Epicureísmo
Epicuro
Ἐπίκουρος
341 a. C. – 270 a. C.Persona históricamente documentada
Filósofo griego (341–270 a. C.), fundador de la escuela del Jardín en Atenas. Unió una física atomista heredada de Demócrito a una ética que hace del placer, entendido como ausencia de dolor en el cuerpo y de turbación en el alma, el fin de la vida. Enseñó a no temer a los dioses ni a la muerte y a cultivar la amistad. De sus unos trescientos rollos solo quedan tres cartas, dos colecciones de máximas y fragmentos de su obra mayor, Sobre la naturaleza.
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Cabeza de Epicuro (Metropolitan Museum) · CC0
En sus palabras
«Que nadie, por ser joven, tarde en filosofar, ni, por ser viejo, se canse de filosofar: nadie es demasiado joven ni demasiado viejo para la salud del alma.»Carta a Meneceo, en Diógenes Laercio X 122. Griego: Diógenes Laercio X, ed. de Wikisource griega; inglés: R. D. Hicks (Loeb, 1925, dominio público); español: traducción propia.
Biografía
5 min de lectura
Trescientos rollos y tres cartas
Epicuro fue uno de los autores más fecundos de la Antigüedad: Diógenes Laercio le atribuye unos trescientos rollos, sin una sola cita ajena. Casi todo se ha perdido. Lo que conservamos llega por tres caminos. El libro X de las Vidas de Laercio copia íntegras tres cartas —a Heródoto, a Pitocles y a Meneceo—, las cuarenta Máximas capitales y su testamento. Los flujos piroclásticos del Vesubio sepultaron en el año 79, en una villa de Herculano, la biblioteca del epicúreo Filodemo, con rollos carbonizados de su gran tratado Sobre la naturaleza. Y en 1888 apareció en un códice de la Biblioteca Vaticana otra colección de sentencias. Alrededor quedan las noticias, a menudo hostiles, de estoicos, académicos y cristianos, y los ecos fieles de discípulos como Lucrecio.
Samos, Colofón y Teos
Nació en el 341 a. C. en Samos, donde Atenas había instalado colonos; su padre, Neocles, era maestro de escuela y ciudadano ateniense del demo de Gargeto, y su madre se llamaba Querestrata. Según el epicúreo Apolodoro, se volvió hacia la filosofía a los catorce años, irritado porque sus maestros no sabían explicarle qué era el «caos» de Hesíodo. A los dieciocho fue a Atenas a cumplir el servicio de efebo, cuando Jenócrates enseñaba en la Academia y Aristóteles se había retirado a Calcis. Tras la muerte de Alejandro, Pérdicas expulsó a los atenienses de Samos y Epicuro se reunió con su familia en Colofón. Allí cerca, en Teos, escuchó al demócriteo Nausífanes, autor de un Trípode del que habría sacado su Canon; él lo negó siempre, se dijo autodidacta y llenó de insultos a su antiguo maestro.
Del Egeo al Jardín
A los treinta y dos años empezó a enseñar en Mitilene, en la isla de Lesbos, y poco después en Lámpsaco, junto al Helesponto, donde reunió a los discípulos que lo acompañarían toda la vida: Metrodoro, Polieno, Idomeneo, Colotes, Leonteo y su mujer, Temista. Hacia el 307 a. C. regresó a Atenas y compró por ochenta minas un huerto, el Jardín (Kêpos), que dio nombre a la escuela. Era una comunidad de amigos más que un aula: vivían allí sus hermanos, mujeres como Leontion o Temista, el esclavo Mys, que participaba en los estudios; comían con sencillez, se conformaban con pan y agua y un poco de vino aguado, y no ponían los bienes en común, porque eso, decía Epicuro, supondría desconfianza entre amigos. Siglos después, Séneca recordaba la inscripción de la puerta: «Huésped, aquí estarás bien; aquí el bien supremo es el placer».
Una medicina para el miedo
Epicuro dividía la filosofía en canónica, física y ética, y subordinaba las dos primeras a la tercera: estudiar la naturaleza solo tiene sentido si libra del miedo. Todo cuanto existe son átomos indivisibles que se mueven en el vacío; el alma es también un compuesto de átomos que se disgrega con el cuerpo; los dioses existen, pero viven felices e indiferentes y no castigan ni premian a nadie. De ahí la sentencia más célebre: la muerte no es nada para nosotros, porque mientras somos ella no está, y cuando ella está ya no somos. El placer es principio y fin de la vida feliz, pero no el de los disolutos sino la ausencia de dolor en el cuerpo (aponía) y de turbación en el alma (ataraxía). Para alcanzarlo hay que distinguir los deseos naturales y necesarios de los vanos, y elegir con prudencia, que vale más que la propia filosofía. La amistad es el mayor bien que procura la sabiduría, y la vida retirada —«vive oculto», resumirían los epicúreos— protege de la ambición y la política.
Sensaciones, átomos y desvío
La teoría del conocimiento, expuesta en el perdido Canon, sostiene que todas las sensaciones son verdaderas y que el error nace de la opinión que les añadimos; junto a ellas, las prenociones (prolépseis) y las afecciones de placer y dolor son los criterios de verdad. La física sigue de cerca a Demócrito, al que Epicuro debía más de lo que reconocía, pero se aparta de él en un punto decisivo: para salvar la libertad frente a la necesidad, los átomos pueden desviarse mínimamente de su trayectoria. Esa desviación, el clinamen de los latinos, no aparece en los textos conservados de Epicuro y la conocemos por Lucrecio y Cicerón, aunque la Carta a Meneceo ya prefiere los mitos sobre los dioses a la necesidad inflexible de los físicos y afirma que algo depende de nosotros.
Calumnias y defensores
Ninguna escuela antigua fue tan calumniada. Timócrates, hermano de Metrodoro y desertor del Jardín, contó que Epicuro vomitaba dos veces al día de tanto comer y gastaba una mina diaria en su mesa; el estoico Diotimo hizo circular cincuenta cartas obscenas falsamente atribuidas a él. Epicteto lo llamó predicador de la molicie, y los Padres de la Iglesia hicieron de «epicúreo» sinónimo de ateo y vividor. Diógenes Laercio, que recoge las acusaciones, las refuta con el testimonio de su testamento, de la fidelidad de sus amigos y de la frugalidad del Jardín. El propio Epicuro, es cierto, despreció sin miramientos a Platón, a Aristóteles, a los cínicos y a los dialécticos.
El día más feliz
Murió en el 270 a. C., a los setenta y dos años, tras catorce días de sufrimiento por un cálculo que le impedía orinar, según contaba su sucesor Hermarco. Ese último día escribió a Idomeneo que, frente a los dolores de vejiga y de vientre, que no podían ser mayores, oponía la alegría del alma por el recuerdo de sus conversaciones, y le encargaba cuidar de los hijos de Metrodoro. El biógrafo Hermipo añadía que se metió en una bañera de bronce con agua tibia, pidió vino puro, lo bebió y murió tras pedir a sus amigos que recordaran sus enseñanzas. En el testamento dejaba el Jardín a la escuela, liberaba a sus esclavos Mys, Nicias, Licón y Fedrión, y fijaba una reunión el día veinte de cada mes en memoria suya y de Metrodoro.
La larga posteridad
El Jardín sobrevivió siglos con una fidelidad extraordinaria a su fundador. En el siglo I a. C., Filodemo enseñó epicureísmo en Italia y Lucrecio lo vertió en los seis libros de La naturaleza de las cosas; en el II d. C., Diógenes de Enoanda hizo grabar sus doctrinas en un muro de su ciudad, en Licia, para quien quisiera leerlas. El cristianismo lo sepultó; el hallazgo del manuscrito de Lucrecio por Poggio Bracciolini en 1417 inició su retorno, y en el siglo XVII Pierre Gassendi reconcilió el atomismo epicúreo con la fe y lo puso en el origen de la ciencia moderna. Hoy, con los papiros de Herculano descifrados poco a poco, Epicuro sigue siendo el filósofo que propuso la serenidad como una técnica que se aprende.
Fuentes: Diógenes Laercio. Vidas y opiniones de los filósofos ilustres, libro X (Epicuro: vida, testamento, cartas a Heródoto, Pitocles y Meneceo, Máximas capitales), s. III d. C. Trad. inglesa de R. D. Hicks, Loeb Classical Library 185, 1925 (Wikisource en inglés); texto griego en Wikisource griega; trad. de C. D. Yonge, Bohn, 1853 (Project Gutenberg n.º 57342). · Diógenes Laercio. Los diez libros de Diógenes Laercio sobre las vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres, trad. de José Ortiz y Sanz, tomo II (libros VI–X). Imprenta Real, Madrid, 1792 (Internet Archive). · Usener, Hermann (ed.). Epicurea. Teubner, Leipzig, 1887 (Internet Archive). Edición clásica de los textos y testimonios; numeración «Us.» de los fragmentos. · Bailey, Cyril (ed. y trad.). Epicurus: The Extant Remains. Clarendon Press, Oxford, 1926 (Internet Archive). · Arrighetti, Graziano (ed. y trad.). Epicuro. Opere. Einaudi, Turín, 1960; 2.ª ed. 1973 (incluye los libros de Sobre la naturaleza conservados en Herculano).
Cronología
La vida, año a año
Cada punto es un acontecimiento documentado. Pulsa para leerlo, con su fuente y su grado de certeza.
341 a. C.0 añosSamos
Nacimiento
Nace en Samos el 7 del mes de gamelión del tercer año de la olimpiada 109, arcontado de Sosígenes (enero–febrero de 341 a. C.), según la cronología de Apolodoro en Diógenes Laercio X 14. Hijo de Neocles y Querestrata, ciudadanos atenienses. Wikidata registra 342 y 341. Los años anteriores a nuestra era se expresan en negativo.
DocumentadoDiógenes Laercio. Vidas y opiniones de los filósofos ilustres, libro X (Epicuro: vida, testamento, cartas a Heródoto, Pitocles y Meneceo, Máximas capitales), s. III d. C. Trad. inglesa de R. D. Hicks, Loeb Classical Library 185, 1925 (Wikisource en inglés); texto griego en Wikisource griega; trad. de C. D. Yonge, Bohn, 1853 (Project Gutenberg n.º 57342).
Después de su muerte
- c. 150 a. C.La inscripción de Diógenes de Enoanda
- 79 a. C.La biblioteca de Herculano
- c. 55 a. C.Lucrecio, «La naturaleza de las cosas»
- 1417Poggio encuentra a Lucrecio
- 1888Las Sentencias vaticanas
341 a. C. · 0 años
Nacimiento
Nace en Samos el 7 del mes de gamelión del tercer año de la olimpiada 109, arcontado de Sosígenes (enero–febrero de 341 a. C.), según la cronología de Apolodoro en Diógenes Laercio X 14. Hijo de Neocles y Querestrata, ciudadanos atenienses. Wikidata registra 342 y 341. Los años anteriores a nuestra era se expresan en negativo.
Documentado
c. 327 a. C. · 14 años
El caos de Hesíodo
Según él mismo, se acerca a la filosofía a los catorce años; Apolodoro el epicúreo cuenta que fue por desdén hacia los maestros que no sabían explicarle el «caos» de Hesíodo (Diógenes Laercio X 2).
Tradición
323 a. C. · 18 años
Efebo en Atenas
Llega a Atenas a los dieciocho años para el servicio de efebo, cuando Jenócrates dirige la Academia y Aristóteles está en Calcis (Diógenes Laercio X 1).
Documentado
c. 321 a. C. · 20 años
Colofón y Nausífanes
Expulsados los colonos atenienses de Samos por Pérdicas, se reúne con su padre en Colofón. Escucha en Teos al demócriteo Nausífanes, aunque luego negó haber tenido maestros (Diógenes Laercio X 1, 13–14).
Probable
c. 311 a. C.
Primera escuela
Hacia el 311 a. C. —Laercio dice que a los treinta y dos años— empieza a enseñar en Mitilene y después en Lámpsaco, donde se le unen Metrodoro, Polieno, Idomeneo, Colotes, Leonteo y Temista (Diógenes Laercio X 15).
Probable
c. 307 a. C. · 34 años
Regreso a Atenas y compra del Jardín
Vuelve a Atenas en el arcontado de Anaxícrates (307/306 a. C.) y compra por ochenta minas el huerto que da nombre a la escuela (Diógenes Laercio X 2, 11).
Documentado
c. 277 a. C.
Muerte de Metrodoro
Muere Metrodoro de Lámpsaco, su discípulo más cercano, siete años antes que Epicuro (Diógenes Laercio X 23); el testamento del maestro dispone el cuidado de sus hijos.
Probable
270 a. C. · 71 años
Muerte
Muere en el segundo año de la olimpiada 127, arcontado de Pitarato (271/270 a. C.), a los setenta y dos años (cómputo antiguo), tras catorce días de enfermedad por un cálculo urinario. Le sucede Hermarco de Mitilene (Diógenes Laercio X 15–22).
Documentado
c. 150 a. C.
La inscripción de Diógenes de Enoanda
Un ciudadano de Enoanda, Diógenes, hace grabar en un pórtico de su ciudad una gran inscripción con las doctrinas de Epicuro, de la que se han recuperado cientos de fragmentos. Fecha aproximada (siglo II d. C.).
Documentado
79 a. C.
La biblioteca de Herculano
La erupción del Vesubio sepulta la Villa de los Papiros y la biblioteca de Filodemo, con rollos de Sobre la naturaleza de Epicuro; los papiros se hallarán carbonizados en el siglo XVIII.
Documentado
c. 55 a. C.
Lucrecio, «La naturaleza de las cosas»
Lucrecio compone en hexámetros latinos los seis libros de su poema, la exposición más completa del sistema epicúreo que se conserva.
Probable
1417
Poggio encuentra a Lucrecio
El humanista Poggio Bracciolini descubre en un monasterio alemán un manuscrito de La naturaleza de las cosas y lo hace copiar; el poema reintroduce el epicureísmo en la cultura europea.
Documentado
1888
Las Sentencias vaticanas
Karl Wotke publica, con la colaboración de Hermann Usener, la colección de 81 sentencias epicúreas que había encontrado en el códice Vaticanus graecus 1950.
Documentado
Obras
Obras esenciales
Las obras sin las que no se entiende su legado.

Correspondencia
Carta a Meneceo
Ἐπιστολὴ πρὸς Μενοικέα
El texto más leído de Epicuro: un breve tratado moral en forma de carta. Empieza invitando a filosofar a cualquier edad, porque nunca es pronto ni tarde para la salud del alma; recuerda que los dioses son inmortales y felices y no se ocupan de los hombres; demuestra que la muerte no es nada para nosotros; clasifica los deseos en naturales y necesarios, naturales y no necesarios, y vanos; define el placer como ausencia de dolor en el cuerpo y de turbación en el alma, no como goce de los disolutos; pone la prudencia por encima de la filosofía y cierra con el retrato del sabio, que vive «como un dios entre los hombres».
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Correspondencia
Carta a Heródoto
Ἐπιστολὴ πρὸς Ἡρόδοτον
Resumen de la física epicúrea dirigido a un discípulo. Expone los principios: nada nace de la nada ni se destruye en la nada; el todo está formado por cuerpos y vacío; los cuerpos compuestos resultan de átomos indivisibles, de formas variadas aunque no infinitas, que se mueven sin cesar a igual velocidad; hay infinitos mundos. Explica la percepción por los simulacros (eídola) que se desprenden de las cosas, la naturaleza corporal del alma y su disgregación con la muerte, y termina mostrando que el estudio de los fenómenos celestes sirve para liberar del miedo y no para adivinar.
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Recopilación posterior
Máximas capitales
Κύριαι δόξαι
Las cuarenta máximas condensan el sistema en fórmulas breves pensadas para aprenderse de memoria. Las cuatro primeras contienen el llamado «cuádruple remedio»: el ser feliz e inmortal no tiene preocupaciones ni las causa; la muerte no es nada para nosotros; el límite del placer es la supresión de todo dolor; el dolor intenso dura poco y el prolongado es soportable. Siguen máximas sobre la prudencia y la justicia, sobre los deseos, sobre la seguridad que da la amistad y, al final, una teoría de la justicia como pacto de no hacer ni sufrir daño.
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Recopilación posterior
Sentencias vaticanas
Ἐπικούρου προσφώνησις (Gnomologium Vaticanum Epicureum)
Colección de máximas morales de tono a veces más poético y personal que las Máximas capitales. En ellas aparecen las sentencias más citadas sobre la amistad —«la amistad recorre danzando el mundo», que llama a todos a despertar a la felicidad—, sobre la gratitud por los bienes pasados, la sencillez de lo necesario, la independencia frente a la fama y la política y la preparación ante la muerte. Junto a las Máximas, fue el instrumento de memorización de la escuela.
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Obra escrita · c. 300 a. C.
Sobre la naturaleza
Περὶ φύσεως
La obra mayor de Epicuro: una serie de lecciones, en treinta y siete rollos, que exponían de forma completa y polémica la física, la teoría del conocimiento y la psicología del sistema. Los escolios a la Carta a Heródoto remiten a ella para la tesis de que el todo consta de cuerpos y vacío o para la diversidad de forma de los mundos. Los papiros de Herculano, descifrados con dificultad desde el siglo XVIII y hoy con técnicas de imagen, conservan discusiones sobre la responsabilidad moral (libro XXV), el lenguaje y el error (libro XXVIII), en un estilo denso muy distinto del de las cartas.
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Toda su obra (49)

Carta a Pitocles

Testamento
270

Carta a Idomeneo (en el último día)
270
Epicuro
Cartas (fragmentos)
The Conscious LibraryCartas (fragmentos)
Epicuro
Sobre los átomos y el vacío
The Conscious LibrarySobre los átomos y el vacío
Epicuro
Sobre el amor
The Conscious LibrarySobre el amor
Epicuro
Epítome de las objeciones a los físicos
The Conscious LibraryEpítome de las objeciones a los físicos
Epicuro
Contra los megáricos
The Conscious LibraryContra los megáricos
Epicuro
Problemas (Dudas)
The Conscious LibraryProblemas (Dudas)
Epicuro
Sobre la elección y el rechazo
The Conscious LibrarySobre la elección y el rechazo
Epicuro
Sobre el fin
The Conscious LibrarySobre el fin
Epicuro
Sobre el criterio, o Canon
The Conscious LibrarySobre el criterio, o Canon
Epicuro
Queredemo
The Conscious LibraryQueredemo
Epicuro
Sobre los dioses
The Conscious LibrarySobre los dioses
Epicuro
Sobre la piedad
The Conscious LibrarySobre la piedad
Epicuro
Hegesianacte
The Conscious LibraryHegesianacte
Epicuro
Sobre los modos de vida (4 libros)
The Conscious LibrarySobre los modos de vida (4 libros)
Epicuro
Sobre la conducta justa
The Conscious LibrarySobre la conducta justa
Epicuro
Neocles, a Temista
The Conscious LibraryNeocles, a Temista
Epicuro
Banquete
The Conscious LibraryBanquete
Epicuro
Euríloco, a Metrodoro
The Conscious LibraryEuríloco, a Metrodoro
Epicuro
Sobre la visión
The Conscious LibrarySobre la visión
Epicuro
Sobre el ángulo en el átomo
The Conscious LibrarySobre el ángulo en el átomo
Epicuro
Sobre el tacto
The Conscious LibrarySobre el tacto
Frases
Frases localizadas en una obra concreta. Cada una lleva su procedencia y su nivel de confianza.
Que nadie, por ser joven, tarde en filosofar, ni, por ser viejo, se canse de filosofar: nadie es demasiado joven ni demasiado viejo para la salud del alma.Μήτε νέος τις ὢν μελλέτω φιλοσοφεῖν, μήτε γέρων ὑπάρχων κοπιάτω φιλοσοφῶν· οὔτε γὰρ ἄωρος οὐδείς ἐστιν οὔτε πάρωρος πρὸς τὸ κατὰ ψυχὴν ὑγιαῖνον.
VerificadaCarta a Meneceo, en Diógenes Laercio X 122. Griego: Diógenes Laercio X, ed. de Wikisource griega; inglés: R. D. Hicks (Loeb, 1925, dominio público); español: traducción propia.
Citas apócrifas o de atribución discutida (3)
«¿Quiere Dios evitar el mal y no puede? Entonces es impotente. ¿Puede y no quiere? Entonces es malévolo. ¿Quiere y puede? ¿De dónde viene entonces el mal?»
La llamada «paradoja de Epicuro» no aparece en ningún texto conservado de Epicuro. Su fuente es el apologista cristiano Lactancio (Sobre la ira de Dios 13, c. 314), que la atribuye a Epicuro para refutarla; muchos especialistas creen que procede de la Academia escéptica (Carneades) y no del Jardín, y la forma moderna en preguntas se debe sobre todo a Hume.
«No fui, fui, no soy, no me importa.»
Fórmula funeraria latina (non fui, fui, non sum, non curo) atestiguada en epitafios romanos de época imperial, de inspiración epicúrea. Circula atribuida a Epicuro, pero no está en sus textos ni en griego.
«El cuádruple remedio: Dios no es de temer; la muerte no se siente; el bien es fácil de conseguir; el mal es fácil de soportar.»
La doctrina es de Epicuro (Máximas capitales I–IV), pero la fórmula compacta del «tetrafármaco» es de su seguidor Filodemo (s. I a. C.), en un papiro de Herculano. Presentarla como cita literal de Epicuro es inexacto.
Últimas palabras
Atribución tradicional
««Recordad las enseñanzas» (según Hermipo, encargó a sus amigos que recordaran sus doctrinas y así murió).»τοῖς τε φίλοις παραγγείλαντα τῶν δογμάτων μεμνῆσθαι οὕτω τελευτῆσαι
Diógenes Laercio X 15–16 recoge el relato del biógrafo Hermipo (s. III a. C.): enfermo de un cálculo durante catorce días, se metió en una bañera de bronce con agua tibia, pidió vino puro, lo bebió, encargó a sus amigos que recordaran sus doctrinas y murió. El epigrama del propio Laercio pone en su boca «χαίρετε, καὶ μέμνησθε τὰ δόγματα» («adiós, y recordad las doctrinas»), versión literaria. El testimonio más fiable de sus últimas horas no son unas palabras dichas, sino la carta del último día a Idomeneo (X 22), que Cicerón conoce dirigida a Hermarco (De finibus II 96): «Te escribo en el día feliz que es a la vez el último de mi vida…». Inglés: R. D. Hicks; español: traducción propia.
Fuente: Diógenes Laercio. Vidas y opiniones de los filósofos ilustres, libro X (Epicuro: vida, testamento, cartas a Heródoto, Pitocles y Meneceo, Máximas capitales), s. III d. C. Trad. inglesa de R. D. Hicks, Loeb Classical Library 185, 1925 (Wikisource en inglés); texto griego en Wikisource griega; trad. de C. D. Yonge, Bohn, 1853 (Project Gutenberg n.º 57342).
Preguntar
Lo que su obra responde
Doce grandes preguntas de la humanidad y lo que sus textos permiten responder, con referencias. Nunca ponemos palabras en su boca.
¿Qué es lo Absoluto? ¿Existe Dios?
Los dioses existen, felices e indiferentes: ni crearon el mundo ni lo gobiernan
Sin Dios creadorLo dice expresamente
Epicuro no es ateo: en la Carta a Meneceo afirma que los dioses existen y que su conocimiento es evidente, y los define como seres incorruptibles y felices. Pero precisamente por eso no pueden ocuparse del mundo: la primera Máxima capital dice que el ser feliz e incorruptible ni tiene preocupaciones ni las causa, y no está sujeto a iras ni a favores. El cosmos no es obra suya, sino de átomos que se combinan en el vacío, y los fenómenos celestes no deben atribuirse a su gobierno. La felicidad humana no depende, por tanto, de ningún Dios: liberarse del temor a los dioses es uno de los primeros remedios de su filosofía.
Comparar esta pregunta con otros maestros¿Quién soy yo? ¿Existe un yo verdadero?
El alma es un compuesto de átomos que se dispersa con el cuerpo
No hay un yo permanenteLo dice expresamente
En la Carta a Heródoto Epicuro describe el alma como un cuerpo de partes sutiles repartido por todo el organismo, parecido a un aliento con mezcla de calor, y añade que no puede sentir separada de la envoltura del cuerpo: cuando este se disuelve, sus átomos se dispersan y deja de existir. Llamar incorpórea al alma, dice, es hablar en vano. No hay, por tanto, un yo permanente que sobreviva a la composición que lo forma. La ética se apoya en esa física: el temor a la muerte nace de imaginar que seguiremos estando ahí para sufrirla, y desaparece cuando se comprende que, disuelto el compuesto, no queda nadie a quien le afecte.
Comparar esta pregunta con otros maestros¿Por qué sufrimos?
Los deseos vanos y los temores infundados nos turban
El deseo y el apegoLo dice expresamente
Epicuro identifica el bien con el placer, entendido sobre todo como ausencia de dolor en el cuerpo y de turbación en el alma, y explica la infelicidad por dos causas. La primera son los deseos mal ordenados: unos son naturales y necesarios, otros naturales y no necesarios, y otros vanos, como los de riqueza o gloria, que no tienen límite y por eso nunca se sacian. La segunda son las opiniones falsas que generan miedo, sobre todo a los dioses y a la muerte. La Carta a Meneceo enseña a clasificar los deseos y a calcular placeres y dolores, y la física disuelve los temores. Sufrimos por desear lo que no necesitamos y temer lo que no debe temerse.
Comparar esta pregunta con otros maestros¿Qué ocurre después de la muerte?
La muerte no es nada para nosotros: donde está ella, no estamos nosotros
La muerte es el fin de la personaLo dice expresamente
Epicuro no guarda reserva: afirma con seguridad que la muerte es la disolución del compuesto de átomos que somos y que no queda nadie que la padezca. De ahí su argumento más famoso, en la Carta a Meneceo: el bien y el mal están en la sensación, y la muerte es privación de sensación; por eso, cuando nosotros somos, la muerte no está, y cuando la muerte está, nosotros ya no somos. La segunda Máxima capital lo reduce a una línea. El temor a la muerte es, pues, un error, y su remedio no es una esperanza, sino la física bien entendida. Lo que importa es la calidad de la vida presente, no su duración.
Comparar esta pregunta con otros maestros¿Cómo se alcanza la liberación o la salvación?
Meditar día y noche las verdades que curan el alma
Por la práctica disciplinadaLo dice expresamente
Para Epicuro la filosofía es medicina del alma y su meta, la ataraxia, se alcanza con un trabajo continuado. La Carta a Meneceo empieza diciendo que nadie es demasiado joven ni demasiado viejo para filosofar y termina con una consigna: meditar estas cosas día y noche, a solas y con alguien semejante a uno, para vivir como un dios entre los hombres. El contenido de esa meditación está fijado: los dioses no son de temer, la muerte no es nada, el bien es fácil de procurar y el dolor fácil de soportar. Las Máximas capitales y los epítomes se escribieron para memorizarlos. A ello se añade el estudio de la naturaleza, sin el cual los temores no se disuelven.
Comparar esta pregunta con otros maestros¿Hace falta un maestro?
El Jardín: aprender entre amigos, con alguien semejante a uno
La comunidad y la tradiciónLo dice expresamente
Epicuro se presentaba como autodidacta y negaba deber nada a sus maestros, pero el camino que propuso es comunitario. En el Jardín de Atenas vivían juntos hombres y mujeres, libres y esclavos, unidos por la amistad, que según la Máxima capital XXVII es lo más grande que procura la sabiduría para la felicidad. La Carta a Meneceo recomienda meditar la doctrina a solas y con alguien semejante a uno, y la escuela cultivaba la memoria del fundador con fiestas y retratos. Séneca transmite un consejo epicúreo: elegir a un hombre de bien y tenerlo siempre ante los ojos, obrando como si nos viera. Se aprende en una comunidad de amigos y con sus textos.
Comparar esta pregunta con otros maestros¿Es real el mundo?
Átomos y vacío: infinitos mundos que nacen y se disuelven sin designio
Orden natural en transformaciónLo dice expresamente
En la Carta a Heródoto Epicuro expone una física atomista: nada nace de la nada ni se destruye en la nada; el todo está formado por cuerpos y vacío, y los cuerpos compuestos resultan de átomos indivisibles e indestructibles en movimiento perpetuo. Hay infinitos mundos, semejantes y desemejantes al nuestro, que se forman por agregación y se disuelven con el tiempo, sin intervención de los dioses ni finalidad alguna. Los sentidos son fiables: son el criterio último de la verdad, y lo que no se percibe se infiere a partir de lo percibido. El mundo es real, material y cambiante; conocer sus causas naturales es lo que libera de los temores.
Comparar esta pregunta con otros maestros¿Qué es el amor?
La amistad, el mayor bien que procura la sabiduría; el enamoramiento, un riesgo
Benevolencia ordenadaLo dice expresamente
Epicuro distingue con cuidado entre el amor erótico y la amistad. Del primero desconfía: el sabio no se enamorará, porque el amor no viene enviado por los dioses y suele traer más turbación que placer. La amistad, en cambio, ocupa el centro de su ética: de todo lo que la sabiduría procura para la felicidad, lo más grande con mucho es la adquisición de la amistad. Una Sentencia vaticana dice que toda amistad es deseable por sí misma, aunque tuvo su origen en la utilidad; otra, que la amistad recorre danzando el mundo habitado anunciando a todos que despierten a la felicidad. Es un afecto cultivado con medida, entre iguales, que sostiene la vida del Jardín.
Comparar esta pregunta con otros maestros¿Somos libres o está todo determinado?
Lo que depende de nosotros no tiene amo: mejor el mito que el destino
Libre albedrío realLo dice expresamente
Epicuro es el primer filósofo que plantea con claridad el riesgo de que una física determinista anule la responsabilidad. En la Carta a Meneceo describe al sabio como quien se ríe del destino que algunos presentan como señor de todo, sabe que unas cosas suceden por necesidad, otras por azar y otras dependen de nosotros, y que lo que depende de nosotros no tiene amo, por lo que de ello se siguen el reproche y la alabanza. Añade que sería mejor seguir los mitos sobre los dioses que someterse al destino de los físicos. La doctrina de la desviación de los átomos, conocida sobre todo por Lucrecio, se ideó para salvar esa libertad.
Comparar esta pregunta con otros maestros¿Para qué meditar u orar?
Honrar a los dioses sin temor y repetir cada día las verdades que serenan
Ritual y cultivo de síSe deduce de su doctrina
Epicuro no rezaba a los dioses para obtener favores, porque no intervienen en el mundo, pero tampoco abandonó el culto. Según Filodemo, participaba en las fiestas cívicas y en los misterios, y veneraba a los dioses por su perfección, como modelos de una felicidad sin turbación. Su práctica característica es otra: la repetición de la doctrina. La Carta a Meneceo pide meditar sus enseñanzas día y noche, a solas y con un amigo; los epítomes y las Máximas capitales se compusieron para memorizarlos. Así se fijan en el alma las verdades que liberan del miedo. Rito sereno, estudio repetido y conducta diaria componen la vida del Jardín.
Comparar esta pregunta con otros maestros¿Puede la razón conocer lo último?
Nadie es demasiado joven ni demasiado viejo para estudiar la naturaleza
El estudio y el aprendizajeLo dice expresamente
Para Epicuro la razón, apoyada en los sentidos, puede conocer la constitución última de las cosas: átomos y vacío. Su teoría del conocimiento, expuesta en el Canon, toma como criterios de verdad las sensaciones, las nociones previas y los afectos; lo que no se percibe directamente se infiere a partir de lo evidente, siempre que nada lo contradiga. La filosofía es una tarea de toda la vida: nadie es demasiado joven ni demasiado viejo para filosofar, empieza la Carta a Meneceo. Y el estudio tiene un fin práctico: sin conocer la naturaleza del universo no es posible disolver el temor sobre las cuestiones más importantes. Aprender es el camino hacia la serenidad.
Comparar esta pregunta con otros maestros¿Retirarse del mundo o transformarlo?
Vive oculto: el sabio no hará política, salvo necesidad
Retirarse para encontrarLo dice expresamente
Epicuro aconsejó apartarse de la vida pública. La máxima «vive oculto», transmitida por Plutarco, que la combatió en un opúsculo entero, resume su posición; Diógenes Laercio añade que el sabio no hará política, y una Sentencia vaticana exhorta a liberarse de la cárcel de los negocios y de la política. La razón es que la ambición de fama y poder trae turbación, y la seguridad que de verdad importa procede de la vida tranquila y del retiro de la multitud. Pero ese retiro no es soledad: Epicuro fundó el Jardín, una comunidad de amigos que vivía en común a las afueras de Atenas. Se trata de retirarse de la ciudad para vivir con los amigos.
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Afinidades y tensiones
Afinidades y tensiones
Calculadas pregunta a pregunta a partir de sus posturas. El porqué de cada coincidencia o choque, al pulsar.
Piensa parecido a

Diógenes de Sinope
Coinciden en: ¿Por qué sufrimos? · ¿Cómo se alcanza la liberación o la salvación? · ¿Es real el mundo?

Ajahn Chah
Coinciden en: ¿Qué es lo Absoluto? ¿Existe Dios? · ¿Quién soy yo? ¿Existe un yo verdadero? · ¿Por qué sufrimos?

Confucio
Coinciden en: ¿Hace falta un maestro? · ¿Es real el mundo? · ¿Qué es el amor?

Shunryu Suzuki
Coinciden en: ¿Quién soy yo? ¿Existe un yo verdadero? · ¿Por qué sufrimos? · ¿Cómo se alcanza la liberación o la salvación?
Piensa distinto de

Al-Hallaj
Chocan en: ¿Qué es lo Absoluto? ¿Existe Dios? · ¿Quién soy yo? ¿Existe un yo verdadero? · ¿Qué ocurre después de la muerte?

Chaitanya Mahaprabhu
Chocan en: ¿Qué es lo Absoluto? ¿Existe Dios? · ¿Quién soy yo? ¿Existe un yo verdadero? · ¿Qué ocurre después de la muerte?

Hafez
Chocan en: ¿Qué es lo Absoluto? ¿Existe Dios? · ¿Quién soy yo? ¿Existe un yo verdadero? · ¿Qué ocurre después de la muerte?

Guru Nanak
Chocan en: ¿Qué es lo Absoluto? ¿Existe Dios? · ¿Quién soy yo? ¿Existe un yo verdadero? · ¿Qué ocurre después de la muerte?
Anécdotas y relatos
Anécdotas y relatos
Testimonioc. 307–270 a. C.
El Jardín y su puerta
Origen del relato: Diógenes Laercio X 3, 10–11 (citando a Apolodoro y a Diocles); Séneca, Epístolas a Lucilio 21.10. La inscripción es un testimonio de Séneca, cuatro siglos posterior, y no consta que figurara ya en tiempos de Epicuro.
Documentadoc. 307–270 a. C.
Un pote de queso
Origen del relato: Diógenes Laercio X 11, que cita literalmente una carta de Epicuro hoy perdida; la teoría, en la Carta a Meneceo (X 130–131).
Disputados. III a. C. en adelante
Las calumnias de Timócrates
Origen del relato: Diógenes Laercio X 3–9. Son acusaciones de adversarios o de un desertor de la escuela, transmitidas junto a su refutación; ningún historiador moderno las toma por hechos, pero muestran la hostilidad que rodeó al epicureísmo desde su origen.
Testimonio270 a. C.
El último día
Origen del relato: Diógenes Laercio X 15–16 y 22 (Hermarco, Hermipo y el texto de la carta); Cicerón, De finibus II 96. La carta se conserva por cita y su autenticidad no se discute seriamente; la escena del baño procede de un biógrafo helenístico aficionado a las muertes ejemplares.
Tradición oralc. 327 a. C.
El caos de Hesíodo
Origen del relato: Diógenes Laercio X 2, con dos versiones (Apolodoro el epicúreo y Hermipo). Es una anécdota de escuela, transmitida por un biógrafo afín; su valor es ilustrativo más que documental.
Documentado1417–1888
Cómo volvió Epicuro
Origen del relato: Greenblatt (2011) para el hallazgo de Lucrecio; Konstan (Stanford Encyclopedia of Philosophy) para Herculano y Enoanda; Wotke (1888) para las Sentencias vaticanas. Son hechos de la historia de la transmisión, bien documentados.
Enseñanzas
Enseñanzas
Las nociones que articulan su pensamiento, explicadas en su contexto.
El placer (hedoné) como finhedone
Carta a Meneceo (X 128–132), Máximas III–V y Diógenes Laercio X 136. La confusión con el hedonismo vulgar empezó con sus adversarios estoicos y cristianos.
Ataraxia y aponíaataraxia
Carta a Meneceo (X 128, 131), Carta a Pitocles (X 85), Máxima IV, Diógenes Laercio X 118. El término lo compartían escépticos y epicúreos, con sentidos distintos.
La clasificación de los deseosdeseos
Carta a Meneceo (X 127–131), Máximas XV, XXVI, XXIX–XXX y el escolio a la XXIX (X 149).
El cuádruple remedio (tetrafármaco)tetrafarmaco
Máximas I–IV (Diógenes Laercio X 139–140); Filodemo, PHerc. 1005; Long y Sedley (1987), cap. 25.
Fuente: Long, A. A. y Sedley, D. N. The Hellenistic Philosophers, vol. 1: Translations of the Principal Sources with Philosophical Commentary. Cambridge University Press, Cambridge, 1987.
Átomos, vacío y desviación (clinamen)atomismo
Carta a Heródoto (X 38–68); Lucrecio II 216–293; Cicerón, Sobre el destino y De finibus I. La desviación no figura en los textos conservados de Epicuro.
El canon: criterios de verdadcanon
Diógenes Laercio X 31–34; Carta a Heródoto (X 37–38, 50–52).
La amistad (philía) y el «vive oculto»philia
Máximas XXVII–XXVIII; Sentencias vaticanas 23, 52 y 56–57; Diógenes Laercio X 119; Plutarco, Moralia 1128a–1130e.
Los dioses de Epicurodioses-epicureos
Carta a Meneceo (X 123–124), Máxima I y su escolio (X 139); Cicerón, Sobre la naturaleza de los dioses I.
Vídeos
Vídeos
Grabaciones, entrevistas y documentales. Los vídeos se reproducen desde YouTube; no se alojan aquí.
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13ª . 14ª. La Filosofía de Epicuro y su escuela
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"La biblioteca de los papiros de Herculano y el gran muro epicúreo de Enoanda", C. García Gual
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Geschichte der Philosophie (5): Stoa, Epikureer und pyrrhonische Skepsis, Prof. Dr. Torsten Wilholt
Conferencia· DE· 2013· 76 min
InstPhilCanal oficial
Galería
Galería
Imágenes con licencia verificada. Cada una conserva su autoría y su atribución.
Manuscritos
Manuscritos
Testimonios manuscritos y textos antiguos, con su custodio y sus condiciones de consulta.
GRC · Minúscula griega · Sentencias de los ss. IV–III a. C.; copia del s. XIV
Gnomologium Vaticanum Epicureum (Ἐπικούρου προσφώνησις)
- Testimonio conservado
- Único testimonio de la colección, dentro de un códice misceláneo.
- Custodio
- Biblioteca Apostólica Vaticana, Ciudad del Vaticano · Vat. gr. 1950
GRC · Mayúscula griega (papiro) · Obra de fines del s. IV–comienzos del III a. C.; copias de época helenística tardía
Περὶ φύσεως (papiros de Herculano)
- Testimonio conservado
- Rollos carbonizados de la biblioteca de Filodemo en la Villa de los Papiros, sepultada por el Vesubio en el 79 d. C.
- Custodio
- Biblioteca Nazionale «Vittorio Emanuele III», Officina dei Papiri Ercolanesi, Nápoles · PHerc. (varios números; p. ej. PHerc. 1479/1417 para el libro XXVIII)
Relaciones
Relaciones
Influencias, discipulados y afinidades. Se distingue la relación documentada de la similitud identificada por análisis.
Recibió influencia de
Demócrito
Su física atomista procede de Demócrito, cuyos libros lo habrían llevado a la filosofía según Hermipo (Diógenes Laercio X 2); Epicuro minimizó la deuda y lo llamó «Lerócrito» (X 8).
Relación documentada
Discípulo de
Nausífanes de Teos
Apolodoro lo da como maestro de Epicuro, que lo negó y lo insultó (Diógenes Laercio X 7–8, 13–14).
Relación documentada
Discrepó de
Epicuro llamaba a los platónicos «aduladores de Dionisio» y a Platón «el áureo» (Diógenes Laercio X 8); su física y su teología se oponen a las del Timeo.
Relación documentada
Discrepó de
Llegó a Atenas cuando Aristóteles estaba en Calcis (X 1) y lo despreció como un disoluto que dilapidó su patrimonio (X 8).
Relación documentada
Discrepó de
No hay testimonio directo de Epicuro sobre Sócrates; su discípulo Colotes atacó a los socráticos, y Plutarco le respondió en Contra Colotes.
Similitud identificada por análisis
Contemporáneo de
Epicuro llegó a Atenas como efebo hacia el 323, año en que murió Diógenes; no consta que se conocieran. Llamaba a los cínicos «enemigos de Grecia» (Diógenes Laercio X 8) y enseñaba que el sabio no hará de cínico (X 119).
Similitud identificada por análisis
Contemporáneo de
Ambos enseñaron en Atenas al mismo tiempo, el Jardín y la Estoa, desde finales del siglo IV hasta la muerte de Epicuro en 270; sus escuelas fueron rivales durante siglos (Diógenes Laercio VII y X).
Relación documentada
Influyó en
Lucrecio
Lucrecio expuso la doctrina de Epicuro en De rerum natura y lo celebra como liberador de la humanidad.
Relación documentada
Discrepó de
Epicteto polemiza repetidamente con Epicuro, al que llama predicador de la molicie (Disertaciones I 23, II 20, III 7; Diógenes Laercio X 6).
Relación documentada
Influyó en
Pese a ser estoico, cita con aprobación a Epicuro sobre el dolor, que no es ni insoportable ni eterno (Meditaciones VII 64), y sobre su serenidad en la enfermedad (IX 41).
Relación documentada
Influyó en
Séneca
Séneca cita a Epicuro en casi todas sus primeras Epístolas a Lucilio y describe la inscripción del Jardín (21.10).
Relación documentada
Ideas afines a
Paralelo tipológico frecuente: ambos conciben la sabiduría como terapia contra el sufrimiento producido por deseos y opiniones falsas, y buscan un estado de paz (ataraxia, nirvana); no hay contacto histórico.
Similitud identificada por análisis
Fuentes
Fuentes
Bibliografía y catálogos consultados para esta ficha.
- Wikidata, entidad Q43216 «Epicurus» (150 enlaces entre wikis; P31=Q5). Registra nacimiento en 342 o 341 a. C. y muerte en 270 a. C.; lugar de nacimiento, Samos; de muerte, Atenas.
- Diógenes Laercio. Vidas y opiniones de los filósofos ilustres, libro X (Epicuro: vida, testamento, cartas a Heródoto, Pitocles y Meneceo, Máximas capitales), s. III d. C. Trad. inglesa de R. D. Hicks, Loeb Classical Library 185, 1925 (Wikisource en inglés); texto griego en Wikisource griega; trad. de C. D. Yonge, Bohn, 1853 (Project Gutenberg n.º 57342).
- Diógenes Laercio. Los diez libros de Diógenes Laercio sobre las vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres, trad. de José Ortiz y Sanz, tomo II (libros VI–X). Imprenta Real, Madrid, 1792 (Internet Archive).
- Usener, Hermann (ed.). Epicurea. Teubner, Leipzig, 1887 (Internet Archive). Edición clásica de los textos y testimonios; numeración «Us.» de los fragmentos.
- Bailey, Cyril (ed. y trad.). Epicurus: The Extant Remains. Clarendon Press, Oxford, 1926 (Internet Archive).
- Arrighetti, Graziano (ed. y trad.). Epicuro. Opere. Einaudi, Turín, 1960; 2.ª ed. 1973 (incluye los libros de Sobre la naturaleza conservados en Herculano).
- Konstan, David. «Epicurus». The Stanford Encyclopedia of Philosophy, ed. Edward N. Zalta; primera publicación 2005, revisión sustancial del 8 de julio de 2022.
- Inwood, Brad y Gerson, Lloyd P. (trads.). The Epicurus Reader: Selected Writings and Testimonia, introd. de D. S. Hutchinson. Hackett, Indianápolis, 1994.
- García Gual, Carlos. Epicuro. Alianza Editorial, Madrid, 1981.
- Séneca. Epístolas morales a Lucilio 21.10 (inscripción del Jardín), c. 64 d. C. Texto latino en The Latin Library.
- Plutarco. «Si está bien dicho “vive oculto”» (Εἰ καλῶς εἴρηται τὸ λάθε βιώσας), Moralia 1128a–1130e, s. I–II d. C. Texto griego en Wikisource griega.
- Lucrecio. De rerum natura, s. I a. C. Trad. inglesa de William Ellery Leonard, On the Nature of Things, Dutton, 1916 (Project Gutenberg n.º 785).
- Long, A. A. y Sedley, D. N. The Hellenistic Philosophers, vol. 1: Translations of the Principal Sources with Philosophical Commentary. Cambridge University Press, Cambridge, 1987.
- Sedley, David. Lucretius and the Transformation of Greek Wisdom. Cambridge University Press, Cambridge, 1998.
- Warren, James (ed.). The Cambridge Companion to Epicureanism. Cambridge University Press, Cambridge, 2009.
- «Epicurus», Wikipedia en inglés, y «Epicuro», Wikipedia en español (consultadas para contrastar datos y bibliografía; texto propio).
- Wotke, Karl. «Epikurische Spruchsammlung», con notas de Hermann Usener. Wiener Studien 10 (1888). Primera edición de las Sentencias vaticanas a partir del Vaticanus graecus 1950.
- Smith, Martin Ferguson (ed.). Diogenes of Oenoanda: The Epicurean Inscription. Bibliopolis, Nápoles, 1993.
- O'Keefe, Tim. «Epicurus (341–271 B.C.E.)». Internet Encyclopedia of Philosophy (ISSN 2161-0002).
- Open Library (Internet Archive): ediciones de Epicuro y de Diógenes Laercio verificadas por ISBN.
- Marco Aurelio. Meditaciones VII 64 y IX 41 (numeración estándar; en la traducción de Casaubon, VII 35 y IX 41), c. 170–180 d. C. Trad. inglesa de Meric Casaubon (1634) (Project Gutenberg n.º 2680).
- Epicteto. Disertaciones recogidas por Arriano, I 23, II 20 y III 7 (polémica contra Epicuro), c. 108 d. C. Trad. inglesa de George Long (Project Gutenberg n.º 10661).
- Lactancio. Sobre la ira de Dios 13, c. 314 d. C. Trad. inglesa de William Fletcher, Ante-Nicene Fathers, vol. VII, 1886 (Wikisource en inglés).
- Greenblatt, Stephen. The Swerve: How the World Became Modern. W. W. Norton, Nueva York, 2011 (trad. esp. El giro, Crítica, 2012).
- Wilson, Catherine. Epicureanism at the Origins of Modernity. Oxford University Press, Oxford, 2008.
- Cicerón. Del supremo bien y del supremo mal (De finibus) I–II y Sobre la naturaleza de los dioses I, 45 a. C. Trad. inglesa de C. D. Yonge (Project Gutenberg n.º 29247).
- Titular de derechos
- Textos antiguos en dominio público; cada traducción y edición moderna pertenece a su traductor o editorial
Pendiente de confirmar
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- Tradiciones: el catálogo (content/traditions.json) no tiene «epicureísmo»; se asigna provisionalmente «secular-contemplative». Valorar dar de alta una tradición «epicureanism».
- Traductores de las ediciones españolas de Cátedra (Obras completas, ISBN 9788437613307) y Tecnos (Obras, ISBN 9788430942572): no comprobados en catálogo; añadirlos cuando se verifiquen.
- Arrighetti, Epicuro. Opere (Einaudi): no se ha localizado ISBN en Open Library; registrado sin ISBN.
- Sentencias vaticanas: el texto griego de la n.º 52 se ha tomado de la edición corriente y cotejado solo en su comienzo; cotejar con la edición de Arrighetti. Localizar una traducción española de dominio público de las Sentencias vaticanas.
- Manuscritos: verificar la digitalización del Vat. gr. 1950 en DigiVatLib (la URL probada devolvió 404) y los números de inventario de los papiros de Herculano de Sobre la naturaleza (libros II, XI, XIV, XV, XXV, XXVIII, XXXIV) con el Catalogo dei Papiri Ercolanesi.
- Libros de Sobre la naturaleza conservados: se citan con seguridad el XV, el XXV y el XXVIII; confirmar la lista completa con Arrighetti y Sedley.
- Programas de afiliación: ninguno verificado. Lista vacía.
- Vídeos: el programa In Our Time de la BBC está subido por un canal no oficial; no se ha encontrado la versión oficial en YouTube.
Investigado el 2026-10-25