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Islam · Sufismo

Rabia al-Adawiyya

رابعة العدوية القيسية · رابعة بنت إسماعيل · رابعه عدویه

c. 717 – c. 801Historicidad debatida

Asceta y maestra de Basora del siglo VIII (m. c. 801), venerada como la primera gran santa del islam y como iniciadora de la mística del amor desinteresado a Dios. No dejó obra escrita: sus dichos y los pocos versos que se le atribuyen llegan a través de fuentes posteriores, de Ibn Abi l-Dunya y al-Makki a la biografía legendaria del poeta persa Attar, cuatro siglos después. La crítica moderna, sobre todo Rkia Cornell, distingue a la Rabia histórica, de la que se sabe muy poco, de la que construyó la tradición.

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Rabia de Basora y su sirvienta en oración

Rabia de Basora y su sirvienta en oración · Public domain

En sus palabras

«Te amo con dos amores: el amor del deseo y un amor porque eres digno de él. El amor del deseo es que me ocupo en recordarte, apartada de todo lo que no eres Tú; y el amor del que eres digno es que levantas para mí los velos hasta que te veo. No es mía la alabanza en uno ni en otro: tuya es la alabanza en este y en aquel.»

Atribuido; Abu Talib al-Makki, Qut al-qulub (s. X), y al-Ghazali, Ihya ulum al-din, libro XXXVI. Texto árabe según la versión que reproduce Abd al-Ghani al-Nabulsi (Wikisource); traducción propia.

Su idea central

El amor desinteresado de Dios: La idea asociada a Rabia es que Dios debe ser amado por Sí mismo y no como medio para evitar el infierno o ganar el paraíso.

Biografía

5 min de lectura

Una mujer de Basora

De Rabia al-Adawiyya se sabe con certeza muy poco: que una mujer asceta y maestra con ese nombre —o con el de Rabia al-Qaysiyya, que alude a su tribu, mientras que al-Adawiyya designa su clan— vivió en Basora, en el sur de Irak, en el siglo VIII. Las fuentes la llaman Rabia bint Ismail, le dan la kunya de Umm Amr y la describen como liberta (mawla) de la familia de Atik. La fecha de nacimiento que suele repetirse, hacia 717, y la de su muerte, el año 185 de la hégira (801), proceden de autores muy posteriores y no son las únicas: al-Dhahabi recoge que vivió unos ochenta años y murió en el 180 (796), y otros la hacen morir en el 135 (752). Rkia Elaroui Cornell, autora del estudio más completo, concluye además que no se le puede atribuir con seguridad ningún escrito.

La Basora de los ascetas

Basora, fundada como campamento militar en 638, era en el siglo VIII una ciudad rica, puerto del golfo Pérsico y centro de estudios gramaticales, teológicos y jurídicos. En ella floreció también un movimiento de piedad rigurosa: hombres y mujeres que lloraban sus pecados, ayunaban, velaban por las noches y desconfiaban de la riqueza de los gobernantes. Hasan al-Basri, Malik ibn Dinar, Riyah al-Qaysi o Abd al-Wahid ibn Zayd son sus nombres más conocidos, pero el libro de al-Sulami sobre las mujeres sufíes muestra que hubo también muchas ascetas y maestras, algunas de ellas libertas. Rabia pertenece a ese medio: el de los «llorones» y los devotos de Basora, cuya espiritualidad del temor de Dios precedió a la mística del amor.

Lo que dicen las fuentes más antiguas

La mejor prueba de su existencia es la memoria local: dos autores de Basora del siglo IX, entre ellos al-Jahiz, la mencionan como una figura conocida. Las colecciones de dichos ascéticos de Ibn Abi l-Dunya (m. 894), transmitidas por al-Dhahabi, conservan escenas sobrias con testigos que tienen nombre. Su sirvienta Abda contaba que Rabia rezaba la noche entera y, al alba, se reprochaba el breve sueño: «Alma, ¿cuánto vas a dormir? Pronto dormirás un sueño del que no te levantarás hasta el día de la Resurrección». Sufyan al-Thawri, el gran tradicionista de Kufa, la visitó; cuando él suspiró «¡qué tristeza!», ella lo corrigió: «No mientas; di: ¡qué poca tristeza!». Prohibía la entrada a los visitantes que hablaban del mundo. Es la imagen de una asceta exigente y de una maestra respetada por los hombres más doctos de su tiempo, más que la de una poeta del amor.

Tres Rabias y una sospecha

La tradición mezcló pronto a varias mujeres. Al-Sulami (m. 1021), en su libro sobre las mujeres sufíes, distingue de Rabia al-Adawiyya a otras dos Rabias de la época: Rabia al-Azdiyya, esposa del asceta Abd al-Wahid ibn Zayd, y Rabia bint Ismail de Damasco, esposa de Ahmad ibn Abi l-Hawari (m. 844). La confusión explica la tumba que se le atribuye en el monte de los Olivos de Jerusalén, mencionada por Ibn Kathir; Ibn Battuta ya advertía que la mujer allí enterrada era otra. Tampoco faltaron sospechas: según Ibn Kathir, el tradicionista Abu Dawud al-Sijistani la acusó de herejía, y al-Dhahabi tuvo que defenderla de quienes leían en uno de sus versos —«Te he hecho confidente de mi corazón y he dejado mi cuerpo a quien quiera sentarse a mi lado»— la doctrina de la encarnación divina.

La santa del amor

La Rabia que conoce la posteridad nace entre los siglos X y XIII. Abu Talib al-Makki (m. 996) le atribuye los versos de los «dos amores» —el amor del deseo y el amor que se debe a Dios porque Él lo merece—, que al-Ghazali comentará en el Ihya; al-Qushayri, Abu Nuaym e Ibn al-Yawzi, que le dedicó un opúsculo, multiplican sus dichos. Pero la gran biografía es la del poeta persa Farid al-Din Attar, que escribe a comienzos del siglo XIII, más de cuatrocientos años después: allí aparecen la cuarta hija de una familia pobre —de ahí su nombre, «la cuarta»—, la hambruna, la venta como esclava, la luz sobre su cabeza que mueve a su amo a liberarla, los diálogos con Hasan al-Basri y la oración célebre que pide ser quemada en el infierno si adora a Dios por miedo y excluida del paraíso si lo adora por esperanza. Muchos de estos relatos son cronológicamente imposibles —Hasan al-Basri murió en 728, cuando ella sería una niña— y siguen modelos hagiográficos conocidos.

Lo que su figura hizo posible

Cornell distingue en ese proceso varias Rabias superpuestas: la maestra, la asceta, la amante de Dios y la sufí. La tercera es la que ha prevalecido. En ella la tradición encontró la expresión más pura de una idea que transformó la piedad islámica: que Dios debe ser amado por Sí mismo, sin temor al castigo ni deseo de recompensa. El tema pasó a los grandes teóricos del amor místico, de Ahmad al-Ghazali a Rumi, y llegó también a Europa. Jean de Joinville cuenta en su Vida de san Luis (1309) que un fraile de la cruzada, Yves el Bretón, encontró en Damasco a una anciana que llevaba fuego en una mano y agua en la otra para quemar el paraíso y apagar el infierno, de modo que nadie hiciera el bien por miedo ni por interés; en la Francia del siglo XVII la escena se convirtió en emblema del amor puro. Las versiones islámicas posteriores ponen ese gesto en manos de Rabia.

Una presencia que no deja de crecer

En el siglo XX Rabia fue reivindicada como primera santa del islam y como figura femenina de autoridad religiosa. Margaret Smith le dedicó en 1928 la primera monografía occidental; Abd al-Rahman Badawi, un libro que la llamaba «mártir del amor divino»; el cine egipcio y el turco, películas populares, dos de ellas estrenadas en Turquía en 1973. Las antologías modernas le atribuyen poemas y oraciones de procedencia incierta, y muchas de sus frases circulan sin referencias. Leída a través de las fuentes, Rabia es a la vez una mujer real de la Basora omeya y abasí, de la que sabemos casi nada, y una construcción colectiva de varios siglos que dio forma a la idea del amor desinteresado a Dios.

Fuentes: Cornell, Rkia Elaroui. Rabi'a from Narrative to Myth: The Many Faces of Islam's Most Famous Woman Saint, Rabi'a al-'Adawiyya. Londres: Oneworld Academic, 2019. · Smith, Margaret. Rabi'a the Mystic and Her Fellow-Saints in Islam. Cambridge: Cambridge University Press, 1928; reed. 1984 con introducción de Annemarie Schimmel. · al-Dhahabi, Shams al-Din. Siyar a'lam al-nubala', entrada «Rabi'a al-'Adawiyya» (texto árabe en Wikisource). · Ibn Kathir. al-Bidaya wa-l-nihaya, vol. X, obituarios del año 185 H, entrada «Rabi'a al-'Adawiyya» (texto árabe en Wikisource). · Attar, Farid al-Din. Tadhkirat al-awliya', capítulo de Rabia; en la adaptación inglesa de Claud Field, Mystics and Saints of Islam, Londres: Francis Griffiths, 1910, cap. III «Rabia, the Woman Sufi» (Project Gutenberg 24314).

Cronología

La vida, año a año

Cada punto es un acontecimiento documentado. Pulsa para leerlo, con su fuente y su grado de certeza.

  1. c. 717 · 0 años

    Nacimiento (fecha tradicional)

    La fecha habitual (c. 95–99 H / 714–718) procede de fuentes tardías de origen incierto, según Cornell; se sitúa en Basora.

    Tradición

  2. 728

    Muere Hasan al-Basri

    Muerte del gran predicador de Basora (110 H). Los diálogos entre él y Rabia que narra Attar son por ello cronológicamente imposibles.

    Documentado

  3. c. 770

    Visitas de Sufyan al-Thawri

    Ibn Abi l-Dunya y otros transmiten encuentros con el tradicionista Sufyan al-Thawri (m. 778) y otros ascetas basrenses; es la capa más antigua de su memoria.

    Probable

  4. 801

    Muerte (185 H, fecha más citada)

    Ibn Kathir la registra entre los muertos del 185 H (801); al-Dhahabi da el 180 (796) y otras fuentes el 135 (752). Murió probablemente en Basora.

    Discutido

  5. c. 869

    Al-Jahiz la menciona

    El polígrafo basrense al-Jahiz (m. 868–869) es uno de los dos autores del siglo IX que la citan: la mención más antigua conservada.

    Documentado

  6. c. 996

    Los versos de los «dos amores»

    Abu Talib al-Makki (m. 996) le atribuye en el Qut al-qulub los versos sobre los dos amores, que al-Ghazali comentará en el Ihya.

    Documentado

  7. c. 1021

    Al-Sulami distingue tres Rabias

    En su libro sobre las mujeres sufíes, al-Sulami (m. 1021) separa a Rabia al-Adawiyya de Rabia al-Azdiyya y de Rabia de Damasco.

    Documentado

  8. c. 1221

    La biografía de Attar

    Farid al-Din Attar escribe en persa la biografía que fija la leyenda: esclavitud, liberación, diálogos con Hasan al-Basri, la Kaaba que sale a su encuentro.

    Documentado

  9. 1309

    La mujer del fuego y el agua llega a Europa

    Joinville narra en su Vida de san Luis el encuentro de Yves el Bretón en Damasco con una mujer que quería quemar el paraíso y apagar el infierno.

    Documentado

  10. 1928

    Primera monografía occidental

    Margaret Smith publica en Cambridge Rabi'a the Mystic and Her Fellow-Saints in Islam.

    Documentado

  11. 2019

    Del relato al mito

    Rkia Elaroui Cornell publica el estudio crítico que separa las capas históricas y legendarias de su figura.

    Documentado

Obras

Obras esenciales

Las obras sin las que no se entiende su legado.

Los dos amores (versos atribuidos) — Rabia al-Adawiyya

Atribución tradicional · c. 996

Los dos amores (versos atribuidos)

أحبك حبين: حب الهوى * وحباً لأنك أهل لذاكا

El poema más célebre de los atribuidos a Rabia distingue dos amores a Dios: el «amor del deseo», que la ocupa en recordarle apartándola de todo lo demás, y el amor que se le debe «porque Él es digno de ello», en el que Dios levanta los velos hasta dejarse ver. Termina negando cualquier mérito propio: la alabanza, en ambos casos, es solo de Dios. Al-Ghazali lo convirtió en ejemplo canónico del amor puro, y desde entonces resume la doctrina que la tradición asocia a su nombre.

No disponible Ver el libro

3 ediciones

Oraciones y dichos en el Memorial de los santos de Attar — Rabia al-Adawiyya

Atribución tradicional · c. 1221

Oraciones y dichos en el Memorial de los santos de Attar

تذکرة الاولیاء، ذکر رابعه عدویه (Tadhkirat al-awliya', capítulo de Rabia)

El capítulo dedicado a Rabia en el *Tadhkirat al-awliya* es la biografía más completa y la más influyente: narra su infancia pobre, la esclavitud, la liberación, la peregrinación en la que la Kaaba sale a su encuentro, sus diálogos con ascetas de Basora y sus oraciones. Entre ellas, la más famosa pide a Dios que la queme en el infierno si lo adora por miedo y que le cierre el paraíso si lo adora por esperanza. Attar la presenta como «la mujer que vale por cien hombres».

No disponible Ver el libro

4 ediciones

Frases

Frases localizadas en una obra concreta. Cada una lleva su procedencia y su nivel de confianza.

Te amo con dos amores: el amor del deseo y un amor porque eres digno de él. El amor del deseo es que me ocupo en recordarte, apartada de todo lo que no eres Tú; y el amor del que eres digno es que levantas para mí los velos hasta que te veo. No es mía la alabanza en uno ni en otro: tuya es la alabanza en este y en aquel.

أحبك حبين: حب الهوى * وحباً لأنك أهل لذاكا / فأما الذي هو حب الهوى * فشغلي بذكرك عمن سواكا / وأما الذي أنت أهل له * فكشفك لي الحجب حتى أراكا / فلا الحمد في ذا ولا ذاك لي * ولكن لك الحمد في ذا وذاكا

DiscutidaAtribuido; Abu Talib al-Makki, Qut al-qulub (s. X), y al-Ghazali, Ihya ulum al-din, libro XXXVI. Texto árabe según la versión que reproduce Abd al-Ghani al-Nabulsi (Wikisource); traducción propia.

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Citas apócrifas o de atribución discutida (1)
  • «Llevo una antorcha en una mano y un cubo de agua en la otra: con ellas incendiaré el paraíso y apagaré el fuego del infierno, para que los viajeros hacia Dios rasguen los velos y vean la verdadera meta.»

    Poema moderno, difundido sobre todo a partir de las versiones libres de Charles Upton (1988), que pone en primera persona una anécdota hagiográfica. El relato de la mujer del fuego y el agua aparece en la *Vida de san Luis* de Joinville (1309) sin nombre, y las versiones islámicas posteriores lo atribuyen a Rabia; no existe un poema árabe de Rabia con este texto.

Últimas palabras

No existen registros verificables de sus últimas palabras.

No se conservan unas últimas palabras atestiguadas. Las fuentes antiguas ni siquiera coinciden en el año de su muerte. Attar y la hagiografía posterior narran una muerte ejemplar —Rabia pide a quienes la acompañan que dejen paso a los mensajeros de Dios y se oye el versículo «¡Oh alma sosegada, vuelve a tu Señor!» (Corán 89:27–28)—, pero es un relato tardío que no se registra como testimonio.

Fuente: Attar, Farid al-Din. Tadhkirat al-awliya', capítulo de Rabia; en la adaptación inglesa de Claud Field, Mystics and Saints of Islam, Londres: Francis Griffiths, 1910, cap. III «Rabia, the Woman Sufi» (Project Gutenberg 24314).

Preguntar

Lo que su obra responde

Doce grandes preguntas de la humanidad y lo que sus textos permiten responder, con referencias. Nunca ponemos palabras en su boca.

  • ¿Qué es lo Absoluto? ¿Existe Dios?

    Dios es el Amado al que se ama por Él mismo

    Un Dios personalLo dice expresamente

    Rabia no dejó escritos ni formuló una teología: lo que se sabe de ella llega por dichos y versos que recogen autores posteriores, de Ibn Abi l-Dunya y al-Makki a Attar, cuatro siglos después. En esos textos, lo Absoluto es siempre un Tú: el Amado al que se habla de noche y al que se pide ser adorado por Él mismo, no por la esperanza del paraíso ni por miedo al infierno. El poema de los dos amores, que al-Makki y al-Ghazali hicieron canónico, distingue el amor del deseo, que la aparta de todo lo que no es Dios, y el amor que Dios merece, en el que Él levanta los velos hasta dejarse ver. No hay especulación sobre la esencia divina: hay una relación personal, exigente y exclusiva, en la que toda alabanza vuelve a Dios.

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  • ¿Quién soy yo? ¿Existe un yo verdadero?

    No teorizó sobre el yo: exhortó a un alma dormida a despertar

    No se pronunció

    Rabia no dejó escritos, y entre los dichos que le atribuyen sus biógrafos no hay una doctrina del yo. Lo más cercano son sus exhortaciones al alma. Según los relatos ascéticos más antiguos, velaba la noche y al alba se reprochaba haber dormido: preguntaba a su alma cuánto iba a dormir, pues pronto dormiría un sueño del que solo despertaría el día de la Resurrección. Esa alma es la del islam: creada, responsable y llamada a rendir cuentas. Lo que la tradición posterior añade es una exigencia de sinceridad: despojar el culto de todo interés propio, no adorar por el paraíso ni por miedo al infierno, y negar cualquier mérito, pues la alabanza es solo de Dios. Es una ascesis del yo interesado, no una metafísica del sujeto.

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  • ¿Por qué sufrimos?

    Solo duele de verdad no saber si Dios está contento

    La separación de DiosSe deduce de su doctrina

    Rabia no escribió, y lo que se le atribuye sobre el dolor son escenas transmitidas. En las más antiguas corrige a Sufyan al-Thawri cuando este se lamenta de su tristeza: que no mienta, que diga más bien qué poca tristeza tiene. La única pena digna es la de quien se sabe lejos de Dios, y casi nadie la siente bastante. Attar, cuatro siglos después, cuenta que siendo niña y esclava cayó y se rompió la muñeca, y que en su oración dijo no afligirse por la orfandad, la servidumbre ni la herida, sino solo por no saber si Dios estaba contento con ella. El sufrimiento exterior se acoge con conformidad (rida); lo que de verdad hiere es la distancia del Amado, y lo único que importa es su beneplácito.

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  • ¿Qué ocurre después de la muerte?

    Resurrección y juicio, sí; pero no se ama a Dios por el paraíso

    Vida eterna y resurrecciónLo dice expresamente

    Rabia no escribió, pero los dichos que le atribuyen sus biógrafos dan por supuesta la escatología del islam. En los relatos ascéticos más antiguos se reprocha haber dormido y advierte a su alma de que pronto dormirá un sueño del que solo despertará el día de la Resurrección. Lo propio de la tradición que lleva su nombre no es negar el más allá, sino desplazarlo: la oración que recoge Attar pide a Dios que la queme en el infierno si lo adora por miedo, que le cierre el paraíso si lo adora por esperanza, y que no le niegue su belleza eterna si lo adora por Él mismo. El paraíso deseado no es un jardín, sino la visión del Amado. La imagen de una Rabia que quiere incendiar el paraíso y apagar el infierno es muy posterior.

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  • ¿Cómo se alcanza la liberación o la salvación?

    Amar a Dios sin esperar nada, y saber que el regreso es don suyo

    Por la devoción y la entregaLo dice expresamente

    La tradición que lleva el nombre de Rabia, transmitida por sus biógrafos y no escrita por ella, hace del amor desinteresado el camino. Adorar a Dios por miedo al infierno o por deseo del paraíso es todavía comerciar con Él; lo único que salva es amarlo por Él mismo. Su poema de los dos amores describe esa entrega: un amor que aparta de todo lo que no es Dios y otro en el que Él levanta los velos. Pero la entrega no es mérito propio. Los manuales de al-Sulami y al-Qushayri le atribuyen una respuesta a quien le preguntaba si Dios aceptaría su arrepentimiento: no, si Él no se vuelve antes hacia ti; si Él se vuelve hacia ti, tú te volverás hacia Él. El amor es la vía; la gracia, su origen.

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  • ¿Hace falta un maestro?

    Sin maestro conocido, la tradición la presenta enseñando a los maestros

    No se pronunció

    Ningún dicho atribuido a Rabia trata de la necesidad de un maestro, y las fuentes no le conocen ninguno. Al contrario: los relatos la muestran corrigiendo a hombres de autoridad. En las fuentes ascéticas más antiguas reprende a Sufyan al-Thawri por presumir de tristeza; en el Memorial de los santos de Attar, sus diálogos con Hasan de Basora la sitúan por encima del célebre predicador, aunque la cronología hace improbables esos encuentros. Lo que estas escenas transmiten es la figura de una santa instruida directamente por Dios, cuya autoridad nace de su sinceridad y su ascesis, no de una cadena de iniciación. No es una doctrina sobre los maestros, sino el retrato de alguien que no dependió de ninguno.

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  • ¿Es real el mundo?

    Entra a ver al Creador en vez de salir a mirar lo creado

    No se pronunció

    Rabia no se pronunció sobre la realidad del mundo, y nada en los dichos que se le atribuyen sugiere que lo tuviera por ilusión. Lo que transmiten es una actitud ascética: el mundo distrae. Las fuentes antiguas la muestran cerrando la puerta a quienes venían a hablarle de asuntos mundanos. Attar, mucho después, cuenta que una mañana de primavera su sirvienta la invitó a salir para contemplar las obras de Dios, y ella respondió que entrara más bien a contemplar al que las había hecho. La creación es buena, pero quien ha conocido al Creador ya no necesita detenerse en ella. Es una jerarquía de la atención, no una metafísica de lo real.

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  • ¿Qué es el amor?

    Dos amores: el del deseo y el que Dios merece por sí mismo

    Anhelo y uniónLo dice expresamente

    La figura de Rabia se ha convertido en el emblema del amor místico en el islam, aunque lo que se conserva son versos y dichos transmitidos por otros. En el poema de los dos amores, el primero es el amor del deseo, que la ocupa en recordar a Dios y la aparta de todo lo demás; el segundo es el amor que Dios merece porque es digno de él, en el que Él levanta los velos hasta dejarse ver. En otros versos dice haber hecho de Dios el confidente de su corazón: el cuerpo acompaña a quien se sienta a su lado, pero el Amado es su único compañero íntimo. Y la oración que transmite Attar resume la exigencia: no amar a Dios por el paraíso ni por miedo al infierno, sino por su belleza eterna.

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  • ¿Somos libres o está todo determinado?

    No discutió la libertad: practicó la conformidad con lo que Dios dispone

    No se pronunció

    La cuestión del libre albedrío, que dividía a los teólogos de Basora en su tiempo, no aparece en los dichos atribuidos a Rabia. Lo que transmiten sus biógrafos es una actitud ante lo que sucede: la conformidad (rida) con la voluntad divina. Según los relatos, no pedía a Dios que la librara de la pobreza ni de la enfermedad, porque desear otra cosa que lo que Él quiere sería oponerse a su Amado. Al-Qushayri y otros manuales le atribuyen también la idea de que el arrepentimiento mismo es un don: el hombre se vuelve hacia Dios cuando Dios se ha vuelto antes hacia él. No hay en ello una teoría de la libertad, sino una espiritualidad de la entrega que deja la iniciativa a Dios.

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  • ¿Para qué meditar u orar?

    Velar de noche a solas con el Amado, confidente del corazón

    Trato de amistad con DiosLo dice expresamente

    Las escenas que se transmiten de Rabia la muestran sobre todo orando de noche. Las fuentes ascéticas más antiguas cuentan que velaba hasta el alba y se reprochaba cada sueño como un tiempo robado a Dios. La tradición posterior le atribuye oraciones nocturnas en las que, cerradas las puertas de los reyes y acostados los amantes, ella se queda a solas con su Amado. Sus versos dicen lo mismo: ha hecho de Dios el confidente de su corazón, y mientras su cuerpo acompaña a los visitantes, su corazón conversa con Él. La oración no es para ella un medio para obtener nada, ni siquiera el paraíso, sino la forma misma de la intimidad con Dios, una amistad exclusiva que no admite terceros.

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  • ¿Puede la razón conocer lo último?

    Ninguna palabra sobre la razón: su autoridad no venía del saber

    No se pronunció

    Rabia no escribió, y entre los dichos que se le atribuyen no hay reflexión sobre los poderes o límites de la razón. Lo que transmiten las fuentes es un contraste implícito. En ellas Rabia aparece frente a tradicionistas, ascetas y predicadores de Basora, hombres de saber religioso, y su autoridad no procede del estudio ni de la argumentación, sino de su sinceridad, de su ascesis y de la intensidad de su amor a Dios. Cuando corrige a Sufyan al-Thawri, no le opone un argumento, sino una verdad sobre su corazón. La tradición posterior la convirtió en ejemplo de un conocimiento de Dios que no pasa por las escuelas, pero eso es una lectura de sus biógrafos, no una doctrina suya.

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  • ¿Retirarse del mundo o transformarlo?

    Pobreza, soltería y puerta cerrada a quien hablaba del mundo

    Retirarse para encontrarLo dice expresamente

    La Rabia que transmiten las fuentes es una asceta retirada. Los relatos más antiguos la muestran cerrando la puerta a quienes venían a hablar de asuntos mundanos y prefiriendo la conversación sobre Dios a cualquier comodidad. La tradición posterior, recogida por Attar, añade que rechazó las propuestas de matrimonio de hombres poderosos y piadosos, porque su corazón estaba ocupado, y que no aceptaba regalos ni ayudas, ni siquiera de quienes la veneraban, para no deber nada a nadie salvo a Dios. Vivió, según esas fuentes, en la pobreza voluntaria de Basora. No predicó reformas ni intervino en la vida pública: su testimonio es una vida apartada, dedicada a la oración y al amor de Dios.

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Anécdotas y relatos

Anécdotas y relatos

No verificablec. 1250 (relato de Joinville)

El fuego y el agua

Es la escena más célebre de Rabia: una mujer recorre las calles con una antorcha en una mano y un cubo de agua en la otra. Cuando le preguntan adónde va, responde que quiere prender fuego al paraíso y apagar el infierno, para que ambos velos desaparezcan y la gente adore a Dios por Él mismo, no por miedo al castigo ni por deseo de recompensa. Curiosamente, la versión más antigua que se conoce no es árabe ni persa, sino francesa: Jean de Joinville, en su *Vida de san Luis* (1309), cuenta que el dominico Yves el Bretón, enviado del rey durante la cruzada, encontró en Damasco a una anciana con una escudilla de fuego y una redoma de agua que le dio esa explicación, sin decir su nombre. En el siglo XVII la escena sirvió en Francia como emblema del amor puro. Las tradiciones islámicas posteriores la atribuyen a Rabia, y hoy es inseparable de su figura.

Origen del relato: Joinville, *Vie de saint Louis* (1309), sin nombre; atribución posterior a Rabia en la tradición sufí persa. Schimmel (1975) y Cornell (2019) discuten su difusión.

Fuente: Schimmel, Annemarie. Mystical Dimensions of Islam. Chapel Hill: University of North Carolina Press, 1975 (sobre Rabia y la difusión europea del relato del fuego y el agua a través de Joinville).

Relato hagiográficos. VIII (según Attar)

La esclava liberada

Attar cuenta que Rabia, cuarta hija de una familia muy pobre de Basora, quedó huérfana durante una hambruna, fue raptada y vendida como esclava. Su amo la hacía trabajar sin descanso. Una noche, al despertar, la oyó rezar con la cabeza inclinada: «Señor, Tú sabes que el deseo de mi corazón es obedecerte; si de mí dependiera, no dejaría de servirte un instante, pero me has puesto bajo el poder de una criatura». Sobre su cabeza, sin cadena alguna, brillaba una lámpara que iluminaba la casa. Al amanecer, el amo la llamó, le dio la libertad y le ofreció quedarse como señora de la casa; ella prefirió marcharse y entregarse a la devoción. El relato, ausente de las fuentes árabes antiguas, aplica a Rabia un esquema hagiográfico de santidad revelada y de liberación milagrosa.

Origen del relato: Attar, *Tadhkirat al-awliya* (s. XIII); adaptación inglesa en Field (1910). Cornell señala que la esclavitud no aparece en las fuentes de los siglos IX–XI, que la llaman liberta de un clan.

Fuente: Attar, Farid al-Din. Tadhkirat al-awliya', capítulo de Rabia; en la adaptación inglesa de Claud Field, Mystics and Saints of Islam, Londres: Francis Griffiths, 1910, cap. III «Rabia, the Woman Sufi» (Project Gutenberg 24314).

Relato hagiográficos. VIII (según Attar)

La Kaaba sale a su encuentro

Según Attar, el asceta Ibrahim ibn Adham pasó catorce años camino de La Meca, postrándose a cada paso. Cuando por fin llegó, el santuario estaba vacío: la Kaaba había salido al desierto a recibir a Rabia, que avanzaba con dificultad. Ibrahim le reprochó haber trastornado el mundo; ella respondió que él había recorrido el desierto rezando, mientras que ella lo había recorrido con humildad. En otra escena del mismo libro, Rabia, al ver la Kaaba, la llama «una piedra» y dice que no quiere la casa, sino al Señor de la casa. Ambos relatos expresan la primacía del amor interior sobre el rito y fueron muy ilustrados: una miniatura mogol de Govardhan, de comienzos del siglo XVII, muestra a Ibrahim ante el lugar vacío del santuario.

Origen del relato: Attar, *Tadhkirat al-awliya*. Ibrahim ibn Adham murió hacia 777; el encuentro carece de base en las fuentes antiguas.

Fuente: Attar, Farid al-Din. Tadhkirat al-awliya', capítulo de Rabia; en la adaptación inglesa de Claud Field, Mystics and Saints of Islam, Londres: Francis Griffiths, 1910, cap. III «Rabia, the Woman Sufi» (Project Gutenberg 24314).

Testimonioc. 760–778

Sufyan al-Thawri y la tristeza

Jafar ibn Sulayman contaba que acompañó a Sufyan al-Thawri, el gran tradicionista de Kufa, a visitar a Rabia. Al entrar, Sufyan exclamó «¡Qué tristeza!», como hacían los ascetas para mostrar su contrición. Rabia lo cortó en seco: «No mientas; di: ¡qué poca tristeza tengo!». Otro testigo, Hammad, recordaba que, cuando su acompañante Sallam empezó a hablar de asuntos del mundo, ella le dijo que solo se habla de lo que es algo, y que lo que no es nada no merece mención. Estas escenas, transmitidas con nombres y cadenas por Ibn Abi l-Dunya y recogidas por al-Dhahabi, muestran a una maestra que corrige sin contemplaciones a los hombres más respetados de su tiempo y que exige verdad interior antes que gestos piadosos.

Origen del relato: Al-Dhahabi, *Siyar a'lam al-nubala'*, entrada de Rabia (Wikisource árabe), con cadenas que remontan a Ibn Abi l-Dunya y a testigos basrenses.

Fuente: al-Dhahabi, Shams al-Din. Siyar a'lam al-nubala', entrada «Rabi'a al-'Adawiyya» (texto árabe en Wikisource).

Relato hagiográficos. VIII (según la tradición)

La petición de Hasan al-Basri

La tradición persa cuenta que Hasan al-Basri, el gran predicador de Basora, preguntó a Rabia si pensaba casarse. Ella respondió que el contrato matrimonial obliga a quien es dueño de su voluntad, y que ella ya no tenía voluntad propia: pertenecía a su Señor. Cuando Hasan le preguntó cómo había llegado a ese grado, contestó: «Aniquilándome por completo». En otras versiones Rabia rechaza a varios pretendientes alegando que la ocupan tres preocupaciones: si morirá con la fe intacta, si recibirá el libro de sus actos en la mano derecha y si será conducida al paraíso o al infierno. El diálogo es imposible tal como se cuenta, porque Hasan murió en 728, cuando Rabia era una niña; Cornell lo interpreta como una construcción que enfrenta a la santa con la mayor autoridad masculina de Basora para mostrar su superioridad espiritual.

Origen del relato: Attar, *Tadhkirat al-awliya*, adaptado por Field (1910). Wikipedia (en), resumiendo a Cornell, subraya que no hay pruebas de que se conocieran.

Fuente: Attar, Farid al-Din. Tadhkirat al-awliya', capítulo de Rabia; en la adaptación inglesa de Claud Field, Mystics and Saints of Islam, Londres: Francis Griffiths, 1910, cap. III «Rabia, the Woman Sufi» (Project Gutenberg 24314).

Enseñanzas

Enseñanzas

Las nociones que articulan su pensamiento, explicadas en su contexto.

El amor desinteresado de Dioshubb-ilahi
La idea asociada a Rabia es que Dios debe ser amado por Sí mismo y no como medio para evitar el infierno o ganar el paraíso. Las oraciones que le atribuye Attar llevan la tesis al extremo: si adora por miedo, que la quemen; si adora por esperanza, que le cierren el paraíso. Los versos de los «dos amores», transmitidos desde el siglo X, distinguen entre el amor del deseo, que ya es recuerdo constante de Dios, y el amor que se le debe porque Él lo merece, que culmina en la visión. En el ascetismo del siglo VIII, dominado por el temor, esta orientación hacia el amor marcó un giro que los manuales sufíes posteriores atribuyeron a Rabia como iniciadora, aunque la crítica moderna duda de que las fórmulas más elaboradas sean suyas.

Paso del ascetismo del temor (*khawf*) a la mística del amor (*mahabba*); Nicholson, Schimmel y Cornell.

Fuente: Cornell, Rkia Elaroui. Rabi'a from Narrative to Myth: The Many Faces of Islam's Most Famous Woman Saint, Rabi'a al-'Adawiyya. Londres: Oneworld Academic, 2019.

Ascetismo (zuhd)zuhd
Las fuentes más antiguas presentan a Rabia sobre todo como asceta: vela por las noches, rechaza regalos, vive con una jarra rota y una estera, desconfía del dinero cuyo origen ignora y despide a quienes hablan del mundo. Su ascetismo no condena el mundo como malo, sino como distracción: según un dicho que le atribuye Attar, quien habla tanto de los defectos del mundo demuestra que lo ama. Este *zuhd* basrense, que comparte con Hasan al-Basri, Malik ibn Dinar o Riyah al-Qaysi, es el suelo del que nacerá el sufismo, y Cornell lo considera la capa más fiable de su figura.

Ascetismo de Basora en los siglos VII–VIII.

Fuente: Cornell, Rkia Elaroui. Rabi'a from Narrative to Myth: The Many Faces of Islam's Most Famous Woman Saint, Rabi'a al-'Adawiyya. Londres: Oneworld Academic, 2019.

Sinceridad (sidq)sidq
Muchos dichos atribuidos a Rabia corrigen la piedad aparente: a Sufyan al-Thawri le reprocha presumir de tristeza; a quienes definen la sinceridad como paciencia, gratitud o incluso gozo en la aflicción les responde que no es sincero quien no olvida el dolor de la prueba al contemplar a Dios. La sinceridad es la coincidencia entre el gesto exterior y el estado interior, y su ausencia, una forma de mentira ante Dios. La escena con Malik ibn Dinar, Hasan al-Basri y Shaqiq, narrada por Attar, ordena esas definiciones en grados hasta llegar a la suya, que culmina en el olvido de sí.

Doctrina sufí de los estados y las estaciones; *ikhlas* y *sidq* en al-Qushayri.

Fuente: Attar, Farid al-Din. Tadhkirat al-awliya', capítulo de Rabia; en la adaptación inglesa de Claud Field, Mystics and Saints of Islam, Londres: Francis Griffiths, 1910, cap. III «Rabia, the Woman Sufi» (Project Gutenberg 24314).

Conformidad con la voluntad divina (rida)rida
Cuando Sufyan al-Thawri, al visitarla enferma, le pidió que rogara a Dios que aliviara su sufrimiento, Rabia —según Attar— le preguntó quién se lo había enviado; si era voluntad de Dios, ¿cómo iba a pedirle que la retirara? La conformidad (*rida*) no es resignación pasiva sino adhesión amorosa a lo que Dios dispone, consecuencia del amor desinteresado: quien ama a Dios por Él mismo no le pide que cambie sus decretos. La misma lógica aparece en su respuesta a Malik ibn Dinar, que quería pedir ayuda a amigos ricos para ella: el que provee al rico, dice, proveerá también al pobre.

Estación de la *rida* en los manuales sufíes; vínculo con la confianza (*tawakkul*).

Fuente: Attar, Farid al-Din. Tadhkirat al-awliya', capítulo de Rabia; en la adaptación inglesa de Claud Field, Mystics and Saints of Islam, Londres: Francis Griffiths, 1910, cap. III «Rabia, the Woman Sufi» (Project Gutenberg 24314).

El arrepentimiento como graciatawba-como-gracia
Un dicho atribuido a Rabia invierte el orden habitual del arrepentimiento: a quien pregunta si Dios lo perdonará si se vuelve hacia Él, responde que no, sino que, si Dios se vuelve hacia él, entonces él se volverá hacia Dios. El arrepentimiento (*tawba*) no es una iniciativa humana que Dios recompensa, sino un don divino que la hace posible. Nicholson lo cita como ejemplo de la «alta teoría mística» del arrepentimiento, y el mismo espíritu aparece en el dicho que le atribuyen los manuales: «nuestra petición de perdón necesita a su vez perdón».

Doctrina sufí de la *tawba*; Nicholson, The Mystics of Islam (1914).

Fuente: Nicholson, Reynold A. The Mystics of Islam. Londres: G. Bell & Sons, 1914 (Project Gutenberg 67388).

Vídeos

Vídeos

Grabaciones, entrevistas y documentales. Los vídeos se reproducen desde YouTube; no se alojan aquí.

  • The Woman Who Rejected Heaven and Hell

    Análisis· EN· 50 min

    Let's Talk Religion

  • Mystical Love & Sufi Women

    Análisis· EN· 20 min

    Let's Talk Religion

  • "The life and significance of Rab'ia al-Adawiyya" - Dr. Sophia Pandya

    Conferencia· EN· 43 min

    Salaam Islamic Center

  • First Female Sufi - Rabia al-Adawiyya

    Conferencia· EN· 27 min

    Claudia Yaghoobi

  • Great Figures of Islam – Rabi'a al-'Adawiyyah - Lecture Series (Session 6)

    Conferencia· EN· 39 min

    ISRA AcademyCanal oficial

  • Episode 4: Rabiah Al-Adawiyya | Inspirational Muslim Women

    Análisis· EN· 6 min

    Yaqeen InstituteCanal oficial

  • Conferencia: Rabi'a Al-'adawiyya. Dra. Paulina Pezzat

    Conferencia· ES· 89 min

    Seminario de Historia de la Filosofía Canal

  • Dolors Bramon - Los sufíes Al-Khallaj y la ex esclava Rabia Al-Adawiyya

    Conferencia· ES· 49 min

    Espacio Ronda Barcelona

  • Hasnat Mustafa Hashmi - Rabiya Basri, la mujer sufí

    Conferencia· ES· 58 min

    Espacio Ronda Barcelona

  • Mundo Poesía. Capítulo 17: Poesía sufí. Primera parte. Rābia'a al-'Adawiyya

    Análisis· ES· 3 min

    Culturas Veintidós

  • Râbi'a al-'Adawiyya : Femme, Mystique et Sainte musulmane - Focus #1

    Análisis· FR· 30 min

    Ave'Roes

  • Râbi'a al-'Adawiyya, mystique et liberté, par Asma Lamrabet

    Conferencia· FR· 85 min

    Conscience Soufie

  • RÂBI'AH al-'Adawiyyah – Une Vie, une Œuvre : l'amour spirituel (France Culture, 2006)

    Documental· FR· 2006· 88 min

    ÉCLAIR BRUT

  • Rabia-i Adviyye Hazretleri: Hazreti Rabia (ARŞİV FİLM)

    Grabación de terceros· TR· 77 min

    TGRT Belgesel TV

Galería

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Imágenes con licencia verificada. Cada una conserva su autoría y su atribución.

Relaciones

Relaciones

Influencias, discipulados y afinidades. Se distingue la relación documentada de la similitud identificada por análisis.

  • Influyó en

    Al-Ghazali

    Al-Ghazali cita y comenta en el libro XXXVI del *Ihya* los versos de los «dos amores» atribuidos a Rabia como ejemplo de amor puro.

    Relación documentada

  • Influyó en

    Attar

    Attar escribió en el *Tadhkirat al-awliya* la biografía legendaria de Rabia que fijó su imagen en el mundo persa, turco e indio.

    Relación documentada

  • Ideas afines a

    Rumi

    Rumi, heredero de Attar, desarrolla la mística del amor desinteresado que la tradición asocia a Rabia. No se cita aquí una mención directa en su obra.

    Similitud identificada por análisis

  • Ideas afines a

    Al-Hallaj

    Ambos son figuras centrales de la mística del amor en el sufismo temprano y aparecen juntos en antologías y estudios modernos; no hubo contacto (Rabia murió hacia 801, al-Hallaj nació hacia 858).

    Similitud identificada por análisis

  • Ideas afines a

    Ibn Arabi

    Ibn Arabi trató a maestras sufíes en al-Ándalus y defendió la plena capacidad espiritual de las mujeres, tema que la figura de Rabia encarna en la tradición. Afinidad, no influencia documentada aquí.

    Similitud identificada por análisis

  • Ideas afines a

    Teresa de Ávila

    Se ha comparado el desapego de Rabia ante la Kaaba con los grados de oración de Teresa de Jesús (Salto Sánchez del Corral, 2017). Comparación académica, sin contacto.

    Similitud identificada por análisis

  • Ideas afines a

    Jesús de Nazaret

    Los relatos hagiográficos de Rabia comparten con la tradición cristiana de las santas y de los padres del desierto motivos como la pobreza voluntaria y el amor a Dios por sí mismo; el relato del fuego y el agua circuló en la Europa cristiana. Afinidad temática.

    Similitud identificada por análisis

Fuentes

Fuentes

Bibliografía y catálogos consultados para esta ficha.

  1. Wikidata, Q256506 «Rabia of Basri» (P31=Q5; 65 enlaces entre wikis; P569 710 (década); P570 801).
  2. Cornell, Rkia Elaroui. Rabi'a from Narrative to Myth: The Many Faces of Islam's Most Famous Woman Saint, Rabi'a al-'Adawiyya. Londres: Oneworld Academic, 2019.
  3. Smith, Margaret. Rabi'a the Mystic and Her Fellow-Saints in Islam. Cambridge: Cambridge University Press, 1928; reed. 1984 con introducción de Annemarie Schimmel.
  4. al-Dhahabi, Shams al-Din. Siyar a'lam al-nubala', entrada «Rabi'a al-'Adawiyya» (texto árabe en Wikisource).
  5. Ibn Kathir. al-Bidaya wa-l-nihaya, vol. X, obituarios del año 185 H, entrada «Rabi'a al-'Adawiyya» (texto árabe en Wikisource).
  6. Attar, Farid al-Din. Tadhkirat al-awliya', capítulo de Rabia; en la adaptación inglesa de Claud Field, Mystics and Saints of Islam, Londres: Francis Griffiths, 1910, cap. III «Rabia, the Woman Sufi» (Project Gutenberg 24314).
  7. Nicholson, Reynold A. The Mystics of Islam. Londres: G. Bell & Sons, 1914 (Project Gutenberg 67388).
  8. al-Sulami, Abu Abd al-Rahman. Dhikr al-niswa al-muta'abbidat al-sufiyyat. Ed. y trad. de Rkia Elaroui Cornell: Early Sufi Women. Louisville: Fons Vitae, 1999.
  9. al-Qushayri. al-Risala al-qushayriyya. Trad. de Alexander D. Knysh: Al-Qushayri's Epistle on Sufism. Reading: Garnet, 2007.
  10. Schimmel, Annemarie. Mystical Dimensions of Islam. Chapel Hill: University of North Carolina Press, 1975 (sobre Rabia y la difusión europea del relato del fuego y el agua a través de Joinville).
  11. Abu Talib al-Makki, Qut al-qulub (s. X), y al-Ghazali, Ihya ulum al-din, libro XXXVI (Kitab al-mahabba), trad. Eric Ormsby, Love, Longing, Intimacy and Contentment, Islamic Texts Society, 2012; texto árabe de los versos reproducido por Abd al-Ghani al-Nabulsi en Wikisource.
  12. Wikipedia (en), «Rabia of Basra» (citas de Cornell 2019 sobre la escasez de datos históricos, las tres Rabias de al-Sulami y su recepción moderna).
  13. Ibn Battuta. Tuhfat al-nuzzar fi ghara'ib al-amsar, vol. I, descripción de Jerusalén: la tumba del monte de los Olivos es de «Rabi'a al-Badawiyya», distinta de la célebre al-Adawiyya (texto árabe en Wikisource).
  14. Open Library, registros de ediciones de Smith, Cornell, al-Sulami, al-Qushayri, Attar (Arberry, Pavet de Courteille), Lings, Upton y Oudaimah.
Titular de derechos
Sin titular: no hay obra de Rabia. Los textos que se le atribuyen proceden de autores medievales de dominio público; las traducciones y estudios modernos (Cambridge University Press, Oneworld, Fons Vitae, Islamic Texts Society, Arfuyen, Seuil…) están sujetos a los derechos de sus editores.

Pendiente de confirmar

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  • Obra: Rabia no dejó escritos. Se registran como «obras» los conjuntos de versos y dichos que se le atribuyen, cada uno con su fuente de transmisión (al-Makki, al-Dhahabi/Ibn Abi l-Dunya, al-Sulami, al-Qushayri, Attar), y los estudios y antologías principales como academic_about o compilation. No se ha podido verificar en el texto de Kitab al-luma' de al-Sarraj (ed. Nicholson, 1914) qué dichos de Rabia recoge: el OCR de Internet Archive no permite buscarlos.
  • Ediciones en español: no se ha localizado ninguna traducción castellana con ISBN de los dichos o poemas atribuidos a Rabia, ni del Tadhkirat al-awliya de Attar.
  • Sala de lectura: los textos de dominio público que contienen sus dichos (Attar en la edición persa de Nicholson, 1905–1907; la traducción francesa de Pavet de Courteille, 1889; Field, Mystics and Saints of Islam, 1910; Nicholson, The Mystics of Islam, 1914) son libros de otros autores en los que Rabia ocupa un capítulo; no se registran porque el importador no puede separar el capítulo. Margaret Smith (1928) es libre en EE. UU. pero no en la UE ni en España (Smith murió en 1970).
  • Fechas: el nacimiento c. 717 y la muerte en 185/801 son tradicionales; Cornell subraya que su origen es incierto. Verificar en Cornell 2019 qué dos autores basrenses del siglo IX la mencionan (se cita a al-Jahiz).
  • Citas: cotejar con el texto árabe de Qut al-qulub y del Ihya los versos de los «dos amores» (se ha usado la versión reproducida por al-Nabulsi en Wikisource) y localizar el texto árabe del dicho sobre el arrepentimiento citado por Nicholson.
  • Vídeos: no se ha localizado un documental institucional; el programa de France Culture (2006) está subido por un canal no oficial.

Investigado el 2026-10-25