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Cristianismo · Mística cristiana · Catolicismo

Hildegarda de Bingen

Hildegardis Bingensis

1098 – 1179Persona históricamente documentada

Abadesa benedictina renana (1098–1179), visionaria, compositora, naturalista y consejera de papas y emperadores. Recluida desde niña junto al monasterio de Disibodenberg, a los cuarenta y dos años recibió la orden de escribir sus visiones: así nacieron el Scivias, el Liber vitae meritorum y el Liber divinorum operum. Fundó Rupertsberg y Eibingen, escribió dos tratados de medicina, setenta y siete cantos, el drama Ordo Virtutum, una lengua inventada y unas cuatrocientas cartas, y predicó en público. Doctora de la Iglesia desde 2012.

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Hildegarda recibe la visión y la dicta a Volmar (Scivias de Rupertsberg)

Hildegarda recibe la visión y la dicta a Volmar (Scivias de Rupertsberg) · Public domain

En sus palabras

«Sucedió en el año 1141 de la encarnación del Hijo de Dios Jesucristo, cuando yo tenía cuarenta y dos años y siete meses, que una luz de fuego de máximo resplandor, viniendo del cielo abierto, atravesó todo mi cerebro.»

Scivias, Protestificatio (declaración preliminar)

Su idea central

Viriditas (el verdor): Viriditas, «verdor», es la palabra que Hildegarda usa con más libertad y en más registros.

Biografía

6 min de lectura

Una niña entregada como diezmo

Hildegarda nació en 1098, probablemente en Bermersheim, cerca de Alzey, en la Renania que entonces era el corazón del Imperio. Sus padres, Hildeberto y Matilde, pertenecían a la pequeña nobleza libre vasallada de los condes de Sponheim. La Vita escrita poco después de su muerte dice que era la décima hija y que sus padres la ofrecieron a Dios; la tradición ha leído en ello un diezmo. Desde muy pequeña, contará ella misma a los sesenta años, veía «una luz tan grande que mi alma temblaba», y aprendió pronto a callarlo: una criada a la que anunció el color de un ternero aún no nacido la miró con espanto.

Hacia 1106, con ocho años, fue confiada a Jutta de Sponheim, una joven noble que había decidido vivir como reclusa. Las fuentes más antiguas —la Vita Juttae, descubierta en 1992— indican que la reclusión formal de Jutta, Hildegarda y una tercera muchacha junto al monasterio benedictino de Disibodenberg se celebró el 1 de noviembre de 1112, con el rito de los difuntos: las emparedaban. Lo que debía ser una celda se convirtió, con los años, en una pequeña comunidad femenina; Jutta enseñó a Hildegarda a leer el salterio en latín y a cantar el oficio. De un monje de la casa, Volmar, recibió lo que la Vita llama una formación «sencilla»; él sería su secretario durante treinta años.

La orden de escribir

A la muerte de Jutta, el 22 de diciembre de 1136, las monjas eligieron a Hildegarda magistra. Tenía treinta y ocho años y seguía guardando sus visiones. En 1141, «a los cuarenta y dos años y siete meses», una luz de fuego le atravesó el cerebro y el pecho y una voz le ordenó decir y escribir lo que veía. Se resistió, enfermó —la enfermedad, en su relato, es siempre la forma que toma la desobediencia— y solo sanó cuando empezó a dictar a Volmar. Así nació el Scivias («Conoce los caminos»), diez años de trabajo y veintiséis visiones sobre la creación, la redención y la historia de la salvación, cada una descrita primero como imagen y después explicada por la voz celestial.

Lo que la distingue de otros visionarios es la cautela con que buscó respaldo. Escribió a Bernardo de Claraval, que le respondió con una carta breve y amable. En el sínodo de Tréveris (noviembre de 1147 – febrero de 1148), el abad Kuno de Disibodenberg presentó el manuscrito inacabado al papa Eugenio III, un cisterciense discípulo de Bernardo; según la Vita, el papa leyó en voz alta ante los prelados y la autorizó por carta a seguir escribiendo. La autorización pontificia convirtió a una monja renana en una autoridad consultada por obispos, abades y reyes.

Rupertsberg

Hacia 1150, contra la voluntad del abad Kuno —que perdía con ello las dotes de las monjas y el prestigio de la visionaria—, Hildegarda trasladó a sus unas veinte hermanas a una colina sobre el Nahe, frente a Bingen, donde se decía que estaba enterrado san Ruperto. Para vencer la resistencia del abad enfermó de nuevo, inmóvil en el lecho, hasta que Kuno comprobó, dice la Vita, que no podía levantarla ni él. La iglesia de Rupertsberg fue consagrada en 1152 por el arzobispo de Maguncia; en 1158 obtuvo la independencia económica de Disibodenberg. Fue allí donde Hildegarda hizo casi todo: dos libros más de visiones, dos tratados de medicina, setenta y siete cantos, un drama litúrgico, una lengua inventada y unas cuatrocientas cartas.

El coste humano del traslado tuvo un nombre: Ricardis de Stade, la monja joven de alta nobleza que la había ayudado con el Scivias y a la que su familia hizo nombrar abadesa de Bassum en 1151. Hildegarda escribió al arzobispo de Bremen, al papa y a la propia Ricardis cartas de una franqueza que desarma —«¿por qué me abandonas como una huérfana?»—; Ricardis murió en octubre de 1152, al parecer arrepentida.

Médica, compositora, predicadora

Entre 1151 y 1158 Hildegarda compuso dos obras de ciencia natural sin visiones ni voz celestial: la Physica, un catálogo de plantas, árboles, piedras, peces, aves y animales con sus propiedades curativas, y Causae et curae, sobre el cosmos, el cuerpo humano, la generación, los humores y los remedios. Su medicina es la de los monasterios, con base en Galeno y en la tradición popular renana, pero con observaciones propias sobre la sexualidad femenina y la melancolía que no tienen paralelo en su siglo. Entre 1158 y 1163 escribió el Liber vitae meritorum, sobre las virtudes y los vicios en diálogo, y entre 1163 y 1173 el Liber divinorum operum, su obra más ambiciosa: la cosmología del hombre como microcosmos, con las célebres miniaturas que un códice de Lucca conserva.

La música no fue para ella un adorno. Los setenta y siete cantos de la Symphonia armonie celestium revelationum —antífonas, responsorios, secuencias, himnos— tienen una tesitura ampliada y unos melismas que desbordan el canto llano de su tiempo, y el Ordo Virtutum, en el que las Virtudes se disputan un alma con el Diablo (único personaje que no canta), es el drama musical más antiguo conservado con nombre de autor. Cuando en 1178 los prelados de Maguncia pusieron en entredicho su monasterio por haber enterrado a un noble excomulgado y le prohibieron cantar el oficio, Hildegarda les escribió que la música es la memoria del paraíso y que quienes la silencian sin razón grave se exponen a perder su lugar entre los coros de los ángeles. El entredicho se levantó en marzo de 1179.

Entre 1158 y 1171 hizo cuatro viajes de predicación —Maguncia, Wurzburgo, Bamberg, Tréveris, Colonia, Werden, Maulbronn, Zwiefalten—, predicando en público al clero y al pueblo, algo sin precedentes para una mujer, contra la corrupción del clero y los cátaros. Reprendió por carta al emperador Federico Barbarroja cuando sostuvo antipapas y lo hizo con una dureza que él toleró: en 1163 le había concedido un privilegio de protección para Rupertsberg. En 1165 fundó una segunda casa en Eibingen, al otro lado del Rin.

Lengua, cartas y final

Hildegarda inventó una lingua ignota de unas mil palabras con su propio alfabeto, las litterae ignotae, cuyo propósito sigue debatiéndose: juego, lengua secreta de la comunidad o intento de recuperar un habla anterior a Babel. Su epistolario, conservado en parte en el Riesencodex de Wiesbaden —el códice de quince kilos que reúne sus obras, compilado en Rupertsberg poco después de su muerte—, muestra a una consejera de papas, emperadores, abades y mujeres anónimas que le escribían pidiendo oración.

Volmar murió en 1173; en 1177 llegó como secretario el monje valón Guiberto de Gembloux, a quien Hildegarda escribió la descripción más precisa de su modo de ver: una luz «que no es local», más clara que una nube que lleva el sol, que ella llama «sombra de la luz viviente», y en la que ve, oye y sabe a la vez, despierta, sin éxtasis. Murió el 17 de septiembre de 1179, a los ochenta y un años. Los intentos de canonización del siglo XIII (1227–1243) se perdieron en la burocracia; su culto continuó. Benedicto XVI inscribió su nombre en el calendario universal el 10 de mayo de 2012 y la proclamó doctora de la Iglesia el 7 de octubre de ese año.

Lo que queda

De Hildegarda queda, para empezar, una obra enorme en latín que la filología moderna ha editado críticamente en el Corpus Christianorum, y una música que desde los años ochenta del siglo XX —Sequentia, Gothic Voices— ha vuelto a cantarse. Queda la pregunta sobre sus visiones, que el neurólogo Oliver Sacks relacionó con la migraña con aura y que los historiadores prefieren leer como un género literario con reglas propias. Queda una teología de la viriditas, el verdor, fuerza vital que atraviesa la creación, que el pensamiento ecológico ha adoptado como emblema. Y queda, sobre todo, una mujer del siglo XII que logró que la escucharan papas y emperadores llamándose a sí misma «pobre criatura femenina» y «pluma llevada por el viento», con una ironía que solo una gran autoridad puede permitirse. El manuscrito iluminado del Scivias, hecho bajo su mirada en Rupertsberg, desapareció en Dresde en 1945: lo conocemos por una copia a mano que las monjas de Eibingen terminaron en 1933, como si la historia hubiera querido enseñarnos de qué está hecha la transmisión.

Fuentes: Gottfried de Disibodenberg y Theoderich de Echternach. Vita sanctae Hildegardis. Ed. Monika Klaes. Corpus Christianorum Continuatio Mediaevalis 126. Turnhout: Brepols, 1993. Trad. inglesa en Anna Silvas, Jutta and Hildegard: The Biographical Sources. Turnhout: Brepols, 1998 (University Park: Penn State Press, 1999). · Hildegardis Bingensis. Scivias. Ed. Adelgundis Führkötter y Angela Carlevaris. CCCM 43–43A. Turnhout: Brepols, 1978. Trad. inglesa: Columba Hart y Jane Bishop, Hildegard of Bingen: Scivias (Classics of Western Spirituality). Nueva York: Paulist Press, 1990. Trad. española: Scivias: Conoce los caminos, trad. Antonio Castro Zafra y Mónica Castro. Madrid: Trotta, 1999. · Hildegardis Bingensis. Liber divinorum operum. Ed. Albert Derolez y Peter Dronke. CCCM 92. Turnhout: Brepols, 1996. Trad. inglesa: Nathaniel M. Campbell, The Book of Divine Works. Washington: Catholic University of America Press, 2018. · Hildegardis Bingensis. Liber vite meritorum. Ed. Angela Carlevaris. CCCM 90. Turnhout: Brepols, 1995. Trad. inglesa: Bruce W. Hozeski, The Book of the Rewards of Life. Nueva York: Oxford University Press, 1997. · Hildegardis Bingensis. Epistolarium. Ed. Lieven Van Acker (vols. I–II) y Monika Klaes-Hachmöller (vol. III). CCCM 91, 91A, 91B. Turnhout: Brepols, 1991–2001.

Cronología

La vida, año a año

Cada punto es un acontecimiento documentado. Pulsa para leerlo, con su fuente y su grado de certeza.

  1. 1098 · 0 años

    Nacimiento

    Nace en una familia de la pequeña nobleza libre, hija de Hildeberto y Matilde. El lugar (Bermersheim) es el aceptado por la mayoría de los estudiosos; el año se deduce de su propia datación de la visión de 1141.

    Probable

  2. c. 1106 · 8 años

    Entregada a Jutta de Sponheim

    A los ocho años sus padres la confían a la joven noble Jutta de Sponheim para la vida religiosa.

    Documentado

  3. 1 de noviembre de 1112 · 14 años

    Reclusión en Disibodenberg

    Jutta, Hildegarda y otra muchacha son recluidas junto al monasterio benedictino de Disibodenberg, según la Vita Juttae. Hildegarda profesa como benedictina en los años siguientes.

    Probable

  4. 22 de diciembre de 1136 · 38 años

    Muere Jutta; Hildegarda es elegida magistra

    A la muerte de Jutta, la comunidad femenina de Disibodenberg elige a Hildegarda como superiora.

    Documentado

  5. 1141 · 42 años

    La orden de escribir

    «A los cuarenta y dos años y siete meses» recibe la visión de la luz de fuego y la orden de escribir lo que ve. Comienza el Scivias con la ayuda de Volmar y de Ricardis de Stade.

    Documentado

  6. noviembre de 1147 – 1148 · 49 años

    El papa Eugenio III aprueba su obra

    En el sínodo de Tréveris (nov. 1147 – feb. 1148) el papa lee pasajes del Scivias inacabado y la autoriza por carta a seguir escribiendo. Bernardo de Claraval la había animado ya por carta.

    Documentado

  7. c. 1150 · 52 años

    Traslado a Rupertsberg

    Contra la oposición del abad Kuno, traslada su comunidad a Rupertsberg, junto a Bingen. La iglesia se consagra en 1152.

    Documentado

  8. 1151 · 53 años

    Termina el Scivias; partida de Ricardis

    Concluye el Scivias. Ricardis de Stade es nombrada abadesa de Bassum y abandona Rupertsberg pese a las cartas de Hildegarda; muere en 1152.

    Documentado

  9. c. 1151 – 1158 · 53 años

    Physica y Causae et curae

    Entre c. 1151 y 1158 compone sus dos obras de ciencia natural y medicina, además del Ordo Virtutum y buena parte de la Symphonia.

    Probable

  10. 1158 – 1171 · 60 años

    Primer viaje de predicación

    Inicia el primero de cuatro viajes de predicación (1158–1171) por el Meno, el Mosela, el Rin y Suabia, predicando en público a clero y pueblo. Ese año comienza el Liber vitae meritorum.

    Documentado

  11. 1163 · 65 años

    Privilegio imperial y comienzo del Liber divinorum operum

    Federico Barbarroja concede un privilegio de protección a Rupertsberg. Hildegarda comienza el Liber divinorum operum, terminado hacia 1173–1174.

    Documentado

  12. 1165 · 67 años

    Fundación de Eibingen

    Funda una segunda comunidad en Eibingen, en la orilla derecha del Rin, que visita regularmente.

    Documentado

  13. 1173 · 75 años

    Muerte de Volmar

    Muere Volmar, su secretario durante tres décadas. Le suceden Gottfried de Disibodenberg (1174–1176), que inicia la Vita, y Guiberto de Gembloux (desde 1177).

    Documentado

  14. 1178 – 1179 · 80 años

    El entredicho de Maguncia

    Por enterrar a un noble excomulgado, los prelados de Maguncia prohíben el oficio cantado en Rupertsberg. Hildegarda se niega a exhumarlo y escribe su carta sobre la música. El entredicho se levanta en marzo de 1179.

    Documentado

  15. 17 de septiembre de 1179 · 81 años

    Muerte

    Muere en Rupertsberg a los ochenta y un años. La Vita relata que aparecieron dos arcos luminosos en el cielo sobre el monasterio.

    Documentado

  16. 1227 – 1243

    Proceso de canonización inconcluso

    Gregorio IX abre el proceso (1227–1233); Inocencio IV lo reactiva (1243). Las actas, incompletas, no llevan a una bula. El culto, no obstante, se mantiene y su nombre entra en el Martirologio romano.

    Documentado

  17. febrero de 1945

    Pérdida del Scivias de Rupertsberg

    El códice iluminado del Scivias (Wiesbaden, Hs. 1), evacuado a Dresde para protegerlo, desaparece tras los bombardeos; se conoce por fotografías en blanco y negro de 1927 y por la copia pintada a mano por las monjas de Eibingen (1927–1933).

    Documentado

  18. 7 de octubre de 2012

    Doctora de la Iglesia

    Benedicto XVI, tras extender su culto a la Iglesia universal el 10 de mayo de 2012 (canonización equivalente), la proclama doctora de la Iglesia junto a Juan de Ávila.

    Documentado

Obras

Obras esenciales

Las obras sin las que no se entiende su legado.

Scivias (Conoce los caminos) — Hildegarda de Bingen

Obra escrita · 1151

Scivias (Conoce los caminos)

Scivias (Sci vias Domini)

Su primera y más leída obra visionaria: veintiséis visiones en tres libros (seis, siete y trece) que recorren la creación y la caída, la redención por Cristo y la Iglesia como esposa, y la historia de la salvación hasta el fin de los tiempos, cerrada con las canciones y el drama de las Virtudes. Cada visión se presenta primero como imagen —la montaña de hierro, el huevo cósmico, la Sinagoga, el edificio de la salvación— y después la explica una voz celestial, con una exégesis densa de la Escritura. El manuscrito iluminado hecho en Rupertsberg bajo su supervisión se perdió en 1945; sus treinta y cinco miniaturas se conocen por fotografías y por la copia de Eibingen.

6 ediciones · amazon.es

Libro de las obras divinas — Hildegarda de Bingen

Obra escrita · c. 1174

Libro de las obras divinas

Liber divinorum operum (De operatione Dei)

Su síntesis cosmológica. Diez visiones en tres partes: la Caridad como fuerza ígnea que anima el universo; el hombre en el centro de las esferas cósmicas, con los vientos, los astros y los humores en correspondencia con sus miembros (la figura del «hombre universal» que inmortalizó el códice de Lucca); un extenso comentario al prólogo del evangelio de Juan y al Génesis; y, en la tercera parte, la ciudad de Dios y la historia hasta el Anticristo. Es la obra en que la teología de la viriditas y la relación microcosmos-macrocosmos alcanzan su formulación más completa.

4 ediciones · amazon.com

Physica (Libro de las sutilezas de las criaturas) — Hildegarda de Bingen

Obra escrita · c. 1158

Physica (Libro de las sutilezas de las criaturas)

Physica (Liber subtilitatum diversarum naturarum creaturarum)

Nueve libros que describen plantas, elementos, árboles, piedras, peces, aves, animales, reptiles y metales, con sus cualidades (caliente, frío, húmedo, seco), su «sutileza» y sus usos medicinales, a menudo con el nombre alemán de la planta junto al latín. Mezcla saber galénico, tradición monástica y observación renana; su posteridad es la «medicina de Hildegarda» moderna, que la obra solo sostiene en parte.

3 ediciones · amazon.com

Sinfonía de la armonía de las revelaciones celestiales — Hildegarda de Bingen

Obra escrita · c. 1158

Sinfonía de la armonía de las revelaciones celestiales

Symphonia armonie celestium revelationum

Antífonas, responsorios, secuencias e himnos para la Virgen, el Espíritu Santo, los santos de su tierra (Ruperto, Disibodo), las vírgenes y, sobre todo, santa Úrsula. La poesía es libre, sin rima ni metro regular, llena de imágenes de verdor, luz y agua («O nobilissima viriditas», «O vis aeternitatis», «Caritas abundat in omnia»); la música, de amplio ámbito y largos melismas, es la mayor colección de canto monódico de un autor identificado en la Edad Media. Desde las grabaciones de Sequentia (1982) y Gothic Voices (1982) forma parte del repertorio.

2 ediciones · amazon.es

Frases

Frases localizadas en una obra concreta. Cada una lleva su procedencia y su nivel de confianza.

Sucedió en el año 1141 de la encarnación del Hijo de Dios Jesucristo, cuando yo tenía cuarenta y dos años y siete meses, que una luz de fuego de máximo resplandor, viniendo del cielo abierto, atravesó todo mi cerebro.

Factum est in millesimo centesimo quadragesimo primo Filii Dei Iesu Christi incarnationis anno, cum quadraginta duorum annorum septemque mensium essem, maximae coruscationis igneum lumen aperto caelo veniens totum cerebrum meum transfudit.

VerificadaScivias, Protestificatio (declaración preliminar)

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Citas apócrifas o de atribución discutida (2)
  • «Soy una pluma en el aliento de Dios.»

    Versión popularizada (título de un disco de Gothic Voices, 1982) de una imagen auténtica: en varias cartas Hildegarda se llama «pluma» (penna) movida por el viento del Espíritu. La frase exacta en primera persona no aparece así en sus obras.

  • «Todo lo que existe está entretejido; todo lo que vive está conectado.»

    Paráfrasis moderna, de circulación en antologías de espiritualidad ecológica, sin correspondencia literal en el corpus latino; resume ideas del Liber divinorum operum pero no es cita.

Últimas palabras

No existen registros verificables de sus últimas palabras.

No hay registro fiable de últimas palabras. La Vita (libro III, Theoderich de Echternach) relata que Hildegarda anunció a sus hermanas la proximidad de su muerte, que murió el 17 de septiembre de 1179 y que en el cielo aparecieron dos arcos luminosos sobre el monasterio, pero no transmite ninguna frase final; tampoco lo hacen Guiberto de Gembloux ni las actas del proceso de 1233.

Fuente: Gottfried de Disibodenberg y Theoderich de Echternach. Vita sanctae Hildegardis. Ed. Monika Klaes. Corpus Christianorum Continuatio Mediaevalis 126. Turnhout: Brepols, 1993. Trad. inglesa en Anna Silvas, Jutta and Hildegard: The Biographical Sources. Turnhout: Brepols, 1998 (University Park: Penn State Press, 1999).

Preguntar

Lo que su obra responde

Doce grandes preguntas de la humanidad y lo que sus textos permiten responder, con referencias. Nunca ponemos palabras en su boca.

  • ¿Qué es lo Absoluto? ¿Existe Dios?

    Dios es la Luz viviente que habla, crea y ama su obra

    Un Dios personalLo dice expresamente

    Hildegarda de Bingen escribe dentro de la teología benedictina del siglo XII y presenta sus visiones como dictadas por una voz celeste que le ordena escribir lo que ve. En el Scivias, Dios aparece como luz serenísima y fuego ardiente, y en la segunda visión del libro II la Trinidad se le muestra como una figura humana de color zafiro envuelta en luz y llama: tres en uno, Padre, Hijo y Espíritu. En el Liber divinorum operum la primera visión presenta a la Caridad divina como fuerza ígnea que sostiene y vivifica todo lo creado. Su Dios es creador, juez y amante de su obra; se le habla y responde. La fuerza vital que ella llama viriditas, el verdor, no es un principio impersonal autónomo, sino la acción continua de ese Dios personal en el mundo.

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  • ¿Quién soy yo? ¿Existe un yo verdadero?

    El alma es una esfera de fuego que Dios envía al cuerpo

    Un alma creada e inmortalLo dice expresamente

    Hildegarda de Bingen trata el alma con detalle en la cuarta visión del libro I del Scivias: ve una esfera ígnea que desciende al cuerpo del niño en el seno materno y lo vivifica, y después a esa alma peregrina asediada por las tentaciones, que se pregunta por su origen y su exilio. El alma es creada por Dios, inmortal y racional; el cuerpo es su tabernáculo, y entre ambos hay colaboración y tensión. En Causae et curae añade una antropología médica: el alma actúa en el cuerpo como la savia en el árbol, y de su armonía con los humores depende la salud. El ser humano es para ella un microcosmos, imagen del universo, y su identidad es la de una criatura singular, distinta de Dios, llamada a recuperar en Cristo la armonía perdida con la caída.

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  • ¿Por qué sufrimos?

    El pecado rompió la armonía del cuerpo y del cosmos; de ahí la enfermedad

    El desorden social y moralLo dice expresamente

    Hildegarda de Bingen sitúa el origen del sufrimiento en la caída de Adán, pero lo describe como una ruptura de armonía que afecta al cuerpo, al alma y al mundo entero. En Causae et curae explica que, cuando Adán desobedeció, la melancolía se coaguló en su sangre y desde entonces los humores del ser humano están desequilibrados: de ahí la tristeza, la desesperanza y muchas enfermedades. En su visión cósmica, el ser humano está ligado a los elementos y a los astros, de modo que su desorden moral repercute en la naturaleza, y la naturaleza a su vez lo afecta. En el Liber vitae meritorum los vicios aparecen como figuras deformes y las virtudes les responden, cada una con su remedio y su penitencia. El sufrimiento nace de la pérdida de la medida y del verdor (viriditas); sanar es restaurar el orden perdido, en el cuerpo y en el alma.

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  • ¿Qué ocurre después de la muerte?

    Los cuerpos resucitarán y el cosmos entero será renovado en el último día

    Vida eterna y resurrecciónLo dice expresamente

    Hildegarda de Bingen comparte la escatología cristiana de su tiempo, pero la expone en visiones de gran alcance cósmico. La última visión del Scivias muestra el fin de los tiempos: los elementos se agitan, los muertos resucitan con sus cuerpos íntegros, Cristo juzga y, tras el juicio, el mundo queda transformado en un cielo y una tierra nuevos, sin noche ni corrupción. Para ella la persona no se disuelve: el alma, que vivifica el cuerpo como la savia al árbol, sobrevive a la muerte y recobra su cuerpo glorificado. En el Liber vitae meritorum describe con detalle las penas purgativas que corresponden a cada vicio y la alegría de los bienaventurados, de modo que la vida futura prolonga y completa la medida moral de esta. La muerte es tránsito: el destino último es la armonía restaurada de cuerpo, alma y cosmos ante Dios.

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  • ¿Cómo se alcanza la liberación o la salvación?

    Salvación por Cristo y la Iglesia, con una lucha activa de virtudes contra vicios

    Por gracia y amorLo dice expresamente

    Hildegarda de Bingen piensa la salvación dentro de la historia sagrada cristiana: la caída de Adán quebró la armonía de la creación y la encarnación de Cristo la restaura. El segundo libro de Scivias recorre esa obra redentora y su prolongación en la Iglesia y los sacramentos, que son el cauce ordinario de la gracia. Pero Hildegarda no concibe al creyente como receptor pasivo. En el Libro de los merecimientos de la vida pone en escena treinta y cinco pares de vicios y virtudes en diálogo, y en el Ordo Virtutum el alma que se extravía regresa por la penitencia. La salvación es don de Dios y, a la vez, combate moral: la persona debe recuperar su «verdor» (viriditas) espiritual colaborando con la gracia mediante la penitencia y las virtudes.

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  • ¿Hace falta un maestro?

    Se enseña desde la Iglesia y la regla; su luz llegó sin maestro humano

    La comunidad y la tradiciónLo dice expresamente

    Hildegarda de Bingen se formó en la vida benedictina, junto a la reclusa Jutta de Sponheim, y vivió siempre dentro de una comunidad regida por la Regla de san Benito, en la que el abad o la abadesa enseñan y la tradición de la Iglesia es la norma. Ella misma fue magistra de su comunidad. Sin embargo, en la declaración que abre Scivias afirma que comprendió el sentido de los salmos, los evangelios y los demás libros sin haber recibido instrucción humana para interpretarlos, por la luz que la visitaba. No por ello prescindió de la autoridad: buscó la aprobación de Bernardo de Claraval y del papa Eugenio III. Su postura combina iluminación directa y sumisión a la comunidad que la valida.

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  • ¿Es real el mundo?

    Un cosmos ordenado y verdeante, obra de Dios, del que el hombre es espejo

    Creación buena y realLo dice expresamente

    Para Hildegarda de Bingen el mundo es creación de Dios y está penetrado por su fuerza vital, que ella llama viriditas, el verdor que hace germinar y sostiene a todas las criaturas. En Scivias describe el universo en forma de huevo con capas de fuego, aire y agua, y en el Libro de las obras divinas lo presenta como una rueda en cuyo centro está el ser humano, un microcosmos que reproduce la estructura del macrocosmos. En la primera visión de esta obra habla la Caridad como fuerza suprema e ígnea que enciende todas las chispas vivientes. El mundo no es ilusión ni divinidad: es obra real, ordenada y buena, cuya armonía el pecado perturba y Cristo restaura.

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  • ¿Qué es el amor?

    La Caridad es la fuerza de fuego que enciende y ordena toda la creación

    Amor de Dios y al prójimoLo dice expresamente

    Hildegarda de Bingen concibe el amor ante todo como Caritas, una potencia divina que sostiene el universo. En la primera visión del Liber divinorum operum aparece una figura de fuego que se presenta como la fuerza suprema que encendió todas las chispas vivientes; la tradición y la propia obra la identifican con la Caridad divina, origen y vínculo de lo creado. En la antífona Caritas abundat in omnia canta que la Caridad abunda en todas las cosas, desde lo más profundo hasta más allá de las estrellas, y que dio al Rey supremo el beso de la paz. Ese amor no es un sentimiento, sino el orden vivo que une a Dios, al cosmos y al ser humano. En el plano moral se traduce en las virtudes que el Liber vitae meritorum opone a los vicios, y en la vida comunitaria, en la caridad concreta de la regla benedictina.

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  • ¿Somos libres o está todo determinado?

    La criatura racional elige entre vicios y virtudes y responde de ello

    Libre albedrío realLo dice expresamente

    Para Hildegarda el ser humano es la criatura racional por excelencia, y la racionalidad incluye la capacidad de elegir el bien o el mal. El *Liber vitae meritorum* está construido como un debate: treinta y cinco vicios hablan y treinta y cinco virtudes les responden, y el alma tiene que decidir a cuál escucha; después se describen las penas y la purificación que corresponden a cada culpa. En *Scivias* la caída de Adán aparece como una elección real que desordena el cosmos entero. La presciencia divina, que celebra en la *Symphonia*, no suprime esa elección: Dios conoce de antemano a cada criatura, pero el mérito y la culpa siguen siendo humanos. Su postura es la de la teología monástica del siglo XII, expresada en visiones y no en argumentos escolásticos.

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  • ¿Para qué meditar u orar?

    Cantar el oficio divino devuelve al hombre la voz que tuvo en el paraíso

    Ritual y cultivo de síLo dice expresamente

    La oración de Hildegarda es ante todo la de una monja benedictina: el oficio divino cantado siete veces al día y la misa. Su reflexión más explícita sobre el sentido de esa práctica está en la carta que escribió hacia 1178 a los prelados de Maguncia, cuando su comunidad sufrió un entredicho que le prohibía cantar. Allí sostiene que Adán, antes de la caída, tenía una voz semejante a la de los ángeles, que los profetas inventaron los cantos y los instrumentos para recordar esa armonía perdida, y que quien silencia la alabanza en la Iglesia priva a Dios de su gloria. Su obra musical, la *Symphonia* y el *Ordo Virtutum*, nace de esa convicción: la liturgia no es un adorno, sino la participación humana en la armonía del cosmos.

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  • ¿Puede la razón conocer lo último?

    La luz viviente enseña lo que el estudio no da; la razón lo ordena

    Fe y razón se ayudanLo dice expresamente

    En la declaración que abre *Scivias*, Hildegarda cuenta que en 1141 una luz de fuego le penetró el cerebro y que de pronto comprendió el sentido de los salmos, los evangelios y los demás libros de la Escritura, sin saber analizar sus palabras ni su gramática. En la carta a Guiberto de Gembloux describe esa luz como no local, más luminosa que una nube que lleva el sol, y la llama sombra de la luz viviente. Su conocimiento de lo último procede, pues, de la revelación y no del estudio. Pero no opone ambas cosas: en su obra el ser humano es criatura racional, la *rationalitas* es un don divino, y sus visiones se exponen y comentan con un orden doctrinal riguroso, que ella misma sometió a la aprobación eclesiástica.

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  • ¿Retirarse del mundo o transformarlo?

    Una abadesa visionaria que predicaba, sanaba y amonestaba a papas y emperadores

    Contemplación en la acciónSe deduce de su doctrina

    Hildegarda de Bingen fue monja benedictina desde niña y vivió según una regla que une oración y trabajo. Su vida, sin embargo, desborda el claustro. Fundó dos comunidades, Rupertsberg y Eibingen, defendiendo su autonomía frente a los monjes de Disibodenberg; mantuvo una correspondencia de varios centenares de cartas con papas, emperadores como Federico Barbarroja, obispos, abades y laicos, a quienes aconsejaba y reprendía; y en su madurez realizó varios viajes de predicación por Renania, algo excepcional para una mujer de su tiempo, en los que denunció la corrupción del clero. Escribió además tratados de medicina y de ciencias naturales destinados a curar. Para ella la visión no aparta del mundo: obliga a hablar en él. Lo contemplado debe traducirse en reforma de la Iglesia, en cuidado del cuerpo y en orden de la sociedad cristiana.

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Afinidades y tensiones

Afinidades y tensiones

Calculadas pregunta a pregunta a partir de sus posturas. El porqué de cada coincidencia o choque, al pulsar.

Coinciden en

Hildegarda de Bingen · Rumi

El amor como fuego que mueve el cosmos, y la música como memoria del origen

Hildegarda y Rumi conciben el amor no como sentimiento, sino como la fuerza que mueve y une el cosmos. En la primera visión del Libro de las obras divinas, una figura de fuego se presenta como la potencia que encendió todas las chispas vivientes, y la antífona Caritas abundat in omnia canta una Caridad que llena todo, de lo profundo a más allá de las estrellas. El Masnavi se abre con la flauta de caña cuyo lamento es el fuego del amor, que Rumi llama astrolabio de los misterios divinos. Ambos remiten además lo visible a una fuente que lo atraviesa, la viriditas en ella y el mar bajo la espuma en él, y hacen de la música el lenguaje del alma que recuerda su origen: la voz angélica que Adán perdió, la caña arrancada del cañaveral.

Por qué: No hubo contacto entre la abadesa renana del siglo XII y el poeta de Konya del XIII, pero comparten una herencia remota: la idea de un cosmos armónico, de raíz pitagórica y neoplatónica, que el cristianismo latino y el sufismo persa recibieron por caminos distintos. Ambos escriben, además, en un registro simbólico y poético, no escolástico, donde la imagen enseña más que el concepto. La diferencia está en el acento: Hildegarda canta el amor como orden que sostiene la creación buena y como liturgia de la comunidad; Rumi, como herida y nostalgia del alma separada. En ella el amor ordena; en él, consume.

Coinciden en

Hildegarda de Bingen · Confucio

El rito y la música como forma del alma: el maestro de Lu y la abadesa del Rin

Ninguno de los dos entiende la vida interior como meditación solitaria. Para Confucio la práctica es el rito, el estudio y la conducta: dominarse a uno mismo y volver al rito es la humanidad (Analectas 12.1), y el sacrificio ha de ofrecerse como si los espíritus estuvieran presentes (3.12). Para Hildegarda es el oficio divino cantado siete veces al día: en su carta a los prelados de Maguncia (1178–1179) sostiene que la alabanza cantada devuelve al ser humano la voz angélica que Adán tuvo antes de la caída, y escribe la Symphonia y el Ordo Virtutum desde esa convicción. En ambos la forma compartida, repetida y bella educa los afectos, ordena a la comunidad y pone al ser humano en armonía con un orden mayor, el del Cielo o el del cosmos creado.

Por qué: La afinidad es puramente comparativa y descansa en una intuición antigua compartida: la música y el rito no adornan la vida moral, la constituyen, porque el cuerpo y la voz se educan antes que las ideas. La tradición confuciana unió desde muy pronto ritos y música como instrumentos de gobierno y de cultivo de sí; la liturgia benedictina hizo del canto de los salmos el eje del día monástico. La diferencia es teológica: el rito confuciano mira a la conducta humana y mantiene a los espíritus a distancia, mientras que el canto de Hildegarda se dirige a un Dios personal y es participación en la alabanza de los ángeles. Coinciden en la pedagogía, no en el destinatario.

Coinciden en

Hildegarda de Bingen · Ibn Arabi

El ser humano como espejo del cosmos y de lo divino

Hildegarda presenta en el Libro de las obras divinas un cosmos en forma de rueda en cuyo centro está el ser humano, microcosmos que reproduce la estructura del macrocosmos, y concibe el mundo como obra real y ordenada, penetrada por la viriditas, la fuerza verde de Dios. Ibn Arabi explica en el primer capítulo de los Fusus al-hikam que Dios quiso ver sus Nombres en un ser que los reflejara a todos: creó el cosmos como un espejo aún sin pulir, y el ser humano completo fue el pulimento de ese espejo. En ambos el mundo no es ilusión ni divinidad, sino lugar de manifestación de Dios, y el ser humano ocupa en él un lugar central porque recoge y refleja la totalidad. Conocer el cosmos y conocerse a uno mismo son, para los dos, caminos hacia el conocimiento de Dios.

Por qué: No hubo contacto entre la abadesa alemana y el místico andalusí, contemporáneos solo por unos años. La afinidad procede de una herencia común: la idea antigua del ser humano como microcosmos, de raíz griega y neoplatónica, que circulaba tanto en la Europa latina como en el mundo islámico, y una lectura de la creación como lenguaje de Dios. Las diferencias son de fondo. Hildegarda mantiene con nitidez la distinción entre Creador y criatura y piensa la armonía perdida por el pecado y restaurada en Cristo; Ibn Arabi dice que el mundo es Él y no Él, con una metafísica de la existencia única. Ella contempla visiones; él construye una teoría de los Nombres.

Anécdotas y relatos

Anécdotas y relatos

Documentado1141

La enfermedad de la desobediencia

Hildegarda tenía cuarenta y dos años cuando, según cuenta ella misma al comienzo del Scivias, una luz de fuego le atravesó el cerebro y el pecho y le dio, de golpe, la inteligencia de las Escrituras. Una voz le ordenó decir y escribir lo que veía. No lo hizo: por humildad, dice, y por miedo al juicio de los hombres; «no por obstinación, sino por duda y por la mala opinión de los demás». Entonces cayó enferma, postrada en el lecho, y lo estuvo hasta que, vencida, se lo contó a Volmar, el monje que la había educado, y empezó a dictarle. En cuanto puso la mano a la obra, escribe, la enfermedad la abandonó y la fuerza volvió. El esquema —orden, resistencia, enfermedad, obediencia, curación— se repetirá en su vida cada vez que tenga que dar un paso que nadie espera de una mujer: el traslado a Rupertsberg, la predicación, el tercer libro. En Hildegarda la enfermedad no es un accidente: es el lenguaje con que su cuerpo discute con Dios.

Origen del relato: Relato en primera persona en la Protestificatio del Scivias, confirmado por los fragmentos autobiográficos de la Vita (libro II).

Fuente: Hildegardis Bingensis. Scivias. Ed. Adelgundis Führkötter y Angela Carlevaris. CCCM 43–43A. Turnhout: Brepols, 1978. Trad. inglesa: Columba Hart y Jane Bishop, Hildegard of Bingen: Scivias (Classics of Western Spirituality). Nueva York: Paulist Press, 1990. Trad. española: Scivias: Conoce los caminos, trad. Antonio Castro Zafra y Mónica Castro. Madrid: Trotta, 1999.

Testimonio1147–1148

Un papa lee en voz alta

En el invierno de 1147–1148 el papa Eugenio III presidía un sínodo en Tréveris, a pocas jornadas de Disibodenberg. El abad Kuno, sabiendo que la fama de su monja despertaba tanto interés como recelo, llevó al arzobispo de Maguncia el asunto, y el arzobispo lo puso ante el papa. Eugenio envió una comisión a Disibodenberg para interrogar a Hildegarda y hacerse con una copia de lo escrito hasta entonces; según la Vita, el papa leyó después en persona, ante los cardenales y prelados reunidos, pasajes del Scivias inacabado, y Bernardo de Claraval, presente, pidió que no se dejara apagar una luz tan evidente. Eugenio escribió a Hildegarda autorizándola a publicar lo que el Espíritu le mostrara. La escena, contada por un hagiógrafo, está respaldada por la existencia de las cartas de Bernardo y de Eugenio, y explica cómo una monja de clausura se convirtió en consejera de obispos y reyes sin que nadie la acusara de presunción: tenía licencia pontificia.

Origen del relato: Vita, libro I, cap. 4 (Gottfried de Disibodenberg); las cartas de Bernardo (Ep. 1r) y Eugenio III (Ep. 4) se conservan en el Epistolarium. La lectura pública en el sínodo solo la transmite la Vita.

Fuente: Gottfried de Disibodenberg y Theoderich de Echternach. Vita sanctae Hildegardis. Ed. Monika Klaes. Corpus Christianorum Continuatio Mediaevalis 126. Turnhout: Brepols, 1993. Trad. inglesa en Anna Silvas, Jutta and Hildegard: The Biographical Sources. Turnhout: Brepols, 1998 (University Park: Penn State Press, 1999).

Relato hagiográficoc. 1148–1150

El abad que no pudo levantarla

Cuando Hildegarda anunció que Dios le había mostrado el lugar donde debía trasladar a sus monjas —una colina sobre el Nahe, frente a Bingen, donde se veneraba a san Ruperto—, el abad Kuno de Disibodenberg se opuso: las monjas traían dotes, peregrinos y prestigio. La Vita cuenta que ella cayó enferma, rígida como una piedra en su lecho, y que el abad acudió a comprobarlo; intentó mover su cabeza y no pudo, y entendió que la parálisis no era fingida ni natural. Dio su permiso. Hacia 1150 unas veinte monjas se trasladaron a Rupertsberg, a un terreno sin edificar, con la ayuda de la marquesa Richardis de Stade y del arzobispo de Maguncia. La historia pertenece al género hagiográfico —la enfermedad como prueba de la voluntad divina—, pero la resistencia de Kuno y la lucha de años por la independencia económica están documentadas en las cartas y en el acuerdo de 1158.

Origen del relato: Vita, libro II, cap. 5 (fragmento autobiográfico) y libro I, cap. 5. La carta de Hildegarda al abad Kuno y la carta de dotación de 1158 figuran en el Epistolarium (Baird–Ehrman, vol. 1).

Fuente: Gottfried de Disibodenberg y Theoderich de Echternach. Vita sanctae Hildegardis. Ed. Monika Klaes. Corpus Christianorum Continuatio Mediaevalis 126. Turnhout: Brepols, 1993. Trad. inglesa en Anna Silvas, Jutta and Hildegard: The Biographical Sources. Turnhout: Brepols, 1998 (University Park: Penn State Press, 1999).

Documentado1151–1152

Ricardis

Ricardis de Stade, hija de la marquesa que había ayudado a fundar Rupertsberg y hermana del arzobispo de Bremen, era la monja joven a la que Hildegarda más quería y la que había trabajado con ella en el Scivias. En 1151 su familia consiguió que fuera elegida abadesa de Bassum, en Sajonia. Hildegarda hizo cuanto pudo por impedirlo: escribió a la marquesa, al arzobispo Hartwig, al arzobispo de Maguncia y al propio papa Eugenio, denunciando una elección simoníaca. Nadie le hizo caso. A Ricardis le escribió entonces la carta más desnuda de su epistolario: «¿por qué me abandonas como una huérfana? Yo amaba la nobleza de tus costumbres, tu sabiduría, tu castidad, tu alma y toda tu vida, de modo que muchos decían: ¿qué haces?». Ricardis murió en Bassum el 29 de octubre de 1152; su hermano escribió a Hildegarda que, en su última hora, había llorado su monasterio y deseado volver. Hildegarda respondió con una carta en que perdona y bendice, y con la figura de Ricardis volvió a la carga en la visión del Scivias donde la Iglesia aparece como una mujer que pierde y recobra a sus hijas.

Origen del relato: Cartas 4, 12, 13, 64 y 64r del Epistolarium (ed. Van Acker; trad. Baird–Ehrman, vol. 1); Vita, libro II. El episodio ha sido analizado por Dronke (1984) y Newman (1987).

Fuente: Hildegard of Bingen. The Letters of Hildegard of Bingen. Trad. Joseph L. Baird y Radd K. Ehrman. 3 vols. Nueva York: Oxford University Press, 1994, 1998, 2004.

Documentado1178–1179

El entredicho y la música

En 1178 Hildegarda, con ochenta años, permitió enterrar en el cementerio de Rupertsberg a un noble que había muerto excomulgado. Los prelados de Maguncia —el arzobispo Cristián estaba en Roma— exigieron la exhumación y, ante su negativa, pusieron el monasterio en entredicho: sin misa cantada, sin oficio con música, sin comunión. Hildegarda sostuvo que el hombre había sido absuelto y había recibido los sacramentos antes de morir, borró con su bastón las señales de la tumba para que nadie pudiera profanarla y escribió a los prelados una carta que es un tratado sobre la música: Adán, antes de la caída, tenía la voz de los ángeles; los profetas inventaron los instrumentos para recordar aquel canto; la música es la memoria del paraíso y, al silenciarla, los prelados hacen el trabajo del diablo, que odia la armonía. Les advierte que quienes prohíben el canto sin causa grave perderán su lugar entre los coros angélicos. Pasaron meses de gestiones; el arzobispo Cristián levantó el entredicho en marzo de 1179, seis meses antes de la muerte de Hildegarda.

Origen del relato: Carta a los prelados de Maguncia (Epistolarium, Ep. 23, ed. Van Acker; Baird–Ehrman, vol. 1, Letter 23) y cartas 24 y 24r al arzobispo Cristián. Narrado también en la Vita, libro III.

Fuente: Hildegard of Bingen. The Letters of Hildegard of Bingen. Trad. Joseph L. Baird y Radd K. Ehrman. 3 vols. Nueva York: Oxford University Press, 1994, 1998, 2004.

Documentado1927–1948

El códice que desapareció en Dresde

El Scivias iluminado de Rupertsberg —hecho hacia 1165 bajo la mirada de Hildegarda, con treinta y cinco miniaturas que probablemente siguen sus indicaciones— pasó, tras la secularización de 1803, a la biblioteca de Wiesbaden con la signatura Hs. 1. Entre 1927 y 1933 las monjas de la abadía de Eibingen hicieron una copia pintada a mano, hoja a hoja, y la biblioteca encargó fotografías en blanco y negro. En 1942, para protegerlo de los bombardeos, el códice fue enviado a una caja fuerte de un banco de Dresde junto con el Riesencodex. En febrero de 1945 Dresde fue destruida. El Riesencodex volvió a Wiesbaden en 1948 tras una peripecia que incluyó la administración soviética; el Scivias no apareció nunca. Todo lo que hoy se reproduce como «miniaturas del Scivias» —incluida la famosa imagen de Hildegarda recibiendo la visión y dictando a Volmar— procede de la copia de Eibingen o de las fotografías de 1927.

Origen del relato: Bain (2018) reconstruye la historia con los archivos de Wiesbaden; la introducción de Führkötter y Carlevaris a la edición crítica (CCCM 43) describe la pérdida y las fuentes de reproducción.

Fuente: Bain, Jennifer. «History of a Book: Hildegard of Bingen's 'Riesencodex' and World War II». Plainsong and Medieval Music 27/2 (2018), pp. 143–170.

Documentado1158–1171

Una monja predica a las ciudades

Entre 1158 y 1171, ya sexagenaria y enferma, Hildegarda hizo cuatro viajes por el Meno, el Mosela, el Rin y Suabia: Maguncia, Wurzburgo, Kitzingen, Ebrach, Bamberg, Tréveris, Metz, Colonia, Werden, Lieja, Maulbronn, Hirsau, Zwiefalten. En monasterios predicó a las comunidades; en Tréveris (Pentecostés de 1160) y en Colonia habló en público, ante clero y pueblo, contra la negligencia de los sacerdotes y contra los cátaros, a los que describió como lobos con piel de cordero. Que una mujer predicara en plazas y catedrales era contrario a la disciplina de la Iglesia; que lo hiciera con licencia tácita de los obispos muestra hasta dónde había llegado su autoridad profética. Los textos de esos sermones, reclamados después por las ciudades, se conservan en forma de cartas (a Colonia, a Tréveris), y son la única predicación pública de una mujer medieval de la que hay constancia escrita.

Origen del relato: Vita, libro III, cap. 17 (lista de lugares); sermones-carta al clero de Colonia (Ep. 15r) y de Tréveris (Ep. 223r) en el Epistolarium (Baird–Ehrman, vols. 1 y 3).

Fuente: Gottfried de Disibodenberg y Theoderich de Echternach. Vita sanctae Hildegardis. Ed. Monika Klaes. Corpus Christianorum Continuatio Mediaevalis 126. Turnhout: Brepols, 1993. Trad. inglesa en Anna Silvas, Jutta and Hildegard: The Biographical Sources. Turnhout: Brepols, 1998 (University Park: Penn State Press, 1999).

Enseñanzas

Enseñanzas

Las nociones que articulan su pensamiento, explicadas en su contexto.

Viriditas (el verdor)viriditas
Viriditas, «verdor», es la palabra que Hildegarda usa con más libertad y en más registros. En la Physica designa la savia y la fuerza vital de las plantas; en Causae et curae, la humedad fecunda del cuerpo sano, cuya pérdida es la ariditas de la enfermedad y la vejez; en el Scivias y en la Symphonia, la gracia que hace fructificar el alma, la virginidad de María («viridissima virga», vara verdísima), la Iglesia y la encarnación misma. El Verbo es «verdor» que brota del Padre; el Espíritu Santo es el que «riega». La misma palabra sirve para la botánica y para la teología porque, en su cosmología, no hay dos órdenes separados: la vida física y la vida de la gracia son manifestaciones de una única energía creadora que atraviesa todo lo que existe y que se marchita por el pecado. Barbara Newman la ha definido como el concepto más original de Hildegarda; el pensamiento ecológico contemporáneo la ha adoptado como emblema, no sin cierta simplificación.

Cosmología del siglo XII (escuela de Chartres, tradición de Isidoro y Beda) leída desde la experiencia monástica y la observación de la naturaleza renana.

Fuente: Newman, Barbara. Sister of Wisdom: St. Hildegard's Theology of the Feminine. Berkeley: University of California Press, 1987 (2.ª ed., 1997).

La sombra de la luz viviente (el modo de la visión)umbra-viventis-lucis
A diferencia de la mayoría de los visionarios, Hildegarda explicó con precisión cómo veía. En la carta a Guiberto de Gembloux (1175) describe una luz «que no es local», mucho más clara que una nube que lleva el sol, sin altura, longitud ni anchura, que ella llama «sombra de la luz viviente» (umbra viventis lucis). En esa luz ve las imágenes y oye las palabras no con los ojos ni los oídos del cuerpo, sino «en el alma», estando despierta, de día o de noche, sin éxtasis ni pérdida de los sentidos: sigue viendo lo que la rodea. A veces, dentro de esa luz, aparece otra, la «luz viviente» misma, y entonces toda tristeza se le borra. Lo que ve se le queda en la memoria y puede dictarlo después; las palabras no son latín pulido, sino que ella las transmite «como las oye», y por eso necesita secretarios que corrijan la gramática. Esta descripción, única en la literatura medieval, ha permitido tanto la lectura neurológica (Charles Singer y Oliver Sacks la relacionaron con la migraña con aura) como la literaria: la visión como género con reglas, no como alucinación.

Teoría agustiniana de los tres géneros de visión (corporal, espiritual, intelectual) y debate moderno sobre la fenomenología de la experiencia visionaria.

Fuente: Hildegard of Bingen. The Letters of Hildegard of Bingen. Trad. Joseph L. Baird y Radd K. Ehrman. 3 vols. Nueva York: Oxford University Press, 1994, 1998, 2004.

La música como memoria del paraísosymphonia-memoria-paraiso
En la carta a los prelados de Maguncia (1178–1179) Hildegarda expone la teología de la música que subyace a toda su obra cantada. Adán, antes de la caída, tenía una voz semejante a la de los ángeles y cantaba con ellos la alabanza divina; con el pecado perdió esa voz y el diablo, que odia la armonía, no deja de intentar que los hombres callen. Los profetas, inspirados, inventaron los salmos y los instrumentos «para que los hombres, acordándose, recuperaran algo de la dulzura de aquella alabanza», y la Iglesia continúa esa memoria en el canto litúrgico. El cuerpo es como un instrumento que el alma hace sonar; por eso el alma es «sinfónica» (symphonialis) y la música, más que un adorno, es el modo en que la criatura caída vuelve a su forma. De ahí la gravedad de un entredicho que prohíbe cantar: silencia la memoria del paraíso. La Symphonia y el Ordo Virtutum son la puesta en práctica de esta doctrina.

Tradición boeciana de la musica mundana, humana e instrumentalis, y teología monástica del oficio divino como participación en la liturgia celeste.

Fuente: Hildegard of Bingen. Symphonia: A Critical Edition of the Symphonia armonie celestium revelationum. Ed. y trad. Barbara Newman. Ithaca: Cornell University Press, 1988 (2.ª ed., 1998).

El hombre como microcosmos (opus Dei)homo-microcosmos
En el Liber divinorum operum Hildegarda despliega la idea, común en el siglo XII pero llevada por ella a un grado de detalle único, de que el ser humano contiene el universo. La segunda visión muestra una figura humana con los brazos extendidos inscrita en las esferas cósmicas: los vientos, los astros y los elementos se corresponden con sus miembros, sus humores y sus edades; el círculo del año con el curso de su vida; la redondez de la cabeza con el firmamento. El hombre es, literalmente, «la obra de Dios» (opus Dei) en la que las demás criaturas se resumen, y por eso su pecado desordena el cosmos y su redención lo repara. Hildegarda vincula esta antropología con su medicina —los humores y los vientos son los mismos dentro y fuera— y con su cristología: Cristo es el hombre perfecto en quien el microcosmos recupera su armonía. La miniatura del códice de Lucca que representa esta visión es hoy la imagen más difundida de su pensamiento.

Platonismo cristiano del siglo XII (Bernardo Silvestre, Guillermo de Conches, Honorio de Autun) y tradición patrística del hombre como compendio de la creación.

Fuente: Hildegardis Bingensis. Liber divinorum operum. Ed. Albert Derolez y Peter Dronke. CCCM 92. Turnhout: Brepols, 1996. Trad. inglesa: Nathaniel M. Campbell, The Book of Divine Works. Washington: Catholic University of America Press, 2018.

Las Virtudes como fuerzas vivasvirtudes-personificadas
En el Ordo Virtutum, en el Scivias y en el Liber vitae meritorum las virtudes no son hábitos abstractos sino personajes femeninos que hablan, cantan y luchan: la Humildad es su reina, la Caridad, la Castidad, la Obediencia, la Discreción, la Victoria. Frente a ellas, los vicios del Liber vitae meritorum toman cuerpo en figuras grotescas. Para Hildegarda las virtudes son energías divinas (vires, «fuerzas») que actúan en el alma con la cooperación del ser humano; el drama moral consiste en acoger o rechazar esas fuerzas, y la vida monástica es el espacio donde se las ejercita en comunidad. El Ordo Virtutum, representado por sus monjas, convierte la doctrina en rito: cada hermana presta su voz a una Virtud y el Alma vuelve al coro. Es un antecedente de las moralidades teatrales posteriores y una de las claves de la psicomaquia medieval.

Tradición de la Psychomachia de Prudencio y de los catálogos monásticos de virtudes y vicios.

Fuente: Newman, Barbara. Sister of Wisdom: St. Hildegard's Theology of the Feminine. Berkeley: University of California Press, 1987 (2.ª ed., 1997).

Sapientia, Caritas, Ecclesia: las figuras femeninas de lo divinosapientia-caritas
Hildegarda pobló su obra de grandes figuras femeninas que encarnan aspectos de Dios y de su obra: la Sabiduría (Sapientia), que «circunda» la rueda del mundo; la Caridad (Caritas), que en el Liber divinorum operum se presenta como la fuerza ígnea que anima el universo; la Iglesia (Ecclesia), esposa y madre, representada en el Scivias como una mujer inmensa que da a luz a los fieles; la Sinagoga, María y las Virtudes. Barbara Newman ha mostrado que estas figuras, de raíz sapiencial bíblica, forman en Hildegarda una auténtica «teología de lo femenino» que no diviniza a la mujer —Hildegarda mantiene la jerarquía de su tiempo— pero sí piensa lo divino en imágenes de fecundidad, de belleza y de verdor. En esa teología su propia voz encuentra su justificación: Dios elige a los débiles para avergonzar a los fuertes, y en un tiempo «mujeril» (muliebre tempus), en que los hombres de Iglesia han flaqueado, habla por una mujer.

Literatura sapiencial bíblica (Proverbios 8, Sabiduría), exégesis del Cantar y tradición de la Ecclesia personificada.

Fuente: Newman, Barbara. Sister of Wisdom: St. Hildegard's Theology of the Feminine. Berkeley: University of California Press, 1987 (2.ª ed., 1997).

Retiros

Retiros y centros

Lugares y encuentros vinculados a su enseñanza. Te ponemos en contacto con quien los organiza.

  • Odernheim am Glan, Renania-Palatinado · Alemania

    Disibodenberg: primer monasterio de Hildegarda

    Disibodenberger Scivias-Stiftung

    En el monte Disibodenberg, sobre la confluencia del Nahe y el Glan, se conservan las ruinas del monasterio donde Hildegarda ingresó de niña y vivió hasta que fundó su propia comunidad en el Rupertsberg, junto a Bingen. Fue allí donde comenzó a escribir sus visiones. Una fundación cuida las ruinas, abiertas todo el año, y un pequeño museo; organiza también caminatas de peregrinación. El lugar es una de las etapas del Hildegard von Bingen Pilgerwanderweg, el camino de unos 137 kilómetros que recorre el valle del Nahe entre Idar-Oberstein y Bingen con paneles de meditación sobre su obra.

  • Rüdesheim am Rhein (Eibingen), Hesse · Alemania

    Abadía de Santa Hildegarda, Eibingen

    Benediktinerinnenabtei St. Hildegard

    La abadía benedictina de Santa Hildegarda, sobre los viñedos del Rheingau, es la heredera directa de la comunidad que la santa fundó en Eibingen en el siglo XII. Una comunidad de monjas vive según la Regla de san Benito, con cinco oficios de oración al día, y mantiene viva la tradición de su patrona. La abadía dispone de casa de huéspedes y organiza cursos, conferencias, conciertos y seminarios, además de un círculo de estudio sobre Hildegarda y formación de divulgadores de su obra. Su iglesia, decorada en estilo de Beuron, se puede visitar con guía.

  • Bingen am Rhein, Renania-Palatinado · Alemania

    Hildegard Forum, Rochusberg (Bingen)

    Hildegard Forum der Kreuzschwestern (St. Hildegardishaus gGmbH)

    El Hildegard Forum se encuentra en el Rochusberg de Bingen, junto a la casa madre de las Hermanas de la Cruz, a la vista del Rin y de la zona donde Hildegarda tuvo su monasterio de Rupertsberg. Se define como un lugar comprometido con transmitir el mensaje de Hildegarda: reúne un jardín de plantas medicinales inspirado en sus escritos sobre la naturaleza, un restaurante, una tienda, salas de encuentro y habitaciones para huéspedes. Lo gestiona desde 2004 una entidad social sin ánimo de lucro como empresa de integración laboral. Es un buen punto de partida para recorrer los lugares hildegardianos de la región.

Ver todos los retiros →

Vídeos

Vídeos

Grabaciones, entrevistas y documentales. Los vídeos se reproducen desde YouTube; no se alojan aquí.

  • ORDO VIRTUTUM by Hildegard von Bingen – Ensemble Vocatrix

    Grabación original· LA· 70 min

    Ensemble Vocatrix

  • Ordo Virtutum [1/3] Prologue and Part II – Hildegard von Bingen (Score – Manuscript)

    Grabación original· LA· 19 min

    Roc Vela

  • O vis aeternitatis – Benedictine Nuns of the Abbey of St. Hildegard, Eibingen

    Grabación original· LA· 6 min

    Benedictine Nuns of the Abbey of St. Hildegard Eibingen – Topic

  • O vis eternitatis – Sequentia

    Grabación original· LA· 8 min

    Sequentia – Topic

  • Die Deutschen: Hildegard von Bingen | Ganze Folge Terra X

    Documental· DE· 2008· 42 min

    Terra X History (ZDF)Canal oficial

  • Hildegard von Bingen – phoenix

    Documental· DE· 44 min

    phoenix (ARD/ZDF)Canal oficial

  • Hildegard of Bingen (1994) – James Runcie, con Patricia Routledge

    Documental· EN· 1994· 47 min

    Vision VideoCanal oficial

  • Pioneers of the Spirit: Hildegard of Bingen

    Documental· EN· 23 min

    Vision VideoCanal oficial

  • The Unruly Mystic: Saint Hildegard

    Documental· EN· 64 min

    The Unruly MysticsCanal oficial

  • Vision – From the Life of Hildegard von Bingen – official U.S. trailer

    Grabación de terceros· EN· 2009· 2 min

    Zeitgeist FilmsCanal oficial

  • Hildegard von Bingen: iluminación y visión. Conferencia de Victoria Cirlot

    Conferencia· ES· 98 min

    Universidad de la Mística (CITeS, Ávila)Canal oficial

  • De Hildegard von Bingen a Max Ernst, por Victoria Cirlot

    Conferencia· ES· 60 min

    Fundación CajaCanariasCanal oficial

Galería

Galería

Imágenes con licencia verificada. Cada una conserva su autoría y su atribución.

Manuscritos

Manuscritos

Testimonios manuscritos y textos antiguos, con su custodio y sus condiciones de consulta.

  • LA · Carolina tardía / protogótica · 1141–1151 (texto); c. 1165 (códice)

    Scivias (códice iluminado de Rupertsberg)

    Testimonio conservado
    Códice iluminado con 35 miniaturas; PERDIDO desde 1945
    Custodio
    Perdido. Facsímil pintado a mano (1927–1933) en la Abtei St. Hildegard, Eibingen; fotografías en blanco y negro (1927) en la Hochschul- und Landesbibliothek RheinMain, Wiesbaden · Wiesbaden, Hs. 1 (signatura histórica)
  • LA · Protogótica, con notación neumática alemana · c. 1175–1190, compilado en Rupertsberg

    Riesencodex (Wiesbadener Codex, «códice gigante»)

    Testimonio conservado
    Códice de 481 folios, 46 × 30 cm, c. 15 kg, con cadena original
    Custodio
    Hochschul- und Landesbibliothek RheinMain, Wiesbaden · Hs. 2
    Digitalización
    hlbrm.digitale-sammlungen.hebis.de/…
  • LA · Gótica · 1163–1174 (texto); primer cuarto del s. XIII (códice)

    Liber divinorum operum (códice de Lucca)

    Testimonio conservado
    Único testimonio iluminado de la obra, con diez miniaturas a toda página
    Custodio
    Biblioteca Statale di Lucca · Ms. 1942
    Digitalización
    www.loc.gov/resource/gdcwdl.wdl_21658/…
  • LA · Protogótica · c. 1170–1175

    Liber divinorum operum (códice de Gante)

    Testimonio conservado
    Testimonio más antiguo y autorizado del texto, base de la edición crítica (Derolez)
    Custodio
    Universiteitsbibliotheek Gent · Ms. 241
  • LA · Protogótica · c. 1200

    Scivias (códice de Salem)

    Testimonio conservado
    Copia completa con retrato de la autora
    Custodio
    Universitätsbibliothek Heidelberg · Cod. Sal. X 16
    Digitalización
    digi.ub.uni-heidelberg.de/diglit/salX16…
  • LA · Protogótica, con notación neumática · c. 1175

    Symphonia (códice de Dendermonde)

    Testimonio conservado
    Testimonio más antiguo de la Symphonia (57 cantos) y del Liber vitae meritorum; faltan folios
    Custodio
    Sint-Pieters-en-Paulusabdij, Dendermonde (Bélgica); según información de 2023, en depósito en la Maurits Sabbebibliotheek de la KU Leuven · Cod. 9
Manuscritos →

Relaciones

Relaciones

Influencias, discipulados y afinidades. Se distingue la relación documentada de la similitud identificada por análisis.

  • Ideas afines a

    Teresa de Ávila

    Dos mujeres que escribieron bajo mandato, legitimaron su palabra por la experiencia y fueron proclamadas doctoras de la Iglesia. Hildegarda es visionaria y cosmológica; Teresa, introspectiva y psicológica. No hay contacto ni lectura documentada.

    Similitud identificada por análisis

  • Ideas afines a

    Maestro Eckhart

    Ambos renanos y teólogos de la creación como desbordamiento divino; pero Eckhart (s. XIV) es especulativo y apofático donde Hildegarda es visionaria e imaginal. No consta que Eckhart la leyera.

    Similitud identificada por análisis

  • Ideas afines a

    Francisco de Asís

    La teología de la creación de Hildegarda (viriditas) y el Cántico de las criaturas comparten la mirada fraterna sobre la naturaleza; Francisco nació dos años después de la muerte de Hildegarda.

    Similitud identificada por análisis

Fuentes

Fuentes

Bibliografía y catálogos consultados para esta ficha.

  1. Wikidata, Q70991 «Hildegarda de Bingen / Hildegard of Bingen» (P31=Q5; 114 enlaces entre wikis; P570 1179-09-17).
  2. Gottfried de Disibodenberg y Theoderich de Echternach. Vita sanctae Hildegardis. Ed. Monika Klaes. Corpus Christianorum Continuatio Mediaevalis 126. Turnhout: Brepols, 1993. Trad. inglesa en Anna Silvas, Jutta and Hildegard: The Biographical Sources. Turnhout: Brepols, 1998 (University Park: Penn State Press, 1999).
  3. Hildegardis Bingensis. Scivias. Ed. Adelgundis Führkötter y Angela Carlevaris. CCCM 43–43A. Turnhout: Brepols, 1978. Trad. inglesa: Columba Hart y Jane Bishop, Hildegard of Bingen: Scivias (Classics of Western Spirituality). Nueva York: Paulist Press, 1990. Trad. española: Scivias: Conoce los caminos, trad. Antonio Castro Zafra y Mónica Castro. Madrid: Trotta, 1999.
  4. Hildegardis Bingensis. Liber divinorum operum. Ed. Albert Derolez y Peter Dronke. CCCM 92. Turnhout: Brepols, 1996. Trad. inglesa: Nathaniel M. Campbell, The Book of Divine Works. Washington: Catholic University of America Press, 2018.
  5. Hildegardis Bingensis. Liber vite meritorum. Ed. Angela Carlevaris. CCCM 90. Turnhout: Brepols, 1995. Trad. inglesa: Bruce W. Hozeski, The Book of the Rewards of Life. Nueva York: Oxford University Press, 1997.
  6. Hildegardis Bingensis. Epistolarium. Ed. Lieven Van Acker (vols. I–II) y Monika Klaes-Hachmöller (vol. III). CCCM 91, 91A, 91B. Turnhout: Brepols, 1991–2001.
  7. Hildegard of Bingen. The Letters of Hildegard of Bingen. Trad. Joseph L. Baird y Radd K. Ehrman. 3 vols. Nueva York: Oxford University Press, 1994, 1998, 2004.
  8. Newman, Barbara. Sister of Wisdom: St. Hildegard's Theology of the Feminine. Berkeley: University of California Press, 1987 (2.ª ed., 1997).
  9. Newman, Barbara (ed.). Voice of the Living Light: Hildegard of Bingen and Her World. Berkeley: University of California Press, 1998.
  10. Hildegard of Bingen. Symphonia: A Critical Edition of the Symphonia armonie celestium revelationum. Ed. y trad. Barbara Newman. Ithaca: Cornell University Press, 1988 (2.ª ed., 1998).
  11. Dronke, Peter. Women Writers of the Middle Ages: A Critical Study of Texts from Perpetua (†203) to Marguerite Porete (†1310). Cambridge: Cambridge University Press, 1984 (cap. 6, «Hildegard of Bingen»).
  12. Flanagan, Sabina. Hildegard of Bingen, 1098–1179: A Visionary Life. Londres: Routledge, 1989 (2.ª ed., 1998).
  13. Benedicto XVI. Carta apostólica por la que se proclama a Santa Hildegarda de Bingen, monja profesa de la Orden de San Benito, doctora de la Iglesia universal, 7 de octubre de 2012. Y Audiencias generales del 1 y 8 de septiembre de 2010.
  14. Cirlot, Victoria. Hildegard von Bingen y la tradición visionaria de Occidente. Barcelona: Herder, 2005. Y Vida y visiones de Hildegard von Bingen (ed. y trad.). Madrid: Siruela, 1997 (reed. 2001, 2009).
  15. Bain, Jennifer. «History of a Book: Hildegard of Bingen's 'Riesencodex' and World War II». Plainsong and Medieval Music 27/2 (2018), pp. 143–170.
  16. Hochschul- und Landesbibliothek RheinMain (Wiesbaden). «The Wiesbaden ('Giant') Codex», Hs. 2: descripción del códice y de su historia.
  17. Universitätsbibliothek Heidelberg. Cod. Sal. X 16 («Salemer Scivias», c. 1200), digitalización completa.
  18. Open Library (Internet Archive): registros bibliográficos consultados por autor, título e ISBN para las ediciones listadas.
  19. Wikimedia Commons: metadatos de licencia (extmetadata) de cada fichero, leídos por la API imageinfo el 2026-10-22.
  20. International Society of Hildegard von Bingen Studies: bibliografía, lista de manuscritos y recursos académicos.
  21. Abtei St. Hildegard, Eibingen (Rüdesheim am Rhein): comunidad benedictina heredera de Rupertsberg; custodia del facsímil pintado del Scivias y de las reliquias.
  22. Higley, Sarah L. Hildegard of Bingen's Unknown Language: An Edition, Translation, and Discussion. Nueva York: Palgrave Macmillan, 2007.
  23. Sacks, Oliver. Migraine. Londres: Faber & Faber, 1970; ed. revisada y ampliada, Berkeley: University of California Press, 1992 (apartado sobre las visiones de Hildegarda como aura migrañosa).
  24. Hayton, Magda. «Publishing Hildegard: The Creation and Circulation of the Pentachronon in the Thirteenth Century». Seminario, Pontifical Institute of Mediaeval Studies, Toronto, 8 de marzo de 2017 (resumen publicado).
  25. Migne, J.-P. (ed.). Patrologiae cursus completus. Series latina, vol. 197: S. Hildegardis abbatissae opera omnia. París, 1855 (ejemplar digitalizado en Internet Archive).
  26. Pitra, Jean-Baptiste (ed.). Analecta Sanctae Hildegardis opera spicilegio Solesmensi parata (Analecta sacra, vol. 8). Montecassino: Typis Sacri Montis Casinensis, 1882 (ejemplar de la Universidad de Oxford digitalizado en Internet Archive).
  27. Brepols Publishers. Hildegardis Bingensis, Opera minora II, ed. Christopher P. Evans, Jeroen Deploige, Sara Moens, Michael Embach y Kurt Gärtner. Corpus Christianorum Continuatio Mediaevalis 226A. Turnhout: Brepols, 2016. ISBN 9782503548371 (ficha editorial con el índice del volumen).
Titular de derechos
Dominio público (obra del siglo XII). Las ediciones críticas (Brepols, Corpus Christianorum), traducciones (Trotta, Herder, Siruela, Paulist Press, Catholic University of America Press, Oxford, Cornell…) y grabaciones musicales están sujetas a los derechos de sus editores. La abadía de Santa Hildegarda de Eibingen custodia reliquias, facsímil y tradición.

Pendiente de confirmar

Lo que esta ficha aún no ha podido cerrar. Preferimos decirlo a rellenarlo.

  • Confirmar el enlace directo (handle) de la digitalización del Riesencodex (Hs. 2) en el portal hlbrm.digitale-sammlungen.hebis.de: el buscador del portal no devolvió resultados por consulta automatizada; se enlaza el portal, no el ítem.
  • Verificar si el Ms. 241 de Gante está digitalizado en lib.ugent.be (la ficha existe; el catálogo es una aplicación dinámica que no se pudo leer).
  • Comprobar manualmente el enlace de la Library of Congress / World Digital Library al códice de Lucca (Ms. 1942): el servidor devuelve 403 a las comprobaciones automatizadas.
  • Localizar ISBN en catálogo para las ediciones del Corpus Christianorum (CCCM 43–43A, 90, 91–91B, 92, 126) y para el Libro de las obras divinas de Herder (Barcelona, 2009): no aparecen en Open Library y Google Books devuelve cuota 0 sin clave.
  • Confirmar el estado actual de custodia del códice de Dendermonde (abadía o depósito en KU Leuven).
  • Ediciones en italiano (Il libro delle opere divine, Mondadori; Scivias, ed. italiana), ruso y árabe: no localizadas con ISBN en Open Library.
  • Fijar en la edición crítica (CCCM 91) la numeración de las cartas citadas (Guiberto: 103r; Maguncia: 23; Ricardis: 12–13, 64): se ha seguido la numeración de Van Acker / Baird–Ehrman de memoria bibliográfica y conviene cotejarla.
  • Programas de afiliación: ninguno verificado para las editoriales listadas; se deja la lista vacía.
  • No se ha localizado ninguna traducción española ni inglesa de dominio público con texto completo de las obras de Hildegarda (las versiones inglesas y españolas disponibles son posteriores a 1950 y están protegidas); la sala de lectura queda con el latín (PL 197, Pitra, Kaiser, Wikisource) y la traducción alemana de las cartas (1854).
  • Pentachronon de Gebenón de Eberbach: no se ha localizado en catálogo una edición moderna con ISBN; se registra sin ediciones.
  • Fechar con las introducciones de CCCM 226 y 226A la Explicación de la Regla de san Benito y la Explicación del Símbolo atanasiano (se dejan sin año).

Investigado el 2026-10-22