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Islam · Sufismo

Ibn Arabi

محيي الدين ابن عربي · أبو عبد الله محمد بن علي بن محمد ابن العربي الحاتمي الطائي · الشيخ الأكبر

1165 – 1240Persona históricamente documentada

Místico, poeta y pensador andalusí (Murcia, 1165 – Damasco, 1240), llamado «el Maestro Máximo». Formado en la Sevilla almohade, dejó al-Ándalus en 1201 y recorrió el Oriente islámico hasta establecerse en Damasco. Sus obras mayores, al-Futuhat al-Makkiyya, enciclopedia visionaria de miles de páginas, y los Fusus al-hikam, sobre la sabiduría de cada profeta, fundaron la escuela más influyente del sufismo especulativo; el Tarjuman al-ashwaq reúne su poesía amorosa. Su pensamiento se resumió después, no siempre con exactitud, como «unicidad del ser».

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Ibn Arabi a caballo con dos discípulos (miniatura safaví)

Ibn Arabi a caballo con dos discípulos (miniatura safaví) · Public domain

En sus palabras

«Mi corazón se ha vuelto capaz de toda forma: es pasto para gacelas y convento para monjes cristianos, templo para ídolos y Kaaba del peregrino, tablas de la Torá y libro del Corán. Sigo la religión del amor: adondequiera que se dirijan sus camellos, el amor es mi religión y mi fe.»

Tarjuman al-ashwaq, oda XI, vv. 13–15 (trad. Nicholson, 1911, pp. 66–67). En el comentario, el autor precisa que esa religión del amor es prerrogativa de los musulmanes, por ser Muhammad el amado de Dios.

Su idea central

Unicidad del ser (wahdat al-wuyud): La fórmula *wahdat al-wuyud* no aparece como tal en Ibn Arabi; la acuñaron sus intérpretes y, sobre todo, sus críticos, entre ellos Ibn Taymiyya, para designar su doctrina.

Biografía

5 min de lectura

Un murciano en la Sevilla almohade

Abu Abd Allah Muhammad ibn Ali ibn Muhammad ibn al-Arabi al-Hatimi al-Tai nació en Murcia el 17 de ramadán del año 560 de la hégira, es decir, el 28 de julio de 1165. Su familia, de linaje árabe que se remontaba a la tribu de Tayy y al legendario generoso Hatim al-Tai, servía al rey Ibn Mardanish, el «Rey Lobo» que resistía a los almohades en el Levante andalusí. Cuando Murcia cayó en 1172, el padre pasó al servicio de los vencedores y la familia se instaló en Sevilla. Allí creció el muchacho, educado como hijo de funcionario: Corán, hadiz, gramática, poesía y, según él mismo recordará, una juventud mundana, de caza y compañía, a la que alude sin detalle.

Hacia 1184, con unos veinte años, entró en la vía espiritual. En la Futuhat atribuye su conversión a una visión en la que se le aparecieron Jesús, Moisés y Muhammad, y llama a Jesús su primer maestro. En esos años conoció a los sufíes de al-Ándalus cuyos retratos dejaría en dos libros escritos en La Meca, el Ruh al-quds y al-Durra al-fajira: ascetas, panaderos, zapateros y una anciana de Sevilla, Fátima bint al-Muthanna, que tocaba el pandero de alegría porque Dios le había dado aquel discípulo como hijo. Es también de esta época el encuentro, narrado por él mismo, con Averroes en Córdoba: el gran filósofo quiso conocer al adolescente del que se decía que había alcanzado por iluminación lo que otros buscan por razonamiento, y la conversación, hecha de un «sí» y un «no», lo dejó pálido y pensativo.

Los años de viaje por el Magreb

Entre 1193 y 1200 alternó estancias en al-Ándalus con viajes al Magreb: Túnez, Fez, Marrakech. En Almería, en 1199, escribió en once días las Mawaqi al-nuyum, un tratado sobre las etapas del camino interior. Asistió en Córdoba al regreso del cadáver de Averroes, muerto en Marrakech en 1198, y anotó una imagen que se ha hecho célebre: el ataúd cargado en un costado de la mula y, en el otro, los libros del filósofo para equilibrar el peso. En 1200, una visión en Marrakech le ordenó partir hacia Oriente. En 1201 partió hacia Túnez y ya no volvería a la península.

La Meca y el comienzo de una obra inmensa

Llegó a La Meca en 1202, tras pasar por Túnez, El Cairo, Hebrón y Jerusalén. Allí comenzó al-Futuhat al-Makkiyya, las «Revelaciones de La Meca», que según su propio relato le fueron inspiradas por un misterioso joven encontrado junto a la Kaaba. Allí también conoció al sabio persa Zahir ibn Rustam y a su hija Nizam, «el ojo del sol y del esplendor», joven de gran belleza, saber y piedad, a la que celebraría en las odas del Tarjuman al-ashwaq, «El intérprete de los deseos». Cuando años después un alfaquí de Alepo insinuó que aquellos poemas amorosos eran simple galantería, Ibn Arabi escribió un comentario verso a verso para mostrar que cada gacela, cada ruina del desierto y cada camello en marcha hablaban de realidades divinas.

Un viajero por el Oriente selyúcida y ayubí

Desde 1204 su vida fue un recorrido continuo: Mosul, donde recibió el manto iniciático de manos de un discípulo de al-Jidr; Konya, Malatya y Sivas, en la corte selyúcida, donde trabó amistad con Mayd al-Din Ishaq, cuyo hijo Sadr al-Din al-Qunawi sería su gran discípulo e intérprete; El Cairo, donde los alfaquíes lo acusaron de herejía; Bagdad, Alepo, La Meca otra vez. La tradición afirma que casó con la viuda de Mayd al-Din y crio a Sadr al-Din como hijo; de sus esposas e hijos se sabe poco más, salvo el nombre de su hijo Sad al-Din, poeta nacido en Malatya. Escribía sin descanso: su propio inventario de 1234 enumera unas doscientas noventa obras, y el catálogo moderno de Osman Yahia recoge 846 títulos atribuidos, muchos de ellos apócrifos o duplicados.

Damasco: los Engarces y el final

Hacia 1223 se estableció en Damasco, bajo la protección de una familia de cadíes, los Banu Zaki, y del entorno ayubí. Allí, en las últimas diez noches de muharram del año 627 (diciembre de 1229), vio en sueños al Profeta, que le tendía un libro y le ordenaba entregarlo a la gente: así presenta él mismo el origen de los Fusus al-hikam, los «Engarces de las sabidurías», veintisiete capítulos sobre la sabiduría propia de cada profeta, de Adán a Muhammad, que se convertirían en el texto más comentado y más discutido del sufismo. En 1231 terminó la primera redacción de la Futuhat, y en 1238 la segunda, cuyo autógrafo en treinta y siete volúmenes se conserva en Estambul. Murió en Damasco en rabi al-thani del año 638 de la hégira (noviembre de 1240), rodeado de discípulos, y fue enterrado en el barrio de Salihiyya, al pie del monte Qasiyun. No se conservan palabras finales.

Una obra que no cesa de ser discutida

Lo llamaron al-Shayj al-Akbar, el «Maestro Máximo», y Muhyi al-Din, «el que vivifica la religión». Sus discípulos, empezando por al-Qunawi, sistematizaron su pensamiento en el lenguaje de la filosofía, y la etiqueta de wahdat al-wuyud, «unicidad del ser», que él nunca usó como tal, acabó resumiéndolo para amigos y enemigos. Ibn Taymiyya lo combatió con dureza; los otomanos lo veneraron, y el sultán Selim I levantó en 1517 la mezquita y el mausoleo que aún cubren su tumba. Su influencia recorre la mística persa, turca e india durante siete siglos. En Europa lo descubrió Miguel Asín Palacios, que en El islam cristianizado (1931) lo leyó junto a la mística cristiana; Henry Corbin hizo de él el filósofo de la imaginación creadora, y Michel Chodkiewicz, Claude Addas y William Chittick lo restituyeron a su contexto islámico y coránico. Murcia lo recuerda hoy como su hijo más universal.

Lo documentado y lo transmitido

A diferencia de muchos místicos, Ibn Arabi habló mucho de sí mismo: casi todo lo que se sabe de su vida procede de sus propios libros, sobre todo de la Futuhat, del Ruh al-quds y de los prefacios de sus obras. Esa riqueza tiene un precio: los episodios están contados desde su experiencia visionaria y no siempre pueden contrastarse. Las biografías árabes posteriores, como la de al-Maqqari en el siglo XVII, añaden prodigios y profecías póstumas que pertenecen ya a la leyenda.

Fuentes: Ibn al-Arabi. The Tarjumán al-Ashwáq: A Collection of Mystical Odes. Ed. y trad. de Reynold A. Nicholson. Oriental Translation Fund, New Series XX. Londres: Royal Asiatic Society, 1911. · Addas, Claude. Ibn ʿArabī ou la quête du Soufre Rouge. París: Gallimard, 1989. Trad. inglesa: Quest for the Red Sulphur: The Life of Ibn ʿArabī. Cambridge: Islamic Texts Society, 1993. · Chittick, William C. The Sufi Path of Knowledge: Ibn al-ʿArabi's Metaphysics of Imagination. Albany: State University of New York Press, 1989. · Corbin, Henry. L'imagination créatrice dans le soufisme d'Ibn ʿArabî. París: Flammarion, 1958 (trad. inglesa: Creative Imagination in the Sufism of Ibn ʿArabī, Princeton University Press, 1969); incluye la traducción del relato del encuentro con Averroes (Futuhat, ed. Bulaq, I, 153–154). · Nicholson, Reynold A. «Introduction» y prefacios traducidos, en The Tarjumán al-Ashwáq (1911), pp. 1–14.

Cronología

La vida, año a año

Cada punto es un acontecimiento documentado. Pulsa para leerlo, con su fuente y su grado de certeza.

  1. 28 de julio de 1165 · 0 años

    Nacimiento

    Nace el 17 de ramadán de 560 en la Murcia de Ibn Mardanish, en una familia de funcionarios de linaje árabe.

    Documentado

  2. 1172 · 7 años

    Traslado a Sevilla

    Tras la conquista almohade de Murcia, la familia se instala en Sevilla, donde el padre sirve a los nuevos gobernantes.

    Documentado

  3. c. 1180 · 15 años

    Encuentro con Averroes

    Siendo aún adolescente, conversa con Ibn Rushd en Córdoba; lo relata él mismo en la *Futuhat*.

    Documentado

  4. c. 1184 · 19 años

    Entrada en la vía sufí

    Hacia el año 580 de la hégira abandona la vida mundana; atribuye su conversión a una visión de Jesús, Moisés y Muhammad.

    Documentado

  5. c. 1193 · 28 años

    Viajes por el Magreb

    Primeras estancias en Túnez y Fez; frecuenta a los discípulos de Abu Madyan.

    Documentado

  6. 1199 · 34 años

    Mawaqi al-nuyum

    En Almería compone en once días *Mawaqi al-nuyum*, tratado sobre las etapas del camino espiritual.

    Documentado

  7. 1201 · 36 años

    Abandono definitivo de al-Ándalus

    Tras una visión en Marrakech (1200) que le ordena partir hacia Oriente, deja la península para siempre.

    Documentado

  8. 1202 · 37 años

    Llegada a La Meca; comienza la Futuhat

    Llega en 598 de la hégira; conoce a Zahir ibn Rustam y a su hija Nizam e inicia *al-Futuhat al-Makkiyya*.

    Documentado

  9. 1203 · 38 años

    Ruh al-quds

    Escribe el *Ruh al-quds*, epístola con los retratos de sus maestros andalusíes.

    Documentado

  10. c. 1204 · 39 años

    Viajes por Iraq y Anatolia

    Recibe en Mosul el manto de al-Jidr; en Anatolia traba amistad con Mayd al-Din Ishaq, padre de Sadr al-Din al-Qunawi.

    Probable

  11. enero de 1215 · 49 años

    Tarjuman al-ashwaq y su comentario

    Termina las odas del *Tarjuman* en ramadán de 611 (enero de 1215) y, ante las críticas de un alfaquí de Alepo, escribe su comentario (*Dhajair al-alaq*).

    Documentado

  12. c. 1223 · 58 años

    Asentamiento en Damasco

    Se establece en Damasco bajo la protección de los cadíes Banu Zaki.

    Probable

  13. diciembre de 1229 · 64 años

    La visión de los Fusus al-hikam

    En las últimas diez noches de muharram de 627 sueña que el Profeta le entrega los *Fusus al-hikam*.

    Documentado

  14. 1234 · 69 años

    Licencia al sultán al-Muzaffar

    Otorga una *iyaza* al príncipe ayubí al-Malik al-Muzaffar con la lista de unas 290 obras suyas.

    Documentado

  15. 1238 · 73 años

    Segunda redacción de la Futuhat

    Concluye la segunda versión de *al-Futuhat al-Makkiyya*, cuyo autógrafo en 37 volúmenes se conserva.

    Documentado

  16. 16 de noviembre de 1240 · 75 años

    Muerte

    Muere el 22 de rabi al-thani de 638 y es enterrado en Salihiyya, al pie del Qasiyun.

    Documentado

  17. 1517

    Mausoleo otomano

    Tras conquistar Damasco, Selim I construye la mezquita y el mausoleo sobre su tumba.

    Documentado

  18. 1931

    El islam cristianizado

    Miguel Asín Palacios publica su estudio sobre Ibn Arabi, punto de partida de los estudios akbaríes en Occidente.

    Documentado

Obras

Obras esenciales

Las obras sin las que no se entiende su legado.

Las iluminaciones de La Meca (al-Futuhat al-Makkiyya) — Ibn Arabi

Obra escrita · 1238

Las iluminaciones de La Meca (al-Futuhat al-Makkiyya)

الفتوحات المكية (al-Futuhat al-Makkiyya)

Obra monumental en 560 capítulos repartidos en seis secciones, que reúne todo el saber de Ibn Arabi: la metafísica de los nombres divinos, la cosmología, la interpretación esotérica del culto (purificación, oración, ayuno, peregrinación), las estaciones y moradas del camino espiritual, la jerarquía de los santos y la escatología, junto con numerosos episodios autobiográficos y visiones. El autor afirma que no la compuso por reflexión sino por «aperturas» o iluminaciones recibidas. Es la fuente principal de su biografía y la obra de referencia de toda la escuela akbarí; solo una parte se ha traducido a lenguas europeas.

7 ediciones · amazon.es

Los engarces de las sabidurías (Fusus al-hikam) — Ibn Arabi

Obra escrita · c. 1229

Los engarces de las sabidurías (Fusus al-hikam)

فصوص الحكم (Fusus al-hikam)

Veintisiete capítulos, cada uno dedicado a la «sabiduría» de un profeta —de Adán a Muhammad, pasando por Noé, Abraham, Moisés, Jesús o Salomón—, entendido como un engaste en el que se fija una piedra preciosa: un aspecto del conocimiento divino. Es su obra más densa y la que concentra sus tesis más audaces sobre la relación entre Dios y el mundo, la imaginación, las creencias y el ser humano perfecto. Fue comentada más de cien veces (al-Qunawi, al-Jandi, al-Qashani, al-Qaysari, Yami) y atacada con igual intensidad, entre otros por Ibn Taymiyya.

9 ediciones · amazon.es

El intérprete de los deseos (Tarjuman al-ashwaq) — Ibn Arabi

Obra escrita · 1215

El intérprete de los deseos (Tarjuman al-ashwaq)

ترجمان الأشواق (Tarjuman al-ashwaq)

Colección de poesía amorosa en la tradición de la casida árabe: campamentos abandonados, camellos que parten, gacelas y jardines, y una amada inspirada en Nizam, la hija del sabio persa con el que estudió en La Meca. Su célebre oda XI proclama un corazón «capaz de toda forma» y una «religión del amor». El comentario del propio autor lee cada imagen como símbolo de realidades divinas y es una de las claves de la hermenéutica sufí del lenguaje erótico.

5 ediciones · amazon.com

Frases

Frases localizadas en una obra concreta. Cada una lleva su procedencia y su nivel de confianza.

Mi corazón se ha vuelto capaz de toda forma: es pasto para gacelas y convento para monjes cristianos, templo para ídolos y Kaaba del peregrino, tablas de la Torá y libro del Corán. Sigo la religión del amor: adondequiera que se dirijan sus camellos, el amor es mi religión y mi fe.

لقد صار قلبي قابلاً كل صورةٍ / فمرعى لغزلانٍ وديرٌ لرهبانِ // وبيتٌ لأوثانٍ وكعبةُ طائفٍ / وألواحُ توراةٍ ومصحفُ قرآنِ // أدينُ بدينِ الحبِّ أنّى توجّهتْ / ركائبُه فالحبُّ ديني وإيماني

VerificadaTarjuman al-ashwaq, oda XI, vv. 13–15 (trad. Nicholson, 1911, pp. 66–67). En el comentario, el autor precisa que esa religión del amor es prerrogativa de los musulmanes, por ser Muhammad el amado de Dios.

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Citas apócrifas o de atribución discutida (2)
  • ««Cuando la sin entre en la shin, aparecerá la tumba de Muhyi al-Din.»»

    Profecía cifrada que la tradición otomana atribuye a Ibn Arabi, leída como anuncio de que Selim (con *sin*) entraría en Damasco (*Sham*, con *shin*) y restauraría su tumba, como hizo en 1517. Procede de *al-Shayara al-numaniyya*, obra apocalíptica que se le atribuye sin fundamento; no figura en ninguno de sus escritos auténticos.

  • ««Quien se conoce a sí mismo conoce a su Señor», presentado como enseñanza central del *Tratado de la unidad* de Ibn Arabi.»

    El dicho es un hadiz de circulación sufí anterior, que Ibn Arabi comenta en otras obras; pero el *Tratado de la unidad* (*Risalat al-ahadiyya*), donde se desarrolla en términos radicales, es obra de Awhad al-Din Balyani según demostró Michel Chodkiewicz.

Últimas palabras

No existen registros verificables de sus últimas palabras.

No se conserva ninguna frase final atribuida con fiabilidad. Las fuentes biográficas fijan la fecha (22 de rabi al-thani de 638) y el lugar de su muerte, en casa del cadí Muhyi al-Din ibn al-Zaki en Damasco, y su entierro en Salihiyya, pero no transmiten palabras finales.

Fuente: Addas, Claude. Ibn ʿArabī ou la quête du Soufre Rouge. París: Gallimard, 1989. Trad. inglesa: Quest for the Red Sulphur: The Life of Ibn ʿArabī. Cambridge: Islamic Texts Society, 1993.

Preguntar

Lo que su obra responde

Doce grandes preguntas de la humanidad y lo que sus textos permiten responder, con referencias. Nunca ponemos palabras en su boca.

  • ¿Qué es lo Absoluto? ¿Existe Dios?

    La Esencia es incognoscible; Dios se da a conocer por sus Nombres

    Personal e impersonal a la vezLo dice expresamente

    Ibn Arabi distingue con rigor entre la Esencia divina (al-dhat) y la Divinidad que se relaciona con el mundo. De la Esencia nada puede decirse ni conocerse: está libre de toda relación y de todo atributo. Pero esa misma Realidad se manifiesta como Señor a través de sus Nombres —el Misericordioso, el Sabio, el Vivo—, que necesitan de los seres para hacerse visibles; en el capítulo sobre Adán de los Fusus al-hikam, el ser humano es el espejo en que Dios contempla sus Nombres. Este Dios ama, quiere ser conocido y se dirige a cada uno según su capacidad, hasta el punto de que cada creyente adora al Dios que su creencia ha configurado. Lo Absoluto es a la vez fondo inaccesible y rostro que se vuelve hacia la criatura; confundir ambos planos o separar del todo uno del otro es, para él, un error.

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  • ¿Quién soy yo? ¿Existe un yo verdadero?

    Quien se conoce a sí mismo conoce a su Señor: Él y no Él

    El Ser es lo AbsolutoLo dice expresamente

    Ibn Arabi hace del dicho tradicional «quien se conoce a sí mismo conoce a su Señor» un eje de su obra. Para él, el ser humano no tiene existencia propia: lo que existe en él es la existencia de Dios, que se manifiesta según la predisposición de cada criatura, su entidad inmutable (ayn thabita) presente eternamente en el conocimiento divino. En los Fusus al-hikam, el capítulo sobre Adán presenta al ser humano completo (al-insan al-kamil) como el espejo en que la Realidad contempla todos sus Nombres. Conocerse es descubrir que el yo, en sí mismo, no es nada, y que su realidad es la del Real. Sin embargo, Ibn Arabi rechaza la fusión (ittihad) y la encarnación (hulul): el siervo sigue siendo siervo. Su fórmula es paradójica: la criatura es Él y no es Él.

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  • ¿Por qué sufrimos?

    Sufrimos tras el velo; la misericordia divina precede a la ira

    La separación de DiosSe deduce de su doctrina

    Ibn Arabi no trata el sufrimiento como tema aislado, pero su obra permite reconstruir una respuesta. El ser humano padece porque está velado: percibe la multiplicidad de las cosas y no la Realidad única que se manifiesta en ellas, y se cree separado de Dios cuando su existencia misma es la del Real. Al mismo tiempo, Ibn Arabi concede un lugar central al dicho divino según el cual la misericordia de Dios precede a su ira, y a la aleya coránica que afirma que su misericordia abarca todas las cosas. De ahí su tesis, polémica entre los teólogos, de que incluso el castigo del infierno acabará volviéndose dulce para quienes lo habitan, jugando con la cercanía en árabe entre castigo (adhab) y dulzura (adhb). El dolor es real, pero provisional; lo último es misericordia.

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  • ¿Qué ocurre después de la muerte?

    Del barzaj a la resurrección: y la misericordia acaba por alcanzar a todos

    Vida eterna y resurrecciónLo dice expresamente

    Ibn Arabi acepta íntegramente la escatología coránica —muerte, estado intermedio, resurrección corporal, juicio, paraíso e infierno— y la interpreta con su metafísica de la imaginación. Tras la muerte, el alma entra en el barzaj, un mundo intermedio de imágenes donde los actos y creencias toman forma; en la resurrección recibe un cuerpo nuevo adaptado a la otra vida. Su rasgo más audaz es la primacía de la misericordia: apoyándose en el versículo según el cual la misericordia de Dios lo abarca todo, sostiene en las Futuhat y en los Fusus que el castigo del fuego no es eterno en su dolor. Los condenados permanecerán en su morada, pero el tormento (ʿadhāb) acabará volviéndose dulce (ʿadhb) para ellos. La muerte no destruye la relación del ser con Dios; la revela, porque toda criatura es desde siempre una manifestación de sus nombres.

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  • ¿Cómo se alcanza la liberación o la salvación?

    Conocerse es conocer al Señor: conocimiento por desvelamiento, no por razonamiento

    Por el conocimiento directoLo dice expresamente

    Ibn Arabi organiza el camino en torno al dicho, transmitido en los círculos sufíes, de que quien se conoce a sí mismo conoce a su Señor. La meta es la realización (tahqiq): comprender por experiencia que todo ser es manifestación de los Nombres divinos y que el ser humano completo refleja la totalidad de esos Nombres. Ese conocimiento no procede del razonamiento filosófico, al que concede un alcance limitado, sino del desvelamiento (kashf), que Dios otorga a quien se dispone mediante la observancia de la ley, la invocación, el retiro y la purificación. Junto a esto, Ibn Arabi sostiene que la misericordia divina lo abarca todo, lo que le lleva a matizar la eternidad de los castigos en el más allá.

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  • ¿Hace falta un maestro?

    El camino ordinario pasa por los maestros, pero Dios puede enseñar directamente

    Útil, pero no imprescindibleSe deduce de su doctrina

    Ibn Arabi tuvo numerosos maestros en al-Ándalus y el Magreb, a los que dedicó semblanzas en El espíritu de santidad, y en Las revelaciones de La Meca trata con detalle las normas de cortesía (adab) que rigen la relación entre discípulo y maestro. Para la mayoría, el camino pasa por un shaij que conoce los estados y peligros de la vía. Sin embargo, Ibn Arabi admite y reivindica otro modo de transmisión: el de quien es instruido directamente por Dios o por figuras espirituales como Jidr, de quien afirmaba haber recibido la investidura. El maestro humano es, pues, el cauce habitual y valioso, pero no exclusivo, porque el verdadero maestro de todo conocimiento es Dios.

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  • ¿Es real el mundo?

    El cosmos es el espejo en que Dios contempla sus Nombres

    Manifestación de lo divinoLo dice expresamente

    Ibn Arabi concibe el mundo como autorrevelación de Dios (tajalli). El primer capítulo de Las gemas de la sabiduría, dedicado a Adán, explica que Dios quiso ver sus Nombres en un ser que los reflejara a todos: creó el cosmos como un espejo aún sin pulir, y el ser humano fue el pulimento de ese espejo. Todo lo que existe es así lugar de manifestación de algún Nombre divino. El mundo no es Dios en su esencia, que permanece incognoscible, ni una realidad independiente: es «Él y no Él», y se renueva a cada instante. Por eso Ibn Arabi atribuye al mundo un estatuto intermedio, comparable a la imaginación, real en cuanto reflejo, sin consistencia propia.

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  • ¿Qué es el amor?

    Dios amó ser conocido: el amor es el origen del mundo y su retorno

    Anhelo y uniónLo dice expresamente

    Ibn Arabi hace del amor el principio mismo de la creación. Apoyándose en un dicho atribuido a Dios por la tradición sufí —era un tesoro oculto y amé ser conocido—, explica que el mundo nace del amor divino por manifestarse, y que todo amor creado es, en el fondo, amor de Dios por sí mismo a través de las criaturas. Nadie ama a otro que a Dios, aunque crea amar a una persona concreta, porque toda belleza es manifestación suya. En el capítulo sobre el amor de las Futuhat distingue el amor divino, el espiritual y el natural, y describe sus estados. En el Tarjumán al-ashwaq, colección de poemas de amor inspirados por la joven Nizam, declara que su corazón se ha vuelto capaz de toda forma y que profesa la religión del amor, adondequiera que se dirijan sus caravanas.

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  • ¿Somos libres o está todo determinado?

    Dios solo da lo que cada esencia pide: el secreto del destino

    No hay un hacedorLo dice expresamente

    Ibn Arabi aborda la cuestión en el capítulo de los *Fusus al-hikam* dedicado al profeta Uzayr, bajo el nombre de «secreto del destino» (*sirr al-qadar*). Su tesis es que el decreto divino sigue al conocimiento de Dios, y que ese conocimiento sigue a lo conocido: a las esencias inmutables (*aʿyān thābita*) de cada cosa, que piden por su propia disposición lo que acabarán recibiendo. Nadie es forzado sino por lo que él mismo es en el conocimiento de Dios. Al mismo tiempo, el único agente real es Dios, que actúa a través de las formas de las criaturas. La consecuencia no es el fatalismo moral, puesto que la ley revelada sigue obligando, sino que el yo que cree decidir por sí solo es una perspectiva parcial sobre una única actividad divina.

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  • ¿Para qué meditar u orar?

    La oración es conversación íntima entre Dios y su siervo

    Trato de amistad con DiosLo dice expresamente

    En el último capítulo de los *Fusus al-hikam*, dedicado al profeta Muhammad, Ibn Arabi interpreta la oración ritual (*ṣalāt*) como *munājāt*, conversación íntima: apoyándose en el hadiz según el cual Dios ha dividido la oración entre Él y su siervo, sostiene que en ella Dios habla y escucha a la vez, y que el orante ve a Aquel con quien conversa. Por eso la llama, siguiendo otro hadiz, la frescura de los ojos del Profeta. Junto a la oración prescrita, valoraba el recuerdo de Dios (*dhikr*) y el retiro (*khalwa*), que describe en la *Epístola de las luces*. El fin no es salir de la relación, sino adorar a Dios como si se le viera, lo que la tradición llama *iḥsān*, hasta reconocerle en todas las formas.

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  • ¿Puede la razón conocer lo último?

    La razón ata; el desvelamiento divino da el conocimiento de los secretos

    Lo último está más allá de la menteLo dice expresamente

    En la introducción de *Las iluminaciones de La Meca* (*al-Futuhat al-makkiyya*), Ibn Arabi distingue tres clases de conocimiento: el del intelecto, que se obtiene por demostración; el de los estados, que solo se alcanza por gusto o experiencia; y el de los secretos, que está por encima del intelecto y lo otorga Dios a profetas y santos. Juega con la etimología de *ʿaql* (intelecto), emparentada con la traba que se pone al camello: la razón ata y delimita, y por eso no puede abarcar a un Dios que es a la vez trascendente y presente en todas las formas. En su carta al teólogo Fakhr al-Din al-Razi le aconseja dejar la especulación y buscar el conocimiento que viene de Dios mediante el retiro y el recuerdo.

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  • ¿Retirarse del mundo o transformarlo?

    El más alto no se distingue por fuera: vuelve a vivir entre las criaturas

    Contemplación en la acciónSe deduce de su doctrina

    Ibn Arabi practicó retiros (jalwa) y describe en las Futuhat las iluminaciones recibidas en ellos, pero no hace del retiro la meta. En su jerarquía espiritual ocupan el rango más alto los malamiyya, la «gente del reproche», que tras alcanzar la realización vuelven a la vida corriente, sin hábito distintivo ni prodigios visibles, y se confunden con la gente común mientras su interior permanece con Dios. El viaje espiritual, para él, tiene un retorno: el que ha ascendido a Dios desciende de nuevo hacia las criaturas para servirlas y guiarlas. Su propia vida fue de viajero entre al-Ándalus, el Magreb, La Meca, Anatolia y Damasco, en contacto con maestros, discípulos y gobernantes, a los que en ocasiones escribió dándoles consejos sobre cómo gobernar. La contemplación y la presencia en el mundo no se oponen: el mundo es manifestación de Dios.

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Afinidades y tensiones

Afinidades y tensiones

Calculadas pregunta a pregunta a partir de sus posturas. El porqué de cada coincidencia o choque, al pulsar.

Coinciden en

Ibn Arabi · Adi Shankara

Dos metafísicas de la unidad, en Murcia y en Kerala

Separados por la lengua, la religión y cuatro siglos, construyen metafísicas sorprendentemente paralelas. Los dos distinguen un fondo inaccesible y un rostro que se relaciona: el Brahman sin atributos e Ishvara en Shankara (comentario a los Brahma sutras, I.1.2); la Esencia de la que nada puede decirse y el Señor que se manifiesta por sus Nombres en Ibn Arabi (Fusus al-hikam, capítulo de Adán). Los dos niegan al yo una existencia propia: el individuo es el Brahman aparentemente limitado, dice Shankara; lo que existe en el ser humano es la existencia del Real, dice Ibn Arabi. Y los dos dan al mundo un estatuto intermedio: ni real ni irreal en Shankara, Él y no Él en Ibn Arabi. Conocerse es, en ambos, conocer lo Absoluto.

Por qué: La afinidad nace de una misma pregunta llevada al límite: cómo puede haber multiplicidad si lo Absoluto es uno. Ambos responden con una doctrina de niveles, verdad empírica y última en uno, Esencia y Nombres en el otro, que les permite conservar el culto y la ley sin renunciar a la unidad. No hay relación histórica entre ellos, y las diferencias son serias: para Ibn Arabi el mundo es autorrevelación querida por un Dios que ama ser conocido, y el siervo sigue siendo siervo; para Shankara el mundo es superposición debida a la ignorancia, y el liberado no conserva distinción alguna. Uno piensa una teofanía; el otro, un error que se disipa. Coinciden en la estructura, no en el sentimiento.

Chocan enContradicción aparente

Ibn Arabi · Teresa de Ávila

Criatura siempre o Él y no Él: dos lenguajes para una unión sin confusión

Teresa de Ávila insiste en que, aun en el matrimonio espiritual de las séptimas moradas, el alma no deja de ser criatura ni se confunde con Dios (Castillo interior, Moradas séptimas, cap. 2). Ibn Arabi parece decir lo contrario: el ser humano no tiene existencia propia, lo que existe en él es la existencia del Real, y quien se conoce a sí mismo conoce a su Señor (Fusus al-hikam, capítulo de Adán). Sin embargo, la distancia se acorta al leerlos de cerca. Teresa describe esa unión con la imagen del agua del cielo que cae en un río y ya no puede separarse de él; Ibn Arabi rechaza expresamente la fusión y la encarnación y sostiene que el siervo sigue siendo siervo. Los dos mantienen a la vez unión real y distinción irreductible: ella con imágenes, él con la paradoja del Él y no Él.

Por qué: La tensión es aparente porque emplean categorías distintas para una experiencia semejante. Teresa escribe bajo la vigilancia de la Inquisición y de sus confesores letrados, dentro de una teología que distingue creador y criatura en el plano del ser, y por eso subraya la distinción cada vez que describe la unión. Ibn Arabi trabaja con una metafísica de la existencia única y del espejo, en la que decir que la criatura no tiene ser propio no significa que sea Dios en su Esencia, que permanece incognoscible. Ella habla de lo que el alma vive; él, de lo que el ser es. Coinciden en lo práctico: conocerse y conocer a Dios van juntos, y la meta es una intimidad sin confusión.

Coinciden en

Ibn Arabi · Rumi

El amor como origen y retorno del mundo: dos cumbres del sufismo en el mismo siglo

Para los dos el amor no es una emoción entre otras, sino el principio que explica el mundo y el camino que lo devuelve a Dios. Ibn Arabi, apoyándose en el dicho del tesoro oculto que amó ser conocido, sostiene en el capítulo 178 de las Iluminaciones de La Meca que la creación nace del amor divino por manifestarse y que, en el fondo, nadie ama a otro que a Dios. Rumi abre el Masnavi con la flauta de caña cuyo lamento es el fuego del amor que busca volver a su origen. Coinciden también en el límite de la razón: Ibn Arabi juega con la etimología de intelecto como traba del camello; Rumi dice que la pierna de los que argumentan es de madera. El amor conoce por unión lo que el razonamiento solo rodea.

Por qué: Comparten época, lengua religiosa y fuentes: el Corán, los dichos atribuidos al Profeta y la tradición sufí que hacía del amor la vía principal. Hubo además un vínculo indirecto: Sadr al-Din al-Qunawi, hijastro y principal discípulo de Ibn Arabi, enseñó en Konya en los mismos años que Rumi, y las hagiografías mevlevíes los presentan en trato cordial; no consta que Rumi leyera a Ibn Arabi ni que se conocieran. La diferencia es de registro. Ibn Arabi elabora una metafísica técnica de los Nombres divinos y de la manifestación; Rumi escribe poesía narrativa y lírica, sin sistema, donde el amor es experiencia de separación y nostalgia antes que doctrina.

Coinciden en

Ibn Arabi · Hildegarda de Bingen

El ser humano como espejo del cosmos y de lo divino

Hildegarda presenta en el Libro de las obras divinas un cosmos en forma de rueda en cuyo centro está el ser humano, microcosmos que reproduce la estructura del macrocosmos, y concibe el mundo como obra real y ordenada, penetrada por la viriditas, la fuerza verde de Dios. Ibn Arabi explica en el primer capítulo de los Fusus al-hikam que Dios quiso ver sus Nombres en un ser que los reflejara a todos: creó el cosmos como un espejo aún sin pulir, y el ser humano completo fue el pulimento de ese espejo. En ambos el mundo no es ilusión ni divinidad, sino lugar de manifestación de Dios, y el ser humano ocupa en él un lugar central porque recoge y refleja la totalidad. Conocer el cosmos y conocerse a uno mismo son, para los dos, caminos hacia el conocimiento de Dios.

Por qué: No hubo contacto entre la abadesa alemana y el místico andalusí, contemporáneos solo por unos años. La afinidad procede de una herencia común: la idea antigua del ser humano como microcosmos, de raíz griega y neoplatónica, que circulaba tanto en la Europa latina como en el mundo islámico, y una lectura de la creación como lenguaje de Dios. Las diferencias son de fondo. Hildegarda mantiene con nitidez la distinción entre Creador y criatura y piensa la armonía perdida por el pecado y restaurada en Cristo; Ibn Arabi dice que el mundo es Él y no Él, con una metafísica de la existencia única. Ella contempla visiones; él construye una teoría de los Nombres.

Anécdotas y relatos

Anécdotas y relatos

Testimonioc. 1180

«Sí» y «no»: el encuentro con Averroes

Ibn Arabi cuenta en la *Futuhat* que, siendo todavía un muchacho imberbe, su padre lo llevó a Córdoba a casa de Ibn Rushd, el cadí y filósofo, que había oído hablar de lo que Dios le había revelado en su retiro y deseaba conocerlo. Al verlo entrar, Averroes se levantó, lo abrazó y le dijo: «Sí». El joven respondió: «Sí». La alegría del filósofo creció al sentirse comprendido, pero entonces el muchacho, dándose cuenta de lo que lo alegraba, le dijo: «No». Averroes palideció, se turbó y le preguntó qué solución había encontrado por la iluminación y la inspiración divina: ¿era la misma que da la razón especulativa? «Sí y no», contestó Ibn Arabi; «entre el sí y el no, los espíritus vuelan de su materia y los cuellos se separan de sus cuerpos». El anciano, dice el relato, dio gracias a Dios por haber vivido para ver a alguien que había entrado en el retiro ignorante y salido con semejante conocimiento.

Origen del relato: Relato autobiográfico en *al-Futuhat al-Makkiyya* (ed. Bulaq, I, 153–154), traducido por Corbin (1958). Es el único testimonio del encuentro; Averroes no lo menciona.

Fuente: Corbin, Henry. L'imagination créatrice dans le soufisme d'Ibn ʿArabî. París: Flammarion, 1958 (trad. inglesa: Creative Imagination in the Sufism of Ibn ʿArabī, Princeton University Press, 1969); incluye la traducción del relato del encuentro con Averroes (Futuhat, ed. Bulaq, I, 153–154).

Testimonio1198–1199

El ataúd y los libros

En el mismo pasaje de la *Futuhat*, Ibn Arabi recuerda que, años después, asistió en Córdoba a la llegada del cuerpo de Averroes, muerto en Marrakech en 1198. El ataúd iba cargado sobre un costado de la mula y, en el otro, para equilibrar el peso, los libros que el filósofo había escrito. Junto a Ibn Arabi estaban Abu al-Husayn ibn Yubayr, secretario del gobernador almohade, y el copista Abu al-Hakam Amr ibn al-Sarray. Este último comentó: «¿No veis lo que va a cada lado del imam? A un lado el maestro, al otro sus obras». Ibn Arabi guardó la frase y compuso dos versos: «De un lado el maestro, del otro sus libros; ¡ojalá supiera si sus esperanzas se cumplieron!». La escena se ha convertido en emblema del final de una época de la filosofía andalusí.

Origen del relato: *Al-Futuhat al-Makkiyya*, I, 154 (ed. Bulaq), a continuación del relato del primer encuentro; traducción en Corbin 1958.

Fuente: Corbin, Henry. L'imagination créatrice dans le soufisme d'Ibn ʿArabî. París: Flammarion, 1958 (trad. inglesa: Creative Imagination in the Sufism of Ibn ʿArabī, Princeton University Press, 1969); incluye la traducción del relato del encuentro con Averroes (Futuhat, ed. Bulaq, I, 153–154).

Testimonioc. 1185–1190

Fátima de Sevilla, la anciana del pandero

Entre los maestros que retrata en el *Ruh al-quds* y en *al-Durra al-fajira*, ninguno ha conmovido tanto a sus lectores como Fátima bint al-Muthanna, una anciana de Sevilla de más de noventa años que vivía de lo poco que le daban y a la que Ibn Arabi, joven discípulo, ayudó a construir una choza de cañas. Cuenta que, pese a su edad, su rostro era tan fresco que él se avergonzaba de mirarla, y que ella le decía que, de todos los que venían a verla, solo él le complacía, porque venía entero. A veces tocaba el pandero y, cuando le preguntaban por qué, respondía que se alegraba por Él, que la había vuelto hacia Sí y la había hecho una de Sus amigas, y que le había dado a aquel joven como hijo espiritual. El relato muestra el lugar de las mujeres en la formación de Ibn Arabi, que se reconoció discípulo de varias.

Origen del relato: *Ruh al-quds* y *al-Durra al-fajira*, trad. Austin, Sufis of Andalusia (1971); Asín Palacios, Vidas de santones andaluces (1933).

Fuente: Ibn al-Arabi. Sufis of Andalusia: The Ruh al-quds and al-Durrat al-fakhirah. Trad. de R. W. J. Austin. Londres: Allen & Unwin, 1971; y Asín Palacios, Miguel. Vidas de santones andaluces. Madrid, 1933 (reed. Hiperión, 1981).

Documentado1202–1215

Nizam y el alfaquí de Alepo

En el prefacio del *Tarjuman al-ashwaq*, Ibn Arabi explica que al llegar a La Meca en 1202 conoció al sabio persa Zahir ibn Rustam, con quien leyó la colección de hadices de al-Tirmidhi, y a su hija Nizam, llamada «ojo del sol y del esplendor», joven de belleza, saber y elocuencia extraordinarios, a la que celebraría en sus odas con el lenguaje de la poesía amorosa. Años más tarde, en Alepo, un amigo le contó que cierto teólogo sostenía que la interpretación mística de aquellos poemas era un pretexto para disimular versos galantes. Ibn Arabi se puso a escribir un comentario verso a verso; parte se leyó en su alojamiento ante el crítico y otros sabios, por boca del cadí Ibn al-Adim, el historiador de Alepo. El teólogo, dice el autor, declaró que nunca más dudaría de la buena fe de los sufíes cuando atribuyen sentido místico a las palabras corrientes.

Origen del relato: Prefacios de la primera y tercera recensión del *Tarjuman*, traducidos por Nicholson (1911, pp. 3–5).

Fuente: Nicholson, Reynold A. «Introduction» y prefacios traducidos, en The Tarjumán al-Ashwáq (1911), pp. 1–14.

Testimonio1202

El joven junto a la Kaaba

El primer capítulo de la *Futuhat* narra el encuentro que, según Ibn Arabi, dio origen a la obra. Mientras daba vueltas a la Kaaba, en La Meca, se le apareció un joven misterioso, «ni vivo ni muerto, simple y compuesto», que le habló en enigmas y le mostró, como si la Kaaba fuera un libro abierto, las realidades que debía escribir. El autor lo identifica como una manifestación del espíritu, y presenta toda la *Futuhat* como desarrollo de lo que entonces contempló. El episodio pertenece al registro visionario y no puede contrastarse, pero es la clave que el propio autor ofrece para leer su obra mayor: no un tratado construido por razonamiento, sino el registro de unas «aperturas».

Origen del relato: *Al-Futuhat al-Makkiyya*, cap. 1 (relato visionario del autor); análisis en Addas 1989 y Corbin 1958.

Fuente: Addas, Claude. Ibn ʿArabī ou la quête du Soufre Rouge. París: Gallimard, 1989. Trad. inglesa: Quest for the Red Sulphur: The Life of Ibn ʿArabī. Cambridge: Islamic Texts Society, 1993.

Testimonio1229

La visión de los Engarces

El prefacio de los *Fusus al-hikam* contiene una declaración de autoría insólita. Ibn Arabi afirma que en la última decena de muharram del año 627, en Damasco, vio al Profeta en sueños con un libro en la mano y recibió la orden de llevarlo a la gente. Por eso, añade, no es más que un transmisor: no ha puesto en el libro nada que no le haya sido dado, ni ha quitado ni añadido. La pretensión irritó a sus adversarios, que vieron en ella un intento de blindar doctrinas audaces con la autoridad profética, y fascinó a sus comentaristas, que la tomaron como garantía del carácter revelado del texto. Para el historiador es un testimonio sobre cómo se concebía a sí mismo el autor y sobre la fecha de la obra.

Origen del relato: Prefacio de los *Fusus al-hikam* (ed. Afifi, 1946; trad. Austin, 1980).

Fuente: Ibn al-Arabi. Fusus al-hikam. Ed. Abu al-Ala Afifi. El Cairo, 1946. Trad. inglesa: R. W. J. Austin, The Bezels of Wisdom (Classics of Western Spirituality). Nueva York: Paulist Press, 1980.

No verificable1516–1517

Selim I y la tumba escondida

Una leyenda otomana cuenta que, tras la muerte de Ibn Arabi, su tumba en Salihiyya cayó en el olvido y llegó a servir de vertedero, hasta que en 1516 el sultán Selim I conquistó Damasco. Según el relato, el sultán conocía una profecía del propio maestro —«cuando la *sin* entre en la *shin*, aparecerá la tumba de Muhyi al-Din»—, comprendió que se refería a su nombre y al de Damasco (*Sham*), buscó el sepulcro y mandó construir sobre él la mezquita y el mausoleo que aún existen. La construcción otomana de 1517 está documentada; la profecía procede de una obra apocalíptica que se le atribuye sin fundamento, y el abandono previo de la tumba es, como mínimo, exagerado por la leyenda.

Origen del relato: Tradición otomana basada en *al-Shayara al-numaniyya*, apócrifa; Addas y Chodkiewicz la registran como leyenda.

Fuente: Addas, Claude. Ibn ʿArabī ou la quête du Soufre Rouge. París: Gallimard, 1989. Trad. inglesa: Quest for the Red Sulphur: The Life of Ibn ʿArabī. Cambridge: Islamic Texts Society, 1993.

Enseñanzas

Enseñanzas

Las nociones que articulan su pensamiento, explicadas en su contexto.

Unicidad del ser (wahdat al-wuyud)wahdat-al-wujud
La fórmula *wahdat al-wuyud* no aparece como tal en Ibn Arabi; la acuñaron sus intérpretes y, sobre todo, sus críticos, entre ellos Ibn Taymiyya, para designar su doctrina. Lo que Ibn Arabi afirma es que solo Dios posee el ser (*wuyud*) en sentido propio, y que las cosas existen en la medida en que reciben ese ser como manifestación de los nombres divinos: son «Él y no Él». No es un panteísmo que identifique a Dios con el mundo, sino una metafísica de la relación: el mundo es la imagen de Dios en un espejo, real en cuanto reflejo y nada en sí mismo. La expresión «Él/no Él» (*huwa la huwa*) resume esa tensión, que Ibn Arabi mantiene con la doble insistencia en la incomparabilidad (*tanzih*) y la semejanza (*tashbih*) de Dios.

Doctrina sistematizada por al-Qunawi y discutida durante siglos (frente a la *wahdat al-shuhud* de Ahmad Sirhindi).

Fuente: Chittick, William C. The Sufi Path of Knowledge: Ibn al-ʿArabi's Metaphysics of Imagination. Albany: State University of New York Press, 1989.

El ser humano perfecto (al-insan al-kamil)insan-kamil
El ser humano es, para Ibn Arabi, la única criatura que reúne todos los nombres divinos: Dios «enseñó a Adán todos los nombres» (Corán 2:31) y lo creó «a Su imagen», según el hadiz. Por eso el ser humano es el «compendio» del universo y el espejo en el que Dios se contempla a Sí mismo. Pero esa totalidad es solo potencial: el *insan kamil* es quien la realiza, el profeta o el santo en quien todos los nombres se manifiestan en equilibrio. El primer capítulo de los *Fusus*, dedicado a Adán, desarrolla esta idea, que su escuela —con al-Yili, autor de un tratado de ese título— convirtió en eje de la antropología sufí.

Antropología coránica y del hadiz de la imagen; prolongada por Abd al-Karim al-Yili (m. c. 1408).

Fuente: Ibn al-Arabi. Fusus al-hikam. Ed. Abu al-Ala Afifi. El Cairo, 1946. Trad. inglesa: R. W. J. Austin, The Bezels of Wisdom (Classics of Western Spirituality). Nueva York: Paulist Press, 1980.

Imaginación e istmo (jayal, barzaj)khayal
Entre el mundo de los espíritus y el de los cuerpos, Ibn Arabi sitúa un reino intermedio, el *barzaj* o istmo, que es a la vez una facultad del alma y un plano del ser: la imaginación (*jayal*). En él los significados toman forma y los cuerpos se espiritualizan; allí ocurren los sueños, las visiones, las apariciones de los ángeles y la vida de las almas tras la muerte. Para Ibn Arabi la imaginación no es fantasía arbitraria sino un órgano de conocimiento indispensable, porque la realidad entera es en cierto sentido imagen de Dios. Henry Corbin popularizó esta doctrina como «mundo imaginal» (*mundus imaginalis*), y William Chittick ha mostrado su centralidad en la *Futuhat*.

Reelaboración de la psicología filosófica (Avicena) y de la escatología coránica del *barzaj* (Corán 23:100).

Fuente: Corbin, Henry. L'imagination créatrice dans le soufisme d'Ibn ʿArabî. París: Flammarion, 1958 (trad. inglesa: Creative Imagination in the Sufism of Ibn ʿArabī, Princeton University Press, 1969); incluye la traducción del relato del encuentro con Averroes (Futuhat, ed. Bulaq, I, 153–154).

Teofanía o autorrevelación divina (tayalli)tajalli
Dios se manifiesta continuamente en las formas del mundo, y nunca dos veces de la misma manera: «la autorrevelación no se repite». La creación no es un acto pasado sino una renovación incesante, instante tras instante, de manera que el mundo es una sucesión de teofanías. Cada criatura recibe la manifestación según su capacidad o «preparación» (*istidad*), como el agua toma el color del recipiente. De ahí deriva la doctrina del «dios creado en las creencias»: cada creyente adora a Dios tal como se le ha manifestado en su creencia, y el sabio reconoce a Dios en todas las formas sin quedar preso de ninguna, idea que inspira el célebre verso del corazón «capaz de toda forma».

Desarrolla la noción coránica de los signos de Dios en el mundo y en las almas (Corán 41:53).

Fuente: Chittick, William C. The Sufi Path of Knowledge: Ibn al-ʿArabi's Metaphysics of Imagination. Albany: State University of New York Press, 1989.

Entidades inmutables (ayan thabita)ayan-thabita
Antes de existir, cada cosa está presente en el conocimiento eterno de Dios como una «entidad inmutable» (*ayn thabita*), una posibilidad que no posee existencia propia pero sí una realidad determinada. Al crear, Dios da existencia a esas entidades tal como son, de modo que cada criatura es lo que su entidad exige: Dios no impone desde fuera, sino que conoce las cosas según lo que ellas son en Su conocimiento. Ibn Arabi saca de ahí una lectura sutil del destino (*qadar*), que ha sido objeto de largos debates, y una explicación de la diversidad de las criaturas y de las creencias.

Retoma y transforma debates de la teología *mutazilí* sobre la «cosidad» de lo inexistente.

Fuente: Chittick, William C. The Sufi Path of Knowledge: Ibn al-ʿArabi's Metaphysics of Imagination. Albany: State University of New York Press, 1989.

El sello de los santos (jatm al-awliya)khatm-al-awliya
Así como Muhammad es el «sello de los profetas», con quien se cierra la profecía legislativa, Ibn Arabi enseña que existe un «sello de la santidad» (*walaya*): Jesús, que volverá al final de los tiempos, como sello de la santidad universal, y un sello de la santidad muhammadí, que en varios pasajes identifica consigo mismo. La santidad, a diferencia de la profecía legislativa, no se interrumpe nunca; los santos son «herederos» de un profeta y participan de su conocimiento. Michel Chodkiewicz dedicó a esta doctrina un estudio clásico. Es uno de los puntos que más escandalizaron a sus críticos.

Desarrolla ideas de al-Hakim al-Tirmidhi (s. IX) sobre el sello de la santidad.

Fuente: Chodkiewicz, Michel. Le Sceau des saints: prophétie et sainteté dans la doctrine d'Ibn ʿArabî. París: Gallimard, 1986. Trad. inglesa: The Seal of the Saints. Cambridge: Islamic Texts Society, 1993.

Retiros

Retiros y centros

Lugares y encuentros vinculados a su enseñanza. Te ponemos en contacto con quien los organiza.

  • Oxford (Reino Unido) y Berkeley (EE. UU.), y en línea · Reino Unido / Estados Unidos

    Muhyiddin Ibn Arabi Society: simposios y cursos

    Muhyiddin Ibn Arabi Society

    La Muhyiddin Ibn Arabi Society se fundó en 1977 para promover el conocimiento de la obra de Ibn Arabi y de sus seguidores, y la representan entidades sin ánimo de lucro en Oxford y en Berkeley. Publica desde 1982 una revista académica revisada por pares, organiza congresos en Reino Unido y Estados Unidos desde 1984, con más de un centenar de conferencias grabadas en pódcast y vídeo, y mantiene un programa educativo con cursos. Desde 2002 desarrolla además un proyecto de recopilación de copias de los manuscritos históricos de sus obras. Es la institución de referencia para estudiar al Shaij al-Akbar con rigor.

  • Chisholme House (Escocia), Sutton Courtenay (Oxfordshire), Londres y en línea · Reino Unido

    Beshara: curso de fundamentos y estudio del Masnavi

    The Beshara Trust

    Beshara es la propuesta educativa del Beshara Trust, una entidad benéfica británica fundada en 1971. Su curso de fundamentos toma como punto de partida la metafísica de Ibn Arabi para explorar qué significa conocerse a uno mismo y al mundo a la luz de la Unidad de la Existencia, y combina un fin de semana introductorio, sesiones quincenales en línea y una residencia opcional en Chisholme House, en las Tierras Bajas de Escocia. Ofrece también grupos de estudio del Masnavi de Rumi y otros textos de la tradición sufí. Se financia con donativos y trabajo voluntario.

Ver todos los retiros →

Vídeos

Vídeos

Grabaciones, entrevistas y documentales. Los vídeos se reproducen desde YouTube; no se alojan aquí.

  • Translation, Ibn al-ʿArabi, and the Islamic Past: William C. Chittick Keynote (2023 Conference)

    Conferencia· EN· 2023· 91 min

    Columbia University Department of HistoryCanal oficial

  • Eric Geoffroy: Some Aspects of "Supra-reason" in Ibn 'Arabi's Epistomology

    Conferencia· EN· 61 min

    Ibn 'Arabi SocietyCanal oficial

  • Pablo Beneito: Keys to Decipher Ibn ʻArabī's Manzil al-manāzil

    Conferencia· EN· 55 min

    Ibn 'Arabi SocietyCanal oficial

  • Ibn 'Arabi & The Unity of Being

    Análisis· EN· 72 min

    Let's Talk Religion

  • The Bezels of Wisdom - Ibn 'Arabi's Controversial Masterpiece

    Análisis· EN· 94 min

    Let's Talk Religion

  • La morada de la no-morada: el legado vivo de Ibn Arabi en su 850 aniversario

    Conferencia· ES· 2015· 62 min

    Casa ÁrabeCanal oficial

  • La Visión De Ibn Arabi | Pablo Beneito

    Entrevista· ES· 66 min

    Psicología y Espiritualidad

  • Ibn 'Arabî: un saint, un penseur et un poète par Claude Addas

    Conferencia· FR· 27 min

    Conscience Soufie

  • Ibn ‘Arabî et sainteté en islam par Michel Chodkiewicz

    Conferencia· FR· 26 min

    Conscience Soufie

  • İbnü'l Arabi ve "Vahdet-i Vücud" | Düşüncenin Seyir Defteri | 16. Bölüm

    Documental· TR· 51 min

    TRT 2Canal oficial

  • بالهجري: ابن عربي

    Documental· AR· 3 min

    AlJazeera Arabic قناة الجزيرةCanal oficial

Galería

Galería

Imágenes con licencia verificada. Cada una conserva su autoría y su atribución.

Manuscritos

Manuscritos

Testimonios manuscritos y textos antiguos, con su custodio y sus condiciones de consulta.

  • AR · Nasj · 1231–1238 (segunda redacción)

    الفتوحات المكية (al-Futuhat al-Makkiyya), autógrafo de la segunda redacción

    Testimonio conservado
    37 volúmenes autógrafos, con certificados de lectura
    Custodio
    Museo de Arte Turco e Islámico (Türk ve İslam Eserleri Müzesi), Estambul · Evkaf Müzesi 1845–1881
  • AR · Nasj · 1229 (texto); c. 1232 (copia)

    فصوص الحكم (Fusus al-hikam), copia de Sadr al-Din al-Qunawi

    Testimonio conservado
    Códice con certificado de audición en presencia del autor
    Custodio
    Museo de Arte Turco e Islámico, Estambul · Evkaf Müzesi 1933
Manuscritos →

Relaciones

Relaciones

Influencias, discipulados y afinidades. Se distingue la relación documentada de la similitud identificada por análisis.

  • Contemporáneo de

    Rumi

    Contemporáneos sin encuentro documentado. El vínculo es Sadr al-Din al-Qunawi, hijastro y principal discípulo de Ibn Arabi, que vivió en Konya, trató a Rumi y, según Aflaki, debía presidir su oración fúnebre. La anécdota de que Ibn Arabi vio al niño Rumi en Damasco es tardía.

    Relación documentada

  • Recibió influencia de

    Al-Ghazali

    Ibn Arabi leyó y cita a al-Ghazali, con quien comparte la crítica de los límites de la razón especulativa, aunque discrepa de él en puntos de metafísica.

    Relación documentada

  • Ideas afines a

    Juan de la Cruz

    Asín Palacios planteó paralelos entre la mística andalusí y la carmelitana (noche oscura, amor y símbolos eróticos). La hipótesis de una influencia directa no está probada.

    Similitud identificada por análisis

  • Ideas afines a

    Maestro Eckhart

    Coincidencias en la metafísica del ser y en la relación entre Dios y el alma, estudiadas comparativamente; sin contacto.

    Similitud identificada por análisis

  • Ideas afines a

    Zhuangzi

    Toshihiko Izutsu comparó sistemáticamente los conceptos clave de Ibn Arabi con los de Laozi y Zhuangzi en *Sufism and Taoism* (1983). Comparación académica, no influencia.

    Similitud identificada por análisis

Fuentes

Fuentes

Bibliografía y catálogos consultados para esta ficha.

  1. Wikidata, Q46420 «Ibn Arabi» (P31=Q5; 89 enlaces entre wikis; P569 1165-07-28; P570 1240-11-16).
  2. Ibn al-Arabi. The Tarjumán al-Ashwáq: A Collection of Mystical Odes. Ed. y trad. de Reynold A. Nicholson. Oriental Translation Fund, New Series XX. Londres: Royal Asiatic Society, 1911.
  3. Addas, Claude. Ibn ʿArabī ou la quête du Soufre Rouge. París: Gallimard, 1989. Trad. inglesa: Quest for the Red Sulphur: The Life of Ibn ʿArabī. Cambridge: Islamic Texts Society, 1993.
  4. Chittick, William C. The Sufi Path of Knowledge: Ibn al-ʿArabi's Metaphysics of Imagination. Albany: State University of New York Press, 1989.
  5. Corbin, Henry. L'imagination créatrice dans le soufisme d'Ibn ʿArabî. París: Flammarion, 1958 (trad. inglesa: Creative Imagination in the Sufism of Ibn ʿArabī, Princeton University Press, 1969); incluye la traducción del relato del encuentro con Averroes (Futuhat, ed. Bulaq, I, 153–154).
  6. Nicholson, Reynold A. «Introduction» y prefacios traducidos, en The Tarjumán al-Ashwáq (1911), pp. 1–14.
  7. Ibn al-Arabi. Fusus al-hikam. Ed. Abu al-Ala Afifi. El Cairo, 1946. Trad. inglesa: R. W. J. Austin, The Bezels of Wisdom (Classics of Western Spirituality). Nueva York: Paulist Press, 1980.
  8. Asín Palacios, Miguel. El islam cristianizado: estudio del sufismo a través de las obras de Abenarabi de Murcia. Madrid: Plutarco, 1931 (reed. Hiperión, 1981).
  9. Chodkiewicz, Michel. Le Sceau des saints: prophétie et sainteté dans la doctrine d'Ibn ʿArabî. París: Gallimard, 1986. Trad. inglesa: The Seal of the Saints. Cambridge: Islamic Texts Society, 1993.
  10. Nicholson, Reynold A. The Mystics of Islam. Londres: G. Bell and Sons, 1914.
  11. Yahia, Osman. Histoire et classification de l'œuvre d'Ibn ʿArabî: étude critique. 2 vols. Damasco: Institut Français de Damas, 1964.
  12. Ibn al-Arabi. Sufis of Andalusia: The Ruh al-quds and al-Durrat al-fakhirah. Trad. de R. W. J. Austin. Londres: Allen & Unwin, 1971; y Asín Palacios, Miguel. Vidas de santones andaluces. Madrid, 1933 (reed. Hiperión, 1981).
  13. Muhyiddin Ibn ʿArabi Society (Oxford), recursos y catálogo de manuscritos (Ibn ʿArabi Digital Archive).
  14. Open Library, registros de ediciones de las obras de Ibn Arabi (Futuhat, Fusus, Tarjuman, Ruh al-quds, Mashahid al-asrar).
  15. Open Library, registros de ediciones y traducciones de los tratados menores de Ibn Arabi (Nyberg 1919; Anqa Publishing; Fons Vitae; Threshold; Éditions de l'Éclat; Éditions de l'Œuvre; Editora Regional de Murcia; Sirio), consultados el 2026-10-25.
  16. Chittick, William C. «Ibn ʿArabī». En Edward N. Zalta (ed.), The Stanford Encyclopedia of Philosophy. Primera publicación: 5 de agosto de 2008; revisión sustancial: 5 de diciembre de 2025.
Titular de derechos
Dominio público (obra del siglo XIII). Las ediciones críticas (Osman Yahia, Afifi) y las traducciones modernas (Siruela, Hiperión, Editora Regional de Murcia, Paulist Press, Pir Press, Albin Michel, Al-Bouraq, C. H. Beck…) están sujetas a los derechos de sus editores.

Pendiente de confirmar

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  • Localizar ISBN de «El intérprete de los deseos» (trad. Carlos Varona, Editora Regional de Murcia, 2002) en el catálogo de la BNE o de la editorial.
  • Comprobar el ISBN de «Contemplation of the Holy Mysteries» (Anqa, 2001) y de las ediciones árabes críticas (Osman Yahia; al-Mansub, Saná 2010).
  • Verificar en el catálogo del Museo de Arte Turco e Islámico las signaturas Evkaf 1845–1881 (Futuhat) y Evkaf 1933 (Fusus).
  • Identificar la obra de procedencia de la cita «Gnostics cannot impart their feelings…» (Nicholson, 1914) y el capítulo exacto de los Fusus de la cita sobre los credos.
  • Cotejar el texto árabe del prefacio de los Fusus con la edición de Afifi (se ha transcrito sin verificación directa).
  • Añadir ediciones en ruso (A. V. Smirnov), hindi y persa de los Fusus con ISBN verificado.
  • Precisar la fecha y el lugar de redacción de *Mashahid al-asrar* y *Kitab al-tajalliyat*.
  • Obra completa (2026-10-25): Osman Yahia (fuente i10) catalogó 846 títulos atribuidos, de los que unos 550 se conservan y buena parte son opúsculos o atribuciones dudosas. Se registran los tratados principales con edición o traducción real; quedan fuera, entre otros, Kitab al-fana' fi l-mushahada (trad. francesa de Michel Vâlsan, sin edición verificada en catálogo), Muhadarat al-abrar (atribución discutida), al-Diwan al-akbar, Naqsh al-fusus, Kitab al-'abadila, Kitab al-qurba, Kitab al-ahadiyya y las selecciones de capítulos de las Futuhat publicadas como libro (Traité de l'amour, L'alchimie du bonheur parfait, La profession de foi, Textos sobre la caballería espiritual). Catálogo completo: Yahia 1964 y el Ibn Arabi Digital Archive (MIAS, i12).
  • Confirmar el traductor de The Four Pillars of Spiritual Transformation (Anqa, 2009) y de Divine Sayings (Anqa, 2005): Open Library no lo indica.
  • Precisar la fecha de redacción de Insha' al-dawa'ir, al-Tadbirat al-ilahiyya, Kitab al-jalal wa-l-jamal y al-Ittihad al-kawni (Yahia 1964).
  • Sala de lectura (2026-10-25): no se registran otras traducciones. «Wisdom of the Prophets» (Fusus, trad. sinóptica de Khaja Khan, Madrás 1928; archive.org in.ernet.dli.2015.217778) es libre en EE. UU., pero se desconoce la fecha de muerte del traductor, lleva prólogo de Louis Massignon (m. 1962) y el OCR es defectuoso. «Vidas de santones andaluces» (Asín Palacios, 1933) y las traducciones de «El islam cristianizado» (1931) son libres en España y la UE (Asín murió en 1944), pero no en EE. UU. hasta 2029 y 2027. Los textos árabes de la Futuhat y los Fusus no están en Wikisource árabe (solo refutaciones de Ibn Taymiyya).
  • Obras (2026-10-25): añadidos al-Diwan al-akbar, Muhadarat al-abrar (atribuida), Tadhkirat al-khawass y la colección Rasaʾil Ibn al-ʿArabi; siguen fuera como obras propias Kitab al-ʿabadila, Kitab al-qurba (incluido en la colección Rasaʾil), Naqsh al-fusus y las antologías temáticas de la Futuhat (p. ej. «Textos sobre la caballería espiritual», Edaf 2006, ISBN 8441417431, sin traductor en catálogo).
  • Vídeos: año de emisión de la cápsula de Al Jazeera («Bil-hijri: Ibn Arabi») no indicado; queda en null.

Investigado el 2026-10-23