Grandes conceptos de la humanidad
Atención
sati
sati
pi · Latin
Memoria, tener presente; en el budismo, la facultad de mantener ante la mente el objeto y lo que se está haciendo. Se suele traducir por atención plena.
मनस्कार
manaskāra
sa · Devanagari
Acto de dirigir la mente; en el Abhidharma, factor mental presente en todo momento de conciencia, que puede ser sabio (yoniśo) o no.
念
niàn
zh · Han
Pensar en, recordar, tener presente; carácter con que el budismo chino tradujo smṛti / sati.
προσοχή
prosochḗ
grc · Greek
Atención, vigilancia sobre uno mismo; actitud fundamental del estoico y, después, del monacato cristiano oriental.
כַּוָּנָה
kavvānāh
he · Hebrew
Intención, dirección del corazón; en la halajá y la mística judía, la atención interior con que se reza y se cumplen los mandamientos.
مراقبة
murāqaba
ar · Arabic
Vigilancia, observación atenta; en el sufismo, la conciencia constante de ser visto por Dios, llamado en el Corán al-Raqīb, el que vigila.
Adónde va la mente
La atención parece el más modesto de los conceptos de esta lista y quizá sea el más disputado. Lo que la humanidad se pregunta con él es doble: dónde está la mente mientras vivimos, y si esa dirección puede educarse. Casi todas las tradiciones responden que sí, que la atención puede entrenarse. Pero no coinciden en qué es, a qué se dirige ni para qué sirve.
La palabra pali sati no significa en origen atención, sino memoria. El canon define la facultad de sati como la capacidad de recordar lo hecho y dicho hace tiempo (Saṃyutta Nikāya 48.9), y en la práctica designa el tener presente: no olvidar el objeto, no perder de vista lo que se está haciendo. La traducción inglesa mindfulness, difundida por los traductores del canon desde finales del siglo XIX y convertida en técnica laica a finales del XX, se ha separado a menudo de ese contexto. En el discurso de los fundamentos de la atención (Majjhima Nikāya 10) sati se aplica al cuerpo, las sensaciones, la mente y los fenómenos, y sirve a un fin preciso: ver su impermanencia y soltar el apego.
No es una sola cosa
El propio budismo distingue entre dos sentidos que en castellano se confunden. El Abhidharma llama manaskāra al simple acto de dirigir la mente, presente en todo momento de conciencia, también en el del ladrón concentrado; lo que importa es que sea sabio (yoniśo) o no. Sati, en cambio, es una facultad sana que se cultiva. Atender no es, por sí solo, una virtud.
El estoicismo llamó prosochḗ a la vigilancia constante sobre los propios juicios. Epicteto dedica a ella una de sus diatribas (Disertaciones 4.12) y sostiene que no hay ámbito de la vida en que pueda relajarse sin daño. La atención estoica se dirige a lo que depende de nosotros: el asentimiento que damos a nuestras representaciones. El monacato cristiano oriental heredó la palabra y la unió a la nēpsis, la sobriedad o vigilancia, hasta el punto de que la gran antología bizantina de textos sobre la oración, la Filocalia, se presenta como obra de los padres népticos. Aquí la atención guarda el corazón para la oración y la presencia de Dios.
En el judaísmo rabínico la palabra central es kavvānāh, dirección del corazón. La Misná discute si quien recita el Shemá sin atención ha cumplido (Berajot 2,1) y recuerda que los antiguos piadosos esperaban una hora antes de rezar para dirigir su corazón hacia Dios (Berajot 5,1). La atención no es aquí observación neutral, sino orientación hacia alguien. El sufismo desarrolló algo próximo con la murāqaba: vivir sabiendo que Dios observa, a la luz del hadiz de Gabriel, que define la excelencia (iḥsān) como adorar a Dios como si se le viera, sabiendo que, aunque uno no le vea, Él sí le ve.
Lo que se parece y lo que no
El siglo XX añadió voces propias. Gurdjieff y Ouspensky hablaron del recuerdo de sí, una atención dividida que incluye al que observa; Krishnamurti, de una conciencia sin elección que no persigue ningún resultado.
Las semejanzas son técnicas: todas estas disciplinas piden volver una y otra vez a algo y notar la dispersión. Las diferencias son de fondo. Sati sirve para ver que no hay un yo permanente; la prosochḗ estoica protege la libertad de un yo racional; la kavvānāh y la murāqaba se dirigen a un Dios personal; el recuerdo de sí pretende crear una presencia que el ser humano aún no tiene. Llamar a todo atención plena borra estas diferencias de finalidad.
Desde cada tradición
Budismo · sati
El Satipaṭṭhāna Sutta (Majjhima Nikāya 10) presenta cuatro fundamentos de la atención: el cuerpo, las sensaciones, los estados de la mente y los fenómenos. Quien practica observa, por ejemplo, la respiración larga o corta sabiendo que es larga o corta, y contempla cómo surgen y cesan los fenómenos. Sati es una de las cinco facultades y el séptimo miembro del sendero, inseparable de la concentración y de la sabiduría; su función no es relajar, sino preparar la visión de la impermanencia y del no-yo. Thich Nhat Hanh, en El milagro de mindfulness (1975), extendió esa práctica a los gestos cotidianos, como fregar los platos o caminar, sin desligarla de su marco ético.
Estoicismo · prosochḗ
Para el estoicismo la atención es la condición de toda la vida moral. Epicteto dedica a la prosochḗ la diatriba 4.12 de sus Disertaciones, recogidas por Arriano, y advierte que quien la abandona creyendo que podrá recuperarla más tarde acumula malos hábitos. Su objeto no es la respiración ni las sensaciones, sino las representaciones (phantasíai) y el asentimiento que se les da: vigilar en cada momento qué depende de uno y qué no. Marco Aurelio practica algo semejante en las Meditaciones, escritas como ejercicios dirigidos a sí mismo. La atención estoica no busca disolver el yo; protege la libertad del juicio racional, que considera la parte rectora del alma.
Cristianismo ortodoxo · nēpsis / prosochḗ
El monacato del desierto y la tradición bizantina hicieron de la vigilancia interior una disciplina central. La nēpsis, sobriedad o desvelo, consiste en guardar la puerta del corazón para que los pensamientos (logismoí) no arrastren a la persona antes de ser advertidos. La Filocalia, antología publicada en Venecia en 1782 por Nicodemo el Hagiorita y Macario de Corinto, reúne textos de los llamados padres népticos que enseñan esta vigilancia unida a la oración incesante, en particular a la oración de Jesús. A diferencia de la atención budista, su fin no es observar el surgir y cesar de los fenómenos, sino mantener el corazón despierto ante Dios.
Judaísmo · kavvānāh
La literatura rabínica discute desde la Misná si los mandamientos requieren kavvānāh, la intención o dirección del corazón. Berajot 2,1 plantea si quien lee el pasaje del Shemá sin dirigir el corazón ha cumplido, y Berajot 5,1 recuerda que los antiguos piadosos esperaban una hora antes de la oración para orientarse hacia Dios. Maimónides establece que la oración sin kavvānāh no es oración (Mishné Torá, Leyes de la oración 4,15). La Cábala posterior multiplicó las kavvanot, meditaciones sobre los nombres divinos que acompañan las palabras rituales. Esta atención no es observación sin objeto: es una mente dirigida hacia alguien, dentro de un acto que tiene forma prescrita.
Sufismo · murāqaba
La raíz árabe de murāqaba es la misma de al-Raqīb, el que vigila, uno de los nombres de Dios en el Corán (4,1). Los manuales sufíes clásicos la describen como la conciencia permanente de que Dios conoce el interior y el exterior de la persona, y la ligan al hadiz de Gabriel transmitido por Muslim, que define el iḥsān como adorar a Dios como si se le viera, sabiendo que Él ve aunque uno no le vea. Con el tiempo, murāqaba designó también una práctica de meditación silenciosa en varias órdenes. Su sentido es relacional: no se observa la mente para comprenderla, sino que uno se sabe observado y vive en consecuencia.
Cuarto Camino · recuerdo de sí
En la enseñanza de Gurdjieff, tal como la transmite Ouspensky en Fragmentos de una enseñanza desconocida (cap. 7), el ser humano corriente vive dormido: los acontecimientos le suceden sin que él esté presente. El recuerdo de sí es una atención dividida que se dirige a la vez al objeto y a uno mismo, como una flecha con dos puntas. Ouspensky relata que el ejercicio le mostró cuán rara vez se recordaba realmente. A diferencia de la sati budista, esta atención no pretende ver que no hay yo, sino crear un yo permanente que todavía no existe, y se practica en medio de la vida ordinaria, con la ayuda de una escuela.
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