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The ConsciousLibrary

Grandes conceptos de la humanidad

Consciencia

  • चित्

    cit

    sa · Devanagari

    Conciencia pura; en el Vedānta, uno de los tres nombres de Brahman (sat-cit-ānanda): luz que conoce sin ser objeto de conocimiento.

  • विज्ञान

    vijñāna

    sa · Devanagari

    Conocer discriminativo; en el budismo, uno de los cinco agregados, que surge dependiendo de un órgano y un objeto y no es un yo.

  • རིག་པ

    rig pa

    bo · Tibetan

    Conocer, conciencia lúcida; en el Dzogchen, la conciencia primordial que se distingue de la mente ordinaria (sems).

  • 心

    xīn

    zh · Han

    Corazón-mente; en el pensamiento chino, sede a la vez del pensar, el sentir y el querer, sin la separación occidental entre razón y afecto.

  • συνείδησις

    syneídēsis

    grc · Greek

    Saber con uno mismo; en Pablo y la tradición cristiana, la conciencia moral que juzga los propios actos.

  • conscientia

    conscientia

    la · Latin

    Conocimiento compartido o de sí; primero conciencia moral y, desde la filosofía del siglo XVII, también conciencia en sentido psicológico.

Una palabra para varias preguntas

En castellano, conciencia y consciencia se usan a menudo como sinónimos, y esa ambigüedad refleja una historia. El latín conscientia y el griego syneídēsis significaron primero saber algo junto con otro, o saber algo de uno mismo, y se especializaron en la conciencia moral: la voz que acusa o excusa. Solo con la filosofía del siglo XVII, y sobre todo con Descartes y Locke, la palabra pasó a designar el hecho de darse cuenta, la experiencia en primera persona. Bajo un mismo término se esconden, pues, varias preguntas: qué es darse cuenta, si la consciencia depende del cerebro o lo precede, si hay grados de ella y qué relación guarda con el bien.

Las tradiciones asiáticas no siempre separan estas cuestiones como Occidente, y tampoco las separan del mismo modo entre sí. Compararlas exige mirar con cuidado dónde trazan la frontera entre lo consciente y lo material.

Dónde se traza la frontera

El Sāṃkhya ofrece un caso extremo. Para esta escuela, la mente, el intelecto (buddhi) y el sentido del yo pertenecen a la naturaleza material (prakṛti); la consciencia es únicamente el testigo (puruṣa), que no actúa ni cambia. Lo que Occidente llama mente es aquí materia sutil. El Vedānta mantiene esa intuición: cit, la conciencia pura, es uno de los nombres de Brahman y no puede ser objeto, porque es lo que conoce todo objeto. La Māṇḍūkya Upaniṣad (versos 3-7) recorre la vigilia, el sueño con sueños y el sueño profundo, y nombra un cuarto (turīya) que no es un estado más, sino el fondo de los tres.

El budismo antiguo lo niega. Vijñāna es uno de los cinco agregados y surge dependiendo de un órgano y de un objeto: hay consciencia visual, auditiva, mental, pero no una consciencia que pase intacta de vida en vida. El Mahātaṇhāsaṅkhaya Sutta (Majjhima Nikāya 38) presenta al Buda reprendiendo al monje Sāti por sostener lo contrario. La escuela Yogācāra elaboró después una teoría de ocho consciencias, entre ellas una consciencia almacén (ālaya-vijñāna) que conserva las semillas de los actos. El budismo tibetano define la mente como claridad y conocimiento, y el Dzogchen distingue la mente ordinaria (sems) de rig pa, la conciencia primordial que se reconoce.

China habla de xīn, corazón-mente, que piensa y siente a la vez. Mencio sitúa en él los cuatro brotes de la virtud (2A6), de modo que la consciencia es desde el principio moral. Las Analectas (2.4) describen la madurez de Confucio a los setenta años como seguir lo que desea su corazón sin transgredir la norma.

Lo común y lo distinto

El siglo XX añadió nuevos lenguajes. Gurdjieff y Ouspensky hablaron de cuatro estados de consciencia, de los que el ser humano corriente solo conoce dos; David R. Hawkins propuso una escala de niveles de consciencia; la neurociencia, desde finales del siglo, trata la consciencia como problema empírico.

Hay coincidencias: muchas tradiciones distinguen entre los contenidos de la experiencia y aquello que se da cuenta de ellos, y casi todas sostienen que la consciencia ordinaria no es la única posible. Pero divergen en lo fundamental. Para el Vedānta la consciencia es lo único real; para el budismo es un proceso condicionado; para el Sāṃkhya, un testigo inactivo frente a una mente material; para el confucianismo, un corazón que siente el deber; para la tradición cristiana, ante todo un juicio moral. Comparar sin advertir estas fronteras produce equivalencias que ningún texto respalda.

Desde cada tradición

Advaita Vedanta · cit

Para el Vedānta no dual, Brahman es ser, conciencia y plenitud (sat-cit-ānanda), y la conciencia pura es el testigo (sākṣin) de todos los estados de la mente sin ser afectada por ellos. La Māṇḍūkya Upaniṣad describe tres estados y un cuarto que los sostiene, y Śaṅkara insiste en que el conocedor no puede convertirse en objeto. Ramana Maharshi enseñaba a volver la atención hacia esa conciencia preguntando quién es el que se da cuenta. Nisargadatta Maharaj introdujo un matiz propio: la conciencia del yo soy es todavía un producto ligado al cuerpo, y lo Absoluto es anterior incluso a ella. No todos los maestros de la escuela aceptarían esa distinción.

Mahayana · vijñāna

La escuela Yogācāra, fundada en la India por Asaṅga y Vasubandhu en el siglo IV, distingue ocho consciencias: las cinco de los sentidos, la consciencia mental, una consciencia que se aferra a la idea de yo (manas) y la consciencia almacén (ālaya-vijñāna), donde se depositan como semillas las huellas de los actos. Las experiencias surgen cuando esas semillas maduran. Esta teoría no postula un yo, pero explica la continuidad de la persona y del karma. Thich Nhat Hanh la expuso en Comprender nuestra mente (2006), basado en los Treinta versos de Vasubandhu y su tradición china, y la convirtió en una psicología práctica: regar las semillas sanas y no las dañinas.

Budismo tibetano (Vajrayana) · rig pa

La epistemología tibetana, heredera de Dharmakīrti, define la mente como lo que es claro y conoce: no es materia, aunque dependa de condiciones. Sobre esa base el Dzogchen distingue la mente ordinaria (sems), que fabrica y juzga, de rig pa, la conciencia primordial, vacía y luminosa, que el practicante reconoce con la introducción de un maestro. Las canciones atribuidas a Milarepa describen la mente en su naturaleza de modo cercano, desde el Mahāmudrā de la escuela Kagyu. El Dalái Lama ha mantenido durante décadas, en los encuentros del Mind and Life Institute, un diálogo con la neurociencia sobre si la consciencia puede reducirse a la actividad cerebral, cuestión que considera abierta.

Confucianismo · 心

El pensamiento confuciano no separa la consciencia de la vida moral. El carácter 心 designa a la vez el corazón y la mente, el órgano que piensa, siente y juzga. Mencio afirma que todo ser humano tiene en el corazón cuatro brotes, la conmiseración, la vergüenza, la cortesía y el sentido de lo correcto y lo incorrecto, que crecidos son las cuatro virtudes (2A6). Las Analectas (2.4) resumen la trayectoria de Confucio hasta llegar, a los setenta años, a seguir los deseos de su corazón sin traspasar la norma. La pregunta por la naturaleza de la consciencia como hecho psicológico no aparece; lo que importa es cultivarla.

Cristianismo · syneídēsis / conscientia

En el Nuevo Testamento, syneídēsis es la conciencia moral. Pablo escribe que los gentiles, que no tienen la Ley, muestran que la llevan escrita en el corazón, y que su conciencia da testimonio, acusándolos o excusándolos (Romanos 2,15), y pide respetar la conciencia débil del hermano (1 Corintios 8). La escolástica distinguió la sindéresis, hábito natural que conoce los primeros principios del obrar, de la conciencia, acto que los aplica a un caso concreto (Tomás de Aquino, Suma teológica I, cuestión 79, artículos 12 y 13). La conciencia puede errar, pero obliga. Para la tradición cristiana, la consciencia en sentido moral es el lugar donde la persona responde ante Dios.

Cuarto Camino · estados de consciencia

Gurdjieff, según el relato de Ouspensky en Fragmentos de una enseñanza desconocida, distinguía cuatro estados de consciencia: el sueño, el estado de vigilia ordinario, que llamaba consciencia relativa y en realidad era otra forma de sueño, la consciencia de sí y la consciencia objetiva. El ser humano corriente solo conoce los dos primeros y cree poseer los otros. La consciencia de sí aparece por momentos breves y puede cultivarse con el recuerdo de sí; la objetiva permitiría conocer las cosas como son. Esta enseñanza no identifica la consciencia con un fondo divino, sino con una capacidad que se gana con esfuerzo y que la mayoría no desarrolla nunca.

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