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Cinismo

Diógenes de Sinope

Διογένης ὁ Σινωπεύς · Διογένης ὁ Κυνικός

c. 412 a. C. – c. 323 a. C.Persona históricamente documentada

Filósofo griego (c. 412–323 a. C.), figura central del cinismo. Exiliado de Sinope tras un escándalo de moneda falsa, vivió en Atenas y Corinto en una pobreza deliberada, durmiendo en una tinaja de barro y practicando en público una vida «según la naturaleza» contra las convenciones. No se conserva nada de lo que escribió: lo conocemos por cientos de dichos y anécdotas, muchos legendarios, reunidos sobre todo por Diógenes Laercio. Se llamó a sí mismo «ciudadano del mundo».

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Mosaico de Diógenes (Colonia)

Mosaico de Diógenes (Colonia) · Public domain

En sus palabras

«El Perro llamaba a las tabernas «los comedores comunes del Ática».»

Aristóteles, Retórica III 10, 1411a24, como ejemplo de metáfora. Es el único dicho de Diógenes atestiguado por un contemporáneo. Griego: Wikisource griega (Ρητορική/3); inglés: W. Rhys Roberts (1924); español: traducción propia.

Su idea central

Alterar la moneda (paracharáttein to nómisma): La expresión designa, en sentido literal, el delito que desterró a Diógenes de Sinope: rayar o adulterar la moneda.

Biografía

6 min de lectura

Un hombre hecho de anécdotas

De Diógenes de Sinope no se conserva ni una línea segura. Lo que sabemos procede casi entero de una sola fuente tardía, el libro VI de las Vidas de los filósofos ilustres de Diógenes Laercio, compuesto más de cinco siglos después de su muerte, que reúne noticias de biógrafos helenísticos y, sobre todo, cientos de chreíai: dichos breves, ingeniosos y fáciles de recordar, que circularon de boca en boca, pasaron a las escuelas de retórica y a menudo se atribuían a varios personajes a la vez. El único testigo contemporáneo seguro es Aristóteles, que en la Retórica cita una ocurrencia de «el Perro» sobre las tabernas de Atenas. Escribir su vida obliga, por tanto, a separar con paciencia lo atestiguado de lo que la tradición fue colgándole.

Sinope y la moneda

Nació en Sinope, colonia milesia de la costa sur del mar Negro, hacia el 412 a. C.: la fecha se deduce de que murió en el 323 «casi a los noventa años», según Laercio, aunque Censorino le da ochenta y uno. Era hijo de Hicesias, un banquero (trapezítes) que manejaba fondos públicos. Laercio recoge varias versiones de un escándalo: según Diocles, el padre adulteró la moneda y el hijo tuvo que exiliarse; según Eubúlides, lo hizo el propio Diógenes, que lo habría reconocido en su diálogo Pórdalo. Otra versión añade un oráculo de Apolo que le habría ordenado «alterar la moneda» (paracharáttein to nómisma), consejo que entendió al pie de la letra antes de descubrir que se refería a las costumbres. Las monedas de Sinope de mediados del siglo IV a. C. desfiguradas a cincel, y otras con el nombre de Hicesias, dan cierto fundamento al escándalo; el oráculo, en cambio, parece una construcción posterior que imita el de Sócrates.

Atenas: el maestro y la tinaja

Exiliado, llegó a Atenas. Laercio cuenta que buscó a Antístenes, compañero de Sócrates, que no admitía discípulos; cuando este levantó el bastón para echarlo, Diógenes le ofreció la cabeza: no encontraría madera bastante dura para alejarlo mientras tuviera algo que enseñarle. El encuentro es incierto, porque Antístenes murió hacia el 366 y el exilio de Diógenes pudo ser posterior; parte de la crítica sospecha que la cadena Sócrates–Antístenes–Diógenes se construyó más tarde para dar al cinismo, y luego al estoicismo, un linaje socrático. Como el amigo al que había pedido una casita se retrasaba, tomó por vivienda una tinaja (píthos) del Metroo, el santuario de la Madre de los dioses junto al ágora. No era un tonel de madera, recipiente ajeno a la Grecia de su tiempo, sino una gran vasija de barro para grano o aceite; todavía Juvenal la llama testa, cerámica. El tonel es una imagen posterior que fijó la pintura moderna.

Vivir según la naturaleza

Lo que Diógenes enseñaba era una forma de vida. Laercio le atribuye la idea de que hay dos ejercicios, el del cuerpo y el del alma, y de que la práctica constante (áskesis) puede vencerlo todo; que hay que preferir los esfuerzos que pide la naturaleza a los inútiles que impone la costumbre, y que el desprecio del placer, una vez habituado, resulta más placentero que el placer mismo. Oponía, decía, el valor a la fortuna, la naturaleza a la ley y la razón a la pasión. De ahí su desvergüenza (anaídeia): comía en el ágora y hacía en público lo que se tenía por privado, con el argumento de que lo que no es vergonzoso en casa no lo es en la plaza. Y de ahí su franqueza, la parresía, que según Laercio tenía por «lo más hermoso entre los hombres». Preguntado de dónde era, respondió con una palabra de larga fortuna: kosmopolítes, ciudadano del mundo.

Platón, Alejandro y la lámpara

Muchas de sus anécdotas lo enfrentan a filósofos y poderosos. Al saber que Platón definía al hombre como «animal bípedo sin plumas», le llevó un gallo desplumado: «He aquí el hombre de Platón». Encendió una lámpara a plena luz del día y anduvo diciendo «busco un hombre»; ninguna fuente antigua añade «honrado». Y en el Craneo de Corinto, cuando Alejandro se plantó ante él y le ofreció lo que quisiera, le pidió que se apartara del sol. La escena la cuentan Cicerón, Plutarco, Arriano y Laercio, y Plutarco añade que el rey dijo que, de no ser Alejandro, habría querido ser Diógenes. Pudieron verse en el 336 o el 335, cuando Alejandro estuvo en el Istmo; pero el diálogo tiene la forma perfecta de la chreía y sirvió durante siglos de tópico escolar sobre el sabio y el rey, de modo que su historicidad no puede darse por segura.

Corinto y el mercado de esclavos

Pasó sus últimos años en Corinto. Según una historia que Laercio toma en parte de la sátira de Menipo La venta de Diógenes, unos piratas lo capturaron camino de Egina y lo vendieron en Creta; al pregonero que le preguntaba qué sabía hacer le respondió «gobernar hombres» y señaló a un corintio rico, Jeníades: «Véndeme a ese, que necesita un amo». Jeníades le confió la educación de sus hijos. El origen satírico del relato y su carácter ejemplar —el esclavo más libre que su dueño— invitan a desconfiar de él, y ya en la Antigüedad circulaban versiones distintas sobre si fue liberado o envejeció en casa de su comprador.

Una muerte con varias versiones

Murió hacia el 323 a. C., según la tradición en el Craneo, el gimnasio a las puertas de Corinto. Laercio recoge tres causas: un cólico por comer un pulpo crudo, la mordedura de un perro al repartirle un pulpo, o la contención voluntaria del aliento, versión que ya celebraba el poeta Cércidas y que sus discípulos dedujeron al encontrarlo muerto envuelto en el manto. Demetrio de Magnesia afirmaba que murió el mismo día que Alejandro en Babilonia, sincronía demasiado redonda para ser creíble. Cicerón cuenta que pidió que lo arrojaran sin sepultura y que, cuando sus amigos objetaron que lo devorarían las fieras, pidió un bastón para espantarlas: si no iba a sentir nada, ¿qué podía importarle?

Lo que escribió, o no

Laercio da una lista de trece diálogos, cartas y siete tragedias, pero añade que Sosícrates y Sátiro negaban que Diógenes hubiera escrito nada y que Sátiro atribuía las tragedias a su discípulo Filisco de Egina; Soción ofrecía otra lista, distinta. De todo ello quedan títulos y testimonios. La obra más discutida es la República (Politeía), que defendía la comunidad de mujeres e hijos, el uso de tabas como moneda y la indiferencia ante tabúes como el canibalismo. Algunos estoicos, incómodos ante un texto que había inspirado al fundador de su escuela, la declararon espuria; Filodemo de Gádara, en un tratado conservado en los papiros de Herculano, replicó que Cleantes y Crisipo la citaban como auténtica, y hoy la mayoría de los especialistas le da crédito. Las cincuenta y una Cartas que llevan su nombre son, en cambio, ejercicios retóricos de época romana.

La herencia del perro

Su discípulo Crates de Tebas transmitió el modo de vida cínico a Zenón de Citio, que fundaría la Estoa; a través de los estoicos, Diógenes llegó a Epicteto, que lo propone como modelo del filósofo libre, y a Marco Aurelio, que lo coloca junto a Heráclito y Sócrates por encima de Alejandro y César. El cinismo rebrotó en la época imperial, y la figura de Diógenes —la lámpara, la tinaja, el sol de Alejandro— pasó a la pintura, de Gérôme a Waterhouse, y a la filosofía moderna: en sus últimas lecciones, de 1984, Michel Foucault leyó en él la parresía llevada al extremo, la verdad dicha con la propia vida.

Fuentes: Hard, Robin (trad.). Diogenes the Cynic: Sayings and Anecdotes, with Other Popular Moralists. Oxford University Press (Oxford World's Classics), Oxford, 2012. · Diógenes Laercio. Vidas y opiniones de los filósofos ilustres, libro VI, 20–81 (Diógenes), 85–93 (Crates) y 104–105 (doctrina cínica), s. III d. C. Trad. inglesa de R. D. Hicks, Lives of Eminent Philosophers, vol. II, Loeb Classical Library 185, Heinemann / Harvard University Press, 1925 (Wikisource en inglés); texto griego en Wikisource griega; trad. de C. D. Yonge, Bohn, Londres, 1853 (Project Gutenberg n.º 57342). · Diógenes Laercio. Los diez libros de Diógenes Laercio sobre las vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres, trad. de José Ortiz y Sanz, tomo II (libros VI–X). Imprenta Real, Madrid, 1792 (ejemplar de la Biblioteca de la Universidad de Sevilla en Internet Archive). · Plutarco. Vida de Alejandro 14, en Vidas paralelas, s. I–II d. C. Trad. inglesa llamada «de Dryden», revisada por Arthur Hugh Clough, Plutarch's Lives, 1864 (Project Gutenberg n.º 674). · Cicerón. Disputaciones tusculanas I 104 y V 92, 45 a. C. Texto latino en The Latin Library; trad. inglesa de C. D. Yonge, Cicero's Tusculan Disputations, Harper, Nueva York, 1877 (Project Gutenberg n.º 14988).

Cronología

La vida, año a año

Cada punto es un acontecimiento documentado. Pulsa para leerlo, con su fuente y su grado de certeza.

  1. c. 412 a. C. · 0 años

    Nacimiento

    Nace en Sinope, hijo del banquero Hicesias. La fecha se deduce de la muerte en 323 «casi a los noventa años» (Diógenes Laercio VI 76); Censorino le da ochenta y uno, lo que llevaría al 404. Wikidata registra 412, 403 y 400. Los años anteriores a nuestra era se expresan en negativo.

    Probable

  2. c. 362 a. C.

    El escándalo de la moneda y el exilio

    Él o su padre adulteran la moneda de Sinope y Diógenes parte al exilio (Diógenes Laercio VI 20–21, con versiones contradictorias). Monedas sinopenses de mediados del siglo IV a. C. desfiguradas a cincel apoyan un núcleo histórico; la fecha exacta es desconocida y se discute si fue anterior o posterior a la muerte de Antístenes (c. 366).

    Discutido

  3. c. 360 a. C.

    Llegada a Atenas y la tinaja del Metroo

    Se instala en Atenas, adopta el manto doblado y la alforja y vive en una tinaja de barro (píthos) del Metroo, junto al ágora (Diógenes Laercio VI 22–23). Su vínculo con Antístenes (VI 21) es incierto por razones cronológicas.

    Probable

  4. 338 a. C.

    Prisionero de Filipo

    Según Dionisio el Estoico (en Diógenes Laercio VI 43), tras la batalla de Queronea es llevado ante Filipo II; preguntado quién es, responde «un espía de tu insaciable codicia» y queda libre.

    Tradición

  5. c. 336 a. C.

    El encuentro con Alejandro

    Alejandro, elegido en el Istmo jefe de la expedición contra Persia, lo visita en el Craneo y recibe la respuesta «apártate de mi sol» (Plutarco, Alejandro 14; Arriano, Anábasis VII 2.1; Cicerón, Tusculanas V 92; Diógenes Laercio VI 38). Episodio de historicidad discutida.

    Discutido

  6. c. 330 a. C.

    Aristóteles cita a «el Perro»

    En la Retórica (III 10, 1411a24), redactada en estos años, Aristóteles recoge una metáfora de «el Perro»: las tabernas son «los comedores comunes del Ática». Es el único testimonio contemporáneo seguro sobre Diógenes.

    Probable

  7. c. 323 a. C.

    Muerte

    Muere muy anciano. Diógenes Laercio (VI 76–79) recoge tres causas —pulpo crudo, mordedura de perro, contención del aliento— y la noticia de Demetrio de Magnesia de que murió el mismo día que Alejandro (10–11 de junio de 323). Es enterrado junto a la puerta del Istmo, bajo una columna con un perro de mármol.

    Probable

  8. c. 312 a. C.

    Zenón de Citio, discípulo de Crates

    Zenón de Citio llega a Atenas y se hace discípulo de Crates de Tebas, discípulo de Diógenes (Diógenes Laercio VII 2–4); su República, escrita «en la cola del perro», prolonga la de Diógenes.

    Probable

  9. c. 225 a. C.

    Diógenes Laercio compone su vida

    Diógenes Laercio redacta las Vidas de los filósofos ilustres; el libro VI (20–81) es la principal fuente sobre Diógenes y conserva la lista de sus escritos. La fecha de la obra es aproximada (primera mitad del siglo III).

    Probable

  10. c. 108 a. C.

    Epicteto y el cínico ideal

    En las Disertaciones recogidas por Arriano (III 22, «Sobre el cinismo»), Epicteto presenta a Diógenes como modelo del filósofo libre y enviado de los dioses. Los años anteriores a nuestra era van en negativo; este, ya de nuestra era, en positivo.

    Probable

  11. c. 50 a. C.

    Filodemo defiende la República de Diógenes

    En su tratado Sobre los estoicos (PHerc. 155 y 339), Filodemo de Gádara sostiene, contra los estoicos que la tenían por espuria, que la República de Diógenes es auténtica y que Cleantes y Crisipo la citaban.

    Documentado

  12. 1860

    «Diógenes» de Gérôme

    Jean-Léon Gérôme pinta a Diógenes sentado en su tinaja de barro encendiendo la lámpara, rodeado de perros; el cuadro está hoy en el Walters Art Museum de Baltimore.

    Documentado

  13. 1984

    Foucault y la parresía cínica

    En su último curso, Le courage de la vérité (febrero–marzo de 1984), Michel Foucault dedica varias lecciones al cinismo y a Diógenes como forma radical de decir la verdad con la propia vida.

    Documentado

Obras

Obras esenciales

Las obras sin las que no se entiende su legado.

Dichos y anécdotas (chreíai) — Diógenes de Sinope

Recopilación posterior · c. 300 a. C.

Dichos y anécdotas (chreíai)

Χρεῖαι / Ἀποφθέγματα Διογένους

Cientos de respuestas breves y escenas ejemplares que constituyen, de hecho, la obra conservada de Diógenes: la lámpara encendida a pleno día, el gallo desplumado ante Platón, el «apártate de mi sol» dicho a Alejandro, el cuenco arrojado al ver beber a un niño, la venta como esclavo, el «ciudadano del mundo». El género, la chreía, era un ejercicio escolar de retórica, lo que explica su forma pulida y su facilidad para emigrar de un personaje a otro. Leídas en conjunto, dibujan una ética coherente: autosuficiencia, ejercicio, franqueza y burla de las convenciones.

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República — Diógenes de Sinope

Atribución tradicional

República

Πολιτεία

Tratado político conocido solo por testimonios, sobre todo de Filodemo y de Diógenes Laercio (VI 72–73). Proponía una comunidad sin matrimonio —unión libre del hombre que persuade con la mujer que consiente— y con hijos comunes, el uso de tabas en lugar de moneda, la indiferencia ante tabúes alimentarios y religiosos, incluido el canibalismo, y la idea de que la única constitución recta es la del cosmos. Inspiró la República de Zenón de Citio, escrita según la tradición «en la cola del perro», y está en el origen del cosmopolitismo antiguo.

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Frases

Frases localizadas en una obra concreta. Cada una lleva su procedencia y su nivel de confianza.

Busco un hombre.

Ἄνθρωπον ζητῶ.

ProbableDiógenes Laercio VI 41: lo decía mientras recorría la ciudad con una lámpara encendida a pleno día. Dicho transmitido como chreía, sin fuente nombrada. Griego: Diógenes Laercio, ed. de Wikisource griega; inglés: R. D. Hicks (Loeb, 1925, dominio público); español: traducción propia.

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Citas apócrifas o de atribución discutida (2)
  • «Busco un hombre honrado.»

    El dicho antiguo (Diógenes Laercio VI 41) es «busco un hombre» (ánthropon zetô), es decir, un ser humano digno del nombre. El adjetivo «honrado» es un añadido moderno que no figura en ninguna fuente griega o latina.

  • «Diógenes vivía en un tonel.»

    No es una cita, sino un tópico que suele acompañar a sus dichos. Las fuentes griegas hablan de un píthos, una gran tinaja de barro (Diógenes Laercio VI 23 y 43), y Juvenal la llama testa, cerámica (Sátiras XIV 308–310). El tonel de madera es una imagen posterior, difundida por la iconografía moderna.

Últimas palabras

Versiones contradictorias

«¿Qué daño me hará entonces que me despedacen las fieras, si no siento nada?»

quid igitur mihi ferarum laniatus oberit nihil sentienti?

No hay últimas palabras fiables. Lo que se transmite son instrucciones sobre su cuerpo, en versiones que no coinciden. Cicerón (Tusculanas I 104) cuenta que mandó que lo arrojaran sin enterrar; ante la objeción de sus amigos —«¿a las aves y a las fieras?»— pidió que le dejaran al lado un bastón para espantarlas, y cuando le dijeron que no las sentiría, respondió con la frase citada. Diógenes Laercio (VI 79) recoge otras variantes: que lo echaran sin sepultura para que lo aprovechara cualquier fiera, que lo metieran en una zanja con un poco de polvo encima o que lo arrojaran al Iliso para ser útil a sus hermanos; y, según Eubulo (VI 32), que pidió ser enterrado boca abajo porque pronto lo de abajo estaría arriba. Las circunstancias de la muerte también varían (pulpo crudo, mordedura de perro, contención del aliento, VI 76–77), y la versión de Antístenes de Rodas dice que sus amigos lo encontraron ya muerto, envuelto en el manto, lo que excluiría unas palabras finales. Inglés: C. D. Yonge (1877); español: traducción propia.

Fuente: Cicerón. Disputaciones tusculanas I 104 y V 92, 45 a. C. Texto latino en The Latin Library; trad. inglesa de C. D. Yonge, Cicero's Tusculan Disputations, Harper, Nueva York, 1877 (Project Gutenberg n.º 14988).

Preguntar

Lo que su obra responde

Doce grandes preguntas de la humanidad y lo que sus textos permiten responder, con referencias. Nunca ponemos palabras en su boca.

  • ¿Qué es lo Absoluto? ¿Existe Dios?

    Los dioses existen, pero la filosofía del Perro se juega en la conducta

    Reserva ante lo trascendenteSe deduce de su doctrina

    Diógenes no dejó una teología, y sus escritos se perdieron; lo que se conserva son dichos y anécdotas recogidos siglos después, sobre todo por Diógenes Laercio. En ellos los dioses aparecen como modelo de autosuficiencia: es propio de los dioses no necesitar nada, y de los semejantes a ellos necesitar poco. Laercio le atribuye también un silogismo según el cual todo pertenece a los dioses, los sabios son amigos de los dioses y los bienes de los amigos son comunes, luego todo pertenece a los sabios. Al mismo tiempo se burla de las ofrendas votivas y de las purificaciones rituales. Lo divino sirve de horizonte; la atención está puesta en vivir conforme a la naturaleza.

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  • ¿Quién soy yo? ¿Existe un yo verdadero?

    No teorizó el yo: lo puso a prueba despojándolo de convenciones

    No se pronunció

    Los dichos y anécdotas que Diógenes Laercio reúne sobre Diógenes de Sinope no contienen una teoría del alma ni una respuesta a la pregunta de quién soy. Lo que sí muestran es una práctica: reducir lo que uno necesita para descubrir qué queda cuando se retiran la riqueza, la reputación y las costumbres. Por eso tira su cuenco al ver a un niño beber con las manos, responde «ciudadano del mundo» a quien le pregunta de dónde es y busca con una lámpara a pleno día un hombre. El yo cínico se define por lo que no necesita y por la franqueza con que habla, no por una sustancia que haya que conocer.

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  • ¿Por qué sufrimos?

    Sufre quien necesita mucho; libre es quien se acerca a no necesitar

    El deseo y el apegoSe deduce de su doctrina

    Las anécdotas que transmite Diógenes Laercio dibujan un diagnóstico coherente. Los hombres se hacen desgraciados por depender de lo superfluo: riquezas, comodidades, honores, opiniones ajenas. Los dioses no necesitan nada y quien se les asemeja necesita poco; por eso Diógenes vivía en una tinaja y tiró su cuenco al ver beber a un niño con las manos. Contra la fortuna oponía el valor, contra la convención la naturaleza y contra la pasión la razón. El sufrimiento no viene de las cosas, sino del apego a necesidades que la convención ha creado; el remedio es el entrenamiento, un ejercicio diario de privación que hace ligero lo que antes parecía imprescindible.

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  • ¿Qué ocurre después de la muerte?

    ¿Cómo va a ser un mal algo que no sentimos cuando está presente?

    Silencio o reservaLo dice expresamente

    Las anécdotas recogidas por Diógenes Laercio muestran a Diógenes tratando la muerte con la misma desenvoltura que el resto de las convenciones. Preguntado si la muerte era un mal, respondió que cómo podía serlo, si no la sentimos cuando está presente. Pidió que, al morir, lo arrojaran sin sepultura para que las fieras tuvieran su parte, y ante la objeción de que lo despedazarían propuso que le dejaran un palo para espantarlas; si no iba a sentirlas, qué más daba. Ninguno de los dichos describe una vida tras la muerte. La atención se dirige a vivir ahora sin miedo, y los ritos fúnebres aparecen como una convención más.

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  • ¿Cómo se alcanza la liberación o la salvación?

    Nada se logra sin entrenamiento, del cuerpo y del alma a la vez

    Por la práctica disciplinadaLo dice expresamente

    Diógenes Laercio atribuye a Diógenes una doctrina del entrenamiento (áskēsis) que es lo más cercano a un método en el cinismo. Hay un ejercicio doble, del cuerpo y del alma, y ninguno basta sin el otro; nada en la vida sale bien sin entrenamiento, y este puede vencerlo todo. Por eso Diógenes se revolcaba en arena caliente en verano y abrazaba estatuas heladas en invierno, y pedía limosna a las estatuas para acostumbrarse a la negativa. El fin es la autosuficiencia y la libertad: estar preparado para cualquier fortuna, como dijo al preguntarle qué había sacado de la filosofía. Liberarse es despojarse, con ejercicio diario, de las necesidades que impone la convención.

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  • ¿Hace falta un maestro?

    Siguió a Antístenes contra su voluntad, pero enseñó con el ejemplo

    Útil, pero no imprescindibleSe deduce de su doctrina

    La tradición cuenta que Diógenes quiso hacerse discípulo de Antístenes, que no admitía a nadie, y que cuando este alzó el bastón contra él le ofreció la cabeza diciendo que no encontraría palo tan duro como para apartarle mientras tuviera algo que decir. Más tarde, vendido como esclavo, se ofreció a gobernar hombres y educó a los hijos de su comprador, Jeníades, enseñándoles a vivir con sencillez. Pero su pedagogía es sobre todo demostrativa: mostrar con el propio cuerpo que se puede vivir sin lo superfluo. El maestro orienta y provoca; el entrenamiento, en cambio, lo hace cada uno, y Diógenes desconfiaba de cualquier autoridad que no se probara con la conducta.

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  • ¿Es real el mundo?

    Veo la mesa, no la «mesidad»: lo real es lo que tenemos delante

    Orden natural en transformaciónSe deduce de su doctrina

    Diógenes no elaboró una cosmología, pero las anécdotas transmitidas por Laercio muestran su actitud. Cuando Platón hablaba de las Ideas y nombraba la «mesidad» y la «copeidad», Diógenes replicó que él veía la mesa y la copa, pero no la mesidad ni la copeidad. A un sofista que demostraba con argumentos que el movimiento no existe le respondió levantándose y echando a andar. Su programa ético —vivir según la naturaleza y no según la convención— presupone que la naturaleza es real y que en ella está la medida. El mundo no es apariencia sobre otra realidad, sino el único escenario, que hay que habitar con lo mínimo.

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  • ¿Qué es el amor?

    El amor erótico, ocupación de ociosos; la franqueza, lo más hermoso

    No se pronunció

    Diógenes escribió un Erótico, perdido, y lo que se conserva sobre el amor en sus dichos es escaso y desdeñoso. Según Diógenes Laercio, llamaba al amor erótico ocupación de los que no tienen nada que hacer, y trataba el deseo sexual como una necesidad natural que debía satisfacerse sin rodeos ni convenciones. No hay en el material conservado una doctrina del amor como camino ni una ética de la compasión. Lo más cercano es su cosmopolitismo —ser ciudadano del mundo— y su idea de que lo más hermoso entre los hombres es la franqueza, que se ejerce precisamente con quien se quiere mejorar. La tradición posterior hizo de los cínicos médicos de la humanidad.

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  • ¿Somos libres o está todo determinado?

    Oponer a la fortuna el valor: la libertad se conquista con entrenamiento

    Libre albedrío realSe deduce de su doctrina

    Diógenes no teorizó sobre el determinismo, pero la libertad (eleuthería) es uno de los ejes del cinismo. Según Diógenes Laercio, decía oponer a la fortuna el valor, a la convención la naturaleza y a la pasión la razón; y declaraba preferir la libertad a todo. Cuando lo vendieron como esclavo, pidió que lo vendieran a quien necesitara un amo, invirtiendo los papeles. La filosofía le había dado al menos estar preparado para cualquier fortuna. Esa libertad no es metafísica, sino práctica: la del que, por necesitar poco, no depende de nadie. La fortuna existe y golpea, pero la respuesta a ella está en manos de cada uno.

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  • ¿Para qué meditar u orar?

    Se burla de purificaciones y exvotos; su práctica es el entrenamiento

    No se pronunció

    Las anécdotas no atribuyen a Diógenes ninguna enseñanza positiva sobre la oración o la meditación; lo que transmiten son burlas. A uno que se purificaba con agua le dijo que así no se borraban los errores de la vida, como tampoco los de gramática. Ante los exvotos de Samotracia, ofrecidos por los que se habían salvado, comentó que habrían sido muchos más si los hubieran ofrecido también los que no se salvaron. Censuraba que los hombres pidieran a los dioses lo que a ellos les parecía bueno y no lo que lo es de verdad. Su ejercicio cotidiano no es la plegaria ni la contemplación, sino el entrenamiento del cuerpo y del alma para necesitar poco.

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  • ¿Puede la razón conocer lo último?

    Le importaba la razón para vivir, no para especular sobre lo último

    No se pronunció

    Diógenes no se pronunció sobre si la razón puede conocer lo último, y las anécdotas muestran un desinterés deliberado por esa clase de preguntas. Se admiraba de que los gramáticos investigaran los males de Ulises e ignoraran los suyos, de que los músicos afinaran la lira y tuvieran el alma desafinada, y de que los matemáticos miraran al sol y a la luna sin ver lo que tenían a sus pies. Al mismo tiempo, valoraba la razón como guía práctica: decía que para vivir hacía falta razón o una soga. La razón cínica sirve para desenmascarar convenciones y vivir según la naturaleza; la especulación sobre lo último le parecía tiempo perdido.

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  • ¿Retirarse del mundo o transformarlo?

    Alterar la moneda: invertir los valores de la ciudad desde la propia vida

    La revolución es interiorSe deduce de su doctrina

    Diógenes no se retiró al desierto: vivió en plena calle, en Atenas y en Corinto, a la vista de todos. Pero tampoco quiso gobernar ni reformar las leyes. Su divisa, según la tradición, era «alterar la moneda», una alusión a un episodio de falsificación en Sinope que convirtió en programa: desacreditar los valores corrientes —riqueza, fama, linaje, pudor convencional— y sustituirlos por los de la naturaleza. Se declaraba ciudadano del mundo y decía que la única constitución recta es la que abarca el cosmos. Su método era el ejemplo provocador y la franqueza. La transformación que buscaba no era política, sino una revolución en el modo de vivir de cada uno.

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Anécdotas y relatos

Anécdotas y relatos

Disputado336–335 a. C. (si ocurrió)

Apártate de mi sol

Alejandro acababa de ser proclamado en el Istmo jefe de los griegos contra Persia, y filósofos y políticos acudían a felicitarlo. Diógenes, que vivía entonces en Corinto, no se movió del Craneo, el gimnasio arbolado de las afueras. El rey fue a verlo con su séquito y lo encontró tumbado al sol. Diógenes se incorporó un poco, lo miró y, cuando Alejandro le preguntó si necesitaba algo, respondió que sí: que se apartara un poco del sol. De regreso, mientras sus acompañantes se burlaban del viejo, Alejandro les dijo que, si no fuera Alejandro, querría ser Diógenes. La escena se convirtió en el emblema de la autosuficiencia del sabio frente al poder, y Laercio la rodea de otras réplicas al rey: «Yo soy Diógenes el perro», «¿quién teme a lo bueno?». La tradición quiso incluso que ambos murieran el mismo día.

Origen del relato: Plutarco, Alejandro 14 (con la frase «si no fuera Alejandro…»); Arriano, Anábasis VII 2.1; Cicerón, Tusculanas V 92; Diógenes Laercio VI 32, 38, 60 y 68. Las fuentes son de los siglos I a. C.–III d. C. El encuentro es cronológicamente posible, pero la respuesta tiene la forma de una chreía escolar y circuló como ejercicio de retórica; la mayoría de los historiadores la considera de historicidad incierta o legendaria. La muerte el mismo día procede de Demetrio de Magnesia (Diógenes Laercio VI 79).

Fuente: Plutarco. Vida de Alejandro 14, en Vidas paralelas, s. I–II d. C. Trad. inglesa llamada «de Dryden», revisada por Arthur Hugh Clough, Plutarch's Lives, 1864 (Project Gutenberg n.º 674).

Testimonioc. 360–340 a. C.

La tinaja del Metroo (y el tonel que no existió)

Recién llegado a Atenas, Diógenes escribió a alguien para que le buscara una casita. Como el encargo se demoraba, se instaló en una tinaja del Metroo, el santuario de la Madre de los dioses junto al ágora, donde se guardaban también los archivos públicos. En verano se revolcaba en la arena ardiente y en invierno abrazaba estatuas cubiertas de nieve, para endurecerse. Laercio añade que los atenienses lo apreciaban: cuando un muchacho le rompió la tinaja, azotaron al muchacho y le dieron otra. El recipiente era un píthos, una gran vasija de barro enterrada a medias para guardar grano, vino o aceite, y Juvenal, siglos después, sigue hablando de una testa, una pieza de cerámica que no arde y que, si se rompe, se remienda con plomo. El tonel de madera con aros, tan familiar en la pintura y en los grabados, no existía en la Grecia del siglo IV a. C.

Origen del relato: Diógenes Laercio VI 23, que remite a las cartas del propio Diógenes (perdidas), y VI 43; Juvenal, Sátiras XIV 308–314. La vida en el píthos está bien atestiguada en la tradición antigua; la transformación en tonel procede de la lectura posterior del latín dolium y de la iconografía medieval y moderna (Roubineau 2023).

Fuente: Diógenes Laercio. Vidas y opiniones de los filósofos ilustres, libro VI, 20–81 (Diógenes), 85–93 (Crates) y 104–105 (doctrina cínica), s. III d. C. Trad. inglesa de R. D. Hicks, Lives of Eminent Philosophers, vol. II, Loeb Classical Library 185, Heinemann / Harvard University Press, 1925 (Wikisource en inglés); texto griego en Wikisource griega; trad. de C. D. Yonge, Bohn, Londres, 1853 (Project Gutenberg n.º 57342).

Tradición orals. IV a. C.

La lámpara a pleno día

Un día Diógenes encendió una lámpara en pleno mediodía y anduvo por la ciudad con ella en alto. A quienes le preguntaban qué hacía les contestaba: «Busco un hombre». No buscaba a un hombre honrado, como dicen las versiones modernas, sino a un ser humano en sentido pleno, alguien que viviera conforme a la razón y la naturaleza y no como esclavo de la costumbre. Laercio cuenta en otro lugar un gesto gemelo: Diógenes gritó «¡hombres!» y, cuando se juntó la gente, la apartó a bastonazos diciendo que había llamado a hombres, no a canallas. Y al volver de Olimpia, preguntado si había mucha gente, respondió que mucha gente, pero pocos hombres. La lámpara condensa en una imagen la crítica cínica: la multitud abunda, la humanidad escasea.

Origen del relato: Diógenes Laercio VI 41 (la lámpara), VI 32 (citando las Chreíai de Hecatón: «llamé a hombres») y VI 60 (Olimpia). Laercio no da fuente para la lámpara. Es una chreía de transmisión oral y escolar; su sentido es seguro, su historicidad no. El adjetivo «honrado» es moderno.

Fuente: Diógenes Laercio. Vidas y opiniones de los filósofos ilustres, libro VI, 20–81 (Diógenes), 85–93 (Crates) y 104–105 (doctrina cínica), s. III d. C. Trad. inglesa de R. D. Hicks, Lives of Eminent Philosophers, vol. II, Loeb Classical Library 185, Heinemann / Harvard University Press, 1925 (Wikisource en inglés); texto griego en Wikisource griega; trad. de C. D. Yonge, Bohn, Londres, 1853 (Project Gutenberg n.º 57342).

Tradición oralc. 360–347 a. C.

El hombre de Platón

Platón había definido al hombre como «animal bípedo sin plumas» y la definición había sido aplaudida en la Academia. Diógenes desplumó un gallo, se presentó con él en la escuela y dijo: «Este es el hombre de Platón». A raíz de ello, cuenta Laercio, se añadió a la definición «de uñas anchas». La anécdota resume la relación entre ambos tal como la quiso la tradición: el cínico que opone la cosa visible a la abstracción. Laercio acumula otras: Diógenes pisoteando las alfombras de Platón —«piso el orgullo de Platón», «con otro orgullo», le responde este—, burlándose de la «mesidad» y la «vasidad» de las Ideas, y Platón llamándolo «un Sócrates enloquecido». Las bromas de Platón sobre definiciones por división existen de verdad: en el Político (266e) aparece, como clasificación jocosa, la de los bípedos implumes.

Origen del relato: Diógenes Laercio VI 40 (el gallo), VI 26 (las alfombras, con variante atribuida a Soción), VI 53 (la «mesidad») y VI 54 («un Sócrates enloquecido», frase que Eliano, Historias curiosas XIV 33, pone en boca de Platón). Son chreíai sin fuente contemporánea; la definición jocosa de los bípedos implumes está en Platón, Político 266e.

Fuente: Diógenes Laercio. Vidas y opiniones de los filósofos ilustres, libro VI, 20–81 (Diógenes), 85–93 (Crates) y 104–105 (doctrina cínica), s. III d. C. Trad. inglesa de R. D. Hicks, Lives of Eminent Philosophers, vol. II, Loeb Classical Library 185, Heinemann / Harvard University Press, 1925 (Wikisource en inglés); texto griego en Wikisource griega; trad. de C. D. Yonge, Bohn, Londres, 1853 (Project Gutenberg n.º 57342).

Disputadofecha desconocida

Véndeme a ese, que necesita un amo

Navegando hacia Egina, Diógenes cayó en manos de unos piratas que lo llevaron a Creta para venderlo como esclavo. Cuando el pregonero le preguntó qué sabía hacer, respondió: «Gobernar hombres», y pidió que anunciara si alguien quería comprarse un amo. Como le prohibieron sentarse, comentó que los peces se venden en cualquier postura. Al ver a un corintio con un manto de orla púrpura, Jeníades, dijo: «Véndeme a ese, que necesita un amo». Jeníades lo compró, lo llevó a Corinto, le confió la educación de sus hijos y la administración de su casa, y decía que un buen genio había entrado en ella. Cuando sus amigos quisieron rescatarlo, Diógenes los llamó ingenuos: los leones no son esclavos de quienes los alimentan, sino al revés.

Origen del relato: Diógenes Laercio VI 29–31 y 74–75, que cita La venta de Diógenes del satírico Menipo de Gádara (s. III a. C.), una obra homónima de Eubulo y Sobre los pedagogos de Cleómenes. El origen en una sátira, el tono ejemplar y las versiones contradictorias sobre su liberación llevan a muchos especialistas a considerarlo una ficción literaria; otros admiten un núcleo histórico. Luciano retomó el motivo en la Subasta de vidas.

Fuente: Diógenes Laercio. Vidas y opiniones de los filósofos ilustres, libro VI, 20–81 (Diógenes), 85–93 (Crates) y 104–105 (doctrina cínica), s. III d. C. Trad. inglesa de R. D. Hicks, Lives of Eminent Philosophers, vol. II, Loeb Classical Library 185, Heinemann / Harvard University Press, 1925 (Wikisource en inglés); texto griego en Wikisource griega; trad. de C. D. Yonge, Bohn, Londres, 1853 (Project Gutenberg n.º 57342).

Disputadomediados del s. IV a. C.

Alterar la moneda

Hicesias, el padre de Diógenes, era banquero en Sinope y tenía a su cargo fondos públicos. Algo ocurrió con la moneda de la ciudad: según Diocles, la adulteró el padre y el hijo tuvo que marcharse; según Eubúlides, lo hizo el hijo y ambos se exiliaron; según otros, el padre murió en prisión y el hijo huyó. Una versión más elaborada cuenta que Diógenes, encargado de los artesanos de la ceca, consultó a Apolo y el dios le autorizó a «alterar la moneda política»; él lo entendió literalmente. Más tarde, cuando le echaban en cara el delito, respondía: «Hubo un tiempo en que yo era como tú ahora; como soy yo ahora, tú no lo serás nunca». La frase griega, paracharáttein to nómisma, juega con nómisma (moneda) y nómos (ley, costumbre), y Laercio concluye que Diógenes alteró de verdad la moneda al no conceder a la convención la autoridad que concedía a la naturaleza.

Origen del relato: Diógenes Laercio VI 20–21, 56 y 71, con fuentes contradictorias (Diocles, Eubúlides y el propio Pórdalo de Diógenes, perdido). Monedas de Sinope de c. 350–340 a. C. desfiguradas a cincel y emisiones con el nombre de Hicesias (Hikesio) apoyan un núcleo histórico, según Navia y Branham; el oráculo se considera generalmente una invención posterior inspirada en el de Sócrates.

Fuente: Navia, Luis E. Diogenes the Cynic: The War Against the World. Humanity Books, Amherst (Nueva York), 2005.

Disputadoc. 323 a. C.

Tres muertes y un perro de mármol

Diógenes murió en Corinto, ya muy viejo. Nadie sabía bien de qué. Unos decían que de un cólico por comer un pulpo crudo; otros, que al repartir un pulpo entre los perros uno le mordió el tendón del pie; sus discípulos, según Antístenes de Rodas, que se había quitado la vida conteniendo el aliento: fueron a buscarlo al Craneo, lo encontraron envuelto en el manto, como dormido, aunque nunca dormía de día, y al apartar el manto lo hallaron muerto. El poeta Cércidas celebró en versos ese final voluntario. Sus discípulos llegaron a las manos por el honor de enterrarlo, hasta que intervinieron sus padres y los notables. Lo sepultaron junto a la puerta del Istmo, bajo una columna coronada por un perro de mármol de Paros, y Sinope, la ciudad que lo había desterrado, le levantó estatuas de bronce con un epigrama: el tiempo envejece el bronce, pero no tu gloria.

Origen del relato: Diógenes Laercio VI 76–79, con fuentes múltiples (Cércidas, Antístenes de Rodas, Demetrio de Magnesia). La tumba con el perro de mármol la menciona también Pausanias (II 2.4) en la entrada de Corinto. Las causas de la muerte son incompatibles entre sí y varias tienen intención simbólica (el perro, el dominio de sí); la sincronía con Alejandro es legendaria.

Fuente: Diógenes Laercio. Vidas y opiniones de los filósofos ilustres, libro VI, 20–81 (Diógenes), 85–93 (Crates) y 104–105 (doctrina cínica), s. III d. C. Trad. inglesa de R. D. Hicks, Lives of Eminent Philosophers, vol. II, Loeb Classical Library 185, Heinemann / Harvard University Press, 1925 (Wikisource en inglés); texto griego en Wikisource griega; trad. de C. D. Yonge, Bohn, Londres, 1853 (Project Gutenberg n.º 57342).

Enseñanzas

Enseñanzas

Las nociones que articulan su pensamiento, explicadas en su contexto.

Alterar la moneda (paracharáttein to nómisma)paracharattein-to-nomisma
La expresión designa, en sentido literal, el delito que desterró a Diógenes de Sinope: rayar o adulterar la moneda. La tradición la convirtió en lema de su filosofía gracias a un juego de palabras: *nómisma*, la moneda, procede de la misma raíz que *nómos*, la ley o la costumbre. Alterar la moneda pasa a significar revaluar los valores corrientes, retirar de la circulación lo que la ciudad tiene por valioso —la riqueza, la fama, el linaje, el pudor— y poner en su lugar lo que vale según la naturaleza. Diógenes Laercio lo dice expresamente al resumir su doctrina: alteraba la moneda de verdad al no conceder a la convención la autoridad que concedía a la naturaleza. El oráculo que, según una versión, le habría ordenado hacerlo es probablemente una elaboración posterior, pero la fórmula captura bien el programa cínico: no se trata de fundar una escuela ni un sistema, sino de desacreditar con la propia conducta las monedas falsas de la vida social.

Diógenes Laercio VI 20–21, 56 y 71. Es la clave con que la tradición antigua leyó toda su vida, y la que retoman los estudios modernos (Desmond, Roubineau).

Fuente: Diógenes Laercio. Vidas y opiniones de los filósofos ilustres, libro VI, 20–81 (Diógenes), 85–93 (Crates) y 104–105 (doctrina cínica), s. III d. C. Trad. inglesa de R. D. Hicks, Lives of Eminent Philosophers, vol. II, Loeb Classical Library 185, Heinemann / Harvard University Press, 1925 (Wikisource en inglés); texto griego en Wikisource griega; trad. de C. D. Yonge, Bohn, Londres, 1853 (Project Gutenberg n.º 57342).

Ascesis (áskesis, ejercicio)askesis
Para Diógenes, la virtud no se aprende en los libros sino por ejercicio. Laercio le atribuye una teoría explícita: hay dos clases de entrenamiento, el del cuerpo y el del alma, y ninguno es completo sin el otro; así como los artesanos, los flautistas y los atletas alcanzan una destreza asombrosa a fuerza de práctica, quien trasladara ese esfuerzo al alma alcanzaría la virtud. Nada sale bien en la vida sin ejercicio, y el ejercicio puede vencerlo todo. Pero el ejercicio ha de ser el que pide la naturaleza, no los trabajos inútiles que imponen la ambición o la costumbre. De ahí la exposición voluntaria al frío, al calor, al hambre y al desprecio, que no es mortificación religiosa sino entrenamiento para la libertad: quien se habitúa a lo duro deja de depender de la fortuna. La paradoja final es hedonista: el desprecio del placer, una vez habituado, resulta más placentero que el placer mismo.

Diógenes Laercio VI 70–71, pasaje estudiado por Marie-Odile Goulet-Cazé (L'Ascèse cynique, 1986). La noción pasó al estoicismo y, por otras vías, al vocabulario del monacato cristiano.

Fuente: Diógenes Laercio. Vidas y opiniones de los filósofos ilustres, libro VI, 20–81 (Diógenes), 85–93 (Crates) y 104–105 (doctrina cínica), s. III d. C. Trad. inglesa de R. D. Hicks, Lives of Eminent Philosophers, vol. II, Loeb Classical Library 185, Heinemann / Harvard University Press, 1925 (Wikisource en inglés); texto griego en Wikisource griega; trad. de C. D. Yonge, Bohn, Londres, 1853 (Project Gutenberg n.º 57342).

Autosuficiencia (autárkeia)autarkeia
La autosuficiencia es el fin que persigue la vida cínica: necesitar lo menos posible para depender lo menos posible. Diógenes, dice Laercio, sostenía que es propio de los dioses no necesitar nada y de los hombres semejantes a los dioses necesitar poco. Las anécdotas lo traducen en gestos: el manto doblado que sirve de vestido y de cama, la alforja, la tinaja como casa, el cuenco arrojado al ver a un niño beber con las manos, la respuesta a Alejandro. El epigrama de las estatuas de Sinope lo resume: Diógenes enseñó a los mortales la lección de la autosuficiencia y el camino más fácil de la vida. No se trata de pobreza por sí misma sino de libertad: quien no necesita nada no puede ser comprado, amenazado ni humillado, y por eso el esclavo Diógenes podía decir que su comprador necesitaba un amo.

Diógenes Laercio VI 37, 78 y 105. La idea tiene raíz socrática (Jenofonte, Memorables I 6.10) y será central en el estoicismo y en el epicureísmo, aunque con contenidos distintos.

Fuente: Diógenes Laercio. Vidas y opiniones de los filósofos ilustres, libro VI, 20–81 (Diógenes), 85–93 (Crates) y 104–105 (doctrina cínica), s. III d. C. Trad. inglesa de R. D. Hicks, Lives of Eminent Philosophers, vol. II, Loeb Classical Library 185, Heinemann / Harvard University Press, 1925 (Wikisource en inglés); texto griego en Wikisource griega; trad. de C. D. Yonge, Bohn, Londres, 1853 (Project Gutenberg n.º 57342).

Desvergüenza (anaídeia)anaideia
La conducta más escandalosa de Diógenes —comer en el ágora, satisfacer en público las necesidades del cuerpo, burlarse del pudor— tenía un argumento. Si algo no es vergonzoso en privado, no lo es en público; si desayunar no es absurdo, tampoco lo es desayunar en la plaza. La vergüenza, en esta lectura, es un producto de la convención y no de la naturaleza, y someterse a ella es una forma de esclavitud. La desvergüenza cínica funciona así como prueba y como pedagogía: obliga al espectador a preguntarse por qué le escandaliza lo que es natural y no le escandaliza lo que es injusto. Laercio le atribuye la idea de que la mayoría está tan cerca de la locura que basta un dedo para distinguirlos: quien camina con el dedo corazón extendido pasa por loco, y con el meñique, no. El adjetivo «cínico», de *kýon*, perro, nació precisamente de esa vida a la vista de todos.

Diógenes Laercio VI 35, 58, 61 y 69. Los estoicos antiguos heredaron parte de este programa, como muestra la República de Zenón; los estoicos de época imperial lo suavizaron.

Fuente: Diógenes Laercio. Vidas y opiniones de los filósofos ilustres, libro VI, 20–81 (Diógenes), 85–93 (Crates) y 104–105 (doctrina cínica), s. III d. C. Trad. inglesa de R. D. Hicks, Lives of Eminent Philosophers, vol. II, Loeb Classical Library 185, Heinemann / Harvard University Press, 1925 (Wikisource en inglés); texto griego en Wikisource griega; trad. de C. D. Yonge, Bohn, Londres, 1853 (Project Gutenberg n.º 57342).

Franqueza (parresía)parresia
La *parresía* es el derecho y el deber de decirlo todo. En la Atenas democrática era un privilegio del ciudadano en la asamblea; Diógenes, exiliado y sin patria, la ejerció sin título contra todos, del vendedor del mercado a Filipo y Alejandro. Preguntado qué era lo más hermoso entre los hombres, respondió que la franqueza. Sus réplicas —al rey, a Platón, al rico, al supersticioso— son ejercicios de parresía, y su eficacia depende de que el que habla no tenga nada que perder: sin casa, sin bienes y sin miedo, nadie puede castigarle. Michel Foucault dedicó a esta noción su último curso en el Collège de France (1984) y vio en el cinismo la forma más radical de la parresía antigua, aquella en que la verdad no solo se dice, sino que se vive y se muestra en el propio cuerpo, a riesgo de escándalo.

Diógenes Laercio VI 69; Foucault, Le Courage de la vérité (2009). La parresía cínica se convirtió en tópico de la literatura moral de época imperial (Epicteto, Dion de Prusa, Luciano).

Fuente: Foucault, Michel. Le Courage de la vérité. Le gouvernement de soi et des autres II. Cours au Collège de France, 1983–1984, ed. Frédéric Gros. Gallimard / Seuil (Hautes Études), París, 2009.

Ciudadano del mundo (kosmopolítes)kosmopolites
Preguntado de dónde era, Diógenes respondió: *kosmopolítes*, ciudadano del mundo. Es la primera aparición conocida de la palabra. En boca de un desterrado tiene una carga negativa evidente: no pertenezco a ninguna ciudad, no reconozco las fronteras ni las leyes particulares de las póleis. Pero tiene también un sentido positivo, que Laercio recoge al resumir su República: la única constitución recta es la del cosmos. El sabio vive según la naturaleza, que es común a todos, y no según los nómoi de su ciudad. Los estoicos, empezando por Zenón, transformaron esta negación en una teoría de la comunidad universal de los seres racionales, y por ese camino la idea llegó a Cicerón, a Séneca, a Marco Aurelio y, mucho después, al cosmopolitismo ilustrado de Kant. En Diógenes, sin embargo, es menos un programa político que una forma de libertad: no deber nada a ninguna patria.

Diógenes Laercio VI 63 y 72; Schofield, The Stoic Idea of the City (1991). Es uno de los legados del cinismo más estudiados por la filosofía política contemporánea.

Fuente: Schofield, Malcolm. The Stoic Idea of the City. Cambridge University Press, Cambridge, 1991 (cap. 1 y apéndices sobre la República de Diógenes y la de Zenón).

Naturaleza frente a convención (phýsis y nómos)physis-nomos
La oposición entre lo que es por naturaleza (*phýsis*) y lo que es por ley o costumbre (*nómos*) venía de la sofística del siglo V a. C., pero Diógenes la convirtió en regla de vida. Decía oponer a la convención la naturaleza, y las anécdotas lo muestran tomando como modelos a los animales y a los niños: un ratón que corre sin buscar cama ni temer la oscuridad le enseñó a adaptarse a cualquier circunstancia; un niño que bebía con las manos, a deshacerse del cuenco. Su República extrae las consecuencias más radicales: si el matrimonio, la propiedad, la moneda o incluso los tabúes alimentarios son convenciones, el sabio no está obligado por ellos. Esa radicalidad fue el principal escollo para la recepción del cinismo y explica que los estoicos posteriores intentaran desmarcarse de su República.

Diógenes Laercio VI 22, 37, 38 y 71–73. La tensión entre la radicalidad cínica y su domesticación estoica está bien documentada en Filodemo (Sobre los estoicos) y en Diógenes Laercio VII 32–34.

Fuente: Diógenes Laercio. Vidas y opiniones de los filósofos ilustres, libro VI, 20–81 (Diógenes), 85–93 (Crates) y 104–105 (doctrina cínica), s. III d. C. Trad. inglesa de R. D. Hicks, Lives of Eminent Philosophers, vol. II, Loeb Classical Library 185, Heinemann / Harvard University Press, 1925 (Wikisource en inglés); texto griego en Wikisource griega; trad. de C. D. Yonge, Bohn, Londres, 1853 (Project Gutenberg n.º 57342).

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  • Foucault - Le courage de la vérité 5 - 29 février 1984 - Cours au Collège de France

    Conferencia· FR· 1984· 103 min

    Cours Philo

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Manuscritos

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Testimonios manuscritos y textos antiguos, con su custodio y sus condiciones de consulta.

  • GRC · Minúscula griega · Obra de c. 225 d. C.; copia del s. XII

    Βίοι καὶ γνῶμαι τῶν ἐν φιλοσοφίᾳ εὐδοκιμησάντων (Codex Borbonicus, «B»)

    Testimonio conservado
    Uno de los tres testimonios principales y completos de la obra, con el Parisinus graecus 1759 (P) y el Laurentianus 69.13 (F), según la edición crítica de Tiziano Dorandi.
    Custodio
    Biblioteca Nazionale «Vittorio Emanuele III», Nápoles · Neapolitanus III B 29
  • GRC · Mayúscula griega (papiro) · s. I a. C.

    Φιλοδήμου Περὶ τῶν Στωικῶν (PHerc. 155 y 339)

    Testimonio conservado
    Rollos de papiro carbonizados en la erupción del Vesubio del 79 d. C., hallados en la Villa de los Papiros de Herculano.
    Custodio
    Biblioteca Nazionale «Vittorio Emanuele III», Officina dei Papiri Ercolanesi, Nápoles · PHerc. 155; PHerc. 339
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Relaciones

Relaciones

Influencias, discipulados y afinidades. Se distingue la relación documentada de la similitud identificada por análisis.

  • Recibió influencia de

    Sócrates

    El cinismo se reclamó heredero de Sócrates a través de Antístenes; Platón habría llamado a Diógenes «un Sócrates enloquecido» (Diógenes Laercio VI 54; Eliano, Historias curiosas XIV 33).

    Relación documentada

  • Discípulo de

    Antístenes

    Diógenes Laercio (VI 21) cuenta que Antístenes lo aceptó como discípulo tras intentar echarlo con el bastón; la relación es dudosa por razones cronológicas (Antístenes murió hacia el 366).

    Relación documentada

  • Discrepó de

    Platón

    Diógenes Laercio (VI 24–26, 40, 53–54, 58) transmite numerosas pullas entre ambos —el gallo desplumado, las alfombras, la «mesidad»—; son anécdotas de tradición tardía, pero reflejan una oposición real entre el cinismo y la Academia.

    Relación documentada

  • Contemporáneo de

    Aristóteles

    Aristóteles cita en la Retórica (III 10, 1411a24) una metáfora de «el Perro» sobre las tabernas: es el único testimonio contemporáneo seguro sobre Diógenes. Diógenes Laercio (V 18) añade una anécdota de higos entre ambos, de historicidad dudosa.

    Relación documentada

  • Maestro de

    Crates de Tebas

    Crates, el «abrepuertas», fue su discípulo más célebre según Diógenes Laercio (VI 85–87) y transmitió el cinismo a Zenón de Citio.

    Relación documentada

  • Influyó en

    Zenón de Citio

    Discípulo de Crates (Diógenes Laercio VII 2–4); su República, que según una broma antigua escribió «en la cola del perro», prolonga la de Diógenes, como subraya Filodemo en Sobre los estoicos.

    Relación documentada

  • Contemporáneo de

    Epicuro

    Epicuro (n. 341 a. C.) hizo su servicio de efebo en Atenas hacia el 323, el año en que murió Diógenes; no hay noticia de que se conocieran. La ética epicúrea rechazó expresamente la vida cínica: el sabio, según Epicuro, «no hará de cínico» (Diógenes Laercio X 119).

    Similitud identificada por análisis

  • Influyó en

    Epicteto

    Epicteto dedica la disertación III 22 («Sobre el cinismo») al cínico ideal y propone a Diógenes como modelo de libertad y de franqueza.

    Relación documentada

  • Influyó en

    Marco Aurelio

    En las Meditaciones (VIII 3) coloca a Diógenes, con Heráclito y Sócrates, por encima de Alejandro, César y Pompeyo; en XI 6 compara su libertad de palabra con la de la comedia antigua.

    Relación documentada

  • Se encontró con

    Alejandro Magno

    El encuentro del Craneo lo transmiten Plutarco, Arriano, Cicerón y Diógenes Laercio; es cronológicamente posible (336–335 a. C.), pero su historicidad se discute.

    Similitud identificada por análisis

  • Ideas afines a

    Jesús de Nazaret

    Algunos estudiosos (F. Gerald Downing, John Dominic Crossan) han comparado la itinerancia, la pobreza y la crítica social de Jesús con las de los cínicos; la hipótesis es muy discutida y no implica influencia directa.

    Similitud identificada por análisis

  • Ideas afines a

    Zhuangzi

    Paralelo tipológico: el rechazo de las convenciones, el humor y la preferencia por lo natural frente a lo artificial acercan a ambos, sin contacto histórico alguno.

    Similitud identificada por análisis

Fuentes

Fuentes

Bibliografía y catálogos consultados para esta ficha.

  1. Hard, Robin (trad.). Diogenes the Cynic: Sayings and Anecdotes, with Other Popular Moralists. Oxford University Press (Oxford World's Classics), Oxford, 2012.
  2. Wikidata, entidad Q59180 «Diogenes of Sinope» (122 enlaces entre wikis; P31=Q5). Registra nacimiento en 412, 403 o 400 a. C. y muerte en 323 a. C. (precisión: año); lugar de muerte, Corinto.
  3. Diógenes Laercio. Vidas y opiniones de los filósofos ilustres, libro VI, 20–81 (Diógenes), 85–93 (Crates) y 104–105 (doctrina cínica), s. III d. C. Trad. inglesa de R. D. Hicks, Lives of Eminent Philosophers, vol. II, Loeb Classical Library 185, Heinemann / Harvard University Press, 1925 (Wikisource en inglés); texto griego en Wikisource griega; trad. de C. D. Yonge, Bohn, Londres, 1853 (Project Gutenberg n.º 57342).
  4. Diógenes Laercio. Los diez libros de Diógenes Laercio sobre las vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres, trad. de José Ortiz y Sanz, tomo II (libros VI–X). Imprenta Real, Madrid, 1792 (ejemplar de la Biblioteca de la Universidad de Sevilla en Internet Archive).
  5. Plutarco. Vida de Alejandro 14, en Vidas paralelas, s. I–II d. C. Trad. inglesa llamada «de Dryden», revisada por Arthur Hugh Clough, Plutarch's Lives, 1864 (Project Gutenberg n.º 674).
  6. Cicerón. Disputaciones tusculanas I 104 y V 92, 45 a. C. Texto latino en The Latin Library; trad. inglesa de C. D. Yonge, Cicero's Tusculan Disputations, Harper, Nueva York, 1877 (Project Gutenberg n.º 14988).
  7. Aristóteles. Retórica III 10, 1411a24 («el Perro» llama a las tabernas «los comedores comunes del Ática»). Trad. inglesa de W. Rhys Roberts, Oxford, 1924 (Internet Classics Archive, MIT); texto griego en Wikisource griega (Ρητορική/3).
  8. Malherbe, Abraham J. (ed. y trad.). The Cynic Epistles: A Study Edition. Scholars Press para la Society of Biblical Literature, Missoula, 1977 (Sources for Biblical Study, 12).
  9. Giannantoni, Gabriele (ed.). Socratis et Socraticorum Reliquiae, 4 vols. Bibliopolis, Nápoles, 1990; vol. II, sección V B: testimonios y fragmentos de Diógenes de Sinope.
  10. Dorandi, Tiziano. «Filodemo, Gli Stoici (PHerc. 155 e 339)». Cronache Ercolanesi 12 (1982). Edición del tratado de Filodemo que defiende la autenticidad de la República de Diógenes y discute la de Zenón.
  11. Schofield, Malcolm. The Stoic Idea of the City. Cambridge University Press, Cambridge, 1991 (cap. 1 y apéndices sobre la República de Diógenes y la de Zenón).
  12. Dudley, Donald R. A History of Cynicism from Diogenes to the 6th Century A.D. Methuen, Londres, 1937.
  13. Navia, Luis E. Diogenes the Cynic: The War Against the World. Humanity Books, Amherst (Nueva York), 2005.
  14. Desmond, William D. Cynics. Acumen, Stocksfield, 2008 (Ancient Philosophies, 3); ed. estadounidense University of California Press, 2008.
  15. Roubineau, Jean-Manuel. Diogène. L'antiphilosophe. Presses Universitaires de France, París, 2020; trad. inglesa: Dangerous Life and Ideas of Diogenes the Cynic, Oxford University Press, Nueva York, 2023.
  16. Piering, Julie. «Diogenes of Sinope». Internet Encyclopedia of Philosophy (ISSN 2161-0002), Universidad de Tennessee en Martin.
  17. Branham, R. Bracht y Goulet-Cazé, Marie-Odile (eds.). The Cynics: The Cynic Movement in Antiquity and Its Legacy. University of California Press, Berkeley, 1996.
  18. Epicteto. Disertaciones recogidas por Arriano III 22 («Sobre el cinismo»), c. 108 d. C. Trad. inglesa de George Long, A Selection from the Discourses of Epictetus with the Encheiridion (Project Gutenberg n.º 10661).
  19. Marco Aurelio. Meditaciones VIII 3 y XI 6 (numeración estándar; en la traducción de Casaubon, VIII 3 y XI 5), c. 170–180 d. C. Trad. inglesa de Meric Casaubon (1634), Meditations (Project Gutenberg n.º 2680).
  20. «Diogenes», Wikipedia en inglés, y «Diógenes de Sinope», Wikipedia en español (consultadas para contrastar datos y bibliografía; texto propio).
  21. Open Library (Internet Archive): ediciones de Diógenes Laercio y de los cínicos verificadas por ISBN.
  22. García Gual, Carlos. La secta del perro. Diógenes Laercio: Vidas de los filósofos cínicos. Alianza Editorial, Madrid, 1987.
  23. Juvenal. Sátiras XIV 308–314 («dolia nudi non ardent Cynici… testa cum vidit in illa magnum habitatorem»), comienzos del s. II d. C. Texto latino en The Latin Library.
  24. Arriano. Anábasis de Alejandro VII 2.1, s. II d. C. Trad. inglesa de E. J. Chinnock, The Anabasis of Alexander, Hodder and Stoughton, Londres, 1884 (Project Gutenberg n.º 46976).
  25. Foucault, Michel. Le Courage de la vérité. Le gouvernement de soi et des autres II. Cours au Collège de France, 1983–1984, ed. Frédéric Gros. Gallimard / Seuil (Hautes Études), París, 2009.
  26. Wikimedia Commons: Jean-Léon Gérôme, «Diogenes» (1860), Walters Art Museum, Baltimore, n.º 37.131; ficha del fichero con la descripción del museo.
  27. Juliano. Discursos «Contra los cínicos ignorantes» y «Al cínico Heraclio», 362 d. C. Trad. inglesa de Wilmer Cave Wright, The Works of the Emperor Julian, vol. II, Loeb Classical Library, 1913 (Wikisource en inglés).
  28. Dorandi, Tiziano (ed.). Diogenes Laertius: Lives of Eminent Philosophers. Cambridge University Press (Cambridge Classical Texts and Commentaries, 50), Cambridge, 2013 (edición crítica; introducción sobre la tradición manuscrita: B, P y F).
  29. Martín García, José Antonio (ed. y trad.). Los filósofos cínicos y la literatura moral serioburlesca, 2 vols., revisión de Cristóbal Macías Villalobos. Akal (Clásica), Madrid, 2008.
Titular de derechos
Textos antiguos en dominio público; cada traducción y edición moderna pertenece a su traductor o editorial

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  • Fecha de nacimiento: se adopta c. 412 a. C. (muerte en 323 «casi a los noventa», Diógenes Laercio VI 76); Censorino da 81 años (c. 404) y Wikidata registra 412, 403 y 400. Fecha y lugar exactos de la muerte, inciertos (Corinto según la tradición mayoritaria).
  • Tradiciones: el catálogo (content/traditions.json) no tiene «cinismo»; se asigna provisionalmente «stoicism» por la filiación Diógenes–Crates–Zenón. Valorar dar de alta una tradición «cynicism».
  • Edición española con ISBN de la República y de los testimonios: solo se ha verificado el ISBN de Akal (2008), que Open Library registra sin tomo; confirmar si corresponde al vol. I o al II.
  • Manuscritos: no se ha verificado digitalización oficial del Neapolitanus III B 29 de Diógenes Laercio ni de los papiros PHerc. 155 y 339; añadir también el Parisinus gr. 1759 (P) y el Laurentianus 69.13 (F) con sus enlaces cuando se comprueben.
  • Numismática: citar la publicación original sobre las monedas de Sinope desfiguradas y con el nombre de Hicesias (se ha usado la síntesis de Navia y Branham).
  • Programas de afiliación: ninguno verificado (Alianza, Akal, OUP, Harvard). Lista vacía.
  • Vídeos: no se ha encontrado un documental de televisión pública dedicado a Diógenes en un canal oficial; el curso de Foucault y la conferencia de García Gual proceden de canales no oficiales.

Investigado el 2026-10-25