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Grandes conceptos de la humanidad

Liberación

  • मोक्ष

    mokṣa

    sa · Devanagari

    Soltura, desatadura; en las escuelas indias, liberación del ciclo de nacimientos y muertes (saṃsāra).

  • nibbāna

    nibbāna

    pi · Latin

    Forma pali de nirvāṇa: extinción, apagamiento del fuego de la avidez, el odio y la confusión.

  • कैवल्य

    kaivalya

    sa · Devanagari

    Aislamiento, soledad absoluta; en el Yoga y el jainismo, la condición de la conciencia o del alma separada de todo lo que no es ella.

  • 解脫

    jiětuō

    zh · Han

    Desatar y soltar; término del budismo chino para la liberación (vimokṣa), con la imagen de deshacer un nudo.

  • σωτηρία

    sōtēría

    grc · Greek

    Salvación, preservación, salud; en el Nuevo Testamento, la acción de Dios que rescata del pecado y de la muerte.

  • גְּאֻלָּה

    geʾullāh

    he · Hebrew

    Redención, rescate; del verbo con que el pariente próximo (goʾel) recupera a una persona o una tierra; después, la redención de Israel.

Liberarse, pero de qué

Hablar de liberación supone una servidumbre previa, y ahí empiezan las diferencias. Toda tradición que usa este concepto responde, aunque no lo diga, a tres preguntas: de qué hay que liberarse, quién es el que se libera y qué queda después. Bajo palabras que solemos traducir igual, mokṣa, nibbāna, kaivalya, sōtēría o geʾullāh, las respuestas son a menudo incompatibles.

En la India clásica la servidumbre es el saṃsāra, la rueda de nacimientos y muertes movida por el karma. Liberarse es salir de ella. Pero las escuelas no coinciden en qué sale. Para el Vedānta no dual de Śaṅkara la liberación no es un logro que se produzca, porque lo producido es perecedero; es la naturaleza misma de Brahman, que el conocimiento descubre cuando se retira la ignorancia. La Kārikā de Gauḍapāda sobre la Māṇḍūkya Upaniṣad (2.32) lo lleva al extremo: desde el punto de vista último no hay disolución ni origen, nadie atado ni nadie que busque o alcance la liberación. Para el jainismo, en cambio, las almas son muchas y reales, y la liberación consiste en que cada una se desprenda de la materia kármica que la lastra y ascienda a la cima del universo conservando su individualidad.

Extinción, aislamiento, redención

El budismo antiguo habla de nibbāna, apagamiento. En el Sermón del fuego (Saṃyutta Nikāya 35.28) todo arde con el fuego de la avidez, el odio y la confusión; el nibbāna es su extinción. Como el budismo niega un yo permanente, no hay un sujeto sustancial que se libere, y sobre lo que es el liberado después de la muerte el Buda se negó a pronunciarse en términos de existencia o inexistencia. El Udāna (8.3) afirma, sin embargo, que existe algo no nacido y no condicionado, sin lo cual no habría salida de lo condicionado. El Yoga de Patañjali llama kaivalya al estado final: la conciencia que ve queda aislada de la naturaleza que se veía.

Las tradiciones abrahámicas parten de otra servidumbre. En la Biblia hebrea la geʾullāh es primero la acción del pariente que rescata a un familiar endeudado o una tierra vendida (Levítico 25), y se convierte en el nombre de la acción de Dios que saca a Israel de Egipto y que lo redimirá al final de los tiempos. Es colectiva, histórica y se espera dentro del mundo. La sōtēría del Nuevo Testamento libera del pecado y de la muerte, y su forma final no es salir del cuerpo, sino la resurrección (1 Corintios 15); Pablo llega a decir que la creación entera será liberada de la servidumbre de la corrupción (Romanos 8,21).

El taoísmo y el confucianismo apenas usan este marco. El Daodejing (cap. 16) habla de volver a la raíz y de aquietarse; el Zhuangzi (cap. 1), de un vagar libre y sin ataduras. No se trata de escapar de un ciclo, sino de dejar de forzar el curso natural de las cosas.

Lo común y lo irreducible

Hay un parentesco cierto. Casi todas estas tradiciones sitúan la servidumbre en algo que el ser humano no ve con claridad, sea ignorancia, deseo, pecado u olvido, y casi todas exigen una transformación que no se reduce a cambiar de creencias.

Pero el contenido de la libertad no coincide. El Vedānta descubre que nunca hubo nadie atado; el budismo apaga un fuego sin postular un yo que lo sobreviva; el jainismo libera almas individuales que permanecen; el judaísmo espera la redención de un pueblo en la historia; el cristianismo promete la resurrección de la persona entera. Decir que todas buscan lo mismo con nombres distintos es una tesis teológica concreta, no una constatación neutral.

Desde cada tradición

Advaita Vedanta · mokṣa

Para Śaṅkara la liberación no puede ser fruto de la acción ritual ni de la meditación entendidas como causas, porque todo lo que se produce tiene fin; así lo argumenta en su comentario a los Brahma Sūtra (1.1.4). El mokṣa es la naturaleza eterna de Brahman, y el conocimiento de la identidad entre el Sí mismo (ātman) y Brahman no lo crea, sino que elimina la ignorancia que lo ocultaba. Por eso es posible estar liberado en vida (jīvanmukti). Ramana Maharshi lo formula de modo práctico: antes de preguntar cómo liberarse, conviene indagar quién se cree atado. Nisargadatta sitúa la libertad en dejar de tomarse por lo percibido.

Theravada · nibbāna

En el canon pali, nibbāna es el cese de la sed y, con ella, del sufrimiento. El Sermón del fuego (SN 35.28) describe los sentidos y la mente ardiendo con avidez, odio y confusión; liberarse es que ese fuego se apague. El Itivuttaka (44) distingue el nibbāna con residuo, el del liberado que aún vive con sus agregados, y el nibbāna sin residuo, tras la muerte. Sobre el estado del liberado después de morir, el Buda rehúsa decir que existe, que no existe, que ambas cosas o ninguna (Majjhima Nikāya 72), porque esas categorías no se aplican. El Udāna (8.3) afirma un ámbito no nacido y no condicionado, sin describirlo como un yo.

Jainismo · mokṣa / kaivalya

El jainismo ofrece la concepción más individual de la liberación. Cada alma (jīva) es una sustancia consciente y eterna, y hay infinitas. Lo que la ata es una materia sutil, el karma, que se adhiere a ella por las pasiones y la acción. El Tattvārtha Sūtra de Umāsvāti abre (1.1) declarando que la fe recta, el conocimiento recto y la conducta recta, juntos, forman el camino a la liberación. Cuando el alma se desprende de todo karma alcanza la omnisciencia (kevala jñāna) y, al morir, asciende a la cima del universo, donde permanece con su individualidad. No hay disolución en un absoluto ni gracia de un creador: el esfuerzo es estrictamente propio.

Judaísmo · geʾullāh

La geʾullāh nace de una institución social: en Levítico 25 el pariente próximo (goʾel) rescata la tierra vendida o al familiar que se ha vendido por deudas. La Biblia aplica después ese verbo a Dios, que redime a Israel de Egipto con brazo extendido (Éxodo 6,6), y la liturgia lo conserva: la bendición de la Amidá que precede a la petición por la salud invoca a Dios como redentor de Israel. La redención es colectiva y ocurre en la historia, no fuera de ella. Maimónides, en Mishné Torá (Leyes de los reyes 12,1), sostiene que en la era mesiánica el mundo seguirá su curso natural: lo que cambia es la libertad de Israel y el conocimiento de Dios.

Cristianismo · sōtēría

En el Evangelio de Lucas (4,18) Jesús inaugura su predicación leyendo a Isaías: anunciar a los cautivos la liberación y dar libertad a los oprimidos. La tradición cristiana entiende la salvación (sōtēría) como obra de Dios en Cristo, que libra del pecado y de la muerte; no es una huida del cuerpo, sino su resurrección (1 Corintios 15), y alcanza a la creación entera (Romanos 8,21). Pablo la describe como libertad: para la libertad nos liberó Cristo (Gálatas 5,1). La iniciativa es de Dios, aunque la persona coopera; Teresa de Ávila habla de la unión como don gratuito que exige del alma una muy determinada determinación (Camino de perfección, cap. 21).

Taoísmo · 逍遙

El taoísmo clásico no plantea una liberación del mundo, porque no concibe el mundo como prisión. El Daodejing (cap. 16) invita a alcanzar el vacío extremo y a guardar la quietud para ver cómo los seres regresan a su raíz, y llama a ese regreso volver al destino propio. El Zhuangzi abre con el vagar libre y sin trabas (逍遙遊), y a lo largo del libro la libertad consiste en no aferrarse a los propios juicios ni a la propia vida, aceptando las transformaciones de la naturaleza. El taoísmo religioso posterior buscó la inmortalidad mediante alquimia y disciplinas del cuerpo, una meta distinta de la de los textos clásicos.

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