización de la nación o del progreso.

  • Obligaciones y necesidades del almaobligations

    Un derecho no es eficaz por sí mismo, sino solo por la obligación a la que corresponde: lo cumple otro que se reconoce obligado. La obligación, en cambio, existe aunque nadie la reconozca. Weil funda las obligaciones en una realidad fuera del mundo y las concreta en las necesidades terrenales del ser humano: las del cuerpo y las del alma. Estas últimas se presentan por parejas complementarias —orden y libertad, obediencia y responsabilidad, igualdad y jerarquía, honor y castigo, seguridad y riesgo, propiedad privada y colectiva— más la verdad y el arraigo. El catálogo es a la vez una crítica del lenguaje de los derechos, que considera reivindicativo y mezquino, y un programa político.

  • Gravedad y graciapesanteur-et-grace

    Weil toma de la física una imagen para describir el alma: todos sus movimientos naturales obedecen a leyes análogas a la gravedad —buscar compensación, llenar los vacíos, devolver el mal recibido, imaginar recompensas— y solo la gracia escapa a esa ley. Pero la gracia no entra donde todo está lleno: necesita un vacío, que hay que soportar sin colmarlo con imaginaciones o consuelos. De ahí su desconfianza de la imaginación «colmadora» y su elogio de aceptar el vacío. La pareja gravedad–luz, también presente en los Cuadernos, organiza su visión del universo: la necesidad mecánica del mundo y la atracción del bien que la atraviesa sin violentarla.

Dattātreya
  • El avadhūtaavadhuta

    Avadhūta significa literalmente «el que ha sacudido» o «el que se ha sacudido de encima»: el renunciante que se ha desprendido de las convenciones sociales, rituales y morales porque ya no se identifica con nada de lo que ellas regulan. La Avadhūta Upaniṣad, en boca de Dattātreya, lo explica por sus sílabas: lo imperecedero, lo excelente, el que ha sacudido las ataduras del mundo, el que es «eso» de la gran sentencia «tú eres eso». Vive más allá de castas y etapas de la vida, vestido o desnudo, sin reglas exteriores. La figura es ambigua por naturaleza: su libertad puede parecer locura o desenfreno, como en el episodio del lago del Mārkaṇḍeya Purāṇa, y por eso los textos insisten en que solo el liberado puede vivir así sin caer. Dattātreya es su modelo supremo, y de ahí su título de «señor de los avadhūta».

  • Haṭhayoga y yoga de ocho miembroshatha-ashtanga

    El Dattātreyayogaśāstra es, según Mallinson, el primer texto que presenta el haṭhayoga bajo ese nombre de manera sistemática y que lo une al yoga de ocho miembros de Patañjali. Distingue cuatro yogas, mantra, laya, haṭha y rāja, y sostiene que todos conducen a la absorción (samādhi), meta del rājayoga. Atribuye el yoga de ocho miembros a Yājñavalkya y las técnicas físicas a otros maestros, entre ellos Kapila: retenciones de la respiración, la postura invertida y diez prácticas destinadas a detener o invertir el descenso de la gota vital (bindu). La importancia del texto está en esa síntesis: el yoga del cuerpo, de origen ascético, entra en el marco clásico de los ocho miembros, y lo hace en boca de Dattātreya, el maestro de los yoguis.

  • Igualdad de sabor (samarasa) y lo natural (sahaja)samarasa

    La Avadhūta Gītā describe el estado del liberado con dos términos que comparte con las tradiciones tántricas y nāth. Samarasa, «igualdad de sabor», es la experiencia en la que todo tiene el mismo gusto porque no hay ya diferencia entre el yo y el otro, entre el cuerpo propio y el ajeno, entre lo que tiene forma y lo que no la tiene: el avadhūta, dice el poema, habita solo y feliz en una casa vacía, «purificado por la igualdad de sabor». Sahaja, «lo natural» o «lo innato», designa la realidad que no hay que producir porque ya es; el texto la llama «néctar de lo natural» (sahajāmṛta), el único remedio contra el veneno del mundo. Rigopoulos subraya que estos términos vinculan el poema al ambiente de los yoguis nāth y a una no dualidad que no separa lo trascendente de lo inmanente.

  • La síntesis de la trimūrtitrimurti-sintesis

    Dattātreya es, en la devoción actual, la forma en que Brahmā, Viṣṇu y Śiva aparecen como uno solo: tres cabezas, seis brazos con los atributos de los tres dioses (el rosario y el cántaro de Brahmā, la caracola y el disco de Viṣṇu, el tridente y el tambor de Śiva), una vaca y cuatro perros a su lado. Los textos antiguos cuentan otra cosa: en el Mārkaṇḍeya Purāṇa, Dattātreya es solo la porción de Viṣṇu, y sus hermanos Soma y Durvāsas encarnan a Brahmā y a Śiva. Rigopoulos ve en el paso de un relato a otro, y en imágenes medievales de una sola cabeza con los emblemas de los tres dioses, la historia de una figura que absorbe tradiciones distintas, vaiṣṇava, śaiva, tántrica y yóguica, hasta convertirse en paradigma de inclusión.

  • Los veinticuatro maestrosveinticuatro-gurus

    En el Bhāgavata Purāṇa (11.7–9), el avadhūta que la tradición identifica con Dattātreya explica al rey Yadu que ha aprendido de veinticuatro maestros, todos ellos seres o fenómenos corrientes. De la tierra aprendió la paciencia; del aire, a pasar entre las cosas sin adherirse; del cielo, que el Ser, como el espacio, no queda afectado por lo que contiene; de la paloma que perdió a sus crías, el peligro del apego; de la pitón, a contentarse con lo que llega; de la polilla que se arroja al fuego, el riesgo de los sentidos; de la cortesana Piṅgalā, que la esperanza es el mayor sufrimiento; de la araña, que teje su tela y la reabsorbe, la imagen de la creación y la disolución del mundo. La enseñanza tiene un doble sentido: todo puede ser maestro para quien sabe mirar, y el verdadero maestro es interior.

Ibn Arabi
  • Entidades inmutables (ayan thabita)ayan-thabita

    Antes de existir, cada cosa está presente en el conocimiento eterno de Dios como una «entidad inmutable» (*ayn thabita*), una posibilidad que no posee existencia propia pero sí una realidad determinada. Al crear, Dios da existencia a esas entidades tal como son, de modo que cada criatura es lo que su entidad exige: Dios no impone desde fuera, sino que conoce las cosas según lo que ellas son en Su conocimiento. Ibn Arabi saca de ahí una lectura sutil del destino (*qadar*), que ha sido objeto de largos debates, y una explicación de la diversidad de las criaturas y de las creencias.

  • El ser humano perfecto (al-insan al-kamil)insan-kamil

    El ser humano es, para Ibn Arabi, la única criatura que reúne todos los nombres divinos: Dios «enseñó a Adán todos los nombres» (Corán 2:31) y lo creó «a Su imagen», según el hadiz. Por eso el ser humano es el «compendio» del universo y el espejo en el que Dios se contempla a Sí mismo. Pero esa totalidad es solo potencial: el *insan kamil* es quien la realiza, el profeta o el santo en quien todos los nombres se manifiestan en equilibrio. El primer capítulo de los *Fusus*, dedicado a Adán, desarrolla esta idea, que su escuela —con al-Yili, autor de un tratado de ese título— convirtió en eje de la antropología sufí.

  • El sello de los santos (jatm al-awliya)khatm-al-awliya

    Así como Muhammad es el «sello de los profetas», con quien se cierra la profecía legislativa, Ibn Arabi enseña que existe un «sello de la santidad» (*walaya*): Jesús, que volverá al final de los tiempos, como sello de la santidad universal, y un sello de la santidad muhammadí, que en varios pasajes identifica consigo mismo. La santidad, a diferencia de la profecía legislativa, no se interrumpe nunca; los santos son «herederos» de un profeta y participan de su conocimiento. Michel Chodkiewicz dedicó a esta doctrina un estudio clásico. Es uno de los puntos que más escandalizaron a sus críticos.

  • Imaginación e istmo (jayal, barzaj)khayal

    Entre el mundo de los espíritus y el de los cuerpos, Ibn Arabi sitúa un reino intermedio, el *barzaj* o istmo, que es a la vez una facultad del alma y un plano del ser: la imaginación (*jayal*). En él los significados toman forma y los cuerpos se espiritualizan; allí ocurren los sueños, las visiones, las apariciones de los ángeles y la vida de las almas tras la muerte. Para Ibn Arabi la imaginación no es fantasía arbitraria sino un órgano de conocimiento indispensable, porque la realidad entera es en cierto sentido imagen de Dios. Henry Corbin popularizó esta doctrina como «mundo imaginal» (*mundus imaginalis*), y William Chittick ha mostrado su centralidad en la *Futuhat*.

  • Teofanía o autorrevelación divina (tayalli)tajalli

    Dios se manifiesta continuamente en las formas del mundo, y nunca dos veces de la misma manera: «la autorrevelación no se repite». La creación no es un acto pasado sino una renovación incesante, instante tras instante, de manera que el mundo es una sucesión de teofanías. Cada criatura recibe la manifestación según su capacidad o «preparación» (*istidad*), como el agua toma el color del recipiente. De ahí deriva la doctrina del «dios creado en las creencias»: cada creyente adora a Dios tal como se le ha manifestado en su creencia, y el sabio reconoce a Dios en todas las formas sin quedar preso de ninguna, idea que inspira el célebre verso del corazón «capaz de toda forma».

  • Unicidad del ser (wahdat al-wuyud)wahdat-al-wujud

    La fórmula *wahdat al-wuyud* no aparece como tal en Ibn Arabi; la acuñaron sus intérpretes y, sobre todo, sus críticos, entre ellos Ibn Taymiyya, para designar su doctrina. Lo que Ibn Arabi afirma es que solo Dios posee el ser (*wuyud*) en sentido propio, y que las cosas existen en la medida en que reciben ese ser como manifestación de los nombres divinos: son «Él y no Él». No es un panteísmo que identifique a Dios con el mundo, sino una metafísica de la relación: el mundo es la imagen de Dios en un espejo, real en cuanto reflejo y nada en sí mismo. La expresión «Él/no Él» (*huwa la huwa*) resume esa tensión, que Ibn Arabi mantiene con la doble insistencia en la incomparabilidad (*tanzih*) y la semejanza (*tashbih*) de Dios.

Aṣṭāvakra
  • Atadura y liberación como convicciónbandha-moksha

    El verso 1.11 resume una idea que recorre el poema: quien se tiene por libre es libre, quien se tiene por atado está atado. La atadura no es una sustancia que haya que eliminar, sino una identificación (abhimāna): creerse el cuerpo, el que actúa, el que sufre. Por eso la liberación no se alcanza acumulando méritos ni prácticas, sino deshaciendo esa convicción. El texto lo dice con imágenes clásicas del vedānta: el mundo se superpone al Ser como la serpiente a la cuerda o la plata a la madreperla (2.7, 2.9). Vivekananda citaba este verso para insistir en que la debilidad empieza por pensarse débil.

  • Liberación en vida (jīvanmukti)jivanmukti

    El capítulo XVIII, con un centenar de versos, el más largo del poema, describe al sabio liberado mientras vive. No se distingue por su conducta exterior: puede actuar o no actuar, vivir en la corte o en el bosque, porque ya no se siente autor de lo que hace. Es indiferente al placer y al dolor, a la alabanza y al reproche, y no desea la vida ni teme la muerte. El texto lo presenta como alguien que ha dejado de buscar, más que como alguien que ha conquistado algo, y subraya que su estado no puede imitarse desde fuera. El ideal tiene un modelo en la figura de Janaka, el rey que la tradición considera liberado sin abandonar el trono.

  • El testigo (sākṣin)sakshin

    Es la noción central de la Aṣṭāvakra Gītā. Desde el tercer verso, el maestro niega que Janaka sea alguno de los elementos (tierra, agua, fuego, aire, espacio) y le pide que se reconozca como el testigo de todos ellos, cuya forma es la conciencia. El testigo no es un observador más dentro del mundo, sino aquello a lo que todo aparece: no actúa, no goza, no pertenece a casta ni a etapa de la vida, y no es objeto de los sentidos (1.5–1.6). La atadura, dice 1.7, consiste en ver al que ve como si fuera otro, es decir, en tomarse por un objeto. El texto no propone construir este testigo mediante una disciplina: afirma que ya se es, y que basta reposar en él.

  • La práctica como atadurasamadhi-como-atadura

    Uno de los rasgos más radicales del poema es su desconfianza hacia la propia disciplina espiritual. En 1.15 el maestro dice a Janaka que ya es libre de apegos, inactivo, luminoso por sí mismo y sin mancha, y que su atadura consiste precisamente en seguir practicando la concentración (samādhi). La idea reaparece a lo largo del texto: quien se esfuerza por aquietar la mente sigue presuponiendo un yo que se esfuerza y una meta por alcanzar. Esto no equivale a recomendar la dejadez, sino a señalar que lo buscado no es un estado producido. Los comentaristas modernos han visto aquí la frontera entre un camino gradual y una enseñanza «directa», y es uno de los motivos del interés del texto para la no dualidad contemporánea.

  • El certamen de sabios en la corte de Janakavada-certamen

    La corte de Janaka de Videha es, en la literatura védica y épica, el escenario por excelencia de los certámenes de saber (brahmodya, vāda): concursos públicos en los que los brahmanes se enfrentan con preguntas enigmáticas y el vencedor obtiene premios y prestigio. El episodio de Aṣṭāvakra lleva el género al extremo: el castigo del vencido es el agua, y el contenido del duelo es una serie de enigmas numéricos que remiten a grupos rituales y cosmológicos. Ganguli, siguiendo a los comentaristas, lee en él un debate filosófico sobre la unidad del Ser. El relato hace del niño deforme el campeón del conocimiento frente a la erudición profesional.

Padmasambhava
  • Estado intermedio (bardo)bardo

    Bar do significa «entre dos»: designa cualquier intervalo de la existencia, pero sobre todo el que separa la muerte del renacimiento. El ciclo de Karma Lingpa describe seis: el de la vida, el del sueño, el de la meditación, el del morir, el de la realidad (chos nyid) y el del devenir hacia un nuevo nacimiento. En el momento de la muerte, según el Bardo Thödol, aparece la luz clara, la naturaleza misma de la mente; quien la reconoce se libera. Si no la reconoce, surgen durante días las visiones de las cien deidades pacíficas y airadas, que son proyecciones de la propia mente; el texto que se lee junto al difunto le recuerda que no hay nada que temer porque todo eso es él mismo. Si tampoco entonces se libera, el bardo del devenir lo conduce hacia un nuevo útero. La enseñanza combina rituales funerarios antiguos con la doctrina de la Gran Perfección.

  • Los nueve vehículos y la Gran Perfecciónnueve-vehiculos

    La escuela Nyingma ordena todas las vías budistas en nueve vehículos: tres «causales» (los de los oyentes, los budas solitarios y los bodisatvas), tres de los tantras externos (kriyā, upa y yoga) y tres de los tantras internos (mahāyoga, anuyoga y atiyoga). El último, atiyoga o Gran Perfección (rdzogs chen), sostiene que la mente es desde siempre pura y completa, y que el camino consiste en reconocer esa naturaleza más que en construirla. La Guirnalda de visiones atribuida a Padmasambhava es uno de los primeros textos que presentan una jerarquía de este tipo, y por eso la tradición lo considera el fundador de la doctrina en el Tíbet. Los historiadores, a partir de los manuscritos de Dunhuang, sitúan la formación de la Gran Perfección como sistema en los siglos IX y X.

  • El sometimiento de los espíritus ('dul ba)sometimiento

    La función más antigua de Padmasambhava en las fuentes es la de domador. La palabra tibetana 'dul ba significa a la vez «disciplinar», «convertir» y «someter», y describe el modo en que el budismo tántrico se implantó en el Tíbet: no expulsando a los dioses de las montañas, los lagos y la tierra, sino obligándolos mediante el ritual a jurar protección a la nueva religión. Las crónicas presentan esos juramentos como condición para fundar Samye, y la leyenda los multiplica por todo el país. Jacob Dalton ha mostrado que esta lógica del sometimiento, con su violencia simbólica, es central en la autocomprensión del budismo tibetano y que el Padmasambhava de los primeros manuscritos es ante todo un especialista en ella.

  • Tesoros (gter ma)terma

    El terma es un texto u objeto que, según la tradición, Padmasambhava o alguno de sus contemporáneos escondió en el siglo VIII para que fuera descubierto en un momento posterior por un revelador predestinado (gter ston). Los hay «de tierra» (sa gter), hallados físicamente en cuevas, rocas o templos, normalmente en forma de rollos con unas pocas letras cifradas que el descubridor descodifica y desarrolla, y «de mente» (dgongs gter), que surgen directamente en la memoria del revelador. La teoría explica la autenticidad de los textos por una cadena de transmisión doble: la enseñanza original del maestro y la profecía que designa al descubridor. Desde el siglo XI produjo centenares de ciclos —entre ellos el Bardo Thödol y las grandes biografías de Padmasambhava— y convirtió a la escuela Nyingma en una tradición abierta a la revelación continua. Otras escuelas la aceptaron en parte y también la criticaron por la facilidad con que permitía la falsificación.

  • El mantra Vajra Guru y las ocho manifestacionesvajra-guru

    La devoción a Padmasambhava se articula en torno a dos elementos. El primero es el mantra oṃ āḥ hūṃ vajra guru padma siddhi hūṃ, que invoca las bendiciones del cuerpo, la palabra y la mente del maestro y que se recita, se graba en piedras y se imprime en banderas en todo el mundo tibetano; Karma Lingpa le dedicó un comentario revelado. El segundo son las ocho manifestaciones (gu ru mtshan brgyad): ocho formas —del príncipe al erudito, del yogui al airado Dorje Drolö— que resumen su biografía y que la tradición entiende como modos de ayudar a distintos seres. En Bután y en el Himalaya, las fiestas del décimo día lunar (tshes bcu) conmemoran sus hazañas con danzas de máscaras.

Nārada
  • Bhūman (lo infinito)bhuman

    En la Chāndogya Upaniṣad, Sanatkumāra conduce a Nārada desde el «nombre» hasta el bhūman, palabra que significa plenitud, abundancia, lo que no tiene límite. La definición es célebre: «Donde no se ve otra cosa, no se oye otra cosa, no se conoce otra cosa, eso es lo infinito; donde se ve otra cosa, se oye otra cosa, se conoce otra cosa, eso es lo pequeño». Lo infinito es inmortal y descansa en su propia grandeza; lo pequeño es mortal. Y la consecuencia práctica es la que responde al dolor de Nārada: «Lo infinito es la felicidad; no hay felicidad en lo pequeño». El pasaje identifica después ese infinito con el yo (ātman), que está arriba, abajo, delante y detrás, y concluye que quien así lo ve, lo comprende y se deleita en él alcanza la libertad en todos los mundos.

  • Devarṣi (el sabio divino)devarshi

    La tradición distingue entre los sabios humanos (ṛṣi o maharṣi), los sabios de linaje real (rājarṣi) y los sabios divinos (devarṣi), que pertenecen al mundo de los dioses pero se mueven libremente entre todos los planos. Nārada es el devarṣi por excelencia: la Bhagavad Gītā (10.26) hace decir a Kṛṣṇa que, entre los sabios divinos, él es Nārada. Su condición explica su función narrativa: puede llevar noticias del cielo a la tierra y de la tierra al infierno, conoce el pasado y el porvenir, aconseja a dioses, demonios y reyes, y es a la vez testigo y motor de los acontecimientos. En la teología vaiṣṇava se le considera además una manifestación parcial de Dios, investida de poder para cumplir misiones en su nombre.

  • Las once formas de apego a Diosekadasha-asakti

    El penúltimo aforismo del Nārada Bhakti Sūtra (82) afirma que la devoción, siendo una, se manifiesta de once maneras, según el tipo de apego: a las cualidades y la grandeza de Dios, a su belleza, a su culto, a su recuerdo, a servirle como siervo, a tratarlo como amigo, a quererlo como a un hijo, a amarlo como a un amante, a la entrega completa de uno mismo, a la absorción total en Él y al dolor supremo de la separación. La lista recoge los modos de relación (bhāva) que la literatura devocional desarrollaba, y en ella el amor de la amada y el sufrimiento de la ausencia —el de las gopī cuando Kṛṣṇa parte— aparecen como formas plenas de la devoción, no como desviaciones. El aforismo siguiente invoca la autoridad de una larga serie de maestros, de los Kumāra y Vyāsa a Hanumān.

  • Mahatsaṅga (la compañía de las grandes almas)mahat-sanga

    Entre los medios para alcanzar la devoción, el Nārada Bhakti Sūtra menciona la renuncia, el culto incesante y la escucha y el canto de las cualidades de Dios, pero declara que el medio principal es la gracia de las grandes almas (mahat) o una pizca de la gracia divina. Esa compañía es difícil de obtener, imposible de alcanzar por el propio esfuerzo e infalible en sus efectos, y solo se consigue por la gracia de Dios, porque entre Él y los suyos no hay diferencia. De ahí la exhortación repetida: «búsquese eso, búsquese solo eso». El texto añade el reverso: la mala compañía debe evitarse siempre, porque despierta el deseo, la ira, la confusión, el olvido de la meta, la pérdida del juicio y la ruina total; las pasiones son al principio como ondas y, por la compañía, se vuelven un océano.

  • Parabhakti (el amor supremo)para-bhakti

    El Nārada Bhakti Sūtra define la devoción como «amor supremo» (paramaprema) dirigido a Dios y de naturaleza inmortal. No es un sentimiento entre otros, sino una transformación total: quien la alcanza no desea nada, no se aflige, no odia, no se complace en otra cosa, queda «embriagado» y en reposo en sí mismo. Su marca es doble: consagrar a Dios todos los actos y sentir una angustia extrema ante el menor olvido. El texto la distingue de la devoción «secundaria» (gauṇī), que varía según las tres cualidades y según los motivos del devoto —el afligido, el que busca algo, el que busca la verdad—, y la presenta como la meta en la que culminan todas. Para Nārada la bhakti es superior a la acción, al conocimiento y al yoga porque no es un medio para otra cosa: es su propio fruto (svayaṃ phalarūpā).

  • Vyavahāra (el litigio y sus dieciocho títulos)vyavahara

    La Nārada Smṛti hace del vyavahāra —el procedimiento judicial— su objeto exclusivo. Explica que el litigio existe porque los hombres han perdido la rectitud de las edades primeras y que el rey, asistido por jueces versados, debe resolverlo según cuatro fundamentos: la ley, la prueba documental o testifical, la costumbre y el edicto real, de los cuales el último prevalece sobre los anteriores. Regula la demanda, la contestación, la carga de la prueba, la valoración de los testigos y documentos y el recurso a las ordalías cuando faltan pruebas humanas. Y ordena el derecho sustantivo en dieciocho títulos, desde las deudas hasta el juego y las apuestas. Su enfoque técnico, casi exento de doctrina religiosa, la convirtió en referencia para comentaristas jurídicos posteriores.

Bodhidharma
  • Contemplación del muro (biguan)biguan

    Biguan (壁觀) es el nombre que Tanlin y Daoxuan dan al «método para pacificar la mente» que enseñaba Bodhidharma, y es el término más antiguo asociado a su meditación. Su sentido literal es incierto. La tradición posterior lo entendió como «contemplar un muro», es decir, meditar sentado frente a la pared, de donde salió la leyenda de los nueve años ante el muro de la cueva de Shaolin y la costumbre de la escuela sōtō japonesa de sentarse de cara a la pared. Muchos estudiosos, siguiendo la propia frase del tratado —«permanecer firme en la contemplación del muro, sin yo ni otro, iguales el hombre común y el santo»—, prefieren entenderlo como una contemplación en la que la mente se vuelve firme e impenetrable como un muro, cerrada a las distinciones. En ambos casos describe una práctica de quietud que debía conducir a la «entrada por el principio».

  • Las dos entradas y las cuatro prácticasdos-entradas

    El tratado atribuido a Bodhidharma distingue dos accesos a la Vía. La entrada por el principio (理入) consiste en confiar, apoyándose en las escrituras, en que todos los seres poseen una misma naturaleza verdadera, y en realizarla mediante la contemplación hasta que desaparecen la distinción entre uno mismo y los demás y la que separa al hombre común del santo. La entrada por la práctica (行入) traduce esa visión en la vida cotidiana mediante cuatro prácticas: aceptar sin rencor el sufrimiento como fruto de actos pasados; adaptarse a las circunstancias sin exaltarse en la fortuna ni abatirse en la desgracia; no buscar nada, porque «toda búsqueda es sufrimiento»; y actuar conforme al Dharma, ejerciendo las seis perfecciones sin apegarse a ellas. Es una síntesis austera del Mahāyāna, sin rasgos todavía de la retórica zen posterior.

  • El Sūtra del descenso a Laṅkālankavatara

    Según Daoxuan, Bodhidharma entregó a Huike la traducción en cuatro rollos del Laṅkāvatāra, hecha por Guṇabhadra en 443, como el único sūtra que bastaba en China. Es un texto difícil que combina la doctrina yogācāra de que todo es «solo mente» con la de la naturaleza de buda presente en todos los seres, y que insiste en que la verdad se realiza en una experiencia interior que las palabras no alcanzan. Los primeros seguidores de Bodhidharma, Huike y sus discípulos, fueron conocidos como maestros del Laṅkā, y una de las primeras crónicas de la escuela se titula precisamente Registro de los maestros y discípulos del Laṅkā. Más tarde, la escuela del sur asociada a Huineng desplazó este sūtra en favor del Sūtra del diamante.

  • El linaje de los patriarcaslinaje-patriarcal

    La escuela chan justificó su autoridad mediante una genealogía: una transmisión «de mente a mente» que, sin pasar por los textos, habría ido del Buda a Mahākāśyapa y, a través de veintiocho patriarcas indios, hasta Bodhidharma, que la llevó a China y la entregó a Huike, Sengcan, Daoxin, Hongren y Huineng. La investigación moderna (Yanagida, McRae, Faure, Cole) ha mostrado que esta línea se construyó entre los siglos VII y IX, en medio de disputas entre facciones, y que su función era legitimar a quienes la escribían. Bodhidharma fue elegido como fundador precisamente porque se sabía muy poco de él: un maestro extranjero, de origen indio, con un discípulo conocido, permitía unir la escuela china con la India sin contradecir ningún dato. El manto y el cuenco que se transmitían de patriarca en patriarca son la expresión material de esta idea.

  • Transmisión fuera de las escriturastransmision-fuera-escrituras

    La fórmula de cuatro frases que la tradición pone en boca de Bodhidharma —una transmisión especial fuera de las escrituras, que no se apoya en palabras, que apunta directamente a la mente y hace ver la propia naturaleza para llegar a ser buda— resume la autocomprensión del zen clásico: la iluminación no se obtiene estudiando los sūtras ni acumulando méritos, sino en una visión directa de la propia mente, que el maestro provoca más que enseña. Su contenido está ya en el Sermón de la línea de sangre y en textos chan de los siglos IX y X, pero la fórmula completa es de época Song. Paradójicamente, la escuela que decía no apoyarse en palabras produjo una de las literaturas más extensas del budismo: crónicas, registros de dichos y colecciones de casos (gong'an, kōan).

Pema Chödrön
  • Bodhichitta (el corazón despierto)bodhichitta

    En el budismo mahayana, la bodhichitta es la aspiración a despertar para beneficio de todos los seres. Pema Chödrön la presenta como algo ya presente en cada persona —un «punto blando», una ternura vulnerable— que el miedo recubre de hábitos defensivos. Distingue, siguiendo la tradición, la bodhichitta relativa, que se cultiva con las cuatro cualidades ilimitadas (amor, compasión, alegría empática y ecuanimidad) y con el tonglen, y la bodhichitta absoluta, la apertura de la mente que no se aferra a nada. Su comentario de Shantideva y Los lugares que te asustan desarrollan esta noción como respuesta al miedo: el valor del bodhisattva consiste en no cerrarse ante el sufrimiento.

  • La falta de suelo (groundlessness)falta-de-suelo

    Imagen central de su enseñanza: la experiencia de que no hay nada firme a lo que agarrarse, que suele vivirse como amenaza —una pérdida, un diagnóstico, una ruptura— y que ella propone reconocer como la naturaleza misma de la existencia, en la línea de la impermanencia y la vacuidad budistas. La reacción habitual es buscar seguridad en hábitos, creencias o distracciones; el camino consiste en relajarse en la incertidumbre, permanecer en el desconcierto sin cerrarlo enseguida, y descubrir en él una forma de libertad y de ternura. La noción nace de su propia biografía —el «momento sin suelo» de su divorcio— y vertebra Cuando todo se derrumba y Vivir bellamente en la incertidumbre y el cambio.

  • Lojong (entrenamiento mental)lojong

    Sistema tibetano de entrenamiento de la mente atribuido al maestro indio Atisha (siglo XI) y fijado por Chekawa Yeshe Dorje en 59 consignas breves —«considera todos los fenómenos como sueños», «culpa a uno de todo», «mantén siempre una mente alegre»— destinadas a transformar las dificultades en camino. Chögyam Trungpa las enseñó a sus alumnos occidentales y Pema Chödrön las ha comentado en varios libros, de Start Where You Are a The Compassion Book. En su lectura, las consignas no son mandamientos sino recordatorios que se aplican en medio de la vida diaria para volver a la apertura y a la compasión cuando aparece la reacción habitual.

  • Maitri (amistad incondicional con uno mismo)maitri

    Término sánscrito que suele traducirse por bondad amorosa y que Pema Chödrön, siguiendo a Trungpa, entiende ante todo como una amistad incondicional con uno mismo. No se trata de mejorar ni de cambiar quien uno es, sino de conocerse con honestidad, incluidas las partes que se preferiría no ver, y tratarse con la misma ternura que a un amigo. La meditación sentada es para ella la forma básica de maitri: observar sin juzgar lo que aparece y volver una y otra vez a la respiración. Sostiene que sin esta base la compasión hacia los demás se vuelve idealista o se convierte en una nueva forma de autoexigencia. La noción vertebra su primer libro, The Wisdom of No Escape.

  • Shenpa (el enganche)shenpa

    Término tibetano que suele traducirse por apego y que Pema Chödrön interpreta de manera muy concreta: el instante en que algo del presente —una palabra, un gesto, un recuerdo— toca una herida antigua y uno queda «enganchado», arrastrado a una cadena de pensamientos y reacciones habituales, ya sea la ira, la autocrítica, el deseo o la huida. La shenpa se nota primero en el cuerpo, como una tensión o una contracción, antes de que aparezcan los argumentos que la justifican. Su propuesta consiste en reconocer ese momento, quedarse con la sensación sin alimentarla con la historia y abstenerse de actuar desde ella: no morder el anzuelo. Con la práctica, dice, la fuerza del hábito se debilita y aparece un espacio de libertad. Es uno de los temas centrales de su enseñanza desde los años 2000.

  • Tonglen (tomar y dar)tonglen

    Práctica meditativa del lojong tibetano que invierte la tendencia natural a buscar el placer y rechazar el dolor. Al inspirar, se acoge el sufrimiento —propio o ajeno— visualizado como algo pesado y oscuro; al espirar, se envía alivio, espacio y bienestar. Pema Chödrön la enseña en cuatro fases: un instante de apertura, el trabajo con la textura de la respiración, la aplicación a una situación concreta y la extensión a todos los que sufren lo mismo. Insiste en que puede hacerse en medio de la vida diaria, en el momento mismo en que surge una emoción difícil, y en que su sentido no es cargar con el mal del mundo sino disolver la coraza del ego y descubrir que el dolor propio conecta con el de los demás. Es la práctica que más ha contribuido a difundir en Occidente.

Dalai Lama XIV (Tenzin Gyatso)
  • Bodhichitta y compasiónbodhichitta

    La bodhichitta es la aspiración a alcanzar el despertar para beneficio de todos los seres; su raíz es la gran compasión (mahakaruna), el deseo de que todos queden libres del sufrimiento. El Dalai Lama la presenta como el núcleo de su práctica personal y de toda su enseñanza. Siguiendo a Shantideva y a la tradición del entrenamiento de la mente (lojong), distingue dos métodos para generarla: las siete causas y efectos, que parten de reconocer a todos los seres como madres en vidas pasadas, y el intercambio de uno mismo por los demás. En sus libros dirigidos al gran público traduce esta doctrina a términos laicos: la compasión no es lástima sino reconocimiento de que el otro, como uno mismo, desea ser feliz; puede cultivarse mediante la reflexión y el hábito, y es fuente de bienestar para quien la practica.

  • Ética secularetica-secular

    Propuesta, desarrollada en Ética para el nuevo milenio (1999) y Más allá de la religión (2011), de una ética que no dependa de ninguna fe. El Dalai Lama sostiene que las religiones han sido durante siglos el principal soporte de la moral, pero que en un mundo plural y en buena parte no creyente hace falta un fundamento compartido. Lo encuentra en tres elementos: la experiencia común de que todos deseamos la felicidad y rechazamos el sufrimiento; la razón, capaz de mostrar que el bienestar propio depende del ajeno; y los hallazgos científicos sobre los efectos de la compasión y las emociones destructivas. Por «secular» entiende, al modo indio, no hostilidad hacia la religión sino respeto imparcial por todas y por quienes no tienen ninguna. Defiende que estos valores se incorporen a la educación escolar, línea en la que se inscriben programas como el SEE Learning de la Universidad Emory.

  • Responsabilidad universalresponsabilidad-universal

    Expresión que el Dalai Lama emplea desde los años setenta y que convirtió en eje de su discurso del Nobel. Parte de la interdependencia: en un mundo en que la economía, la guerra, el clima y la información no conocen fronteras, la seguridad y la felicidad de cada persona y de cada nación dependen de las demás. De ahí deduce que la compasión, lejos de ser un ideal piadoso, es una necesidad práctica, y que cada individuo es responsable del conjunto de la humanidad y del planeta. La aplica a la política internacional (desarme, zonas de paz, cooperación), a la economía (la brecha entre ricos y pobres) y al medio ambiente, tema que desarrolló en Nuestro único hogar (2020).

  • Vacuidad y origen dependientesunyata-y-origen-dependiente

    Para la escuela madhyamaka prasangika, que el Dalai Lama sigue a través de Nagarjuna, Chandrakirti y Tsongkhapa, ningún fenómeno posee existencia intrínseca: todo surge en dependencia de causas, partes y designación conceptual. Vacuidad (shunyata) no significa inexistencia, sino ausencia de un ser propio e independiente; por eso vacuidad y origen dependiente son dos caras de la misma comprensión. El Dalai Lama insiste en que esta visión no es nihilista: las cosas funcionan, las acciones tienen consecuencias, pero no existen como aparecen. En libros como Cómo verse a uno mismo tal como uno es propone ejercicios de análisis para examinar el yo que parece sólido y comprobar que no se encuentra. Considera que esta comprensión socava la raíz de las emociones aflictivas y que dialoga de forma fecunda con la física contemporánea, aunque evita identificar ambas.

  • Tulku y reconocimiento de la reencarnacióntulku

    Un tulku es, en el budismo tibetano, un maestro reconocido como reencarnación de otro anterior. La institución de los Dalai Lamas, vinculada desde el siglo XVII al gobierno del Gaden Phodrang, se ha transmitido mediante búsquedas de candidatos guiadas por visiones, oráculos y pruebas. En su declaración del 24 de septiembre de 2011 el Dalai Lama explicó esa tradición, distinguió entre reencarnación (renacimiento tras la muerte del predecesor) y emanación (manifestación en vida del predecesor), criticó el uso político de la urna de oro introducida por la dinastía Qing y negó legitimidad a cualquier candidato elegido con fines políticos. En 2025 confirmó la continuidad de la institución y reservó el reconocimiento al Gaden Phodrang Trust.

  • Vía intermedia (Umaylam)via-intermedia

    Política formulada por el Dalai Lama en los años setenta y presentada públicamente en el Plan de Paz de Cinco Puntos (1987) y la Propuesta de Estrasburgo (1988). Toma su nombre de la doctrina budista del camino medio y busca una posición entre la aceptación del statu quo y la independencia: los tibetanos renuncian a la separación de China a cambio de una autonomía genuina, dentro del marco constitucional chino, para todas las regiones tibetanas, con control propio de la lengua, la educación, la religión, la cultura y el medio ambiente, mientras Pekín conserva defensa y política exterior. Adoptada por el parlamento tibetano en el exilio, no ha sido aceptada por el gobierno chino, que la considera independencia encubierta, y ha recibido críticas de sectores tibetanos partidarios de la independencia plena.

Śāntideva
  • Mente del despertar (bodhicitta)bodhicitta

    La bodhicitta es la aspiración a alcanzar el despertar completo para liberar a todos los seres. Śāntideva le dedica los tres primeros capítulos del poema y la distingue en dos aspectos, que compara con querer viajar y ponerse en camino: la bodhicitta de aspiración, el deseo de despertar por los demás, y la bodhicitta de compromiso, la decisión efectiva de recorrer la senda mediante el voto del bodhisattva. Su elogio es hiperbólico a propósito: quien la genera, dice el primer capítulo, se convierte al instante en hijo de los budas y digno de veneración por dioses y hombres, aunque siga encadenado al ciclo de las existencias; su mérito es inagotable porque su objeto, los seres, es infinito. El poema no la presenta como un sentimiento, sino como un giro de la intención que ordena todas las prácticas posteriores; por eso la liturgia de la confesión y del voto (capítulos 2 y 3) es el pórtico de la obra.

  • Paciencia (kṣānti)ksanti

    El capítulo sexto es el análisis de la ira más célebre de la literatura budista. Comienza afirmando que no hay mal comparable al odio y que un solo acceso de ira destruye el mérito acumulado durante eones. Después desmonta la ira con argumentos: quien nos daña está movido por sus propias aflicciones, como un enfermo; si el daño viene del palo, culpemos a quien lo empuña, y si viene de quien lo empuña, culpemos a la ira que lo empuja; nuestro propio cuerpo es el blanco que ofrecemos. Y llega a la inversión central: el enemigo es la ocasión de practicar la paciencia, sin la cual no hay camino, y por tanto merece la misma gratitud que un maestro. La estrofa 6.10 sobre la inutilidad del abatimiento ante lo que tiene y no tiene remedio es una de las más citadas del poema. El Dalái Lama le dedicó un libro entero, Healing Anger.

  • La sabiduría madhyamaka del capítulo novenomadhyamaka-bca9

    El capítulo noveno abre con una declaración programática —todas las prácticas anteriores las enseñó el Buda en función de la sabiduría— y ofrece después una exposición comprimida de la vía media de Nāgārjuna. Distingue las dos verdades, convencional y última, y advierte que la última no está al alcance del intelecto. Discute con los budistas realistas, que admiten entidades últimas, y con los yogācāra, a cuya teoría de la autoconciencia (svasaṃvedana) dedica una crítica que la tradición tibetana debatiría durante siglos; refuta la existencia de un yo, de un dios creador y de la materia primordial del Sāṃkhya, y aplica las cuatro aplicaciones de la atención al análisis del cuerpo, las sensaciones, la mente y los fenómenos. La tradición tibetana lo leyó como un texto prāsaṅgika; el comentario de Mipham en el siglo XIX y la réplica gelug abrieron una de sus polémicas más duraderas.

  • Igualarse e intercambiarse con los demásparatmaparivartana

    En el capítulo octavo, tras alabar la vida en el bosque, Śāntideva propone dos meditaciones encadenadas. La primera, la igualdad entre uno mismo y los demás (parātmasamatā), parte de una constatación: todos desean la dicha y rehúyen el dolor por igual, y el dolor ajeno no es menos dolor por no ser mío. Si no hay un yo sustancial que sea dueño del sufrimiento, la preferencia por el propio carece de fundamento. La segunda, el intercambio (parātmaparivartana), invierte la perspectiva: considerarse «otro» y tratar a los demás como uno mismo, hasta mirar con envidia, rivalidad y orgullo desde el lugar del prójimo hacia el propio yo. La tradición tibetana hizo de este capítulo el origen del entrenamiento mental (lojong) y de la práctica de tonglen. Los filósofos occidentales han discutido si el argumento es una forma temprana de imparcialidad consecuencialista.

  • Dedicatoria del mérito (pariṇāmanā)parinamana

    El décimo capítulo transfiere todo el bien acumulado al escribir el poema a los seres: que los enfermos sanen, que los ciegos vean, que los que viajan lleguen, que los infiernos se enfríen. Es una lista que crece hasta abarcar el cosmos y que culmina en el deseo de permanecer en el mundo «mientras dure el espacio» para aliviar su dolor. Doctrinalmente expresa la idea mahāyāna de que el mérito no es propiedad del practicante, sino algo que puede y debe darse. En la recensión de Dunhuang se conserva incluso en un manuscrito aparte (IOL Tib J 630), lo que indica que se recitaba de manera independiente, como sigue haciéndose hoy en las comunidades tibetanas.

  • Atención y vigilancia (smṛti y saṃprajanya)smrti-samprajanya

    El capítulo quinto, «la guarda de la vigilancia», sostiene que todos los peligros y todas las virtudes proceden de la mente, y que basta guardar la mente para guardarlo todo: no se puede cubrir de cuero la tierra entera, pero con el cuero de las sandalias es como si se hubiera cubierto. Las dos facultades que guardan la mente son la atención (smṛti), que retiene el objeto y los preceptos, y la vigilancia o introspección (saṃprajanya), que examina una y otra vez el estado del cuerpo y de la mente. El capítulo desciende a reglas de conducta muy concretas —cómo sentarse, cómo mirar, cómo hablar— y es aquí donde el autor remite al lector al Śikṣāsamuccaya y al Sūtrasamuccaya para conocer las normas del bodhisattva.

Annie Besant
  • Los cuerpos del hombrebodies-of-man

    Besant tradujo los siete «principios» de Blavatsky a un lenguaje de vehículos o cuerpos: físico (con su doble etérico), astral o de deseos, mental inferior y causal, y los principios espirituales buddhi y atma. Cada cuerpo está hecho de la materia de un plano, sirve de instrumento a la conciencia en ese plano y se purifica por la alimentación, la emoción y el pensamiento. Durante el sueño la conciencia actúa en el cuerpo astral; en la muerte abandona sucesivamente los vehículos inferiores; el cuerpo causal es el que persiste de vida en vida y acumula lo aprendido. La exposición de Man and His Bodies y The Ancient Wisdom, más clara que la de Blavatsky, es la que pasó a la cultura popular como «aura» y «cuerpos sutiles».

  • Home Rule: autogobierno como deber espiritualhome-rule

    Besant fundió su teosofía con el nacionalismo indio: la India era para ella la guardiana de la sabiduría antigua, y su regeneración política, una condición del renacimiento espiritual del mundo. De ahí su programa —educación nacional (Central Hindu College), orgullo por el hinduismo, reformas sociales graduales y autogobierno dentro del Imperio al modo de los dominios— y su rechazo tanto del colonialismo como de la ruptura violenta. La Home Rule League (1916) popularizó la reivindicación en inglés y en lenguas vernáculas y preparó el terreno a Gandhi, con quien Besant chocó por su desconfianza hacia la movilización de masas. Los historiadores la sitúan entre los «moderados» del Congreso y señalan su papel en la entrada de las mujeres en la política india.

  • Karma como ley naturalkarma-besant

    Para Besant el karma no es un castigo sino la ley de causa y efecto operando en los mundos del deseo y del pensamiento con la misma regularidad que la gravedad en el físico. Distingue el karma maduro (el que se cosecha en esta vida), el acumulado y el que se está sembrando; el individual del colectivo (familiar, nacional, racial); y subraya que la ley es condición de libertad, porque permite prever y construir. Pensar es sembrar; la caridad, la gratitud y el perdón modifican las causas en marcha. Su tratamiento, más ético que metafísico, hizo de la doctrina una pedagogía de la responsabilidad adoptada después por movimientos muy distintos.

  • Los Misterios Menores y el Cristo místicolesser-mysteries

    En Esoteric Christianity Besant sostiene que toda religión viva tiene un lado oculto y que el cristianismo primitivo poseía unos «Misterios de Jesús», de los que hablan Clemente de Alejandría y Orígenes, perdidos cuando la Iglesia se hizo popular. Propone leer el Evangelio en tres niveles: el Jesús histórico, un maestro nacido en Palestina en el siglo I a. C. (fecha que toma de la tradición talmúdica y de Blavatsky), el Cristo mítico, drama del Sol que muere y renace en el solsticio de invierno, y el Cristo místico, el nacimiento del principio divino en el corazón del discípulo, con sus etapas —natividad, bautismo, transfiguración, pasión, resurrección— como iniciaciones. Desde ahí reinterpreta la expiación como ley del sacrificio, la Trinidad como estructura de la conciencia y los sacramentos como operaciones reales sobre los cuerpos sutiles. El libro es la matriz del cristianismo esotérico del siglo XX y de la Iglesia Católica Liberal (1916).

  • El sendero del discipuladopath-of-discipleship

    Besant sistematizó la idea teosófica de que la evolución humana puede acelerarse mediante un camino consciente, en etapas: el «atrio exterior», donde el aspirante purifica la vida, controla el pensamiento y construye el carácter; el periodo de prueba bajo un Maestro; la aceptación; y las grandes iniciaciones, cuyo modelo es la vida de Cristo y cuyo término es el adepto o jivanmukta. Las cualificaciones son las cuatro del Vedanta —discernimiento, desapego, las seis virtudes mentales y el deseo de liberación—, leídas con la Gita y la Voz del silencio. El sendero exige servicio, no retiro: el discípulo trabaja en el mundo por la fraternidad. Esta doctrina estructuró la Escuela Esotérica, la Orden de la Estrella y buena parte de la espiritualidad del siglo XX (Bailey, Steiner), y es la que Krishnamurti negó en 1929 al declarar que la verdad no tiene caminos.

  • Formas de pensamientothought-forms

    Según Besant y Leadbeater, cada pensamiento y cada emoción producen dos efectos en la materia sutil que rodea a la persona: una vibración que irradia y tiende a reproducir el mismo estado en otras mentes, y una «forma» que se desprende, con color, figura y nitidez determinados por la cualidad, la naturaleza y la precisión del pensamiento. El amor devoto produce formas azules; la cólera, rojos dentados; la ambición, naranjas; los pensamientos vagos, nubes informes. Las formas dirigidas a otra persona viajan hasta ella; las egoístas rondan a su autor y lo influyen. De ahí se deriva una ética de la higiene mental —pensar con claridad y benevolencia es un acto que afecta a los demás— y una explicación teosófica de la plegaria y de la influencia de la música. La doctrina, sin base empírica, tuvo una fortuna inesperada en el arte: las láminas de Thought-Forms son uno de los antecedentes documentados de la pintura abstracta.

  • El poder del pensamientothought-power-concept

    Besant sostiene que el pensamiento es la fuerza creadora del carácter y del destino: lo que se piensa de forma repetida se convierte en hábito, el hábito en carácter y el carácter en karma. Su método es una disciplina de la atención: elegir un objeto, mantener la mente en él, volver sin violencia cuando se distrae, y utilizar la meditación matinal para «construir» una cualidad deseada —paciencia, valor— imaginándola con intensidad. Distingue memoria, concentración y meditación como grados de un mismo entrenamiento, y advierte contra los «ejercicios psíquicos» que buscan poderes antes que virtudes. El libro Thought Power, traducido a decenas de lenguas, anticipa en dos décadas el «pensamiento positivo» del Nuevo Pensamiento y en un siglo la literatura de la atención plena.

  • El Instructor del Mundo y la Orden de la Estrellaworld-teacher

    A partir de 1909 Besant anunció la próxima venida de un «Instructor del Mundo» —el Bodhisattva Maitreya de la tradición budista, el Cristo que habría usado el cuerpo de Jesús— que tomaría como vehículo a Jiddu Krishnamurti. La Orden de la Estrella de Oriente (1911), con decenas de miles de miembros en su apogeo, revistas, campamentos en Ommen y una sede en Ojai, se creó para preparar ese advenimiento. La doctrina implicaba una concepción cíclica de la revelación, con un mismo Instructor apareciendo en cada era, y una lectura progresista del milenarismo, estudiada por Catherine Wessinger: la nueva era vendría con educación, cooperación y una «sexta subraza». La expectativa provocó la salida de Steiner, críticas dentro de la Sociedad y, en 1929, la disolución de la Orden por el propio Krishnamurti. Es el capítulo más discutido del legado de Besant.

Ramakrishna
  • Brahman y Shakti: la Madrebrahman-y-shakti

    Para Ramakrishna, el Brahman inmóvil de los vedantinos y la Shakti, la energía divina que crea, conserva y destruye, no son dos realidades sino una sola considerada en reposo o en actividad, como la serpiente quieta y la serpiente que se mueve, o el fuego y su poder de quemar. A esa realidad activa la llamaba Madre y la adoraba como Kali en el templo de Dakshineswar. De ahí su resistencia a la idea de que el mundo sea pura ilusión: lo que el advaita llama maya es también el juego (lila) de la Madre, y quien la conoce no huye del mundo, sino que lo ve habitado por ella. Esta identificación permitió a Ramakrishna mantener a la vez la devoción a una diosa con forma y la experiencia del Absoluto sin forma, y es una de las claves para entender su lenguaje, lleno de imágenes maternas y de petición infantil.

  • Tantas creencias, tantos caminosjato-mat-tato-path

    La fórmula bengalí yato mat, tato path —tantas opiniones, tantos caminos— resume la enseñanza más citada de Ramakrishna. No sostiene que todas las doctrinas digan lo mismo, sino que cada una, practicada con sinceridad y ardor, conduce a la misma realidad divina, como los distintos peldaños de los ghats llevan al agua del mismo estanque. Ramakrishna la apoyaba en su propia biografía —decía haber llegado a Dios por el tantra, la devoción vaishnava, el advaita, el islam y el cristianismo— y la ilustraba con parábolas: el camaleón que cambia de color, los ciegos y el elefante, el agua que unos llaman jal y otros pani. Al mismo tiempo insistía en que cada cual debe aferrarse a su propio camino y no mezclar prácticas, y criticaba el sectarismo que pretende poseer en exclusiva la verdad. Vivekananda convirtió esta idea en programa ante el Parlamento de las Religiones de 1893, y desde entonces es el núcleo del universalismo hindú moderno.

  • «La mujer y el oro» (kamini-kanchana)kamini-kanchana

    Kamini-kanchana, literalmente «mujer y oro», es la expresión con que Ramakrishna designaba los dos grandes apegos que, a su juicio, apartan al ser humano de Dios: el deseo sexual y el dinero. La repite sin cesar en el Kathamrita, a veces con ejemplos durísimos. Él mismo practicó una aversión literal al dinero —contaba que no podía tocar una moneda sin sentir dolor— y vivió un matrimonio sin vida conyugal. Con todo, no exigía a los devotos casados que abandonaran a su familia: les pedía vivir en el mundo como la criada que cuida de la casa del amo sabiendo que no es suya. Para los monjes jóvenes, en cambio, la renuncia debía ser completa. La fórmula, dirigida a un auditorio masculino, ha sido criticada por su misoginia; los intérpretes de la Orden la traducen como «lujuria y codicia» y subrayan que Ramakrishna veneraba a las mujeres como formas de la Madre.

  • Samadhi y bhavasamadhi

    Los testigos describen a Ramakrishna entrando con frecuencia en estados de absorción en los que el cuerpo quedaba rígido, los ojos fijos y la respiración casi detenida; a veces bastaba una canción, una palabra o la vista de un niño. La tradición distingue el bhava samadhi, en el que el devoto conserva una relación con la forma divina, y el nirvikalpa samadhi, absorción sin forma ni distinción entre sujeto y objeto, que Ramakrishna habría alcanzado con Totapuri. Él mismo describía cómo, al subir la energía por los centros del cuerpo, desaparecía el habla, y decía que podía contar lo que veía solo hasta cierto punto. La primera fotografía que se conserva de él, de 1879, lo muestra en uno de esos estados, sostenido por su sobrino Hriday. Los médicos y periodistas de su tiempo los atribuyeron a la histeria o la epilepsia; los discípulos, a la santidad.

  • Servir a los seres como a Shivashiva-jnane-jiva-seva

    Según el relato de Saradananda, un día de 1884, mientras se hablaba en Dakshineswar de la compasión vaishnava hacia todas las criaturas, Ramakrishna entró en éxtasis y corrigió: ¿compasión? ¿Quién eres tú para tener compasión? No compasión, sino servicio al ser humano como manifestación de Shiva (shiva jnane jiva seva). Narendranath, que estaba presente, dijo al salir que había oído algo extraordinario: que la devoción y el conocimiento podían llevarse a la vida diaria sirviendo a Dios en los seres. Años después Vivekananda hizo de esa frase el fundamento de la Misión Ramakrishna, que une la vida monástica con los hospitales, las escuelas y el socorro en catástrofes. Es, por tanto, una enseñanza conocida a través de la lectura de su discípulo más influyente.

  • Vijnana: conocer a Dios en todovijnana

    Ramakrishna distinguía entre el jnani, que por el camino de la negación («esto no, esto no») llega al Brahman sin forma y deja atrás el mundo, y el vijnani, que después de esa experiencia vuelve y reconoce que el mismo Brahman se ha hecho el universo y todos los seres. Lo explicaba con la imagen de quien sube por una escalera al tejado y descubre que los peldaños están hechos del mismo ladrillo y argamasa que el tejado. El vijnani ve a la vez lo absoluto (nitya) y su juego en el mundo (lila), y por eso puede seguir amando, sirviendo y adorando sin caer en la ilusión. Ramakrishna se presentaba a sí mismo como alguien a quien la Madre había mantenido en ese estado intermedio, «en el umbral», para enseñar a los demás. Es la noción que mejor explica cómo un místico del samadhi sin forma pudo ser, al mismo tiempo, un devoto de imágenes.

Thich Nhat Hanh
  • Budismo comprometidobudismo-comprometido

    Expresión acuñada en 1967 en Vietnam: Lotus in a Sea of Fire, aunque la idea —đạo Phật đi vào cuộc đời, «el budismo entra en la vida»— ya articulaba sus ensayos vietnamitas de 1964. Nace de una pregunta concreta: cuando caen bombas sobre la aldea, ¿sigue uno meditando en el templo o sale a ayudar? Su respuesta es que la disyuntiva es falsa: meditar y actuar son un solo movimiento, y la calma del que medita es lo único que impide que la acción reproduzca la violencia que pretende curar. Lo encarnó en la Escuela de Juventud para el Servicio Social (1964), un cuerpo neutral de voluntarios que reconstruía aldeas sin tomar partido, y en los catorce preceptos de la Orden del Interser (1966), que incluyen no evitar el contacto con el sufrimiento y no acumular riqueza mientras millones pasan hambre. Pagó con treinta y nueve años de exilio la negativa a alinearse con ninguno de los dos bandos. El término ha dado nombre a un movimiento internacional (Sulak Sivaraksa, Bernie Glassman, la Buddhist Peace Fellowship) y a programas académicos; en su uso original designaba menos una corriente que una obligación.

  • Atención plena (chánh niệm, mindfulness)chanh-niem

    Traducción del pali sati y del sánscrito smṛti —el séptimo factor del óctuple sendero— que él convirtió en el eje de toda su enseñanza y, con El milagro de mindfulness (1975), en palabra corriente del inglés. No la entiende como técnica de concentración ni como relajación, sino como la energía de estar presente a lo que ocurre, dentro y fuera, en el momento en que ocurre: respirar sabiendo que se respira, caminar sabiendo que se camina, lavar los platos para lavar los platos. Su fuente canónica es el Sutra de los cuatro establecimientos de la atención (cuerpo, sensaciones, mente, objetos mentales), que tradujo y comentó en Transformation and Healing, y el Ānāpānasati, los dieciséis ejercicios de respiración consciente. Dos rasgos lo distinguen de las versiones clínicas posteriores: la atención plena es inseparable de la ética (los cinco entrenamientos) y de la comunidad (la sangha), y su propósito no es rendir mejor sino tocar la vida y transformar el sufrimiento. Las formas que creó —la campana que detiene la actividad, la meditación caminando, las gathas para cada gesto— son maneras de hacerla cotidiana.

  • Los cinco entrenamientos en atención plenacinco-entrenamientos

    Reformulación de los cinco preceptos laicos del budismo (no matar, no robar, no cometer mala conducta sexual, no mentir, no intoxicarse) como «entrenamientos» positivos y no como prohibiciones: reverencia por la vida, generosidad verdadera, amor verdadero, habla amorosa y escucha profunda, y consumo consciente. Cada uno se formula como una toma de conciencia del sufrimiento que causa su violación y un compromiso de cultivar lo contrario; el quinto, en particular, amplía la noción de intoxicación a lo que se consume por los ojos y los oídos —noticias, películas, conversaciones— y es una de las primeras formulaciones budistas de una ética de los medios. Quien los recibe en una ceremonia de transmisión entra formalmente en la comunidad de práctica de Plum Village; los catorce entrenamientos de la Orden del Interser son su versión ampliada para miembros comprometidos. Su propósito es que la atención plena no quede en técnica: sin ética, dice, la atención puede servir al francotirador tanto como al monje.

  • Conciencia-depósito y las semillas (tàng thức)conciencia-deposito

    Adaptación pedagógica de la psicología Yogācāra o Vijñaptimātra (Vasubandhu, Xuanzang), que estudió y enseñó en la Universidad Vạn Hạnh. La conciencia tiene dos niveles: la conciencia mental, donde las cosas se manifiestan, y la conciencia-depósito (ālaya-vijñāna), un sótano donde yacen como semillas todas las formaciones mentales —ira, miedo, celos, alegría, compasión— heredadas de los antepasados y sembradas por la experiencia. Cada vez que una semilla se manifiesta, se riega y se fortalece. La práctica consiste, por tanto, en «regar selectivamente»: evitar el consumo que riega las semillas de violencia, cultivar lo que riega las de alegría y, cuando una formación dolorosa sube al nivel mental, acogerla con atención plena como una madre toma en brazos al niño que llora, sin reprimirla ni dejarse arrastrar. Es el fundamento teórico de su enseñanza sobre la ira, sobre la reconciliación con los padres («tu padre está en cada célula de tu cuerpo») y sobre la transformación «en la base». Lo expuso en cincuenta versos propios en Understanding Our Mind.

  • Escucha profunda y habla amorosaescucha-profunda

    Desarrollo del cuarto entrenamiento (habla correcta) en una práctica de dos caras. La escucha profunda —que él asocia con Avalokiteśvara, el bodhisattva «que escucha los gritos del mundo»— consiste en escuchar con el único propósito de aliviar el sufrimiento del otro, sin interrumpir, corregir ni juzgar durante ese tiempo, aunque lo que se oiga esté lleno de percepciones erróneas; la corrección vendrá después, en otro momento. El habla amorosa es la contrapartida: decir toda la verdad, pero de manera que el otro pueda recibirla. Formuló ambas como instrumentos políticos y no solo íntimos: las propuso a parlamentarios estadounidenses, a israelíes y palestinos en Plum Village y a policías, convencido de que el terrorismo y la guerra nacen de percepciones erróneas que solo la escucha puede desmontar. En la pareja las concretó en los «cuatro mantras» («Querido, estoy aquí para ti»…) y en el «tratado de paz» que ambos firman para cuando surja la ira. Es la práctica a la que dedicó su entrevista más vista, con Oprah Winfrey en 2010.

  • Interser (tiếp hiện)interser

    Neologismo con el que tradujo al inglés —y luego a todas las lenguas— la enseñanza del surgimiento condicionado (pratītyasamutpāda) y la vacuidad (śūnyatā) tal como las lee el Avataṃsaka y el Sutra del Corazón. Nada posee existencia separada: una hoja de papel «inter-es» con la nube que dio la lluvia, el árbol, el leñador, el sol y el trigo que el leñador desayunó. Decir que algo está «vacío» no es decir que no existe, sino que está vacío de un yo independiente y, por eso mismo, lleno de todo lo demás. El término vietnamita tiếp hiện, que da nombre a su orden, combina «continuar» (tiếp) y «hacer presente, realizar» (hiện): el interser no es solo una tesis metafísica sino un programa de acción, porque si yo soy también el otro, su sufrimiento es el mío. De aquí deriva el poema de los «verdaderos nombres» y su ética de la no-dualidad entre víctima y verdugo. Es su aportación conceptual más reconocible y la que más ha permeado el vocabulario contemporáneo del budismo occidental y de la ecología.

  • No-nacimiento, no-muerte (continuación)no-nacimiento-no-muerte

    Lectura de la enseñanza del Sutra del Corazón («no nacido, no destruido») con una imagen que usó durante cuarenta años: la nube no muere al convertirse en lluvia, cambia de forma; la hoja de papel que se quema continúa como calor, ceniza y humo. Nacimiento y muerte son nociones útiles en la «dimensión histórica» pero no alcanzan la «dimensión última», donde nada viene de la nada ni se convierte en nada. De aquí su preferencia por la palabra «continuación» frente a «renacimiento» o «inmortalidad»: lo que somos sigue en nuestras acciones, palabras y pensamientos, en los hijos, en los discípulos, en quien lee. La enseñanza está desarrollada en No Death, No Fear (2002) y encarnada en la anécdota de la estupa que no quiso: «No estoy ahí dentro; tampoco ahí fuera». Conecta con la contemplación de la impermanencia como fuente de posibilidad —si nada fuera impermanente, una semilla no podría hacerse flor— y con su manera de dar consuelo en el duelo, que fue una parte importante de su enseñanza en Occidente.

David R. Hawkins
  • Calibración por prueba muscularcalibration-muscle-testing

    Procedimiento con el que Hawkins afirmaba medir la verdad. Toma la kinesiología aplicada, sistema de diagnóstico creado en 1964 por el quiropráctico George Goodheart y difundido por John Diamond, y la convierte en detector universal: una persona extiende el brazo, otra lo presiona mientras se enuncia una afirmación, y la resistencia o la debilidad del músculo indicaría si la afirmación es verdadera o falsa, o qué nivel alcanza en su escala. Hawkins sostenía que funciona porque la mente individual está conectada con un campo de consciencia que lo sabe todo, y que solo es fiable si los participantes y su intención están por encima de 200. Las pruebas no le dan la razón. La revisión de Hall y colaboradores (2008) no halló pruebas de que la kinesiología aplicada tenga valor diagnóstico; un ensayo aleatorizado doble ciego de 2014 obtuvo aciertos equivalentes al azar; y los estudios de Jensen y colaboradores (2016), que registran cierta capacidad para distinguir frases verdaderas de falsas en condiciones controladas, la sitúan muy lejos de la infalibilidad que él atribuía al método. Los críticos explican las demostraciones públicas por el efecto ideomotor. La cláusula del umbral de 200 vuelve la teoría irrefutable: cualquier fallo puede atribuirse al nivel de quien prueba.

  • No dualidad devocionaldevotional-nonduality

    Nombre que dio en 2003 a su propia vía espiritual. Une dos corrientes que a menudo se presentan como opuestas: la no dualidad del advaita vedanta y del zen, según la cual el yo separado es una ilusión y la realidad última es una sola, y la devoción a un Dios personal propia de la mística cristiana y de la bhakti. En la práctica propone entregar a Dios, momento a momento, cada pensamiento, deseo, opinión y apego, con humildad y sin buscar resultados, hasta que la identificación con el yo personal se disuelve y queda solo la Presencia. Insiste en la integridad, la bondad hacia todo lo que vive y la oración, y desaconseja seguir a maestros que reclamen dinero, poder o devoción para sí. Presenta su propia experiencia como prueba de que esa vía conduce a la iluminación, afirmación que, por su naturaleza, no puede verificarse.

  • Dejar ir (la entrega)letting-go-surrender

    Técnica que expuso por extenso en Letting Go (2012), aunque la venía enseñando desde décadas antes. Consiste en tomar conciencia de un sentimiento, permitir que aflore, quedarse con él sin juzgarlo, sin resistirse ni actuar, y dejar que siga su curso hasta agotarse; cuando aparecen pensamientos, se los deja pasar y se vuelve a la sensación. Para Hawkins, los pensamientos son racionalizaciones de emociones acumuladas, de modo que soltar la emoción disuelve centenares de pensamientos de una vez. Distingue este proceso de la represión, la expresión descontrolada y la evasión, y lo aplica a la ansiedad, la culpa, el deseo, las relaciones o la salud. Tiene parentesco evidente con prácticas contemporáneas de aceptación y atención plena y con métodos de liberación emocional como el de Lester Levenson, y es la parte de su enseñanza que puede practicarse sin adherirse a la escala de niveles; su eficacia, como la de otras técnicas de autoayuda, no se ha evaluado en estudios específicos.

  • Mapa de la conscienciamap-of-consciousness

    Escala que Hawkins presentó en Power vs. Force (1995) y desarrolló en todos sus libros posteriores. Ordena las actitudes y estados humanos en una escala logarítmica del 1 al 1000: vergüenza (20), culpa (30), apatía (50), pena (75), miedo (100), deseo (125), ira (150), orgullo (175), coraje (200), neutralidad (250), buena disposición (310), aceptación (350), razón (400), amor (500), alegría (540), paz (600) e iluminación (700–1000). Cada nivel tendría una emoción dominante, una visión de Dios y de la vida y un «campo de energía» propio; el umbral de 200 marcaría el paso de la fuerza al poder, de lo destructivo a lo que sostiene la vida. Según el autor, los valores se obtienen «calibrando» con la prueba muscular, y por eso asignó cifras a personas, libros, obras de arte o naciones. Debe leerse como una tipología moral y espiritual propuesta por él: como descripción de actitudes es intuitiva y muchos lectores la encuentran útil, pero sus cifras no proceden de ninguna medición reproducible, la escala no ha sido validada por estudios independientes y la denominación «mapa probado» de algunas ediciones es una fórmula comercial. El Institute for Spiritual Research la registró como marca (Map of Consciousness®) y restringe la reproducción de sus tablas.

  • Poder y fuerzapower-and-force

    Distinción que da título a su libro más conocido. La fuerza es la imposición: necesita justificación, se dirige contra algo, genera una contrafuerza y acaba agotándose; la asocia con el orgullo, la ira, la manipulación y la coacción. El poder es la capacidad que procede de principios verdaderos —dignidad, libertad, compasión, integridad— y que no necesita oponerse a nada, del mismo modo que un campo gravitatorio no empuja. Hawkins ilustra la distinción con Gandhi frente al Imperio británico, con los grandes estadistas frente a los tiranos y con la publicidad o el deporte. Más allá de su anclaje en la calibración, la idea pertenece a una larga tradición ética —la no violencia, el wu wei taoísta, la autoridad moral frente a la coerción— y es la parte de su obra que más ha circulado fuera de los círculos espirituales, en el liderazgo y la gestión.

Emanuel Swedenborg
  • Caridad, usos y libertadcaridad-y-usos

    Contra la justificación por la sola fe, Swedenborg afirma que la fe separada de la caridad no salva: toda religión es de la vida, y la vida de la religión es hacer el bien. La caridad no es tanto la limosna como el «uso»: cumplir con fidelidad, justicia y competencia el propio oficio, porque así se sirve al prójimo, a la patria y a la Iglesia. El camino es huir de los males como pecados contra Dios, siguiendo el Decálogo, y en esa lucha el hombre debe actuar en libertad y según la razón: la providencia nunca fuerza, ni siquiera con milagros, porque lo que se impone no se hace propio. De ahí su insistencia en que la vida que conduce al cielo no es la del asceta, sino la del ciudadano honrado. Este moralismo activo, alejado de la mística de la renuncia, explica en parte su atractivo para lectores protestantes ilustrados.

  • Correspondenciascorrespondencias

    La doctrina de las correspondencias es la clave de toda la obra teológica de Swedenborg. Todo lo natural existe a partir de lo espiritual como un efecto de su causa, y por eso cada cosa del mundo visible «corresponde» a una realidad del mundo espiritual: el sol al amor divino, la luz a la sabiduría, el agua a la verdad, la piedra a la verdad en su forma más externa, el corazón a la voluntad y los pulmones al entendimiento. No es una alegoría inventada por el lector, sino una relación real de causa a efecto. De ahí se sigue su método exegético: la Escritura está escrita íntegramente por correspondencias, de modo que bajo la letra de cada versículo hay un sentido espiritual y otro celeste, que los Arcana Coelestia y el Apocalipsis revelado despliegan uno por uno. La idea, que formuló por primera vez en el Regnum animale (1744) y en la Clavis hieroglyphica, tiene raíces neoplatónicas y herméticas y pasó a Baudelaire, que tituló así un soneto de Las flores del mal.

  • Un solo Dios, el Señor (la Trinidad en una persona)dios-hombre

    Swedenborg rechaza la doctrina de tres personas divinas, que atribuye al concilio de Nicea y al Credo atanasiano, y sostiene que Dios es uno en esencia y en persona: el Señor Jesucristo. En Él la Trinidad existe como en el hombre existen el alma, el cuerpo y la acción: el Padre es lo divino en sí, el Hijo es lo humano divino que el Señor glorificó al vencer las tentaciones, y el Espíritu Santo es lo divino que procede. La encarnación no fue el envío de una segunda persona, sino la venida de Dios mismo en forma humana para restablecer el equilibrio entre el cielo y el infierno. Esta cristología, expuesta en la Doctrina sobre el Señor y en La verdadera religión cristiana, es la que lo separa más nítidamente de las Iglesias de su tiempo y la que provocó el proceso de Gotemburgo.

  • El juicio final de 1757 y la nueva Iglesiajuicio-final-y-nueva-iglesia

    Swedenborg afirmó que el juicio final anunciado en el Apocalipsis no consistiría en la destrucción del mundo visible, sino que había tenido lugar en el mundo de los espíritus en 1757, y que él había sido testigo. La Iglesia cristiana, al separar la fe de la caridad y dividir a Dios en tres personas, había llegado a su «consumación», y los espíritus que se habían acumulado con apariencia de piedad fueron juzgados y ordenados. Tras ese juicio el Señor realizó su segunda venida, no en persona sino mediante la revelación del sentido interno de la Palabra, y fundó una «nueva Iglesia», la nueva Jerusalén del Apocalipsis. Swedenborg no organizó comunidad alguna; fueron sus lectores quienes, a partir de 1787, crearon en Inglaterra la Iglesia de la Nueva Jerusalén, que se extendió después a Estados Unidos y a otros países.

  • El Gran Hombre (Maximus Homo)maximus-homo

    Para Swedenborg el cielo entero, tomado en su conjunto, tiene forma humana: es el «Gran Hombre». Cada sociedad angélica ocupa en él el lugar de un órgano o de una función —unas pertenecen a la región del corazón, otras a los ojos, al cerebro o a la piel— y todas juntas forman ante el Señor una sola figura. La razón es que el Señor mismo es el Hombre divino, y todo lo que procede de Él tiende a la forma humana. De ahí deriva la idea, expuesta en la Sabiduría angélica, de que en todos los cielos no se piensa a Dios sino como Hombre. El concepto une la anatomía de su etapa científica —en los Arcana dedica cientos de números a la correspondencia de cada órgano con una sociedad celeste— y la teología de su madurez, y ha sido leído como una de las formulaciones más audaces del antropomorfismo místico occidental.

  • Mundo de los espíritus y amor dominantemundo-de-los-espiritus

    Entre el cielo y el infierno Swedenborg sitúa un «mundo de los espíritus» al que todos llegan inmediatamente después de la muerte, con su cuerpo espiritual, sus sentidos y su memoria. Allí pasan por estados sucesivos en los que se va despojando lo exterior y aparece lo que cada cual es por dentro, su «amor dominante». Nadie es juzgado desde fuera: cada espíritu se dirige por sí mismo hacia la sociedad cuyo amor es semejante al suyo, de modo que el infierno lo eligen quienes prefieren el amor de sí y del mundo. El hombre, dice, después de la muerte es su propio amor o su propia voluntad. La doctrina, expuesta en Del cielo y del infierno, sustituye la imagen de un tribunal por la de una revelación de la propia naturaleza y explica su enorme influencia en la literatura del más allá y en la espiritualidad moderna.

Teresa de Ávila
  • El castillo interior y las siete moradascastillo-interior

    En 1577 Teresa propone considerar el alma «como un castillo todo de un diamante o muy claro cristal, adonde hay muchos aposentos». La imagen organiza la vida espiritual en siete moradas concéntricas por las que el alma avanza hacia el centro, donde habita Dios. Las tres primeras corresponden a la vida ascética ordinaria: entrar en sí (oración), vencer el pecado, ordenar la vida. En la cuarta aparece lo «sobrenatural»: los «gustos» que Dios da y que no pueden procurarse, frente a los «contentos» que nacen del esfuerzo propio; es la morada del recogimiento infuso y de la quietud, ilustrada con la imagen de los dos pilones, uno llenado por arcaduces y otro por un manantial. La quinta es la unión, comparada con el gusano de seda que muere para volverse mariposa. La sexta, la más larga, describe los desposorios espirituales y sus pruebas: persecuciones, enfermedades, arrobamientos, visiones, heridas de amor. La séptima es el matrimonio espiritual: una presencia estable de la Trinidad en el centro del alma que no quita la vida activa, sino que la funda: «para esto es la oración, hijas mías; de esto sirve este matrimonio espiritual: de que nazcan siempre obras, obras». El esquema fue adoptado por la teología mística posterior como mapa canónico del itinerario.

  • Los grados de oración: las cuatro aguascuatro-aguas

    En Vida 11–22 Teresa compara al principiante con quien ha de regar un huerto recién plantado y distingue cuatro maneras de traer el agua. La primera, sacar agua del pozo a brazo: la meditación discursiva, trabajosa y a menudo seca. La segunda, con noria y arcaduces: la oración de quietud, donde la voluntad queda cautiva y el entendimiento aún se agita. La tercera, con agua de río o arroyo que corre: un «sueño de las potencias» en que casi todo lo hace Dios. La cuarta, la lluvia: la unión, en la que el alma no hace nada y lo recibe todo. La alegoría tiene un rasgo decisivo: el agua es siempre la misma y el huerto es siempre del Señor; lo que cambia es la proporción entre trabajo propio y don. Con ella Teresa logró describir estados que la teología de su tiempo conocía solo en latín, y lo hizo con la imagen más cotidiana para una castellana: el riego.

  • La determinada determinacióndeterminada-determinacion

    «Importa mucho, y el todo, una grande y muy determinada determinación de no parar hasta llegar a ella, venga lo que viniere, suceda lo que sucediere, trabájese lo que se trabajare, murmure quien murmurare» (Camino 21,2). La redundancia es deliberada: Teresa quiere nombrar un acto de la voluntad que no depende del sentimiento ni de los resultados. En su antropología espiritual, la voluntad es la potencia decisiva —el entendimiento se distrae, la memoria divaga— y la vida de oración se sostiene sobre una decisión renovada más que sobre un método. El concepto se opone a la espiritualidad de la «tibieza» que ella diagnostica en su propia juventud y en muchas monjas, y conecta con su insistencia en la «ánima varonil», es decir, en una fortaleza que no reconoce diferencia de sexos.

  • La Humanidad de Cristo como caminohumanidad-de-cristo

    En el capítulo 22 de la Vida Teresa toma partido en una polémica de su tiempo: ciertos libros enseñaban que el contemplativo avanzado debía apartar de sí toda imagen corpórea, incluida la Humanidad de Cristo, para quedarse en la pura divinidad. Ella confiesa haberlo intentado y lo llama «traición»: «veo yo claro… que por esta puerta hemos de entrar, si queremos nos muestre la soberana Majestad secretos grandes». Para Teresa, el Cristo de los evangelios —el que se sienta junto a nosotros, el de la Pasión, el que se representa «dentro de sí»— no es un escalón que se abandona, sino la compañía permanente de la oración en todos sus grados, hasta el matrimonio espiritual. Esta opción cristológica la distingue de corrientes neoplatonizantes y de ciertas lecturas de la mística renana, y explica el carácter concreto, afectivo y narrativo de su mística.

  • La humildad como andar en verdadhumildad-andar-en-verdad

    En las Moradas sextas (10,7) Teresa se pregunta por qué Dios es «tan amigo» de la humildad y responde: «porque Dios es suma Verdad, y la humildad es andar en verdad». La definición rompe con la humildad entendida como autodesprecio o como apocamiento, que ella combate expresamente («la humildad falsa»), y la vincula al conocimiento propio: saber lo que uno es, lo que tiene de suyo (nada) y lo que ha recibido. El conocimiento propio es, en su esquema, la «morada» que acompaña a todas las demás, y se obtiene no mirándose a sí mismo sino mirando a Dios, como se ve lo negro junto a lo blanco. De ahí que la humildad teresiana sea compatible con la audacia: una mujer que funda diecisiete conventos y escribe tratados de oración puede llamarse «ruin» sin contradicción, porque lo que afirma no es su pequeñez sino la verdad de su dependencia.

  • La oración como trato de amistadoracion-como-amistad

    Teresa define la oración mental, en Vida 8,5, como «tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama». La definición desplaza el centro de la oración desde la técnica (métodos, consideraciones, puntos de meditación) hacia la relación: orar es estar con alguien, y ese alguien ama primero. De ahí se siguen varias consecuencias que recorren toda su obra: que la oración no exige grandes pensamientos («no está la cosa en pensar mucho, sino en amar mucho»); que la fidelidad al tiempo de oración es más importante que su sabor; que la amistad con Dios se verifica en la amistad con los demás; y que la dejación de la oración —que ella confiesa haber practicado durante más de un año— es la ruina de la vida espiritual. La imagen de la amistad tiene raíces en Aristóteles y en Tomás de Aquino, pero Teresa la convierte en experiencia narrable y en criterio de discernimiento: lo que no acerca al amigo no viene del amigo.

Nāgārjuna
  • El tetralema (catuṣkoṭi)catuskoti

    Forma de análisis que examina las cuatro posiciones posibles sobre una cuestión: que algo es, que no es, que es y no es, y que ni es ni no es. Ya aparece en los sermones antiguos en las preguntas que el Buda dejó sin responder, como si el Tathāgata existe tras la muerte. Nāgārjuna la usa sistemáticamente —desde la primera estrofa, que niega que las cosas surjan de sí, de otro, de ambos o sin causa— para mostrar que ninguna posición resiste el análisis si se presupone la naturaleza propia de sus términos. Los intérpretes discuten si las cuatro negaciones violan la lógica clásica o si niegan, más bien, una presuposición común a las cuatro alternativas.

  • Las dos verdades (satyadvaya)dos-verdades

    La enseñanza de los budas, dicen las Estrofas (24.8–24.10), se apoya en dos verdades: la convencional (saṃvṛti), la del mundo, el lenguaje y la práctica, y la última (paramārtha), que es la vacuidad de toda naturaleza propia. No son dos mundos, sino dos maneras de considerar lo mismo; la última no puede enseñarse sin apoyarse en la convencional, y sin alcanzar la última no se logra el nirvāṇa. Quien no entiende la distinción no entiende el profundo sentido de la enseñanza. La doctrina permitió al Madhyamaka afirmar a la vez que nada tiene naturaleza propia y que las acciones, la ética y el camino funcionan plenamente en el plano convencional. Los comentaristas posteriores discutieron con intensidad cómo se relacionan ambas verdades.

  • Nirvāṇa y saṃsāranirvana-samsara

    El capítulo 25 de las Estrofas examina el nirvāṇa y concluye que no es ni existente, ni inexistente, ni ambas cosas, ni ninguna; que es simplemente el apaciguamiento de toda percepción y de la proliferación conceptual, y que el Buda no enseñó doctrina alguna en ninguna parte a nadie. Afirma también que nada distingue al saṃsāra del nirvāṇa: el límite de uno es el límite del otro (25.19–20). No quiere decir que el ciclo del sufrimiento sea ya la liberación, sino que ambos carecen igualmente de naturaleza propia, y que el nirvāṇa no es un lugar o un estado aparte, sino el cese de la manera errónea de captar el mundo. La fórmula tuvo enorme influencia en el budismo de Asia oriental y en el zen.

  • Origen dependiente (pratītyasamutpāda)pratityasamutpada

    Es la enseñanza que el propio Buda, según la dedicatoria de las Estrofas, expuso como apaciguamiento de la proliferación conceptual. En el budismo antiguo designaba sobre todo la cadena de doce eslabones que explica el renacimiento y el sufrimiento; Nāgārjuna la generaliza a toda relación de dependencia —causal, entre partes y todo, entre un concepto y su opuesto— y la convierte en el criterio de lo real. Que algo exista en dependencia excluye que tenga naturaleza propia, y la dedicatoria lo describe con ocho negaciones: sin cesación ni surgimiento, sin aniquilación ni permanencia, sin unidad ni multiplicidad, sin llegada ni partida. Las Estrofas del corazón del origen dependiente resumen la versión clásica de los doce eslabones desde esta perspectiva.

  • No sostener tesis (apratijñā)sin-tesis

    En la Vigrahavyāvartanī (29), ante la objeción de que su afirmación «todo es vacío» se refuta a sí misma, Nāgārjuna responde que él no sostiene tesis alguna y que, por eso, no hay defecto en él. La frase ha recibido lecturas muy distintas: un escepticismo que suspende el juicio, como el de Sexto Empírico; una crítica de las presuposiciones metafísicas del lenguaje; o la declaración de que no afirma ninguna tesis sobre la naturaleza última, aunque use proposiciones en el plano convencional. De esta cuestión nació la división entre quienes, como Bhāviveka, construían argumentos propios (Svātantrika) y quienes, como Buddhapālita y Candrakīrti, se limitaban a mostrar las consecuencias absurdas de las tesis ajenas (Prāsaṅgika).

  • Vacuidad (śūnyatā)sunyata

    Para Nāgārjuna, decir que algo es vacío significa que carece de naturaleza propia (svabhāva), no que no exista. Todo lo que surge lo hace en dependencia de causas y condiciones, de sus partes y de la designación conceptual que lo recorta; nada, por tanto, existe por sí mismo y desde sí mismo. La vacuidad es así la otra cara del origen dependiente, y por eso la estrofa 24.18 identifica ambos con el camino medio. Lejos de destruir el mundo, la vacuidad lo hace posible: si las cosas tuvieran naturaleza propia serían inmutables, y no habría causalidad, ni sufrimiento, ni camino, ni liberación (24.20–24.40). La vacuidad es también vacía: no es una sustancia última ni una nada absoluta, y hacer de ella una opinión es un error incurable (13.8).

  • Naturaleza propia (svabhāva) y su ausenciasvabhava

    Svabhāva —literalmente «ser propio»— es la naturaleza que una cosa tendría por sí misma, independientemente de causas, partes y designaciones, y que la haría ser lo que es. Las escuelas del Abhidharma usaban el término para los factores últimos (dharma) en que analizaban la experiencia. El capítulo 15 de las Estrofas argumenta que la noción es incoherente: una naturaleza propia no puede ser producida, porque lo producido depende de otro, ni puede cambiar, porque dejaría de ser propia; y sin naturaleza propia tampoco hay «naturaleza ajena», ni existencia ni inexistencia en sentido fuerte. La ausencia de naturaleza propia (niḥsvabhāvatā) es lo que el Madhyamaka llama vacuidad. Westerhoff distingue en Nāgārjuna un sentido ontológico (esencia independiente) y otro cognitivo (lo que proyectamos sobre las cosas).

Catalina de Siena
  • La celda del conocimiento de sícelda-del-conocimiento-de-si

    El Diálogo comienza con un alma «habituada a habitar en la celda del conocimiento de sí». Para Catalina, que no podía tener una celda conventual, la celda es interior y se lleva consigo a la calle, al hospital o a la corte papal. Ese conocimiento tiene dos caras inseparables: conocerse como criatura que «no es» por sí misma, lo que engendra humildad y odio al amor propio desordenado; y conocer en sí la bondad de Dios, que la ha creado y redimido, lo que engendra amor. Separadas, la primera lleva a la desesperación y la segunda a la presunción; juntas, son el fundamento de todas las virtudes. «Tú eres la que no es; yo soy el que soy», le habría dicho Cristo según Raimundo. El tema, de raíz agustiniana y dominicana, da a su mística un carácter práctico: la contemplación no aparta de los demás, porque la caridad hacia el prójimo es la prueba de que el conocimiento ha sido verdadero.

  • El cuerpo místico y la reforma de la Iglesiacuerpo-mistico

    Catalina llama a la Iglesia «cuerpo místico de la santa Iglesia» y distingue en ella el tesoro —la sangre de Cristo y los sacramentos, siempre santos— de los ministros que lo administran, a menudo indignos. Esa distinción le permite ser a la vez durísima con el clero —en el Diálogo describe con crudeza la simonía, la avaricia y la lujuria de malos pastores— y absolutamente fiel al papa y a la institución: no se debe desobedecer al ministro malo, sino pedir a Dios y al papa su reforma. Por eso exige a Gregorio XI que vuelva a Roma, que elija buenos pastores y que empiece por arrancar «las flores hediondas» del jardín de la Iglesia, y por eso, en el cisma, defiende a Urbano VI. La reforma, para ella, empieza en la conversión de cada uno y se extiende a la cabeza.

  • La doctrina de las lágrimasdoctrina-de-las-lagrimas

    En una sección del Diálogo Catalina distingue cinco clases de lágrimas que corresponden a cinco estados del alma: las de los condenados, nacidas del temor por el castigo; las de quienes empiezan a dejar el pecado por miedo; las de quienes comienzan a amar a Dios con un amor todavía imperfecto; las de los que aman perfectamente al prójimo; y las «lágrimas dulces» de los perfectos, unidos a Dios. Añade unas lágrimas de fuego, sin agua, propias de quien desea llorar y no puede, que el Espíritu Santo acoge igualmente. La clasificación convierte la afectividad religiosa en criterio de discernimiento: lo que importa no son las lágrimas, sino de qué amor nacen.

  • Cristo, puenteel-puente

    La imagen central del Diálogo: tras el pecado de Adán, el camino entre el cielo y la tierra quedó roto y un río tempestoso —el mundo— arrastra a quien intenta cruzarlo; Dios ha tendido como puente a su Hijo, que une la naturaleza divina y la humana. El puente tiene tres escalones, que son los pies clavados, el costado abierto y la boca de Cristo, y corresponden a tres estados del alma: el temor servil que abandona el pecado, el amor todavía mercenario que descubre el corazón de Cristo y el amor filial que alcanza la paz y se vuelve palabra. Está construido con las piedras de las virtudes, cementado con la sangre, cubierto por la misericordia, y en él hay una «tienda» donde se da el alimento del sacramento. Bajo el puente pasan los que eligen el río. La alegoría ordena toda la doctrina espiritual de Catalina como itinerario.

  • Dios, fuego y «loco de amor»fuego-de-amor

    Las páginas más líricas de Catalina describen a Dios como fuego y abismo de caridad y como un amante «loco» por su criatura: «¡Oh loco de amor! ¿No te bastó encarnarte, que quisiste además morir?». La locura de Dios es la desproporción de un amor que crea sin necesitar, que redime sin estar obligado y que se entrega hasta la muerte. El alma que lo conoce queda a su vez «ebria» y encendida, y ese fuego se convierte en celo por la salvación de los demás: de ahí la frase a Stefano Maconi sobre prender fuego a Italia. En las oraciones finales llega a decir que su propia naturaleza, conocida en la de Dios, es fuego. La imagen une la mística nupcial, la teología de la caridad y la acción pública.

  • La sangrela-sangre

    Pocas palabras aparecen tantas veces en Catalina como sangre. Sus cartas empiezan «en la sangre preciosa» de Cristo, la presenta como precio de la redención, como baño que limpia en el sacramento de la penitencia, como vino que embriaga y como llave que custodia el papa, «cristo en la tierra», y que abre a los fieles el cielo. La sangre une su mística y su política: porque la Iglesia administra la sangre, debe ser reformada, el papa debe estar en Roma y los cristianos no deben derramar la de sus hermanos. En la ejecución de Niccolò di Toldo y en su muerte, gritando «¡sangre, sangre!», la imagen se vuelve experiencia. Lejos de ser un gusto morboso, es para ella el signo concreto de un amor que se ha dado hasta el fondo.

Jiddu Krishnamurti
  • Conciencia sin elecciónchoiceless-awareness

    Krishnamurti llamó conciencia sin elección a un darse cuenta de lo que ocurre, fuera y dentro, sin escoger entre lo agradable y lo desagradable, sin condenar, justificar ni comparar. Elegir, en su análisis, ya es actuar desde el pasado: desde los gustos, los ideales y los miedos acumulados que forman el yo. Quien observa su envidia queriendo librarse de ella añade un conflicto más, porque el deseo de cambiar es otra forma de la misma envidia. La conciencia sin elección no es una técnica que se ejercita para obtener un resultado, ni una concentración que excluye lo que distrae; es una atención amplia y pasiva en la que los pensamientos y los sentimientos se ven surgir y desaparecer sin que nadie los dirija. Aldous Huxley, en su prólogo a The First and Last Freedom (1954), la presentó como el núcleo de la enseñanza y como la única meditación eficaz. Para Krishnamurti es a la vez la puerta del conocimiento de uno mismo y lo que él entendía por meditación, que no se separa de la vida corriente.

  • Condicionamiento y límites del pensamientoconditioning-and-thought

    Para Krishnamurti, toda conciencia humana está condicionada: por la nación, la religión, la clase, la educación, la familia y la experiencia acumulada. El instrumento con que pretendemos librarnos de ese condicionamiento, el pensamiento, es él mismo producto del pasado: respuesta de la memoria, conocimiento acumulado, siempre limitado y fragmentario. En el ámbito técnico el pensamiento es imprescindible; en el psicológico, en cambio, construye el yo, sus imágenes y sus divisiones —yo y tú, nosotros y ellos— y genera los conflictos que luego intenta resolver con más pensamiento. De ahí su insistencia en que ninguna ideología, reforma ni sistema puede cambiar al ser humano en profundidad, porque todos son obra del mismo instrumento limitado. Lo que propone no es un pensamiento mejor sino ver el movimiento del pensamiento tal como es, con una atención que no procede de él; en ese ver, decía, el pensamiento ocupa su lugar y deja de gobernar la vida psicológica. Con David Bohm exploró la idea como un problema del pensamiento como sistema, que produce efectos y luego no reconoce que los ha producido.

  • El observador es lo observadoobserver-is-the-observed

    Es quizá la fórmula más característica de Krishnamurti y la más difícil. Cuando alguien se observa —su ira, su miedo, sus celos— suele suponer que hay un observador estable, separado de lo observado, que puede juzgarlo, controlarlo o corregirlo. Krishnamurti sostiene que esa separación es ilusoria: el observador está hecho del mismo pasado, de las mismas imágenes, juicios y recuerdos que pretende examinar; es, en sus palabras de Freedom from the Known (1969), una imagen central formada por todas las demás. De esa división ficticia nace el conflicto interior: el yo que quiere dejar de tener miedo no es otra cosa que miedo. Cuando se ve, no como idea sino como hecho, que el observador es lo observado, cesa el esfuerzo de un fragmento por dominar a otro, y con él el conflicto. No se trata de identificarse con algo, aclara, sino de que desaparezca la distancia entre quien mira y lo mirado. La idea fue central en sus diálogos con David Bohm, que la relacionó con el problema de la fragmentación del pensamiento.

  • La verdad es una tierra sin caminospathless-land

    Es la tesis con la que Krishnamurti disolvió en 1929 la Orden de la Estrella y el principio que gobierna todo lo que dijo después. Si la verdad no tiene caminos, ninguna religión, secta, método, disciplina ni maestro puede conducir a ella, y cualquier organización que pretenda hacerlo convierte una comprensión viva en un credo muerto. De ahí se siguen varias consecuencias que él aplicó con rigor: rechazó el papel de Instructor del Mundo, devolvió las propiedades donadas, se negó a tener discípulos, a nombrar sucesores y a que nadie interpretara su enseñanza, y desconfió de las técnicas de meditación. La tesis no niega que haya algo que comprender; niega que pueda alcanzarse como se alcanza un destino, por acumulación de esfuerzos en el tiempo. Lo que queda, en su planteamiento, es la observación directa de uno mismo en la vida diaria, sin intermediarios. El propio Krishnamurti reconocía la paradoja de hablar durante sesenta años contra la autoridad de quien habla, y la resolvía pidiendo a sus oyentes que no le creyeran, sino que comprobaran por sí mismos.

  • El fin del tiempo psicológicopsychological-time

    Krishnamurti distinguía entre el tiempo cronológico, el del reloj, necesario para aprender una lengua o llegar a una cita, y el tiempo psicológico: el intervalo que el pensamiento abre entre lo que uno es y lo que quiere llegar a ser. Ese intervalo, decía, está hecho de ideas e ideales; es el «llegaré a ser mejor», «mañana dejaré de tener miedo», «con disciplina alcanzaré la paz». Su crítica es que ese tiempo no transforma nada: perpetúa el yo que proyecta su propia continuidad y es, por tanto, la raíz del miedo y del sufrimiento, que viven de recordar y de anticipar. Si el cambio psicológico no puede darse en el tiempo, solo puede darse ahora, en la percepción directa de lo que es; lo que él llamaba la mutación o el *insight*. En los diálogos con David Bohm reunidos en The Ending of Time (1985) llevó la cuestión al extremo: se preguntaron si la humanidad había tomado un camino equivocado al trasladar al mundo interior la lógica del progreso gradual que funciona en el exterior, y si el tiempo psicológico podía terminar por completo.

  • La mente religiosareligious-mind

    Pese a su rechazo de toda religión organizada, Krishnamurti no prescindió de la palabra religioso; la redefinió. La mente religiosa, escribió, es enteramente distinta de la mente que cree en la religión: no pertenece a ninguna confesión, no se apoya en creencias, ritos ni autoridades, y por eso no tiene miedo. No busca, porque buscar ya supone saber qué se quiere encontrar, y no experimenta con la verdad. Es una mente que ha comprendido su propio condicionamiento y vive en contacto con lo que es, en un silencio que no fabrica el pensamiento sino que surge de la atención. En ese estado situaba lo que llamaba lo sagrado, lo inconmensurable o «lo otro», que describió en sus cuadernos como una presencia que no puede invocarse ni conservarse. También la relacionaba con la acción: solo una mente así, decía, podía producir una revolución verdadera en la sociedad, porque no actúa desde la división. La noción enlaza su crítica de las religiones con lo que sus cuadernos describen como experiencia personal de lo sagrado.

  • Tú eres el mundoyou-are-the-world

    Krishnamurti insistió durante décadas en que el individuo no es una entidad aparte de la humanidad. Lo que cada cual llama su conciencia —sus miedos, su ambición, su violencia, su dolor, sus placeres— es en lo esencial la conciencia común de la especie, compartida por personas de cualquier país y época; la diferencia de contenidos particulares es superficial. Por eso la sociedad no es algo exterior que se pueda reformar desde fuera: es la proyección de lo que somos psicológicamente, y cada ser humano es responsable del estado del mundo, de cada guerra, por la agresividad de su propia vida. La conclusión no es la culpa ni la desesperanza, sino una forma de responsabilidad total que hace inútil la autocompasión y la espera de un salvador. De ahí también su distinción entre el individuo —la entidad local, pequeña y condicionada— y el ser humano, que se ocupa del sufrimiento entero del mundo. La transformación de uno mismo no es, en este planteamiento, un asunto privado, sino la única revolución que alcanza a la sociedad.

Paramahansa Yogananda
  • Conciencia crística y unidad de Krishna y Cristochrist-consciousness

    Yogananda distinguió entre Jesús, el hombre histórico, y la «conciencia crística», la inteligencia divina presente en toda la creación (el Kutastha Chaitanya de la tradición india). Jesús y Krishna serían dos encarnaciones plenas de esa conciencia, y sus enseñanzas —el Sermón de la Montaña y la Bhagavad Gita— dirían lo mismo. La «segunda venida» sería el nacimiento de esa conciencia en cada persona. En los altares de SRF figuran juntos Jesús, Krishna y los gurús del linaje. La tesis le permitió presentar el yoga a un público cristiano sin pedirle una conversión, y es una de las claves de su éxito norteamericano.

  • El mundo como película cósmicacosmic-motion-picture

    Para explicar la doctrina de maya, Yogananda recurrió a la imagen del cine: el universo es una película proyectada por el haz de luz divino; las imágenes de dolor y de alegría son reales para quien está absorto en la pantalla, pero no tocan la luz que las hace posibles. El sabio sigue viendo la película sin olvidar el proyector. La metáfora, que aparece en la Autobiografía y en muchas charlas, le sirvió para abordar el problema del mal y del sufrimiento sin negar su realidad en la experiencia, y para presentar la meditación como el gesto de volverse hacia la fuente de la luz.

  • Energización (Yogoda)energization

    Sistema de ejercicios que Yogananda ideó en 1916 y enseñó desde los años veinte bajo el nombre de «Yogoda»: tensar y relajar grupos de músculos con atención concentrada para atraer conscientemente energía vital al cuerpo a través de la médula oblonga, que él consideraba la «boca de Dios». La idea de fondo es que el cuerpo se sostiene ante todo por energía cósmica guiada por la voluntad, no solo por alimento y oxígeno. Los ejercicios siguen formando parte de la práctica de SRF y de Ananda. Historiadores como Anya Foxen lo sitúan en diálogo con la cultura física y el Nuevo Pensamiento de su tiempo.

  • El linaje de los gurús de SRFguru-parampara-srf

    Yogananda se presentó como último eslabón de una cadena de maestros: Mahavatar Babaji, figura inmortal del Himalaya conocida solo por relatos de sus discípulos; Lahiri Mahasaya (1828-1895), cabeza de familia de Benarés; Swami Sri Yukteswar (1855-1936), y él mismo. A esa línea añadió a Krishna y a Jesús como inspiradores. Declaró que después de él no habría otro gurú en la organización y que sus enseñanzas serían el gurú. La historicidad de Lahiri Mahasaya y Sri Yukteswar está documentada; la de Babaji descansa exclusivamente en testimonios del linaje.

  • Kriya yogakriya-yoga

    Técnica de meditación basada en el control de la energía vital a lo largo de la columna, que Yogananda presenta como una ciencia antigua revivida por Mahavatar Babaji y difundida por Lahiri Mahasaya desde 1861. En su descripción, el practicante hace circular mentalmente la corriente vital arriba y abajo por los centros de la columna; cada ciclo equivaldría a un año de evolución natural, de modo que la técnica «acelera» la liberación. Se enseña solo tras una preparación (las Lecciones) y mediante iniciación, y su contenido técnico no se publica. Yogananda la identifica con el pranayama de Patañjali y con el «sacrificio del aliento» de la Bhagavad Gita (IV, 29). Que la técnica proceda de la Antigüedad es una afirmación del linaje, no un dato histórico comprobado.

  • Autorrealizaciónself-realization

    Para Yogananda, la «autorrealización» es el conocimiento —en el cuerpo, la mente y el alma— de que uno es imagen de Dios y no una personalidad limitada. No es una creencia sino una experiencia que se alcanza mediante la meditación y que se reconoce por la paz y el gozo sin causa. El término le sirvió para traducir al inglés la idea vedántica de la realización del Ser (atman) evitando el vocabulario sectario, y dio nombre a su organización. Esa misma palabra estuvo en el centro del pleito de 1990: los tribunales no reconocieron a SRF la exclusiva sobre una expresión que designa una idea religiosa general.

Huineng
  • Transmisión del manto y linaje patriarcalchuanyi

    La idea de una cadena de patriarcas desde el Buda hasta Bodhidharma y, en China, de Bodhidharma a Huike, Sengcan, Daoxin, Hongren y Huineng, con un manto como prueba física de la transmisión, es el núcleo del relato. Shenhui la usó en 732 para deslegitimar a la escuela del norte; el Sūtra de la plataforma la reproduce con los versos de los seis patriarcas y, al mismo tiempo, declara que el manto ya no debe transmitirse. La crítica la considera una construcción del siglo VIII, modelada sobre la genealogía confuciana; su eficacia fue total: todos los linajes chan y zen posteriores, incluidos los de Dōgen y Hakuin, pasan por Huineng.

  • Unidad de meditación y sabiduría (dinghui)dinghui

    Frente a la secuencia clásica en la que la concentración (ding, samādhi) prepara la sabiduría (hui, prajñā), el Sūtra de la plataforma afirma que ambas son un solo cuerpo: la meditación es la sustancia de la sabiduría y la sabiduría es la función de la meditación, como la lámpara y su luz. Quien dice que primero se medita y luego surge la sabiduría, o al revés, introduce una dualidad en la enseñanza. De ahí la crítica a la meditación sentada que consiste en quedarse inmóvil o en contemplar la mente o la pureza: «sentarse» significa que la mente no se agita ante los objetos y «meditar», ver interiormente la inmovilidad de la propia naturaleza. Es la base doctrinal de la desconfianza chan hacia los métodos graduales.

  • Despertar súbito (dunwu)dunwu

    La doctrina con la que la escuela del sur se definió frente a la del norte sostiene que el despertar no se alcanza por acumulación de prácticas, sino de golpe, porque la naturaleza propia ya es pura y solo está velada por el error: basta con reconocerla. En el Sūtra de la plataforma la diferencia entre súbito y gradual no está en la verdad, que es una, sino en las personas, unas más lentas y otras más rápidas. La oposición la convirtió Shenhui en un arma: acusó a la escuela de Shenxiu de enseñar un camino gradual de limpieza del espejo, lo que McRae y otros han mostrado que era una caricatura. A partir del siglo IX la superioridad del despertar súbito se volvió doctrina común de todo el chan, y sigue en el centro de la escuela Rinzai japonesa, que tuvo en Hakuin a su gran reformador.

  • Ver la propia naturaleza (jianxing)jianxing

    El término que el Japón zen leerá como kenshō designa el reconocimiento directo de la naturaleza de buda en uno mismo. El Sūtra de la plataforma lo repite como fórmula del despertar —«ver la naturaleza y convertirse en buda»— y lo asocia a la ausencia de intermediarios: ni textos, ni ritos, ni grados. La expresión, ausente en el chan anterior con ese peso, se convirtió en la consigna de la escuela del sur; precisamente por ella Dōgen, en el siglo XIII, declaró apócrifo el sūtra, porque a su juicio separaba el despertar de la práctica. Hakuin, en cambio, hizo del kenshō el objetivo explícito del trabajo con los kōan.

  • Ausencia de pensamiento, de forma y de moradawunian

    El sermón resume su método en tres negaciones: la ausencia de pensamiento (wunian) como principio, la ausencia de forma (wuxiang) como sustancia y la ausencia de morada (wuzhu) como raíz. Ninguna significa suprimir la experiencia. Ausencia de pensamiento es «no pensar en medio del pensar»: los pensamientos surgen, pero la mente no se queda pegada a ellos; quien intenta no pensar nada, advierte el texto, cae en un error. Ausencia de forma es estar entre las formas sin quedar atrapado en ellas. Ausencia de morada es no detenerse en ningún momento de la experiencia, de modo que pasado, presente y futuro no se encadenen en una atadura. La fórmula, de raíz prajñāpāramitā y emparentada con el Sūtra del diamante, desplaza la práctica de la quietud a la libertad en medio de la actividad.

  • Preceptos sin forma (wuxiang jie)wuxiang-jie

    El título completo de la copia de Dunhuang dice que Huineng no solo predicó, sino que «confirió los preceptos sin forma». El sermón incluye una liturgia: refugio en los tres cuerpos del buda de la propia naturaleza, los cuatro grandes votos, un arrepentimiento sin forma y el triple refugio entendido como refugio en el despertar, la rectitud y la pureza de la propia mente. Para McRae y Yampolsky esta parte revela que el texto sirvió como manual de ordenación de laicos y como certificado de pertenencia al linaje: quien recibía el sūtra recibía la transmisión.

Marco Aurelio
  • La ciudadela interiorciudadela-interior

    La expresión procede de Meditaciones VIII 48: «una mente libre de pasiones es una ciudadela», el lugar en que el hombre se refugia y se vuelve inexpugnable. Marco llama a esa parte de sí mismo, con el vocabulario estoico, el *hegemonikón*, la facultad rectora: la razón que recibe las representaciones, las juzga, asiente o no a ellas y decide la acción. Nada exterior puede alcanzarla si ella no lo consiente, porque las cosas «no tocan el alma» (IV 3, V 19): lo que perturba es el juicio que hacemos sobre ellas. De ahí la invitación de IV 3 a «retirarse a uno mismo» en lugar de buscar el retiro en el campo o en la costa. No es un refugio para huir del mundo, sino el punto firme desde el que se puede actuar en él sin ser arrastrado.

  • La ciudad de Zeuscosmopolis

    Para Marco todos los seres racionales son conciudadanos de una misma ciudad, el cosmos, gobernada por la razón común. Si la inteligencia nos es común, también la razón que manda lo que hay que hacer, y por tanto la ley: somos miembros de una misma comunidad política (IV 4). De ahí que el que obra mal sea un pariente (II 1), que estemos hechos para colaborar «como los pies, las manos, los párpados» y que irritarse con otro sea ir contra la naturaleza. «El poeta dice: amada ciudad de Cécrope; ¿y tú no dirás: amada ciudad de Zeus?» (IV 23). Este cosmopolitismo convive en Marco con su papel de emperador de Roma: como Antonino, su ciudad y su patria es Roma; como hombre, el mundo (VI 44).

  • El río del tiempo y la muertefugacidad

    Pocas obras antiguas vuelven tanto sobre la muerte como las Meditaciones. «El tiempo es un río», escribe Marco (IV 43): cada cosa apenas aparece cuando ya es arrastrada. De la vida humana, el tiempo es un punto y la sustancia un flujo (II 17). La lección no es melancólica sino práctica: puesto que solo se vive el presente y solo el presente se puede perder (II 14), cada acción debe hacerse como si fuera la última (II 5), y la muerte, disolución natural de los elementos, no es un mal. Marco recuerda con frecuencia a los grandes hombres desaparecidos —Alejandro y su mulero acabaron en lo mismo (VI 24)— para quitar a la fama y al miedo su poder sobre él.

  • La mirada desde lo altomirada-desde-lo-alto

    Un ejercicio que Marco practica a menudo: contemplar los asuntos humanos como desde una gran altura, para verlos en su verdadera proporción. En VII 48 y IX 30 imagina las multitudes, los ejércitos, las bodas y los funerales, los mercados y los tribunales vistos desde arriba; en otros pasajes recorre la corte de Augusto o de Adriano, todos muertos, o recuerda que Asia y Europa son rincones del mundo y el presente un punto en la eternidad. El fin no es el desprecio, sino la liberación de la ansiedad y de la vanidad: la fama, la ofensa o la pérdida pierden su peso cuando se ven a la escala del todo. Al mismo tiempo, esta visión cósmica refuerza el sentido de pertenencia a una única comunidad de seres racionales.

  • ¿Providencia o átomos?providencia-o-atomos

    Una de las fórmulas más características de las Meditaciones es un dilema: o el mundo está ordenado por una providencia, o es un revoltijo de átomos que se juntan y se dispersan, como enseñaba Epicuro (IV 3; VI 10; IX 39; XII 14). Marco, estoico, se inclina por la providencia, pero razona que en ambos casos la conducta debe ser la misma: si hay providencia, hay que aceptar lo que dispone; si no la hay, al menos uno puede gobernarse a sí mismo con su razón y no inquietarse por lo que no depende de él. El dilema no expresa una duda escéptica, sino un ejercicio para comprobar que la serenidad y la justicia no dependen de resolver la cuestión metafísica.

  • Las tres disciplinastres-disciplinas

    Pierre Hadot mostró que muchas de las Meditaciones se ordenan según un esquema tomado de Epicteto: tres disciplinas que corresponden a las tres partes de la filosofía estoica. La disciplina del asentimiento, ligada a la lógica, consiste en no aceptar como verdadera ninguna representación sin examinarla y en describir las cosas tal como son, sin añadir juicios de valor. La disciplina del deseo, ligada a la física, consiste en querer lo que sucede según el orden del mundo y no desear lo que no depende de nosotros. La disciplina de la acción, ligada a la ética, consiste en obrar con justicia al servicio de la comunidad humana, con reserva —sabiendo que el resultado no depende solo de uno—. Marco las formula juntas en pasajes como VII 54 o IX 6: juicio objetivo, acción al servicio de los demás, aceptación de lo que llega.

Pierre Teilhard de Chardin
  • Ley de complejidad-concienciacomplejidad-conciencia

    Teilhard observa que, a lo largo de la historia del universo, la materia se organiza en unidades cada vez más complejas —átomos, moléculas, células, organismos, sistemas nerviosos— y que a cada aumento de complejidad organizada corresponde un aumento de interioridad o conciencia. Generaliza esta correlación como ley: la «ley de complejidad-conciencia», que convierte la evolución en un proceso dirigido, con un eje privilegiado (la cerebralización) que culmina en el ser humano. Para hacerla inteligible postula que todo tiene un «dentro», un grado de psiquismo proporcional a su complejidad. Biólogos como Medawar le reprocharon mezclar descripción y metafísica; para sus defensores, es una hipótesis de trabajo fecunda sobre la dirección de la evolución.

  • El Cristo cósmico y la cristogénesiscristo-cosmico

    A partir de los textos paulinos —Cristo en quien todo se sostiene, Dios «todo en todos»—, Teilhard concibe a Cristo no solo como redentor de los individuos, sino como centro orgánico del universo en evolución. La Encarnación inserta a Dios en la materia, y la historia cósmica, que es cosmogénesis, biogénesis y noogénesis, resulta ser en último término cristogénesis: la formación del Cristo total. Desde los ensayos de guerra («El Cristo en la materia») hasta Lo crístico, desarrolla esta idea como solución a lo que llamaba el problema de amar a la vez a Dios y al mundo. Sus críticos vieron en ella riesgo de panteísmo; él insistió en una «diferenciación» que preserva la trascendencia de Dios.

  • Hominización y umbral de la reflexiónhominizacion

    Teilhard llama hominización al paso de la vida al pensamiento: el momento en que un ser no solo sabe, sino que sabe que sabe. Lo concibe como un umbral, comparable a un cambio de estado en física, a la vez continuo con la evolución animal y cualitativamente nuevo. Con la reflexión aparecen la invención, la previsión y la capacidad de dirigir la propia evolución. Como paleontólogo, estudió el «grupo zoológico humano» y su estructura en abanico; como pensador, insistió en que el ser humano no es una anomalía en la naturaleza, sino la clave para leerla. La hominización continúa hoy en forma colectiva, en la socialización y la formación de la noosfera.

  • El medio divino: actividades y pasividadesmedio-divino

    En El medio divino Teilhard propone una espiritualidad para cristianos inmersos en el mundo. Dios no está lejos de la esfera tangible: espera en la acción y en la obra del momento. Todo trabajo humano, llevado hasta su perfección y ofrecido, colabora en la consumación del mundo en Cristo; es la «divinización de las actividades». Pero la mayor parte de la vida es lo que se padece: obstáculos, fracasos, enfermedad, vejez, muerte. Teilhard pide primero luchar contra el mal y, cuando ya no es posible, aceptar esas «pasividades de disminución» como comunión, porque también por ellas Dios puede tomar posesión de la persona. El «medio divino» es la presencia de Cristo que todo lo envuelve y en la que actividad y pasividad se unifican.

  • Noosferanoosfera

    Del griego *nous*, mente: la «esfera del pensamiento», una capa que, tras la geosfera y la biosfera, envuelve la Tierra con el surgimiento del ser humano reflexivo. Teilhard desarrolló el término en conversación con Édouard Le Roy en París en los años veinte, y el geoquímico ruso Vladímir Vernadski lo adoptó con un sentido más naturalista. Para Teilhard, la noosfera se densifica a medida que la humanidad, comprimida sobre la superficie cerrada del planeta, multiplica sus intercambios, su técnica y su investigación: la evolución prosigue así de forma colectiva y cultural. Muchos han visto en la idea una anticipación de la comunicación planetaria y de internet, aunque para él lo decisivo era el crecimiento de la conciencia y del amor, no la red técnica.

  • Punto Omegapunto-omega

    Si la evolución avanza hacia más conciencia y la humanidad converge sobre sí misma, Teilhard sostiene que ese movimiento exige un polo final de convergencia, al que llama Omega. No es un simple resultado futuro: para que la convergencia no disuelva a las personas en un colectivo, Omega debe ser ya personal, actual, autónomo e irreversible, y atraer desde delante. La unión que provoca diferencia en lugar de uniformar: «la unión diferencia». En el plano fenomenológico de El fenómeno humano, Omega es una extrapolación; en el epílogo y en los escritos religiosos, Teilhard lo identifica con Cristo resucitado. La noción ha influido en teólogos y en especulaciones posteriores, algunas muy alejadas de su intención.

Osho
  • La conciencia testigoconciencia-testigo

    Para Osho, el núcleo de toda meditación es la actitud de testigo (sakshi en la terminología hindú): observar los pensamientos, las emociones y las sensaciones sin identificarse con ellos, sin juzgarlos ni reprimirlos. No se trata de una técnica entre otras, sino del estado al que todas las técnicas deberían conducir y que puede mantenerse mientras se camina, se trabaja o se ama. El testigo no es otro pensamiento, sino la conciencia en la que los pensamientos aparecen y desaparecen. Osho tomaba la noción del vedanta, del budismo y de Gurdjieff —el recuerdo de sí— y la presentaba como lo común a todas las tradiciones que comentaba. Sus críticos han observado que esa insistencia en la conciencia individual convivía con una fuerte dependencia de la figura del maestro.

  • Del sexo a la superconscienciadel-sexo-a-la-superconsciencia

    Tesis de sus charlas de 1968 que le dio notoriedad: la energía sexual es la energía vital básica y su represión, impuesta por las religiones, no la anula sino que la desvía hacia la obsesión, la violencia o la neurosis. Vivida con plena conciencia, sin culpa ni avidez, la experiencia sexual ofrecería un primer atisbo de la ausencia de ego y del tiempo que caracteriza al samadhi; a partir de ahí, la energía podría transformarse y el deseo se apagaría por sí mismo. Osho vinculaba esta idea con el tantra, aunque los especialistas señalan que su versión, centrada en la liberación sexual, se aleja mucho de los sistemas tántricos históricos. Fue el origen del apodo «gurú del sexo» y de la imagen de sus comunidades en la prensa.

  • Meditación dinámicameditacion-dinamica

    Técnica presentada en 1970 que se ha convertido en la práctica emblemática del movimiento. Dura una hora y tiene cinco fases, cuatro de ellas con música: respiración rápida y caótica por la nariz; catarsis, en la que se deja salir sin control cualquier emoción —gritos, llanto, risa, movimientos—; saltos con los brazos en alto pronunciando el mantra «hu»; inmovilidad completa y silencio, en una actitud de testigo; y danza de celebración. Osho la justificaba en que el ser humano moderno acumula tal tensión física y emocional que no puede sentarse a meditar sin descargarla antes; la catarsis serviría para vaciar lo reprimido y la inmovilidad para observar. El método combina elementos del pranayama y del kundalini yoga con influencias de la psicología corporal de Wilhelm Reich y de las terapias del movimiento del potencial humano.

  • Neo-sannyasneo-sannyas

    Forma de iniciación que Osho creó en 1970 reinterpretando el sannyasa hindú, la renuncia ascética al mundo. Sus discípulos recibían un nombre nuevo, vestían durante años de color azafrán, después rojo y granate, y llevaban un mala de 108 cuentas con su retrato, pero no se les pedía celibato, pobreza ni abandono de la familia o la profesión: la renuncia debía ser interior, al ego y al condicionamiento, no exterior. Osho consideraba la iniciación un vínculo de confianza y de comunicación sin palabras entre maestro y discípulo. Los estudiosos han señalado que esta mezcla de compromiso intenso y vida en el mundo atrajo a miles de jóvenes occidentales de clase media y profesional, y que en Rajneeshpuram derivó hacia formas de control comunitario muy alejadas de esa libertad proclamada.

  • Silencio y comunión de corazón a corazónsilencio-y-comunion

    Entre mayo de 1981 y octubre de 1984 Osho dejó de hablar en público y anunció que entraba en la fase última de su trabajo, la comunicación sin palabras con sus discípulos. Al romper el silencio explicó que había querido apartar a quienes solo se aferraban a sus palabras y quedarse con los que podían estar con él aun callado. El periodo coincidió con la construcción de Rajneeshpuram, durante la cual la dirección efectiva de la comuna quedó en manos de Ma Anand Sheela, con quien era casi el único que hablaba. Por eso el silencio es también una clave de la controversia: él lo invocó para explicar su ignorancia de los delitos cometidos, mientras que sus críticos lo ven como el contexto en que se concentró un poder sin control.

  • Zorba el Budazorba-el-buda

    Imagen con la que Osho describía al «hombre nuevo» que quería formar: alguien que uniera la vitalidad sensual y la alegría de vivir del Zorba de Nikos Kazantzakis con la serenidad interior y la conciencia de Buda. Frente a las religiones que oponen espíritu y materia, sostenía que la riqueza, el placer, la ciencia y la tecnología no son obstáculos para la vida espiritual, y que la pobreza no tiene valor religioso. Ese hombre nuevo —término que aplicaba a hombres y mujeres— sería ajeno a la ambición, a la competencia y a las instituciones tradicionales como la familia, la nación o la iglesia. Hugh B. Urban ha leído este ideal como una espiritualidad perfectamente adaptada al capitalismo de consumo de finales del siglo XX; sus seguidores lo ven como una superación de la vieja división entre mundo y espíritu.

Ignacio de Loyola
  • Consolación y desolaciónconsolacion-y-desolacion

    Consolación es toda moción que inflama el alma en amor de su Creador, las lágrimas que mueven a ese amor y «todo aumento de esperanza, fe y caridad y toda leticia interna»; desolación es lo contrario: oscuridad, turbación, inclinación a lo bajo, inquietud, falta de fe, de esperanza y de amor ([316–317]). No coinciden con estar contento o triste en sentido psicológico: lo que importa es la dirección en que mueven. La regla más conocida dice que en tiempo de desolación nunca se debe hacer mudanza en las decisiones tomadas antes ([318]), porque entonces aconseja más el mal espíritu. Ignacio pide además actuar contra la desolación con más oración y examen, y prepararse en la consolación para la desolación que vendrá.

  • Contemplación imaginativa y composición de lugarcontemplacion-imaginativa

    Para meditar los misterios de la vida de Cristo, Ignacio propone «componer el lugar»: ver con la imaginación el sitio físico —el camino de Nazaret a Belén, la casa, el monte— y luego mirar a las personas, oír lo que dicen y considerar lo que hacen, «reflectiendo para sacar algún provecho». Al final del día recomienda la «aplicación de sentidos», que repasa la escena con la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto imaginativos ([121–126]). La intención no es fantasear, sino implicar a la persona entera para alcanzar «conocimiento interno» de Cristo, de modo que el afecto, y no solo el entendimiento, se oriente. La técnica, heredera de la *Vita Christi* de Ludolfo de Sajonia que leyó en Loyola, influyó en el arte y la oratoria del Barroco.

  • Discernimiento de espíritusdiscernimiento-de-espiritus

    Ignacio llama «mociones» a los movimientos interiores —pensamientos, afectos, gustos y desganas— y enseña a distinguir de dónde proceden y adónde llevan. Las reglas de la primera semana ([313–327]) sirven a quien empieza: el «mal espíritu» propone placeres aparentes a quien va de mal en peor y pone tristeza y obstáculos a quien se convierte, mientras el bueno actúa al revés. Las de la segunda semana ([328–336]), más sutiles, enseñan a desconfiar incluso de consolaciones que empiezan bien y terminan en algo menos bueno, examinando «el principio, medio y fin» de los pensamientos. El método nace de la experiencia de Loyola, cuando advirtió que unos pensamientos le dejaban seco y otros alegre. No es una técnica psicológica autónoma: supone una relación de oración y la ayuda de quien acompaña.

  • La elección y sus tres tiemposeleccion

    La elección es el centro de la segunda semana: decidir un estado de vida o reformar el propio, a la luz de la contemplación de Cristo. Ignacio distingue tres «tiempos» o modos de elegir ([175–188]). En el primero, Dios mueve la voluntad de tal manera que no cabe duda, como en las vocaciones de Pablo o Mateo. En el segundo, se llega a la claridad a través de la experiencia de consolaciones y desolaciones. En el tercero, en tiempo «tranquilo», se razona: se ponen por escrito ventajas e inconvenientes, se imagina a una persona desconocida a quien aconsejar, se piensa en qué se querría haber elegido en la hora de la muerte. La elección se ofrece luego a Dios para que la confirme. El Diario espiritual muestra a Ignacio aplicando estos tiempos durante meses a una cuestión de gobierno.

  • El examen de concienciaexamen

    Los Ejercicios proponen dos exámenes diarios. El particular ([24–31]) se centra en un solo defecto o virtud y lleva una cuenta, mañana y tarde, de su evolución. El general ([32–43]) recorre el día en cinco puntos: dar gracias por los beneficios recibidos, pedir luz para conocer las faltas, repasar hora por hora pensamientos, palabras y obras, pedir perdón y proponer enmienda. Ignacio lo consideraba tan importante que, según sus compañeros, dispensaba a los enfermos de otras oraciones pero no del examen. La pedagogía jesuita moderna lo ha reformulado como «examen de conciencia» o «examen consciente», con énfasis en reconocer la presencia de Dios en lo vivido más que en contabilizar culpas.

  • Magis y «en todo amar y servir»magis

    El adverbio «más» recorre los Ejercicios: elegir lo que «más» conduce al fin, desear «más» seguir a Cristo pobre. La tradición lo ha condensado en la palabra latina *magis* y en el lema *Ad maiorem Dei gloriam* (a la mayor gloria de Dios), que Ignacio usa con frecuencia en las Constituciones. Junto a ello está la fórmula final de la contemplación para alcanzar amor: «en todo amar y servir» ([233]), que Jerónimo Nadal, intérprete autorizado de Ignacio, resumió diciendo que era «contemplativo en la acción» y que sabía «hallar a Dios en todas las cosas». El *magis* no es activismo ni perfeccionismo: es el criterio comparativo que, una vez lograda la libertad interior, orienta hacia el mayor servicio posible en circunstancias concretas.

  • Principio y fundamento e indiferenciaprincipio-y-fundamento

    El Principio y fundamento ([23]) abre la primera semana de los Ejercicios: el ser humano es criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios, y las demás cosas son criadas para ayudarle en ese fin; de ahí se sigue que debe usarlas «tanto cuanto» le ayuden y apartarse de ellas «tanto cuanto» se lo impidan. La consecuencia práctica es la indiferencia: no querer de suyo más salud que enfermedad, riqueza que pobreza, honor que deshonor, vida larga que corta, sino desear y elegir solamente lo que más conduce al fin. No se trata de apatía estoica, sino de una libertad previa a la elección, que deja espacio para que el deseo más hondo —el «más» o *magis*— oriente la decisión. Toda la arquitectura de los Ejercicios presupone esta disposición.

Thomas Merton
  • Contemplacióncontemplacion

    Merton define la contemplación como la expresión más alta de la vida intelectual y espiritual del hombre: vida plenamente despierta, conciencia agradecida de que la vida, el ser y Dios son una realidad presente. No es, insiste, ni un trance, ni una emoción piadosa, ni el fruto de una técnica de concentración, ni un privilegio de místicos; tampoco es el pensamiento discursivo sobre Dios. Es un don, una intuición oscura y amorosa en la que el sujeto deja de verse a sí mismo como centro. Merton distingue una contemplación «infusa», que es pura gracia, de una disposición contemplativa que puede cultivarse en el silencio, la sencillez de vida, la liturgia y la lectura. Su gran aportación fue sacar la contemplación del monasterio: en Semillas y en La experiencia interior defiende que todo cristiano está llamado a ella y que se puede vivir en medio del trabajo y de la ciudad, siempre que se renuncie al afán de dominio.

  • Diálogo contemplativo entre religionesdialogo-contemplativo-interreligioso

    Merton fue uno de los pioneros del llamado diálogo intermonástico. Su posición, elaborada en Místicos y maestros zen, Zen y los pájaros del deseo y las conferencias de Calcuta y Bangkok, distingue con cuidado los planos: en el de las doctrinas y las instituciones las diferencias son reales y no deben disolverse en un sincretismo fácil; en el de la experiencia contemplativa, en cambio, el monje cristiano y el budista pueden reconocerse en una misma búsqueda de libertad interior y de transformación de la conciencia. Del zen le interesaba precisamente lo que no es doctrina: una manera de ver directa, sin conceptos interpuestos, que él aproximaba a la teología apofática cristiana y a la pobreza espiritual de Eckhart. En Calcuta resumió su convicción diciendo que la comunión más honda no se expresa en palabras: no descubrimos una unidad nueva, sino una unidad anterior que habíamos olvidado.

  • El «point vierge»le-point-vierge

    Merton tomó la expresión francesa point vierge («punto virgen») del islamólogo Louis Massignon, que la usaba al hablar de la experiencia mística sufí, y la convirtió en una de sus imágenes centrales. En Conjeturas de un espectador culpable describe un punto de nada en el centro del ser humano, intacto respecto del pecado y de la ilusión, un punto de verdad pura que pertenece enteramente a Dios y del que no disponemos. Ese punto es, dice, la firma de Dios en nosotros: la pobreza, la indigencia, la dependencia que nos constituye. No se alcanza por esfuerzo; se reconoce. Merton une la imagen al amanecer: el instante previo al alba en que los pájaros despiertan y piden permiso para existir. El concepto explica por qué la contemplación conduce a la compasión: si en cada persona hay un centro intacto, nadie es definitivamente ajeno ni definitivamente perdido.

  • No violenciano-violencia

    Desde 1961 Merton se convirtió en una de las voces católicas más claras contra la guerra nuclear y, después, contra la guerra de Vietnam. Su no violencia tiene un fundamento teológico antes que político: si cada persona es imagen de Dios y en cada una hay un centro intacto, la violencia es una forma de mentira sobre el otro. En Gandhi y la no violencia y Fe y violencia defiende que la no violencia no se legitima por su eficacia, sino por su verdad, y que exige humildad: quien la practica debe estar dispuesto a aprender del adversario y a no presentarse como puro. Denunció también la violencia estructural —el racismo, la pobreza— y la complicidad de los cristianos que bendicen la guerra. Sus escritos circularon entre el movimiento por la paz y la Fraternidad de la Reconciliación, y apoyó a objetores como Jim Forest y los hermanos Berrigan, aunque discrepó de algunas acciones que juzgaba demasiado espectaculares.

  • Soledadsoledad

    La soledad fue para Merton una vocación y un problema durante toda su vida: lo empujó a pensar en la Cartuja y en los camaldulenses, y desembocó en la ermita de 1965. En «Notes for a Philosophy of Solitude» (Disputed Questions) y en Pensamientos en la soledad distingue la soledad auténtica del aislamiento individualista: el solitario verdadero no huye de los demás ni se cree superior a ellos, sino que rechaza la «diversión» —en sentido pascaliano— y las identidades colectivas que la sociedad de masas impone. Esa renuncia lo coloca, paradójicamente, en una solidaridad más profunda con todos, porque comparte con ellos la indigencia radical ante Dios. Merton advierte también contra la soledad como evasión romántica: la ermita no es un refugio estético sino un lugar de pobreza, oración y trabajo.

  • Yo verdadero y yo falsoyo-verdadero-y-yo-falso

    Es la clave de toda la antropología espiritual de Merton, desarrollada sobre todo en Nuevas semillas de contemplación y en La experiencia interior. El yo falso es la identidad que construimos para existir ante los demás: hecha de éxitos, posesiones, placeres, prestigio y también de virtudes exhibidas. Merton lo llama a veces «yo exterior» o «yo empírico» y lo compara con una vestidura arrollada en torno a un vacío: cuanto más se la adorna, más evidente es que no hay nadie dentro. El pecado, en este lenguaje, no es tanto la transgresión de una norma como la decisión de vivir identificado con esa ficción. El yo verdadero, en cambio, no se fabrica: es la persona tal como Dios la conoce y la llama, el lugar donde coinciden identidad y vocación. Por eso Merton puede decir que para él ser santo significa ser él mismo. La contemplación es el proceso por el que el yo falso se desvanece y emerge el verdadero, que no es una sustancia aislada sino una relación: al encontrarse a sí mismo, el contemplativo encuentra a Dios y a los demás.

Juan de la Cruz
  • Contemplación infusa y las tres señalescontemplacion-infusa

    Juan distingue entre la meditación discursiva, que trabaja con imágenes y razonamientos, y la contemplación, «noticia amorosa general» que Dios infunde sin que el alma la produzca. Uno de sus aportes más influyentes en la dirección espiritual son las tres señales para saber cuándo hay que dejar la meditación: que el alma ya no puede discurrir ni saca gusto de ello; que no tiene ganas de fijar la imaginación en otras cosas; y, sobre todo, que gusta de estar a solas con atención amorosa a Dios, sin consideraciones particulares. Si se dan las tres, el director no debe obligar a volver a la meditación, porque estorbaría la obra de Dios: de ahí su dura crítica, en la Llama, a los maestros espirituales que, como herreros, solo saben martillar. La doctrina fue objeto de sospechas en la España inquisitorial, temerosa del quietismo y del alumbradismo, y explica parte de las precauciones de las primeras ediciones.

  • Las virtudes teologales como noche de las potenciasfe-esperanza-caridad

    Juan organiza la purificación del espíritu según una correspondencia precisa: la fe vacía el entendimiento, la esperanza la memoria y la caridad la voluntad. Cada potencia, apegada a sus objetos naturales —conceptos, recuerdos, afectos—, se hace capaz de Dios solo cuando las virtudes teologales la desnudan de ellos. La fe es «medio próximo» de la unión precisamente porque es oscura: no da a Dios en imágenes ni conceptos, sino tal como es, aunque sin verlo. De ahí la afirmación de Subida II,22 de que Dios, al darnos a su Hijo, «nos lo habló todo junto y de una vez en esta sola Palabra», y que pedir nuevas revelaciones sería agraviarle. La estructura, de raíz agustiniana y tomista, da al pensamiento sanjuanista una precisión casi sistemática que contrasta con la libertad de sus poemas, y ha permitido leerlo como teólogo además de como poeta.

  • Todo y nadanada

    En la cumbre del Montecillo dibujado para las monjas de Beas y en los versos de Subida I,13 Juan formula la paradoja central de su ascética: «para venir a serlo todo, no quieras ser algo en nada». La «nada» no es desprecio del mundo ni nihilismo, sino desasimiento del apetito: no son las cosas las que impiden la unión, sino el querer posesivo que se pega a ellas, incluso a los bienes espirituales —consolaciones, visiones, sentimientos—, que pueden ser el obstáculo más sutil. Por eso las sendas laterales del Monte, que buscan bienes de la tierra o del cielo, se pierden, y solo la senda central de la nada lleva a la cima. El «todo» que se alcanza no es una suma de bienes, sino Dios mismo, que no cabe en ningún apetito particular. La doctrina tiene paralelos en la pobreza de espíritu de la mística renana y en la vacuidad de otras tradiciones, pero en Juan va siempre unida al amor: el alma se vacía para que el Amado la llene.

  • La noche oscuranoche-oscura

    La «noche» es el nombre que Juan da a todo el proceso de purificación por el que el alma pasa del apego a las criaturas a la unión con Dios. Es noche por tres razones: por el punto de partida, que es la privación del gusto en las cosas; por el camino, que es la fe, oscura para el entendimiento; y por el término, que es Dios, tiniebla para el alma en esta vida. La Subida trata de la noche activa —lo que el alma hace— y la Noche, de la pasiva —lo que Dios hace en ella—; ambas tienen una fase del sentido y otra, más honda y dolorosa, del espíritu. En la noche del sentido el alma pierde el gusto de la meditación y no lo encuentra en nada creado: Juan da tres señales para discernir que no es tibieza sino el comienzo de la contemplación. En la del espíritu, la contemplación infusa ilumina tan intensamente que ciega, como el sol a los ojos débiles. La expresión ha pasado al lenguaje común como sinónimo de crisis o depresión, con un sentido más amplio que el suyo.

  • La unión transformanteunion-de-amor

    El término del camino es la unión del alma con Dios por amor, que Juan llama también matrimonio espiritual. No es una fusión de sustancias: el alma sigue siendo criatura, pero queda «Dios por participación», como el madero que, penetrado por el fuego, se vuelve fuego sin dejar de ser madero, o la vidriera que, atravesada por el sol, parece sol. En el Cántico la unión se describe con la imaginería nupcial del Cantar de los Cantares; en la Llama, desde dentro, como acción del Espíritu Santo que «hiere» el centro del alma y la hace respirar en Dios la misma aspiración de amor que el Padre y el Hijo. Juan distingue entre la unión habitual, que coincide con la conformidad de la voluntad humana con la divina, y los toques y llamas transitorios. Insiste en que lo decisivo no son los fenómenos extraordinarios, sino la transformación del amor; de ahí su desconfianza hacia las visiones.

Juliana de Norwich
  • La cortesía y la familiaridad de Dioscortesia-de-dios

    Juliana describe la relación de Dios con el alma con dos palabras del vocabulario social de su tiempo: Dios es «cortés» (courteous) y «familiar» (homely). La cortesía es la nobleza del gran señor que se hace cercano sin dejar de serlo; la familiaridad, la intimidad del que está en casa. En la sexta mostración ve a Dios como un señor que, en su casa, agradece a sus siervos su trabajo y los honra ante todos, con un gozo que no es condescendencia. Esta imagen corrige la del soberano lejano y temible y funda su invitación a rezar con confianza, como quien habla con alguien que desea ser buscado. La combinación de grandeza y cercanía —«es lo más alto y lo más familiar»— atraviesa todo el libro.

  • Un Dios sin iradios-sin-ira

    Uno de los rasgos más audaces del Texto largo es la afirmación de que Juliana no vio cólera en Dios: «vi verdaderamente que nuestro Señor nunca se airó ni se airará jamás, porque es Dios». La ira, explica, está en nosotros, como contrariedad a la paz y al amor; Dios no culpa, sino que mira con piedad. Juliana reconoce la tensión con la enseñanza de la Iglesia, que habla de la ira de Dios contra el pecado, y dedica largos capítulos (45–50) a sostener ambas cosas: el juicio de la Iglesia, que es verdadero para nuestra vida aquí, y el juicio superior de Dios, que solo ve en el alma la «sustancia» unida a él. La resolución llega con el ejemplo del señor y el siervo. Esta teología ha sido leída como una anticipación de las teologías modernas de la misericordia y ha suscitado también la pregunta de si roza el universalismo, que Juliana evita afirmar.

  • La maternidad de Cristo y de Diosmaternidad-de-cristo

    En los capítulos 58 a 63 del Texto largo Juliana desarrolla, con una amplitud sin precedentes, la imagen de Jesús como madre: «tan verdaderamente como Dios es nuestro Padre, tan verdaderamente Dios es nuestra Madre». La segunda persona de la Trinidad es madre de tres modos: en la creación de nuestra naturaleza, en la encarnación, por la que asume nuestra sensualidad, y en la obra de la gracia, por la que nos engendra a la vida nueva, nos alimenta con su cuerpo en la eucaristía como la madre da el pecho, y nos educa con paciencia, dejándonos caer a veces para que aprendamos. La imagen no era nueva —aparece en Anselmo, en Bernardo y en la espiritualidad cisterciense—, pero Juliana la convierte en estructura trinitaria. Desde finales del siglo XX ha sido central en la lectura feminista de su obra, aunque ella la presenta como una verdad sobre Dios y no como un programa.

  • El ejemplo del señor y el siervosenor-y-siervo

    En el capítulo 51 del Texto largo, el más extenso, Juliana narra una visión que había omitido en el primer relato porque no la entendía: un señor sentado en paz envía a su siervo a cumplir un encargo; el siervo sale corriendo por amor, cae en una hondonada y queda herido, sin poder levantarse ni ver el rostro de su señor, que lo mira con compasión y no con reproche. Casi veinte años de meditación le enseñaron a leer la escena en capas: el siervo es Adán, es decir, toda la humanidad, cuya caída nace de la buena voluntad y no de la rebeldía; y es también Cristo, que cae en el seno de María y en la muerte para levantar a Adán. Los detalles —el vestido del siervo, la tierra que labra como hortelano, el tesoro que debe buscar— reciben interpretación alegórica. La parábola es la clave de su teología: Dios ve al ser humano caído a través de Cristo, y por eso no hay ira en él.

  • Sustancia y sensualidadsustancia-y-sensualidad

    Juliana distingue en el alma dos dimensiones. La «sustancia» es la parte más alta, creada por Dios y unida a él desde siempre sin interrupción: en ella el alma «está en Dios» y nunca ha consentido al pecado. La «sensualidad» es el alma en cuanto unida al cuerpo y a la vida temporal, donde se dan la caída, el sufrimiento y el cambio. Cristo, al encarnarse, une ambas en sí y hace posible que el ser humano entero sea «hecho uno» (oned) con Dios. El concepto, cercano a la tradición del «fondo» del alma de la mística renana pero formulado de modo independiente, sostiene su afirmación de que en cada alma que se salva hay una voluntad que nunca consintió al pecado, y su esperanza de que la escisión interior del ser humano no es la última palabra.

  • «Todo irá bien»: el pecado convenientetodo-ira-bien

    En la decimotercera mostración Juliana pregunta por qué Dios, en su sabiduría, no impidió el pecado, que a su juicio todo lo habría dejado bien. La respuesta es la frase que la ha hecho célebre: «era conveniente (behovely) que hubiera pecado; pero todo irá bien, y todo irá bien, y toda clase de cosas irá bien». Behovely no significa que el pecado sea bueno ni deseable, sino que tiene un lugar en el designio divino: por él conocemos nuestra fragilidad y la grandeza del amor que repara. Juliana añade que el pecado «no tiene ninguna clase de sustancia» y que solo se conoce por el dolor que causa. Al mismo tiempo, se niega a sacar consecuencias que contradigan la doctrina de la Iglesia: afirma que hay una «gran obra» secreta que Dios hará el último día, por la que hará bien todo lo que no está bien, y que nos está oculta. De ahí su tono de confianza, que no niega el mal sino que lo sitúa dentro de un amor más grande.

Nikolái Berdiáyev
  • La creación como octavo díacreacion

    En «El sentido de la creación» (1916) Berdiáyev sostiene que la imagen de Dios en el hombre es, ante todo, su capacidad creadora. El cristianismo histórico se había centrado en la ley, que combate el pecado, y en la redención, que lo vence; pero falta una tercera revelación, la del hombre como creador, que continúa la obra de Dios en un «octavo día» de la creación. La creación no es redistribución de lo existente ni emanación, sino aparición de lo nuevo a partir de la libertad. Distingue así tres épocas —la de la Ley (el Padre), la de la Redención (el Hijo) y la de la Creación (el Espíritu)— en la línea de Joaquín de Fiore. Toda obra cultural, sin embargo, es ya una caída: el acto creador se enfría y se «objetiva» en productos; la verdadera creación aspira a la teurgia, a la transfiguración del mundo. De ahí su tensión entre genialidad y santidad, que ilustra con Pushkin y Serafín de Sarov, dos grandezas rusas incomparables.

  • La libertad increada (Ungrund)libertad-increada

    La tesis más característica y discutida de Berdiáyev es que la libertad no ha sido creada por Dios. Tomando de Jakob Böhme la noción de Ungrund —el «sin fondo», el abismo anterior a toda determinación—, pero desplazándola, sostiene que la libertad primordial está enraizada en la nada (el meón), fuera de Dios, y que de ella surgen tanto la posibilidad del bien como la del mal. Así se resuelve para él el problema de la teodicea: Dios no es el autor del mal ni un monarca que dispone de sus criaturas, sino un Dios que sufre con el hombre y espera su respuesta libre. La libertad es más originaria que el ser, que ya es determinación y objetivación. Teólogos ortodoxos, católicos y protestantes le reprocharon un dualismo gnóstico que limita la omnipotencia divina; Berdiáyev respondió en «Autoconocimiento» que su idea no implicaba un dualismo ontológico, que sería ya una racionalización del misterio. La idea atraviesa toda su obra, de «Filosofía de la libertad» (1911) a «Ensayo de metafísica escatológica» (1947).

  • La idea rusa y el mesianismo secularizadomesianismo-ruso

    Berdiáyev dedicó buena parte de su obra a interpretar el destino de Rusia. El alma rusa, polarizada entre extremos —anarquía y estatismo, humildad y orgullo, nacionalismo y universalismo—, tiene una vocación escatológica y comunitaria: busca el Reino de Dios, la verdad total, más que la cultura y el orden. Esa vocación se expresó en la idea de Moscú como Tercera Roma, se quebró con el cisma del siglo XVII y la reforma de Pedro, y reapareció transformada en la intelectualidad revolucionaria, que buscaba la salvación en la historia con una fe de tipo religioso. En «Las fuentes y el sentido del comunismo ruso» (1937) concluye que el bolchevismo es la deformación de esa idea: la Tercera Roma convertida en Tercera Internacional, una ortodoxia invertida con su dogma, su Iglesia y sus herejes. En «La idea rusa» (1946) rastrea la historia de esa vocación de Chaadáev a Soloviov y a su propia generación.

  • La nueva Edad Medianueva-edad-media

    En «Una nueva Edad Media» (1924) Berdiáyev propone una filosofía de la historia rítmica: hay épocas diurnas, racionales, críticas y seculares, y épocas nocturnas, orgánicas y sagradas. La modernidad iniciada en el Renacimiento fue un largo día en el que el hombre, emancipado de Dios, afirmó su autonomía; pero el humanismo ha agotado sus fuerzas y se vuelve contra el hombre, y el liberalismo, la democracia formal, el parlamentarismo y el individualismo pierden su sentido. Entramos en una nueva Edad Media, una «noche» en la que lo religioso vuelve al centro de la vida colectiva. Esa noche no es peor que el día: en ella brillan las estrellas y hay revelaciones que el día no conoce. Pero puede tomar forma cristiana o anticristiana: el comunismo y el fascismo son ya sacralidades invertidas. El libro fue leído en toda Europa como diagnóstico de la crisis de entreguerras.

  • Objetivaciónobjetivacion

    La objetivación es el proceso por el que el espíritu, que es libertad y vida personal, se exterioriza y se fija en objetos, conceptos, instituciones y normas, perdiendo su carácter vivo. Para Berdiáyev el conocimiento científico, el Estado, la sociedad, la Iglesia como institución y aun la moral de la ley son formas de objetivación: necesarias en el mundo caído, pero esclavizantes cuando se toman por la realidad última. El sujeto se convierte en objeto y queda condenado a la soledad, porque entre objetos sólo cabe comunicación, no comunión. La salida no es negar el mundo, sino vivir y conocer desde el sujeto existencial, en la relación de persona a persona, y esperar una transfiguración escatológica en la que el mundo objetivado termine. La noción, elaborada sobre todo en «El yo y el mundo de los objetos» (1934) y en «Ensayo de metafísica escatológica» (1947), lo acerca al existencialismo de Jaspers y de Marcel, a quienes trató en París.

  • Persona y personalismopersona

    Berdiáyev distingue entre el individuo, categoría biológica y sociológica que forma parte de la especie y de la sociedad, y la persona, categoría espiritual y religiosa, imagen de Dios, que no es parte de ningún todo. «El mundo entero no es nada comparado con la persona humana», escribe en «Esclavitud y libertad del hombre». La persona no está dada: es una tarea, se forja venciendo la esclavitud del ser, de la naturaleza, de la sociedad, de la nación, del Estado, de la revolución, del eros y del propio yo. Su personalismo es a la vez antiindividualista y anticolectivista: rechaza tanto el liberalismo burgués, que deja a la persona sola, como el comunismo y el fascismo, que la disuelven en la colectividad. Propuso un «socialismo personalista» fundado en la comunión. Su influencia en Emmanuel Mounier y en la revista «Esprit» fue directa y reconocida.

P. D. Ouspensky
  • El Cuarto Caminocuarto-camino

    Gurdjieff distinguía tres caminos tradicionales de desarrollo —el del faquir, que trabaja sobre el cuerpo; el del monje, sobre las emociones; y el del yogui, sobre la mente—, que exigen retirarse del mundo. El cuarto camino trabaja sobre los tres a la vez y en medio de la vida ordinaria, sin votos ni clausura, mediante la comprensión y el esfuerzo consciente. Ouspensky hizo de la expresión el nombre mismo de la enseñanza y desarrolló la idea de las «escuelas del Cuarto Camino», que aparecerían y desaparecerían a lo largo de la historia ligadas a un trabajo concreto. Sus grupos de Londres, Lyne Place y Nueva Jersey combinaban el estudio de las ideas con trabajo físico y doméstico compartido.

  • Los cuatro estados de concienciaestados-de-conciencia

    Ouspensky distingue cuatro estados posibles: el sueño nocturno; el llamado estado de vigilia, que en realidad es un sueño con los ojos abiertos; la conciencia de sí, en la que el hombre se ve a sí mismo y que solo aparece en destellos; y la conciencia objetiva, en la que vería las cosas tal como son. El error básico, sostiene, es creer que ya se posee el tercer estado. A cada estado le corresponden funciones distintas: las superiores trabajarían a través de «centros superiores» que están plenamente desarrollados en el hombre pero desconectados de su vida ordinaria. Toda la práctica del sistema se orienta a prolongar y estabilizar los momentos de conciencia de sí.

  • El eterno retorno y la cuarta dimensióneterno-retorno

    Antes de Gurdjieff, Ouspensky ya había construido una metafísica propia: el mundo tridimensional sería la sección de una realidad de más dimensiones, y el tiempo, la forma en que percibimos de manera imperfecta una dimensión superior del espacio. De ahí extrajo la posibilidad de que la vida entera se repita: el individuo volvería a vivir la misma existencia, con los mismos errores, salvo que un cambio de conciencia rompiera el ciclo. La extraña vida de Iván Osokin dramatiza la idea y Un nuevo modelo del universo le dedica un capítulo. Ouspensky sostuvo esta convicción hasta el final, aunque Gurdjieff le concedía poca importancia, y la distinguió de la reencarnación en el sentido teosófico.

  • El hombre-máquinahombre-maquina

    Tesis de partida de la enseñanza tal como la expone Ouspensky: el hombre, en su estado habitual, es una máquina movida por influencias externas; no «hace», sino que todo le «sucede», como a los pueblos les suceden las guerras y las revoluciones. Carece de un «yo» permanente: es una multitud de pequeños yoes que se suceden y se contradicen. Pero —y en ello insiste Psicología de la posible evolución del hombre— es una máquina muy peculiar, capaz de saber que es una máquina y, a partir de ese reconocimiento, de encontrar los medios para dejar de serlo. La observación de sí, sin juicio ni intento de cambiar lo observado, es el primer paso; la unidad interior y la voluntad real son el resultado, no el punto de partida.

  • El recuerdo de sírecuerdo-de-si

    Práctica central del sistema que Ouspensky aprendió de Gurdjieff y que él mismo situó en el centro de su enseñanza. Consiste en dividir la atención de modo que, al percibir lo que ocurre fuera —«estoy andando», «estoy mirando»—, la persona sea consciente a la vez de sí misma como quien percibe. Ouspensky relata en Fragmentos que, al intentarlo, descubrió que casi nunca lo conseguía y que la mayor parte de su vida transcurría sin ese segundo polo de la atención; de ahí la idea de que el hombre corriente vive en un «sueño de vigilia». Cuando lograba sostenerlo, experimentaba percepciones de una intensidad inusual. Insistió en que no debía confundirse con la apercepción de la psicología académica ni con la mera concentración, y en que no puede practicarse sin un esfuerzo continuo y sin las condiciones de una escuela.

G. I. Gurdjieff
  • El cuarto caminocuarto-camino

    Junto a las vías tradicionales del faquir (que trabaja sobre el cuerpo), el monje (sobre el sentimiento) y el yogui (sobre la mente), existiría un cuarto camino que trabaja los tres a la vez y no exige retirarse del mundo: la vida ordinaria, con sus fricciones, es su escenario. No tiene formas externas fijas; aparece y desaparece en torno a un maestro y a una escuela. El término lo usó Gurdjieff en Rusia según Ouspensky, pero fue Ouspensky quien lo convirtió en nombre de la enseñanza; Gurdjieff no lo empleó en sus libros y sus continuadores prefieren hablar del «trabajo».

  • El eneagramaeneagrama

    Figura de nueve puntos inscrita en un círculo que Gurdjieff presentó en Rusia como símbolo universal: un triángulo (la ley de tres) superpuesto a una figura de seis lados que sigue la secuencia periódica de 1/7 (la ley de siete). Servía para estudiar cualquier proceso completo y se usaba también como base de algunos Movimientos. Gurdjieff no lo empleó para clasificar tipos de personalidad: el «eneagrama de la personalidad» fue elaborado décadas después por Óscar Ichazo y Claudio Naranjo, y no debe confundirse con la enseñanza original.

  • La ley de tres y la ley de sieteley-de-tres-y-ley-de-siete

    Dos leyes cósmicas sostienen la cosmología de Gurdjieff. La ley de tres afirma que todo fenómeno resulta del encuentro de tres fuerzas: activa, pasiva y neutralizante; el hombre, decía, suele ser ciego a la tercera. La ley de siete, o de las octavas, describe cómo todo proceso avanza por siete etapas, como la escala musical, con dos intervalos en los que se desvía si no recibe un impulso exterior; por eso las intenciones humanas acaban en lo contrario de lo que se proponían. En Belcebú reciben nombres inventados: Triamazikamno y Heptaparaparshinokh.

  • Recuerdo de sírecuerdo-de-si

    El ejercicio central de la enseñanza. Consiste en dividir la atención: percibir a la vez el objeto que se mira y a uno mismo mirándolo, incluida la sensación del propio cuerpo. Ouspensky cuenta que, al intentarlo, descubrió que podía sostenerlo apenas unos instantes y que la mayor parte de su vida transcurría sin ese «yo» presente. Gurdjieff no lo planteaba como técnica de concentración sino como el primer peldaño de una conciencia de sí que el hombre se atribuye sin tenerla. En la etapa tardía, con Jeanne de Salzmann, el acento se desplazó hacia la sensación global del cuerpo como ancla de la presencia.

  • El sueño y el hombre-máquinasueno-y-mecanicidad

    Para Gurdjieff el ser humano ordinario es una máquina movida por influencias externas: piensa, siente y actúa por asociación y por hábito, y llama «voluntad» a la resultante de sus deseos contradictorios. Vive en un estado de sueño despierto, el segundo de cuatro estados de conciencia (sueño, vigilia ordinaria, conciencia de sí y conciencia objetiva). La guerra, decía, es la prueba de esa mecanicidad: millones de personas se matan sin que nadie lo quiera. El primer paso del trabajo no es cambiar, sino observarse sin juzgar hasta comprobar en uno mismo esa mecanicidad.

  • Trabajo consciente y sufrimiento intencionaltrabajo-consciente-y-sufrimiento-intencional

    En Belcebú, el medio por el que un ser puede «perfeccionarse» y pagar la deuda de su existencia es la combinación de trabajo consciente y sufrimiento voluntario. No se trata de buscar el dolor sino de aceptar deliberadamente lo desagradable —la manifestación ajena que irrita, el cansancio, la renuncia a una reacción— en vez de padecerlo mecánicamente. Los aforismos del Priorato lo resumen en la idea de que solo el sufrimiento consciente tiene sentido. La práctica de los Movimientos, con sus coordinaciones imposibles, es un campo deliberado para ese esfuerzo.

  • Los tres centrostres-centros

    Gurdjieff describe al ser humano como un ser «tricerebrado»: tiene un centro intelectual, uno emocional y uno motor-instintivo (a veces subdividido en motor, instintivo y sexual), cada uno con su velocidad y su manera de conocer. Los centros se usurpan las funciones —se piensa con la emoción, se siente con el cuerpo— y de ese desorden nace buena parte del sufrimiento inútil. El hombre equilibrado, el que se busca en el Instituto para el Desarrollo Armónico, es el que logra que los tres trabajen juntos. De ahí el carácter del método: trabajo físico, Movimientos, música e ideas al mismo tiempo.

Aristóteles
  • Las cuatro causascuatro-causas

    Conocer algo, dice Aristóteles, es conocer su porqué, y el porqué se dice de cuatro maneras. La causa material es aquello de lo que algo está hecho (el bronce de la estatua); la formal, su forma o definición (la figura que la hace estatua de alguien); la eficiente, el principio del cambio (el escultor, o mejor, el arte del escultor); y la final, aquello para lo cual existe (honrar a un dios o a un vencedor). Las expone en Física II 3 y en Metafísica A, donde repasa la historia de la filosofía anterior como un descubrimiento gradual de estas causas. Lo decisivo es que la naturaleza actúa con vistas a un fin: los dientes delanteros son afilados para cortar y las muelas anchas para triturar, y eso no se explica por azar. Esta teleología no supone un diseñador consciente; el fin es interno a los seres vivos, que tienden a su forma madura. La crítica moderna, de Bacon a Spinoza, expulsó las causas finales de la física, pero la biología sigue hablando de funciones.

  • Felicidad (eudaimonía) y vida contemplativaeudaimonia

    Todos llaman felicidad al bien supremo, constata la Ética nicomáquea, pero no están de acuerdo en qué consiste. Aristóteles la busca en la función propia del ser humano: si lo que nos distingue es la razón, la felicidad será una actividad del alma conforme a la virtud, y a la más perfecta de ellas, a lo largo de una vida entera. No es un sentimiento ni un estado, sino una actividad; no basta un día, como una golondrina no hace primavera; y requiere cierta suerte y bienes exteriores, porque es difícil obrar bien en la miseria o la soledad. El libro X da un paso más: la actividad más alta es la contemplación (theoría), el ejercicio del intelecto sobre lo más digno de ser conocido. Es la más continua, la más autosuficiente, la que se ama por sí misma; quien la practica vive por algo divino que hay en él. Por eso no hay que pensar cosas mortales por ser mortales, sino «inmortalizarse» en la medida de lo posible. La vida práctica de la virtud ética es feliz en un grado segundo.

  • Materia y forma, potencia y actohilemorfismo

    Toda cosa natural es, para Aristóteles, un compuesto de materia (hýle) y forma (morphé o eîdos). La materia es aquello de lo que algo está hecho y que podría ser otra cosa; la forma es lo que lo hace ser lo que es: la estructura de la estatua en el bronce, la organización de una casa en sus ladrillos, la vida en un cuerpo. La distinción nació para explicar el cambio sin caer en la paradoja eleática: en todo devenir algo permanece (el sujeto, la materia), algo se pierde (la privación) y algo se adquiere (la forma). Así lo expone el libro I de la Física. El mismo esquema se aplica a niveles distintos: los elementos son materia de los tejidos, los tejidos de los órganos, los órganos del ser vivo. La materia no existe nunca sin alguna forma, y la forma de las cosas naturales no existe separada de su materia. A esta pareja se une otra, expuesta en el libro Θ de la Metafísica: la potencia (dýnamis), capacidad de llegar a ser, y el acto (enérgeia, entelécheia), su realización; la semilla es árbol en potencia. El movimiento es «el acto de lo que está en potencia en cuanto tal» (Física III 1), y el acto es anterior a la potencia, porque solo lo que ya es en acto lleva otra cosa al acto: de ahí la exigencia de un primer principio que sea acto puro. Con este doble esquema Aristóteles pudo pensar a la vez la unidad y la transformación de los seres; Tomás de Aquino hizo de él el eje de su metafísica.

  • El primer motor inmóvilmotor-inmovil

    Si todo lo que se mueve es movido por otro, y si la serie no puede ser infinita, tiene que haber un primer motor que mueva sin ser movido. Aristóteles lo argumenta en el libro VIII de la Física y en el libro Λ de la Metafísica. Ese principio ha de ser eterno, porque el movimiento circular de los cielos es eterno; ha de ser acto puro, sin potencia ni materia, porque cualquier potencia podría no realizarse; y mueve no empujando, sino como mueve lo amado y lo deseado: como causa final. ¿Qué actividad le corresponde? La más excelente, el pensamiento, y el mejor objeto del pensamiento, que es él mismo; por eso es «pensamiento de pensamiento». De este principio, dice, penden el cielo y la naturaleza, y su vida es como la nuestra en sus mejores momentos, pero de modo continuo. No es un creador ni conoce el mundo; sin embargo, su descripción alimentó durante siglos la teología de las tres religiones del libro, de Avicena y Maimónides a Tomás de Aquino.

  • Sustancia (ousía)ousia

    Para Aristóteles, «ser» se dice de muchas maneras, pero todas remiten a una primera: la sustancia. En las Categorías, la sustancia primera es el individuo concreto —este hombre, este caballo—, aquello que no se dice de un sujeto ni está en un sujeto; las especies y los géneros son sustancias segundas, y las demás categorías (cantidad, cualidad, relación, lugar, tiempo, posición, estado, acción y pasión) solo existen en ella. En la Metafísica la pregunta se vuelve más honda: ¿qué hace que algo sea una sustancia? Los libros centrales (Z, H, Θ) examinan cuatro candidatos —la esencia, lo universal, el género y el sujeto— y apuntan a la forma como sustancia en sentido primordial, porque es lo que hace que una materia sea esta cosa determinada. La investigación culmina en el libro Λ, donde la sustancia suprema es un acto puro, sin materia. Que «lo que siempre se ha buscado» sea la sustancia convierte la metafísica en una teoría de los individuos y de lo que los hace inteligibles, frente a la separación platónica de las Ideas.

  • El alma como forma del cuerpopsyche

    En Acerca del alma, Aristóteles define el alma como «la entelequia primera de un cuerpo natural organizado» que tiene la vida en potencia. El alma no es una cosa encerrada en el cuerpo, sino lo que hace que un cuerpo sea un ser vivo: si el ojo fuera un animal, su alma sería la vista. Por eso no tiene sentido preguntar si alma y cuerpo son uno, como no lo tiene preguntarlo de la cera y su figura. Distingue facultades escalonadas: la nutritiva, común a plantas y animales; la sensitiva, con el deseo y el movimiento, propia de los animales; y la intelectiva, exclusiva del hombre. En el libro III introduce un intelecto que «lo hace todo», separable, impasible e inmortal, frente a otro que «se hace todas las cosas». Esas pocas líneas oscuras provocaron una de las discusiones más largas de la historia de la filosofía: Alejandro de Afrodisias, Avicena, Averroes y Tomás de Aquino debatieron si ese intelecto agente es divino, único para todos los hombres o propio de cada alma.

  • Silogismo y lógicasilogismo

    Aristóteles es el creador de la lógica formal. En los Analíticos primeros define el silogismo como un razonamiento en el que, puestas ciertas cosas, se sigue necesariamente algo distinto de ellas por el hecho de haberlas puesto: si todo hombre es animal y todo animal es mortal, todo hombre es mortal. Estudia sistemáticamente las combinaciones de proposiciones universales y particulares, afirmativas y negativas, en tres figuras, demuestra cuáles son válidas reduciéndolas a las de la primera y emplea por primera vez letras como variables. En los Analíticos segundos aplica el silogismo a la ciencia demostrativa, que parte de principios primeros, verdaderos e indemostrables, captados por inducción y por el intelecto. Los Tópicos tratan del razonamiento dialéctico a partir de opiniones admitidas, y las Refutaciones sofísticas de los argumentos falaces. Kant pudo escribir que la lógica no había dado un paso adelante ni atrás desde Aristóteles; solo con Frege, a finales del siglo XIX, se superó su sistema, que sigue siendo un capítulo de la lógica moderna.

  • La virtud como término mediotermino-medio

    La virtud ética, explica Aristóteles en el libro II de la Ética nicomáquea, no nace con nosotros ni contra nuestra naturaleza: la adquirimos por hábito, haciendo actos justos nos hacemos justos. Es una disposición a elegir que consiste en un término medio relativo a nosotros, determinado por la razón tal como lo determinaría el hombre prudente. La valentía está entre la temeridad y la cobardía; la generosidad, entre el derroche y la avaricia; la moderación, entre el desenfreno y la insensibilidad. El medio no es una media aritmética ni una tibieza: es sentir y actuar «cuando se debe, por lo que se debe, con quienes se debe, para lo que se debe y como se debe», y en ese sentido es un extremo de excelencia. Hay acciones que no admiten medio, como el robo o el homicidio. La virtud que guía la elección es la prudencia (phrónesis), sabiduría práctica que no se aprende en los libros sino con experiencia. Esta ética del carácter, más que de las reglas, renació en el siglo XX con Anscombe y MacIntyre.

Teófano el Recluso
  • Cuerpo, alma y espíritucuerpo-alma-espiritu

    En las primeras cartas de «Qué es la vida espiritual» Teófano expone una antropología tripartita. El cuerpo tiene sus órganos y necesidades; el alma, tres funciones —pensamiento, voluntad y sentimiento o corazón—; el espíritu, la dimensión más alta, se manifiesta en el temor de Dios, la conciencia y la sed de Dios, y constituye la dignidad propia del hombre. En el estado normal el espíritu gobierna y armoniza todo lo demás, y de ahí brotan la paz y la verdadera felicidad; el pecado original invirtió el orden y entregó el hombre al dominio de lo anímico y lo carnal, es decir, de las pasiones. La vida cristiana es la restauración de la primacía del espíritu por la gracia recibida en el bautismo y asumida libremente. Sobre esta base Teófano construye su psicología espiritual, que algunos estudiosos consideran precursora de la antropología personalista rusa.

  • El despertar de la gracia y el celodespertar-de-la-gracia

    «El camino de la salvación» describe la conversión como un drama en tres actos. El pecador vive en un «sueño» en el que las pasiones, la dispersión y el autoengaño le impiden ver su estado. La gracia lo sacude desde fuera con un «despertar» que lo pone en un estado de prueba favorable: inquietud, tristeza, presentimiento de otra vida. Ese momento puede perderse si el hombre vuelve a la «pesadez» de antes, o fructificar si responde con una decisión firme de abandonar el pecado y entregarse a Dios. Desde entonces la vida cristiana se define como celo: no un sentimiento pasajero, sino una fuerza que persevera y que la gracia y la libertad sostienen juntas. Teófano insiste en que ni el esfuerzo sin gracia ni la gracia sin esfuerzo llevan a la meta, y dedica la tercera parte del libro a los ejercicios que educan cada facultad en ese celo.

  • La mente en el corazónmente-en-el-corazon

    El centro de la enseñanza de Teófano es una fórmula hesicasta que repite de mil maneras: hay que «descender con la mente al corazón» y «estar allí ante el Señor». No se trata de una técnica corporal —desconfiaba de los métodos de respiración y postura y prevenía contra ellos—, sino de la reunión de la atención, dispersa en la cabeza, en el centro de la persona, donde el recuerdo de Dios se vuelve sentimiento. Por eso distinguía la oración de la mera meditación sobre Dios: aquélla es obra del corazón, ésta de la razón. La oración de Jesús es el medio privilegiado, pero no el fin; lo esencial es el «calor» del corazón, un sentimiento tranquilo y constante hacia Dios, sin buscar éxtasis ni estados extraordinarios. Quien así ora, escribe, ve desvanecerse no sólo los deseos apasionados, sino hasta los pensamientos ociosos.

  • La oración como sentimiento reverenteoracion-como-sentimiento

    En las «Cuatro homilías sobre la oración» Teófano define la oración por lo que ocurre en el corazón, no por lo que se dice: estar ante un icono y hacer postraciones, leer oraciones de memoria o en un libro, o escuchar a otro leerlas, «no es todavía oración», sino su instrumento. La oración misma es el surgir sucesivo de sentimientos dirigidos a Dios: humildad, entrega, gratitud, alabanza, súplica, contrición, sumisión. De ahí sus consejos prácticos: preparar la oración, leer despacio sintiendo cada palabra, detenerse donde el corazón responde, no tener prisa por terminar la regla, continuar durante el día con breves invocaciones. Los antiguos monjes, recuerda, no se preguntaban por la salud al encontrarse, sino «¿cómo va tu oración?», porque la oración es la respiración del espíritu.

  • Traducir como reelaborartraducir-como-reelaborar

    Teófano conocía muy bien el griego, pero sus traducciones de la Filocalía, de «El combate invisible» o de Simeón el Nuevo Teólogo no buscan la exactitud filológica: abrevian, reordenan, explican y a veces corrigen. Lo dijo él mismo de «El combate invisible»: no traducía, sino que reelaboraba libremente, «añadiendo, quitando y cambiando», y completó la corrección que Nicodemo había hecho de un libro escrito por un católico, porque los católicos, a su juicio, entendían de otro modo la oración interior. Su criterio era pastoral: dar al lector ruso un texto útil para la salvación. La patrología posterior, del obispo Veniamín (Milov) a Alekséi Sídorov, ha subrayado los límites científicos de este método y, a la vez, la enorme influencia que tuvo, pues durante un siglo los rusos leyeron a los Padres hesicastas a través de la voz de Teófano.

Eckhart Tolle
  • Cuerpo del dolorcuerpo-del-dolor

    Expresión acuñada por Tolle para nombrar el campo de energía emocional formado por el dolor no resuelto del pasado, personal y colectivo. Según él, el cuerpo del dolor permanece latente y se activa periódicamente, se apodera del pensamiento y busca alimentarse de más dolor: provoca discusiones, rumiaciones o dramas que lo refuerzan. No se le vence luchando contra él, porque la lucha es otra forma de identificación, sino observándolo cuando surge, sin juzgarlo, hasta que la atención consciente lo disuelve. Tolle sostiene que existe también una dimensión colectiva —en naciones, grupos y en lo que llama el cuerpo del dolor femenino colectivo— heredada de siglos de violencia. La idea, sin equivalente exacto en las tradiciones antiguas, recuerda a las impresiones latentes (samskaras) del yoga y a los venenos mentales del budismo, aunque Tolle la formula en lenguaje psicológico contemporáneo.

  • Presenciapresencia

    Para Tolle, la presencia es la conciencia libre de pensamiento: el estado en que uno está plenamente atento al momento actual sin quedar absorbido por la corriente mental. No es un logro futuro ni un estado místico reservado a pocos, sino algo accesible en cualquier instante mediante gestos simples: sentir el cuerpo desde dentro, atender a la respiración, escuchar el silencio entre los sonidos o advertir el espacio entre dos pensamientos. En la presencia, dice, aparece la paz que no depende de las circunstancias y se reconoce que uno no es la mente sino la conciencia en la que la mente aparece. El concepto reúne de forma deliberadamente sencilla intuiciones del zen (la atención al aquí), del advaita (el testigo) y de la mística cristiana (el desapego), y es el eje de toda su obra.

Sócrates
  • El cuidado del almacuidado-del-alma

    En la Apología (29d–30b) Sócrates resume su misión como una exhortación constante: no preocuparse por las riquezas, la fama ni el cuerpo antes que por el alma, para que sea lo mejor posible. La *epiméleia tês psychês* es el centro de su enseñanza: el alma —lo que en nosotros piensa, elige y es justo o injusto— es lo que realmente somos, y su bien es la virtud. Por eso la injusticia daña más a quien la comete que a quien la sufre, y por eso Sócrates puede decir que al hombre bueno no le sucede ningún mal. Pierre Hadot y Michel Foucault, en sus últimos cursos, leyeron en esta idea el origen de la filosofía como forma de vida y de las «técnicas de sí» que heredaron estoicos, epicúreos y cristianos.

  • El daimónion (la señal divina)daimonion

    Sócrates afirmaba recibir desde niño una «señal» o «voz» divina, *to daimónion*, que le advertía cuando iba a hacer algo inconveniente. Según la Apología (31c–d, 40a–c), la voz solo le disuadía y nunca le impulsaba; le había impedido dedicarse a la política y, significativamente, no se opuso a que se defendiera como lo hizo ni a que fuera al juicio, lo que él interpretó como signo de que la muerte no era un mal. Jenofonte, en cambio, dice que también le indicaba lo que debía hacer, y que Sócrates aconsejaba a sus amigos según ella. La acusación de «introducir nuevas divinidades» aludía casi con seguridad a esta señal. Los antiguos la interpretaron de muchas maneras: Plutarco y Apuleyo escribieron tratados sobre el «demonio» de Sócrates, y la tradición platónica lo convirtió en un espíritu guardián. Los intérpretes modernos discuten si era una forma de intuición moral, una experiencia religiosa genuina o una manera de hablar.

  • Élenchos (la refutación socrática)elenchos

    El *élenchos* —«prueba», «refutación»— es el procedimiento que los primeros diálogos de Platón atribuyen a Sócrates. Comienza con una pregunta del tipo «¿qué es X?» (la piedad, el valor, la templanza), a la que el interlocutor responde con una definición que cree saber. Sócrates le hace aceptar, una a una, otras afirmaciones aparentemente evidentes y muestra después que contradicen la definición inicial. El interlocutor queda en *aporía*, sin salida, y descubre que no sabía lo que creía saber. Gregory Vlastos dio en 1983 la formulación moderna del problema: ¿cómo puede un método que solo prueba la incoherencia de un conjunto de creencias llevar a Sócrates a afirmar con seguridad tesis morales como que es peor cometer injusticia que sufrirla? Para unos, el élenchos es puramente negativo y purificador; para otros, Sócrates confía en que las creencias verdaderas sobreviven siempre al examen. Su finalidad, en todo caso, no es ganar la discusión sino el cuidado del alma del interlocutor.

  • Ironía socráticaironia-socratica

    En griego, *eironeía* era un reproche: el disimulo de quien finge saber menos de lo que sabe para burlarse de los demás. Así llaman a Sócrates sus adversarios en Platón —Trasímaco en la República (337a), Alcibíades en el Banquete—. Sócrates elogia la sabiduría de sus interlocutores, se declara ignorante y les pide que le enseñen, para dejar en evidencia después la fragilidad de lo que creían saber. Aristóteles (Ética a Nicómaco IV 7) la convierte en una forma de falsa modestia, opuesta a la jactancia, y cita a Sócrates como ejemplo. Desde entonces se discute si la ignorancia que Sócrates proclama es fingida —una estrategia pedagógica— o sincera, porque lo que niega poseer es el saber completo y seguro que solo tiene el dios. Vlastos propuso hablar de una «ironía compleja», en la que lo dicho es a la vez falso en un sentido y verdadero en otro. Kierkegaard hizo de ella, en su tesis de 1841, la posición existencial de quien niega sin afirmar.

  • Mayéuticamayeutica

    En el Teeteto (148e–151d) Sócrates se presenta como hijo de la partera Fenáreta y practicante del mismo oficio, aplicado a las almas de los hombres: él mismo es estéril de sabiduría, como las comadronas que ya no pueden dar a luz, pero sabe ayudar a otros a alumbrar sus ideas y examinar si lo nacido es verdadero o una apariencia. Algunos de sus acompañantes, añade, progresaron mucho sin haber aprendido nada de él, encontrando en sí mismos muchas cosas bellas. La imagen —*maieutiké tékhne*, «arte de la partera»— solo aparece en este diálogo tardío y probablemente es una elaboración de Platón, vinculada a su teoría del conocimiento como recuerdo, más que una descripción del Sócrates histórico. Aun así se ha convertido en el nombre corriente del método socrático y en modelo de una pedagogía que no transmite contenidos sino que ayuda a pensar.

  • Nadie obra mal voluntariamente (intelectualismo moral)nadie-obra-mal-voluntariamente

    Una de las tesis más características y discutidas del Sócrates platónico: la virtud es conocimiento, y quien sabe realmente lo que es bueno lo hace; por tanto, nadie obra mal a sabiendas, sino por ignorancia del verdadero bien. Todo el mundo desea lo que cree bueno para sí, y el que comete una injusticia se engaña sobre lo que le conviene, porque daña lo más valioso que tiene, su propia alma. De ahí se siguen otras paradojas socráticas: que las virtudes forman una unidad, que la virtud puede enseñarse y que es preferible sufrir la injusticia a cometerla. Aristóteles (Ética a Nicómaco VII 2) objetó que la tesis contradice la experiencia de la *akrasía*, la debilidad de la voluntad, en la que uno sabe lo que es mejor y hace lo contrario; Platón mismo, en la República, introdujo partes irracionales del alma capaces de vencer a la razón.

Fiódor Dostoievski
  • Todos somos culpables de todo ante todosculpa-de-todos-ante-todos

    La respuesta de Zósima a Iván no es una tesis sino una manera de vivir. Su hermano Márkel, que muere joven de tisis, descubre en sus últimos días que cada uno es culpable ante todos de todo, y él más que nadie, y que si los hombres lo supieran el mundo sería un paraíso. Zósima, que fue oficial, vive su conversión la mañana de un duelo: tras pegar a su asistente, comprende que ese hombre es también imagen de Dios y renuncia a disparar. De ahí su enseñanza: el amor activo, que se ejerce con los cercanos y día a día, frente al amor a la humanidad en abstracto; la convicción de que el infierno es «el sufrimiento de no poder ya amar»; y la llamada a amar toda la creación, cada hoja y cada grano de arena. No se trata de una culpa moral que abruma, sino de una solidaridad radical: si cada uno se hace responsable del mal del mundo, deja de juzgar y empieza a perdonar. Dostoievski temía que esta respuesta pareciera débil frente a la de Iván; la tradición ortodoxa ha visto en ella su página más alta.

  • El hombre positivamente bellohombre-positivamente-bello

    En enero de 1868 Dostoievski explicó a su sobrina que la idea de «El idiota» era «representar a un hombre positivamente bello», la tarea más difícil del mundo, porque en el mundo sólo hay un rostro positivamente bello: Cristo. Sus modelos literarios confesos eran don Quijote y, en menor medida, Mr. Pickwick, bellos porque son ridículos. El príncipe Myshkin, epiléptico, inocente y compasivo, regresa de Suiza a un San Petersburgo dominado por el dinero y la pasión, y su bondad no salva a nadie: la novela termina en el asesinato de Nastasia Filíppovna y en la locura del príncipe. De esa novela procede la frase «la belleza salvará el mundo», que Hipólito atribuye con sorna a Myshkin. Para Dostoievski la belleza es a la vez revelación de Dios y campo de batalla —«el diablo lucha con Dios, y el campo de batalla es el corazón de los hombres», dice Dmitri Karamázov—; la imagen opuesta es el Cristo muerto de Holbein, una belleza vencida por la naturaleza que puede hacer perder la fe.

  • La libertad y el Gran Inquisidorlibertad-y-gran-inquisidor

    La libertad es en Dostoievski un don terrible antes que un derecho. El hombre del subsuelo (1864) defiende contra los utopistas del «palacio de cristal» su capricho, su derecho a querer lo que le perjudica, porque una felicidad calculada lo reduciría a una tecla de piano. En «Los hermanos Karamázov» Iván lleva esa intuición al extremo en su poema del Gran Inquisidor: en la Sevilla del siglo XVI, Cristo vuelve y es encarcelado por un viejo cardenal que le reprocha haber rechazado en el desierto las tres tentaciones —el pan, el milagro y el poder— y haber dejado así al hombre una libertad de conciencia que la mayoría no puede soportar. La Iglesia del Inquisidor ha corregido la obra de Cristo: da a los hombres pan, misterio y autoridad a cambio de su libertad, y los hace felices como a niños. Cristo no responde; besa al anciano en los labios exangües. Dostoievski sostiene, a través de toda su obra, que la fe sólo vale si es libre, y que una virtud impuesta, sea por el socialismo o por la Iglesia, es una forma de esclavitud.

  • El «regreso al suelo» (póchvennichestvo)pochvennichestvo

    De vuelta de Siberia, Dostoievski, su hermano Mijaíl, Apolón Grigóriev y Nikolái Strájov formularon en las revistas «Vremia» (1861–1863) y «Epoja» (1864–1865) un programa llamado póchvennichestvo, de pochva, «suelo». Frente a occidentalistas y eslavófilos, sostenían que la intelectualidad rusa, separada del pueblo desde las reformas de Pedro el Grande, debía volver a sus raíces: no idealizar al campesino, sino reconocer en su fe ortodoxa y en su capacidad de sufrir y de perdonar una fuente moral más honda que el racionalismo europeo. La experiencia del presidio —la del mujik Maréi— está en el origen de esta convicción. Con los años se tiñó de nacionalismo y de mesianismo: en el «Diario de un escritor» y en el discurso sobre Pushkin Dostoievski atribuye al pueblo ruso una vocación universal de reconciliación, y en otras páginas de ese mismo diario aparecen sus prejuicios contra polacos, católicos y judíos, que la crítica ha señalado y estudiado.

  • La novela polifónicapolifonia

    El teórico ruso Mijaíl Bajtín propuso en 1929, y amplió en 1963, que Dostoievski había creado un tipo nuevo de novela: la polifónica. En ella los personajes no son objetos de la palabra del autor, sino sujetos de su propia palabra, conciencias autónomas que discuten en pie de igualdad con el narrador y entre sí. Iván, el Inquisidor, Kirílov o el hombre del subsuelo defienden sus ideas con toda su fuerza, sin que el autor los desmienta desde arriba; la verdad no se enuncia, surge del diálogo inacabado. Bajtín relacionó esta forma con el diálogo socrático, la sátira menipea y el carnaval, y vio en ella una imagen de la libertad humana: nadie puede ser definido del todo desde fuera. La lectura polifónica explica por qué intérpretes opuestos —existencialistas, cristianos, psicoanalistas— han podido reconocer en Dostoievski su propia voz, y también por qué su respuesta a Iván no es una refutación, sino otra voz.

  • La rebelión de Iván y el problema del malrebelion-de-ivan

    El capítulo «La rebelión» (libro V, cap. IV) es la formulación más poderosa que ha dado la literatura al problema del mal. Iván Karamázov no discute la existencia de Dios; acepta incluso que al final de los tiempos habrá una armonía en la que todo quedará explicado. Lo que rechaza es el precio. Tras reunir casos reales de niños torturados, tomados de la prensa de la época —la niña encerrada por sus padres en una letrina helada, el niño despedazado por los perros de un general—, declara que ninguna armonía futura vale la lágrima de un solo niño, y que por eso devuelve «con el mayor respeto» su billete de entrada. Aliosha lo llama rebelión. Dostoievski, que había vivido la muerte de dos de sus hijos, no quiso refutar a Iván con argumentos: escribió a Pobedonóstsev que la respuesta sería indirecta, la vida y las pláticas del starets Zósima, una imagen artística del amor activo y de la responsabilidad de cada uno por todos. Esa renuncia a la teodicea razonada, sustituida por el testimonio, es lo que ha hecho del capítulo un texto central para la filosofía de la religión del siglo XX.

Hakuin Ekaku
  • La gran duda (daigi)daigi

    Para Hakuin la práctica del kōan no consiste en entender, sino en acumular una duda total, existencial, en la que todo el ser del practicante se concentra en una sola pregunta. Esa «gran duda» produce una tensión que crece hasta volverse insoportable —él la describe como estar dentro de un bloque de hielo— y que en un momento dado se rompe en el «gran despertar». De ahí su máxima: bajo la gran duda está el gran despertar. La doctrina tiene raíces en el chan de Dahui y en las recopilaciones Ming como el Zenkan sakushin, que tanto le impresionó, pero Hakuin la convirtió en el principio rector de la formación monástica y en su argumento contra el zen meramente silencioso.

  • La práctica posterior al satori (gogo no shugyō)gogo-no-shugyo

    La lección de su despertar de 1726 fue que el kenshō no basta. Después de la primera visión de la propia naturaleza viene una práctica más larga: profundizar con kōan difíciles, integrar la comprensión en la vida diaria y, sobre todo, cultivar la mente del despertar (bodaishin), que Hakuin define como hacer el bien a los demás dándoles la enseñanza. Citaba una y otra vez la advertencia de que los sabios que carecen de bodhicitta caen en el camino de los demonios. Esta insistencia en el voto del bodhisattva —los cuatro grandes votos que recitan los templos zen— lo emparenta con la tradición mahāyāna de Śāntideva y fue su respuesta a un zen que, a su juicio, se contentaba con experiencias privadas.

  • Ver la propia naturaleza (kenshō)kensho

    Lectura japonesa del jianxing chino del Sūtra de la plataforma: el reconocimiento directo de la naturaleza de buda. Hakuin lo hizo objetivo explícito y verificable de la práctica, comprobado por el maestro en entrevista privada, frente a quienes lo consideraban innecesario o lo confundían con la quietud. Su Zazen wasan lo canta como el descubrimiento de que todos los seres son buda desde el principio. A través de D. T. Suzuki y de la escuela Sanbō Kyōdan de Yasutani Hakuun, la palabra kenshō se convirtió en el siglo XX en un término clave del zen occidental, a veces separado de la práctica posterior que Hakuin consideraba inseparable de él.

  • Contemplación interior y enfermedad del zen (naikan, zenbyō)naikan

    Hakuin llamó «enfermedad del zen» al agotamiento físico y nervioso de los practicantes que meditan con un esfuerzo desmedido. Como remedio propuso dos ejercicios: la contemplación interior (naikan), en la que, tumbado, el practicante dirige la energía vital al «océano de energía» y al campo del elixir bajo el ombligo mientras repite cuatro frases que identifican esa región con su rostro original, su tierra natal, la Tierra Pura y el buda Amida; y la visualización de un huevo de mantequilla que se derrite desde la cabeza. Ambos combinan medicina china, alquimia interior taoísta y meditación budista. Hakuin advertía que la longevidad no es la meta, pero que sin un cuerpo sano no hay práctica duradera; los ejercicios se siguen enseñando en la escuela rinzai.

  • El sonido de una sola mano (sekishu onjō)sekishu-onjo

    Es el kōan que Hakuin creó en su vejez y que consideró más eficaz que el tradicional mu de Zhaozhou: «al dar una palmada con las dos manos hay un sonido; escucha el sonido de una sola mano». No pide una respuesta ingeniosa, sino que el practicante se vuelva uno con la pregunta hasta que la distinción entre quien oye y lo oído se derrumbe. Hakuin lo relacionó con Kannon, el bodhisattva que «contempla los sonidos» del mundo, y le añadió una segunda parte: «detén todos los sonidos», ligada al voto de salvar a los seres. Tiene antecedentes en el chan chino —un comentario de Xuedou en el Registro del Acantilado Azul dice que una mano sola no produce sonido—, pero en la forma que le dio Hakuin se convirtió en el primer kōan que reciben hoy muchos practicantes rinzai. También lo pintó y caligrafió una y otra vez.

  • La pintura como sermón (zenga)zenga

    Hakuin empezó a pintar en serio hacia los sesenta años y produjo miles de obras que no buscaban la perfección técnica, sino enseñar. Sus Bodhidharma de ojos enormes, sus Hotei que juegan, se ríen o exhiben un rollo con un kōan, sus Kannon, sus autorretratos y sus caricaturas sociales llevan inscripciones —a menudo juegos de palabras, versos populares o frases de kōan— que completan el mensaje. Regalaba estas imágenes a quienes lo visitaban, muchos de ellos analfabetos, como recordatorios de la práctica. Yoshizawa Katsuhiro ha descifrado su iconografía y sus inscripciones; las exposiciones de Japón (Bunkamura, 2012–2013) y de Estados Unidos (Japan Society y LACMA, 2010–2011) lo han situado entre los grandes artistas del periodo Edo.

Laozi
  • Dao (el Camino)dao

    La palabra dao significa «camino», «vía» y, por extensión, «método» o «doctrina»; todas las escuelas chinas la usan. Lo propio del Daodejing es convertirla en nombre de lo que no tiene nombre: una realidad anterior al cielo y a la tierra, «confusa y completa», que engendra a los diez mil seres sin poseerlos y a la que el texto llama «madre». El primer capítulo advierte que el Camino que puede decirse no es el Camino permanente: el Dao no es un concepto sino el fondo del que surgen los conceptos, y por eso solo puede señalarse mediante imágenes —el agua, el valle, el fuelle, la raíz—. Tiene además una dimensión práctica: seguir el Dao es ajustarse al modo en que las cosas suceden por sí mismas, sin forzarlas. En Wang Bi se identificará con el no-ser (wu) como fundamento; en el taoísmo religioso, con el cuerpo del Señor Lao; en la recepción occidental, a menudo con el Logos o con lo absoluto. La arqueología muestra que en Guodian el término ya tenía este sentido cosmológico hacia 300 a. C.

  • De (la Virtud, la potencia)de

    De se traduce por «virtud», pero no en sentido moral: es la eficacia o potencia que una cosa tiene por ser lo que es, lo que el Dao deposita en cada ser al engendrarlo. El capítulo 51 lo resume: «el Dao los engendra, el De los cría». En el gobernante, el De es un poder que atrae sin coaccionar; en el sabio, la capacidad de obrar sin dejar huella. El capítulo 38 distingue la «virtud superior», que no se sabe virtuosa y por eso lo es, de la «virtud inferior», que se esfuerza por serlo y por eso no lo es; de ahí deriva la crítica del texto a la benevolencia (ren) y la rectitud (yi) confucianas como sustitutos degradados. El título mismo del libro —Daodejing— une ambos términos: el Camino y su despliegue en potencia concreta. Las copias de Mawangdui, que anteponen la parte del De, sugieren que para algunos lectores Han el libro era ante todo un tratado sobre esa potencia aplicada al gobierno.

  • Pu (la madera sin tallar)pu

    Pu designa el tronco sin desbastar y, por metáfora, la simplicidad original anterior a toda distinción, nombre y uso. «Cuando se talla la madera sin tallar, nacen los utensilios» (cap. 28): la civilización, con sus nombres, ritos y jerarquías, es un tallado que gana funciones y pierde totalidad. El sabio «abraza la simplicidad» (bao pu, cap. 19), y el gobernante que conserva la madera sin tallar logra que los diez mil seres se le sometan por sí mismos (cap. 32). La imagen conecta con la del recién nacido y con la del valle: estados de indeterminación fértil frente a la rigidez de lo acabado. Es también el origen de un ideal ético y estético —lo tosco, lo sin adorno, lo que no se exhibe— que atraviesa la cultura china, desde la cerámica hasta la poesía de Tao Yuanming, y del nombre de pluma de Ge Hong, «el maestro que abraza la simplicidad» (Baopuzi).

  • Lo blando vence a lo durorou-ruo

    Uno de los hilos más persistentes del Daodejing es la inversión de la jerarquía habitual entre fuerza y debilidad. «Lo blando y débil vence a lo duro y fuerte» (cap. 36); «nada hay en el mundo más blando que el agua, y nada la supera en atacar lo duro» (cap. 78); «el hombre al nacer es blando y débil; al morir, rígido y duro… lo rígido y fuerte es compañero de la muerte» (cap. 76). La lógica es la de la reversión (fan): todo lo que llega a su extremo se vuelve en su contrario, de modo que la fuerza exhibida anuncia su propio fin. El sabio, por tanto, se mantiene abajo, atrás, en lo femenino y en el valle, «como el agua, que ocupa el lugar que todos desprecian». Lejos de ser mera prudencia, esta ética de la debilidad tiene raíces cosmológicas —el Dao mismo es «débil» en su obrar (cap. 40)— y aplicaciones políticas y militares que el texto explicita: el gran Estado que se pone por debajo conquista al pequeño (cap. 61). Será decisiva en el taiji quan y en toda la cultura estratégica china.

  • Wuwei (no-acción)wuwei

    Literalmente «no hacer», wuwei no recomienda la pasividad sino la ausencia de acción forzada, deliberada o interesada. El sabio «actúa sin actuar» (wei wuwei), «enseña sin palabras», «realiza su obra y no se queda en ella». El modelo es la naturaleza: el cielo y la tierra no hablan y sin embargo las estaciones se suceden; el agua no lucha y lo erosiona todo. Aplicado al gobierno —que es el horizonte principal del texto— significa un soberano que no multiplica leyes, prohibiciones ni empresas, que reduce sus deseos y deja que el pueblo «se transforme por sí mismo»: «Hago nada y el pueblo se transforma solo; amo la quietud y el pueblo se endereza solo» (cap. 57). El capítulo 48 lo describe como el término de un proceso de sustracción: «disminuye y vuelve a disminuir, hasta llegar a la no-acción; con la no-acción nada queda sin hacer». El legismo de Han Fei leerá el wuwei como técnica del príncipe que controla sin mostrarse; el Zhuangzi lo llevará a la vida interior; el chan lo reconocerá en su propia espontaneidad.

  • Ziran (lo que es así por sí mismo)ziran

    Ziran —«así por sí mismo», «espontáneo»— nombra el modo de ser de lo que no ha sido forzado ni fabricado. El capítulo 25 lo sitúa en la cúspide de la jerarquía: «el hombre se rige por la tierra, la tierra por el cielo, el cielo por el Dao, y el Dao por lo que es así por sí mismo». No es, pues, una cosa superior al Dao, sino su manera de operar: sin plan ni intención. En el gobierno, el sabio «ayuda a la espontaneidad de los diez mil seres y no se atreve a actuar» (cap. 64); el buen soberano es aquel de quien el pueblo, cuando la obra está hecha, dice «lo hicimos nosotros mismos» (cap. 17). El término pasará a significar «naturaleza» en chino moderno, pero en el Daodejing designa menos un ámbito (la naturaleza frente a la cultura) que una cualidad: la de lo que se desarrolla según su propia pauta. Es el fundamento del wuwei y el criterio con el que el texto juzga toda intervención humana.

Martin Buber
  • Lo interhumano (das Zwischen)das-zwischen

    Buber sitúa la realidad humana fundamental no en el individuo ni en la colectividad, sino en el «entre»: la esfera que surge cuando dos personas se vuelven una hacia otra. En *Elementos de lo interhumano* distingue lo social —estar juntos en un grupo— de lo interhumano, el encuentro personal, y describe sus amenazas: la primacía de la apariencia sobre el ser, la percepción que objetiva y la imposición que manipula. Lo contrario es la «confirmación»: aceptar al otro como es y como está llamado a ser. Esta categoría inspiró la psicoterapia dialógica, la pedagogía y la ética de la comunicación.

  • Diálogo auténticoechtes-gespraech

    En *Zwiesprache* Buber distingue tres formas de conversación: el diálogo auténtico, en el que cada participante se vuelve realmente hacia el otro con la intención de establecer una relación viva; el diálogo técnico, que solo busca entenderse sobre algo; y el monólogo disfrazado de diálogo, en el que cada uno habla consigo mismo ante otro. El diálogo auténtico puede darse incluso en silencio, y exige la disposición a escuchar lo que se nos dice en cada situación. En 1953 extendió la idea a la política: la guerra empieza donde se rompe el lenguaje, y la paz necesita que los pueblos vuelvan a hablarse a través de sus hombres más humanos.

  • El Tú eternoewiges-du

    Las líneas de todas las relaciones, escribe Buber, se cortan en el Tú eterno. Cada Tú particular es una ventana hacia él, y el ser humano se dirige a Dios en toda relación verdadera aunque no lo nombre. A diferencia de los demás, este Tú no puede convertirse en Ello: Dios no es objeto de experiencia ni de conocimiento, sino aquel a quien se habla. De ahí la crítica de Buber tanto a la mística de la absorción, que disuelve al yo, como a la religión que convierte a Dios en concepto o institución. La revelación no comunica contenidos, sino una presencia que exige ser respondida en la vida.

  • Eclipse de Diosgottesfinsternis

    Con esta imagen Buber diagnostica la situación religiosa del siglo XX. No se trata de la muerte de Dios proclamada por Nietzsche, sino de un eclipse: algo se interpone entre el hombre y la luz divina, y ese algo es el propio hombre, que ha convertido la relación en saber y uso. Buber critica a Sartre, que quiere inventar los valores, a Heidegger, que espera el retorno de lo sagrado sin Tú, y a Jung, que reduce lo divino a una función psíquica inmanente. La polémica con Jung en *Merkur* (1952) fue uno de los debates intelectuales más vivos de la posguerra.

  • Yo-Tú (Ich-Du)ich-du

    La palabra básica Yo-Tú designa la actitud en la que el hombre entra en relación con lo que tiene delante con todo su ser, sin reducirlo a un conjunto de cualidades ni usarlo para un fin. La relación es recíproca, inmediata y presente: ocurre ahora, no se acumula como saber. Buber da ejemplos con la naturaleza (un árbol contemplado no como especie, energía o número, sino en su unicidad), con los hombres y con las «formas espirituales», como una obra de arte que pide ser realizada. El Tú no puede buscarse a voluntad: llega por gracia, aunque exige la entrega de quien responde. Y todo Tú está condenado a volver a ser Ello; la melancolía de nuestro destino, dice, es que cada Tú se convierte en cosa.

  • Yo-Ello (Ich-Es)ich-es

    La palabra básica Yo-Ello corresponde a la experiencia y el uso: el hombre se sitúa frente al mundo como sujeto que percibe, mide, clasifica y emplea objetos, sean cosas o personas. No es un mal: sin ella no habría conocimiento, técnica ni instituciones, y Buber advierte que nadie puede vivir solo en el presente de la relación. El problema de la modernidad es la hipertrofia del Ello: una economía y un Estado que funcionan sin Tú, un yo que se vuelve arbitrario porque ha perdido la capacidad de relación. El Yo de Yo-Ello es distinto del Yo de Yo-Tú: el primero se conoce como sujeto de experiencia; el segundo, como persona.

  • Vergegnung (desencuentro)vergegnung

    Neologismo que Buber forjó a partir de su experiencia infantil con la madre ausente, por contraste con *Begegnung*, «encuentro». Designa el fracaso del encuentro real entre dos personas, cuando se tienen delante pero no llegan a verse. Buber lo usa en sus fragmentos autobiográficos para nombrar no solo la ruptura con su madre, sino una posibilidad permanente de la existencia humana: la de pasar junto al otro sin alcanzarlo. El episodio del joven al que atendió sin estar presente es, en este sentido, una *Vergegnung* que marcó su giro hacia el diálogo.

Maestro Eckhart
  • Dios y la deidaddeidad

    Eckhart distingue entre «Dios» (got), el Dios que se manifiesta como Trinidad y como creador en relación con las criaturas, y la «deidad» (gotheit), el fondo sin modo, sin nombre y sin obra del que procede todo. «Dios y la deidad son tan distintos como el cielo y la tierra», dice un sermón. Mientras hay criaturas, hay un «Dios» que es su Dios; en la deidad no hay distinción alguna, es el «desierto silencioso» al que la chispa del alma quiere volver. De ahí la petición del sermón 52 —que Dios nos libre de «Dios»— y la del sermón 83 de amar a Dios como un «no-Dios». No es ateísmo ni rechazo de la Trinidad, que Eckhart sostiene, sino teología negativa llevada al extremo, heredera de Dionisio Areopagita: todo lo que decimos de Dios es más falso que verdadero, y solo el silencio está a la altura del fondo divino.

  • Desasimiento (abegescheidenheit) y dejamiento (gelâzenheit)desasimiento

    «Abegescheidenheit», el estar separado o desasido, y «gelâzenheit», el haber dejado, son los nombres eckhartianos de la condición del alma que permite el nacimiento de Dios. No se trata de ascetismo ni de huida del mundo: las Instrucciones espirituales piden dejarse a sí mismo, porque quien se deja a sí mismo lo ha dejado todo, y el sermón 86 alaba a Marta, que trabaja sin perder a Dios. El desasimiento es renunciar a toda apropiación —de cosas, de experiencias, de virtudes, incluso de Dios como objeto— y quedar disponible. El tratado Del desasimiento lo coloca por encima del amor, porque el amor me obliga a sufrir por Dios, mientras que el desasimiento obliga a Dios a venir a mí; y lo compara con el gozne inmóvil de una puerta que se abre y se cierra. La palabra «Gelassenheit» pasó a Taulero, Suso, Lutero, Böhme y, en el siglo XX, a Heidegger, que tituló así una conferencia de 1955.

  • «El ser es Dios» y «Dios es entender»esse-est-deus

    Las obras latinas sostienen dos tesis que parecen contradecirse. En las Cuestiones parisienses de 1302, Eckhart afirma que Dios es entender (intelligere) y que el ser, en sentido propio, pertenece a las criaturas: Dios está por encima del ser, como su causa. En el prólogo general al Opus tripartitum, en cambio, escribe que «el ser es Dios», porque todo lo que es tiene el ser de Dios y nada tiene ser por sí mismo: las criaturas, consideradas en sí mismas, son «pura nada». La crítica ha discutido si hay evolución o coherencia; la lectura más aceptada ve en ambas una misma estructura: Dios es la plenitud indistinta —llámese ser o intelecto— de la que todo depende en cada instante, y la criatura no tiene nada propio. Esta metafísica sostiene la predicación alemana: si el hombre no tiene nada propio, la pobreza y el desasimiento son simplemente la verdad.

  • El fondo (grunt)grunt

    «Grunt» es la palabra con la que Eckhart nombra lo más íntimo del alma y, a la vez, lo más íntimo de Dios, y su tesis más audaz es que ambos fondos coinciden: «aquí el fondo de Dios es mi fondo y mi fondo el fondo de Dios» (sermón 5b). El fondo no es una facultad —ni la memoria, ni el entendimiento, ni la voluntad—, sino aquello de donde brotan y que no tiene nombre ni modo. Eckhart lo describe también como una «chispa», una «luz», un «castillito» o una «fortaleza» en la que ni siquiera Dios en cuanto Trinidad puede asomarse, y en algunos textos lo llama «increado e increable», fórmula que figura entre las condenadas en 1329. Lo que está en juego no es una divinización del yo, sino lo contrario: en el fondo no queda ningún yo que se apropie de nada. McGinn ha propuesto que el fondo es la palabra clave de toda la mística eckhartiana, porque une su metafísica latina del ser y del intelecto con su predicación sobre la vida «sin porqué».

  • El nacimiento de Dios en el almanacimiento-de-dios-en-el-alma

    La doctrina más constante de los sermones alemanes es que el Padre engendra a su Hijo en el fondo del alma con el mismo acto con que lo engendra en la eternidad. Eckhart llega a decir que de poco serviría que María hubiera dado a luz al Hijo de Dios si ese nacimiento no ocurriera también en cada alma. El nacimiento no es un acontecimiento psicológico ni una recompensa, sino la verdad de lo que el hombre es cuando deja de interponer imágenes, deseos y propósitos: entonces el alma no hace nada y Dios lo hace todo. Eckhart insiste en que ese nacimiento ocurre «en la esencia del alma», no en sus potencias, y en que exige silencio. La doctrina tiene raíces en Orígenes y Agustín, pero en Eckhart se vuelve el centro: la encarnación ocurrió para que el hombre llegue a ser por gracia lo que Cristo es por naturaleza. De ahí procede la proposición condenada de que el hombre bueno es el Hijo unigénito de Dios.

  • Pobreza de espíritupobreza-de-espiritu

    En el sermón 52, sobre «Bienaventurados los pobres de espíritu», Eckhart rechaza la pobreza entendida como penitencia o como renuncia a la propia voluntad para cumplir la de Dios, porque quien todavía quiere cumplir la voluntad de Dios aún quiere algo. Propone una pobreza triple: no querer nada, no saber nada y no tener nada, ni siquiera un lugar en el que Dios pueda obrar, de modo que si Dios quiere actuar en el alma tenga que ser él mismo el lugar de su obra. Esa pobreza devuelve al hombre a lo que era «antes de ser», cuando en Dios no había Dios ni criatura. El sermón se predicó en los años en que la controversia franciscana sobre la pobreza material de Cristo agitaba la Iglesia; Eckhart desplaza la cuestión del tener al ser. Es el texto en el que más se apoyan las lecturas que lo comparan con la vacuidad budista.

  • Vivir sin porquésin-porque

    «Sunder warumbe», sin porqué, es la fórmula con la que Eckhart describe la vida que brota del fondo. Si se pregunta a la vida durante mil años por qué vive, responderá: vivo porque vivo; del mismo modo, el justo obra sin buscar recompensa, ni siquiera el cielo ni Dios, porque quien busca algo con sus obras hace de Dios un medio, como quien ordeña una vaca por la leche y el queso. La expresión desautoriza toda espiritualidad mercantil —la de los «mercaderes» del sermón 1— y hace de la gratuidad el signo de la unión. Ángelus Silesius la volvió verso en el siglo XVII («La rosa es sin porqué; florece porque florece») y Heidegger le dedicó páginas en La proposición del fundamento. Para Eckhart no es indiferencia moral: el que vive sin porqué hace las obras con más libertad y más amor, porque ya no las necesita.

Milarepa
  • Devoción al gurú y purificación por la pruebadevocion-al-guru

    El relato de las torres fija para toda la tradición tibetana el principio de que el maestro tántrico puede imponer pruebas aparentemente crueles y de que la devoción que las atraviesa es la verdadera iniciación. Marpa explica al final que cada torre levantada y derribada purificó un crimen de Milarepa —«karma negativo» acumulado por la hechicería— y que, de haber completado nueve pruebas, el discípulo no habría necesitado renacer nunca más. La idea se apoya en la doctrina del karma (toda acción produce fruto) y en la tántrica de que el gurú es el Buda en persona, por lo que su indicación, por absurda que parezca, es el camino. Milarepa no se rebela, pero tampoco se somete sin dolor: el texto registra sus llagas, sus intentos de suicidio y su huida con una carta falsa, y precisamente esa humanidad hace creíble la lección. Para la hagiografía, la devoción es también lo que une el linaje: la transmisión Kagyu es una cadena de maestros y discípulos (Tilopa–Nāropa–Marpa–Milarepa–Gampopa) donde la relación personal, no el texto, garantiza la autenticidad. Los críticos modernos han señalado el riesgo de abuso que esta doctrina conlleva; la tradición responde que Marpa lloró al explicar lo que había hecho.

  • Mahāmudrā (phyag rgya chen po), la Gran Sellamahamudra

    Enseñanza central del linaje Kagyu sobre la naturaleza de la mente: la mente es, en sí misma, vacía, luminosa y no obstruida, y la realización consiste en reconocerlo directamente, sin fabricar nada, dejando los pensamientos surgir y disolverse como olas en el mar. Milarepa la recibió de Marpa, que la había recibido de Nāropa y, a través de él, de la tradición de los mahāsiddhas (Saraha, Tilopa). En las canciones aparece una y otra vez como «la mente que no nace, no permanece ni cesa», y como el punto en el que las prácticas del camino —visualizaciones, tummo, los yogas de Nāropa— desembocan y se vuelven innecesarias. La tradición distingue el mahāmudrā de los sutras (gradual, meditativo) y el de los tantras (ligado a las iniciaciones y al calor interior); Milarepa encarna el segundo, y Gampopa, su discípulo, sistematizará el primero para los monjes. Su ortodoxia fue discutida: Sakya Paṇḍita, en el siglo XIII, criticó el mahāmudrā Kagyu como un Chan chino disfrazado, y la polémica atraviesa la historia doctrinal tibetana. Para la hagiografía, el mahāmudrā de Milarepa es la demostración de que la realización completa cabe en una vida.

  • Canciones de realización (mgur)mgur

    El mgur es un género tibetano de poesía cantada, de origen prebudista y cortesano, que Milarepa convirtió en el vehículo por excelencia de la enseñanza de la experiencia. A diferencia del tratado escolástico, la canción se improvisa ante una situación —un demonio que ataca, una hermana que llora, un cazador que apunta— y responde a ella desde la realización del que canta; por eso su lengua es coloquial, su métrica sencilla y sus imágenes, las del pastor y el campesino: el yak, el granizo, la cueva, la tela de algodón. Formalmente hereda los dohā de los mahāsiddhas indios (Saraha, Tilopa) que Marpa había traído de la India, pero los tibetaniza por completo. La colección atribuida a Milarepa, el Mgur 'bum o «cien mil canciones», fue fijada por Tsangnyön Heruka en 1488 y no puede saberse qué versos remontan al propio yogui; lo seguro es que el género se identificó con él hasta el punto de que la iconografía lo representa con la mano en la oreja, en el gesto del cantor. Milarepa inaugura así una tradición —los cantos de Drukpa Kunley, de Kalden Gyatso, de Shabkar— en la que la poesía no ilustra la doctrina sino que es su prueba.

  • El retiro en la montaña (ri khrod) y la vida del repari-khrod

    Milarepa es el arquetipo tibetano del ermitaño de montaña: tras encontrar los huesos de su madre jura no bajar al valle hasta alcanzar la realización, y pasa el resto de su vida en cuevas —Drakar Taso, Lapchi, Chuwar, el Kailash— que hoy son lugares de peregrinación. La soledad no es una huida sino el lugar donde la práctica tántrica puede llevarse a su término; las canciones repiten que las ocho preocupaciones mundanas (ganancia y pérdida, placer y dolor, fama y oscuridad, alabanza y censura) no suben a la montaña, y que la pobreza —una tela, un bastón, un cuenco, ortigas— es una forma de libertad. El término repa (ras pa, «el del algodón») designa al practicante laico del tummo que vive así, frente al monje con hábito y monasterio; la tensión entre ambos modelos recorre la historia Kagyu, y Gampopa la resolvió llevando la experiencia del yogui al claustro. Milarepa no fundó monasterio alguno; su legado institucional lo construyeron otros. En cambio, el modelo del retiro de tres años, tres meses y tres días que practican los Kagyu, y la figura del «loco» santo (Tsangnyön Heruka, Drukpa Kunley) que vive fuera de toda institución, se reclaman de él.

  • Tummo (gtum mo), el calor interiortummo

    Primero de los seis yogas de Nāropa, el tummo es una práctica de la fase de perfección del tantra que, mediante la respiración, la visualización de los canales sutiles y la concentración en el «fuego» bajo el ombligo, genera un calor físico real y, en el plano interior, funde las «gotas» y hace surgir la experiencia de la dicha-vacuidad. Es la práctica que explica la figura del repa: el yogui vestido con una sola tela de algodón que sobrevive a los inviernos del Himalaya a cuatro y cinco mil metros. En el Namthar, Marpa se lo transmite a Milarepa junto con el mahāmudrā, y en las canciones es el calor —no la ropa— lo que le permite despreciar las ofrendas de pieles y responder a su hermana que no pasa frío. La tradición Kagyu lo considera el acceso experiencial más directo al mahāmudrā: cuando el calor y la dicha estabilizan la mente, la naturaleza de ésta se reconoce sin esfuerzo. Desde los años ochenta ha sido objeto de estudios fisiológicos (Herbert Benson en Harvard) que documentaron aumentos de temperatura periférica en practicantes; nada de ello, obviamente, dice algo sobre Milarepa, pero explica por qué su imagen ha fascinado tanto a Occidente.

  • El despertar «en un cuerpo y en una vida»una-vida-un-cuerpo

    La promesa específica del camino tántrico frente al camino gradual del bodhisattva, que exige tres incalculables eones: con las instrucciones del gurú y una práctica sin reservas, el despertar completo es alcanzable en esta misma existencia. Milarepa es su demostración canónica, y lo es doblemente, porque parte del punto más bajo: un asesino de treinta y cinco personas que, según el Namthar, teme los infiernos y llega a la budeidad sin dejar de ser laico, pobre y sin cargo. Donald Lopez ha señalado que Tsangnyön Heruka construyó deliberadamente el relato sobre el molde de la vida de Śākyamuni —nacimiento, renuncia, ascesis extrema, despertar, enseñanza, muerte— para presentar a Milarepa como un Buda «nacido e iluminado en el Tíbet»; el país que había recibido el Dharma de la India producía así su propio buda. De ahí la insistencia de las canciones en la impermanencia y la urgencia: si la liberación cabe en una vida, cada día perdido cuenta. La idea tuvo consecuencias prácticas —el modelo del retiro de por vida, el prestigio del yogui laico frente al erudito— y una consecuencia literaria: el género del namthar o «liberación completa», biografía como mapa del camino.

Tsongkhapa
  • El objeto de la negacióndgag-bya

    Para Tsongkhapa, el error más frecuente al meditar la vacuidad es no saber qué se niega. Si se niega demasiado —la existencia misma de las cosas, o su eficacia causal— se cae en el nihilismo y se destruye la base de la ética; si se niega demasiado poco —solo una sustancia permanente, o un yo inventado por las filosofías— el aferramiento innato sigue intacto. Por eso insiste en identificar con precisión el objeto de la negación (dgag bya): la existencia intrínseca, por su propio lado, que la mente ordinaria proyecta espontáneamente sobre las personas y los fenómenos. Lo que se niega no es la silla, sino la silla en cuanto existente por sí misma. Esta doctrina, desarrollada en la sección de la visión superior del Lamrim Chenmo, fue el centro de las grandes controversias con autores sakya posteriores como Gorampa y Shākya Chokden, que lo acusaron de negar demasiado poco.

  • Etapas del camino (lamrim)lamrim

    El lamrim es una forma de organizar todas las enseñanzas del Buda como un itinerario graduado para una sola persona. Tsongkhapa lo heredó de la Lámpara del camino de Atiśa (siglo XI) y de los maestros kadampa, y le dio su forma clásica en el Lamrim Chenmo: tras la confianza en el maestro y la reflexión sobre el precioso nacimiento humano, el practicante recorre los temas propios de tres «clases de personas». La pequeña busca un buen renacimiento y medita sobre la muerte, los reinos inferiores, el refugio y el karma; la mediana busca la liberación y medita sobre el sufrimiento del saṃsāra y sus causas; la grande busca la budeidad por los demás y cultiva la bodhicitta, las seis perfecciones y, al final, la unión de calma mental y visión superior. La clave del método es que cada etapa se convierte en experiencia antes de pasar a la siguiente, y que ninguna enseñanza se descarta: todo encuentra su lugar en el camino de una persona.

  • Los ocho puntos difícilesocho-puntos-dificiles

    Tsongkhapa sostuvo que la escuela prāsaṅgika de Candrakīrti se distingue de las demás por un conjunto de tesis «difíciles» que fijó en una lista de ocho, recogida por Gyaltsab en sus notas y desarrollada en la Iluminación del pensamiento. Según el resumen de Sparham y Ehm, se refieren a los fundamentos (rechazo, incluso convencional, de los particulares definidos por sí mismos; rechazo de la conciencia almacén; aceptación convencional de los objetos externos), al camino (rechazo del razonamiento autónomo como medio para comprender la realidad; rechazo de la autoconsciencia; modo en que existen los dos oscurecimientos; comprensión de la ausencia de naturaleza propia por śrāvakas y pratyekabuddhas) y al fruto (cómo conoce un buda lo convencional). La lista dio forma a toda la enseñanza gelug del Madhyamaka y fue objeto de críticas de otras escuelas, que veían en ella una construcción más tibetana que india.

  • Vacuidad y origen dependienteorigen-dependiente-vacuidad

    El núcleo de la filosofía de Tsongkhapa es la equivalencia entre vacuidad y origen dependiente que Nāgārjuna había formulado y que él lee a través de Buddhapālita y Candrakīrti. Las cosas están vacías de existencia intrínseca precisamente porque surgen en dependencia de causas, de partes y de la designación conceptual; y porque están vacías, pueden surgir, cambiar y producir efectos. La vacuidad no es, pues, una realidad oculta tras las apariencias ni una nada, sino el modo de ser de las apariencias mismas. De ahí que, según Tsongkhapa, la verdad convencional conserve toda su validez: hay percepciones correctas e incorrectas, acciones virtuosas y dañinas, aunque nada exista por sí mismo. La Alabanza del origen dependiente celebra al Buda precisamente por haber enseñado esta compatibilidad, y Los tres aspectos principales sitúa en ella el final del análisis.

  • Unión de calma mental y visión superiorshamatha-vipashyana

    Las dos últimas secciones del Lamrim Chenmo tratan de la calma mental (śamatha), la concentración estable y nítida, y de la visión superior (vipaśyanā), el análisis que comprende la vacuidad. Tsongkhapa insiste en que no basta con ninguna de las dos: la concentración sin análisis no corta el aferramiento, y el análisis sin concentración no se estabiliza. La meta es su unión, en la que el propio análisis induce la estabilidad. En este contexto critica con dureza la idea de que el despertar consiste en suspender todo pensamiento, que los tibetanos asociaban al maestro chino Heshang Moheyan, protagonista del debate de Samye del siglo VIII: para Tsongkhapa la mera ausencia de conceptos es un estado de concentración, no una comprensión, y confundir ambos es uno de los peligros mayores del camino.

  • Los tres aspectos principales del caminotres-aspectos-principales

    Tsongkhapa resumió todo el camino en tres disposiciones. La primera es la renuncia o «determinación de salir» (nges 'byung): un desapego que no nace del desprecio del mundo sino de comprender que ningún logro dentro de la existencia condicionada es estable. La segunda es la bodhicitta, la aspiración a despertar por el bien de todos los seres, sin la cual la renuncia se queda en salvación individual. La tercera es la visión correcta (yang dag pa'i lta ba) de la vacuidad, sin la cual ni la renuncia ni la compasión pueden cortar la raíz del sufrimiento, que es el aferramiento a una existencia intrínseca. La enseñanza no sustituye al lamrim, sino que muestra su esqueleto: todo lo demás son medios para generar estas tres cualidades. Su formulación más famosa es la carta en catorce estrofas a Tsakho Önpo Ngawang Drakpa, que termina con la exhortación a retirarse y practicar.

Vasiṣṭha
  • Dharma en los dharmasūtradharma

    En los dharmasūtra, dharma designa el conjunto de normas que rigen la conducta según la clase social y el estadio de la vida: deberes rituales, pureza, matrimonio, herencia, justicia del rey y penitencias. El Vasiṣṭha Dharmasūtra comienza definiendo sus fuentes —el Veda, la tradición (smṛti) y la conducta de los hombres de bien— y termina con una exhortación moral de alcance universal: practicar la rectitud, decir la verdad, mirar lejos. Olivelle ha mostrado que estos textos no son códigos legales aplicados por tribunales, sino manuales de escuelas brahmánicas que proponían un ideal de sociedad; su atribución a sabios antiguos como Vasiṣṭha les daba autoridad.

  • Jīvanmukti (liberación en vida)jivanmukti

    Jīvanmukti es el estado de quien está liberado mientras sigue vivo: actúa en el mundo, cumple sus deberes y conserva su cuerpo, pero ya no se identifica con nada de ello. El Yoga Vāsiṣṭha es uno de los textos que más desarrollan esta noción y la ilustra con figuras como el rey Janaka, que alcanza el conocimiento oyendo el canto de unos sabios, o la pareja de Cūḍālā y Śikhidhvaja, que vuelven a gobernar tras su despertar. La obra describe siete estadios del conocimiento (bhūmikā) que van del deseo de lo bueno y la indagación hasta un estado último sin rastro de dualidad. La idea pasó a la literatura vedántica posterior, donde Vidyāraṇya (s. XIV) dedica un tratado entero a la liberación en vida.

  • El mundo como proyección de la mentemundo-como-mente

    El Yoga Vāsiṣṭha sostiene que el universo entero es una creación de la mente (manas) o de la conciencia (cit), comparable a un sueño o a una ciudad imaginada: existe mientras se piensa y deja de existir cuando el pensamiento se aquieta. Lo demuestra con relatos de mundos dentro de mundos —Līlā visita las vidas sucesivas de su marido, que transcurren a la vez en el espacio de una habitación; el rey Lavaṇa vive durante un instante toda una existencia como paria— que disuelven la solidez del tiempo y del espacio. La doctrina emparenta la obra con el idealismo budista y con el no dualismo vedántico, y es la razón de que se la haya leído como texto de Advaita; los estudios de Slaje y Hanneder muestran, sin embargo, que el Mokṣopāya original no pertenecía a ninguna escuela.

  • Pauruṣa (el esfuerzo humano frente al destino)paurusha

    Una de las tesis más características del Yoga Vāsiṣṭha es la primacía del esfuerzo humano (pauruṣa) sobre el destino (daiva). En los primeros capítulos del libro del buscador, Vasiṣṭha sostiene que lo que se llama destino no es sino la acción pasada del propio sujeto, y que el esfuerzo presente, bien dirigido, puede vencerlo como el carnero más fuerte vence al débil. El fatalismo, dice, es la excusa de los perezosos. La insistencia resulta llamativa en una obra que, a la vez, afirma que el mundo es una proyección mental: el esfuerzo que se exige es, sobre todo, el de la indagación, que conduce a reconocer la naturaleza ilusoria de las ataduras. Aleksandar Uskokov ha comparado esta doctrina con la de Schopenhauer.

  • Purohita (capellán del rey)purohita

    El purohita, literalmente «el que está puesto delante», es el sacerdote doméstico de un rey, responsable de sus ritos y garante de su prosperidad y de su victoria. En el Ṛgveda los Vasiṣṭha se presentan como los purohita de Sudās y atribuyen a sus plegarias el triunfo en la batalla de los diez reyes; en el Rāmāyaṇa, Vasiṣṭha es el purohita hereditario de la casa de Ikṣvāku. La figura condensa una idea fundamental del orden védico: el poder del guerrero (kṣatra) necesita la palabra del brahmán (brahman) para ser legítimo y eficaz. La rivalidad entre Vasiṣṭha y Viśvāmitra, rey convertido en sabio, es la dramatización de esa relación.

  • Saptarṣi (los siete sabios)saptarshi

    Los saptarṣi son los siete videntes primordiales a quienes se revelaron los himnos védicos y de quienes descienden los linajes brahmánicos (gotra). Las listas varían según los textos, pero Vasiṣṭha figura en casi todas, junto a Atri, Bharadvāja, Gautama, Jamadagni, Kaśyapa y Viśvāmitra, o Marīci, Aṅgiras, Pulastya, Pulaha y Kratu en las listas purāṇicas. En el cielo se identifican con las siete estrellas de la Osa Mayor; Vasiṣṭha es Mizar y su esposa Arundhatī, la pequeña Alcor. Pertenecer a un gotra «Vasiṣṭha» significa, todavía hoy, reclamar descendencia ritual de ese antepasado, lo que explica la persistencia del nombre a lo largo de tres milenios.

Vyāsa
  • El dharma sutil (sūkṣma dharma)dharma-sutil

    Una de las ideas que recorren el Mahābhārata es que el dharma, el orden recto de la conducta, es «sutil» y difícil de conocer: las normas entran en conflicto, los justos pierden y los vencedores dudan de su victoria. Yudhiṣṭhira, el rey del dharma, se juega a su esposa a los dados y miente a Droṇa; Kṛṣṇa recomienda engaños para ganar la guerra; Bhīṣma dedica dos libros enteros a enseñar cómo actuar cuando las reglas no bastan. Hiltebeitel ha leído el poema como una «educación del rey del dharma». El lamento final de Vyāsa —«del dharma nacen la riqueza y el placer; ¿por qué no se sigue?»— resume esa tensión entre el ideal y la experiencia.

  • Guru Pūrṇimā (Vyāsa Pūrṇimā)guru-purnima

    La luna llena del mes de āṣāḍha (junio-julio) se celebra en la India como Guru Pūrṇimā o Vyāsa Pūrṇimā, la fiesta en que los discípulos honran a sus maestros, y se considera el día del nacimiento de Vyāsa, venerado como el maestro primordial. En los linajes vedánticos y en muchas órdenes monásticas se inicia ese día el retiro de la estación de lluvias. La fiesta muestra cómo la figura del compilador de los textos se convirtió en el arquetipo del guru: el que recibe, ordena y transmite el saber. El asiento desde el que se recita la epopeya en los templos se sigue llamando vyāsapīṭha, «el asiento de Vyāsa».

  • Acción sin deseo del fruto (niṣkāma karma)nishkama-karma

    La Bhagavad Gītā responde a la parálisis de Arjuna con una doctrina de la acción: no se trata de renunciar a actuar, lo que es imposible, sino de actuar sin apego a los resultados, cumpliendo el propio deber y ofreciendo la acción a lo divino. «Tu derecho es solo a la acción, nunca a sus frutos», dice Kṛṣṇa (2.47). El karmayoga se combina en el texto con el camino del conocimiento (jñāna) y el de la devoción (bhakti), y su síntesis explica la enorme fortuna de la obra en la India moderna, de Tilak y Gandhi a Aurobindo, y fuera de ella.

  • El quinto Veda (itihāsa)quinto-veda

    El Mahābhārata se presenta como un «quinto Veda»: según el Ādiparvan, Vyāsa enseñó a sus discípulos «los Veda con el Mahābhārata como quinto». La fórmula reclama para la epopeya la autoridad de la revelación sin pertenecer a ella, y la abre a quienes no podían estudiar los Veda, como las mujeres y los śūdra. El género se llama itihāsa, «así fue en verdad»: historia ejemplar, distinta de la poesía (kāvya) del Rāmāyaṇa y de los Purāṇa, aunque emparentada con ambos. Bruce Sullivan ha leído a Vyāsa precisamente como el vidente de ese quinto Veda, una figura semejante a Brahmā que crea y transmite la palabra sagrada.

  • Vyāsa como función: los veintiocho Vyāsavyasa-de-cada-era

    Los Purāṇa convierten a Vyāsa en un cargo cósmico. En cada edad dvāpara, cuando la capacidad de los hombres decae, una forma de Viṣṇu aparece como Vyāsa para dividir el Veda y hacerlo accesible. El Viṣṇu Purāṇa enumera veintiocho en el presente periodo del mundo: entre ellos Vasiṣṭha, Vālmīki, Śakti y Parāśara, y por último Kṛṣṇa Dvaipāyana; el próximo será Aśvatthāman. La doctrina explica cómo un solo nombre puede firmar tantos textos: Vyāsa no es tanto una persona como la función de ordenar y transmitir la revelación, que distintos sabios desempeñan en distintas eras.

Vladímir Soloviov
  • Divinohumanidad (bogochelovechestvo)divinohumanidad

    La divinohumanidad es la unión libre de Dios y de la humanidad, inaugurada en Cristo y destinada a extenderse a todo el género humano y, a través de él, a toda la creación. Para Soloviov la historia religiosa de la humanidad es una revelación progresiva de Dios —del naturalismo pagano al budismo, al platonismo y al monoteísmo hebreo— que culmina en la encarnación: en Cristo, Dios y hombre se unen sin confusión ni separación, como enseñó Calcedonia. Pero la encarnación no es un hecho cerrado: es el comienzo de un proceso en el que la humanidad debe asimilar libremente la vida divina, como Cristo asimiló la naturaleza humana. La Iglesia es la forma histórica de ese proceso, y su meta es el Reino de Dios. Soloviov opone la divinohumanidad a la «hombredivinidad», el intento del hombre de hacerse Dios por sí mismo, que encarnarán el superhombre de Nietzsche y, al final, el Anticristo.

  • El Anticristo filantrópicoel-anticristo

    En el «Breve relato del Anticristo» Soloviov invierte la imagen tradicional del enemigo de Cristo. Su Anticristo no es un monstruo, sino un genio espiritualista, vegetariano, filántropo y pacifista, autor de un libro titulado «El camino abierto hacia la paz y la prosperidad universales», que une el mundo, suprime la guerra y el hambre y ofrece a cada Iglesia lo que más desea: a los católicos la autoridad, a los ortodoxos la tradición, a los protestantes la libre investigación. Su único defecto es que se ama a sí mismo más que a nadie y que no soporta a Cristo, al que considera un precursor. La mayoría de los cristianos lo acepta; sólo un resto, guiado por el stárets Juan, el papa Pedro II y el profesor protestante Ernst Pauli, se niega, porque lo más precioso del cristianismo es Cristo mismo, y en esa negación se consuma la unión de las Iglesias. El relato encierra la crítica tardía de Soloviov a la moral sin metafísica de Tolstói y a la idea de un progreso que pretenda salvar al hombre sin Dios.

  • El sentido del amor y la sizigiasentido-del-amor

    Contra Schopenhauer y Darwin, para quienes el amor sexual es un ardid de la especie, Soloviov sostiene que su sentido es individual y espiritual. El egoísmo consiste en atribuirse a uno mismo un valor absoluto y negarlo a los demás; el amor obliga a reconocer en otro ese mismo valor incondicional, y con ello desplaza el centro de la propia vida. Por eso es la forma más concreta de vencer el egoísmo y la condición de la verdadera individualidad. En el amor entre hombre y mujer, cada uno ve en el otro su imagen ideal, la imagen de Dios que el tiempo y la materia ocultan; el amor es la tarea de realizarla. Soloviov llama «sizigia» (del griego, unión de pares, término tomado de los gnósticos) a esa unión que debe extenderse de la pareja a la sociedad, a la naturaleza y a Dios. Su meta última es la victoria sobre la muerte: un amor que acepta la muerte del amado no ha comprendido su propio sentido.

  • Sofía, la Sabiduría divinasofia

    Sofía es en Soloviov a la vez una experiencia y un concepto. Como experiencia, es la figura femenina luminosa que dice haber visto tres veces (1862, 1875, 1876) y a la que dirigió buena parte de su poesía. Como concepto, retoma la Sabiduría de los libros sapienciales, la Sofía de los gnósticos y de Jakob Böhme y la iconografía rusa de Santa Sofía: es el contenido eterno de Dios, la idea divina del mundo, la «materia de la Divinidad» y, desde el lado de la creación, el alma del mundo, que cayó en la dispersión y busca reunirse con Dios. Sofía es también la humanidad ideal, eternamente contenida en Cristo, y el «eterno femenino» que se manifiesta en la Virgen, en la Iglesia y en el amor. Su sofiología fue criticada por teólogos ortodoxos por difuminar la distinción entre Creador y criatura, y desarrollada por Bulgákov y Florenski.

  • Teocracia libre e Iglesia universalteocracia-libre

    En la década de 1880 Soloviov concibió la realización histórica de la divinohumanidad como una «teocracia libre»: un orden cristiano universal en el que tres funciones, distintas y libres, colaborarían. El sumo sacerdote —el papa, sucesor de Pedro y centro de la unidad de la Iglesia— ejercería la autoridad espiritual; el rey —el zar ruso, heredero del imperio cristiano— el poder temporal; y el profeta, la libertad de la conciencia y de la crítica. La premisa era la reunión de las Iglesias ortodoxa y católica, que Soloviov consideraba separadas sólo en la superficie. La idea, expuesta en «Historia y futuro de la teocracia» y «Rusia y la Iglesia universal», le enfrentó a la vez con la jerarquía ortodoxa, con los eslavófilos y con la censura. En los noventa la abandonó como programa político, y en el «Relato del Anticristo» la teocracia reaparece transformada: la unidad de las Iglesias se consuma sólo al final de la historia, contra un imperio mundial que se presenta como cristiano.

  • Unitotalidad (vseedinstvo)unitotalidad

    La unitotalidad es la categoría central de la filosofía de Soloviov: la realidad verdadera no es ni la unidad abstracta que absorbe las partes (como en el panteísmo o en la mística oriental, tal como él la entendía) ni la multiplicidad de individuos aislados del atomismo y del individualismo occidental, sino una unidad que contiene en sí positivamente todas las cosas, cada una con su lugar y su valor propio. Dios es unitotalidad absoluta; el mundo es unitotalidad en devenir, desgarrada por la separación y el egoísmo, y su historia es el proceso por el que vuelve a reunirse sin perder su libertad. De ahí deriva su crítica de los «principios abstractos»: cada principio parcial —la experiencia, la razón, el placer, el derecho— es verdadero en su sitio y falso cuando se erige en absoluto. En el plano del conocimiento, la unitotalidad exige un «conocimiento integral» que una ciencia, filosofía y teología; en el plano social, una «sociedad integral» en la que Iglesia, Estado y economía colaboren como órganos de un cuerpo.

Alan Watts
  • El doble vínculo socialdoble-vinculo

    Tomando la teoría del doble vínculo de Gregory Bateson, Watts describe la situación contradictoria en que la sociedad coloca al individuo: se le exige ser espontáneo, amar, sentirse libre y responsable, pero se le ordena hacerlo, con lo que la exigencia misma impide lo que pide. «Sé espontáneo» es la orden imposible por excelencia. Según Watts, de esta trampa nace buena parte de la ansiedad occidental, y los maestros zen la utilizan deliberadamente a la inversa: el koan plantea al discípulo un doble vínculo que solo se resuelve cuando abandona el punto de vista del yo que intenta resolverlo. La liberación no consiste en ganar la partida, sino en darse cuenta de que el juego está trucado.

  • El ego encerrado en la pielego-encerrado-en-la-piel

    Expresión con la que Watts describe la identidad que la cultura occidental enseña a sentir: un centro de conciencia aislado, alojado tras los ojos y limitado por la piel, que se enfrenta a un mundo exterior ajeno. Para Watts esa sensación no es un dato inmediato de la experiencia, sino el resultado de convenciones lingüísticas y sociales —la gramática de sujeto y objeto, la educación, la moral del esfuerzo— que separan artificialmente organismo y entorno. La biología y la ecología, argumenta, muestran que el organismo es inseparable de su medio, y las tradiciones del vedanta y el budismo llegan a la misma conclusión por la vía de la introspección. Reconocer la ilusión no conduce a la anulación de la persona, sino a sentirse expresión de un proceso mayor, lo que según él cambiaría también la relación del ser humano con la naturaleza y la técnica.

  • El juego cósmico del esconditejuego-cosmico

    Imagen central de la cosmología de Watts, inspirada en la noción hindú de lila (el juego divino) y en la de maya. La realidad última —llámese Brahman, Dios o simplemente «eso»— juega al escondite consigo misma: se olvida de sí y se esconde en todas las formas, incluidos los seres humanos, para el placer de volver a encontrarse. Cada persona sería, en el fondo, el todo disfrazado de una parte, según la fórmula upanishádica tat tvam asi («tú eres eso»). Watts presenta esta visión como alternativa a la imagen occidental de un Dios monarca que fabrica el mundo desde fuera; su universo se parece más a un drama o a una danza que a un artefacto. La idea no pretende ser una demostración metafísica, sino un mito más adecuado a la experiencia mística y a la ciencia de los sistemas.

  • La ley del esfuerzo invertidoley-del-esfuerzo-invertido

    Watts observa que ciertos estados —la seguridad, la felicidad, el sueño, la espontaneidad, la iluminación— se alejan cuanto más se persiguen: quien intenta dormirse a la fuerza se desvela, quien busca la seguridad psicológica multiplica la ansiedad. Llama a esta paradoja ley del esfuerzo invertido, una expresión que circulaba en la psicología de su tiempo, y la relaciona con el wu wei taoísta y con la crítica zen del esfuerzo por alcanzar el despertar. No predica la pasividad: lo que propone es abandonar la pretensión de controlar la experiencia desde un yo separado y actuar en armonía con el curso de las cosas, como quien nada a favor de la corriente en lugar de debatirse contra ella.

  • Las vías de liberaciónvias-de-liberacion

    En Psychotherapy East and West, Watts propone dejar de clasificar el budismo, el vedanta, el yoga o el taoísmo como religiones o filosofías en el sentido occidental y considerarlos «vías de liberación»: disciplinas prácticas para deshacer los nudos que la socialización ata en la mente, en particular la identificación con un yo separado y con los roles sociales. Desde esta perspectiva, el maestro zen y el psicoterapeuta comparten una tarea: ayudar a alguien a ver que el problema que le angustia procede de convenciones que ha tomado por realidades. Watts dialoga con Freud, Jung, la psicología existencial y Gregory Bateson, aunque señala diferencias: la psicoterapia occidental tiende a reajustar a la persona a la sociedad, mientras que las vías orientales la liberan de la identificación con ella.

  • Zen beat y zen cuadradozen-beat-y-zen-cuadrado

    Distinción formulada por Watts en 1958 para criticar dos deformaciones del zen en Occidente. El «zen beat» era el de Jack Kerouac y la generación beat, que tomaba la libertad del zen como coartada para la rebeldía, el desorden o el capricho, sin advertir que seguía atado a aquello contra lo que se rebelaba. El «zen cuadrado» era el de quienes convertían el zen en una disciplina jerárquica y ritual en busca de la experiencia correcta y del sello de un maestro. Para Watts el zen auténtico no necesita justificarse ni contra la sociedad ni a través de la institución: es la naturalidad de quien ya no busca nada. El ensayo fijó su posición en el auge del zen en Estados Unidos.

Jakob Böhme
  • Los tres principiosdrei-prinzipien

    A partir de 1619 Böhme organiza toda la realidad en tres principios. El primero es el mundo oscuro o ígneo, la naturaleza eterna en su aspecto de deseo contraído, que se manifiesta como cólera; corresponde al Padre. El segundo es el mundo de la luz, donde el fuego se transforma en amor y alegría; corresponde al Hijo. El tercero es este mundo exterior y visible, mezcla de los dos y nacido de ellos, con sus astros y elementos. Los tres no son tres lugares sino tres modos de un mismo ser, y el hombre los lleva en sí: un alma ígnea, un espíritu que puede abrirse a la luz y un cuerpo exterior. Caer es quedarse encerrado en el primero o en el tercero; renacer es que la luz encienda de nuevo el fuego del alma. La doctrina sustituye en su madurez el esquema más tanteante de la Aurora y da forma a toda su antropología.

  • Los siete espíritus-fuente (Quellgeister)quellgeister

    En la Aurora Böhme describe la naturaleza divina como siete «espíritus-fuente» o cualidades que se engendran mutuamente: lo áspero o astringente, lo dulce, lo amargo, el calor o fuego, el amor, el sonido o mercurio y el cuerpo que los contiene a todos. Los asocia a los planetas, a los humores y a los sabores, y juega con la palabra Qual, que es a la vez «cualidad», «manantial» y «tormento». En las obras posteriores las llama siete propiedades y las ordena en dos ternas —las tres primeras forman la rueda oscura del deseo; las tres últimas, el mundo de la luz— separadas por el fuego, cuarta propiedad, donde se decide si la vida se vuelve cólera o amor. El esquema reaparece en De signatura rerum como proceso alquímico y fue retomado por la teosofía cristiana posterior, de Gichtel a Saint-Martin.

  • La signatura de las cosas y la lengua de la naturalezasignatura-rerum

    Toda cosa, dice Böhme, expresa hacia fuera lo que es por dentro: su forma, su color, su olor y su sonido son la «signatura» de la cualidad que la engendró, como la voz delata el ánimo de quien habla. El mundo visible entero es una figura del mundo espiritual, y quien sabe leerla entiende a la vez la naturaleza y a sí mismo. Böhme hereda la doctrina médica de las signaturas de Paracelso —la planta que se parece a un órgano lo cura—, pero la convierte en una hermenéutica universal. Su contrapartida es la «lengua de la naturaleza» (Natursprache): la lengua de Adán antes de Babel, en la que el nombre decía la esencia, y de la que el alemán conservaría vestigios en el sonido de las sílabas, que Böhme analiza con una etimología fantástica. La idea fascinó a los románticos y a los poetas, de Novalis a Blake.

  • Sofía, la virgen de la sabiduríasophia

    Para Böhme la sabiduría divina es una «virgen eterna»: el espejo en que Dios se contempla y en el que ve, antes de crear, las imágenes de todas las cosas. No engendra por sí misma, pero en ella se hace visible lo que la voluntad divina contiene. Adán fue creado como andrógino, con la Sofía como su compañera interior; al caer, al desear el mundo exterior, la perdió, y de esa pérdida procede la división de los sexos. En Cristo la virgen celeste se une de nuevo a la humanidad, y en el alma que renace vuelve a desposarse con ella: buena parte de las páginas más líricas de Böhme son diálogos nupciales entre el alma y la Sofía. La figura nutrió a los behmenistas ingleses —Jane Leade fundó en ella su Sociedad Filadelfia— y, a través de Soloviov, Florenski y Bulgákov, la sofiología rusa, que Berdiáyev comparó expresamente con la de Böhme.

  • Ungrund (el sin-fondo)ungrund

    Ungrund es la palabra con que Böhme nombra lo que hay «antes» de Dios como Dios revelado: un abismo sin fondo, sin naturaleza ni determinación, que no es ni bien ni mal, ni luz ni tinieblas, sino pura voluntad que todavía no quiere nada. En ese sin-fondo surge un deseo de verse a sí mismo; el deseo se contrae, se oscurece y se enciende, y de esa tensión nacen la naturaleza eterna, la Trinidad revelada y, en último término, el mundo. El concepto le permite pensar el origen del mal sin hacerlo obra de Dios: la cólera es una posibilidad inscrita en el proceso de la autorrevelación divina, no una decisión de Dios. Su vocabulario procede de la mística alemana —el Grund de Eckhart— y de la especulación alquímica, pero el uso es suyo. Schelling lo retomó en sus Investigaciones sobre la esencia de la libertad humana (1809) y Berdiáyev lo convirtió en la clave de su filosofía de la libertad increada.

  • Nuevo nacimiento y Gelassenheitwiedergeburt

    La meta práctica de toda la especulación de Böhme es el nuevo nacimiento: que en el hombre caído, atrapado en la cólera del primer principio y en la dispersión del tercero, nazca un hombre interior, celeste, por la semilla de la Palabra. No se trata de un cambio de estatuto jurídico ante Dios, como en la justificación forense que predicaban sus adversarios, sino de una transformación real del alma, lenta y llena de combates. El camino es la Gelassenheit, el dejarse: renunciar a la voluntad propia, que es la raíz del mal, para que la voluntad divina obre en el hueco que queda. Böhme lo describe en sus tratados devocionales con imágenes de la mística renana —morir a sí mismo, el sábado del alma, oír a Dios cuando calla el pensar— y con una insistencia en la paciencia y la humildad que hizo de El camino a Cristo un libro de cabecera del pietismo.

León Tolstói
  • El arte como contagio de sentimientosel-arte-como-contagio

    En «¿Qué es el arte?» (1897–1898) Tolstói rechaza las definiciones del arte por la belleza o el placer y lo define como la actividad por la que una persona, mediante signos externos, transmite conscientemente a otras los sentimientos que ha vivido, de modo que estas se «contagian» de ellos y los viven a su vez. La sinceridad del artista es la condición del contagio. El valor de una obra depende además de la calidad de los sentimientos que transmite: el arte más alto es el que une a los hombres en la conciencia de su filiación divina y su fraternidad, y es por eso comprensible para todos. Con este criterio condenó buena parte del arte de élite de su época y algunas de sus propias novelas.

  • El «no hacer» (wu wei) en Tolstóiel-no-hacer

    Tolstói leyó a Laozi desde 1884 y encontró en el wu wei del «Daodejing», que tradujo al ruso como неделание («no hacer»), una formulación oriental de su propia ética. En el ensayo «El no hacer» (1893) lo opuso al culto del trabajo de Zola: más valioso que la actividad febril es detenerse, examinar la propia vida y abstenerse de hacer el mal. Lo leyó en sintonía con la no resistencia evangélica —no actuar con violencia, dejar obrar a la ley moral— y lo difundió en las selecciones de Laozi que publicó con Posrédnik y en la «Carta a un chino» (1906), donde aconsejaba a China no imitar el activismo occidental.

  • La ley del amorley-del-amor

    En los últimos escritos de Tolstói, el amor no es un sentimiento sino la ley suprema de la vida humana, la misma que han enseñado, según él, todas las grandes religiones: los Upanishads, el Buda, Laozi, Confucio, los profetas, Jesús. Frente a ella se alza la «ley de la violencia», que rige las sociedades organizadas. El progreso verdadero de la humanidad consiste en pasar de una a otra, no por revoluciones, sino por la conversión de cada individuo, que deja de colaborar con la violencia. En la «Carta a un hindú» Tolstói aplica este esquema a la India: sus habitantes están sometidos porque aceptan la ley de la violencia; serán libres cuando vivan según la ley eterna del amor inherente a la humanidad.

  • No resistencia al mal mediante la violenciano-resistencia-al-mal

    Es el centro de la fe de Tolstói desde los primeros años ochenta. Partiendo de Mateo 5, 38–39 —«No resistáis al mal»—, Tolstói sostiene que Jesús no pidió pasividad ante el mal, sino renunciar a combatirlo con sus mismos medios: la violencia. Devolver mal por mal multiplica el mal; solo el amor y el sufrimiento aceptado lo detienen. De este principio, aplicado sin excepciones, deduce el rechazo de la guerra, del servicio militar, de los tribunales, de la pena de muerte, de la policía y de cualquier Estado, porque todos se sostienen sobre la amenaza de la fuerza. No es una táctica política sino una ley moral, y vale aunque no produzca resultados visibles. Tolstói la vinculó a predecesores —los cuáqueros, William Lloyd Garrison, Adin Ballou— y la encontró también en Laozi y en el Buda. Gandhi la transformó en método de acción colectiva: la satyagraha.

  • Opróshchenie: la simplificación de la vidaoproshchenie

    La palabra rusa опрощение designa el esfuerzo de Tolstói por vivir como un campesino a partir de los años ochenta: trabajar con las propias manos —arar, segar, hacer botas—, vestir la blusa campesina, renunciar a la carne, al alcohol, al tabaco y a la caza, reducir el servicio doméstico y desprenderse del dinero y de la propiedad. Su fundamento está en «¿Qué hacer, pues?»: quien vive del trabajo ajeno no puede ayudar a los pobres, solo dejar de oprimirlos. Tolstói nunca logró llevarla hasta el fin dentro de su familia —sus propiedades pasaron a su mujer y a sus hijos—, y esa contradicción, que él vivía como culpa, alimentó la huida final de 1910.

  • El reino de Dios está dentro de vosotrosreino-de-dios-interior

    Tolstói toma de Lucas 17, 21 la idea de que el reino de Dios no es un lugar futuro ni una institución, sino una condición presente de la conciencia: la vida guiada por la razón y el amor, que cada persona puede realizar en sí misma. Para él, el cristianismo no es una religión mística de salvación individual, sino «una nueva concepción de la vida» que sustituye la obediencia a los hombres por la obediencia a Dios entendido como ley moral interior. De ahí su rechazo de la Iglesia como mediadora y del Estado como garante del orden: ninguna organización externa puede asegurar lo que solo se cumple dentro. El reino se establece, dice al final de su libro, por el reconocimiento y la profesión de la verdad por cada hombre.

Heráclito
  • El río y el flujoel-rio

    Los fragmentos fluviales son tres: B12 (a los que entran en los mismos ríos les fluyen aguas distintas), B91 (no se puede entrar dos veces en el mismo río) y B49a (entramos y no entramos, somos y no somos). Solo el primero se considera hoy con seguridad literal. Platón, en el Crátilo y el Teeteto, convirtió la imagen en la tesis del flujo universal —todo se mueve, nada permanece— y la usó para argumentar que lo sensible no puede ser objeto de ciencia. Aristóteles atribuye a Crátilo, discípulo radical, la conclusión de que ni una sola vez se puede entrar en el mismo río. La lectura de B12 que defendió Kirk y desarrollaron otros es casi la contraria: el río sigue siendo el mismo precisamente porque sus aguas cambian; la identidad depende de un proceso regulado. Graham, en cambio, sostiene que Heráclito defendía un flujo real, aunque medido. El debate decide qué tipo de pensador era: un teórico del cambio o un teórico de la estabilidad en el cambio.

  • Fuego siempre vivofuego-siempre-vivo

    B30 afirma que el mundo no fue hecho por dioses ni por hombres, sino que siempre fue, es y será «fuego siempre vivo» que se enciende y se apaga según medida. El fuego no es solo uno de los elementos, como el agua de Tales o el aire de Anaxímenes: es el modelo de un proceso que consume y transforma sin perder la proporción. Todo se intercambia por fuego y el fuego por todo, como las mercancías por oro (B90); sus «giros» son el mar y la tierra (B31), y el rayo gobierna todas las cosas (B64). Aristóteles y Teofrasto lo leyeron como un principio material; los estoicos, como el fuego artesano que periódicamente consume el cosmos en una conflagración (*ekpýrosis*). Que Heráclito sostuviera esa conflagración cíclica es dudoso: B30 dice que el mundo siempre ha sido y será, y Kirk, entre otros, atribuye la ekpýrosis a la relectura estoica.

  • Lógoslogos

    En el griego del siglo VI, *lógos* significa palabra y discurso, pero también cuenta, cálculo y proporción. Heráclito lo usa en todos esos sentidos a la vez. En B1 es el discurso que él mismo expone y, al mismo tiempo, la ley según la cual sucede todo; en B50 pide escuchar no al autor sino al lógos, que dice que todo es uno; en B2 subraya que es común (*xynós*), aunque la mayoría vive como si tuviera un pensamiento propio. El lógos no es una divinidad personal ni una razón separada del mundo: es la estructura que hace que los contrarios se correspondan y que los cambios guarden medida. Comprenderlo exige despertar, porque los hombres, dice, se comportan con él como dormidos. Los estoicos convirtieron el término en el principio racional que penetra el cosmos, y el prólogo del Evangelio de Juan lo cargó de un sentido teológico ajeno a Heráclito, aunque los apologistas cristianos aprovecharon la coincidencia.

  • Pólemos: la guerra y la justiciapolemos

    «La guerra es padre de todos y rey de todos» (B53). Heráclito invierte el deseo de Homero, que en la Ilíada pide que la discordia desaparezca de entre los dioses y los hombres: si se cumpliera, dice Aristóteles resumiendo a Heráclito, no habría armonía, porque no habría agudo ni grave. B80 lleva la idea más lejos: hay que saber que la guerra es común, que la justicia es discordia y que todo sucede según discordia y necesidad. Frente a Anaximandro, para quien los contrarios se pagan castigo unos a otros por su injusticia, Heráclito hace de la lucha misma la forma de la justicia. No elogia la violencia militar, aunque honra a los caídos (B24): describe un orden en el que cada cosa existe por la tensión con su contraria, y en el que esa tensión, mantenida en su medida, es lo que el lógos expresa.

  • El alma (psyché)psyche

    Heráclito es uno de los primeros autores griegos que hacen del alma un objeto de reflexión. El alma forma parte del ciclo cósmico: para ella es muerte volverse agua, y del agua nace de nuevo (B36). Su excelencia es la sequedad, es decir, su cercanía al fuego: el alma seca es la más sabia y la mejor (B118), mientras que el borracho, con el alma húmeda, se tambalea guiado por un muchacho (B117). Pero el alma es también inagotable: sus límites no se encuentran aunque se recorran todos los caminos, tan hondo es su lógos (B45), y tiene un lógos que se acrecienta a sí mismo (B115, de autenticidad discutida). De ahí la indagación sobre uno mismo de B101 y la máxima de que el carácter es el destino del hombre (B119). La combinación de física y ética —el alma como fuego que debe mantenerse seco, el conocimiento de sí como conocimiento del lógos— fue decisiva para Platón y para los estoicos.

  • Unidad de los contrariosunidad-de-los-contrarios

    Heráclito afirma que pares aparentemente opuestos —día y noche, invierno y verano, guerra y paz, vida y muerte, arriba y abajo— son en realidad uno. Los fragmentos muestran varios tipos de unidad: la misma cosa es buena y mala según para quién (el agua del mar es pura para los peces e impotable para los hombres, B61); una cosa pasa a su contraria (lo frío se calienta, lo húmedo se seca, B126); los opuestos se necesitan, porque la enfermedad hace agradable la salud (B111); y un mismo camino es ascendente y descendente (B60). La imagen del arco y la lira (B51) explica la clave: la unidad es una armonía de tensiones contrarias, y la armonía invisible es mejor que la visible (B54). Aristóteles le reprochó negar el principio de no contradicción; los intérpretes modernos prefieren ver en estas frases una lógica de la relación y del equilibrio dinámico, no una negación de la lógica.

Alice A. Bailey
  • El Tibetano (Djwhal Khul) y la impresión telepáticael-tibetano-djwhal-khul

    Bailey atribuyó diecinueve de sus libros a un maestro al que durante años llamó solo «el Tibetano» o «D. K.» y al que acabó identificando con Djwhal Khul, figura que ya aparecía en las cartas de los mahatmas de la tradición blavatskiana. En la «Declaración del Tibetano» (1934) este se presenta como un discípulo de cierto grado que vive en un cuerpo físico en la frontera del Tíbet, y advierte que sus libros no reclaman aceptación: deben juzgarse por la práctica y la intuición. Bailey insistió en que su método no era la escritura automática ni la mediumnidad, sino una «telepatía superior» o «impresión» en la que ella permanecía plenamente consciente, escuchaba y anotaba, corrigiendo solo el inglés. En Telepatía y el vehículo etérico desarrolló la teoría de ese mecanismo. Desde fuera, la historiografía (Hammer, Sutcliffe) trata el dictado como una estrategia de legitimación: la autoridad se desplaza de la autora a un maestro invisible, a la vez que se la relativiza.

  • La Gran Invocacióngran-invocacion

    Plegaria o mantra difundido por Bailey en su forma actual en 1945, tras una primera estrofa de 1937. Sus cuatro estrofas piden que la luz, el amor y la voluntad divinos desciendan sobre la humanidad, que Cristo retorne a la Tierra y que el Plan de Amor y de Luz se realice y «selle la puerta donde se halla el mal». Bailey la presentó como una oración que no pertenece a ningún grupo sino a toda la humanidad, y llegó a compararla con lo que el padrenuestro ha sido para el cristianismo. Lucis Trust la ha traducido a decenas de lenguas y promueve cada año un Día Mundial de la Invocación. Ha sido adoptada por comunidades como Findhorn; también ha sido criticada desde la teosofía blavatskiana, que ve en ella la expectativa de un salvador externo, y desde posiciones religiosas conservadoras.

  • El Nuevo Grupo de Servidores del Mundonuevo-grupo-de-servidores-del-mundo

    Concepto central de la obra pública de Bailey a partir de los años treinta: un grupo sin organización externa formado por todas las personas de buena voluntad, de cualquier credo o ninguno, que trabajan por la comprensión internacional, la justicia económica y la unidad religiosa. No se ingresa en él; se pertenece por la orientación de la propia vida al servicio. En la visión de Bailey, este grupo actúa como intermediario entre la Jerarquía espiritual y la humanidad y prepara el terreno para la reaparición de Cristo. Inspiró la creación de World Goodwill y su apoyo explícito a las Naciones Unidas.

  • La reaparición de Cristoreaparicion-de-cristo

    Bailey anunció la vuelta de Cristo, entendido no como el Jesús histórico sino como el instructor mundial que la teosofía llama Maitreya y como cabeza de la Jerarquía espiritual. Su retorno no sería un acontecimiento apocalíptico, sino la manifestación gradual de la Jerarquía en el mundo, preparada por la buena voluntad de la humanidad y por la Gran Invocación, y daría lugar a una religión universal que reconocería el origen común de todas. La doctrina, expuesta en La reaparición de Cristo (1948) y La exteriorización de la Jerarquía (1957), fue decisiva para movimientos posteriores, como el de Benjamin Creme, y criticada tanto por teósofos que la consideran herencia de Leadbeater como por cristianos que la ven incompatible con su fe.

  • Los siete rayossiete-rayos

    La doctrina de los rayos es la aportación más sistemática de Bailey. Siete energías o cualidades emanadas de la divinidad —voluntad o poder; amor-sabiduría; inteligencia activa; armonía a través del conflicto; conocimiento concreto o ciencia; devoción o idealismo; orden ceremonial o magia— condicionarían todo lo que existe. Cada ser humano tendría un rayo del alma y otro de la personalidad, además de rayos para la mente, las emociones y el cuerpo; cada nación, cada planeta y cada signo zodiacal estarían igualmente cualificados por rayos. El Tratado sobre los siete rayos (cinco volúmenes, 1936–1960) aplica el esquema a la psicología, la astrología, la curación y la iniciación. Bruce F. Campbell señala que la idea existía en germen en la teosofía anterior, pero que Bailey fue la primera en desarrollarla por extenso. Hoy la emplean escuelas de psicología transpersonal y de astrología esotérica que remiten a ella.

  • Los Triángulostriangulos

    Red de meditación creada en el ámbito de Lucis Trust: grupos de tres personas que se comprometen a unirse mentalmente unos minutos cada día, aunque no sea a la misma hora ni en el mismo lugar, para visualizar la circulación de luz y buena voluntad entre ellos y hacia la humanidad, y recitar la Gran Invocación. La idea procede de la enseñanza de Bailey sobre el poder del pensamiento enfocado («la energía sigue al pensamiento») y sobre el trabajo de grupo como unidad espiritual superior al individuo. Los triángulos pueden enlazarse unos con otros formando una malla planetaria. Es una de las prácticas más sencillas y difundidas de su legado, al alcance de personas que no estudian los libros.

Parménides
  • El viaje del proemioel-viaje-del-proemio

    El poema no empieza con un argumento, sino con un relato en primera persona: el viaje del joven en carro hasta las puertas de la Noche y el Día y su acogida por una diosa. La imaginería procede de la épica y de la poesía religiosa: las Helíades, las puertas de bronce, la Justicia que guarda las llaves, la mano derecha estrechada. Sexto Empírico la leyó como alegoría: los caballos son los impulsos del alma, las doncellas los sentidos, la diosa la razón. Hermann Fränkel y Walter Burkert relacionaron el viaje con los descensos al inframundo de la poesía órfica y chamánica; Peter Kingsley lo interpreta como relato de una incubación en la que el sabio recibe revelaciones de los dioses. Sea cual sea su origen, el proemio presenta la verdad como algo que se recibe tras un viaje fuera de los caminos de los hombres, y no como una opinión del autor.

  • La esfera bien redondaesfera

    Al final de la vía de la verdad, Parménides compara lo que es con «la masa de una esfera bien redonda, equilibrada desde el centro en todas direcciones» (B8.43–44). La imagen expresa la perfección y la homogeneidad: nada es más aquí y menos allí, nada le falta, sus límites son iguales por todas partes. Ya en la Antigüedad se discutió si la esfera era literal —un universo físico finito y esférico— o una comparación, como indica la partícula *enalínkion*, «semejante a». Meliso, su seguidor, rechazó el límite y declaró infinito lo que es. Empédocles retomó la imagen en su Esfero, el estado de unidad perfecta bajo el Amor, y la tradición platónica y neoplatónica la convirtió en símbolo de lo divino.

  • Las dos vías de investigaciónlas-dos-vias

    La diosa presenta la investigación como una elección entre caminos (*hodoí*). En B2 hay dos: «que es y no puede no ser», camino de la Persuasión que acompaña a la Verdad, y «que no es y necesariamente no es», senda inescrutable, porque lo que no es no puede conocerse ni decirse. En B6 aparece una tercera, la de los mortales «bicéfalos», que andan sin juicio creyendo que ser y no ser son lo mismo y no lo mismo, y para quienes el camino de todo vuelve sobre sí mismo. La metáfora del camino estructura todo el poema: el viaje del proemio, las encrucijadas, las «señales» que jalonan la vía verdadera (B8.2). Alexander Mourelatos estudió esta imaginería como clave de la obra, y muchos intérpretes ven en la tercera vía una crítica de Heráclito.

  • Lo que es (tò eón)lo-que-es

    El poema gira en torno a una sola palabra, el verbo griego *estí*, «es», a menudo sin sujeto expreso. Parménides la convierte en el objeto de la investigación: lo que es (*tò eón*) no puede haber nacido, porque tendría que venir de lo que no es, que no puede pensarse; por la misma razón no puede perecer, ni crecer, ni tener partes más o menos llenas, ni moverse. Tampoco tiene pasado ni futuro: «es ahora, todo a la vez, uno, continuo» (B8.5–6). Y está limitado, porque la Necesidad lo retiene en sus lazos y lo ilimitado sería incompleto. La tradición lo ha entendido como el «Ser», con mayúscula, y como la primera formulación del monismo. Pero el sentido del verbo es discutido: puede ser existencial (que algo existe), predicativo (que algo es tal cosa) o veritativo (que algo es el caso), y cada lectura cambia la tesis.

  • Pensar y serpensar-y-ser

    «Pues lo mismo es pensar y ser» (B3) es probablemente el verso más citado y más discutido de Parménides. La frase sostiene, como mínimo, que solo lo que es puede ser pensado: el pensamiento no puede tener por objeto la nada. B8.34–36 lo desarrolla: lo mismo es pensar y aquello por lo que hay pensamiento, porque no se encontrará el pensar sin lo que es, en lo que está expresado. Plotino leyó en B3 la identidad del Intelecto y del ser; el idealismo alemán y Heidegger hicieron de ella el origen de la metafísica occidental. Los filólogos señalan que la sintaxis griega admite una lectura más modesta —«lo mismo es lo que puede pensarse y lo que puede ser»— que no identifica pensamiento y realidad, sino que establece que solo lo real es pensable.

  • Verdad (alétheia) y opinión (dóxa)verdad-y-opinion

    La diosa promete enseñar dos cosas: el corazón imperturbable de la verdad y las opiniones de los mortales, «en las que no hay creencia verdadera» (B1.28–30). La segunda parte del poema construye un cosmos a partir de dos formas, luz y noche, que los mortales «decidieron nombrar» cuando debían nombrar solo una (B8.53–54). El poema añade enseguida una frase enigmática: así aprenderás cómo las apariencias debían ser aceptablemente, recorriéndolo todo (B1.31–32). Para unos intérpretes, la dóxa es una doctrina rival que Parménides expone para refutarla; para otros, la mejor explicación posible del mundo sensible, falsa en sentido estricto pero superior a las demás; para otros aún, una parte legítima de su pensamiento. La distinción entre lo inteligible y lo sensible que Platón desarrollará tiene aquí su primer esbozo.

Sri Aurobindo
  • La entrega a la Madre divinaentrega-a-la-madre

    En el yoga integral el practicante no se transforma a sí mismo con su esfuerzo: abre su naturaleza a la Shakti divina, la Madre, que hace el trabajo. Aurobindo describe a la Madre como conciencia y fuerza del Supremo en tres aspectos —trascendente, universal e individual— y cuatro poderes —sabiduría, fuerza, armonía y perfección—. La entrega exigida es total y sincera: no basta con que una parte del ser consienta si otra se reserva. Para sus discípulos, la Madre individual era Mirra Alfassa, lo que convirtió la doctrina en el fundamento de la autoridad de ella en el ashram. La noción une la herencia shakta bengalí con una ética de la sinceridad interior.

  • Involución y evolucióninvolucion-y-evolucion

    Para Aurobindo la evolución no es un proceso ciego que de la materia produce por azar vida y mente, sino el reverso de una involución previa: el Espíritu se ha escondido en la materia, la Inconsciencia, y lo que emerge en la evolución es lo que ya estaba involucionado. Por eso la vida, la mente y, en el futuro, el supramental no son añadidos sino revelaciones progresivas de lo que la materia contiene. Cada emergencia no solo eleva sino que integra los niveles inferiores. El ser humano, «ser de transición», es el punto en que la evolución puede hacerse consciente y colaborar con su propio avance. Esta tesis permite a Aurobindo aceptar la ciencia evolucionista y, a la vez, dar un sentido espiritual al tiempo y a la historia.

  • La escala de la mente: de la mente superior al sobrementalplanos-de-la-mente

    Entre la mente ordinaria y el supramental Aurobindo describe una serie de planos de conciencia que el yogui puede atravesar: la mente superior, que piensa en grandes masas de ideas; la mente iluminada, que ve en lugar de razonar; la intuición, que reconoce la verdad por contacto directo; y el sobremental (overmind), conciencia cósmica de la que proceden, según él, las grandes religiones y las mayores obras de arte, pero que aún divide la verdad en aspectos. El sobremental es la frontera de la Ignorancia: por encima, el supramental ve la unidad. Sus seguidores sitúan el 24 de noviembre de 1926 como el descenso del sobremental en el plano físico. Esta cartografía permite a Aurobindo clasificar experiencias místicas y estilos poéticos.

  • El ser psíquicoser-psiquico

    Aurobindo distingue entre el alma como chispa divina en cada ser y el ser psíquico, la personalidad del alma que crece de vida en vida detrás del corazón, más allá de la mente, la vida y el cuerpo. El ser psíquico conoce espontáneamente lo verdadero, lo bueno y lo bello y no se deja engañar por el ego. En la práctica del yoga integral, la «transformación psíquica» —llevar al ser psíquico al frente para que gobierne la naturaleza— precede a la «transformación espiritual» y a la supramental. El término, tomado del vocabulario ocultista europeo y redefinido, es una de sus aportaciones más características y diferencia su yoga del advaita, que no concede valor duradero a la individualidad.

  • El supramental (Supermind)supramental

    El supramental es la noción central de su pensamiento: una conciencia de verdad (rita-chit) intermedia entre el Sachchidananda absoluto y la mente, en la que el conocimiento no se fragmenta en sujeto y objeto ni procede por razonamiento, sino que ve directamente la unidad en la diversidad. Aurobindo lo considera el poder creador por el que lo Uno se despliega en lo múltiple sin perder su unidad, y sostiene que, así como la vida surgió en la materia y la mente en la vida, el supramental debe surgir y establecerse en la evolución terrestre. Su descenso transformaría no solo la mente sino la vida y el cuerpo. No es un estado místico de evasión: es, en su lenguaje, el principio de una nueva especie consciente. Toda su obra tardía, y el trabajo de la Madre después de 1950, gira en torno a esa «manifestación supramental».

  • Yoga integral (purna yoga)yoga-integral

    Aurobindo llamó yoga integral a una práctica que no elige una facultad —el conocimiento, la acción o la devoción— ni un objetivo de liberación individual, sino que pretende abarcar la totalidad del ser y del mundo. Sus pilares son la aspiración, el rechazo de los movimientos de la naturaleza inferior y la entrega a lo divino, entendida como apertura a una Fuerza superior que hace el trabajo. Integra el yoga de las obras de la Gita, el conocimiento del vedanta, la devoción y la idea tántrica de la Shakti, y no requiere una técnica fija ni la renuncia al mundo. Su meta no es salir del ciclo de los nacimientos sino transformar la naturaleza humana, desde la mente hasta el cuerpo, como colaboración con la evolución.

Helena Blavatsky
  • La Sección Esotéricaesoteric-section

    Creada en octubre de 1888 bajo la autoridad exclusiva de Blavatsky, la Sección Esotérica (después «Escuela Esotérica») reunía a los miembros dispuestos a comprometerse con un código de conducta —abstinencia de alcohol y drogas, veracidad, servicio— y a recibir instrucciones reservadas sobre la constitución oculta del hombre y la meditación. Blavatsky la concibió como el núcleo vivo de la Sociedad, que a su juicio se había vuelto demasiado exotérica tras los escándalos de 1884–1885; Olcott la aceptó a regañadientes porque situaba a la fundadora por encima de la estructura democrática. La Sección fue el modelo de las escuelas internas de los movimientos posteriores y el origen de las disputas sucesorias tras su muerte.

  • Karma y reencarnaciónkarma-and-reincarnation

    Blavatsky fue la principal responsable de que karma y reencarnación entraran en el vocabulario occidental. En su versión, el karma es la ley de causa y efecto aplicada al plano moral: nada se castiga ni se premia desde fuera, cada acto genera sus consecuencias y estas se saldan en esta vida o en las siguientes. La reencarnación no es la transmigración a cuerpos animales sino el peregrinaje del Ego superior (Atma-Buddhi-Manas) a través de personalidades sucesivas, con intervalos de descanso en el devachan, un estado subjetivo de felicidad que asimila las experiencias. Juntas, ambas leyes sustituyen al cielo y al infierno, explican la desigualdad de nacimiento sin recurrir a un Dios arbitrario y fundan una ética de la responsabilidad. Blavatsky corrigió en La clave de la Teosofía la posición de Isis sin velo, donde la reencarnación era excepcional, y atribuyó el cambio a una mejor comprensión de la enseñanza.

  • Los Maestros o Mahatmasmahatmas

    Blavatsky sostuvo que sus enseñanzas procedían de una fraternidad de adeptos vivos, hombres que han completado la evolución humana y residen, según ella, en el Tíbet y otros lugares retirados. Dos de ellos, Morya y Koot Hoomi, habrían sido sus instructores y los autores de las cartas recibidas por Sinnett y Hume entre 1880 y 1885. Los Maestros no son dioses ni espíritus: son seres humanos perfeccionados que intervienen discretamente en la historia y que fundaron la Sociedad Teosófica como instrumento. La doctrina dio al movimiento su autoridad y, a la vez, su mayor vulnerabilidad: el informe Hodgson giró en torno a la autoría de esas cartas, y después de 1891 la «sucesión» de los Maestros alimentó cismas (Judge, Besant, Bailey). La investigación actual lee la figura como una recreación teosófica del adepto rosacruz y del rishi hindú, con posibles modelos en personas reales que Blavatsky conoció en la India.

  • Razas raíz y evolución cíclicaroot-races

    La antropogénesis de La Doctrina Secreta describe la humanidad actual como la quinta de siete «razas raíz» que se suceden en el planeta, cada una dividida en subrazas y asociada a un continente: la primera, etérea; la segunda, hiperbórea; la tercera, lemuriana, en la que la humanidad adquiere cuerpo físico y sexualidad; la cuarta, atlante, destruida por su propia magia; la quinta, «aria», la nuestra. El término «raza» tiene aquí un sentido evolutivo y espiritual, no biológico, y Blavatsky afirma la unidad esencial de la humanidad; sin embargo, el esquema contiene jerarquías y juicios sobre pueblos «rezagados» que la crítica actual señala como tributarios del racismo científico del siglo XIX, y que fueron explotados después por autores ariosóficos ajenos a la Sociedad Teosófica. Es la parte más discutida de su legado y la que más ha envejecido.

  • La constitución septenaria del ser humanoseven-principles

    Frente al dualismo cuerpo-alma, Blavatsky enseña que el ser humano es un compuesto de siete «principios»: el cuerpo físico (sthula sharira), el doble astral o cuerpo modelo (linga sharira), el principio vital (prana), el principio del deseo (kama), la mente (manas), el alma espiritual (buddhi) y el espíritu universal (atma). Los cuatro inferiores forman la personalidad mortal; los tres superiores, la individualidad que reencarna. La mente se divide a su vez en una parte inferior, atraída por el deseo, y otra superior, unida a buddhi; la vida espiritual consiste en que la primera se oriente hacia la segunda. El esquema, con variantes, se convirtió en el lenguaje común de la teosofía y de buena parte del esoterismo posterior, incluida la noción popular de «cuerpos sutiles».

  • Las tres proposiciones fundamentalesthree-fundamental-propositions

    En el Proemio de La Doctrina Secreta Blavatsky resume su metafísica en tres postulados. Primero: un Principio omnipresente, eterno, ilimitado e inmutable, sobre el que toda especulación es imposible, raíz sin causa tanto del espíritu como de la materia, que ella identifica con el Parabrahman del Vedanta y el Ain Soph cabalístico. Segundo: la eternidad del universo como plano ilimitado, en el que incontables mundos aparecen y desaparecen conforme a la «ley absoluta de periodicidad», el flujo y reflujo que la ciencia observa en el día y la noche, la vida y la muerte. Tercero: la identidad fundamental de todas las almas con el Alma universal y la peregrinación obligatoria de cada alma a través del ciclo de encarnaciones, según la ley cíclica y kármica, sin privilegios ni dones que no se hayan ganado por el propio esfuerzo. De estos tres axiomas deriva todo lo demás: la emanación de los planos, la jerarquía de inteligencias (dhyan-chohans) y la evolución humana.

  • Religión-sabiduríawisdom-religion

    Idea rectora de toda la obra de Blavatsky: existe una sabiduría primordial, única y universal, de la que las religiones históricas son fragmentos deformados por el tiempo, el sacerdocio y el dogma. Esa «religión-sabiduría» (Bodhi, Theosophia, Gupta Vidya) habría sido custodiada por los iniciados de los misterios egipcios, griegos, caldeos e indios y transmitida hasta hoy por una fraternidad de adeptos. Para Blavatsky, el método para recuperarla es comparativo: leer juntos vedas, cábala, hermetismo, gnosticismo y budismo y detectar las enseñanzas comunes (unidad del ser, ley cíclica, evolución del alma). No se trata de fundar una religión nueva —insiste en que la teosofía «no es una religión»— sino de reconocer la que subyace a todas. La idea procede del platonismo renacentista (la prisca theologia de Ficino) y de la ilustración masónica, y Blavatsky la hace dialogar con la ciencia evolucionista de su siglo.

Anandamayi Ma
  • «Este cuerpo»: hablar sin egoeste-cuerpo

    Anandamayi Ma casi nunca decía «yo»: se refería a sí misma como «este cuerpo», «esta niña pequeña» o en tercera persona. Para sus devotos no era una afectación, sino la expresión verbal de que no se identificaba con su persona física ni con una historia individual; ella misma explicó a Yogananda que su conciencia nunca se había asociado al cuerpo y que había sido siempre la misma. El uso tiene raíces en la tradición advaita, que distingue el Ser del cuerpo-mente, pero en ella se combinaba con una intensa devoción y con el trato maternal hacia todos. Llamarse niña ante monjes y eruditos era también un modo de evitar el papel de guru, que decía no ocupar.

  • Kheyalkheyal

    Kheyal es una palabra bengalí de origen persa que en el habla común significa capricho, ocurrencia o deseo repentino. Anandamayi Ma la usaba para explicar por qué hacía o dejaba de hacer algo: partir a medianoche, aceptar o rechazar una invitación, curar o no a un enfermo, guardar silencio. Sus devotos la entendieron como la expresión directa de la voluntad divina en alguien sin ego, que no delibera ni planea; por eso no cabía discutirla. El concepto permite a sus cronistas dar sentido a conductas aparentemente arbitrarias y es central en las biografías de Bithika Mukerji. Para el historiador, el kheyal es también la forma en que una mujer sin cargo institucional ejercía una autoridad incuestionable sobre hombres de alta posición.

  • El nombre divino y el tiempo fijonama-japa

    La práctica que Anandamayi Ma recomendaba con más insistencia era sencilla: repetir el nombre de Dios que a cada uno le resulte más querido, con la respiración y en medio de la actividad diaria, y reservar mañana y tarde un tiempo fijo, aunque sea breve, para la contemplación, con la misma regularidad con que se acude al trabajo. Comparaba esa disciplina con una pensión: la terrenal acaba con la vida, la divina continúa después de la muerte. En los años de Bajitpur ella misma había vivido absorbida en el nombre divino día y noche. Para quienes vivían en el mundo, esta disciplina mínima era el primer peldaño; el resto, decía, vendría por gracia.

  • Samyam Saptah: la semana de disciplinasamyam-saptah

    Desde comienzos de los años cincuenta Anandamayi Ma presidió cada año una semana de disciplina colectiva, el Samyam Mahavrata o Samyam Saptah, en la que devotos laicos vivían como ascetas: ayuno parcial, silencio, horas de meditación, lectura de escrituras, discursos de monjes y sesiones de preguntas con ella. La institución convirtió su presencia itinerante en una práctica regular y transmisible, y la Sangha la sigue celebrando después de su muerte. Varias grabaciones de sus respuestas, como las de Suktal en 1961 o Dehradun en 1974, proceden de estas semanas.

  • Todos los caminostodos-los-caminos

    Anandamayi Ma no fundó una escuela ni impuso un método. Decía no tener un camino propio y que todos los caminos le pertenecían; a cada persona le recomendaba la práctica de su propia tradición y temperamento —la repetición del nombre divino, la meditación, el estudio, el servicio, el culto—, y recibía a shivaítas, vaishnavas, tántricos, musulmanes, cristianos y budistas. Ante las discusiones doctrinales respondía que cada uno tiene razón desde su punto de vista. Esa apertura convivía con la ortodoxia de sus ashrams, regidos por monjes brahmanes; la paradoja forma parte de su figura y explica que pudiera ser venerada a la vez por tradicionalistas y por buscadores occidentales.

Hafez
  • Fal-e Hafez: el Diván como oráculofal-e-hafez

    El *fal-e Hafez* es la práctica de consultar el *Diván* para conocer el porvenir o pedir consejo: se formula una intención, se abre el libro al azar —a veces contando unos versos a partir del punto señalado— y el gazal resultante se interpreta como respuesta. El sobrenombre de *Lisan al-gayb*, «Lengua de lo Oculto», que los sufíes dieron primero al libro, la legitimó. Un manuscrito del siglo XV que pasó por la corte mogola conserva notas de los emperadores Humayun (una fechada en 962/1554–1555) y Yahangir sobre los augurios obtenidos, y Dara Shukoh lo utilizó al escribir sobre el poeta. La tradición sitúa la primera consulta en el propio funeral de Hafez. En el Irán actual el *fal* forma parte de la noche de Yalda y de Nouruz, y se practica también con vendedores callejeros y aplicaciones.

  • Iham: la anfibologíaiham

    El *iham* («hacer imaginar») es la figura retórica por la que una palabra o un verso evocan a la vez dos sentidos, uno inmediato y otro lejano. Hafez la lleva a su perfección y la convierte en principio de composición: el ciprés es el amado y el soberano, *gowhar* es la perla y la esencia, la «lección de las estaciones espirituales» puede ser la del ruiseñor en el jardín o la del maestro sufí. Un mismo dístico puede así leerse como poema de amor, como panegírico de un príncipe y como enseñanza mística. Esta multiplicidad explica a la vez la riqueza inagotable de los comentarios —de Sudi en el siglo XVI a los modernos— y la dificultad, casi la imposibilidad, de traducirlo: toda traducción elige un sentido y apaga los demás.

  • El vino y el coperomay-o-saqi

    El vino (*may*, *bade*), el copero (*saqi*), la taberna (*meykhane*, *kharabat*) y la copa de Yamshid, que mostraba el mundo entero, forman el núcleo simbólico del *Diván*. Desde el siglo XV, los comentaristas sufíes leyeron ese vino como la embriaguez del amor divino, el copero como el maestro o como Dios y la taberna como el lugar del desprendimiento; William Jones y los lectores románticos, como celebración del vino real. Yarshater sostiene que muchos versos solo admiten la lectura mundana —el poeta pide un estipendio «para flores y vino»—, mientras que Leonard Lewisohn insiste en la teología del amor que los sostiene. La lengua del siglo XIV hacía casi imposible separar ambos planos, y Hafez se sirvió de esa fusión en lugar de resolverla: en la copa de vino se refleja, como en la de Yamshid, el secreto del mundo.

  • El rend (libertino sincero)rendi

    El *rend* era en el persa corriente un truhán, un pendenciero de mala fama. Hafez lo convierte en su héroe: el que bebe, frecuenta la taberna y no oculta sus faltas es superior al asceta que vende piedad en público y peca en privado. Junto al *rend* coloca al *qalandar* errante y al *pir-e mughan*, el «viejo de los magos», que en su vocabulario irónico designa al tabernero y que la lectura sufí convirtió en el maestro espiritual. Ehsan Yarshater interpreta la operación como una estrategia satírica: Hafez entroniza a los marginados para humillar a los hipócritas, y la cualidad que los distingue es la franqueza. La *rendi* no es, pues, un programa de libertinaje, sino una ética de la sinceridad que se burla de la religión convertida en apariencia. La interpretación mística la lee como la libertad interior de quien ha muerto a la reputación.

  • Riya: la hipocresía religiosariya

    El tema más insistente y menos lírico del *Diván* es la denuncia de la *riya*, la ostentación de piedad. Sus blancos son el asceta (*zahed*), el predicador (*va'ez*), el jeque, el muftí, el cadí, el jurista, el propio *hafez* o recitador del Corán, el imán de la oración y el *muhtasib*, el inspector de la moral pública; tampoco salen indemnes los sufíes, cuyo manto de pobreza, dice, está manchado del vino que beben a escondidas. Según Yarshater, la sátira aparece en unos 170 de los 486 gazales de la edición de Janlari. Hafez la ejerce con humor más que con amargura, y se incluye a sí mismo entre los pecadores para desarmar al lector. Muchos versos se han leído como comentario del rigorismo de Mubariz al-Din Muhammad, a quien su propio hijo apodó *muhtasib*.

Attar
  • Faqr y fana: pobreza y aniquilaciónfana

    El último de los siete valles es el de la pobreza (*faqr*) y la aniquilación (*fana*): el caminante, despojado de todo, desaparece en el océano divino como una gota en el mar, y solo después puede hablarse de permanencia (*baqa*). Attar insiste en que no se trata de una destrucción, sino de una transformación: en el *Ilahi-nama* define la verdadera alquimia como el paso del cuerpo al corazón y del corazón al dolor, y en el *Musibat-nama* el Alma universal pide al caminante que se arroje al océano del alma y se borre por completo. La leyenda de su muerte, en la que el poeta declara valer menos que un saco de paja, es la escenificación popular de esta doctrina.

  • Los siete valleshaft-vadi

    La abubilla anuncia a las aves que entre ellas y la corte del Simurg hay siete valles, de los que nadie ha vuelto para contar su extensión: la búsqueda (*talab*), donde hay que renunciar a todo; el amor (*ishq*), donde la razón se abandona; el conocimiento (*ma'rifat*), en el que cada caminante ve según su capacidad; la independencia o desapego (*istighna*), donde los deseos y el mundo pierden valor; la unidad (*tawhid*), en la que todo se ve uno; el asombro (*hayrat*), en el que el caminante ya no sabe nada, ni siquiera si existe; y la pobreza y aniquilación (*faqr* y *fana*), donde el yo desaparece. Cada valle se ilustra con historias. El esquema traduce en itinerario narrativo las estaciones (*maqamat*) del camino sufí y se ha convertido en una de las imágenes más difundidas de la mística islámica.

  • Hayrat: el asombrohayrat

    El asombro o perplejidad (*hayrat*) es para Attar no un fracaso del conocimiento, sino una etapa necesaria del camino. En el *Mantiq al-tayr* es el sexto valle, donde el caminante, deslumbrado por la belleza del Amado, ya no sabe si existe o no, si está dentro o fuera, si es amante o amado. En el *Musibat-nama*, todo el poema es una dramatización del desconcierto y la inquietud interior: el caminante pregunta a cuarenta seres del cielo y de la tierra y todos le responden que están tan perdidos como él. El *Mujtar-nama* dedica capítulos al asombro y a la aniquilación. Hellmut Ritter situó esta experiencia en el centro de su estudio sobre el «océano del alma» de Attar.

  • Amor y razónishq-o-aql

    La oposición entre la razón (*aql*) y el amor (*ishq*) recorre toda la obra de Attar, que la introduce como tema central en el quinto discurso del *Asrar-nama*. La razón es útil para la vida práctica y para las ciencias religiosas que él estimaba —derecho, exégesis, tradición profética—, pero no puede cruzar el umbral de lo divino; el amor sí, porque exige arriesgarlo todo. Attar desconfiaba de la herencia aristotélica y nunca quiso revelar en sus poemas los secretos de la naturaleza, ni siquiera los de la medicina que conocía por oficio. Sus héroes del amor son a menudo locos, mendigos o pecadores, como el jeque Sanán, que lo abandona todo por una muchacha cristiana. En el *Mantiq al-tayr*, el valle del amor sigue inmediatamente al de la búsqueda y precede al del conocimiento.

  • El Simurg y los treinta pájarossimurgh

    El Simurg es un ave fabulosa de la tradición iraní, sabia y benéfica, que en el *Shahnameh* cría al héroe Zal. Attar la convierte en símbolo de la Realidad divina, inaccesible y soberana, a la que aspiran todas las criaturas. El desenlace del *Mantiq al-tayr* descansa en un juego de palabras: *si morg* significa en persa «treinta pájaros». Las treinta aves que sobreviven al viaje, ya purificadas, contemplan al Simurg y descubren que es su propio reflejo, y que ellas son él. La Presencia, les dicen, es un espejo como el sol: quien llega se ve a sí mismo. Attar expresa así su convicción más honda, la de que el hombre encuentra al Ser supremo dentro de sí, pero solo después de haber medido la distancia entre su dependencia y la majestad que busca.

Rumi
  • Morir antes de morir (fana)fana

    La extinción (*fana*) del yo en Dios, seguida de la permanencia (*baqa*) en Él, es un concepto clásico del sufismo que Rumi formula con imágenes de muerte y renacimiento. El pasaje del libro III del *Masnavi* (vv. 3901–3906) describe una ascensión por muertes sucesivas —de mineral a planta, de planta a animal, de animal a hombre, de hombre a ángel— hasta «lo que no cabe en la imaginación»: cada muerte es una ganancia. No se trata de una doctrina de la reencarnación, como a veces se ha leído, sino de una escala del ser y de la transformación espiritual en esta vida, en la línea del hadiz sufí «morid antes de morir». El gazal 636 del *Divan* («morid, morid en este amor») lleva la idea al registro lírico.

  • Separación y nostalgia del origen (firaq)firaq

    El *Masnavi* se abre con la queja de la caña (*ney*) cortada del cañaveral: su música es lamento porque recuerda el lugar de donde fue arrancada, y «todo el que queda lejos de su origen busca el tiempo de su unión». La imagen condensa una antropología: el alma humana procede de Dios y vive en el mundo como exiliada; su dolor no es un defecto que deba suprimirse sino la señal misma de su nobleza, porque solo añora quien ha conocido. Rumi convierte así la separación (*firaq*, *hijran*) en motor espiritual: el anhelo es ya una forma de presencia. La caña es también el maestro vacío de sí por el que sopla el aliento divino, y el instrumento central del ritual mevleví.

  • Amor (ishq)ishq

    En Rumi el amor (*ishq*) no es un sentimiento entre otros sino la fuerza que mueve el cosmos y el único conocimiento capaz de alcanzar a Dios. La razón discursiva (*aql*) sirve para llegar hasta la puerta del rey, pero no para entrar: el amor es «el astrolabio de los misterios de Dios» (*Masnavi* I, 110) y el médico de todos los males. Su lenguaje es el de la lírica persa —el vino, la taberna, la belleza del Amado—, pero su objeto es siempre doble: el amor humano, incluso el más concreto, es una escalera, porque «sea de este lado o de aquel, al final nos guía hacia allá» (I, 111). El amor exige la muerte del ego: el amante debe ser consumido, como la leña por el fuego o el grano por el molino. La relación con Shams fue para Rumi la experiencia en la que este amor dejó de ser doctrina.

  • Silencio (khamush)khamush

    Paradójicamente, el poeta de los cincuenta mil versos firma muchos gazales como *Jamush*, «el Silencioso», y cierra poemas ordenándose callar. Para Rumi las palabras son espuma sobre el mar: indispensables para el que todavía no ha llegado, pero insuficientes ante la experiencia; «cuando llego al amor mismo me avergüenzo de mis explicaciones» (*Masnavi* I, 112). El silencio no es ausencia de discurso sino su culminación, la escucha en la que habla el Amado. De ahí también la idea de que el auténtico maestro comunica sin palabras, como Shams, cuya presencia transformó a Rumi más que cualquier enseñanza.

  • Audición mística y giro (sama)sama

    El *sama* («audición») es la práctica sufí de escuchar música y poesía para provocar estados espirituales, a veces acompañada de movimiento. Fue objeto de una larga controversia jurídica: muchos ulemas lo consideraban ilícito. Rumi, jurista hanafí, lo adoptó tras el encuentro con Shams y lo defendió como vía de recuerdo de Dios; gran parte del *Divan* nació en esas sesiones. El ritual codificado de los derviches giróvagos —la *semâ* mevleví, con su ney, sus cuatro saludos y el giro sobre el pie izquierdo— es obra de sus sucesores, sobre todo de Sultán Walad y de los siglos otomanos, y no debe proyectarse tal cual sobre la vida de Rumi. La UNESCO inscribió la ceremonia mevleví en su lista de patrimonio inmaterial en 2008.

Swami Vivekananda
  • Los cuatro yogasfour-yogas

    Vivekananda organizó la práctica espiritual hindú en cuatro caminos que corresponden a cuatro temperamentos: el karma yoga, para el activo, purifica mediante el trabajo hecho sin apego; el bhakti yoga, para el emotivo, transforma el amor en devoción a Dios; el raja yoga, para el contemplativo, controla la mente mediante la concentración y la meditación; el jnana yoga, para el intelectual, alcanza la libertad mediante el discernimiento entre lo real y lo irreal. Los cuatro conducen a la misma meta —la realización de la divinidad del alma— y el ideal es combinarlos en una personalidad equilibrada. La clasificación tiene raíces en la Bhagavad Gita, pero su formulación como sistema cuádruple y su presentación en cuatro libros independientes son obra suya y se convirtieron en el marco con el que Occidente entendió el «yoga» hasta bien entrado el siglo XX.

  • Aceptación universal de las religionesharmony-of-religions

    En Chicago Vivekananda distinguió entre tolerar las demás religiones y aceptarlas como verdaderas, y defendió lo segundo. Según su modelo, heredado de Ramakrishna, las religiones son caminos distintos hacia la misma meta, adaptados a temperamentos y culturas diferentes, como los ríos que desembocan en el mismo mar del himno que citó el 11 de septiembre. De ahí su rechazo del proselitismo —el cristiano no debe hacerse hindú ni el hindú cristiano, sino que cada uno asimile el espíritu del otro— y su idea de una religión universal que no sería una nueva fe, sino el reconocimiento de la unidad bajo la diversidad. La tesis, de enorme influencia en el diálogo interreligioso, ha sido criticada por presuponer que la meta común es la del vedanta, con lo que las demás religiones quedan como etapas de una verdad que el hinduismo formula mejor.

  • Maya como enunciado de hechosmaya-statement-of-facts

    En sus conferencias de Jnana Yoga Vivekananda rechazó la lectura habitual de maya como «ilusión» que niega la realidad del mundo. Maya, dijo, no es una teoría para explicar el mundo, sino una simple descripción de lo que somos y de lo que vemos: un mundo de contradicciones en el que el bien y el mal, la vida y la muerte, el placer y el dolor van siempre juntos y ninguno puede separarse del otro. Reconocer esa condición no conduce al pesimismo ni a la huida, sino a buscar lo que está más allá de los opuestos —el Ser— sin dejar de actuar en el mundo. Esta reinterpretación existencial de un concepto técnico del advaita es característica de su manera de traducir la filosofía clásica a la experiencia moderna.

  • La divinidad potencial del almapotential-divinity

    «Cada alma es potencialmente divina»: con esta frase abre Raja Yoga y en ella se resume su antropología. Siguiendo el advaita vedanta, el atman de cada ser es idéntico a Brahman, la realidad absoluta; la ignorancia (avidya) oculta esa identidad, y la religión consiste en manifestarla. De ahí se siguen varias tesis características: el rechazo de la idea de pecado original («el hindú se niega a llamaros pecadores»), la confianza en la fuerza interior frente a la debilidad como único pecado real, la igualdad radical de todos los seres humanos y la definición de la educación como manifestación de la perfección ya presente en el hombre. La fórmula traduce la metafísica advaita a un lenguaje moral y psicológico accesible a un público moderno, y es probablemente su idea más citada.

  • Vedanta prácticopractical-vedanta

    Para Vivekananda el vedanta no dual no era una doctrina para ascetas retirados, sino un principio que debía transformar la vida ordinaria: si el mismo Ser habita en todos, la explotación, la intocabilidad y el desprecio a los pobres son negaciones prácticas de la verdad metafísica. En las conferencias de Londres de 1896 propuso que cada persona viera lo divino en los demás y actuara en consecuencia, en el trabajo, la familia y la política. Este paso de la metafísica a la ética social es el núcleo de su originalidad y también de las objeciones académicas: Paul Hacker, Wilhelm Halbfass y Anantanand Rambachan han señalado que reinterpreta el advaita de Shankara con categorías occidentales —experiencia, ética activa, ciencia— que la tradición clásica no tenía. Sus defensores responden que esa adaptación era precisamente su propósito.

  • Servir al ser humano como a Dios (shiva jnane jiva seva)service-as-worship

    La expresión bengalí-sánscrita shiva jnane jiva seva, «servir a los seres vivos sabiendo que son Shiva», se atribuye a una frase de Ramakrishna que, según la biografía oficial, Narendra oyó en Dakshineswar y convirtió en programa. En lugar de la compasión (daya), que supone superioridad del que da, propone el servicio como culto: el pobre, el enfermo y el ignorante son formas de Dios, y servirles es una práctica espiritual tan válida como la meditación. Sobre esta idea fundó en 1897 la Misión Ramakrishna, que combina vida monástica con hospitales, escuelas y socorro en catástrofes, y acuñó la expresión daridra narayana, «Dios en el pobre», que Gandhi hizo popular. El lema de la Orden, atmano mokshartham jagad hitaya cha, «para la propia liberación y el bien del mundo», resume esa doble orientación.

Francisco de Asís
  • La fraternidad de las criaturasfraternidad-de-las-criaturas

    El Cántico llama «hermano» al sol, al viento y al fuego, y «hermana» a la luna, al agua, a la tierra —«hermana nuestra madre tierra»— y a la muerte. No es panteísmo ni romanticismo de la naturaleza: el centro es el Altísimo, de quien ningún hombre es digno de hacer mención, y las criaturas son compañeras de alabanza que llevan su «significación». La preposición «per» admite varias lecturas —alabado seas por medio de ellas, a causa de ellas, o por ellas como sujetos que alaban— y probablemente las reúne. Las biografías ilustran esa fraternidad con relatos sobre pájaros, corderos, gusanos que Francisco apartaba del camino o el fuego al que pedía que fuera cortés en la cauterización. El vínculo se funda en el origen común: todas las criaturas proceden del mismo Padre. Esta lectura explica que Juan Pablo II lo proclamara patrono de la ecología (1979) y que la encíclica Laudato si' (2015) tomara su título del Cántico.

  • Hacer penitenciahacer-penitencia

    Francisco describe su conversión con una expresión técnica de su tiempo: «comenzar a hacer penitencia». En la Italia del siglo XIII, los «penitentes» eran laicos que, sin entrar en un monasterio, adoptaban un estado de vida reconocido: vestido sencillo, oración, ayuno, obras de misericordia y renuncia a ciertas actividades. Francisco y sus primeros compañeros se presentaban como «penitentes de Asís». Para él, la penitencia no es ante todo mortificación, sino un cambio de dirección del corazón y de la vida (metanoia) que se verifica en las obras: amar a Dios y al prójimo, recibir la eucaristía, hacer frutos dignos de penitencia. Las dos redacciones de la Carta a los fieles describen el contraste entre quienes hacen penitencia, que son «hijos del Padre celestial», y quienes no la hacen, ciegos y esclavos del mundo. De esta propuesta a los laicos nació la Orden de la Penitencia, más tarde Orden Tercera, que permitió a hombres y mujeres casados vivir el ideal franciscano.

  • Minoridadminoridad

    Francisco llamó a su fraternidad «hermanos menores» (fratres minores). En el vocabulario de las comunas italianas, los «minores» eran el pueblo llano frente a los «maiores», los ricos y poderosos; elegir ese nombre era situarse socialmente abajo. La Regla de 1221 pide que los hermanos sean «menores y sujetos a todos», que no acepten cargos de mando en las casas donde trabajen y que se alegren de convivir con gente despreciada, pobres, enfermos y leprosos. En las Admoniciones la minoridad se vuelve criterio interior: el siervo de Dios no se tiene por mejor cuando lo ensalzan que cuando lo desprecian, porque «cuanto es el hombre delante de Dios, tanto es, y no más». También el gobierno se piensa desde ahí: los superiores se llaman «ministros» y «siervos», y deben lavar los pies a los hermanos. La tensión entre esta vocación y el prestigio creciente de la orden —obispos, maestros universitarios, inquisidores salidos de ella— atraviesa toda su historia.

  • La perfecta alegríaperfecta-alegria

    En un texto dictado a fray León, Francisco enumera lo que no es la verdadera alegría: que todos los maestros de París entren en la orden, que entren los prelados y los reyes de Francia e Inglaterra, que los hermanos conviertan a los infieles, que él tenga el don de curar y de hacer milagros. La alegría perfecta es llegar de noche a Santa María de los Ángeles, en invierno, embarrado y helado, llamar a la puerta y que el portero no lo reconozca y lo eche, y soportarlo sin turbarse. La enseñanza no exalta el sufrimiento por sí mismo: muestra que la alegría que depende del éxito, del reconocimiento o incluso del fruto espiritual sigue siendo apropiación. Lo único que permanece es la paciencia en la que el yo ya no reclama nada. El capítulo 8 de las Florecillas convirtió el texto en un diálogo narrativo con fray León que es hoy la versión más conocida, pero el original latino, más seco, es más antiguo y más fiable.

  • Seguir las huellas de Cristoseguir-las-huellas

    La Regla de 1221 comienza diciendo que la vida de los hermanos es «seguir la doctrina y las huellas (vestigia) de nuestro Señor Jesucristo». La expresión, tomada de 1 Pedro 2,21, resume el cristocentrismo de Francisco: no se trata de imitar virtudes abstractas, sino de recorrer el camino concreto de Jesús pobre, humilde y crucificado, desde el pesebre de Greccio hasta la cruz. El Oficio de la Pasión pone en boca de Cristo los salmos; la Carta a los fieles insiste en la humildad del Verbo que «tomó la verdadera carne de nuestra humanidad y fragilidad» en el seno de María. La tradición posterior leyó los estigmas de La Verna como el sello visible de esa conformidad, y Buenaventura organizó toda la Leyenda mayor como un itinerario hacia ella. Para los escritos de Francisco, sin embargo, el seguimiento se verifica en lo cotidiano: obediencia, trabajo, pobreza, servicio a los leprosos y paz.

  • Vivir «sin nada propio»sine-proprio

    La fórmula «sine proprio», que abre la Regla de 1223 junto a la obediencia y la castidad, es más amplia que la pobreza material. Prohíbe a los hermanos poseer casas, tierras o dinero —ni siquiera tocarlo—, pero en las Admoniciones Francisco la extiende a la voluntad, al saber, a las virtudes y a los cargos: quien se apropia del bien que Dios hace a través de él «come del árbol de la ciencia del bien y del mal» (Adm. 2). La pobreza es, por tanto, una desapropiación de todo lo que el yo reclama como suyo, y su contracara es la restitución: devolver a Dios todos los bienes con la alabanza. De ahí la insistencia en el trabajo manual y en la limosna como recurso, no como renta; de ahí también el conflicto inmediato, ya en vida de Francisco, sobre libros, casas e iglesias. Las bulas Quo elongati (1230) y Exiit qui seminat (1279) intentaron conciliar la regla con las necesidades de una orden enorme, y la disputa sobre la pobreza de Cristo enfrentó en el siglo XIV a los espirituales con el papado.

Dōgen
  • Realización del caso presente (genjōkōan)genjokoan

    Título del primer fascículo del Shōbōgenzō y una de las expresiones centrales de Dōgen. Kōan, que en el zen designaba los «casos» o diálogos usados como objeto de práctica, se entiende aquí como la realidad misma tal como se presenta; genjō significa «manifestarse, realizarse». Cada cosa, en su momento, es un caso completo que no remite a otro: la leña no se convierte en ceniza, sino que leña y ceniza ocupan cada una su posición en el Dharma, con su antes y su después. El despertar es como la luna reflejada en el agua: la luna no se moja y el agua no se rompe, y toda la luna cabe en una gota de rocío. La expresión dio nombre a la lectura de Dōgen como pensador de la presencia.

  • Pensar el no-pensar (hishiryō)hishiryo

    Dōgen toma de un diálogo del maestro chino Yaoshan la descripción de la actitud mental del zazen. Un monje pregunta qué piensa el maestro sentado inmóvil; Yaoshan responde: «Pienso el no-pensar». «¿Cómo se piensa el no-pensar?» «Sin pensar» (hishiryō). Dōgen convierte este intercambio en «el arte esencial del zazen» en el Fukanzazengi y en los fascículos «Zazengi» y «Zazenshin». Hishiryō no es ni el pensamiento discursivo (shiryō) ni su supresión (fushiryō), sino una conciencia que deja surgir y pasar los pensamientos sin aferrarse a ellos ni rechazarlos. La expresión ha sido objeto de numerosas interpretaciones filosóficas, desde la fenomenología hasta la ciencia cognitiva.

  • Solo sentarse (shikantaza)shikantaza

    Expresión que Dōgen atribuye a su maestro Rujing: «sentarse sin más» (shikan, «solo, únicamente»; taza, «sentarse»). Designa el zazen practicado sin objeto de meditación, sin kōan y sin aspirar a una experiencia de despertar como meta futura. Para Dōgen, el zazen no es un medio para llegar a la iluminación, sino la iluminación misma en acción: sentarse en la postura de los budas es actuar como un buda. De ahí la exigencia de una práctica constante y la insistencia en la forma correcta —lugar, postura, respiración, manos—, que el Fukanzazengi y el fascículo «Zazengi» detallan. La expresión se convirtió en emblema de la escuela sōtō frente al zen rinzai del kōan, aunque Dōgen mismo comentó cientos de kōan y no se definía por oposición a otra escuela.

  • Desprenderse de cuerpo y mente (shinjin datsuraku)shinjin-datsuraku

    Fórmula que Dōgen recibió de Rujing y que describe tanto el zazen como la realización. No significa abandonar el cuerpo para liberar el alma, ni suprimir la mente, sino que la distinción entre un yo que practica y un mundo exterior deja de funcionar como frontera. En «Genjōkōan» aparece al final de la cadena: estudiar la vía, estudiarse, olvidarse, ser verificado por las diez mil cosas y, por fin, dejar caer el cuerpo y la mente propios y ajenos. Dōgen insiste en que este desprendimiento no es un estado alcanzado de una vez, sino que se renueva en cada práctica, y llega a invertir la fórmula —«cuerpo y mente desprendidos»— para indicar que lo desprendido es también lo que queda en pie.

  • Toda la existencia es naturaleza de buda (shitsuu busshō)shitsuu-bussho

    El Sutra del nirvana afirma: «todos los seres sintientes tienen naturaleza de buda» (一切衆生悉有仏性). Dōgen relee la frase rompiendo su sintaxis china: «todos los seres sintientes; toda la existencia (shitsuu) es naturaleza de buda». La naturaleza de buda deja así de ser una semilla o potencia oculta en el interior de los seres, que se actualizaría en el futuro, para identificarse con la existencia entera, incluidos montañas, ríos y piedras. En el mismo fascículo, «Busshō», llega a decir que la impermanencia es la naturaleza de buda, y comenta el «no» de Zhaozhou ante la pregunta de si un perro tiene naturaleza de buda como una expresión de esa misma realidad. Es uno de los ejemplos más conocidos de su lectura creativa de las escrituras.

  • Unidad de práctica y realización (shushō ittō)shusho-itto

    Respuesta de Dōgen a la pregunta que, según la tradición, le había llevado a China: si todos los seres poseen la naturaleza de buda, ¿por qué practicar? En el Bendōwa afirma que pensar que práctica y realización son dos cosas es una opinión ajena al budismo: la práctica es «práctica sobre la realización» y la realización se manifiesta solo practicando. Por eso «la práctica del principiante es ya la totalidad de la realización original», y no hay un momento en que se pueda dejar de practicar porque ya se ha llegado. La fórmula rechaza a la vez el quietismo de quien cree que ya es buda sin hacer nada y el instrumentalismo de quien practica para conseguir un resultado.

  • Ser-tiempo (uji)uji

    En chino, la expresión youshi (en japonés uji) significa simplemente «a veces». Dōgen la descompone en u, «ser, existencia», y ji, «tiempo», y construye a partir de ella una de las reflexiones más originales sobre la temporalidad. El tiempo no es un río que fluye al margen de las cosas: cada ser es tiempo y cada tiempo es ser. Yo mismo despliego el tiempo, y cada momento contiene el universo entero. El tiempo «pasa» (kyōryaku) no como sucesión lineal, sino como un ir de hoy a mañana, de hoy a ayer y de ayer a hoy, sin que un momento suprima al otro. La lectura de Dōgen junto a Heidegger, iniciada en el siglo XX, ha convertido este fascículo en uno de los textos de filosofía japonesa más comentados.

Mirabai
  • Krishna como esposo (Giridhar Nagar)giridhar-nagar

    El rasgo más personal de la devoción de Mira es su forma: no ama a Krishna como una de tantas vaqueras de la leyenda, sino como esposa casada con él, y llama a su dios por el epíteto Giridhar Nagar, el galán que sostuvo el monte Govardhana para proteger a los pastores. Esa reivindicación tiene consecuencias sociales: si Krishna es su marido, el matrimonio terrenal con el príncipe de Mewar queda relativizado, y con él las obligaciones de la viuda rajput. La teología bhakti conocía la actitud amorosa (madhurya) hacia Dios, pero en Mira se vuelve biografía y, para sus oyentes, desafío. La firma de los poemas, «el señor de Mira es el gentil Giridhar», repite esa elección en cada canción.

  • El yogui y la yoguinijogi

    Una imagen recurrente en los padas de Mira es la de Krishna como yogui errante, un asceta de cabellos enmarañados que pasa, enamora y se va, y la de la propia Mira dispuesta a hacerse yoguini para seguirlo: vestirse de ocre, untarse de ceniza, recorrer los caminos. La figura invierte el modelo habitual, en el que la renuncia es cosa de hombres y la devoción femenina se queda en casa; aquí la renuncia es la forma extrema del amor de una mujer. Los estudiosos ven en ella también un eco de las tradiciones nath y sant, muy presentes en el Rajastán de su época.

  • Abandonar la «vergüenza pública» (lok laj)lok-laj

    La expresión que Nabhadas usa para Mira —dejó la vergüenza pública y las cadenas de la familia— resume el conflicto que la tradición le atribuye. Para una mujer rajput de alto linaje, el honor de la casa (kul maryada) exigía reclusión, luto estricto en la viudez y distancia de las castas inferiores. Los poemas de Mira presentan la devoción como incompatible con ese código: cantar en público, sentarse con los santos, aceptar a un maestro de casta baja como Raidas. Parita Mukta mostró que esta dimensión es la que conservan con más fuerza las comunidades populares que la cantan, mientras que la memoria aristocrática la suavizó o la silenció.

  • Separación (viraha)viraha

    Muchos padas atribuidos a Mira son cantos de espera: la amante pasa la noche en vela, mira el camino, oye a los pavos reales y a los cuclillos que anuncian el monzón, cuando los amantes deberían reunirse, y el amado no llega. La lírica india había hecho de la separación (viraha) una de las grandes formas del amor; en Mira se convierte en el modo de relación con Dios: la ausencia es dolorosa pero no estéril, porque mantiene vivo el deseo y lo orienta hacia un solo objeto. Hawley y Martin señalan que estas canciones, de imágenes concretas y estacionales, son las que más fácilmente han pasado al repertorio cantado de mujeres y campesinos.

Maimónides
  • Los ocho grados de la caridadgrados-de-la-tsedaka

    En las *Leyes de los dones a los pobres* Maimónides ordena la *tsedaká* —que en hebreo significa a la vez caridad y justicia— en ocho grados. Del inferior al superior: dar de mala gana; dar menos de lo debido pero con amabilidad; dar después de que se pida; dar antes de que se pida; dar sin saber a quién, aunque el pobre sepa quién da; dar sabiendo a quién sin que el pobre sepa quién; dar sin que ninguno de los dos conozca al otro; y, por encima de todos, sostener al que empobrece con un regalo, un préstamo, una sociedad o un trabajo, para que no tenga que depender de nadie. La escala ha inspirado durante siglos la filantropía judía.

  • Perfección humana e imitación de Diosimitatio-dei

    La *Guía* termina enumerando cuatro perfecciones: la de las posesiones, la del cuerpo, la moral y la intelectual, que es la única verdaderamente humana y permanece después de la muerte. Pero el último capítulo añade un giro: quien ha conocido a Dios en la medida de lo posible descubre que Él actúa en la tierra con misericordia, juicio y justicia, y entonces se propone imitar esos caminos. La parábola del palacio, en el capítulo anterior, describe a los hombres según su cercanía al rey —con una frase sobre pueblos lejanos que hoy se lee como prejuicio de su época— y reserva el lugar más próximo a quienes, conociendo, mantienen el pensamiento fijo en Dios mientras atienden a los demás.

  • El camino intermediojusto-medio

    Siguiendo la ética aristotélica, Maimónides define la virtud como una disposición equidistante de dos extremos: la generosidad entre la avaricia y el despilfarro, el valor entre la cobardía y la temeridad. Las *Leyes de las disposiciones* de la *Mishné Torá* identifican ese justo medio con «el camino del Señor» que Abraham enseñó a sus hijos. Para curar un vicio, sin embargo, aconseja ir durante un tiempo al extremo contrario, como el médico que endereza una vara curvándola en sentido opuesto. Hay dos excepciones en las que pide alejarse del medio: el orgullo, frente al que hay que ser muy humilde, y la ira, que debe evitarse por completo. Junto al sabio que sigue el medio está el *hasid*, el piadoso, que va más allá de la estricta medida por exceso de bondad.

  • La profecíaprofecia

    Maimónides explica la profecía como una emanación del Intelecto Agente que desciende sobre el intelecto y la imaginación de un hombre perfeccionado moral e intelectualmente. Es, en principio, un fenómeno natural, aunque Dios puede impedirlo incluso en quien está preparado. Los grados de profecía dependen de la proporción entre intelecto e imaginación; por eso los profetas hablan en parábolas e imágenes. Moisés es la excepción: su profecía no pasó por la imaginación, fue continua y produjo una ley perfecta, lo que garantiza que la Torá no será sustituida. La teoría, tomada en parte de al-Farabi y Avicena, sirvió a la vez para defender la revelación y para naturalizarla.

  • Las razones de los preceptosrazones-de-los-preceptos

    Frente a quienes sostenían que los mandamientos son decretos sin razón, Maimónides afirma en la tercera parte de la *Guía* que todos tienen un propósito: el bienestar del cuerpo, es decir, el orden social justo, y el bienestar del alma, las opiniones verdaderas. Explica muchos preceptos rituales por su contexto histórico: los sacrificios fueron una concesión a un pueblo habituado al culto pagano, que Dios encauzó hacia sí para apartarlo gradualmente de la idolatría, como no se pasa de golpe de la esclavitud a la libertad. La explicación histórica escandalizó a muchos lectores y fue decisiva para la crítica bíblica moderna.

  • Teología negativa y atributos de acciónteologia-negativa

    En la primera parte de la *Guía*, Maimónides sostiene que ningún atributo positivo puede predicarse de Dios sin introducir multiplicidad en su unidad absoluta. Los atributos esenciales que la Biblia le aplica deben entenderse como negaciones —decir que es «vivo» significa que no está muerto—, y los que describen su modo de actuar («misericordioso», «clemente») son atributos de acción: dicen lo que Dios hace, no lo que es. Cada negación acerca un poco más al conocimiento verdadero, que consiste en saber lo que Dios no es. La conclusión es el elogio del silencio: el salmo «El silencio es tu alabanza». La doctrina influyó en la teología latina a través del Maestro Eckhart y Tomás de Aquino, que la discutió.

  • Los trece principios de la fetrece-principios

    Al final de la introducción al capítulo *Helek*, Maimónides enumera trece «fundamentos» (*yesodot*) cuya aceptación define a quien pertenece a Israel y tiene parte en el mundo venidero: la existencia de Dios; su unidad; su incorporeidad; su eternidad; que solo a Él se debe culto; la profecía; la superioridad de la profecía de Moisés; el origen divino de la Torá; su inmutabilidad; el conocimiento que Dios tiene de los actos humanos; la recompensa y el castigo; la venida del Mesías; y la resurrección de los muertos. Era la primera vez que un autor rabínico formulaba un credo de este tipo, y fue discutido por Hasdai Crescas, Joseph Albo e Isaac Abravanel, que objetaron el número o la idea misma de dogma. Popularizados por el himno *Yigdal* y por el *Ani maamin*, se convirtieron en la definición más extendida de la ortodoxia judía.

Kapila
  • Las tres cualidades (guṇa)gunas

    La naturaleza está hecha de tres cualidades o hebras: sattva, que es luminosidad, ligereza y placer; rajas, que es actividad, impulso y dolor; y tamas, que es pesadez, inercia y ofuscación. No son propiedades de las cosas sino sus constituyentes últimos, y su proporción variable explica la diversidad del mundo y de los estados mentales. Se dominan y se apoyan entre sí como el aceite, la mecha y la llama de una lámpara, que siendo distintos producen juntos la luz, según la comparación de la Kārikā. La doctrina pasó a la Bhagavad Gītā, que clasifica según las cualidades la fe, el alimento, el sacrificio o el conocimiento, y el Bhāgavata la aplica a las formas de devoción. Su influencia en el pensamiento indio, desde la ética hasta la medicina, difícilmente puede exagerarse.

  • Viveka y kaivalya (discriminación y aislamiento)kaivalya

    El fin del Sāṃkhya es el cese definitivo del triple dolor: el que nace de uno mismo, el que viene de otros seres y el que procede de fuerzas sobrenaturales. Ni los remedios ordinarios ni los ritos védicos lo logran, porque su efecto es pasajero. Solo lo consigue el conocimiento discriminador (viveka-khyāti), la comprensión de que el puruṣa no es la naturaleza ni ninguno de sus productos: «no soy, nada es mío, no hay yo», dice la Kārikā (estrofa 64). Cuando esa discriminación madura, la naturaleza deja de actuar respecto de ese puruṣa, que queda en kaivalya, «aislamiento» o soledad perfecta, libre de toda experiencia. El cuerpo puede seguir viviendo un tiempo por inercia, como el torno del alfarero que gira cuando ya se ha retirado la mano, y al caer sobreviene la liberación definitiva.

  • Prakṛti (la naturaleza primordial)prakriti

    La prakṛti es la causa material única de todo lo que existe fuera de la conciencia: el mundo físico, pero también el intelecto, el sentido del yo y la mente. En su estado no manifestado (avyakta) es un equilibrio perfecto de tres cualidades; cuando ese equilibrio se rompe por la proximidad del puruṣa, la naturaleza se despliega en una serie ordenada de principios, desde el intelecto (buddhi o mahat) hasta los elementos burdos. Es inconsciente pero activa, y el Sāṃkhya le atribuye una finalidad: actúa en beneficio del puruṣa, primero ofreciéndole experiencia y después la discriminación que lo libera. La imagen clásica es la de la bailarina que danza ante un espectador y se retira cuando este la ha visto: cumplido su fin, cesa su actividad respecto de él.

  • Puruṣa (la conciencia testigo)purusha

    En el Sāṃkhya, el puruṣa es la conciencia pura: no actúa, no cambia, no produce nada y no tiene cualidades; se limita a presenciar. A diferencia del ātman del Vedānta no advaita, no es uno solo: hay tantos puruṣa como seres conscientes, y la Kārikā lo argumenta por la diversidad de nacimientos, muertes y experiencias. Todo lo que solemos llamar «mente» —pensar, decidir, sentir, decir «yo»— pertenece en realidad a la naturaleza; el puruṣa solo ilumina esos procesos como una luz que no se mezcla con lo que alumbra. La ilusión fundamental consiste en atribuirse los estados de la mente, y la liberación, en reconocer que el testigo nunca estuvo atado. Los Sūtra afirman su existencia porque nada prueba lo contrario y porque el conjunto de la naturaleza existe «para otro».

  • Satkāryavāda (el efecto preexiste en la causa)satkaryavada

    La teoría causal del Sāṃkhya sostiene que el efecto existe ya en su causa antes de manifestarse: el aceite está en la semilla de sésamo, la vasija en la arcilla. La Kārikā (estrofa 9) lo razona así: lo que no existe no puede producirse, cada efecto requiere una causa material determinada, no todo nace de todo, una causa solo produce aquello de lo que es capaz, y el efecto participa de la naturaleza de la causa. De ahí se sigue que el mundo no es una creación desde la nada sino la manifestación de lo que estaba latente en la naturaleza primordial, y que la disolución es su retorno a ese estado. La doctrina enfrentó al Sāṃkhya con los budistas y con el Nyāya-Vaiśeṣika, que defendían que el efecto es algo nuevo, y fue adoptada y transformada por el Vedānta.

  • Los veinticinco principios (tattva)tattvas

    El Sāṃkhya —cuyo nombre se relaciona con saṃkhyā, «enumeración»— describe la realidad mediante veinticinco principios. El primero es la naturaleza no manifestada; de ella surge el intelecto (buddhi), facultad de decisión; del intelecto, el sentido del yo (ahaṃkāra); de este, por un lado la mente (manas), los cinco sentidos de conocimiento y los cinco de acción, y por otro los cinco elementos sutiles (tanmātra: sonido, tacto, forma, sabor y olor), de los que nacen los cinco elementos burdos (éter, aire, fuego, agua y tierra). Son veinticuatro principios de la naturaleza, a los que se suma, fuera de la serie, el puruṣa. El esquema no es una cosmogonía cronológica sino un análisis de la experiencia: muestra cómo la conciencia queda envuelta en una cadena de instrumentos que se cree propia.

Guru Nanak
  • Haumai: el egohaumai

    Literalmente «yo-yo», el haumai es para Nanak la enfermedad fundamental del ser humano: el sentido de un yo separado que se afirma, acumula, se compara y se cree autor de sus actos. De él nacen los cinco males —lujuria, ira, codicia, apego y orgullo— y la cadena de renacimientos. Nanak lo describe como una enfermedad grave que lleva en sí su propia medicina: el mismo impulso que nos encierra en el yo puede volverse hacia Dios por la Palabra del gurú. La disciplina del Nombre, el servicio y la vida en comunidad son los medios para disolverlo.

  • Hukam: la orden divinahukam

    Palabra de origen árabe que en Nanak designa la voluntad y el orden de Dios que todo lo rige: por el hukam se crean las formas, se reparten la alegría y el dolor, unos reciben la gracia y otros vagan de nacimiento en nacimiento. La primera estrofa del Japji da la clave: no se llega a la verdad por la pureza ritual, el silencio o la saciedad, sino caminando según el hukam. Comprenderlo disuelve el ego, porque quien lo entiende, dice Nanak, deja de decir «yo». No es fatalismo: aceptar la orden divina es la condición para vivir con rectitud y servir.

  • Ik Onkar: un solo Diosik-onkar

    El libro sagrado sij se abre con un signo, el numeral «uno» unido a la sílaba Onkar, que Nanak convirtió en emblema de su teología: hay un único Dios, que es a la vez trascendente, sin forma (nirgun), y presente en toda la creación (sargun). No encarna, no tiene imagen, no pertenece a ninguna comunidad religiosa; se le nombra con apelativos hindúes y musulmanes indistintamente —Hari, Ram, Allah, Khuda— porque ninguno lo agota. El Mul Mantar desarrolla el signo en una serie de atributos: verdad, creador, sin miedo, sin enemistad, intemporal, no nacido, existente por sí mismo, accesible por la gracia. Esa afirmación de la unidad divina fundamenta la crítica de Nanak a las divisiones religiosas.

  • Nam: el Nombrenam

    En Nanak, el Nombre no es una palabra concreta ni una fórmula mágica, sino la manifestación de Dios en la creación y en la Palabra del gurú: «todo lo que ha creado es su Nombre». Recordarlo (nam simran, nam japna) es la disciplina central: repetirlo, cantarlo en compañía y meditarlo hasta que impregna la vida entera. El Japji describe una progresión: escuchar, aceptar, y avanzar por las regiones del deber, el conocimiento, el esfuerzo y la gracia hasta la región de la verdad. A diferencia de la recitación ritual que critica, el Nombre exige una transformación moral: se completa con el trabajo honrado y el compartir.

  • Sach achar: la vida verdaderasach-achar

    «La verdad está por encima de todo, pero más alta aún es la vida verdadera.» Con esta línea del Sri Rag Nanak desplaza el centro de la religión de la doctrina y el rito a la conducta. Critica el cordón sagrado, los baños purificadores, la renuncia de los yoguis y la observancia formal de cadíes y brahmanes cuando no van acompañados de honradez, compasión y control de sí. Su alternativa es la vida del cabeza de familia que trabaja (kirat), comparte (vand) y recuerda el Nombre, tal como se organizó en Kartarpur. Es el fundamento del rechazo sij del ascetismo y de la valoración del trabajo.

  • Sangat y langar: la comunidad y la mesa comúnsangat-langar

    La práctica religiosa que Nanak organizó en Kartarpur no era solitaria: los discípulos formaban una congregación (sangat) que cantaba junta los himnos por la mañana y por la tarde, y compartían una comida preparada en una cocina común (langar), en la que todos se sentaban en el suelo sin distinción de casta. Bajo sus sucesores, en especial con Mata Khivi, esposa de Angad, el langar se convirtió en institución y hoy existe en todos los gurdwaras del mundo. Para los historiadores, sangat y langar son la traducción social de la teología de Nanak: si Dios es uno y está en todos, nadie es impuro.

Hildegarda de Bingen
  • El hombre como microcosmos (opus Dei)homo-microcosmos

    En el Liber divinorum operum Hildegarda despliega la idea, común en el siglo XII pero llevada por ella a un grado de detalle único, de que el ser humano contiene el universo. La segunda visión muestra una figura humana con los brazos extendidos inscrita en las esferas cósmicas: los vientos, los astros y los elementos se corresponden con sus miembros, sus humores y sus edades; el círculo del año con el curso de su vida; la redondez de la cabeza con el firmamento. El hombre es, literalmente, «la obra de Dios» (opus Dei) en la que las demás criaturas se resumen, y por eso su pecado desordena el cosmos y su redención lo repara. Hildegarda vincula esta antropología con su medicina —los humores y los vientos son los mismos dentro y fuera— y con su cristología: Cristo es el hombre perfecto en quien el microcosmos recupera su armonía. La miniatura del códice de Lucca que representa esta visión es hoy la imagen más difundida de su pensamiento.

  • Sapientia, Caritas, Ecclesia: las figuras femeninas de lo divinosapientia-caritas

    Hildegarda pobló su obra de grandes figuras femeninas que encarnan aspectos de Dios y de su obra: la Sabiduría (Sapientia), que «circunda» la rueda del mundo; la Caridad (Caritas), que en el Liber divinorum operum se presenta como la fuerza ígnea que anima el universo; la Iglesia (Ecclesia), esposa y madre, representada en el Scivias como una mujer inmensa que da a luz a los fieles; la Sinagoga, María y las Virtudes. Barbara Newman ha mostrado que estas figuras, de raíz sapiencial bíblica, forman en Hildegarda una auténtica «teología de lo femenino» que no diviniza a la mujer —Hildegarda mantiene la jerarquía de su tiempo— pero sí piensa lo divino en imágenes de fecundidad, de belleza y de verdor. En esa teología su propia voz encuentra su justificación: Dios elige a los débiles para avergonzar a los fuertes, y en un tiempo «mujeril» (muliebre tempus), en que los hombres de Iglesia han flaqueado, habla por una mujer.

  • La música como memoria del paraísosymphonia-memoria-paraiso

    En la carta a los prelados de Maguncia (1178–1179) Hildegarda expone la teología de la música que subyace a toda su obra cantada. Adán, antes de la caída, tenía una voz semejante a la de los ángeles y cantaba con ellos la alabanza divina; con el pecado perdió esa voz y el diablo, que odia la armonía, no deja de intentar que los hombres callen. Los profetas, inspirados, inventaron los salmos y los instrumentos «para que los hombres, acordándose, recuperaran algo de la dulzura de aquella alabanza», y la Iglesia continúa esa memoria en el canto litúrgico. El cuerpo es como un instrumento que el alma hace sonar; por eso el alma es «sinfónica» (symphonialis) y la música, más que un adorno, es el modo en que la criatura caída vuelve a su forma. De ahí la gravedad de un entredicho que prohíbe cantar: silencia la memoria del paraíso. La Symphonia y el Ordo Virtutum son la puesta en práctica de esta doctrina.

  • La sombra de la luz viviente (el modo de la visión)umbra-viventis-lucis

    A diferencia de la mayoría de los visionarios, Hildegarda explicó con precisión cómo veía. En la carta a Guiberto de Gembloux (1175) describe una luz «que no es local», mucho más clara que una nube que lleva el sol, sin altura, longitud ni anchura, que ella llama «sombra de la luz viviente» (umbra viventis lucis). En esa luz ve las imágenes y oye las palabras no con los ojos ni los oídos del cuerpo, sino «en el alma», estando despierta, de día o de noche, sin éxtasis ni pérdida de los sentidos: sigue viendo lo que la rodea. A veces, dentro de esa luz, aparece otra, la «luz viviente» misma, y entonces toda tristeza se le borra. Lo que ve se le queda en la memoria y puede dictarlo después; las palabras no son latín pulido, sino que ella las transmite «como las oye», y por eso necesita secretarios que corrijan la gramática. Esta descripción, única en la literatura medieval, ha permitido tanto la lectura neurológica (Charles Singer y Oliver Sacks la relacionaron con la migraña con aura) como la literaria: la visión como género con reglas, no como alucinación.

  • Viriditas (el verdor)viriditas

    Viriditas, «verdor», es la palabra que Hildegarda usa con más libertad y en más registros. En la Physica designa la savia y la fuerza vital de las plantas; en Causae et curae, la humedad fecunda del cuerpo sano, cuya pérdida es la ariditas de la enfermedad y la vejez; en el Scivias y en la Symphonia, la gracia que hace fructificar el alma, la virginidad de María («viridissima virga», vara verdísima), la Iglesia y la encarnación misma. El Verbo es «verdor» que brota del Padre; el Espíritu Santo es el que «riega». La misma palabra sirve para la botánica y para la teología porque, en su cosmología, no hay dos órdenes separados: la vida física y la vida de la gracia son manifestaciones de una única energía creadora que atraviesa todo lo que existe y que se marchita por el pecado. Barbara Newman la ha definido como el concepto más original de Hildegarda; el pensamiento ecológico contemporáneo la ha adoptado como emblema, no sin cierta simplificación.

  • Las Virtudes como fuerzas vivasvirtudes-personificadas

    En el Ordo Virtutum, en el Scivias y en el Liber vitae meritorum las virtudes no son hábitos abstractos sino personajes femeninos que hablan, cantan y luchan: la Humildad es su reina, la Caridad, la Castidad, la Obediencia, la Discreción, la Victoria. Frente a ellas, los vicios del Liber vitae meritorum toman cuerpo en figuras grotescas. Para Hildegarda las virtudes son energías divinas (vires, «fuerzas») que actúan en el alma con la cooperación del ser humano; el drama moral consiste en acoger o rechazar esas fuerzas, y la vida monástica es el espacio donde se las ejercita en comunidad. El Ordo Virtutum, representado por sus monjas, convierte la doctrina en rito: cada hermana presta su voz a una Virtud y el Alma vuelve al coro. Es un antecedente de las moralidades teatrales posteriores y una de las claves de la psicomaquia medieval.

Rabia al-Adawiyya
  • El amor desinteresado de Dioshubb-ilahi

    La idea asociada a Rabia es que Dios debe ser amado por Sí mismo y no como medio para evitar el infierno o ganar el paraíso. Las oraciones que le atribuye Attar llevan la tesis al extremo: si adora por miedo, que la quemen; si adora por esperanza, que le cierren el paraíso. Los versos de los «dos amores», transmitidos desde el siglo X, distinguen entre el amor del deseo, que ya es recuerdo constante de Dios, y el amor que se le debe porque Él lo merece, que culmina en la visión. En el ascetismo del siglo VIII, dominado por el temor, esta orientación hacia el amor marcó un giro que los manuales sufíes posteriores atribuyeron a Rabia como iniciadora, aunque la crítica moderna duda de que las fórmulas más elaboradas sean suyas.

  • Conformidad con la voluntad divina (rida)rida

    Cuando Sufyan al-Thawri, al visitarla enferma, le pidió que rogara a Dios que aliviara su sufrimiento, Rabia —según Attar— le preguntó quién se lo había enviado; si era voluntad de Dios, ¿cómo iba a pedirle que la retirara? La conformidad (*rida*) no es resignación pasiva sino adhesión amorosa a lo que Dios dispone, consecuencia del amor desinteresado: quien ama a Dios por Él mismo no le pide que cambie sus decretos. La misma lógica aparece en su respuesta a Malik ibn Dinar, que quería pedir ayuda a amigos ricos para ella: el que provee al rico, dice, proveerá también al pobre.

  • Sinceridad (sidq)sidq

    Muchos dichos atribuidos a Rabia corrigen la piedad aparente: a Sufyan al-Thawri le reprocha presumir de tristeza; a quienes definen la sinceridad como paciencia, gratitud o incluso gozo en la aflicción les responde que no es sincero quien no olvida el dolor de la prueba al contemplar a Dios. La sinceridad es la coincidencia entre el gesto exterior y el estado interior, y su ausencia, una forma de mentira ante Dios. La escena con Malik ibn Dinar, Hasan al-Basri y Shaqiq, narrada por Attar, ordena esas definiciones en grados hasta llegar a la suya, que culmina en el olvido de sí.

  • El arrepentimiento como graciatawba-como-gracia

    Un dicho atribuido a Rabia invierte el orden habitual del arrepentimiento: a quien pregunta si Dios lo perdonará si se vuelve hacia Él, responde que no, sino que, si Dios se vuelve hacia él, entonces él se volverá hacia Dios. El arrepentimiento (*tawba*) no es una iniciativa humana que Dios recompensa, sino un don divino que la hace posible. Nicholson lo cita como ejemplo de la «alta teoría mística» del arrepentimiento, y el mismo espíritu aparece en el dicho que le atribuyen los manuales: «nuestra petición de perdón necesita a su vez perdón».

  • Ascetismo (zuhd)zuhd

    Las fuentes más antiguas presentan a Rabia sobre todo como asceta: vela por las noches, rechaza regalos, vive con una jarra rota y una estera, desconfía del dinero cuyo origen ignora y despide a quienes hablan del mundo. Su ascetismo no condena el mundo como malo, sino como distracción: según un dicho que le atribuye Attar, quien habla tanto de los defectos del mundo demuestra que lo ama. Este *zuhd* basrense, que comparte con Hasan al-Basri, Malik ibn Dinar o Riyah al-Qaysi, es el suelo del que nacerá el sufismo, y Cornell lo considera la capa más fiable de su figura.

Nisargadatta Maharaj
  • El sentido de «yo soy»i-am

    El centro de la enseñanza es lo que Nisargadatta llama el sentido de «yo soy» (en marathi, *mi ahe*): la simple sensación de existir, anterior a cualquier contenido. No es un pensamiento ni una afirmación, sino el hecho mismo de estar consciente. Normalmente lo mezclamos con todo lo que le añadimos —soy este cuerpo, este nombre, esta historia—, y de esa mezcla nacen el miedo y el deseo. La práctica consiste en separarlo con perseverancia de todo «esto» y «aquello» y permanecer en él. Nisargadatta lo presentaba a la vez como puerta y como límite: el «yo soy» es lo más cercano a lo real que puede experimentarse, pero también es lo que hay que trascender.

  • El linaje de Inchegiri (Navnath Sampradaya)inchegiri-lineage

    Nisargadatta pertenecía a la rama de Inchegiri de la Navnath Sampradaya, la tradición de los nueve Naths: fundada por Bhausaheb Maharaj (Umadikar), continuada por Siddharameshwar Maharaj, que enseñó el llamado «camino del pájaro», la comprensión directa, frente al lento «camino de la hormiga» de la meditación prolongada. De ese linaje recibió el mantra de iniciación, los cantos devocionales que se entonaban a diario en su casa y la autoridad para iniciar. Aunque su enseñanza se leyó en Occidente como advaita sin tradición, él mismo situaba su comprensión en la gracia de su gurú.

  • Nisarga yoganisarga-yoga

    Con este nombre —«yoga natural»— designó Nisargadatta la práctica de permanecer en el sentido de ser sin artificio: no hay posturas, respiraciones ni visualizaciones, sino atención sostenida a lo que ya se es mientras se vive una vida ordinaria. Frydman tomó la expresión como título del epílogo que añadió a la segunda edición de I Am That, donde la presenta como síntesis de la enseñanza. Para Nisargadatta, una vida vivida con plena atención es ya, por sí misma, nisarga yoga. El término se emparenta con su propio nombre y con la desconfianza del linaje de Inchegiri hacia los métodos laboriosos.

  • Lo absoluto, anterior a la concienciathe-absolute

    En las conversaciones finales Nisargadatta distingue tres niveles: el mundo de los objetos, la conciencia en la que aparecen —el «yo soy»— y lo absoluto (*parabrahman*), que no es consciente de sí ni de nada porque es anterior a toda conciencia. La conciencia surge con el cuerpo, que es alimento transformado, y se apaga con él; es un acontecimiento en lo absoluto, no su esencia. De ahí su insistencia en que el «yo soy» es una enfermedad o un sueño del que hay que despertar comprendiéndolo, no cultivándolo. Esta formulación radicaliza la del advaita clásico y es la más característica de su etapa tardía.

  • El testigowitness

    Entre la identificación con el cuerpo y lo absoluto, Nisargadatta sitúa la posición del testigo: la conciencia que observa los estados de vigilia, sueño y sueño profundo sin ser afectada por ellos. Ver que todo lo percibido —incluida la mente— es objeto deshace la identificación con ello. Pero el testigo no es el final: también él aparece y desaparece con la conciencia, y en lo supremo, decía, el testigo simplemente surge cuando surge la conciencia. La doctrina procede del advaita clásico (*sakshi*), pero Nisargadatta la usa como paso práctico, no como metafísica.

Confucio
  • Junzi (el caballero, la persona ejemplar)junzi

    Junzi significa literalmente «hijo de señor» y designaba al noble por nacimiento. La operación de Confucio consiste en vaciar la palabra de sangre y llenarla de carácter: el junzi es quien se comporta como debería comportarse un noble, sea cual sea su origen, y su contrario, el xiaoren («hombre pequeño»), es el que solo mira su provecho. Las Analectas lo dibujan por contraste: «el caballero entiende de justicia; el hombre pequeño, de ganancia» (4.16); «el caballero exige de sí mismo; el hombre pequeño, de los demás» (15.21); «el caballero es armonioso sin ser conformista» (13.23). No es un sabio (shengren), categoría casi inalcanzable, sino un ideal practicable: estudia, se corrige, cuida el rito, es leal y fiable, y, si gobierna, gobierna por el ejemplo. La idea de que la excelencia moral es una conquista abierta a todos es la más democrática del confucianismo y la base del sistema de exámenes que, durante trece siglos, seleccionó a los funcionarios por sus letras y no por su cuna.

  • Li (rito, forma debida)li

    Li designaba originalmente los sacrificios y ceremonias de la nobleza Zhou; Confucio amplía la palabra hasta abarcar toda conducta formalizada: el saludo, el duelo, el modo de sentarse, de hablar al príncipe o de servir a los padres. El rito sin la disposición interior es vacío —«si un hombre no es humano, ¿qué tiene que ver con el rito?» (3.3)—, pero la disposición sin forma es ciega: «la deferencia sin rito es fatiga; la prudencia sin rito, timidez; el valor sin rito, desorden» (8.2). El li es, pues, la gramática que hace legible y eficaz la humanidad, y el medio por el que se aprende: dominarse y volver al rito es la definición misma de ren (12.1). Su valor político es enorme: el príncipe que gobierna por el rito en lugar de por castigos obtiene un pueblo con sentido de la vergüenza (2.3). Xunzi hará del li una creación de los sabios para ordenar los deseos; los Han lo codificarán en el Liji; en la vida cotidiana de Asia oriental sigue nombrando la cortesía.

  • Ren (humanidad, benevolencia)ren

    Ren es la virtud central de las Analectas y la que más se resiste a definición: el Maestro responde de manera distinta a cada discípulo que le pregunta por ella. A Fan Chi le dice «amar a los hombres» (12.22); a Yan Hui, «dominarse y volver al rito» (12.1); a Zhonggong, «no hacer a otros lo que no quieras para ti» (12.2); a Zizhang, cinco cualidades —respeto, generosidad, sinceridad, diligencia, bondad—. El carácter combina «persona» y «dos»: ren es lo que hace humano al hombre en su relación con otro. No es un sentimiento sino una disposición cultivada, difícil y rara —Confucio apenas la reconoce en nadie vivo—, pero al alcance de la voluntad: «¿Está lejos la humanidad? Si la deseo, aquí está» (7.30). Mencio la fundará en un brote innato de compasión; el neoconfucianismo la elevará a principio cósmico de la vida. Las traducciones oscilan entre «benevolencia», «humanidad», «bondad» y «virtud perfecta» (Legge).

  • Shu (reciprocidad) y zhong (lealtad a sí mismo)shu

    Cuando Zigong pide una sola palabra que sirva de guía para toda la vida, el Maestro responde: «¿No será shu? Lo que no desees para ti, no lo hagas a los demás» (15.24). Shu —«ponerse en el lugar del otro», «reciprocidad»— es el método práctico de la humanidad: inferir, de lo que uno quiere y no quiere, lo que debe a los demás. Zengzi resume el Camino del Maestro en dos palabras, zhong y shu (4.15): zhong, hacer todo lo que uno puede, dar lo mejor de sí en lo que se emprende; shu, medir al otro por uno mismo. Juntas forman lo que la tradición llamó «el hilo que todo lo ensarta». La formulación negativa de la regla de oro —no hacer, antes que hacer— ha sido muy comentada: es más modesta y más respetuosa de la diferencia que su versión positiva, aunque las Analectas también conocen esta («quien desea afirmarse, afirma a los demás», 6.30). Es el punto donde el confucianismo dialoga con más naturalidad con otras éticas del mundo.

  • Xiao (piedad filial)xiao

    Xiao es el respeto, el cuidado y la obediencia debidos a los padres en vida y el duelo y los sacrificios debidos tras su muerte. Para Confucio es la raíz de la humanidad: «la piedad filial y el respeto fraterno son la raíz de ren» (1.2), porque la familia es donde se aprende a sentir y a obrar por otro. No es mera manutención —«hasta a los perros y a los caballos se les alimenta; sin reverencia, ¿qué diferencia hay?» (2.7)— ni obediencia ciega: el hijo debe amonestar a los padres con suavidad y, si no le escuchan, respetarlos sin dejar de disentir (4.18). Del hogar se extiende al Estado: quien es buen hijo será buen súbdito, y por eso el Libro de la piedad filial la convierte en principio de gobierno. El confucianismo imperial la codificó hasta extremos que las Analectas no conocen; su crítica fue una de las banderas del Movimiento del Cuatro de Mayo (1919). Sigue siendo, en Asia oriental, la virtud más reconocible del legado confuciano.

  • Xue (el estudio, el aprendizaje)xue

    Las Analectas empiezan con la palabra «aprender» (xue), y no es casual: Confucio se describe a sí mismo no como sabio ni como hombre de humanidad, sino como alguien que «ama el estudio» más que nadie (5.28) y que «a los quince puso su voluntad en aprender» (2.4). Estudiar no es acumular información sino transformarse: implica repasar lo aprendido (1.1), reflexionar —«estudiar sin pensar es inútil; pensar sin estudiar es peligroso» (2.15)—, preguntar sin vergüenza y, sobre todo, practicar. El objeto son los Cantos, los Documentos, los ritos y la música, pero el fin es el carácter: «los antiguos estudiaban para sí mismos; los de hoy, para los demás» (14.24). Como el junzi, el estudio está abierto a todos —«en la enseñanza no hay distinción de clases» (15.39)— y es el único camino hacia la humanidad, porque sin él cada virtud degenera en su vicio (17.8). Esta fe en la educación como medio de perfección moral y de ascenso social es el rasgo más duradero de la civilización confuciana.

  • Zhengming (rectificación de los nombres)zhengming

    Preguntado por Zilu qué haría primero si gobernara Wei, Confucio responde: «rectificar los nombres» (13.3). Si los nombres no son correctos, el discurso no concuerda con las cosas; si no concuerda, los asuntos no se realizan; si no se realizan, ritos y música no florecen; si no florecen, castigos y penas no aciertan, y el pueblo no sabe dónde poner pies y manos. La fórmula más célebre es la del duque Jing de Qi: «que el príncipe sea príncipe, el ministro ministro, el padre padre y el hijo hijo» (12.11). No se trata de lingüística sino de ética política: cada nombre —padre, príncipe, hijo— lleva implícito un deber, y la crisis de la época consiste en que los nombres se usan sin cumplir lo que exigen. El pasaje 13.3 pertenece a un estrato tardío de las Analectas y algunos lo consideran ajeno a Confucio; pero la idea está en el espíritu de su lectura del Chunqiu, donde cada palabra juzga. Xunzi le dedicará un tratado y los legistas la convertirán en técnica de control administrativo.

Epicteto
  • Lo que depende de nosotros (ta eph' hēmîn)lo-que-depende-de-nosotros

    Es el punto de partida de toda la enseñanza de Epicteto, con el que se abren tanto el Manual como las Disertaciones. Dependen de nosotros el juicio (hypólēpsis), el impulso a actuar (hormḗ), el deseo (órexis) y la aversión (ékklisis): en una palabra, lo que es obra nuestra. No dependen de nosotros el cuerpo, la hacienda, la reputación ni los cargos. Lo primero es por naturaleza libre y no puede ser impedido; lo segundo es débil, esclavo y ajeno. Quien toma lo ajeno por propio sufrirá, se lamentará y culpará a dioses y hombres; quien solo considera suyo lo suyo no será obligado ni dañado por nadie. La distinción no invita a la pasividad ante el mundo, sino a desplazar el bien y el mal de los resultados a la propia actitud: el deber se cumple igual, pero sin depender de lo que no está en nuestras manos.

  • El papel en el dramapapel-en-el-drama

    «Recuerda que eres actor de un drama, tal como lo quiera el autor: breve si lo quiere breve, largo si lo quiere largo. Si quiere que representes a un mendigo, represéntalo con talento; y lo mismo si es un cojo, un magistrado o un particular. Lo tuyo es representar bien el papel que se te da; elegirlo, de otro» (Manual 17). La imagen resume la ética de Epicteto: no escogemos nuestras circunstancias, pero sí cómo las desempeñamos. Las Disertaciones la desarrollan en la teoría de los «papeles» (prósōpa): cada uno tiene el papel común de ser humano racional y otros particulares —hijo, padre, ciudadano, senador—, y de ellos se derivan sus deberes. Saber qué papel nos corresponde es parte de la sabiduría práctica (Disertaciones I 2; II 10).

  • El parentesco con Diosparentesco-con-dios

    Epicteto es el más religioso de los estoicos. Si Dios es padre de los hombres y la razón humana es «un fragmento» de la divina (Disertaciones I 14; II 8), cada persona lleva a Dios dentro de sí y debe tratarse con el respeto debido a un templo. De ese parentesco (syngéneia) se sigue que nadie debe sentirse humilde por su origen o su pobreza, que todos los hombres son hermanos —también los esclavos, «hijos de Zeus» como su amo (I 13)— y que el sabio puede llamarse ciudadano del mundo (I 9). La gratitud y el himno a Dios por el orden del cosmos son, para él, tareas del filósofo: «si fuera ruiseñor, haría lo de un ruiseñor; soy un ser racional: debo cantar himnos a Dios» (I 16, 20).

  • Proaíresis (la facultad de elegir)proairesis

    Epicteto hace de la proaíresis —«elección», «voluntad», «propósito moral»— el centro de la persona. No designa tanto cada decisión concreta como la capacidad de juzgar, asentir y elegir que nos hace humanos. Es lo único verdaderamente nuestro: «me encadenarás la pierna, pero mi voluntad no la puede vencer ni Zeus» (Disertaciones I 1, 23). Por eso la proaíresis es «por naturaleza libre de impedimentos», y la libertad, inalienable: puede ser mal usada, pero no arrebatada. El bien y el mal del hombre residen solo en ella; todo lo demás —el cuerpo, los bienes, incluso la vida— es material sobre el que la proaíresis actúa. El término, raro en los estoicos anteriores, procede de Aristóteles, que lo usa para la decisión deliberada; Epicteto lo transforma en el nombre del yo moral.

  • Los tres campos de ejerciciotres-campos

    En Disertaciones III 2 Epicteto distingue tres campos (tópoi) en los que debe ejercitarse quien quiere ser bueno. El primero, el más urgente, es el del deseo y la aversión: no desear lo que no depende de nosotros para no fracasar, no rehuir lo inevitable para no caer en ello. El segundo es el de los impulsos a actuar y no actuar, es decir, el de los deberes (kathḗkonta): obrar con orden y con razón como hijo, hermano, ciudadano. El tercero, propio de los que ya progresan, es el del asentimiento: no dejarse engañar ni precipitar el juicio, incluso en sueños o en la embriaguez. Epicteto reprocha a sus alumnos que empiecen por el tercero —la lógica de los silogismos— descuidando los dos primeros, de los que nacen las pasiones.

  • El uso de las representacionesuso-de-las-representaciones

    Toda experiencia nos llega como una representación (phantasía): algo aparece como bueno, terrible, ofensivo. Los animales usan sus representaciones; el ser humano, además, puede comprender ese uso y examinarlo (Disertaciones I 6). Epicteto propone un ejercicio constante: detenerse ante cada representación y decirle «eres una representación, no aquello que pareces» (Manual 1, 5), examinarla y no darle el asentimiento hasta comprobar si se refiere a lo que depende de nosotros. El «uso correcto de las representaciones» (khrêsis tōn phantasiôn) es, para él, la tarea propia del hombre y la única que los dioses dejaron en nuestras manos. De ahí que la perturbación no venga de las cosas sino de los juicios que añadimos a la representación (Manual 5).

Nicolás Roerich
  • Maitreya y el «Gran Plan»maitreya-gran-plan

    Maitreya es el buda futuro de la tradición budista. Los Roerich creyeron que su llegada estaba próxima y que coincidiría con una nueva era de la humanidad; las comunicaciones atribuidas a los mahatmas les encomendaban preparar en Asia interior una «Unión Sagrada de Oriente», una federación de pueblos budistas —Altái, Tuvá, Buriatia, Mongolia, Sinkiang y el Tíbet— con capital en Zvenígorod, una ciudad soñada al pie del monte Belujá. El proyecto, que los documentos de la familia llaman «Gran Plan», explica la visita a Moscú de 1926, los contactos con el panchen lama exiliado, la entrada en el Tíbet y, en parte, la expedición de Manchuria. Roerich lo expresó en pintura —la serie «Maitreya» de 1925, regalada a la Unión Soviética— y en sus libros de viaje. Fracasó por falta de apoyos, pero es imprescindible para entender la dimensión política de su vida, que los movimientos roerichianos han tendido a omitir.

  • Pacto Roerich y Bandera de la Pazpacto-roerich

    Tratado de Protección de Instituciones Artísticas y Científicas y Monumentos Históricos, firmado en la Casa Blanca el 15 de abril de 1935 por los Estados Unidos y otras veinte repúblicas americanas. Su artículo primero establece que los monumentos históricos, museos e instituciones científicas, artísticas, educativas y culturales se considerarán neutrales y serán respetados y protegidos por los beligerantes, en tiempo de guerra y de paz; los Estados se comprometen a adoptar las medidas internas necesarias, a comunicar una lista de los bienes protegidos y a señalarlos con una bandera distintiva: un círculo rojo con tres esferas sobre fondo blanco. El borrador lo prepararon en 1929 Georges Chklaver y Albert de La Pradelle por iniciativa de Roerich, que lo defendió como una «Cruz Roja de la cultura» en conferencias de Brujas (1931 y 1932) y Washington (1933). El tratado tuvo un alcance limitado al continente americano, pero se cita como antecedente de la Convención de La Haya de 1954 para la protección de los bienes culturales en caso de conflicto armado.

  • Paz por la Culturapaz-por-la-cultura

    Fórmula que resume el programa público de Roerich desde los años veinte: la cultura —arte, ciencia, educación, patrimonio— no es un adorno de la civilización sino su fundamento moral, y defenderla es la vía más segura hacia la paz entre los pueblos. Roerich distinguía entre «civilización», el conjunto de técnicas y comodidades, y «cultura», el culto de la luz y del perfeccionamiento interior, y sostenía que una sociedad sin cultura puede ser rica y poderosa pero no pacífica. De esa idea nacieron sus instituciones —el Master Institute of United Arts, Corona Mundi, la Liga Mundial de la Cultura—, el movimiento por la Bandera de la Paz y el Pacto de 1935. El emblema, tres esferas rojas dentro de un círculo, se ha interpretado como pasado, presente y futuro rodeados por la eternidad, o como religión, arte y ciencia unidos por la cultura. La consigna sigue organizando la actividad de los museos y sociedades Roerich y se invoca cada 15 de abril, fecha de la firma del Pacto.

  • Shambhalashambhala

    En la tradición budista del Kalachakra, Shambhala es un reino oculto al norte, gobernado por una dinastía de reyes custodios de la enseñanza, cuyo último soberano, Rigden Djapo, vencerá a las fuerzas del mal al final de una era. Roerich la recibió a través de la teosofía y de la literatura de viajes, la buscó en la cultura viva de Mongolia y el Tíbet y la convirtió en eje de su obra de los años veinte y treinta: el ensayo «Shambhala la resplandeciente», la serie pictórica homónima, la estupa que la caravana consagró en Tsaidam. En sus textos Shambhala es a la vez símbolo de la nueva era y lugar real —«la Shambhala terrena»— al que conducen las profecías de Maitreya. Para los Roerich, además, sus señores eran los mahatmas de la Agni Yoga. La investigación (Znamenski, Andreyev) muestra cómo esa lectura alimentó un proyecto geopolítico; para el budismo tibetano, en cambio, Shambhala es ante todo un tema iniciático del ciclo del Kalachakra.

  • Unidad de las artessintesis-de-las-artes

    Desde la dirección de la escuela de la Sociedad para el Fomento de las Artes (1906–1917), Roerich defendió que todas las artes —pintura, música, danza, teatro, artes aplicadas— debían enseñarse bajo un mismo techo y en diálogo, porque responden a un mismo impulso creador y se fecundan entre sí. Introdujo en San Petersburgo talleres de iconos, cerámica, tejido y orfebrería junto a las clases de pintura, y repitió el modelo en Nueva York con el Master Institute of United Arts (1921), donde enseñaban músicos, escenógrafos, arquitectos y bailarines. Su propia obra —pintor, escenógrafo, diseñador de mosaicos y vidrieras, poeta y ensayista— es la mejor ilustración del principio. La idea enlaza con el ideal de la Gesamtkunstwerk de Wagner, cuyas óperas diseñó, y con la estética de Mir iskusstva; en Roerich adquiere además un sentido ético: el arte unificado educa y une a los pueblos.

Shunryu Suzuki
  • Mente grandemente-grande

    Suzuki hablaba de la «mente grande» —la mente que lo es todo— frente a la «mente pequeña», la que se identifica con un yo separado y quiere controlar lo que ocurre. La concentración en la respiración y la postura no es un fin, sino una ayuda para abrir la mente pequeña y descubrir esa mente grande, en la que pensamientos, sensaciones y circunstancias aparecen como olas de un mismo océano. Por eso no hay que luchar contra los pensamientos ni intentar detenerlos: como las ovejas en un prado amplio, se controlan dándoles espacio y observándolos. En el funeral de Trudy Dixon describió tres mentes que el budista cultiva: la mente gozosa, la mente compasiva y la mente grande, profunda como el océano y sin discriminación.

  • «No siempre es así»no-siempre-es-asi

    Una de las fórmulas favoritas de Suzuki, que dio título a la segunda antología de sus charlas, expresa en lenguaje cotidiano la impermanencia budista. En Mente zen la usa para explicar que cada expresión temporal de la verdadera naturaleza es la verdad durante un instante y deja de serlo al siguiente: por eso hay que estudiar el budismo, para no confundir una expresión pasajera con la cosa misma. Según la introducción de Edward Espe Brown, Suzuki llegó a decir que la esencia del zen cabía en esas palabras. La fórmula protege contra el dogmatismo, incluido el del propio maestro, y contra el apego a las experiencias de la práctica: cualquier estado, por valioso que parezca, no es siempre así.

  • Solo sentarse (shikantaza)shikantaza

    Shikantaza, «solamente sentarse», es la práctica central de la escuela Sōtō desde Dōgen, y la base de todo lo que Suzuki enseñó en América. Consiste en sentarse en zazen con la postura correcta y la respiración natural, sin objeto de meditación, sin koan y sin buscar un estado especial. Suzuki insistía en que la postura no es un medio para obtener la mente correcta: adoptarla es ya la mente correcta, la expresión directa de la naturaleza de Buda. De ahí su desconfianza hacia la búsqueda de experiencias de iluminación, que tanto atraía a los estadounidenses de los sesenta: practicar para obtener algo es una idea de ganancia que contamina la práctica. Esto no hace del zazen algo pasivo; exige una atención plena y una entrega completa, como una hoguera que arde sin dejar rastro.

  • Mente de principiante (shoshin)shoshin

    Shoshin, 初心, «mente inicial» o «mente de principiante», es la expresión japonesa que Suzuki convirtió en emblema de su enseñanza y en título de su libro. Designa una mente vacía y disponible, que no se apresura a clasificar lo que ve ni da nada por sabido. En el prólogo de Mente zen, mente de principiante advierte que el riesgo de toda práctica repetida —recitar un sutra, sentarse en zazen año tras año— es perder la actitud original y convertirse en experto: alguien que cree saber qué es el zen y para quien, por eso, quedan pocas posibilidades. La mente del principiante no es ignorancia, sino una forma de atención sin presupuestos que se renueva en cada sentada; es también, decía, el verdadero secreto de las artes. Vinculaba esta actitud a la compasión: una mente que no está ocupada consigo misma ni con lo que ha logrado puede abrirse a los demás.

  • No dejar rastrosin-rastro

    En el capítulo «No Trace» de Mente zen, Suzuki propone que, cuando se hace algo, hay que consumirse por completo en ello, como una buena hoguera, sin dejar rastro de uno mismo. La actividad hecha a medias, con la mente dividida entre la tarea y lo que se espera de ella, deja residuos: arrepentimientos, orgullo, ideas sobre lo que se hizo, que se convierten en apego y en sufrimiento. La actividad completa, en cambio, se agota en sí misma y no se acumula como posesión del yo. El principio tiene aplicaciones muy concretas en la vida de un templo zen —cocinar, limpiar, sentarse— y es la versión práctica de la doctrina del no-yo: no hay un sujeto que se quede con el mérito o la culpa de lo hecho.

Kabir
  • Nirguna: lo divino sin atributosnirguna

    La devoción de Kabir se dirige a un absoluto *nirguna*, «sin cualidades», que no tiene forma, ni encarnaciones, ni imagen en los templos. Charlotte Vaudeville lo identifica con el Brahman-Atman de las Upanishad y con la interpretación monista del Vedanta, que niega toda distinción entre el alma y Dios e invita al hombre a reconocer en sí mismo su naturaleza divina. Kabir llama a ese absoluto Ram, Hari, Alá o Karim indistintamente, porque ningún nombre lo agota. Vaudeville señala una tensión: si Dios está dentro, la devoción amorosa exterior debería sobrar; y sin embargo Kabir habla como un amante que sufre la separación. Quizá la ternura (*prema-bhakti*) sea para él el camino hacia la realización de lo que no tiene forma.

  • El Nombre: Ram, Alá, Hariram-nam

    Kabir usa constantemente el nombre de Ram, pero no designa con él al héroe del *Ramayana* ni a una encarnación de Visnú, sino a lo divino en general; con la misma naturalidad lo llama Alá, Hari, Karim o Khuda. Lo decisivo no es el nombre, sino la fidelidad a la única verdad de la vida, y la repetición interior del Nombre (*nam*) sustituye a los ritos: «mi rosario es mi lengua», dice un *shalok* del *Adi Granth*. Por eso se burla de la recitación mecánica de los Vedas y del Corán, de los ayunos de unos y otros, del cordón sagrado y de la circuncisión. El documental *Had Anhad* de Shabnam Virmani explora precisamente quién es el Ram de Kabir en la India y el Pakistán de hoy.

  • Sahaj: lo espontáneo y naturalsahaj

    *Sahaj* designa el estado natural, sin esfuerzo, en el que la mente se funde con lo divino sin necesidad de prácticas extraordinarias. Kabir lo opone a las austeridades de los yoguis —el ascético de barba larga y moños enmarañados que, dice con sorna, parece una cabra— y a la huida del mundo. Vivió como tejedor y padre de familia, y sus versos encuentran a Dios en el telar, en la casa y en la vida diaria. El *Adi Granth* repite el término: quien comprende la voluntad divina «se funde de forma natural» (*sahaj samana*) en ella. Underhill vio en este rasgo la originalidad de un místico que no quiso ser asceta.

  • El verdadero maestro (satguru)satguru

    Frente a los libros, los sacerdotes y los ritos, Kabir sitúa al *satguru*, el maestro verdadero, como único guía fiable. No es un cargo ni un linaje: es quien abre los ojos del discípulo y le muestra a Dios dentro de sí; en algunos versos se confunde con la Palabra (*shabd*) o con el propio Dios. La paradoja es que el iconoclasta que negaba toda autoridad exterior se convirtió en el *satguru* de una secta organizada: el Kabir Panth lo venera como su gurú principal o incluso como encarnación de la Verdad, y sus ramas desarrollaron linajes de maestros que remontan su autoridad a él.

  • Ulatbansi: el lenguaje al revésulatbansi

    Las *ulatbansi* son enigmas poéticos de imágenes imposibles, un mundo puesto del revés, con los que Kabir obliga al oyente a abandonar el modo habitual de pensar. Heredadas de la tradición de los yoguis *nath*, que usaban un lenguaje crepuscular cifrado, en Kabir se vuelven un arma de despertar: no se resuelven con la lógica, sino con un cambio de mirada. Linda Hess, traductora del *Bijak*, ha dedicado buena parte de su obra a estos poemas, que según ella desaniman a la mente a funcionar de la manera normal. Son una de las razones por las que el Kabir del *Bijak* resulta tan desconcertante.

Zhuangzi
  • Igualar las cosas (qiwu)qiwu

    El segundo capítulo, Qiwu lun, puede leerse como «discurso sobre la igualdad de las cosas» o como «igualar los discursos sobre las cosas». Parte de las disputas entre confucianos y moístas: cada escuela llama «esto» (shi) a lo que la otra llama «no-esto» (fei). Zhuangzi muestra que esas valoraciones dependen de la posición del que habla, como «esto» y «aquello» dependen de dónde se está. No niega las distinciones, sino su carácter absoluto. El sabio «ilumina desde el cielo», se sitúa en el «eje del Camino» (daoshu), en el centro de un círculo desde el que puede responder a cada perspectiva sin quedar prisionero de ninguna, y practica el «esto que va con las cosas» (yinshi). Los intérpretes discuten si se trata de escepticismo, relativismo o una forma de perspectivismo que admite la validez local de cada punto de vista.

  • La transformación de las cosas (wuhua)wuhua

    Expresión con la que concluye el sueño de la mariposa: entre Zhou y la mariposa hay una diferencia, y el paso de una a otra es la «transformación de las cosas». El Zhuangzi concibe el mundo como un flujo incesante en el que cada ser es una fase pasajera de un proceso mayor. En el capítulo 6, el enfermo Zilai, a punto de morir, se pregunta en qué lo convertirá el gran Creador-Transformador: quizá en hígado de rata o en pata de insecto, y no se resiste. La consecuencia ética es la serenidad ante la muerte: si la vida y la muerte forman parte de la misma transformación, aferrarse a una forma concreta es tan absurdo como que el metal se empeñara en ser una espada famosa. La idea reaparece en el capítulo 18, con la muerte de la esposa y una cadena de metamorfosis de los seres.

  • La utilidad de lo inútil (wuyong zhi yong)wuyong-zhi-yong

    Motivo que recorre el libro desde el primer capítulo, donde Huizi se queja de un árbol tan retorcido que ningún carpintero lo quiere, y Zhuangzi le responde que lo plante en el campo de la nada y se tumbe a su sombra: nadie lo talará. En el capítulo 4, un roble sagrado se aparece en sueños al carpintero Shi para explicarle que ha llegado a viejo precisamente por no servir para nada; el jorobado Shu se libra del reclutamiento y recibe limosnas. El capítulo 20 matiza la lección: un árbol se salva por inútil, pero el ganso que no sabe graznar es el que matan para la cena; Zhuangzi dice situarse «entre lo útil y lo inútil». La idea critica la medida de todo valor por su servicio al poder y defiende un espacio de vida que escape a la instrumentalización.

  • Vagar libre y sin trabas (xiaoyao you)xiaoyao-you

    Título del primer capítulo y emblema de todo el libro. Xiaoyao designa un movimiento despreocupado, sin meta, y you el vagar o deambular. El capítulo lo ilustra con el ave Peng, que necesita noventa mil li de viento para elevarse, y con la cigarra que se ríe de ella desde su rama: ambas dependen de algo, una del viento inmenso y otra del árbol cercano. Tampoco Liezi, que cabalga el viento, es del todo libre, porque aún depende de él. La libertad plena es la de quien «cabalga la verdad del cielo y la tierra» y no depende de nada; por eso «el hombre perfecto no tiene yo, el hombre espiritual no tiene mérito y el sabio no tiene nombre». No es una huida del mundo, sino una manera de estar en él sin quedar atrapado por fines, utilidades o reputaciones.

  • Ayuno del corazón (xinzhai)xinzhai

    En el capítulo 4, Yan Hui anuncia a Confucio que irá a reformar al joven y cruel señor de Wei. Confucio, convertido aquí en portavoz taoísta, le advierte que fracasará mientras actúe desde sus propios planes, y le prescribe el «ayuno del corazón» (o de la mente, xin). No se trata de abstenerse de vino y carne, como en el ayuno ritual, sino de unificar la voluntad: no escuchar con los oídos sino con el corazón, y no con el corazón sino con el qi, el aliento. El oído se detiene en lo que oye y la mente en lo que encaja con ella, pero el qi está vacío y espera a las cosas; el Camino se reúne en el vacío. Ese vacío es el ayuno del corazón. Yan Hui comprende entonces que antes de recibir la instrucción «estaba lleno de Hui», y que ahora ya no hay Hui. Es una de las primeras descripciones chinas de una disciplina interior de vaciamiento.

  • Palabras de copa y palabras ajenas (zhiyan, yuyan)zhiyan

    El capítulo 27, un prólogo tardío, describe el modo de escribir del libro. Nueve de cada diez palabras son yuyan, «palabras depositadas en otro»: se ponen en boca de personajes —Confucio, Laozi, el Emperador Amarillo, animales, tullidos— porque nadie cree a quien se elogia a sí mismo. Siete de cada diez son chongyan, «palabras de peso», atribuidas a ancianos respetados. Y las zhiyan, «palabras de copa», brotan cada día y se acomodan a todo, como una vasija ritual que se vuelca cuando está llena y se endereza vacía: un lenguaje que no fija posiciones, sino que se adapta a la situación. Esta teoría explica el carácter paradójico, humorístico y polifónico del Zhuangzi y su desconfianza ante el lenguaje, que culmina en la imagen de la nasa que se olvida cuando se ha cogido el pez.

  • Sentarse y olvidar (zuowang)zuowang

    En el capítulo 6, Yan Hui cuenta a Confucio sus progresos: primero ha olvidado la benevolencia y la rectitud; después, los ritos y la música. Confucio le dice que no basta. Al fin Yan Hui anuncia que «se sienta y olvida». Confucio, desconcertado, le pregunta qué significa, y él responde: dejo caer miembros y cuerpo, expulso la agudeza de los sentidos y la inteligencia, me separo de la forma, me desprendo del saber y me hago uno con la Gran Comunicación; a esto llamo sentarse y olvidar. Confucio, invertido el papel de maestro, le pide ser su discípulo. El pasaje, con su secuencia de olvidos cada vez más radicales, inspiró a la tradición taoísta posterior un tratado entero (el Zuowang lun de Sima Chengzhen, siglo VIII) y es una referencia constante en el diálogo entre taoísmo y budismo chan.