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Grandes conceptos de la humanidad

Sufrimiento

  • दुःख

    duḥkha

    sa · Devanagari

    Malestar, insatisfacción, lo que no encaja; en el budismo y en el Sāṃkhya-Yoga, rasgo de toda existencia condicionada, no solo el dolor agudo.

  • 苦

    kǔ

    zh · Han

    Literalmente, amargo; el carácter con que el budismo chino tradujo duḥkha, que conserva el matiz de sabor amargo y de penalidad.

  • πάθος

    páthos

    grc · Greek

    Lo que se padece o se experimenta; en el estoicismo, la pasión entendida como juicio erróneo y movimiento desmedido del alma.

  • עֳנִי

    ʿonî

    he · Hebrew

    Aflicción, opresión, humillación; en Éxodo 3,7 es la aflicción del pueblo que Dios dice haber visto.

  • بلاء

    balāʾ

    ar · Arabic

    Prueba, aflicción enviada como examen; en el Corán y en el sufismo, lo que pone a prueba la fe y puede acercar a Dios.

  • passio

    passio

    la · Latin

    Padecimiento; en el latín cristiano, la Pasión de Cristo y, por extensión, el sufrimiento asumido y ofrecido.

Una pregunta anterior a todas las respuestas

Ninguna tradición empieza por el sufrimiento como tema académico. Empieza por él como hecho: la enfermedad, la vejez, la muerte de los próximos, la injusticia, la inquietud que persiste incluso cuando todo va bien. La pregunta que la humanidad formula con este concepto es doble. Por qué sufrimos, primero; y si el sufrimiento tiene la última palabra, después. Las respuestas divergen tanto que conviene no dar por supuesto que todas hablan de lo mismo.

El caso más claro es el del sánscrito duḥkha. Traducirlo por sufrimiento es útil, pero engaña: en el canon pali también son duḥkha los estados placenteros, porque cambian, y todo lo condicionado, porque no puede satisfacer de manera estable. El primer discurso atribuido al Buda (Saṃyutta Nikāya 56.11) no afirma que la vida sea dolorosa en cada instante, sino que nacimiento, vejez, enfermedad, muerte, la unión con lo que no se quiere y la separación de lo que se quiere son duḥkha, y que la causa es la sed (taṇhā). El chino 苦, amargo, añadió a esa idea un matiz sensorial que el original no tenía.

Diagnósticos distintos

La India clásica comparte con el budismo el punto de partida, pero no el diagnóstico. La Sāṃkhyakārikā (estrofa 1) dice que la indagación filosófica nace del golpe de un triple sufrimiento: el que viene de uno mismo, el de los demás seres y el de las fuerzas naturales o divinas. Los Yoga Sūtra (2.16) proponen evitar el sufrimiento que aún no ha llegado, y atribuyen su raíz a la confusión entre el que ve y lo visto (2.17). Para el Vedānta no dual, la causa es la ignorancia que superpone al Sí mismo un cuerpo y una mente. Donde el budismo habla de sed y niega un yo permanente, estas escuelas hablan de un yo verdadero mal reconocido.

El estoicismo lo plantea de otra manera. Πάθος designa lo que se padece, pero en Crisipo y Epicteto se convierte en pasión: un juicio equivocado que da asentimiento a una apariencia y mueve el alma más allá de la medida. El Enquiridión de Epicteto (cap. 5) sostiene que no turban las cosas, sino las opiniones sobre ellas. El dolor corporal es para el estoico algo indiferente; lo que hay que corregir es el juicio.

Las tradiciones bíblicas y coránicas sitúan el sufrimiento dentro de una relación con un Dios personal. En Éxodo 3,7 Dios ha visto la aflicción (ʿonî) de su pueblo y desciende a liberarlo: el sufrimiento es histórico, colectivo y escuchado. El libro de Job rechaza la explicación de los amigos, según la cual quien sufre ha pecado, y la respuesta divina desde la tempestad (capítulos 38 a 41) no ofrece una teoría. El cristianismo pone en el centro la passio de Cristo: el sufrimiento no se disuelve, se redime y puede ofrecerse. El Corán habla de balāʾ, prueba (2,155), y el sufismo la lee como camino hacia Dios.

Dónde se parecen y dónde no

Hay coincidencias reales. Casi todas las tradiciones distinguen entre el dolor que sobreviene y el sufrimiento que se añade con la propia reacción; casi todas creen que algo en el modo de ver o de desear es parte del problema; y casi todas proponen una disciplina.

Las diferencias, sin embargo, no son de vocabulario. Para el budismo el sufrimiento se comprende y se extingue con su causa, sin un creador a quien dirigirse. Para el estoicismo se corrige con juicio recto, sin promesa de liberación del ciclo de renacimientos, que no contempla. Para el judaísmo, el cristianismo y el islam puede tener sentido dentro de una historia de salvación, y el problema de un Dios bueno que lo permite es una pregunta que el budismo no necesita plantear. Leer todas estas voces como variaciones de una misma enseñanza borra lo que cada una arriesga.

Desde cada tradición

Budismo · dukkha

En el canon pali, dukkha es la primera de las cuatro nobles verdades y, según el Dhammacakkappavattana Sutta (SN 56.11), es algo que debe comprenderse plenamente, no solo soportarse. Su origen es la sed (taṇhā) de placer, de existencia y de no existencia; su cese es posible, y el camino de ocho miembros conduce a él. La tradición posterior distingue tres modos: el dolor manifiesto, el sufrimiento del cambio y el que es inherente a todo lo condicionado. Thich Nhat Hanh insiste en que el sufrimiento se alimenta de nutrimentos que pueden reconocerse; el Dalái Lama lo vincula a las emociones aflictivas nacidas del apego a un yo concebido como independiente.

Yoga · duḥkha

Los Yoga Sūtra atribuidos a Patañjali afirman (2.15) que para quien discierne todo es duḥkha, por el cambio, la ansiedad y las huellas que dejan las experiencias, y por el conflicto entre las cualidades de la naturaleza. El sūtra 2.16 propone evitar el sufrimiento que aún no ha llegado, y el 2.17 sitúa su causa en la unión confusa entre el que ve (puruṣa) y lo visto (prakṛti). La liberación es aislamiento (kaivalya) de la conciencia respecto de lo que no es ella. Swami Vivekananda tradujo y comentó estos sūtras en Raja Yoga (1896) y presentó el método como una ciencia práctica para dejar de identificarse con la mente.

Estoicismo · pathos

Para los estoicos, el dolor físico y la pérdida pertenecen a lo indiferente: no son bienes ni males morales. Lo que hace sufrir es la pasión (πάθος), que Crisipo describía como un juicio erróneo, el asentimiento a una apariencia que presenta algo como un mal presente o futuro. El Enquiridión de Epicteto empieza separando lo que depende de nosotros, opiniones, impulsos y deseos, de lo que no depende (cap. 1), y afirma después que no turban las cosas, sino las opiniones sobre ellas (cap. 5). Marco Aurelio vuelve a esta idea en las Meditaciones. No hay aquí redención ni salida de un ciclo: hay corrección del juicio y aceptación del orden racional del cosmos.

Judaísmo · ʿonî

La Biblia hebrea no reduce el sufrimiento a un problema psicológico. En Éxodo 3,7 Dios dice haber visto la aflicción (ʿonî) de su pueblo en Egipto y haber oído su clamor: el dolor es histórico, colectivo y escuchado, y la respuesta es una liberación concreta. Los profetas leen a menudo la desgracia nacional como consecuencia de la infidelidad a la alianza, pero el libro de Job pone esa lógica en duda: los amigos sostienen que quien sufre ha pecado, Job protesta su inocencia y Dios, al final, reprende a los amigos (Job 42,7). Los Salmos de lamento dan forma a la queja dirigida a Dios. Sufrir no se disuelve: se discute con Dios.

Cristianismo · passio

Los evangelios presentan a Jesús curando enfermos y compadeciéndose de los que sufren, y rechazando la idea de que la desgracia sea castigo personal (Juan 9,1-3; Lucas 13,1-5). El centro de la fe cristiana es, sin embargo, la passio: un Dios que padece en la cruz. De ahí nace una lectura propia del dolor, que no es ilusión ni simple error de juicio, sino algo que puede unirse a Cristo y volverse ofrenda; Pablo escribe que la tribulación produce paciencia (Romanos 5,3). Teresa de Ávila, que vivió largas enfermedades, describe en las sextas moradas del Castillo interior los trabajos que preceden a la unión con Dios como purificación, no como fin.

Sufismo · balāʾ

El Corán anuncia que los creyentes serán probados con temor, hambre y pérdida de bienes y de vidas, y que deben ser pacientes (2,155-156). Esa prueba, balāʾ, no se entiende como castigo ciego, sino como examen que revela y purifica. El sufismo la interioriza. Rumi abre el Masnavi con el lamento de la caña arrancada del cañaveral, imagen del alma separada de su origen: el dolor es nostalgia y, por eso, camino de vuelta. Ibn Arabi insiste en que la misericordia divina precede a la ira y acaba abarcándolo todo, de modo que el sufrimiento no es la verdad última de la relación entre Dios y la criatura.

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