Grandes conceptos de la humanidad
Vacío
शून्यता
śūnyatā
sa · Devanagari
Vacuidad; en el Mahāyāna, la ausencia de existencia propia (svabhāva) en todos los fenómenos, que Nāgārjuna identifica con el surgir dependiente. No significa nada.
སྟོང་པ་ཉིད
stong pa nyid
bo · Tibetan
Vacuidad; traducción tibetana de śūnyatā, objeto de un largo debate entre la vacuidad de sí (rang stong) y la vacuidad de lo otro (gzhan stong).
空
kōng
zh · Han
Vacío, cielo, hueco; carácter con que el budismo chino tradujo finalmente śūnyatā.
無
wú
zh · Han
No haber, no-ser; en el Daodejing, la ausencia fecunda de la que nace lo que hay; en el zen, la respuesta del kōan de Zhaozhou.
κένωσις
kénōsis
grc · Greek
Vaciamiento; de Filipenses 2,7, donde Cristo se vació a sí mismo tomando la condición de siervo. Después, el despojo interior del creyente.
צִמְצוּם
tsimtsûm
he · Hebrew
Contracción, retracción; en la Cábala de Isaac Luria, el repliegue del Infinito que abre un espacio vacío en el que puede existir el mundo.
Ni nada ni carencia
Pocas palabras inquietan tanto al lector occidental como vacío, porque en su lengua suele sonar a carencia, a pérdida de sentido o a la nada que amenaza. Las tradiciones que han hecho del vacío un concepto central no hablan, sin embargo, de nada de eso. La pregunta que formulan es otra: si las cosas tienen un ser propio e independiente o si su consistencia es relacional, y si vaciarse de algo es condición para recibir o para ver. Bajo una misma palabra castellana se agrupan aquí respuestas que no solo difieren, sino que a veces se excluyen.
El caso central es śūnyatā. Para Nāgārjuna, en las Estrofas del camino medio (24.18), lo que surge dependiendo de condiciones es lo que se llama vacuidad, y esta es a su vez una designación dependiente: el camino medio. Vacío significa vacío de existencia propia, no inexistente. La mesa existe, pero no por sí misma. El Sūtra del corazón lo condensa en una fórmula célebre: la forma es vacuidad y la vacuidad es forma. Y Nāgārjuna advierte (13.8) que la vacuidad es el abandono de todas las opiniones, y que quien la convierte en una opinión más no tiene remedio.
El vacío en China y en Occidente
Cuando el budismo llegó a China, los primeros traductores tomaron palabras del taoísmo para hacerse entender, y vertieron śūnyatā con 無, no-ser. El método, llamado geyi, emparejamiento de significados, produjo malentendidos que más tarde se corrigieron prefiriendo 空. La confusión era comprensible. El Daodejing (cap. 11) observa que es el hueco del cubo lo que hace útil la rueda, el vacío del cuenco lo que hace útil la vasija; y en el capítulo 40 afirma que los seres nacen de lo que hay, y lo que hay, de lo que no hay. Pero el 無 taoísta es fuente fecunda; la śūnyatā budista no es fuente de nada, sino la condición de lo que depende.
Las tradiciones abrahámicas conocen otro vacío: el que uno hace en sí mismo o el que Dios hace para otro. El himno de Filipenses (2,6-7) dice que Cristo, siendo de condición divina, se vació a sí mismo (ekénōsen) tomando la forma de siervo. La kénōsis es un abajamiento por amor, y la mística cristiana la convirtió en camino: Juan de la Cruz, en Subida del Monte Carmelo (libro I, cap. 13), enseña a ir por la nada para llegar al todo. La Cábala de Isaac Luria, en el siglo XVI, imaginó que el Infinito se retrajo (tsimtsûm) para dejar un espacio vacío donde pudiera existir lo que no es Dios.
Lo que se parece y lo que no
En el siglo XX, la escuela de Kioto, con Nishida y Nishitani, intentó pensar una nada absoluta en diálogo con la filosofía europea, y las comparaciones entre la vacuidad budista y la teología negativa se multiplicaron.
Hay semejanzas reales: casi todas estas tradiciones desconfían de la solidez con que el ser humano se aferra a las cosas y a sí mismo, y ven en el vaciamiento una apertura. Pero los vacíos no coinciden. La vacuidad del Mahāyāna es una tesis sobre cómo existen los fenómenos; el no-ser taoísta es una fuente; la kénōsis es el gesto de un Dios personal que se abaja; el tsimtsûm es una retracción que hace posible la creación. Confundirlos produce dos errores simétricos: leer el budismo como nihilismo o leer a los místicos cristianos como budistas.
Desde cada tradición
Mahayana · śūnyatā
Los sūtras de la Perfección de la Sabiduría y Nāgārjuna, en el siglo II, hicieron de la vacuidad el centro del Mahāyāna. Todo fenómeno carece de existencia propia porque depende de causas, de partes y de la designación mental; por eso la vacuidad coincide con el surgir dependiente (Estrofas del camino medio 24.18). Lejos de negar el mundo, la vacuidad lo hace posible: si las cosas tuvieran esencia fija, nada podría cambiar (24.20). El Dalái Lama expone esta enseñanza según la escuela Prāsaṅgika y la vincula a la compasión. Thich Nhat Hanh, en su comentario al Sūtra del corazón, la traduce como interser: estar vacío es estar vacío de un yo separado.
Budismo tibetano (Vajrayana) · stong pa nyid
El budismo tibetano debatió durante siglos qué está vacío y de qué. La posición de la vacuidad de sí (rang stong), defendida por Tsongkhapa y la escuela Gelug, sostiene que todo, incluida la naturaleza última, está vacío de existencia propia. La posición de la vacuidad de lo otro (gzhan stong), formulada por Dolpopa en el siglo XIV, afirma que la realidad última está vacía de lo adventicio, pero no de sus propias cualidades luminosas. Las canciones atribuidas a Milarepa hablan de una mente vacía y luminosa a la vez. El debate muestra que incluso dentro de una misma tradición la palabra vacuidad no designa siempre lo mismo.
Zen / Chan · 無
El chan chino y el zen japonés heredaron a la vez la vacuidad india y el vocabulario taoísta del no-ser. El primer caso de la colección de kōan La barrera sin puerta (Wumenguan, 1228) narra que un monje preguntó a Zhaozhou si un perro tiene naturaleza búdica, y él respondió wú, en japonés mu. La respuesta no es una negación doctrinal, pues los sūtras afirman que todos los seres la tienen, sino un obstáculo que el practicante debe atravesar con todo su ser. En el zen, el vacío no se piensa: se encarna en el sentarse, en el gesto y en la ausencia de apego al resultado, incluido el apego a la propia vacuidad.
Taoísmo · 無
El Daodejing valora el vacío por su utilidad y su fecundidad. En el capítulo 11, treinta radios convergen en un cubo, y es el hueco lo que permite usar el carro; se moldea la arcilla para hacer una vasija, y es el vacío lo que la hace útil. El capítulo 40 afirma que los seres nacen de lo que hay, y lo que hay nace de lo que no hay. El sabio imita ese vacío: no acumula, no se impone, actúa sin forzar (無為). El Zhuangzi añade el ayuno del corazón, que vacía la mente para que pueda recibir. Aquí el no-ser es origen y reserva, no la ausencia de existencia propia de la que habla el budismo.
Mística cristiana · kénōsis
El punto de partida es cristológico: en Filipenses 2,6-8 Pablo cita un himno según el cual Cristo no retuvo su igualdad con Dios, sino que se vació a sí mismo, tomó la condición de siervo y se hizo obediente hasta la muerte. La mística cristiana hizo de ese vaciamiento un camino para el creyente. Juan de la Cruz, compañero de reforma de Teresa de Ávila, enseña en la Subida del Monte Carmelo (libro I, cap. 13) a negar todo apetito para llegar a Dios, y resume el itinerario en la palabra nada. Este vacío no es una tesis sobre la naturaleza de las cosas: es el despojo de la voluntad para que Dios, que es alguien, la llene.
Cábala · tsimtsûm
Isaac Luria, que enseñó en Safed en el siglo XVI y cuya doctrina transmitió sobre todo Ḥayyim Vital, planteó un problema: si el Infinito (ʾên sôf) lo llena todo, no hay lugar para el mundo. Su respuesta fue el tsimtsûm: Dios se contrae o se retira de sí mismo y deja un espacio vacío en el que, mediante un rayo de luz, emanan los mundos. Ese vacío no es la naturaleza de las cosas, sino el gesto divino que hace posible la alteridad. La interpretación varió después: algunos lo entendieron literalmente, y el jasidismo de Jabad lo leyó como un ocultamiento que solo existe desde la perspectiva de la criatura.
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