Ir al contenido
The ConsciousLibrary

Confucianismo

Confucio

孔子 · 孔丘 · 仲尼 · 孔夫子

551 a. C. – 479 a. C.Persona históricamente documentada

Maestro, funcionario frustrado y editor de la tradición, Kong Qiu (551–479 a. C.) es la figura mejor documentada del pensamiento chino antiguo y la más influyente. No escribió las Analectas: las recopilaron sus discípulos y los discípulos de estos. Enseñó que el orden del mundo nace de la humanidad (ren) cultivada mediante el rito (li) y el estudio, y que el caballero se hace, no nace. Durante dos milenios fue el «Maestro de diez mil generaciones»; su figura histórica, bajo capas de hagiografía y de Estado, sigue siendo objeto de cautelas.

obras
11obras
ediciones
33ediciones
citas
12citas
vídeos
14vídeos
imágenes
9imágenes
Retrato de Confucio por Kanō Sansetsu

Retrato de Confucio por Kanō Sansetsu · CC BY 4.0

En sus palabras

«Aprender y, a su tiempo, poner en práctica lo aprendido, ¿no es acaso un gozo? Que vengan amigos de tierras lejanas, ¿no es acaso una alegría?»

Analectas 1.1 (trad. inglesa de Legge, 1861)

Su idea central

Ren (humanidad, benevolencia): Ren es la virtud central de las Analectas y la que más se resiste a definición: el Maestro responde de manera distinta a cada discípulo que le pregunta por ella.

Biografía

5 min de lectura

Un hombre de Lu

A diferencia de Laozi, Confucio tiene biografía. Sabemos que se llamó Kong Qiu, que su nombre de cortesía fue Zhongni, que nació en Zou, en el pequeño estado de Lu —la actual Qufu, en Shandong—, y que murió allí mismo en el año 479 a. C., en el decimosexto año del duque Ai, como registra la crónica de Lu, el Chunqiu, y como glosa su comentario, el Zuozhuan. Su padre, Shuliang He, un oficial de rango menor, murió cuando el niño tenía tres años; su madre, Yan Zhengzai, lo crió en la pobreza. «De joven fui humilde —dirá él mismo en las Analectas (9.6)—, por eso sé hacer muchas cosas vulgares.» Los primeros empleos que la tradición le atribuye —encargado de graneros, cuidador de rebaños— tienen ese mismo tono: un hombre de familia venida a menos, perteneciente a la clase de los shi, los letrados-guerreros de rango ínfimo que en el siglo VI a. C. empezaban a vivir de su competencia más que de su cuna.

Esa competencia fue, en su caso, el conocimiento de los ritos y de los textos de la antigua dinastía Zhou, cuyo orden Lu conservaba mejor que otros estados. Confucio hizo de ese saber una vocación y, más tarde, una escuela. Aceptó discípulos sin preguntar por su origen —«nunca he negado enseñanza a quien me trajera un manojo de carne seca» (7.7)— y los formó en las seis artes, los ritos, la música, la poesía y, sobre todo, en una manera de ser. La tradición habla de tres mil alumnos y de setenta y dos que alcanzaron la maestría; las Analectas conservan los nombres y los caracteres de unas dos docenas, desde el impetuoso Zilu hasta el silencioso Yan Hui, el discípulo amado cuya muerte prematura le hizo exclamar que el Cielo lo destruía.

El funcionario y el exiliado

Confucio quiso gobernar. Hacia los cincuenta años obtuvo en Lu cargos de cierta importancia: la tradición lo hace administrador de Zhongdu y luego ministro de obras y de justicia (sikou). El Zuozhuan lo muestra en el año 500 a. C. asistiendo al duque Ding en la entrevista de Jiagu con el poderoso estado de Qi, donde su firmeza ritual habría obligado a Qi a devolver territorios usurpados. Dos años después intentó desmantelar las fortalezas de las tres familias que de hecho gobernaban Lu; el proyecto fracasó a medias y, hacia el 497, abandonó el estado. Comenzaba así un exilio de catorce años por Wei, Song, Chen, Cai y las fronteras de Chu, buscando un príncipe que pusiera en práctica el Camino. No lo encontró. Fue amenazado en Kuang, pasó hambre entre Chen y Cai, se le comparó con «el perro de una casa en duelo» y oyó a los ermitaños del sur burlarse de su empeño. «Es el que sabe que no puede hacerse y sin embargo lo intenta», dijo de él un guardián de puertas (14.38). Volvió a Lu en 484 a. C., con sesenta y ocho años, llamado por el ministro Ji Kangzi, y dedicó sus últimos años a enseñar y a ordenar los textos antiguos. Perdió a su hijo Kong Li, a Yan Hui y a Zilu, muerto en una revuelta en Wei. Murió en 479 a. C. y fue enterrado junto al río Si, al norte de Qufu, donde su tumba, el Bosque de Kong, sigue recibiendo visitas.

Lo que dijo y lo que se le hizo decir

Lo esencial de su pensamiento está en las Analectas (Lunyu), una colección de unas quinientas sentencias y breves diálogos reunida por sus discípulos y los discípulos de estos a lo largo de varias generaciones. Los veinte libros no son homogéneos: la filología moderna, desde los Qing hasta Bruce y Taeko Brooks, distingue estratos, y los manuscritos de Dingzhou (siglo I a. C.) y de la tumba del marqués de Haihun muestran que el texto aún circulaba en versiones distintas bajo los Han. Pero el núcleo es coherente y su voz, inconfundible. Confucio se presenta como «transmisor, no creador» (7.1): lo que enseña es el orden de los antiguos reyes. Su innovación, sin embargo, es radical: desplaza el centro de ese orden desde el rito como protocolo hacia la disposición interior que lo anima, la ren —humanidad, benevolencia—, que define con una regla de oro negativa: «no hagas a otros lo que no quieras para ti» (15.24). El caballero (junzi), antes un rango de sangre, pasa a ser una conquista moral abierta a quien estudie y se cultive. El Cielo le ha confiado una misión, pero de los espíritus prefiere «respetarlos y mantenerse a distancia» (6.22): «si aún no conoces la vida, ¿cómo vas a conocer la muerte?» (11.12).

A ese núcleo se añadieron pronto capas. La tradición le atribuyó la edición de los Cinco Clásicos —el Libro de los cantos, el Libro de los documentos, los Ritos, el Libro de los cambios con sus «diez alas» y, sobre todo, los anales Chunqiu, cuyas sutilezas habrían escondido un juicio moral sobre cada príncipe—. Mencio, un siglo y medio después, lo elevó a sabio sin trono; Sima Qian, hacia el 94 a. C., le dedicó una «casa hereditaria» como si fuera un soberano y reunió en ella cuanto se contaba de él, milagros y despedidas incluidos. Los Han hicieron del confucianismo doctrina de Estado en 136 a. C.; el emperador Ping le dio en el año 1 de nuestra era su primer título póstumo; con los Song, los Cuatro Libros de Zhu Xi se convirtieron en el temario de los exámenes imperiales y lo serían hasta 1905. En 1687 los jesuitas de Pekín lo presentaron a Europa como Confucius Sinarum Philosophus, y de su latinización —Kong Fuzi, «maestro Kong»— procede el nombre con que lo conocemos.

Cautelas

Separar al hombre del monumento es la tarea del historiador. Casi todo lo que se narra de su vida con color y detalle procede del Shiji, cuatro siglos posterior, y del Kongzi jiayu, más tardío aún; lo que puede sostenerse con fuentes cercanas —el Zuozhuan, las propias Analectas, el Mencio— es mucho más sobrio: un maestro de Lu, un breve paso por el poder, un largo viaje sin éxito, una escuela que sobrevivió. Hasta su fecha de nacimiento oscila entre 552 y 551 a. C. según el comentario del Chunqiu que se siga. Esa sobriedad no empequeñece al personaje: lo que de él queda documentado —una voz que enseña a ser humano por medio del estudio, el rito y el afecto a los demás— basta para explicar por qué, dos mil quinientos años después, sigue siendo el maestro de un cuarto de la humanidad.

Fuentes: Sima Qian. Shiji (Memorias históricas), juan 47, «Kongzi shijia» (Casa hereditaria de Confucio), c. 94 a. C. Ed. Zhonghua shuju, Pekín, 1959. Trad. francesa: Chavannes, Les Mémoires historiques de Se-ma Ts'ien, vol. 5, 1905; trad. inglesa en Nienhauser (ed.), The Grand Scribe's Records, vol. 5.1, Indiana University Press, 2006. · Legge, James (trad.). The Chinese Classics, vol. 1: Confucian Analects, The Great Learning, The Doctrine of the Mean. Trübner, Londres, 1861; 2.ª ed. Clarendon Press, 1893. Project Gutenberg nº 4094. · Slingerland, Edward (trad.). Confucius: Analects, with Selections from Traditional Commentaries. Hackett Publishing Company, Indianápolis, 2003. ISBN 9780872206359. · Lau, D. C. (trad.). Confucius: The Analects (Lun yü). Penguin Classics, Harmondsworth, 1979. ISBN 9780140443486. · Cheng, Anne (trad.). Entretiens de Confucius. Éditions du Seuil (Points Sagesses), París, 1981. ISBN 9782020057752. Y Cheng, Anne. Histoire de la pensée chinoise. Seuil, París, 1997.

Cronología

La vida, año a año

Cada punto es un acontecimiento documentado. Pulsa para leerlo, con su fuente y su grado de certeza.

  1. 551 a. C. · 0 años

    Nacimiento

    Nace Kong Qiu, hijo de Shuliang He y de Yan Zhengzai. El Zuozhuan y el Shiji dan el año 551 a. C.; el comentario Gongyang, el 552. La fecha tradicional del 28 de septiembre es una convención tardía. Los años anteriores a nuestra era se expresan en negativo.

    Probable

  2. c. 549 a. C. · 3 años

    Muerte del padre

    Shuliang He muere cuando el niño tiene unos tres años; la madre lo cría en condiciones humildes, como él mismo recordará (Analectas 9.6).

    Tradición

  3. c. 533 a. C. · 19 años

    Matrimonio y nacimiento de su hijo

    Se casa hacia los diecinueve años; al año siguiente nace su hijo Kong Li, llamado Boyu («Pez»), según el Shiji y el Kongzi jiayu.

    Tradición

  4. 517 a. C. · 34 años

    Sigue al duque Zhao a Qi

    Tras la expulsión del duque Zhao de Lu por las tres familias, Confucio marcha a Qi. Allí, según las Analectas (7.14), oye la música Shao y «durante tres meses no supo a qué sabía la carne».

    Probable

  5. 500 a. C. · 51 años

    La entrevista de Jiagu

    Asiste al duque Ding de Lu en su encuentro con el duque Jing de Qi. Según el Zuozhuan (Ding 10), su firmeza en el protocolo frustra una intimidación de Qi y obtiene la devolución de territorios. Es el episodio político mejor atestiguado de su vida.

    Probable

  6. 498 a. C. · 53 años

    Ministro de justicia; intento de desmantelar las tres fortalezas

    Como sikou (ministro de justicia) impulsa, con Zilu, la demolición de las murallas de las ciudades de las familias Ji, Shu y Meng, que dominan Lu. Dos caen; la tercera resiste y el proyecto fracasa (Zuozhuan, Ding 12).

    Probable

  7. 497 a. C. – 484 a. C. · 54 años

    Catorce años de viaje por los estados

    Deja Lu y recorre los estados vecinos con sus discípulos buscando un príncipe que adopte su Camino: Wei (donde recibe a Nanzi), Song (donde Huan Tui intenta matarlo), Chen y Cai (donde pasa hambre), hasta la frontera de Chu.

    Probable

  8. 484 a. C. · 67 años

    Regreso a Lu

    Llamado por Ji Kangzi, vuelve a Lu (Zuozhuan, Ai 11). No recibe cargo; se consagra a la enseñanza y a ordenar los Cantos, los Documentos y los ritos.

    Documentado

  9. 481 a. C. · 70 años

    Muerte de Yan Hui; captura del lin

    Muere Yan Hui, el discípulo predilecto («¡El Cielo me destruye!», Analectas 11.9). El mismo año una cacería captura un lin, animal auspicioso; la tradición hace terminar ahí los anales Chunqiu.

    Tradición

  10. 480 a. C. · 71 años

    Muerte de Zilu

    Zilu muere en una revuelta en Wei, ajustándose el gorro antes de caer (Zuozhuan, Ai 15). Confucio, al saberlo, ordena retirar de la mesa la carne en salmuera.

    Probable

  11. 479 a. C. · 72 años

    Muerte

    Muere en el cuarto mes del decimosexto año del duque Ai, según el Chunqiu y el Zuozhuan (Ai 16). Es enterrado junto al río Si; sus discípulos guardan tres años de duelo y Zigong, seis.

    Documentado

  12. 136 a. C.

    Los Cinco Clásicos, doctrina de Estado

    El emperador Wu de los Han instituye los Eruditos de los Cinco Clásicos: el confucianismo se convierte en la ortodoxia del imperio.

    Documentado

  13. 1 a. C.

    Primer título póstumo

    El emperador Ping le concede el título de Duque Baocheng Xuanni, inicio de una larga serie de honores que culminará en 1530 con «Sabio supremo y primer maestro».

    Documentado

  14. 1313

    Los Cuatro Libros, temario de los exámenes imperiales

    La dinastía Yuan restablece los exámenes con los Cuatro Libros comentados por Zhu Xi como base; las Analectas serán texto obligatorio hasta la abolición del sistema en 1905.

    Documentado

  15. 1687

    Confucius Sinarum Philosophus

    Los jesuitas Couplet, Intorcetta, Herdtrich y Rougemont publican en París la primera traducción latina de las Analectas, la Gran Enseñanza y el Justo Medio: Europa conoce a «Confucio».

    Documentado

  16. 2011 – 2016

    Las Analectas del marqués de Haihun

    La excavación de la tumba de Liu He, marqués de Haihun (m. 59 a. C.), saca a la luz tablillas de bambú de las Analectas con un capítulo, «Zhi dao», que la tradición daba por perdido con la versión de Qi.

    Documentado

Obras

Obras esenciales

Las obras sin las que no se entiende su legado.

Analectas (Lunyu) — Confucio

Recopilación posterior · c. 400 a. C.

Analectas (Lunyu)

論語

Veinte libros de sentencias breves, diálogos con discípulos y príncipes, y apuntes sobre la conducta del Maestro. Sin orden sistemático, exponen una ética del cultivo de sí: la humanidad (ren) como virtud central, el rito (li) como su forma, el estudio y la rectificación de los nombres como método, y el caballero (junzi) como ideal. Tres versiones circularon bajo los Han (Lu, Qi y «texto antiguo»); la recensión de Zheng Xuan y el comentario de He Yan fijaron el texto, y el de Zhu Xi (1190) lo convirtió en el primero de los Cuatro Libros. Es la fuente principal, y casi la única fiable, sobre el pensamiento de Confucio.

18 ediciones · amazon.es

Atribución tradicional · c. 481 a. C.

Anales de Primaveras y Otoños (Chunqiu)

春秋

Anales escuetos, año a año, de doce duques de Lu, en poco más de dieciséis mil caracteres. La tradición confuciana leyó en su laconismo un sistema de «alabanza y censura» cifrado en la elección de cada palabra, y sobre esa lectura se construyeron tres comentarios canónicos: el Zuozhuan, el Gongyang y el Guliang. Es el único de los Cinco Clásicos cuya composición la tradición atribuye directamente a Confucio.

2 ediciones · amazon.com

Los Cuatro Libros (Sishu) — Confucio

Recopilación posterior · 1190

Los Cuatro Libros (Sishu)

四書

La síntesis neoconfuciana que durante seis siglos fue el temario de los exámenes imperiales y, por tanto, la formación básica de toda la élite china, coreana, japonesa y vietnamita. Su orden de lectura —Daxue, Analectas, Mencio, Zhongyong— codifica una pedagogía del cultivo de sí que va del individuo al orden del mundo.

2 ediciones · amazon.es

Frases

Frases localizadas en una obra concreta. Cada una lleva su procedencia y su nivel de confianza.

Aprender y, a su tiempo, poner en práctica lo aprendido, ¿no es acaso un gozo? Que vengan amigos de tierras lejanas, ¿no es acaso una alegría?

學而時習之,不亦說乎?有朋自遠方來,不亦樂乎?

VerificadaAnalectas 1.1 (trad. inglesa de Legge, 1861)

1 / 12
Citas apócrifas o de atribución discutida (3)
  • «Elige un trabajo que ames y no tendrás que trabajar ni un solo día de tu vida.»

    No existe en las Analectas ni en ninguna fuente antigua. Es una máxima de la literatura motivacional estadounidense del siglo XX, atribuida a Confucio desde los años ochenta.

  • «Nuestra mayor gloria no está en no caer nunca, sino en levantarnos cada vez que caemos.»

    Sin correspondencia literal en las Analectas. La frase deriva de Oliver Goldsmith (The Vicar of Wakefield, 1766: «our greatest glory consists not in never falling, but in rising every time we fall»). Lo más cercano en Confucio es 15.30 sobre corregir los errores.

  • «Antes de emprender un viaje de venganza, cava dos tumbas.»

    No consta en las Analectas ni en el Shiji; se documenta en inglés solo desde el siglo XX, sin fuente china identificable.

Últimas palabras

Atribución tradicional

«¡El monte Tai se derrumba! ¡La viga maestra se quiebra! ¡El sabio se marchita!»

太山壞乎!梁柱摧乎!哲人萎乎!

Según Sima Qian (Shiji 47), siete días antes de morir Confucio se levantó temprano, paseó ante su puerta con las manos a la espalda y cantó estos versos; luego dijo a Zigong, que acudió al oírlo: «Hace mucho que el mundo carece de Camino y nadie ha sabido seguirme», le contó un sueño en que se veía sentado entre dos columnas, como en los funerales de la dinastía Yin de la que descendía, y se acostó enfermo hasta morir. El Liji («Tangong») transmite la misma escena. Es un relato tradicional, cuatro siglos posterior a los hechos, no un testimonio; las Analectas no registran palabra alguna de sus últimos días.

Fuente: Sima Qian. Shiji (Memorias históricas), juan 47, «Kongzi shijia» (Casa hereditaria de Confucio), c. 94 a. C. Ed. Zhonghua shuju, Pekín, 1959. Trad. francesa: Chavannes, Les Mémoires historiques de Se-ma Ts'ien, vol. 5, 1905; trad. inglesa en Nienhauser (ed.), The Grand Scribe's Records, vol. 5.1, Indiana University Press, 2006.

Preguntar

Lo que su obra responde

Doce grandes preguntas de la humanidad y lo que sus textos permiten responder, con referencias. Nunca ponemos palabras en su boca.

  • ¿Qué es lo Absoluto? ¿Existe Dios?

    Reconoce el Cielo, pero no especula sobre espíritus: lo urgente es la conducta

    Reserva ante lo trascendenteLo dice expresamente

    Confucio, tal como lo transmiten las Analectas, no niega un orden trascendente: habla del Cielo (tian) como instancia que le confió la virtud y ante la que no cabe engañar, y en momentos de peligro se remite a él. Pero su interés se dirige deliberadamente a otra parte. Los discípulos anotan que el Maestro no hablaba de prodigios, de fuerza, de desórdenes ni de espíritus, y uno de ellos confiesa que nunca le oyó discurrir sobre la naturaleza humana y el camino del Cielo. Aconseja respetar a los espíritus manteniéndolos a distancia, y entiende el rito como forma de ordenar la vida humana más que como teoría sobre lo divino. Lo Absoluto, para él, se reconoce sin definirse; lo que reclama atención es la virtud (de), la humanidad (ren) y la recta relación entre las personas.

    Comparar esta pregunta con otros maestros
  • ¿Quién soy yo? ¿Existe un yo verdadero?

    Uno se hace persona venciéndose a sí mismo y volviendo al rito

    Un yo que se cultiva en relaciónSe deduce de su doctrina

    Las Analectas no especulan sobre la naturaleza del yo, pero toda su enseñanza trata de cómo se forma. Cuando Yan Hui pregunta por la humanidad (ren), Confucio responde que consiste en vencerse a uno mismo y volver al rito, y que basta un día de hacerlo para que el mundo entero se vuelva hacia la humanidad. Quien desea afirmarse, afirma a los demás; quien desea alcanzar, ayuda a otros a alcanzar. El propio Confucio resume su vida como un aprendizaje por etapas, desde que a los quince años puso su voluntad en el estudio hasta que a los setenta pudo seguir los deseos de su corazón sin transgredir la medida. El yo no es aquí una sustancia que descubrir, sino algo que se cultiva en los vínculos —padres, gobernante, amigos— y en las formas rituales que los ordenan.

    Comparar esta pregunta con otros maestros
  • ¿Por qué sufrimos?

    Que el gobernante sea gobernante y el padre, padre: sin orden no hay paz

    El desorden social y moralSe deduce de su doctrina

    Confucio no elabora una explicación del sufrimiento, pero las Analectas muestran dónde ve su origen: en la ruptura del orden que hace posible la vida en común. Al duque Jing de Qi le responde que el buen gobierno consiste en que el gobernante sea gobernante, el ministro ministro, el padre padre y el hijo hijo. Si se dirige al pueblo con leyes y castigos, evitará el castigo pero no sentirá vergüenza; si se le guía con la virtud y el rito, tendrá vergüenza y se corregirá. Quien carece de humanidad (ren), dice, no puede soportar mucho tiempo la estrechez ni disfrutar mucho tiempo de la prosperidad. Vivió en una época de guerras entre estados y vio en ese caos la consecuencia de haber abandonado los ritos de los antiguos reyes. El dolor colectivo nace del desorden moral y social; el remedio es la rectificación.

    Comparar esta pregunta con otros maestros
  • ¿Qué ocurre después de la muerte?

    Si aún no se conoce la vida, ¿cómo conocer la muerte?

    Silencio o reservaLo dice expresamente

    Confucio se niega expresamente a especular sobre el más allá. Cuando su discípulo Zilu le pregunta por la muerte, responde con otra pregunta: si aún no conoces la vida, ¿cómo vas a conocer la muerte? En el mismo pasaje rehúsa hablar del servicio a los espíritus mientras no se sepa servir a los hombres. Las Analectas añaden que el Maestro no hablaba de prodigios ni de espíritus, y definen la sabiduría como entregarse a lo que es justo para el pueblo respetando a los espíritus a distancia. Esta reserva no es indiferencia: Confucio exige celebrar los ritos funerarios y los sacrificios a los antepasados con plena sinceridad, como si estuvieran presentes. Lo que sobrevive a la muerte, en su horizonte, es la continuidad del linaje, del rito y de la virtud transmitida; sobre el destino del difunto guarda silencio deliberado.

    Comparar esta pregunta con otros maestros
  • ¿Cómo se alcanza la liberación o la salvación?

    No busca liberarse del mundo, sino perfeccionarse en él con humanidad y rito

    Por la virtud y la armoníaSe deduce de su doctrina

    Confucio no plantea la pregunta en términos de salvación: en las Analectas no hay un más allá que alcanzar ni una condición de la que escapar. Su horizonte es el cultivo de sí hasta llegar a ser un junzi, una persona ejemplar. Cuando Yan Hui le pregunta por la humanidad (ren), responde que consiste en vencerse a sí mismo y volver al rito (12.1). El Camino se recorre estudiando, practicando lo aprendido y corrigiendo los errores, y es una tarea de toda la vida: en 2.4 Confucio resume su propio itinerario hasta los setenta años, cuando pudo seguir los deseos de su corazón sin transgredir la norma. Lo más cercano a una plenitud es esa coincidencia entre deseo y orden, vivida en las relaciones humanas.

    Comparar esta pregunta con otros maestros
  • ¿Hace falta un maestro?

    Se aprende de los antiguos, de los ritos y de cualquiera que camine contigo

    La comunidad y la tradiciónLo dice expresamente

    Confucio fue ante todo maestro, y las Analectas son en buena parte el registro de su enseñanza a un círculo de discípulos. Pero se presentaba a sí mismo como transmisor, no como creador: confiaba en los antiguos y los amaba (7.1). Para él, la autoridad está en la tradición viva, los textos clásicos y los ritos, y el maestro es quien la custodia y la actualiza, como indica 2.11: puede ser maestro quien repasa lo antiguo y descubre lo nuevo. Además, el aprendizaje no depende de una sola figura: cuando caminan tres personas, entre ellas hay sin duda un maestro, de cuyo bien aprender y de cuyo mal corregirse (7.22). La transmisión es comunitaria y continua.

    Comparar esta pregunta con otros maestros
  • ¿Es real el mundo?

    El Cielo no habla: las estaciones siguen su curso y todo nace

    Orden natural en transformaciónSe deduce de su doctrina

    Confucio no especula sobre la naturaleza del mundo ni sobre su realidad última, y sus discípulos notaban que apenas hablaba de la naturaleza humana y del Camino del Cielo. Pero las Analectas dejan ver un supuesto: el mundo es un orden real que funciona por sí mismo. Cuando quiere dejar de hablar, explica que el Cielo tampoco habla y, sin embargo, las cuatro estaciones siguen su curso y todas las cosas nacen (17.19). Junto a un río comenta que todo pasa así, sin cesar de día ni de noche (9.17). La tarea humana no es interrogar ese orden, sino reflejarlo en la conducta, en los ritos y en el gobierno.

    Comparar esta pregunta con otros maestros
  • ¿Qué es el amor?

    Ren es amar a los demás, empezando por los padres y con medida

    Benevolencia ordenadaLo dice expresamente

    Para Confucio la virtud central es ren, que suele traducirse por humanidad o benevolencia. Cuando Fan Chi le pregunta qué es ren, responde: amar a los demás. Ese amor tiene un orden: las Analectas presentan la piedad filial y el respeto fraterno como raíz de ren, y de la familia se extiende a los amigos, a la comunidad y al Estado. Su regla práctica es la reciprocidad (shu): lo que no desees para ti, no lo hagas a los demás. Confucio rechaza, sin embargo, un amor indiferenciado o ingenuo: preguntado si conviene devolver bien por mal, contesta que entonces con qué se pagaría el bien, y propone responder a la ofensa con rectitud y al bien con bien. El amor confuciano se expresa en el rito, que da forma y medida a los afectos, y en el gobierno por la virtud.

    Comparar esta pregunta con otros maestros
  • ¿Somos libres o está todo determinado?

    Hay un mandato del Cielo que conocer, pero la virtud depende solo de uno

    Destino y responsabilidadLo dice expresamente

    Las *Analectas* sostienen a la vez dos cosas que Confucio no vivía como contradictorias. Hay un *ming*, un mandato o destino del Cielo: el éxito de su enseñanza, la duración de la vida o la ruina de un discípulo no están en manos humanas (14.36), y quien no conoce el mandato no puede ser hombre noble (20.3). Él mismo dice haber conocido el mandato del Cielo a los cincuenta años (2.4). Pero la virtud no depende del destino: «¿Está lejos la humanidad? Si la deseo, ya está aquí» (7.30). El *junzi* acepta lo que no controla —la fortuna, el reconocimiento— y responde enteramente de lo que sí controla: su conducta, su estudio, su rectitud en el rito.

    Comparar esta pregunta con otros maestros
  • ¿Para qué meditar u orar?

    Pensar sin estudiar no sirve: la práctica es rito, estudio y conducta

    Ritual y cultivo de síLo dice expresamente

    Las *Analectas* no conocen la meditación en sentido indio ni la oración como petición, y lo que ocupa su lugar es el cultivo de sí mediante el rito (*li*), el estudio y la conducta. Confucio cuenta que una vez pasó un día entero sin comer y una noche sin dormir para pensar, y que no le sirvió de nada: más valía estudiar (15.31). Cuando enfermó y su discípulo Zilu propuso rezar por él, respondió que él llevaba mucho tiempo rezando (7.35), lo que suele leerse como que su vida entera era su oración. Del sacrificio dice que hay que ofrecerlo como si los espíritus estuvieran presentes (3.12): lo que importa es la actitud de reverencia. Dominarse a uno mismo y volver al rito es la humanidad (12.1).

    Comparar esta pregunta con otros maestros
  • ¿Puede la razón conocer lo último?

    Aprender sin pensar extravía; pensar sin aprender es peligroso

    El estudio y el aprendizajeLo dice expresamente

    Las *Analectas* hacen del estudio la vía de la sabiduría y, a la vez, guardan reserva sobre lo último. Confucio dice de sí que no nació sabiendo, sino que amaba la antigüedad y buscaba el saber con diligencia (7.20), y formula el equilibrio entre estudio y reflexión: aprender sin pensar lleva a la confusión, y pensar sin aprender es peligroso (2.15). La honradez intelectual es parte de ese saber: saber que se sabe lo que se sabe y que no se sabe lo que no se sabe (2.17). Sobre la naturaleza humana y el Camino del Cielo, según su discípulo Zigong, no se le oía hablar (5.13). La razón, cultivada en los textos y los ritos, se dirige a la vida humana; lo que la excede no se especula.

    Comparar esta pregunta con otros maestros
  • ¿Retirarse del mundo o transformarlo?

    No se vive entre aves y fieras: el lugar del sabio es la sociedad

    Ordenar la sociedadLo dice expresamente

    Confucio dedicó su vida a buscar un gobernante que pusiera en práctica su doctrina y rechazó expresamente la retirada. En las Analectas, dos ermitaños que labran el campo critican a sus discípulos por seguir a un hombre que va de corte en corte en un mundo desordenado; Confucio responde que no se puede vivir en compañía de aves y fieras, que si no es con los hombres no sabe con quién estar, y que si el mundo siguiera el Camino no tendría que intentar cambiarlo. Su ideal político es el gobierno por la virtud, que atrae al pueblo como la estrella polar ordena a las demás, y la rectificación de los nombres: que el príncipe sea príncipe, el ministro ministro, el padre padre y el hijo hijo. La sabiduría se realiza en el rito, la familia y el servicio público.

    Comparar esta pregunta con otros maestros

Afinidades y tensiones

Afinidades y tensiones

Calculadas pregunta a pregunta a partir de sus posturas. El porqué de cada coincidencia o choque, al pulsar.

Chocan enDesacuerdo de fondo

Confucio · Laozi

Dos órdenes para un mundo en guerra: el rito que da forma y el Camino que la quita

Los dos buscan el orden y los dos sitúan la sabiduría en el gobierno, no en la retirada: Confucio responde a los ermitaños que no se puede vivir con aves y fieras (Analectas 18.6), y el Daodejing quiere un gobernante del que el pueblo apenas sepa que existe (cap. 17). Pero el remedio es opuesto. Confucio ordena por la virtud, el rito y la rectificación de los nombres: que el príncipe sea príncipe y el padre, padre (12.11). El Daodejing ve en esas mismas virtudes síntomas de la enfermedad: cuando se abandona el gran Dao aparecen la humanidad y la justicia (cap. 18), y el rito es la corteza de la lealtad y el comienzo del desorden (cap. 38). Uno añade forma cultivada; el otro la retira hasta que el curso natural de las cosas se restablece por sí solo.

Por qué: El conflicto es real y polémico, aunque entre textos y escuelas más que entre personas. El Daodejing nombra y desautoriza los conceptos centrales del confucianismo, humanidad, justicia y rito, lo que sugiere que se compuso, al menos en parte, frente a esa escuela. El encuentro de Confucio con Laozi que relata Sima Qian en los Registros históricos (cap. 63) pertenece a la leyenda y no se considera histórico. La diferencia de fondo es antropológica: Confucio confía en que la forma cultivada educa la naturaleza humana; el Daodejing sospecha que toda forma impuesta la falsea. La cultura china acabó leyéndolos como complementarios, uno para el cargo público y otro para el retiro.

Coinciden en

Confucio · Jesús de Nazaret

La regla de oro en dos lenguas, y el punto exacto en que se separan

Las Analectas resumen la conducta en la reciprocidad: lo que no desees para ti, no lo hagas a los demás (15.24); los evangelios formulan la misma regla en positivo: tratad a los demás como queréis que os traten (Mt 7,12; Lc 6,31). Para ambos el amor al otro es el centro de la vida moral: preguntado qué es la humanidad, Confucio responde que amar a los demás (12.22); preguntado por el primer mandamiento, Jesús une el amor a Dios y al prójimo (Mc 12,28–34). Ambos piden que ese amor se traduzca en conducta concreta. Pero se separan ante el enemigo: Confucio rechaza devolver bien por mal y propone responder a la ofensa con rectitud (14.34); Jesús pide amar al enemigo y orar por quien persigue (Mt 5,43–48).

Por qué: No hubo contacto entre ellos; la coincidencia procede de una intuición moral muy extendida, la reciprocidad, que aparece en tradiciones muy diversas. La divergencia ante el enemigo se explica por el marco de cada uno. Confucio piensa una sociedad ordenada por relaciones graduadas, empezando por la familia, donde el amor tiene medida y la justicia exige que cada acto reciba lo que le corresponde. Jesús habla desde la inminencia del Reino de Dios y desde la imitación de un Padre que ama a todos sin distinción, lo que rompe toda medida. Uno busca la armonía de la ciudad; el otro anuncia una justicia que la desborda.

Coinciden en

Confucio · Hildegarda de Bingen

El rito y la música como forma del alma: el maestro de Lu y la abadesa del Rin

Ninguno de los dos entiende la vida interior como meditación solitaria. Para Confucio la práctica es el rito, el estudio y la conducta: dominarse a uno mismo y volver al rito es la humanidad (Analectas 12.1), y el sacrificio ha de ofrecerse como si los espíritus estuvieran presentes (3.12). Para Hildegarda es el oficio divino cantado siete veces al día: en su carta a los prelados de Maguncia (1178–1179) sostiene que la alabanza cantada devuelve al ser humano la voz angélica que Adán tuvo antes de la caída, y escribe la Symphonia y el Ordo Virtutum desde esa convicción. En ambos la forma compartida, repetida y bella educa los afectos, ordena a la comunidad y pone al ser humano en armonía con un orden mayor, el del Cielo o el del cosmos creado.

Por qué: La afinidad es puramente comparativa y descansa en una intuición antigua compartida: la música y el rito no adornan la vida moral, la constituyen, porque el cuerpo y la voz se educan antes que las ideas. La tradición confuciana unió desde muy pronto ritos y música como instrumentos de gobierno y de cultivo de sí; la liturgia benedictina hizo del canto de los salmos el eje del día monástico. La diferencia es teológica: el rito confuciano mira a la conducta humana y mantiene a los espíritus a distancia, mientras que el canto de Hildegarda se dirige a un Dios personal y es participación en la alabanza de los ángeles. Coinciden en la pedagogía, no en el destinatario.

Chocan enDesacuerdo de fondo

Confucio · Siddhartha Gautama, el Buda

La piedad filial como raíz o la salida del hogar como aire libre

Para Confucio la piedad filial y el respeto fraterno son la raíz de la humanidad (Analectas 1.2), y el sabio no se retira: no se puede vivir con aves y fieras (18.6); la sabiduría se realiza en la familia, el rito y el servicio público. El canon pali presenta al Buda abandonando casa, esposa e hijo, y repite que la vida doméstica es un camino de polvo mientras que la vida errante es como el aire libre (Samaññaphala Sutta, DN 2); la comunidad monástica renuncia al hogar. Los dos, sin embargo, enseñan una ética del cabeza de familia: el Buda dedica el Sigalovada Sutta (DN 31) a los deberes hacia padres, maestros, esposa y trabajadores. Lo que les separa es dónde se cumple lo más alto: en las relaciones bien ordenadas, para uno; fuera de ellas, para el otro.

Por qué: La contradicción es real y tuvo consecuencias históricas: cuando el budismo llegó a China, los letrados confucianos le reprocharon durante siglos que los monjes abandonaran a sus padres y no dieran descendencia, y los budistas chinos respondieron subrayando los deberes filiales del canon. Los dos maestros nunca se conocieron; el choque nace de sus fines. Confucio busca la armonía de una sociedad en guerra y ve en la familia el modelo del Estado. El Buda busca el fin del sufrimiento, que nace del apego, y ve en los lazos domésticos un apego más. Ninguno desprecia lo que el otro valora: uno deja la renuncia como excepción; el otro, el hogar como etapa.

Coinciden en

Confucio · Dalai Lama XIV (Tenzin Gyatso)

Una ética que no necesita metafísica: la humanidad y la responsabilidad universal

Confucio reconoce el Cielo, pero no especula sobre espíritus ni prodigios (Analectas 7.21; 6.22) y concentra la atención en la conducta: la humanidad es amar a los demás (12.22), y su regla práctica es no hacer a otros lo que no se desea para uno (15.24). El Dalái Lama, monje de una tradición sin Dios creador, propone en Ética para el nuevo milenio una ética secular válida para creyentes y no creyentes, fundada en que todos desean ser felices y evitar el sufrimiento, y la traduce en responsabilidad universal hacia los demás, las generaciones futuras y el planeta. Los dos separan deliberadamente la vida moral de la disputa sobre lo último, la sitúan en la relación con los otros y la miden por sus efectos en la comunidad y en el gobierno.

Por qué: La coincidencia es comparativa y responde a situaciones semejantes: Confucio enseña en una China dividida por la guerra entre estados, y el Dalái Lama, en un mundo plural y secularizado, como líder de un pueblo en el exilio. Ambos buscan una base moral que pueda compartirse sin exigir una fe común. Difieren, sin embargo, en el alcance del amor. Confucio lo quiere graduado, empezando por los padres, y rechaza devolver bien por mal (14.34); el Dalái Lama, desde la compasión budista, lo extiende a todos los seres por igual, enemigo incluido. Uno ordena el afecto; el otro lo universaliza. Y el rito, central en Confucio, apenas tiene peso en la ética secular del Dalái Lama.

Anécdotas y relatos

Anécdotas y relatos

Tradición oralc. 496–484 a. C.

El perro de una casa en duelo

Durante los años de viaje, en el estado de Zheng, Confucio se separó de sus discípulos y quedó solo junto a la puerta oriental de la muralla. Zigong preguntó por él, y un habitante de la ciudad le respondió: «En la puerta del este hay un hombre con la frente de Yao, el cuello de Gao Yao y los hombros de Zichan, aunque de cintura para abajo es tres pulgadas más bajo que Yu. Tiene el aspecto abatido de un perro de una casa en duelo». Cuando Zigong se lo refirió, Confucio rió y dijo: «La apariencia es lo de menos. Pero lo del perro de una casa en duelo, ¡eso es cierto, muy cierto!». La escena, recogida por Sima Qian, condensa como ninguna el Confucio errante: un hombre que ha perdido a su amo —el príncipe que debía emplearlo— y que lo sabe. La expresión «perro de casa en duelo» (sangjia zhi gou) se volvió proverbial, y en 2007 dio título a un ensayo del sinólogo Li Ling que desató en China un debate sobre la figura humana del Maestro frente a su versión oficial.

Origen del relato: Shiji 47, «Casa hereditaria de Confucio». No aparece en las Analectas. Reelaborado en el Kongzi jiayu.

Fuente: Sima Qian. Shiji (Memorias históricas), juan 47, «Kongzi shijia» (Casa hereditaria de Confucio), c. 94 a. C. Ed. Zhonghua shuju, Pekín, 1959. Trad. francesa: Chavannes, Les Mémoires historiques de Se-ma Ts'ien, vol. 5, 1905; trad. inglesa en Nienhauser (ed.), The Grand Scribe's Records, vol. 5.1, Indiana University Press, 2006.

Documentadoc. 489 a. C.

Hambre entre Chen y Cai

En el punto más bajo de su exilio, el Maestro y sus discípulos quedaron sin provisiones en la franja entre los estados de Chen y Cai. Las Analectas lo cuentan con sequedad: «En Chen se agotaron las provisiones. Los seguidores enfermaron y no podían levantarse. Zilu, indignado, fue a verle: “¿También el caballero pasa necesidad?”. El Maestro dijo: “El caballero se mantiene firme en la necesidad; el hombre vulgar, cuando pasa necesidad, se desborda”» (15.2). Sima Qian amplía la escena en un relato de varios días: Confucio sigue tocando la cítara y cantando; interroga uno a uno a Zilu, Zigong y Yan Hui con la misma pregunta —«no somos rinocerontes ni tigres, ¿por qué vagamos por el desierto? ¿acaso mi Camino está equivocado?»— y solo Yan Hui responde a su gusto: que el Camino no es menos grande porque el mundo no lo acepte. El Zhuangzi, por su parte, convierte el episodio en parábola del sabio imperturbable. El núcleo es antiguo y probablemente real; los diálogos son construcción de escuela.

Origen del relato: Analectas 15.2 (núcleo); Shiji 47 (ampliación); Zhuangzi, caps. 14, 17, 20 y 28 (versiones taoístas).

Fuente: Legge, James (trad.). The Chinese Classics, vol. 1: Confucian Analects, The Great Learning, The Doctrine of the Mean. Trübner, Londres, 1861; 2.ª ed. Clarendon Press, 1893. Project Gutenberg nº 4094.

Documentadofinales del s. VI – principios del V a. C.

El incendio de la cuadra

Es una de las frases más breves de las Analectas y una de las más comentadas. «Se quemó la cuadra. El Maestro, al retirarse de la corte, preguntó: “¿Ha resultado herido alguien?”. No preguntó por los caballos» (10.17). En una sociedad en que un buen caballo valía más que un mozo de cuadra, la pregunta marcaba una jerarquía: las personas antes que la propiedad. Los comentaristas de todas las épocas vieron en ella la ren, la humanidad, en acto —no una doctrina sino un reflejo—. La frase ha tenido también una vida filológica curiosa: desde los Tang algunos lectores propusieron puntuarla de otro modo («¿Ha resultado herido alguien? No. Preguntó por los caballos») para no dejar a los animales fuera de la compasión del Maestro, lectura que la mayoría rechaza. Documentada en el estrato más antiguo del texto, es un retrato en miniatura.

Origen del relato: Analectas 10.17 (10.12 en la numeración de Legge). Comentario sobre la puntuación alternativa en Slingerland (2003), ad loc.

Fuente: Legge, James (trad.). The Chinese Classics, vol. 1: Confucian Analects, The Great Learning, The Doctrine of the Mean. Trübner, Londres, 1861; 2.ª ed. Clarendon Press, 1893. Project Gutenberg nº 4094.

Documentadoc. 496 a. C.

La visita a Nanzi

En Wei, Confucio aceptó ser recibido por Nanzi, esposa del duque Ling, mujer de reputación escandalosa y gran influencia en la corte. Las Analectas registran la reacción del discípulo más franco: «El Maestro vio a Nanzi. Zilu no quedó contento. El Maestro juró: “Si he hecho algo indebido, ¡que el Cielo me rechace, que el Cielo me rechace!”» (6.28). Sima Qian añade los detalles: la audiencia tras una cortina de gasa, el tintineo de las joyas de la dama al devolver el saludo, y, poco después, el paseo del duque y Nanzi en un carro con Confucio detrás en otro, que le arrancó la queja «nunca he visto a nadie que ame la virtud como ama la belleza» y lo decidió a dejar Wei. El episodio ha servido durante siglos para discutir hasta dónde debe llegar la complacencia del sabio con el poder; y es raro en las Analectas por mostrar al Maestro defendiéndose de los suyos.

Origen del relato: Analectas 6.28 (6.26 en Legge); ampliación en Shiji 47. La frase sobre la virtud y la belleza aparece también en Analectas 9.18 y 15.13 sin contexto.

Fuente: Legge, James (trad.). The Chinese Classics, vol. 1: Confucian Analects, The Great Learning, The Doctrine of the Mean. Trübner, Londres, 1861; 2.ª ed. Clarendon Press, 1893. Project Gutenberg nº 4094.

Documentado500 a. C.

La entrevista de Jiagu

En el año 500 a. C. el duque Ding de Lu se reunió en Jiagu con el duque Jing de Qi, el estado más poderoso de la región, y Confucio actuó como maestro de ceremonias de Lu. Según el Zuozhuan, cuando Qi hizo avanzar a unos bailarines armados de la tribu Lai para intimidar al duque de Lu, Confucio subió los escalones del estrado y exigió su retirada invocando el protocolo entre príncipes: «Los bárbaros no deben perturbar a los Xia; las armas no deben acercarse a una alianza». El duque de Qi, avergonzado, ordenó retirarlos, y al término del encuentro devolvió a Lu las tierras de Yun, Huan y Guiyin. Sima Qian añade un episodio más cruel —Confucio hace ejecutar a unos bufones de Qi que se burlaron ante los príncipes— que el Zuozhuan no contiene y que los historiadores consideran amplificación. Es la única actuación política de Confucio registrada en una fuente próxima a los hechos, y muestra lo que para él significaba el rito: no ceremonia, sino el orden que protege al débil frente al fuerte.

Origen del relato: Zuozhuan, duque Ding, año 10; Guliang zhuan, Ding 10; Shiji 47 (con la ejecución de los bufones, ausente en el Zuozhuan).

Fuente: Zuozhuan (Zuo Tradition), años Ding 10, Ding 12, Ai 11, Ai 15 y Ai 16. Trad. Durrant, Stephen; Li, Wai-yee; Schaberg, David. Zuo Tradition / Zuozhuan: Commentary on the Spring and Autumn Annals. University of Washington Press, Seattle, 2016.

Documentadoc. 481 a. C.

La muerte de Yan Hui

Yan Hui, el discípulo pobre que «con un cuenco de arroz y un cazo de agua, en un callejón miserable» no perdía la alegría (6.11), era el único a quien el Maestro reconocía la humanidad perfecta durante meses enteros. Murió joven, hacia 481 a. C. Las Analectas conservan la reacción de Confucio en cuatro entradas seguidas: «¡Ay! ¡El Cielo me destruye, el Cielo me destruye!» (11.9); y cuando los discípulos le reprochan su duelo desmedido: «¿Desmedido? Si no me aflijo por él, ¿por quién voy a afligirme?» (11.10). Cuando el padre de Yan Hui, Yan Lu, le pide el carro del Maestro para costear un ataúd exterior, Confucio se niega: también su hijo Li murió sin ataúd exterior, y él, como antiguo dignatario, no puede ir a pie (11.8). Y cuando los discípulos lo entierran con fasto, protesta: «Hui me trataba como a un padre, y yo no he podido tratarlo como a un hijo» (11.11). El conjunto es uno de los documentos más antiguos del dolor personal en la literatura china y muestra al Maestro sujeto a las mismas reglas rituales que enseña.

Origen del relato: Analectas 11.8–11.11 (11.7–11.10 en Legge) y 6.11. La fecha procede del Shiji 47 y de la cronología tradicional; algunos la sitúan antes.

Fuente: Legge, James (trad.). The Chinese Classics, vol. 1: Confucian Analects, The Great Learning, The Doctrine of the Mean. Trübner, Londres, 1861; 2.ª ed. Clarendon Press, 1893. Project Gutenberg nº 4094.

Relato hagiográfico481 a. C.

La captura del lin

En la primavera del decimocuarto año del duque Ai (481 a. C.), según los anales de Lu, una partida de caza en el oeste capturó un lin, criatura fabulosa —el «unicornio chino»— que solo aparece cuando reina un sabio. El comentario Gongyang cuenta que Confucio, al verlo herido por cazadores que no lo reconocían, se volvió y lloró: «¿Por qué ha venido? ¿Por qué ha venido?», y que ahí puso fin a su redacción del Chunqiu, pues el signo del sabio había llegado en un mundo sin sabio. Sima Qian añade que el Maestro vio en ello el anuncio de su propia muerte, que llegó dos años después. La historia es un relato de portento, construido por la tradición para dar a los anales un cierre significativo y a su supuesto autor un final de profeta; la crítica moderna no le concede valor histórico, pero explica por qué durante dos mil años la lectura del Chunqiu fue inseparable de la vida de Confucio y por qué el lin es, con el fénix, emblema del Maestro.

Origen del relato: Chunqiu, Ai 14 (una línea); Gongyang zhuan, Ai 14 (el llanto y el fin de los anales); Shiji 47 (la premonición).

Fuente: Sima Qian. Shiji (Memorias históricas), juan 47, «Kongzi shijia» (Casa hereditaria de Confucio), c. 94 a. C. Ed. Zhonghua shuju, Pekín, 1959. Trad. francesa: Chavannes, Les Mémoires historiques de Se-ma Ts'ien, vol. 5, 1905; trad. inglesa en Nienhauser (ed.), The Grand Scribe's Records, vol. 5.1, Indiana University Press, 2006.

Enseñanzas

Enseñanzas

Las nociones que articulan su pensamiento, explicadas en su contexto.

Ren (humanidad, benevolencia)ren
Ren es la virtud central de las Analectas y la que más se resiste a definición: el Maestro responde de manera distinta a cada discípulo que le pregunta por ella. A Fan Chi le dice «amar a los hombres» (12.22); a Yan Hui, «dominarse y volver al rito» (12.1); a Zhonggong, «no hacer a otros lo que no quieras para ti» (12.2); a Zizhang, cinco cualidades —respeto, generosidad, sinceridad, diligencia, bondad—. El carácter combina «persona» y «dos»: ren es lo que hace humano al hombre en su relación con otro. No es un sentimiento sino una disposición cultivada, difícil y rara —Confucio apenas la reconoce en nadie vivo—, pero al alcance de la voluntad: «¿Está lejos la humanidad? Si la deseo, aquí está» (7.30). Mencio la fundará en un brote innato de compasión; el neoconfucianismo la elevará a principio cósmico de la vida. Las traducciones oscilan entre «benevolencia», «humanidad», «bondad» y «virtud perfecta» (Legge).

Núcleo ético del confucianismo; discutido por el Daodejing (cap. 18) como síntoma de decadencia; central en Mencio, Zhu Xi y Wang Yangming.

Fuente: Slingerland, Edward (trad.). Confucius: Analects, with Selections from Traditional Commentaries. Hackett Publishing Company, Indianápolis, 2003. ISBN 9780872206359.

Li (rito, forma debida)li
Li designaba originalmente los sacrificios y ceremonias de la nobleza Zhou; Confucio amplía la palabra hasta abarcar toda conducta formalizada: el saludo, el duelo, el modo de sentarse, de hablar al príncipe o de servir a los padres. El rito sin la disposición interior es vacío —«si un hombre no es humano, ¿qué tiene que ver con el rito?» (3.3)—, pero la disposición sin forma es ciega: «la deferencia sin rito es fatiga; la prudencia sin rito, timidez; el valor sin rito, desorden» (8.2). El li es, pues, la gramática que hace legible y eficaz la humanidad, y el medio por el que se aprende: dominarse y volver al rito es la definición misma de ren (12.1). Su valor político es enorme: el príncipe que gobierna por el rito en lugar de por castigos obtiene un pueblo con sentido de la vergüenza (2.3). Xunzi hará del li una creación de los sabios para ordenar los deseos; los Han lo codificarán en el Liji; en la vida cotidiana de Asia oriental sigue nombrando la cortesía.

Hereda la cultura ritual Zhou; sistematizado por Xunzi y el Liji; criticado por moístas, legistas y taoístas.

Fuente: Slingerland, Edward (trad.). Confucius: Analects, with Selections from Traditional Commentaries. Hackett Publishing Company, Indianápolis, 2003. ISBN 9780872206359.

Junzi (el caballero, la persona ejemplar)junzi
Junzi significa literalmente «hijo de señor» y designaba al noble por nacimiento. La operación de Confucio consiste en vaciar la palabra de sangre y llenarla de carácter: el junzi es quien se comporta como debería comportarse un noble, sea cual sea su origen, y su contrario, el xiaoren («hombre pequeño»), es el que solo mira su provecho. Las Analectas lo dibujan por contraste: «el caballero entiende de justicia; el hombre pequeño, de ganancia» (4.16); «el caballero exige de sí mismo; el hombre pequeño, de los demás» (15.21); «el caballero es armonioso sin ser conformista» (13.23). No es un sabio (shengren), categoría casi inalcanzable, sino un ideal practicable: estudia, se corrige, cuida el rito, es leal y fiable, y, si gobierna, gobierna por el ejemplo. La idea de que la excelencia moral es una conquista abierta a todos es la más democrática del confucianismo y la base del sistema de exámenes que, durante trece siglos, seleccionó a los funcionarios por sus letras y no por su cuna.

Ideal compartido por toda la tradición confuciana; equivalentes aproximados: el spoudaios aristotélico, el «hombre honesto» del XVII europeo.

Fuente: Slingerland, Edward (trad.). Confucius: Analects, with Selections from Traditional Commentaries. Hackett Publishing Company, Indianápolis, 2003. ISBN 9780872206359.

Xiao (piedad filial)xiao
Xiao es el respeto, el cuidado y la obediencia debidos a los padres en vida y el duelo y los sacrificios debidos tras su muerte. Para Confucio es la raíz de la humanidad: «la piedad filial y el respeto fraterno son la raíz de ren» (1.2), porque la familia es donde se aprende a sentir y a obrar por otro. No es mera manutención —«hasta a los perros y a los caballos se les alimenta; sin reverencia, ¿qué diferencia hay?» (2.7)— ni obediencia ciega: el hijo debe amonestar a los padres con suavidad y, si no le escuchan, respetarlos sin dejar de disentir (4.18). Del hogar se extiende al Estado: quien es buen hijo será buen súbdito, y por eso el Libro de la piedad filial la convierte en principio de gobierno. El confucianismo imperial la codificó hasta extremos que las Analectas no conocen; su crítica fue una de las banderas del Movimiento del Cuatro de Mayo (1919). Sigue siendo, en Asia oriental, la virtud más reconocible del legado confuciano.

Virtud de la cultura Zhou sistematizada por Confucio; central en el Xiaojing, el Liji y el derecho imperial.

Fuente: Slingerland, Edward (trad.). Confucius: Analects, with Selections from Traditional Commentaries. Hackett Publishing Company, Indianápolis, 2003. ISBN 9780872206359.

Zhengming (rectificación de los nombres)zhengming
Preguntado por Zilu qué haría primero si gobernara Wei, Confucio responde: «rectificar los nombres» (13.3). Si los nombres no son correctos, el discurso no concuerda con las cosas; si no concuerda, los asuntos no se realizan; si no se realizan, ritos y música no florecen; si no florecen, castigos y penas no aciertan, y el pueblo no sabe dónde poner pies y manos. La fórmula más célebre es la del duque Jing de Qi: «que el príncipe sea príncipe, el ministro ministro, el padre padre y el hijo hijo» (12.11). No se trata de lingüística sino de ética política: cada nombre —padre, príncipe, hijo— lleva implícito un deber, y la crisis de la época consiste en que los nombres se usan sin cumplir lo que exigen. El pasaje 13.3 pertenece a un estrato tardío de las Analectas y algunos lo consideran ajeno a Confucio; pero la idea está en el espíritu de su lectura del Chunqiu, donde cada palabra juzga. Xunzi le dedicará un tratado y los legistas la convertirán en técnica de control administrativo.

Desarrollado por Xunzi («Zhengming») y los legistas; debatido en la filosofía del lenguaje china (moístas, Escuela de los Nombres).

Fuente: Slingerland, Edward (trad.). Confucius: Analects, with Selections from Traditional Commentaries. Hackett Publishing Company, Indianápolis, 2003. ISBN 9780872206359.

Shu (reciprocidad) y zhong (lealtad a sí mismo)shu
Cuando Zigong pide una sola palabra que sirva de guía para toda la vida, el Maestro responde: «¿No será shu? Lo que no desees para ti, no lo hagas a los demás» (15.24). Shu —«ponerse en el lugar del otro», «reciprocidad»— es el método práctico de la humanidad: inferir, de lo que uno quiere y no quiere, lo que debe a los demás. Zengzi resume el Camino del Maestro en dos palabras, zhong y shu (4.15): zhong, hacer todo lo que uno puede, dar lo mejor de sí en lo que se emprende; shu, medir al otro por uno mismo. Juntas forman lo que la tradición llamó «el hilo que todo lo ensarta». La formulación negativa de la regla de oro —no hacer, antes que hacer— ha sido muy comentada: es más modesta y más respetuosa de la diferencia que su versión positiva, aunque las Analectas también conocen esta («quien desea afirmarse, afirma a los demás», 6.30). Es el punto donde el confucianismo dialoga con más naturalidad con otras éticas del mundo.

Regla de oro confuciana; paralelos en el judaísmo (Hillel), el cristianismo (Mt 7,12) y el budismo.

Fuente: Slingerland, Edward (trad.). Confucius: Analects, with Selections from Traditional Commentaries. Hackett Publishing Company, Indianápolis, 2003. ISBN 9780872206359.

Xue (el estudio, el aprendizaje)xue
Las Analectas empiezan con la palabra «aprender» (xue), y no es casual: Confucio se describe a sí mismo no como sabio ni como hombre de humanidad, sino como alguien que «ama el estudio» más que nadie (5.28) y que «a los quince puso su voluntad en aprender» (2.4). Estudiar no es acumular información sino transformarse: implica repasar lo aprendido (1.1), reflexionar —«estudiar sin pensar es inútil; pensar sin estudiar es peligroso» (2.15)—, preguntar sin vergüenza y, sobre todo, practicar. El objeto son los Cantos, los Documentos, los ritos y la música, pero el fin es el carácter: «los antiguos estudiaban para sí mismos; los de hoy, para los demás» (14.24). Como el junzi, el estudio está abierto a todos —«en la enseñanza no hay distinción de clases» (15.39)— y es el único camino hacia la humanidad, porque sin él cada virtud degenera en su vicio (17.8). Esta fe en la educación como medio de perfección moral y de ascenso social es el rasgo más duradero de la civilización confuciana.

Fundamento del sistema de exámenes imperiales y de la pedagogía neoconfuciana (Zhu Xi, «Reglas de la Academia del Ciervo Blanco»).

Fuente: Slingerland, Edward (trad.). Confucius: Analects, with Selections from Traditional Commentaries. Hackett Publishing Company, Indianápolis, 2003. ISBN 9780872206359.

Retiros

Retiros y centros

Lugares y encuentros vinculados a su enseñanza. Te ponemos en contacto con quien los organiza.

  • Qufu, provincia de Shandong · China

    Qufu: templo, cementerio y mansión de Confucio

    Patrimonio Mundial de la UNESCO (ficha oficial)

    Qufu, la ciudad natal de Confucio, conserva los tres lugares que la UNESCO inscribió como Patrimonio Mundial en 1994: el templo levantado en su memoria poco después de su muerte, y ampliado durante siglos hasta convertirse en uno de los grandes conjuntos arquitectónicos de China; el cementerio donde reposan él y miles de sus descendientes; y la mansión de la familia Kong, residencia de sus herederos directos. Es el lugar de peregrinación por excelencia del confucianismo y el escenario de ceremonias anuales en su honor. La web de la UNESCO rechaza a veces las consultas automáticas, pero es la ficha oficial.

Ver todos los retiros →

Vídeos

Vídeos

Grabaciones, entrevistas y documentales. Los vídeos se reproducen desde YouTube; no se alojan aquí.

  • Who was Confucius? — Bryan W. Van Norden

    Análisis· EN· 2015· 5 min

    TED-EdCanal oficial

  • ¿Quién fue Confucio? — Bryan W. Van Norden

    Análisis· ES· 5 min

    Sé Curioso — TED-EdCanal oficial

  • Who Was Confucius? And What Did He Really Say?

    Conferencia· EN· 62 min

    Bryan Van Norden

  • Confucius on Language: How NOT to Rectify Names

    Conferencia· EN· 66 min

    Bryan Van Norden

  • The Analects of Confucius, read by Jing Li (LibriVox)

    Grabación de terceros· EN· 212 min

    LibriVox AudiobooksCanal oficial

  • 《孔子》Confucius — 半部论语治天下 (CCTV纪录)

    Documental· ZH· 90 min

    CCTV纪录 (CCTV Documentary)Canal oficial

  • 如果国宝会说话 — 孔子见老子画像石 (El relieve «Confucio visita a Laozi»)

    Documental· ZH· 5 min

    CCTV纪录Canal oficial

  • Confucio. «El Maestro de Diez Mil Siglos»

    Documental· ES· 21 min

    UNED DocumentosCanal oficial

  • Confucio — Analectas «Lún Yǔ» (audiolibro completo en español)

    Grabación de terceros· ES· 261 min

    AMA Audiolibros

  • Professor Michael Puett on Zhuangzi in Relation to Confucius

    Conferencia· EN· 44 min

    China X (HarvardX)Canal oficial

  • Views of Nature in the Analects with Annping Chin

    Entrevista· EN· 4 min

    Yale Forum on Religion and EcologyCanal oficial

  • Confucian Analects in the Modern World: Five Generations

    Conferencia· EN· 68 min

    UC Berkeley EventsCanal oficial

  • Confucius, 551 BC: Ancient China's Philosopher Who Changed The World

    Documental· EN· 89 min

    Timeline — World History Documentaries

  • Confucianism, Buddhism, and Daoism: Chinese Popular Religion

    Análisis· EN· 13 min

    CrashCourseCanal oficial

Galería

Galería

Imágenes con licencia verificada. Cada una conserva su autoría y su atribución.

Manuscritos

Manuscritos

Testimonios manuscritos y textos antiguos, con su custodio y sus condiciones de consulta.

  • ZH · Escritura de los escribas (lishu) de los Han occidentales · Anterior a 55 a. C. (año de la muerte de Liu Xiu, príncipe Huai de Zhongshan, en cuya tumba se halló)

    定州漢墓竹簡《論語》

    Testimonio conservado
    620 tablillas de bambú, unos 7.576 caracteres, aproximadamente la mitad del texto recibido; dañadas por un incendio antiguo y por el terremoto de Tangshan (1976)
    Custodio
    Instituto Provincial de Reliquias Culturales de Hebei (Hebei sheng wenwu yanjiusuo), Shijiazhuang
  • ZH · Escritura de los escribas (lishu) de los Han occidentales · Anterior a 59 a. C. (muerte de Liu He, marqués de Haihun, antiguo emperador depuesto)

    海昏侯墓竹簡《論語》

    Testimonio conservado
    Más de 500 tablillas de bambú identificadas como Analectas, en curso de restauración y publicación
    Custodio
    Instituto Provincial de Reliquias Culturales y Arqueología de Jiangxi; Museo del Sitio de Haihunhou, Nanchang
  • ZH · Escritura de los escribas (lishu) de los Han occidentales · c. 45 a. C. (fecha de un registro censal hallado en la misma tumba)

    平壤貞柏洞364號墓《論語》竹簡

    Testimonio conservado
    39 tablillas de bambú con los capítulos «Xianjin» y «Yan Yuan»
    Custodio
    Instituciones de la República Popular Democrática de Corea (Pyongyang); custodio concreto no confirmado
  • ZH · Escritura regular (kaishu) de la dinastía Tang · Grabado entre 833 y 837 (era Kaicheng)

    開成石經《論語》

    Testimonio conservado
    Texto íntegro de las Analectas en estelas de piedra, parte de los Doce Clásicos de Kaicheng (114 estelas, más de 650.000 caracteres)
    Custodio
    Museo del Bosque de Estelas (Beilin), Xi'an
Manuscritos →

Relaciones

Relaciones

Influencias, discipulados y afinidades. Se distingue la relación documentada de la similitud identificada por análisis.

  • Se encontró con

    Laozi

    La tradición (Shiji 47 y 63, Liji, Zhuangzi) narra que Confucio consultó a Laozi sobre los ritos. Relato de escuela, no verificable; se registra como no documentado.

    Similitud identificada por análisis

  • Influyó en

    Zhuangzi

    El Zhuangzi (s. IV–III a. C.) convierte a Confucio en personaje recurrente, unas veces burlado y otras portavoz de la propia doctrina taoísta: una influencia por contraste, documentada en el texto.

    Relación documentada

  • Contemporáneo de

    Siddhartha Gautama, el Buda

    Contemporáneos aproximados según las cronologías tradicionales (s. VI–V a. C.), sin contacto alguno. La comparación es un lugar común de la historia de las religiones (la «era axial» de Jaspers).

    Similitud identificada por análisis

  • Ideas afines a

    Jesús de Nazaret

    La regla de oro negativa de Analectas 15.24 y 12.2 se compara habitualmente con la positiva de Mt 7,12; sin relación histórica.

    Similitud identificada por análisis

Fuentes

Fuentes

Bibliografía y catálogos consultados para esta ficha.

  1. Wikidata, entidad Q4604 «Confucius» (P31=Q5; 313 enlaces entre wikis). Nombre nativo 孔夫子; nacimiento registrado en 552/551 a. C.; lugar de nacimiento Q210287 (Zou/Qufu).
  2. Sima Qian. Shiji (Memorias históricas), juan 47, «Kongzi shijia» (Casa hereditaria de Confucio), c. 94 a. C. Ed. Zhonghua shuju, Pekín, 1959. Trad. francesa: Chavannes, Les Mémoires historiques de Se-ma Ts'ien, vol. 5, 1905; trad. inglesa en Nienhauser (ed.), The Grand Scribe's Records, vol. 5.1, Indiana University Press, 2006.
  3. Legge, James (trad.). The Chinese Classics, vol. 1: Confucian Analects, The Great Learning, The Doctrine of the Mean. Trübner, Londres, 1861; 2.ª ed. Clarendon Press, 1893. Project Gutenberg nº 4094.
  4. Slingerland, Edward (trad.). Confucius: Analects, with Selections from Traditional Commentaries. Hackett Publishing Company, Indianápolis, 2003. ISBN 9780872206359.
  5. Lau, D. C. (trad.). Confucius: The Analects (Lun yü). Penguin Classics, Harmondsworth, 1979. ISBN 9780140443486.
  6. Cheng, Anne (trad.). Entretiens de Confucius. Éditions du Seuil (Points Sagesses), París, 1981. ISBN 9782020057752. Y Cheng, Anne. Histoire de la pensée chinoise. Seuil, París, 1997.
  7. Nylan, Michael y Wilson, Thomas. Lives of Confucius: Civilization's Greatest Sage Through the Ages. Doubleday, Nueva York, 2010.
  8. Hunter, Michael. Confucius Beyond the Analects. Brill, Leiden, 2017.
  9. Zuozhuan (Zuo Tradition), años Ding 10, Ding 12, Ai 11, Ai 15 y Ai 16. Trad. Durrant, Stephen; Li, Wai-yee; Schaberg, David. Zuo Tradition / Zuozhuan: Commentary on the Spring and Autumn Annals. University of Washington Press, Seattle, 2016.
  10. Liji, «Tangong» (cap. 3). Trad. Legge, James. The Lî Kî. Sacred Books of the East, vols. XXVII–XXVIII. Clarendon Press, Oxford, 1885.
  11. Csikszentmihalyi, Mark. «Confucius». The Stanford Encyclopedia of Philosophy (ed. Edward N. Zalta).
  12. Meynard, Thierry (ed.). Confucius Sinarum Philosophus (1687): The First Translation of the Confucian Classics. Institutum Historicum Societatis Iesu, Roma, 2011. ISBN 9788870412062.
  13. Zhuangzi (莊子), caps. 4, 5, 6, 14, 20, 28 y 31. Chinese Text Project.
  14. Jiangxi sheng wenwu kaogu yanjiusuo y otros. «Nanchang shi Xi Han Haihunhou mu» (La tumba del marqués de Haihun, de los Han occidentales, en Nanchang). Kaogu, 2016, nº 7, pp. 45–62.
  15. Hebei sheng wenwu yanjiusuo Dingzhou Han mu zhujian zhengli xiaozu (ed.). Dingzhou Han mu zhujian Lunyu. Wenwu chubanshe, Pekín, 1997.
  16. Kim, Kyung-ho. «A Study of Excavated Bamboo and Wooden-strip Analects: The Spread of Confucianism and Chinese Script». Sungkyun Journal of East Asian Studies, vol. 11, nº 1 (2011), pp. 59–88.
  17. Chinese Text Project. «The Analects» (論語), texto chino con traducción de James Legge en paralelo.
  18. Suárez Girard, Anne-Hélène (trad.). Confucio. Lun Yu. Reflexiones y enseñanzas. Editorial Kairós, Barcelona, 1997. ISBN 9788472453661.
  19. Pérez Arroyo, Joaquín (trad.). Confucio y Mencio. Los cuatro libros. Ediciones Paidós (Paidós Orientalia), Barcelona, 2002. ISBN 9788449312076.
  20. Brooks, E. Bruce y Brooks, A. Taeko. The Original Analects: Sayings of Confucius and His Successors. Columbia University Press, Nueva York, 1998. ISBN 9780231104302 (tela); 9780231104319 (rústica).
  21. Ma Chengyuan (ed.). Shanghai bowuguan cang Zhanguo Chu zhushu (上海博物館藏戰國楚竹書), vol. 1. Shanghai guji chubanshe, Shanghái, diciembre de 2001. Incluye la primera edición del manuscrito «Kongzi shilun» (孔子詩論).
Titular de derechos
Obra en dominio público; cada traducción pertenece a su traductor o editorial

Pendiente de confirmar

Lo que esta ficha aún no ha podido cerrar. Preferimos decirlo a rellenarlo.

  • No se ha localizado ninguna edición de las Analectas de Joaquín Pérez Arroyo en Alianza ni en Kairós (el encargo las mencionaba): su traducción es Los cuatro libros (Alfaguara 1981; Paidós 2002); la de Kairós es de Anne-Hélène Suárez Girard; la de Alianza (2021) es una selección de García-Noblejas y Torres Marín. Confirmar en la BNE si existió una edición suelta.
  • ISBN pendientes de ver en catálogo: Waley (reediciones Vintage/Routledge), Durrant–Li–Schaberg (Zuozhuan, 2016), Gardner (Four Books, Hackett 2007), Kramers (Kongzi jiayu, 1950). Se han dejado en null.
  • La traducción de la edición de Herder (2020, ISBN 9788425443886) no figura en el catálogo consultado; identificar traductor.
  • No se han encontrado en Open Library ediciones en ruso, hindi ni árabe con ISBN fiable.
  • Custodio concreto de las tablillas de Pyongyang (tumba 364 de Jeongbaek-dong): no confirmado; se conocen solo por fotografías publicadas en Corea del Sur.
  • La fecha de las pinturas 孔子燕居像 y 孔子爲魯司寇像 (Museo de Confucio de Qufu) no consta en las fichas de Commons; datarlas con el catálogo del museo.
  • Programas de afiliación: no se ha verificado ninguno; lista vacía.
  • Fecha de nacimiento: 551 a. C. (Zuozhuan/Shiji) frente a 552 (Gongyang); se adopta 551 con precisión «year». El día tradicional (28 de septiembre) no se registra por ser convención tardía.
  • Sala de lectura: no se ha localizado en Gutenberg, Wikisource ni Internet Archive una traducción española de las Analectas en dominio público con texto completo.
  • Sala de lectura: las traducciones de Legge del Shujing, del Liji y de los apéndices del Yijing (Sacred Books of the East, vols. III, XVI, XXVII–XXVIII) están en Wikisource en subpáginas anidadas (Parte/Libro/Sección) que el ingestor ordena mal; no se registran hasta poder ordenarlas. Tampoco hay en línea una edición separada de dominio público del Daxue en inglés (la de Legge va dentro del vol. 1 de The Chinese Classics) ni del Chunqiu sin el Zuozhuan.
  • Sala de lectura: el Xiaojing de Legge en Wikisource intercala las tres secciones de su introducción entre los capítulos al ordenarlos por número; revisar el orden tras la ingesta. La versión de Ivan Chên (Gutenberg #75878, 1908) no se registra por no haberse podido acreditar la fecha de muerte del traductor.
  • Obras: ISBN de la edición de Shanghai guji (2001) del Kongzi shilun no verificado. El Zhongyong no se registra como obra de Confucio: la tradición lo atribuye a su nieto Zisi.

Investigado el 2026-10-22