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Grandes conceptos de la humanidad

Trascendencia

  • ἐπέκεινα τῆς οὐσίας

    epékeina tês ousías

    grc · Greek

    Más allá del ser o de la esencia; expresión con que Platón sitúa el Bien por encima del ser en dignidad y poder (República 509b).

  • קָדוֹשׁ

    qādôsh

    he · Hebrew

    Santo, apartado; lo que pertenece a Dios y está separado de lo común. Es el atributo que los serafines repiten tres veces en Isaías 6,3.

  • אֵין סוֹף

    ʾên sôf

    he · Hebrew

    Sin fin, el Infinito; en la Cábala, Dios en sí mismo, anterior a toda manifestación y a las diez sefirot.

  • تنزيه

    tanzīh

    ar · Arabic

    Declarar puro o incomparable; en la teología islámica, afirmar que Dios está por encima de toda semejanza con las criaturas, frente a tashbīh, la semejanza.

  • लोकोत्तर

    lokottara

    sa · Devanagari

    Que está por encima del mundo, supramundano; en el budismo, lo que no pertenece al ámbito condicionado: los senderos, sus frutos y el nirvāṇa.

  • तुरीय

    turīya

    sa · Devanagari

    El cuarto; en la Māṇḍūkya Upaniṣad, lo que está más allá de la vigilia, el sueño y el sueño profundo, y es a la vez su fondo.

Lo que excede

Trascender es pasar más allá. La pregunta que la humanidad formula con este concepto es si hay algo que exceda el mundo de la experiencia, si puede conocerse o decirse, y qué relación guarda con lo que sí conocemos. La palabra tiene además un sentido filosófico técnico que conviene apartar: en Kant, trascendental designa las condiciones de posibilidad del conocimiento, y trascendente, lo que queda fuera de toda experiencia posible. Aquí interesa el segundo sentido, el religioso, que las tradiciones han formulado de modos que no siempre pueden reducirse unos a otros.

Platón fijó una de las fórmulas fundacionales. En la República (509b) Sócrates afirma que el Bien no es ser, sino que está todavía más allá del ser en dignidad y en poder. Plotino hizo de ese más allá el Uno, del que no puede predicarse nada. La Biblia hebrea expresa la trascendencia de otro modo, con la santidad: qādôsh significa apartado, y en Isaías 6,3 los serafines proclaman tres veces santo al Señor. Dios no es el más alto de los seres: es otro. Nadie puede ver su rostro y vivir (Éxodo 33,20). Pero ese Dios apartado habla, elige y actúa en la historia.

Decir y callar

De esa distancia nació la teología negativa. Maimónides, en la Guía de perplejos (I.58), sostiene que de Dios solo pueden afirmarse con propiedad atributos negativos, que indican lo que no es. Los cabalistas de Provenza y Gerona llamaron ʾên sôf, sin fin, a Dios en sí mismo, anterior a las sefirot por las que se manifiesta. En el cristianismo, Dionisio Areopagita escribió una Teología mística que asciende negando todos los nombres, y Agustín resumió el principio en una frase de su Sermón 117 (3,5): si comprehendis, non est Deus, si lo comprendes, no es Dios. El islam elaboró la tensión entre tanzīh, la incomparabilidad, apoyada en el versículo según el cual nada es semejante a Él (42,11), y tashbīh, la semejanza; Ibn Arabi sostuvo que la verdad exige afirmar ambas a la vez.

Las tradiciones asiáticas usan otras categorías. El budismo llama lokottara, supramundano, a lo que no pertenece al mundo condicionado, pero no lo identifica con un Dios. La Māṇḍūkya Upaniṣad (verso 7) describe el turīya, el cuarto, que no es consciencia de lo interior ni de lo exterior, no puede verse ni definirse y es el Sí mismo. Aquí lo trascendente es a la vez lo más íntimo. El pensamiento chino, en fin, ha sido descrito por algunos intérpretes modernos como una trascendencia inmanente: el Dao no puede nombrarse (Daodejing, cap. 1), pero no está fuera del mundo; el Cielo no habla, y sin embargo las estaciones siguen su curso (Analectas 17.19).

Coincidencias y diferencias

Todas estas tradiciones comparten la intuición de que lo último excede el lenguaje y el pensamiento ordinarios, y casi todas recurren a la negación, a la paradoja o al silencio. Por eso los textos de la teología negativa, la Māṇḍūkya y el Daodejing se citan juntos con frecuencia.

Pero la trascendencia no significa lo mismo en todas. En el monoteísmo, lo trascendente es un Creador distinto de su creación, que se revela y con quien hay alianza; en el Vedānta, es el Sí mismo, de modo que trascender es descubrir lo que uno es; en el budismo, es un ámbito no condicionado sin creador ni yo; en el pensamiento chino, la distancia es mucho menor. Una trascendencia que se dirige a alguien y una que se reconoce como uno mismo no son la misma idea expresada de dos maneras.

Desde cada tradición

Platonismo · epékeina tês ousías

En el libro VI de la República, Platón compara el Bien con el sol: así como el sol da a las cosas visibles no solo la visibilidad sino también la generación, el Bien da a lo inteligible no solo ser conocido sino también ser, aunque él mismo no es ser, sino que está más allá del ser en dignidad y poder (509b). La alegoría de la caverna (libro VII) describe el ascenso del alma hacia esa luz. Plotino desarrolló la idea: el Uno está más allá del ser y del intelecto, y solo puede decirse lo que no es. Esta trascendencia es impersonal y se alcanza por purificación intelectual, no por revelación.

Judaísmo · qādôsh

La santidad es la forma bíblica de la trascendencia: Dios es qādôsh, apartado, y lo que le pertenece participa de esa separación, el sábado, el santuario, el pueblo. En Isaías 6 el profeta ve al Señor en su trono y oye a los serafines proclamarlo tres veces santo; su reacción es saberse impuro. Moisés pide ver la gloria de Dios y recibe la respuesta de que nadie puede ver su rostro y vivir (Éxodo 33,20). Maimónides llevó esta distancia a la filosofía: en la Guía de perplejos (I.58) argumenta que solo los atributos negativos son verdaderos. Pero el Dios trascendente de la Biblia no es lejano en el sentido de indiferente: habla, manda y hace alianza.

Cábala · ʾên sôf

Los cabalistas medievales, desde los círculos de Provenza y Gerona del siglo XIII y en el Zohar, distinguieron entre Dios en sí mismo, al que llamaron ʾên sôf, sin fin, y las diez sefirot, los atributos o emanaciones por los que se manifiesta y actúa en el mundo. Del ʾên sôf no puede decirse nada: no tiene nombre, no aparece en la Escritura y no es objeto de oración directa. Todo lo que la Biblia dice de Dios se refiere a las sefirot. La Cábala de Isaac Luria en Safed añadió la idea del tsimtsum, una retracción del Infinito que deja espacio para la creación. Así, la trascendencia absoluta convive con una vida divina intensamente relacional.

Sufismo · tanzīh / tashbīh

La teología islámica discutió durante siglos cómo conciliar dos tipos de versículos: los que afirman que nada es semejante a Dios (42,11) y los que le atribuyen manos, rostro, oído o vista. Quien subraya los primeros practica el tanzīh, la declaración de incomparabilidad; quien toma literalmente los segundos cae en el tashbīh, la semejanza. Ibn Arabi, en el capítulo de Noé de los Engarces de la sabiduría (Fuṣūṣ al-ḥikam), sostiene que quedarse solo con la incomparabilidad limita a Dios tanto como quedarse solo con la semejanza, y que el conocimiento perfecto une ambas. Dios es trascendente en su Esencia e inmanente en sus manifestaciones.

Advaita Vedanta · turīya

La Māṇḍūkya Upaniṣad, la más breve de las principales, describe cuatro aspectos del Sí mismo: la vigilia, el sueño con sueños, el sueño profundo y un cuarto, turīya, que no es consciencia de lo interior ni de lo exterior, es invisible, inasible e indefinible, y es el ātman que hay que conocer (verso 7). La Kārikā de Gauḍapāda y el comentario atribuido a Śaṅkara insisten en que no es un cuarto estado entre otros, sino el fondo de los tres. Para el Vedānta, la trascendencia no está más allá del sujeto, sino en su raíz. Ramana Maharshi decía que el turīya no es algo que alcanzar: es lo que siempre está presente.

Theravada · lokuttara

El Abhidhamma theravāda clasifica los fenómenos en mundanos (lokiya) y supramundanos (lokuttara). Son supramundanos los cuatro senderos de la liberación, sus cuatro frutos y el nibbāna, el único elemento no condicionado. El Udāna (8.1) describe el nibbāna como una esfera donde no hay tierra, agua, fuego ni aire, ni este mundo ni otro, ni venir ni ir. Es una trascendencia sin creador, sin Absoluto personal ni impersonal que sea fondo del mundo, y sin un yo que la habite. El Buda se negó además a describir con categorías de existencia el estado del liberado tras la muerte, lo que impide convertir esta trascendencia en una metafísica.

Taoísmo · 道 / 天

El Daodejing comienza afirmando que el Dao que puede decirse no es el Dao constante, y que el nombre que puede nombrarse no es el nombre constante (cap. 1). El Dao es anterior al Cielo y a la Tierra (cap. 25), pero no está fuera de ellos: actúa en los diez mil seres sin dominarlos. Confucio habla del Cielo con reverencia, pero señala en las Analectas (17.19) que el Cielo no habla y, sin embargo, las estaciones siguen su curso y los seres nacen. Algunos filósofos chinos modernos, como Mou Zongsan, describieron esta posición como trascendencia inmanente. No hay creación desde la nada ni un Dios separado: lo último se esconde en el curso mismo de las cosas.

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