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Grandes conceptos de la humanidad

Alma

  • ψυχή

    psychḗ

    grc · Greek

    Aliento, vida; en Homero, la sombra que abandona al muerto; en Platón, principio inmortal de conocimiento; en Aristóteles, forma del cuerpo vivo.

  • נֶפֶשׁ

    nefesh

    he · Hebrew

    Garganta, aliento, ser vivo, persona; en Génesis 2,7 el ser humano no tiene una nefesh, sino que llega a ser una nefesh viviente.

  • נְשָׁמָה

    neshāmāh

    he · Hebrew

    Aliento, soplo que Dios insufla (Génesis 2,7); en la Cábala, el grado más alto del alma, por encima de nefesh y ruaḥ.

  • رُوح

    rūḥ

    ar · Arabic

    Espíritu, soplo; el Corán (17,85) dice que procede de la orden del Señor y que de ello se ha dado a los humanos poco conocimiento.

  • जीव

    jīva

    sa · Devanagari

    Ser vivo, principio vital individual; en el jainismo, alma real y eterna, una entre infinitas; en el Vedānta, el Sí mismo limitado por sus envolturas.

  • 魂魄

    húnpò

    zh · Han

    Las dos almas de la tradición china: hun, ligera y yang, que al morir asciende; po, corporal y yin, que vuelve a la tierra.

Lo que anima y lo que sobrevive

La palabra alma carga con dos preguntas que no siempre van juntas. La primera es qué hace que un cuerpo esté vivo y sienta, piense y quiera. La segunda es si algo de la persona subsiste cuando el cuerpo muere. Muchas tradiciones respondieron a la primera sin plantearse la segunda, y otras hicieron de la segunda el centro de su enseñanza. Bajo términos que traducimos por alma hay concepciones que ni siquiera coinciden en que el alma sea una cosa distinta del cuerpo.

La Biblia hebrea es el ejemplo más claro. En Génesis 2,7 Dios forma al ser humano del polvo, le insufla aliento de vida (nishmat ḥayyim) y el ser humano llega a ser una nefesh viviente. No recibe un alma: es una. Nefesh significa también garganta, apetito, vida, persona, y los animales son igualmente nefesh ḥayyāh. La inmortalidad del alma no aparece con claridad en los textos antiguos, que hablan del Sheol, y la esperanza posterior se formula como resurrección (Daniel 12,2). Solo la filosofía judía medieval y la Cábala distinguieron grados, nefesh, ruaḥ y neshāmāh, y les atribuyeron una vida propia.

El alma de los griegos y sus herederos

En Homero la psychḗ es lo que se escapa por la boca al morir y desciende al Hades como una sombra sin fuerza. Platón la transformó en el principio inmortal que conoce las ideas: el Fedón ofrece varios argumentos para su inmortalidad, y la República (libro IV) la divide en razón, ánimo y apetito. Aristóteles, en Acerca del alma (II.1), la define como la forma o primera actualidad de un cuerpo natural que tiene vida en potencia, lo que la hace inseparable del cuerpo, con la posible excepción del intelecto (III.5). El cristianismo heredó ambas líneas: afirmó un alma creada por Dios y destinada a sobrevivir, pero también la resurrección del cuerpo, y Tomás de Aquino la pensó con Aristóteles como forma del cuerpo que, sin embargo, subsiste.

El Corán es reservado sobre el rūḥ: cuando le preguntan por él, la respuesta es que procede de la orden del Señor y que se ha dado poco conocimiento (17,85). Los teólogos y los sufíes discutieron después su relación con la nafs, el yo que siente y desea.

Muchas almas, ninguna alma

La India ofrece todas las posiciones. El jainismo afirma infinitas almas (jīva) eternas y reales. La Bhagavad Gītā compara el paso de una vida a otra con quien deja ropas gastadas y toma otras nuevas (2.22) y llama al jīva una porción eterna de lo divino (15.7). Para el Vedānta no dual, el jīva individual es el único ātman limitado por envolturas, y su individualidad no es última. El budismo, en cambio, niega un alma que transmigre: el renacimiento se explica como continuidad causal, y la tradición lo ilustra con la llama que enciende otra lámpara (Milindapañha).

China pensó en dos almas. El Libro de los ritos (capítulo Jiao te sheng) dice que, al morir, el soplo del hun vuelve al cielo y el po corporal vuelve a la tierra; el culto a los antepasados se dirige a esa presencia, no a un alma juzgada ni a un yo que renace.

Estas concepciones comparten una intuición: la persona no se reduce a la materia visible. Pero discrepan sobre si el alma es una sustancia, una forma, un aliento, una porción de lo divino o una continuidad sin sujeto, y sobre si es una, doble o múltiple. Traducir todas por alma es cómodo; leerlas como una sola doctrina sería un error.

Desde cada tradición

Platonismo · psychḗ

Platón es el gran teórico antiguo del alma inmortal. En el Fedón, ambientado en las últimas horas de Sócrates, se proponen argumentos para su supervivencia: el de los contrarios, el de la reminiscencia, el de la afinidad con lo invisible y el de la forma de la vida. El alma es lo que conoce las ideas eternas y, por eso, se les asemeja. En la República (libro IV) se distinguen en ella tres partes, razón, ánimo y apetito, cuyo orden es la justicia interior, y el Fedro la representa como un auriga con dos caballos. Filosofar es, según el Fedón, ejercitarse en separar el alma del cuerpo, es decir, aprender a morir.

Judaísmo · nefesh / neshāmāh

En la Biblia hebrea el ser humano es una unidad animada: Génesis 2,7 lo presenta como polvo que, al recibir el aliento divino, se convierte en nefesh viviente. Los textos antiguos describen a los muertos en el Sheol sin desarrollar una doctrina de inmortalidad, y la esperanza de resurrección aparece con claridad en Daniel 12,2. El judaísmo rabínico afirmó el mundo venidero y la resurrección de los muertos, y la filosofía medieval, con Saadia Gaón o Maimónides, reflexionó sobre el alma con categorías griegas. El Zohar distinguió los grados nefesh, ruaḥ y neshāmāh; el Midrás (Génesis Rabá 14,9) ya conocía otros dos nombres, ḥayyāh y yeḥidāh, y la Cábala de Safed desarrolló ampliamente la doctrina de la transmigración (gilgul).

Cristianismo · anima

Los evangelios usan psychḗ en el sentido hebreo de vida: de qué sirve ganar el mundo si se pierde la propia vida (Marcos 8,36). La teología cristiana posterior, en diálogo con Platón y Aristóteles, afirmó un alma espiritual creada por Dios para cada persona, que sobrevive a la muerte y espera la resurrección del cuerpo. Hildegarda de Bingen la ve en Scivias (libro I, visión 4) como una esfera de fuego que entra en el cuerpo en formación. Teresa de Ávila la describe al comienzo del Castillo interior como un castillo de diamante o cristal muy claro con muchas moradas, en cuyo centro habita Dios. El alma es aquí lugar de encuentro con alguien.

Islam · rūḥ

El Corán relata que Dios insufló en Adán de su espíritu (15,29) y, cuando le preguntan al Profeta por el rūḥ, responde que pertenece a la orden de su Señor y que se ha dado a los humanos poco conocimiento (17,85). Esa reserva marcó la tradición: los teólogos discutieron si rūḥ y nafs son lo mismo o dos realidades, y si el alma es un cuerpo sutil o algo inmaterial. Tras la muerte, el alma permanece en el barzaj, un estado intermedio, hasta la resurrección y el juicio. Los sufíes leyeron el soplo divino como el origen celeste del alma, que en Rumi anhela regresar a su procedencia.

Hinduismo · jīva

La Bhagavad Gītā enseña que lo que habita el cuerpo no nace ni muere y que pasa de un cuerpo a otro como quien cambia ropas gastadas por otras nuevas (2.20-22); en 15.7 Kṛṣṇa llama al jīva una porción eterna de sí mismo. Las escuelas del Vedānta discrepan sobre su estatuto. Para Śaṅkara, el jīva es el único ātman limitado por la mente y el cuerpo, y su individualidad desaparece con el conocimiento. Para Rāmānuja, las almas son reales y distintas, aunque dependen de Dios como el cuerpo del alma. Vivekananda difundió en Occidente la primera lectura; Yogananda habló del alma como Espíritu individualizado que evoluciona a través de muchas vidas.

Confucianismo · 魂魄

La tradición china antigua no habla de un alma única, sino de dos aspectos de la vitalidad: el hun, ligero y afín al soplo, y el po, ligado al cuerpo. El Libro de los ritos, en el capítulo Jiao te sheng, afirma que al morir el soplo del hun regresa al cielo y el po de la forma regresa a la tierra. Los ritos funerarios y el culto a los antepasados se ocupan de esa presencia. Confucio mantiene una reserva deliberada: en las Analectas (11.12), cuando le preguntan por el servicio a los espíritus y por la muerte, responde que quien aún no sabe servir a los vivos ni conocer la vida difícilmente puede saber de ellos.

Teosofía · Ego reencarnante

La teosofía moderna reorganizó la noción de alma en un esquema de siete principios que Blavatsky expone en La clave de la teosofía (1889) y Besant en Los siete principios del hombre (1892). Un cuaternario inferior, cuerpo físico, doble astral, energía vital y cuerpo de deseos, se disuelve tras la muerte; una tríada superior, Ātma, Buddhi y Manas, constituye la individualidad que reencarna, a la que llaman el Ego. La personalidad de cada vida es pasajera; el Ego acumula experiencia a lo largo de muchas. El vocabulario procede del sánscrito, pero la combinación es nueva y no coincide con ninguna escuela india concreta.

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