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Epicureísmo

Epicuro

Ἐπίκουρος

341 a. C. – 270 a. C.Persona históricamente documentada

Filósofo griego (341–270 a. C.), fundador de la escuela del Jardín en Atenas. Unió una física atomista heredada de Demócrito a una ética que hace del placer, entendido como ausencia de dolor en el cuerpo y de turbación en el alma, el fin de la vida. Enseñó a no temer a los dioses ni a la muerte y a cultivar la amistad. De sus unos trescientos rollos solo quedan tres cartas, dos colecciones de máximas y fragmentos de su obra mayor, Sobre la naturaleza.

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Cabeza de Epicuro (Metropolitan Museum)

Cabeza de Epicuro (Metropolitan Museum) · CC0

En sus palabras

«Que nadie, por ser joven, tarde en filosofar, ni, por ser viejo, se canse de filosofar: nadie es demasiado joven ni demasiado viejo para la salud del alma.»

Carta a Meneceo, en Diógenes Laercio X 122. Griego: Diógenes Laercio X, ed. de Wikisource griega; inglés: R. D. Hicks (Loeb, 1925, dominio público); español: traducción propia.

Su idea central

El placer (hedoné) como fin: Para Epicuro el placer es «principio y fin de la vida feliz»: el primer bien, connatural a todo ser vivo, y la regla con que juzgamos cada elección.

Biografía

5 min de lectura

Trescientos rollos y tres cartas

Epicuro fue uno de los autores más fecundos de la Antigüedad: Diógenes Laercio le atribuye unos trescientos rollos, sin una sola cita ajena. Casi todo se ha perdido. Lo que conservamos llega por tres caminos. El libro X de las Vidas de Laercio copia íntegras tres cartas —a Heródoto, a Pitocles y a Meneceo—, las cuarenta Máximas capitales y su testamento. Los flujos piroclásticos del Vesubio sepultaron en el año 79, en una villa de Herculano, la biblioteca del epicúreo Filodemo, con rollos carbonizados de su gran tratado Sobre la naturaleza. Y en 1888 apareció en un códice de la Biblioteca Vaticana otra colección de sentencias. Alrededor quedan las noticias, a menudo hostiles, de estoicos, académicos y cristianos, y los ecos fieles de discípulos como Lucrecio.

Samos, Colofón y Teos

Nació en el 341 a. C. en Samos, donde Atenas había instalado colonos; su padre, Neocles, era maestro de escuela y ciudadano ateniense del demo de Gargeto, y su madre se llamaba Querestrata. Según el epicúreo Apolodoro, se volvió hacia la filosofía a los catorce años, irritado porque sus maestros no sabían explicarle qué era el «caos» de Hesíodo. A los dieciocho fue a Atenas a cumplir el servicio de efebo, cuando Jenócrates enseñaba en la Academia y Aristóteles se había retirado a Calcis. Tras la muerte de Alejandro, Pérdicas expulsó a los atenienses de Samos y Epicuro se reunió con su familia en Colofón. Allí cerca, en Teos, escuchó al demócriteo Nausífanes, autor de un Trípode del que habría sacado su Canon; él lo negó siempre, se dijo autodidacta y llenó de insultos a su antiguo maestro.

Del Egeo al Jardín

A los treinta y dos años empezó a enseñar en Mitilene, en la isla de Lesbos, y poco después en Lámpsaco, junto al Helesponto, donde reunió a los discípulos que lo acompañarían toda la vida: Metrodoro, Polieno, Idomeneo, Colotes, Leonteo y su mujer, Temista. Hacia el 307 a. C. regresó a Atenas y compró por ochenta minas un huerto, el Jardín (Kêpos), que dio nombre a la escuela. Era una comunidad de amigos más que un aula: vivían allí sus hermanos, mujeres como Leontion o Temista, el esclavo Mys, que participaba en los estudios; comían con sencillez, se conformaban con pan y agua y un poco de vino aguado, y no ponían los bienes en común, porque eso, decía Epicuro, supondría desconfianza entre amigos. Siglos después, Séneca recordaba la inscripción de la puerta: «Huésped, aquí estarás bien; aquí el bien supremo es el placer».

Una medicina para el miedo

Epicuro dividía la filosofía en canónica, física y ética, y subordinaba las dos primeras a la tercera: estudiar la naturaleza solo tiene sentido si libra del miedo. Todo cuanto existe son átomos indivisibles que se mueven en el vacío; el alma es también un compuesto de átomos que se disgrega con el cuerpo; los dioses existen, pero viven felices e indiferentes y no castigan ni premian a nadie. De ahí la sentencia más célebre: la muerte no es nada para nosotros, porque mientras somos ella no está, y cuando ella está ya no somos. El placer es principio y fin de la vida feliz, pero no el de los disolutos sino la ausencia de dolor en el cuerpo (aponía) y de turbación en el alma (ataraxía). Para alcanzarlo hay que distinguir los deseos naturales y necesarios de los vanos, y elegir con prudencia, que vale más que la propia filosofía. La amistad es el mayor bien que procura la sabiduría, y la vida retirada —«vive oculto», resumirían los epicúreos— protege de la ambición y la política.

Sensaciones, átomos y desvío

La teoría del conocimiento, expuesta en el perdido Canon, sostiene que todas las sensaciones son verdaderas y que el error nace de la opinión que les añadimos; junto a ellas, las prenociones (prolépseis) y las afecciones de placer y dolor son los criterios de verdad. La física sigue de cerca a Demócrito, al que Epicuro debía más de lo que reconocía, pero se aparta de él en un punto decisivo: para salvar la libertad frente a la necesidad, los átomos pueden desviarse mínimamente de su trayectoria. Esa desviación, el clinamen de los latinos, no aparece en los textos conservados de Epicuro y la conocemos por Lucrecio y Cicerón, aunque la Carta a Meneceo ya prefiere los mitos sobre los dioses a la necesidad inflexible de los físicos y afirma que algo depende de nosotros.

Calumnias y defensores

Ninguna escuela antigua fue tan calumniada. Timócrates, hermano de Metrodoro y desertor del Jardín, contó que Epicuro vomitaba dos veces al día de tanto comer y gastaba una mina diaria en su mesa; el estoico Diotimo hizo circular cincuenta cartas obscenas falsamente atribuidas a él. Epicteto lo llamó predicador de la molicie, y los Padres de la Iglesia hicieron de «epicúreo» sinónimo de ateo y vividor. Diógenes Laercio, que recoge las acusaciones, las refuta con el testimonio de su testamento, de la fidelidad de sus amigos y de la frugalidad del Jardín. El propio Epicuro, es cierto, despreció sin miramientos a Platón, a Aristóteles, a los cínicos y a los dialécticos.

El día más feliz

Murió en el 270 a. C., a los setenta y dos años, tras catorce días de sufrimiento por un cálculo que le impedía orinar, según contaba su sucesor Hermarco. Ese último día escribió a Idomeneo que, frente a los dolores de vejiga y de vientre, que no podían ser mayores, oponía la alegría del alma por el recuerdo de sus conversaciones, y le encargaba cuidar de los hijos de Metrodoro. El biógrafo Hermipo añadía que se metió en una bañera de bronce con agua tibia, pidió vino puro, lo bebió y murió tras pedir a sus amigos que recordaran sus enseñanzas. En el testamento dejaba el Jardín a la escuela, liberaba a sus esclavos Mys, Nicias, Licón y Fedrión, y fijaba una reunión el día veinte de cada mes en memoria suya y de Metrodoro.

La larga posteridad

El Jardín sobrevivió siglos con una fidelidad extraordinaria a su fundador. En el siglo I a. C., Filodemo enseñó epicureísmo en Italia y Lucrecio lo vertió en los seis libros de La naturaleza de las cosas; en el II d. C., Diógenes de Enoanda hizo grabar sus doctrinas en un muro de su ciudad, en Licia, para quien quisiera leerlas. El cristianismo lo sepultó; el hallazgo del manuscrito de Lucrecio por Poggio Bracciolini en 1417 inició su retorno, y en el siglo XVII Pierre Gassendi reconcilió el atomismo epicúreo con la fe y lo puso en el origen de la ciencia moderna. Hoy, con los papiros de Herculano descifrados poco a poco, Epicuro sigue siendo el filósofo que propuso la serenidad como una técnica que se aprende.

Fuentes: Diógenes Laercio. Vidas y opiniones de los filósofos ilustres, libro X (Epicuro: vida, testamento, cartas a Heródoto, Pitocles y Meneceo, Máximas capitales), s. III d. C. Trad. inglesa de R. D. Hicks, Loeb Classical Library 185, 1925 (Wikisource en inglés); texto griego en Wikisource griega; trad. de C. D. Yonge, Bohn, 1853 (Project Gutenberg n.º 57342). · Diógenes Laercio. Los diez libros de Diógenes Laercio sobre las vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres, trad. de José Ortiz y Sanz, tomo II (libros VI–X). Imprenta Real, Madrid, 1792 (Internet Archive). · Usener, Hermann (ed.). Epicurea. Teubner, Leipzig, 1887 (Internet Archive). Edición clásica de los textos y testimonios; numeración «Us.» de los fragmentos. · Bailey, Cyril (ed. y trad.). Epicurus: The Extant Remains. Clarendon Press, Oxford, 1926 (Internet Archive). · Arrighetti, Graziano (ed. y trad.). Epicuro. Opere. Einaudi, Turín, 1960; 2.ª ed. 1973 (incluye los libros de Sobre la naturaleza conservados en Herculano).

Cronología

La vida, año a año

Cada punto es un acontecimiento documentado. Pulsa para leerlo, con su fuente y su grado de certeza.

  1. 341 a. C. · 0 años

    Nacimiento

    Nace en Samos el 7 del mes de gamelión del tercer año de la olimpiada 109, arcontado de Sosígenes (enero–febrero de 341 a. C.), según la cronología de Apolodoro en Diógenes Laercio X 14. Hijo de Neocles y Querestrata, ciudadanos atenienses. Wikidata registra 342 y 341. Los años anteriores a nuestra era se expresan en negativo.

    Documentado

  2. c. 327 a. C. · 14 años

    El caos de Hesíodo

    Según él mismo, se acerca a la filosofía a los catorce años; Apolodoro el epicúreo cuenta que fue por desdén hacia los maestros que no sabían explicarle el «caos» de Hesíodo (Diógenes Laercio X 2).

    Tradición

  3. 323 a. C. · 18 años

    Efebo en Atenas

    Llega a Atenas a los dieciocho años para el servicio de efebo, cuando Jenócrates dirige la Academia y Aristóteles está en Calcis (Diógenes Laercio X 1).

    Documentado

  4. c. 321 a. C. · 20 años

    Colofón y Nausífanes

    Expulsados los colonos atenienses de Samos por Pérdicas, se reúne con su padre en Colofón. Escucha en Teos al demócriteo Nausífanes, aunque luego negó haber tenido maestros (Diógenes Laercio X 1, 13–14).

    Probable

  5. c. 311 a. C.

    Primera escuela

    Hacia el 311 a. C. —Laercio dice que a los treinta y dos años— empieza a enseñar en Mitilene y después en Lámpsaco, donde se le unen Metrodoro, Polieno, Idomeneo, Colotes, Leonteo y Temista (Diógenes Laercio X 15).

    Probable

  6. c. 307 a. C. · 34 años

    Regreso a Atenas y compra del Jardín

    Vuelve a Atenas en el arcontado de Anaxícrates (307/306 a. C.) y compra por ochenta minas el huerto que da nombre a la escuela (Diógenes Laercio X 2, 11).

    Documentado

  7. c. 277 a. C.

    Muerte de Metrodoro

    Muere Metrodoro de Lámpsaco, su discípulo más cercano, siete años antes que Epicuro (Diógenes Laercio X 23); el testamento del maestro dispone el cuidado de sus hijos.

    Probable

  8. 270 a. C. · 71 años

    Muerte

    Muere en el segundo año de la olimpiada 127, arcontado de Pitarato (271/270 a. C.), a los setenta y dos años (cómputo antiguo), tras catorce días de enfermedad por un cálculo urinario. Le sucede Hermarco de Mitilene (Diógenes Laercio X 15–22).

    Documentado

  9. c. 150 a. C.

    La inscripción de Diógenes de Enoanda

    Un ciudadano de Enoanda, Diógenes, hace grabar en un pórtico de su ciudad una gran inscripción con las doctrinas de Epicuro, de la que se han recuperado cientos de fragmentos. Fecha aproximada (siglo II d. C.).

    Documentado

  10. 79 a. C.

    La biblioteca de Herculano

    La erupción del Vesubio sepulta la Villa de los Papiros y la biblioteca de Filodemo, con rollos de Sobre la naturaleza de Epicuro; los papiros se hallarán carbonizados en el siglo XVIII.

    Documentado

  11. c. 55 a. C.

    Lucrecio, «La naturaleza de las cosas»

    Lucrecio compone en hexámetros latinos los seis libros de su poema, la exposición más completa del sistema epicúreo que se conserva.

    Probable

  12. 1417

    Poggio encuentra a Lucrecio

    El humanista Poggio Bracciolini descubre en un monasterio alemán un manuscrito de La naturaleza de las cosas y lo hace copiar; el poema reintroduce el epicureísmo en la cultura europea.

    Documentado

  13. 1888

    Las Sentencias vaticanas

    Karl Wotke publica, con la colaboración de Hermann Usener, la colección de 81 sentencias epicúreas que había encontrado en el códice Vaticanus graecus 1950.

    Documentado

Obras

Obras esenciales

Las obras sin las que no se entiende su legado.

Carta a Meneceo — Epicuro

Correspondencia

Carta a Meneceo

Ἐπιστολὴ πρὸς Μενοικέα

El texto más leído de Epicuro: un breve tratado moral en forma de carta. Empieza invitando a filosofar a cualquier edad, porque nunca es pronto ni tarde para la salud del alma; recuerda que los dioses son inmortales y felices y no se ocupan de los hombres; demuestra que la muerte no es nada para nosotros; clasifica los deseos en naturales y necesarios, naturales y no necesarios, y vanos; define el placer como ausencia de dolor en el cuerpo y de turbación en el alma, no como goce de los disolutos; pone la prudencia por encima de la filosofía y cierra con el retrato del sabio, que vive «como un dios entre los hombres».

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Carta a Heródoto — Epicuro

Correspondencia

Carta a Heródoto

Ἐπιστολὴ πρὸς Ἡρόδοτον

Resumen de la física epicúrea dirigido a un discípulo. Expone los principios: nada nace de la nada ni se destruye en la nada; el todo está formado por cuerpos y vacío; los cuerpos compuestos resultan de átomos indivisibles, de formas variadas aunque no infinitas, que se mueven sin cesar a igual velocidad; hay infinitos mundos. Explica la percepción por los simulacros (eídola) que se desprenden de las cosas, la naturaleza corporal del alma y su disgregación con la muerte, y termina mostrando que el estudio de los fenómenos celestes sirve para liberar del miedo y no para adivinar.

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Máximas capitales — Epicuro

Recopilación posterior

Máximas capitales

Κύριαι δόξαι

Las cuarenta máximas condensan el sistema en fórmulas breves pensadas para aprenderse de memoria. Las cuatro primeras contienen el llamado «cuádruple remedio»: el ser feliz e inmortal no tiene preocupaciones ni las causa; la muerte no es nada para nosotros; el límite del placer es la supresión de todo dolor; el dolor intenso dura poco y el prolongado es soportable. Siguen máximas sobre la prudencia y la justicia, sobre los deseos, sobre la seguridad que da la amistad y, al final, una teoría de la justicia como pacto de no hacer ni sufrir daño.

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Sentencias vaticanas — Epicuro

Recopilación posterior

Sentencias vaticanas

Ἐπικούρου προσφώνησις (Gnomologium Vaticanum Epicureum)

Colección de máximas morales de tono a veces más poético y personal que las Máximas capitales. En ellas aparecen las sentencias más citadas sobre la amistad —«la amistad recorre danzando el mundo», que llama a todos a despertar a la felicidad—, sobre la gratitud por los bienes pasados, la sencillez de lo necesario, la independencia frente a la fama y la política y la preparación ante la muerte. Junto a las Máximas, fue el instrumento de memorización de la escuela.

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Sobre la naturaleza — Epicuro

Obra escrita · c. 300 a. C.

Sobre la naturaleza

Περὶ φύσεως

La obra mayor de Epicuro: una serie de lecciones, en treinta y siete rollos, que exponían de forma completa y polémica la física, la teoría del conocimiento y la psicología del sistema. Los escolios a la Carta a Heródoto remiten a ella para la tesis de que el todo consta de cuerpos y vacío o para la diversidad de forma de los mundos. Los papiros de Herculano, descifrados con dificultad desde el siglo XVIII y hoy con técnicas de imagen, conservan discusiones sobre la responsabilidad moral (libro XXV), el lenguaje y el error (libro XXVIII), en un estilo denso muy distinto del de las cartas.

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Frases

Frases localizadas en una obra concreta. Cada una lleva su procedencia y su nivel de confianza.

Que nadie, por ser joven, tarde en filosofar, ni, por ser viejo, se canse de filosofar: nadie es demasiado joven ni demasiado viejo para la salud del alma.

Μήτε νέος τις ὢν μελλέτω φιλοσοφεῖν, μήτε γέρων ὑπάρχων κοπιάτω φιλοσοφῶν· οὔτε γὰρ ἄωρος οὐδείς ἐστιν οὔτε πάρωρος πρὸς τὸ κατὰ ψυχὴν ὑγιαῖνον.

VerificadaCarta a Meneceo, en Diógenes Laercio X 122. Griego: Diógenes Laercio X, ed. de Wikisource griega; inglés: R. D. Hicks (Loeb, 1925, dominio público); español: traducción propia.

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Citas apócrifas o de atribución discutida (3)
  • «¿Quiere Dios evitar el mal y no puede? Entonces es impotente. ¿Puede y no quiere? Entonces es malévolo. ¿Quiere y puede? ¿De dónde viene entonces el mal?»

    La llamada «paradoja de Epicuro» no aparece en ningún texto conservado de Epicuro. Su fuente es el apologista cristiano Lactancio (Sobre la ira de Dios 13, c. 314), que la atribuye a Epicuro para refutarla; muchos especialistas creen que procede de la Academia escéptica (Carneades) y no del Jardín, y la forma moderna en preguntas se debe sobre todo a Hume.

  • «No fui, fui, no soy, no me importa.»

    Fórmula funeraria latina (non fui, fui, non sum, non curo) atestiguada en epitafios romanos de época imperial, de inspiración epicúrea. Circula atribuida a Epicuro, pero no está en sus textos ni en griego.

  • «El cuádruple remedio: Dios no es de temer; la muerte no se siente; el bien es fácil de conseguir; el mal es fácil de soportar.»

    La doctrina es de Epicuro (Máximas capitales I–IV), pero la fórmula compacta del «tetrafármaco» es de su seguidor Filodemo (s. I a. C.), en un papiro de Herculano. Presentarla como cita literal de Epicuro es inexacto.

Últimas palabras

Atribución tradicional

««Recordad las enseñanzas» (según Hermipo, encargó a sus amigos que recordaran sus doctrinas y así murió).»

τοῖς τε φίλοις παραγγείλαντα τῶν δογμάτων μεμνῆσθαι οὕτω τελευτῆσαι

Diógenes Laercio X 15–16 recoge el relato del biógrafo Hermipo (s. III a. C.): enfermo de un cálculo durante catorce días, se metió en una bañera de bronce con agua tibia, pidió vino puro, lo bebió, encargó a sus amigos que recordaran sus doctrinas y murió. El epigrama del propio Laercio pone en su boca «χαίρετε, καὶ μέμνησθε τὰ δόγματα» («adiós, y recordad las doctrinas»), versión literaria. El testimonio más fiable de sus últimas horas no son unas palabras dichas, sino la carta del último día a Idomeneo (X 22), que Cicerón conoce dirigida a Hermarco (De finibus II 96): «Te escribo en el día feliz que es a la vez el último de mi vida…». Inglés: R. D. Hicks; español: traducción propia.

Fuente: Diógenes Laercio. Vidas y opiniones de los filósofos ilustres, libro X (Epicuro: vida, testamento, cartas a Heródoto, Pitocles y Meneceo, Máximas capitales), s. III d. C. Trad. inglesa de R. D. Hicks, Loeb Classical Library 185, 1925 (Wikisource en inglés); texto griego en Wikisource griega; trad. de C. D. Yonge, Bohn, 1853 (Project Gutenberg n.º 57342).

Preguntar

Lo que su obra responde

Doce grandes preguntas de la humanidad y lo que sus textos permiten responder, con referencias. Nunca ponemos palabras en su boca.

  • ¿Qué es lo Absoluto? ¿Existe Dios?

    Los dioses existen, felices e indiferentes: ni crearon el mundo ni lo gobiernan

    Sin Dios creadorLo dice expresamente

    Epicuro no es ateo: en la Carta a Meneceo afirma que los dioses existen y que su conocimiento es evidente, y los define como seres incorruptibles y felices. Pero precisamente por eso no pueden ocuparse del mundo: la primera Máxima capital dice que el ser feliz e incorruptible ni tiene preocupaciones ni las causa, y no está sujeto a iras ni a favores. El cosmos no es obra suya, sino de átomos que se combinan en el vacío, y los fenómenos celestes no deben atribuirse a su gobierno. La felicidad humana no depende, por tanto, de ningún Dios: liberarse del temor a los dioses es uno de los primeros remedios de su filosofía.

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  • ¿Quién soy yo? ¿Existe un yo verdadero?

    El alma es un compuesto de átomos que se dispersa con el cuerpo

    No hay un yo permanenteLo dice expresamente

    En la Carta a Heródoto Epicuro describe el alma como un cuerpo de partes sutiles repartido por todo el organismo, parecido a un aliento con mezcla de calor, y añade que no puede sentir separada de la envoltura del cuerpo: cuando este se disuelve, sus átomos se dispersan y deja de existir. Llamar incorpórea al alma, dice, es hablar en vano. No hay, por tanto, un yo permanente que sobreviva a la composición que lo forma. La ética se apoya en esa física: el temor a la muerte nace de imaginar que seguiremos estando ahí para sufrirla, y desaparece cuando se comprende que, disuelto el compuesto, no queda nadie a quien le afecte.

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  • ¿Por qué sufrimos?

    Los deseos vanos y los temores infundados nos turban

    El deseo y el apegoLo dice expresamente

    Epicuro identifica el bien con el placer, entendido sobre todo como ausencia de dolor en el cuerpo y de turbación en el alma, y explica la infelicidad por dos causas. La primera son los deseos mal ordenados: unos son naturales y necesarios, otros naturales y no necesarios, y otros vanos, como los de riqueza o gloria, que no tienen límite y por eso nunca se sacian. La segunda son las opiniones falsas que generan miedo, sobre todo a los dioses y a la muerte. La Carta a Meneceo enseña a clasificar los deseos y a calcular placeres y dolores, y la física disuelve los temores. Sufrimos por desear lo que no necesitamos y temer lo que no debe temerse.

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  • ¿Qué ocurre después de la muerte?

    La muerte no es nada para nosotros: donde está ella, no estamos nosotros

    La muerte es el fin de la personaLo dice expresamente

    Epicuro no guarda reserva: afirma con seguridad que la muerte es la disolución del compuesto de átomos que somos y que no queda nadie que la padezca. De ahí su argumento más famoso, en la Carta a Meneceo: el bien y el mal están en la sensación, y la muerte es privación de sensación; por eso, cuando nosotros somos, la muerte no está, y cuando la muerte está, nosotros ya no somos. La segunda Máxima capital lo reduce a una línea. El temor a la muerte es, pues, un error, y su remedio no es una esperanza, sino la física bien entendida. Lo que importa es la calidad de la vida presente, no su duración.

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  • ¿Cómo se alcanza la liberación o la salvación?

    Meditar día y noche las verdades que curan el alma

    Por la práctica disciplinadaLo dice expresamente

    Para Epicuro la filosofía es medicina del alma y su meta, la ataraxia, se alcanza con un trabajo continuado. La Carta a Meneceo empieza diciendo que nadie es demasiado joven ni demasiado viejo para filosofar y termina con una consigna: meditar estas cosas día y noche, a solas y con alguien semejante a uno, para vivir como un dios entre los hombres. El contenido de esa meditación está fijado: los dioses no son de temer, la muerte no es nada, el bien es fácil de procurar y el dolor fácil de soportar. Las Máximas capitales y los epítomes se escribieron para memorizarlos. A ello se añade el estudio de la naturaleza, sin el cual los temores no se disuelven.

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  • ¿Hace falta un maestro?

    El Jardín: aprender entre amigos, con alguien semejante a uno

    La comunidad y la tradiciónLo dice expresamente

    Epicuro se presentaba como autodidacta y negaba deber nada a sus maestros, pero el camino que propuso es comunitario. En el Jardín de Atenas vivían juntos hombres y mujeres, libres y esclavos, unidos por la amistad, que según la Máxima capital XXVII es lo más grande que procura la sabiduría para la felicidad. La Carta a Meneceo recomienda meditar la doctrina a solas y con alguien semejante a uno, y la escuela cultivaba la memoria del fundador con fiestas y retratos. Séneca transmite un consejo epicúreo: elegir a un hombre de bien y tenerlo siempre ante los ojos, obrando como si nos viera. Se aprende en una comunidad de amigos y con sus textos.

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  • ¿Es real el mundo?

    Átomos y vacío: infinitos mundos que nacen y se disuelven sin designio

    Orden natural en transformaciónLo dice expresamente

    En la Carta a Heródoto Epicuro expone una física atomista: nada nace de la nada ni se destruye en la nada; el todo está formado por cuerpos y vacío, y los cuerpos compuestos resultan de átomos indivisibles e indestructibles en movimiento perpetuo. Hay infinitos mundos, semejantes y desemejantes al nuestro, que se forman por agregación y se disuelven con el tiempo, sin intervención de los dioses ni finalidad alguna. Los sentidos son fiables: son el criterio último de la verdad, y lo que no se percibe se infiere a partir de lo percibido. El mundo es real, material y cambiante; conocer sus causas naturales es lo que libera de los temores.

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  • ¿Qué es el amor?

    La amistad, el mayor bien que procura la sabiduría; el enamoramiento, un riesgo

    Benevolencia ordenadaLo dice expresamente

    Epicuro distingue con cuidado entre el amor erótico y la amistad. Del primero desconfía: el sabio no se enamorará, porque el amor no viene enviado por los dioses y suele traer más turbación que placer. La amistad, en cambio, ocupa el centro de su ética: de todo lo que la sabiduría procura para la felicidad, lo más grande con mucho es la adquisición de la amistad. Una Sentencia vaticana dice que toda amistad es deseable por sí misma, aunque tuvo su origen en la utilidad; otra, que la amistad recorre danzando el mundo habitado anunciando a todos que despierten a la felicidad. Es un afecto cultivado con medida, entre iguales, que sostiene la vida del Jardín.

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  • ¿Somos libres o está todo determinado?

    Lo que depende de nosotros no tiene amo: mejor el mito que el destino

    Libre albedrío realLo dice expresamente

    Epicuro es el primer filósofo que plantea con claridad el riesgo de que una física determinista anule la responsabilidad. En la Carta a Meneceo describe al sabio como quien se ríe del destino que algunos presentan como señor de todo, sabe que unas cosas suceden por necesidad, otras por azar y otras dependen de nosotros, y que lo que depende de nosotros no tiene amo, por lo que de ello se siguen el reproche y la alabanza. Añade que sería mejor seguir los mitos sobre los dioses que someterse al destino de los físicos. La doctrina de la desviación de los átomos, conocida sobre todo por Lucrecio, se ideó para salvar esa libertad.

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  • ¿Para qué meditar u orar?

    Honrar a los dioses sin temor y repetir cada día las verdades que serenan

    Ritual y cultivo de síSe deduce de su doctrina

    Epicuro no rezaba a los dioses para obtener favores, porque no intervienen en el mundo, pero tampoco abandonó el culto. Según Filodemo, participaba en las fiestas cívicas y en los misterios, y veneraba a los dioses por su perfección, como modelos de una felicidad sin turbación. Su práctica característica es otra: la repetición de la doctrina. La Carta a Meneceo pide meditar sus enseñanzas día y noche, a solas y con un amigo; los epítomes y las Máximas capitales se compusieron para memorizarlos. Así se fijan en el alma las verdades que liberan del miedo. Rito sereno, estudio repetido y conducta diaria componen la vida del Jardín.

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  • ¿Puede la razón conocer lo último?

    Nadie es demasiado joven ni demasiado viejo para estudiar la naturaleza

    El estudio y el aprendizajeLo dice expresamente

    Para Epicuro la razón, apoyada en los sentidos, puede conocer la constitución última de las cosas: átomos y vacío. Su teoría del conocimiento, expuesta en el Canon, toma como criterios de verdad las sensaciones, las nociones previas y los afectos; lo que no se percibe directamente se infiere a partir de lo evidente, siempre que nada lo contradiga. La filosofía es una tarea de toda la vida: nadie es demasiado joven ni demasiado viejo para filosofar, empieza la Carta a Meneceo. Y el estudio tiene un fin práctico: sin conocer la naturaleza del universo no es posible disolver el temor sobre las cuestiones más importantes. Aprender es el camino hacia la serenidad.

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  • ¿Retirarse del mundo o transformarlo?

    Vive oculto: el sabio no hará política, salvo necesidad

    Retirarse para encontrarLo dice expresamente

    Epicuro aconsejó apartarse de la vida pública. La máxima «vive oculto», transmitida por Plutarco, que la combatió en un opúsculo entero, resume su posición; Diógenes Laercio añade que el sabio no hará política, y una Sentencia vaticana exhorta a liberarse de la cárcel de los negocios y de la política. La razón es que la ambición de fama y poder trae turbación, y la seguridad que de verdad importa procede de la vida tranquila y del retiro de la multitud. Pero ese retiro no es soledad: Epicuro fundó el Jardín, una comunidad de amigos que vivía en común a las afueras de Atenas. Se trata de retirarse de la ciudad para vivir con los amigos.

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Anécdotas y relatos

Anécdotas y relatos

Testimonioc. 307–270 a. C.

El Jardín y su puerta

Cuando Epicuro volvió a Atenas hacia el 307 a. C., compró por ochenta minas un huerto en las afueras y allí se instaló con sus amigos. Era una comunidad sin precedentes: con los filósofos vivían sus hermanos, mujeres como Leontion y Temista, y esclavos como Mys, que estudiaban con los demás. Comían con frugalidad, bebían agua y apenas un poco de vino aguado, y no ponían los bienes en común, porque eso, decía Epicuro, sería señal de desconfianza entre amigos. Séneca, que lo admiraba a pesar de ser estoico, cuenta que en la entrada se leía: «Huésped, aquí estarás bien; aquí el bien supremo es el placer». Y añade que el guardián que lo recibía no le ofrecía un banquete, sino gachas de cebada y agua en abundancia, y le preguntaba si había sido bien acogido: esos huertos, decía, no excitan el hambre, la sacian.

Origen del relato: Diógenes Laercio X 3, 10–11 (citando a Apolodoro y a Diocles); Séneca, Epístolas a Lucilio 21.10. La inscripción es un testimonio de Séneca, cuatro siglos posterior, y no consta que figurara ya en tiempos de Epicuro.

Fuente: Diógenes Laercio. Vidas y opiniones de los filósofos ilustres, libro X (Epicuro: vida, testamento, cartas a Heródoto, Pitocles y Meneceo, Máximas capitales), s. III d. C. Trad. inglesa de R. D. Hicks, Loeb Classical Library 185, 1925 (Wikisource en inglés); texto griego en Wikisource griega; trad. de C. D. Yonge, Bohn, 1853 (Project Gutenberg n.º 57342).

Documentadoc. 307–270 a. C.

Un pote de queso

Los adversarios de Epicuro lo pintaron como un glotón. Él mismo, en sus cartas, contaba otra cosa: que se conformaba con agua y pan sencillo, y en una de ellas pedía a un amigo: «Mándame un pote de queso, para que pueda darme un festín cuando quiera». Diógenes Laercio cita la frase como prueba de quién era en realidad el hombre que enseñaba que el placer es el fin de la vida. La Carta a Meneceo lo explica en teoría: el pan y el agua dan el máximo placer a quien tiene hambre, y acostumbrarse a una dieta sencilla da salud, quita el miedo a la fortuna y hace disfrutar mejor de la abundancia cuando llega de tarde en tarde. El queso es, en esa lógica, un lujo calculado.

Origen del relato: Diógenes Laercio X 11, que cita literalmente una carta de Epicuro hoy perdida; la teoría, en la Carta a Meneceo (X 130–131).

Fuente: Diógenes Laercio. Vidas y opiniones de los filósofos ilustres, libro X (Epicuro: vida, testamento, cartas a Heródoto, Pitocles y Meneceo, Máximas capitales), s. III d. C. Trad. inglesa de R. D. Hicks, Loeb Classical Library 185, 1925 (Wikisource en inglés); texto griego en Wikisource griega; trad. de C. D. Yonge, Bohn, 1853 (Project Gutenberg n.º 57342).

Disputados. III a. C. en adelante

Las calumnias de Timócrates

Timócrates, hermano de Metrodoro, había sido discípulo del Jardín y lo abandonó. En un libro titulado Delicias contó que Epicuro vomitaba dos veces al día por exceso de comida, que gastaba una mina diaria en su mesa, que había pasado años sin poder levantarse de la silla y que él mismo apenas había logrado escapar de aquellas reuniones nocturnas y secretas. Otros añadieron más: el estoico Diotimo difundió cincuenta cartas obscenas atribuidas a Epicuro, se dijo que su madre y él iban de casa en casa recitando ensalmos, que plagiaba a Demócrito y a Aristipo, que adulaba a los poderosos. Diógenes Laercio recoge todo esto para concluir que sus autores estaban locos, y opone el testimonio del testamento, de las estatuas de bronce que le dedicó su ciudad y de la fidelidad de sus amigos.

Origen del relato: Diógenes Laercio X 3–9. Son acusaciones de adversarios o de un desertor de la escuela, transmitidas junto a su refutación; ningún historiador moderno las toma por hechos, pero muestran la hostilidad que rodeó al epicureísmo desde su origen.

Fuente: Diógenes Laercio. Vidas y opiniones de los filósofos ilustres, libro X (Epicuro: vida, testamento, cartas a Heródoto, Pitocles y Meneceo, Máximas capitales), s. III d. C. Trad. inglesa de R. D. Hicks, Loeb Classical Library 185, 1925 (Wikisource en inglés); texto griego en Wikisource griega; trad. de C. D. Yonge, Bohn, 1853 (Project Gutenberg n.º 57342).

Testimonio270 a. C.

El último día

Epicuro pasó sus dos últimas semanas con un cálculo que le impedía orinar, según contaba su sucesor Hermarco. El día de su muerte escribió a Idomeneo, uno de sus discípulos de Lámpsaco: le decía que pasaba ese día feliz, que era también el último de su vida; que los dolores de vejiga y de vientre eran tan grandes que nada podía aumentarlos, pero que a todos ellos oponía la alegría del alma por el recuerdo de sus conversaciones; y le pedía, por la fidelidad que siempre le había mostrado a él y a la filosofía, que cuidara de los hijos de Metrodoro. Según el biógrafo Hermipo, al final se metió en una bañera de bronce con agua tibia, pidió vino puro, lo bebió y murió tras pedir a sus amigos que recordaran sus enseñanzas. Cicerón, que conocía la carta dirigida a Hermarco, la usó para burlarse de la ética del placer; para los epicúreos era la prueba de que la doctrina se podía vivir.

Origen del relato: Diógenes Laercio X 15–16 y 22 (Hermarco, Hermipo y el texto de la carta); Cicerón, De finibus II 96. La carta se conserva por cita y su autenticidad no se discute seriamente; la escena del baño procede de un biógrafo helenístico aficionado a las muertes ejemplares.

Fuente: Diógenes Laercio. Vidas y opiniones de los filósofos ilustres, libro X (Epicuro: vida, testamento, cartas a Heródoto, Pitocles y Meneceo, Máximas capitales), s. III d. C. Trad. inglesa de R. D. Hicks, Loeb Classical Library 185, 1925 (Wikisource en inglés); texto griego en Wikisource griega; trad. de C. D. Yonge, Bohn, 1853 (Project Gutenberg n.º 57342).

Tradición oralc. 327 a. C.

El caos de Hesíodo

Epicuro decía que se había acercado a la filosofía a los catorce años. El epicúreo Apolodoro, que escribió una vida del maestro, contaba cómo: leyendo con su maestro de escuela el verso de Hesíodo según el cual «primero de todo nació el Caos», el muchacho preguntó de qué había nacido el caos, y como ni ese maestro ni los gramáticos supieron responderle, decidió buscar la respuesta por sí mismo. El biógrafo Hermipo daba otra versión: que había sido maestro de escuela y que se volvió a la filosofía al leer los libros de Demócrito. Las dos historias son coherentes con lo que vendría después: el principio de que nada nace de la nada y la deuda, nunca del todo reconocida, con el atomismo de Demócrito.

Origen del relato: Diógenes Laercio X 2, con dos versiones (Apolodoro el epicúreo y Hermipo). Es una anécdota de escuela, transmitida por un biógrafo afín; su valor es ilustrativo más que documental.

Fuente: Diógenes Laercio. Vidas y opiniones de los filósofos ilustres, libro X (Epicuro: vida, testamento, cartas a Heródoto, Pitocles y Meneceo, Máximas capitales), s. III d. C. Trad. inglesa de R. D. Hicks, Loeb Classical Library 185, 1925 (Wikisource en inglés); texto griego en Wikisource griega; trad. de C. D. Yonge, Bohn, 1853 (Project Gutenberg n.º 57342).

Documentado1417–1888

Cómo volvió Epicuro

Durante más de mil años, de Epicuro solo quedaron el libro X de Diógenes Laercio y las caricaturas de sus enemigos. El regreso fue obra del azar. En 1417 el humanista Poggio Bracciolini encontró en un monasterio alemán un manuscrito del poema de Lucrecio y lo hizo copiar. En el siglo XVIII las excavaciones de Herculano sacaron a la luz una biblioteca de rollos carbonizados, la del epicúreo Filodemo, con libros de Sobre la naturaleza que todavía hoy se descifran. A finales del XIX aparecieron en Enoanda, en Licia, los bloques de la gigantesca inscripción en que un tal Diógenes, en el siglo II, había hecho grabar las doctrinas del Jardín para sus conciudadanos. Y en 1888 Karl Wotke encontró en la Biblioteca Vaticana las ochenta y una sentencias que desde entonces se llaman vaticanas.

Origen del relato: Greenblatt (2011) para el hallazgo de Lucrecio; Konstan (Stanford Encyclopedia of Philosophy) para Herculano y Enoanda; Wotke (1888) para las Sentencias vaticanas. Son hechos de la historia de la transmisión, bien documentados.

Fuente: Konstan, David. «Epicurus». The Stanford Encyclopedia of Philosophy, ed. Edward N. Zalta; primera publicación 2005, revisión sustancial del 8 de julio de 2022.

Enseñanzas

Enseñanzas

Las nociones que articulan su pensamiento, explicadas en su contexto.

El placer (hedoné) como finhedone
Para Epicuro el placer es «principio y fin de la vida feliz»: el primer bien, connatural a todo ser vivo, y la regla con que juzgamos cada elección. Pero su idea del placer es casi lo contrario de lo que el nombre de su escuela llegó a sugerir. El placer supremo no es la excitación sino la ausencia de dolor: el límite del placer es la supresión de todo sufrimiento (Máxima III), y una vez alcanzado no puede aumentar, solo variar. De ahí la distinción, que Laercio atribuye a Epicuro frente a los cirenaicos, entre placeres «en movimiento», como comer cuando se tiene hambre, y placeres «estables» o catastemáticos, como el estado de quien ya no tiene hambre ni turbación. La ética es un cálculo: a veces se renuncia a un placer que trae más daño y se acepta un dolor que trae un bien mayor. Y ese cálculo exige prudencia, que Epicuro valora por encima de la filosofía misma.

Carta a Meneceo (X 128–132), Máximas III–V y Diógenes Laercio X 136. La confusión con el hedonismo vulgar empezó con sus adversarios estoicos y cristianos.

Fuente: Diógenes Laercio. Vidas y opiniones de los filósofos ilustres, libro X (Epicuro: vida, testamento, cartas a Heródoto, Pitocles y Meneceo, Máximas capitales), s. III d. C. Trad. inglesa de R. D. Hicks, Loeb Classical Library 185, 1925 (Wikisource en inglés); texto griego en Wikisource griega; trad. de C. D. Yonge, Bohn, 1853 (Project Gutenberg n.º 57342).

Ataraxia y aponíaataraxia
Los dos nombres del placer estable son la *aponía*, ausencia de dolor en el cuerpo, y la *ataraxía*, ausencia de turbación en el alma. La segunda es la más importante, porque el alma sufre no solo por lo presente sino por lo pasado y lo futuro, y sobre todo por opiniones falsas: el miedo a los dioses, el miedo a la muerte, el deseo de lo que no hace falta. La física y la teología epicúreas sirven ante todo para quitar esos miedos, y la propia Carta a Pitocles advierte que el estudio de los cielos no tiene otro fin que la tranquilidad. La ataraxia no es apatía: el sabio siente dolor, llora a sus amigos y grita en el potro, según Laercio, pero conserva la serenidad porque sabe que el dolor intenso dura poco y el prolongado es llevadero.

Carta a Meneceo (X 128, 131), Carta a Pitocles (X 85), Máxima IV, Diógenes Laercio X 118. El término lo compartían escépticos y epicúreos, con sentidos distintos.

Fuente: Diógenes Laercio. Vidas y opiniones de los filósofos ilustres, libro X (Epicuro: vida, testamento, cartas a Heródoto, Pitocles y Meneceo, Máximas capitales), s. III d. C. Trad. inglesa de R. D. Hicks, Loeb Classical Library 185, 1925 (Wikisource en inglés); texto griego en Wikisource griega; trad. de C. D. Yonge, Bohn, 1853 (Project Gutenberg n.º 57342).

La clasificación de los deseosdeseos
Epicuro distingue tres clases de deseos. Los naturales y necesarios, como beber cuando se tiene sed, son los que suprimen un dolor y son fáciles de satisfacer. Los naturales pero no necesarios, como el deseo de comidas refinadas, solo varían el placer sin aumentarlo. Y los vanos, ni naturales ni necesarios, como el ansia de riqueza, de honores o de poder, nacen de opiniones vacías y no tienen límite, porque nada los sacia. La clave de la felicidad está en reconocer esta diferencia: lo natural es fácil de conseguir y tiene un límite, lo vano es inagotable. De ahí la frugalidad del Jardín, que no es renuncia ascética sino estrategia: quien se contenta con poco disfruta más de lo poco y teme menos a la fortuna.

Carta a Meneceo (X 127–131), Máximas XV, XXVI, XXIX–XXX y el escolio a la XXIX (X 149).

Fuente: Diógenes Laercio. Vidas y opiniones de los filósofos ilustres, libro X (Epicuro: vida, testamento, cartas a Heródoto, Pitocles y Meneceo, Máximas capitales), s. III d. C. Trad. inglesa de R. D. Hicks, Loeb Classical Library 185, 1925 (Wikisource en inglés); texto griego en Wikisource griega; trad. de C. D. Yonge, Bohn, 1853 (Project Gutenberg n.º 57342).

El cuádruple remedio (tetrafármaco)tetrafarmaco
Las cuatro primeras Máximas capitales forman un compendio de la ética epicúrea que la escuela llamó más tarde «cuádruple remedio». Primera: el ser feliz e inmortal no tiene preocupaciones ni las causa, luego no hay que temer a los dioses. Segunda: la muerte no es nada para nosotros, porque lo disuelto no siente. Tercera: el límite del placer es la supresión de todo dolor, luego el bien es fácil de alcanzar. Cuarta: el dolor intenso dura poco y el prolongado es soportable, luego el mal es fácil de sobrellevar. La fórmula condensada en cuatro frases breves es de Filodemo, en un papiro de Herculano, pero el contenido es del maestro. Responde a la idea epicúrea de la filosofía como medicina del alma: argumentos que se memorizan para tenerlos a mano en el momento del miedo.

Máximas I–IV (Diógenes Laercio X 139–140); Filodemo, PHerc. 1005; Long y Sedley (1987), cap. 25.

Fuente: Long, A. A. y Sedley, D. N. The Hellenistic Philosophers, vol. 1: Translations of the Principal Sources with Philosophical Commentary. Cambridge University Press, Cambridge, 1987.

Átomos, vacío y desviación (clinamen)atomismo
La física de Epicuro parte de que nada nace de la nada ni se destruye en la nada, y de que el todo está formado por cuerpos y vacío. Los cuerpos compuestos resultan de la unión de átomos, partículas indivisibles e indestructibles de forma, tamaño y peso definidos, en número infinito, que se mueven sin cesar a la misma velocidad a través de un vacío también infinito. Hay infinitos mundos que nacen y perecen. El alma es un compuesto de átomos sutiles repartido por el cuerpo, que se disgrega al morir. A Demócrito, de quien tomó lo esencial, Epicuro le añadió una pieza que conocemos por Lucrecio y Cicerón: una mínima desviación de los átomos, sin causa, que explica que choquen y formen cuerpos y que rompe la cadena de la necesidad, dejando sitio a la libertad.

Carta a Heródoto (X 38–68); Lucrecio II 216–293; Cicerón, Sobre el destino y De finibus I. La desviación no figura en los textos conservados de Epicuro.

Fuente: Konstan, David. «Epicurus». The Stanford Encyclopedia of Philosophy, ed. Edward N. Zalta; primera publicación 2005, revisión sustancial del 8 de julio de 2022.

El canon: criterios de verdadcanon
La «canónica» es la teoría epicúrea del conocimiento, expuesta en el perdido Canon. Tres son los criterios de verdad: las sensaciones, las prenociones (*prolépseis*) y las afecciones de placer y dolor. Todas las sensaciones son verdaderas, porque son efectos reales de los simulacros que emanan de las cosas; el error nace de la opinión que les añadimos, por ejemplo al juzgar sin esperar a ver de cerca. Las prenociones son nociones generales formadas por la repetición de experiencias —la forma del hombre o del caballo— sin las cuales no podríamos nombrar ni investigar nada. Para lo que no se ve directamente, como los átomos o los fenómenos celestes, vale la regla de la no contradicción con lo evidente: se aceptan las explicaciones que lo visible no refuta.

Diógenes Laercio X 31–34; Carta a Heródoto (X 37–38, 50–52).

Fuente: Diógenes Laercio. Vidas y opiniones de los filósofos ilustres, libro X (Epicuro: vida, testamento, cartas a Heródoto, Pitocles y Meneceo, Máximas capitales), s. III d. C. Trad. inglesa de R. D. Hicks, Loeb Classical Library 185, 1925 (Wikisource en inglés); texto griego en Wikisource griega; trad. de C. D. Yonge, Bohn, 1853 (Project Gutenberg n.º 57342).

La amistad (philía) y el «vive oculto»philia
De todo lo que la sabiduría procura para la felicidad, lo más grande es la amistad (Máxima XXVII). Epicuro la funda en la utilidad —los amigos dan seguridad en un mundo incierto—, pero las Sentencias vaticanas la elevan a un bien deseable por sí mismo y llegan a decir que el sabio sufrirá por un amigo torturado como por sí mismo. La comunidad del Jardín era su realización práctica. Su complemento es el retiro: el sabio no hará política salvo necesidad, porque la ambición y la fama traen turbación, y el lema «vive oculto», que Plutarco atacó en un opúsculo entero, resume esa actitud. No es indiferencia hacia los demás, sino la elección de un círculo de amigos frente a la multitud.

Máximas XXVII–XXVIII; Sentencias vaticanas 23, 52 y 56–57; Diógenes Laercio X 119; Plutarco, Moralia 1128a–1130e.

Fuente: Konstan, David. «Epicurus». The Stanford Encyclopedia of Philosophy, ed. Edward N. Zalta; primera publicación 2005, revisión sustancial del 8 de julio de 2022.

Los dioses de Epicurodioses-epicureos
Epicuro no era ateo. Afirmaba que los dioses existen, porque todos los pueblos tienen de ellos una prenoción clara, y que son seres inmortales y perfectamente felices, de forma humana y hechos de átomos sutilísimos. Pero precisamente porque son felices no se ocupan del mundo: no lo crearon, no lo gobiernan, no se irritan ni conceden favores, pues todo eso supondría debilidad y preocupación (Máxima I). La religión popular es impía, decía la Carta a Meneceo, no por negar a los dioses, sino por atribuirles lo que no les corresponde. Los dioses son un modelo de la vida feliz que el sabio puede imitar y contemplar sin miedo. Lucrecio y Cicerón añaden que viven en los espacios entre los mundos, los *intermundia*.

Carta a Meneceo (X 123–124), Máxima I y su escolio (X 139); Cicerón, Sobre la naturaleza de los dioses I.

Fuente: Diógenes Laercio. Vidas y opiniones de los filósofos ilustres, libro X (Epicuro: vida, testamento, cartas a Heródoto, Pitocles y Meneceo, Máximas capitales), s. III d. C. Trad. inglesa de R. D. Hicks, Loeb Classical Library 185, 1925 (Wikisource en inglés); texto griego en Wikisource griega; trad. de C. D. Yonge, Bohn, 1853 (Project Gutenberg n.º 57342).

Vídeos

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  • La filosofía helenista (II): Los epicúreos · La March

    Conferencia· ES· 2022· 53 min

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  • 13ª . 14ª. La Filosofía de Epicuro y su escuela

    Conferencia· ES· 2022· 114 min

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  • "La biblioteca de los papiros de Herculano y el gran muro epicúreo de Enoanda", C. García Gual

    Conferencia· ES· 2016· 65 min

    GipuzkoaKulturaCanal oficial

  • La filosofía helenística (I) · La March

    Conferencia· ES· 2022· 57 min

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  • Diógenes, Epicuro y Crisipo | Historia de la filosofía (8/61)

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  • A History of Philosophy | 15 Epicurean Philosophy

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  • Epicureanism - David Sedley, Angie Hobbs, James Warren

    Documental· EN· 2021· 42 min

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  • Stoics vs. Skeptics vs. Epicureans | AA Long on Hellenistic Philosophy

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    Johnathan Bi

  • Catherine Wilson - How To Be an Epicurean

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  • PHILOSOPHY - History: Epicurus’ Cure for Unhappiness [HD]

    Análisis· EN· 2014· 10 min

    Wireless PhilosophyCanal oficial

  • Epicurus and the Epicureans in the Ancient World | Philosophers in the Midst of History

    Conferencia· EN· 2020· 86 min

    Gregory B. Sadler - That Philosophy Guy

  • « Montaigne & Épicure : grandeur et limites de l'hédonisme » - André Comte-Sponville | ENS-PSL

    Conferencia· FR· 2016· 61 min

    École normale supérieure - PSLCanal oficial

  • Ringvorlesung "Philosophie im Garten: von Epikur bis Foucault"

    Conferencia· DE· 2021· 71 min

    Uni Erfurt LiveCanal oficial

  • Geschichte der Philosophie (5): Stoa, Epikureer und pyrrhonische Skepsis, Prof. Dr. Torsten Wilholt

    Conferencia· DE· 2013· 76 min

    InstPhilCanal oficial

Galería

Galería

Imágenes con licencia verificada. Cada una conserva su autoría y su atribución.

Manuscritos

Manuscritos

Testimonios manuscritos y textos antiguos, con su custodio y sus condiciones de consulta.

  • GRC · Minúscula griega · Sentencias de los ss. IV–III a. C.; copia del s. XIV

    Gnomologium Vaticanum Epicureum (Ἐπικούρου προσφώνησις)

    Testimonio conservado
    Único testimonio de la colección, dentro de un códice misceláneo.
    Custodio
    Biblioteca Apostólica Vaticana, Ciudad del Vaticano · Vat. gr. 1950
  • GRC · Mayúscula griega (papiro) · Obra de fines del s. IV–comienzos del III a. C.; copias de época helenística tardía

    Περὶ φύσεως (papiros de Herculano)

    Testimonio conservado
    Rollos carbonizados de la biblioteca de Filodemo en la Villa de los Papiros, sepultada por el Vesubio en el 79 d. C.
    Custodio
    Biblioteca Nazionale «Vittorio Emanuele III», Officina dei Papiri Ercolanesi, Nápoles · PHerc. (varios números; p. ej. PHerc. 1479/1417 para el libro XXVIII)
Manuscritos →

Relaciones

Relaciones

Influencias, discipulados y afinidades. Se distingue la relación documentada de la similitud identificada por análisis.

  • Recibió influencia de

    Demócrito

    Su física atomista procede de Demócrito, cuyos libros lo habrían llevado a la filosofía según Hermipo (Diógenes Laercio X 2); Epicuro minimizó la deuda y lo llamó «Lerócrito» (X 8).

    Relación documentada

  • Discípulo de

    Nausífanes de Teos

    Apolodoro lo da como maestro de Epicuro, que lo negó y lo insultó (Diógenes Laercio X 7–8, 13–14).

    Relación documentada

  • Discrepó de

    Platón

    Epicuro llamaba a los platónicos «aduladores de Dionisio» y a Platón «el áureo» (Diógenes Laercio X 8); su física y su teología se oponen a las del Timeo.

    Relación documentada

  • Discrepó de

    Aristóteles

    Llegó a Atenas cuando Aristóteles estaba en Calcis (X 1) y lo despreció como un disoluto que dilapidó su patrimonio (X 8).

    Relación documentada

  • Discrepó de

    Sócrates

    No hay testimonio directo de Epicuro sobre Sócrates; su discípulo Colotes atacó a los socráticos, y Plutarco le respondió en Contra Colotes.

    Similitud identificada por análisis

  • Contemporáneo de

    Diógenes de Sinope

    Epicuro llegó a Atenas como efebo hacia el 323, año en que murió Diógenes; no consta que se conocieran. Llamaba a los cínicos «enemigos de Grecia» (Diógenes Laercio X 8) y enseñaba que el sabio no hará de cínico (X 119).

    Similitud identificada por análisis

  • Contemporáneo de

    Zenón de Citio

    Ambos enseñaron en Atenas al mismo tiempo, el Jardín y la Estoa, desde finales del siglo IV hasta la muerte de Epicuro en 270; sus escuelas fueron rivales durante siglos (Diógenes Laercio VII y X).

    Relación documentada

  • Influyó en

    Lucrecio

    Lucrecio expuso la doctrina de Epicuro en De rerum natura y lo celebra como liberador de la humanidad.

    Relación documentada

  • Discrepó de

    Epicteto

    Epicteto polemiza repetidamente con Epicuro, al que llama predicador de la molicie (Disertaciones I 23, II 20, III 7; Diógenes Laercio X 6).

    Relación documentada

  • Influyó en

    Marco Aurelio

    Pese a ser estoico, cita con aprobación a Epicuro sobre el dolor, que no es ni insoportable ni eterno (Meditaciones VII 64), y sobre su serenidad en la enfermedad (IX 41).

    Relación documentada

  • Influyó en

    Séneca

    Séneca cita a Epicuro en casi todas sus primeras Epístolas a Lucilio y describe la inscripción del Jardín (21.10).

    Relación documentada

  • Ideas afines a

    Siddhartha Gautama, el Buda

    Paralelo tipológico frecuente: ambos conciben la sabiduría como terapia contra el sufrimiento producido por deseos y opiniones falsas, y buscan un estado de paz (ataraxia, nirvana); no hay contacto histórico.

    Similitud identificada por análisis

Fuentes

Fuentes

Bibliografía y catálogos consultados para esta ficha.

  1. Wikidata, entidad Q43216 «Epicurus» (150 enlaces entre wikis; P31=Q5). Registra nacimiento en 342 o 341 a. C. y muerte en 270 a. C.; lugar de nacimiento, Samos; de muerte, Atenas.
  2. Diógenes Laercio. Vidas y opiniones de los filósofos ilustres, libro X (Epicuro: vida, testamento, cartas a Heródoto, Pitocles y Meneceo, Máximas capitales), s. III d. C. Trad. inglesa de R. D. Hicks, Loeb Classical Library 185, 1925 (Wikisource en inglés); texto griego en Wikisource griega; trad. de C. D. Yonge, Bohn, 1853 (Project Gutenberg n.º 57342).
  3. Diógenes Laercio. Los diez libros de Diógenes Laercio sobre las vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres, trad. de José Ortiz y Sanz, tomo II (libros VI–X). Imprenta Real, Madrid, 1792 (Internet Archive).
  4. Usener, Hermann (ed.). Epicurea. Teubner, Leipzig, 1887 (Internet Archive). Edición clásica de los textos y testimonios; numeración «Us.» de los fragmentos.
  5. Bailey, Cyril (ed. y trad.). Epicurus: The Extant Remains. Clarendon Press, Oxford, 1926 (Internet Archive).
  6. Arrighetti, Graziano (ed. y trad.). Epicuro. Opere. Einaudi, Turín, 1960; 2.ª ed. 1973 (incluye los libros de Sobre la naturaleza conservados en Herculano).
  7. Konstan, David. «Epicurus». The Stanford Encyclopedia of Philosophy, ed. Edward N. Zalta; primera publicación 2005, revisión sustancial del 8 de julio de 2022.
  8. Inwood, Brad y Gerson, Lloyd P. (trads.). The Epicurus Reader: Selected Writings and Testimonia, introd. de D. S. Hutchinson. Hackett, Indianápolis, 1994.
  9. García Gual, Carlos. Epicuro. Alianza Editorial, Madrid, 1981.
  10. Séneca. Epístolas morales a Lucilio 21.10 (inscripción del Jardín), c. 64 d. C. Texto latino en The Latin Library.
  11. Plutarco. «Si está bien dicho “vive oculto”» (Εἰ καλῶς εἴρηται τὸ λάθε βιώσας), Moralia 1128a–1130e, s. I–II d. C. Texto griego en Wikisource griega.
  12. Lucrecio. De rerum natura, s. I a. C. Trad. inglesa de William Ellery Leonard, On the Nature of Things, Dutton, 1916 (Project Gutenberg n.º 785).
  13. Long, A. A. y Sedley, D. N. The Hellenistic Philosophers, vol. 1: Translations of the Principal Sources with Philosophical Commentary. Cambridge University Press, Cambridge, 1987.
  14. Sedley, David. Lucretius and the Transformation of Greek Wisdom. Cambridge University Press, Cambridge, 1998.
  15. Warren, James (ed.). The Cambridge Companion to Epicureanism. Cambridge University Press, Cambridge, 2009.
  16. «Epicurus», Wikipedia en inglés, y «Epicuro», Wikipedia en español (consultadas para contrastar datos y bibliografía; texto propio).
  17. Wotke, Karl. «Epikurische Spruchsammlung», con notas de Hermann Usener. Wiener Studien 10 (1888). Primera edición de las Sentencias vaticanas a partir del Vaticanus graecus 1950.
  18. Smith, Martin Ferguson (ed.). Diogenes of Oenoanda: The Epicurean Inscription. Bibliopolis, Nápoles, 1993.
  19. O'Keefe, Tim. «Epicurus (341–271 B.C.E.)». Internet Encyclopedia of Philosophy (ISSN 2161-0002).
  20. Open Library (Internet Archive): ediciones de Epicuro y de Diógenes Laercio verificadas por ISBN.
  21. Marco Aurelio. Meditaciones VII 64 y IX 41 (numeración estándar; en la traducción de Casaubon, VII 35 y IX 41), c. 170–180 d. C. Trad. inglesa de Meric Casaubon (1634) (Project Gutenberg n.º 2680).
  22. Epicteto. Disertaciones recogidas por Arriano, I 23, II 20 y III 7 (polémica contra Epicuro), c. 108 d. C. Trad. inglesa de George Long (Project Gutenberg n.º 10661).
  23. Lactancio. Sobre la ira de Dios 13, c. 314 d. C. Trad. inglesa de William Fletcher, Ante-Nicene Fathers, vol. VII, 1886 (Wikisource en inglés).
  24. Greenblatt, Stephen. The Swerve: How the World Became Modern. W. W. Norton, Nueva York, 2011 (trad. esp. El giro, Crítica, 2012).
  25. Wilson, Catherine. Epicureanism at the Origins of Modernity. Oxford University Press, Oxford, 2008.
  26. Cicerón. Del supremo bien y del supremo mal (De finibus) I–II y Sobre la naturaleza de los dioses I, 45 a. C. Trad. inglesa de C. D. Yonge (Project Gutenberg n.º 29247).
Titular de derechos
Textos antiguos en dominio público; cada traducción y edición moderna pertenece a su traductor o editorial

Pendiente de confirmar

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  • Tradiciones: el catálogo (content/traditions.json) no tiene «epicureísmo»; se asigna provisionalmente «secular-contemplative». Valorar dar de alta una tradición «epicureanism».
  • Traductores de las ediciones españolas de Cátedra (Obras completas, ISBN 9788437613307) y Tecnos (Obras, ISBN 9788430942572): no comprobados en catálogo; añadirlos cuando se verifiquen.
  • Arrighetti, Epicuro. Opere (Einaudi): no se ha localizado ISBN en Open Library; registrado sin ISBN.
  • Sentencias vaticanas: el texto griego de la n.º 52 se ha tomado de la edición corriente y cotejado solo en su comienzo; cotejar con la edición de Arrighetti. Localizar una traducción española de dominio público de las Sentencias vaticanas.
  • Manuscritos: verificar la digitalización del Vat. gr. 1950 en DigiVatLib (la URL probada devolvió 404) y los números de inventario de los papiros de Herculano de Sobre la naturaleza (libros II, XI, XIV, XV, XXV, XXVIII, XXXIV) con el Catalogo dei Papiri Ercolanesi.
  • Libros de Sobre la naturaleza conservados: se citan con seguridad el XV, el XXV y el XXVIII; confirmar la lista completa con Arrighetti y Sedley.
  • Programas de afiliación: ninguno verificado. Lista vacía.
  • Vídeos: el programa In Our Time de la BBC está subido por un canal no oficial; no se ha encontrado la versión oficial en YouTube.

Investigado el 2026-10-25