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Grandes conceptos de la humanidad

Gracia

  • χάρις

    cháris

    grc · Greek

    Favor, encanto, gratitud; en Pablo, el don gratuito de Dios que salva sin depender de las obras.

  • gratia

    gratia

    la · Latin

    Favor gratuito, agradecimiento; en la teología latina, la ayuda divina que sana y eleva a la persona, objeto de las grandes controversias de Agustín y de la Reforma.

  • חֶסֶד

    ḥesed

    he · Hebrew

    Bondad leal, amor fiel a la alianza; el atributo divino que, según el Salmo 136, dura para siempre. En la Cábala, la cuarta sefirá.

  • بركة

    baraka

    ar · Arabic

    Bendición, fuerza benéfica que procede de Dios y se transmite por personas, lugares y objetos santos; en el sufismo, la que pasa del maestro al discípulo.

  • अनुग्रह

    anugraha

    sa · Devanagari

    Favor, gracia; en el śivaísmo, el quinto de los actos de Śiva, el que libera al alma, después de crear, sostener, reabsorber y ocultar.

  • 他力

    tariki

    ja · Kanji

    El poder del otro; en el budismo de la Tierra Pura, la salvación por el voto del buda Amida, frente al propio poder (jiriki).

Lo que no se gana

La gracia responde a una pregunta que inquieta a toda vía espiritual: si lo más importante puede conseguirse con esfuerzo o solo puede recibirse. De ahí se siguen otras: si el don precede al mérito, si exige respuesta, si alcanza a todos. Suele pensarse que la gracia es una noción exclusivamente cristiana. No lo es, pero tampoco es universal, y las tradiciones que la conocen discrepan entre sí tanto como con las que la rechazan.

El griego cháris significaba favor, encanto y gratitud; las Cárites eran las diosas de la gracia. Pablo hizo de la palabra el centro de su predicación: la justificación es don gratuito, no recompensa de las obras de la Ley (Romanos 3,24). La Carta a los Efesios (2,8-9) lo resume diciendo que la salvación es por gracia, mediante la fe, y no procede de las obras. Agustín defendió frente a Pelagio que sin la gracia el ser humano no puede querer el bien; la Reforma radicalizó la idea con la fórmula sola gratia, y el Concilio de Trento (sesión VI, 1547) respondió afirmando la primacía de la gracia junto con la cooperación libre de la persona. La teología ortodoxa prefiere hablar de sinergia y de divinización.

Fidelidad, bendición, elección

La Biblia hebrea habla de ḥesed, la bondad leal de Dios a su alianza, y de ḥen, el favor que Noé encontró a sus ojos (Génesis 6,8). El Salmo 136 repite en cada verso que su ḥesed es eterno. La tradición rabínica no opone gracia y mérito como la polémica cristiana: comenta que Moisés, pudiendo alegar sus méritos, pidió solo un don gratuito (Sifré Deuteronomio 26). El islam habla de la generosidad de Dios (faḍl) y de su misericordia: sin ellas, dice el Corán, nadie se habría purificado jamás (24,21). El sufismo añade la baraka, una bendición que circula por los santos y sus tumbas, y que el maestro transmite al discípulo.

La India conoce debates sorprendentemente próximos. La Kaṭha Upaniṣad (1.2.23) afirma que el Sí mismo no se obtiene por la enseñanza, la inteligencia ni la mucha erudición, sino por aquel a quien él elige. En la escuela de Rāmānuja, los teólogos posteriores se dividieron con dos imágenes: la cría del mono, que se agarra a su madre y coopera, y el gatito, que la madre transporta sin que él haga nada. El śivaísmo cuenta la gracia (anugraha) entre los cinco actos de Śiva. El budismo japonés de la Tierra Pura llevó la idea al extremo: Shinran (1173-1263) enseñó que el nacimiento en la Tierra Pura depende del voto del buda Amida, el poder del otro (tariki), y no del propio poder (jiriki).

Dónde se parecen y dónde no

Estas tradiciones comparten la experiencia de que lo decisivo llega como don, y la sospecha de que el esfuerzo que se cree suficiente alimenta el orgullo. También comparten el debate interno entre gracia y cooperación.

Pero el donante no es el mismo. En el cristianismo, el judaísmo y el islam es un Dios personal y creador; en el Vedānta, el Sí mismo se elige a sí mismo, según la lectura de Śaṅkara; en la Tierra Pura, un buda que hizo un voto; en el śivaísmo, un dios que es también el fondo del alma. Y hay quien rechaza la idea: el budismo antiguo enseña que cada uno debe esforzarse y que nadie purifica a otro (Dhammapada 165 y 276). Que la gracia de Pablo y el tariki de Shinran se parezcan es un hecho histórico notable; que sean lo mismo, no.

Desde cada tradición

Cristianismo · cháris / gratia

La doctrina cristiana de la gracia nace en Pablo, que presenta la justificación como don gratuito (Romanos 3,24), y se fija en la controversia de Agustín con Pelagio a comienzos del siglo V: sin la gracia, la voluntad herida no puede querer el bien. Las confesiones discrepan después en cómo se relacionan gracia y libertad. Lutero y Calvino defendieron la salvación solo por gracia, recibida por la fe; el Concilio de Trento afirmó que la gracia precede a todo, pero que la persona coopera libremente; la ortodoxia habla de sinergia. Teresa de Ávila escribe desde la posición católica: la unión es don gratuito, pero el alma debe disponerse con determinación y no apoyarse en sus propios méritos.

Judaísmo · ḥesed

En la Biblia hebrea, ḥesed es la bondad de Dios que se mantiene fiel a su alianza incluso cuando el pueblo no lo es. Éxodo 34,6 la cuenta entre los atributos que Dios proclama de sí mismo, y el Salmo 136 la repite como estribillo. Junto a ella está ḥen, el favor inmerecido. La tradición rabínica valora el mérito (zejut) y la observancia de los mandamientos, pero conserva la conciencia del don: el Sifré a Deuteronomio (26) comenta que Moisés pidió entrar en la tierra como regalo gratuito, no como pago. La oración Avinu Malkenu, recitada en los días penitenciales, pide a Dios que responda aunque no haya obras que lo merezcan.

Sufismo · faḍl / baraka

El Corán atribuye a la generosidad (faḍl) y a la misericordia de Dios toda purificación humana (24,21), y una tradición recogida por al-Bujārī y Muslim afirma que nadie entrará en el paraíso solo por sus obras, ni siquiera el Profeta, si Dios no lo cubre con su misericordia. El sufismo vive esa primacía del don de varias maneras. La baraka, bendición que procede de Dios, se transmite por la cadena de maestros y se busca junto a los santos. Ibn Arabi distingue la misericordia que Dios concede a todo ser por el mero hecho de existir de la que otorga como respuesta a la obra. Rumi describe la atracción divina como el imán que mueve al alma antes de que ella busque.

Bhakti · prapatti / kṛpā

En la Bhagavad Gītā (18.66), Kṛṣṇa pide a Arjuna que abandone todos los deberes y se refugie solo en él, y le promete librarlo de todo mal. La escuela de Rāmānuja convirtió ese abandono (prapatti) en camino, y sus herederos se dividieron entre los siglos XIII y XIV en torno a dos imágenes. Para la escuela del norte (Vaḍakalai), asociada a Vedānta Deśika, el devoto coopera como la cría del mono que se agarra a su madre. Para la del sur (Teṅkalai), asociada a Piḷḷai Lokācārya, la gracia actúa como la gata que lleva al gatito en la boca sin que él haga nada. El paralelismo con los debates cristianos sobre gracia y libertad es notable, aunque históricamente independiente.

Advaita Vedanta · kṛpā

La Kaṭha Upaniṣad (1.2.23) dice que el Sí mismo no se alcanza por la enseñanza, la inteligencia ni la erudición, sino por aquel a quien él elige. Las lecturas teístas ven aquí la gracia de Dios; Śaṅkara la interpreta en clave no dual: el Sí mismo se revela a quien solo lo busca a él, de modo que el que elige y el elegido no son dos. Ramana Maharshi hablaba con frecuencia de la gracia del gurú, que identificaba con el Sí mismo y consideraba siempre presente; lo que falta es la receptividad. David R. Hawkins, desde un marco propio, sostenía que el último paso del camino no lo da la voluntad personal, sino que sucede por gracia.

Mahayana · tariki

El budismo de la Tierra Pura se basa en los votos que, según el Sūtra de la vida infinita, hizo el bodhisattva Dharmākara antes de convertirse en el buda Amida, entre ellos el de acoger en su tierra a quien lo invoque con sinceridad. En Japón, Hōnen difundió la recitación del nombre (nenbutsu), y su discípulo Shinran (1173-1263) llevó la doctrina a su extremo: incluso la fe y la recitación son don de Amida, no logro del practicante. El Tannishō, recopilado por su discípulo Yuien, recoge en su capítulo 3 la paradoja de que, si el bueno se salva, con más razón el malvado. Esta confianza total en el poder del otro (tariki) contrasta con la ascesis del propio esfuerzo.

Theravada · sin gracia

El budismo antiguo ofrece la posición contraria. El Dhammapada afirma que el mal lo hace uno mismo y uno mismo se purifica, que pureza e impureza dependen de cada cual y nadie purifica a otro (165), y que cada uno debe esforzarse, porque los Tathāgatas solo enseñan el camino (276). No hay un creador que conceda la liberación ni un salvador que cargue con el karma ajeno. La confianza (saddhā) en el Buda, el Dhamma y la Saṅgha es importante, pero como punto de partida que el practicante verifica por sí mismo. Esta ausencia de gracia es deliberada y muestra que la noción no es universal entre las tradiciones contemplativas.

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