Grandes conceptos de la humanidad
Contemplación
θεωρία
theōría
grc · Greek
Acción de mirar, espectáculo; en Platón y Aristóteles, visión intelectual de lo verdadero y forma más alta de vida; en Plotino, actividad de la que procede todo.
contemplatio
contemplatio
la · Latin
De templum, el espacio que el augur delimitaba para observar; en la teología cristiana, conocimiento amoroso y sencillo de Dios, a veces recibido como don.
הִתְבּוֹנְנוּת
hitbonenut
he · Hebrew
Reflexión, consideración atenta; en el jasidismo de Jabad, contemplación prolongada de la grandeza y la unidad de Dios que debe despertar amor y temor.
مشاهدة
mushāhada
ar · Arabic
Testimonio, visión presencial; en el sufismo, el estado en que el corazón contempla las manifestaciones de lo divino.
觀
guān
zh · Han
Mirar, observar; en el Daodejing, contemplar el regreso de los seres; en el budismo chino, la visión penetrante (vipaśyanā), unida a la calma (止).
Mirar sin querer nada
La contemplación responde a una pregunta que no es práctica: si existe un modo de conocer que no consista en usar las cosas, sino en verlas. Muchas tradiciones han sostenido que lo más alto que puede hacer un ser humano no es producir ni gobernar, sino mirar. Lo que se mira, cómo y quién toma la iniciativa varía tanto que el término común es engañoso.
La palabra griega theōría designaba primero a los delegados que una ciudad enviaba a un santuario o a un festival para presenciarlo. La filosofía la interiorizó. Aristóteles, en el libro X de la Ética a Nicómaco (caps. 7 y 8), defiende que la vida más feliz es la contemplativa, porque es la actividad de lo más divino que hay en nosotros, el intelecto, y la más autosuficiente. Plotino va más lejos: en el tratado Sobre la naturaleza, la contemplación y el Uno (Enéadas III.8) sostiene que todo, incluso la naturaleza que produce las plantas, es contemplación o efecto de ella. Theōría no es aquí un estado emocional, sino conocimiento.
Del intelecto al amor, y del amor al don
El latín contemplatio, emparentado con templum, el recinto que el augur trazaba para observar el cielo, pasó al cristianismo con este legado griego y lo transformó. Los padres leyeron en Marta y María (Lucas 10,38-42) el par de vida activa y vida contemplativa, y la teología medieval, de Gregorio Magno a Tomás de Aquino (Suma teológica II-II, cuestiones 179 a 182), la ordenó. Pero la contemplación cristiana se fue desplazando del intelecto al amor. Juan de la Cruz la llama en Noche oscura (libro II, cap. 5) una influencia de Dios en el alma que los contemplativos llaman contemplación infusa o teología mística. La iniciativa ya no es del que mira: se recibe.
El sufismo distingue grados. Al-Qushayrī, en su Risāla, presenta la presencia del corazón (muḥāḍara), el desvelamiento (mukāshafa) y la visión testimonial (mushāhada). Para Ibn Arabi lo que se contempla nunca es la Esencia divina, que permanece inaccesible, sino sus manifestaciones (tajalliyāt), y cada uno ve según su capacidad. En el jasidismo de Jabad, la hitbonenut es una contemplación deliberada, casi discursiva, de la unidad de Dios, cuyo fin es que el entendimiento despierte el amor y el temor.
En China, el carácter 觀 aparece en el primer capítulo del Daodejing: contemplar lo sutil y contemplar los límites. En el capítulo 16 se contempla el regreso de los seres a su raíz. El budismo chino usó el mismo carácter para la visión penetrante, unida a la calma (止觀), y la escuela Tiantai hizo de ese binomio un método completo. En el Vedānta, el término más próximo es nididhyāsana, la meditación profunda que la Bṛhadāraṇyaka Upaniṣad (2.4.5) sitúa después de escuchar y reflexionar.
Semejanzas y desvíos
Todas estas formas comparten la quietud, la sencillez del acto y la sospecha de que el ajetreo impide ver. Pero difieren en lo esencial. La theōría aristotélica es una actividad propia del intelecto humano; la contemplación infusa cristiana es pasiva y presupone a un Dios que se comunica; la mushāhada sufí contempla manifestaciones, nunca la esencia; el 觀 taoísta observa procesos naturales sin dirigirse a nadie; la visión budista mira la impermanencia para soltar, no para poseer. Traducirlas todas por contemplación es inevitable, pero no autoriza a creer que describen la misma experiencia.
Desde cada tradición
Neoplatonismo · theōría
Plotino hace de la contemplación el principio de toda la realidad. En el tratado 30 (Enéadas III.8) propone, casi como un juego, que todos los seres aspiran a la contemplación, y lo desarrolla en serio: la naturaleza produce contemplando, el alma contempla al Intelecto, el Intelecto se contempla a sí mismo y, al hacerlo, contempla el Uno del que procede. La acción es, para Plotino, una contemplación debilitada, propia de quien no puede mirar directamente. Pero el Uno mismo está más allá de toda contemplación, porque contemplar supone dualidad entre el que ve y lo visto; el encuentro último con él, descrito en Enéadas VI.9, ya no es theōría.
Mística cristiana · contemplatio
La mística española del siglo XVI distingue con cuidado lo que el alma puede hacer de lo que solo puede recibir. Teresa de Ávila llama sobrenatural a la oración que no se adquiere por diligencia, y en las cuartas moradas del Castillo interior separa los contentos, que nacen del propio esfuerzo, de los gustos, que vienen de Dios. Juan de la Cruz define la contemplación como una noticia amorosa y oscura que Dios comunica, y en Noche oscura (libro II, cap. 5) la identifica con la teología mística. El paso de la meditación discursiva a la contemplación no se fuerza: se reconoce por señales y se acepta. Esta pasividad la distingue de la theōría griega.
Sufismo · mushāhada
Los manuales sufíes clásicos, como la Risāla de al-Qushayrī (siglo XI), ordenan la experiencia contemplativa en grados: la presencia del corazón, el desvelamiento y, por último, la mushāhada, la visión testimonial en la que el corazón contempla sin intermediario discursivo. Ibn Arabi matiza que la Esencia divina no se contempla nunca; lo que se ve son sus autodesvelamientos (tajalliyāt), y cada contemplativo los recibe según la disposición de su corazón, que cambia de forma con cada manifestación. Rumi lo dice con imágenes: las formas del mundo son espuma de un mar que no se ve. La mushāhada no anula la distancia entre Creador y criatura; la vuelve transparente.
Judaísmo · hitbonenut
En el jasidismo de Jabad, fundado por Shneur Zalman de Liadi a finales del siglo XVIII, la hitbonenut es el centro del servicio divino. No se trata de vaciar la mente, sino de llenarla: meditar con detalle sobre cómo la vitalidad divina sostiene a cada criatura en cada instante, hasta que esa comprensión intelectual despierte en el corazón amor y temor de Dios. El Tania, obra principal de Shneur Zalman, describe este movimiento de la mente al corazón como tarea diaria, asociada a la oración. Es una contemplación discursiva y dirigida, con contenido doctrinal preciso, muy distinta de la quietud sin objeto de otras tradiciones.
Taoísmo · 觀
El primer capítulo del Daodejing distingue dos modos de mirar: sin deseo se contempla lo sutil del Dao; con deseo, sus límites o manifestaciones. El capítulo 16 propone alcanzar el vacío extremo y guardar la quietud para contemplar cómo los innumerables seres surgen y regresan a su raíz. Esta contemplación no se dirige a un Dios ni a un mundo de ideas, sino al proceso mismo de la naturaleza, y su fruto es una conducta: quien conoce lo constante es abarcador e imparcial. El Zhuangzi añade el ayuno del corazón (cap. 4), un vaciamiento que permite escuchar con el soplo vital en lugar de con el oído o la mente.
Advaita Vedanta · nididhyāsana
La Bṛhadāraṇyaka Upaniṣad (2.4.5) enumera tres pasos ante el Sí mismo: escucharlo, reflexionar sobre ello y meditarlo a fondo (nididhyāsana). La tradición de Śaṅkara interpreta el tercero como la contemplación sostenida que asienta en la mente el conocimiento recibido de la escritura y del maestro, hasta que deja de ser una idea. Para Śaṅkara, sin embargo, no es la contemplación lo que libera, sino el conocimiento; la contemplación retira los obstáculos. Ramana Maharshi simplificó el proceso en la indagación sobre quién es el que contempla. En esta escuela, el contemplador y lo contemplado no son dos al final del camino, lo que la separa de la mística teísta.
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