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Cristianismo · Mística cristiana · Catolicismo · Neoplatonismo

Agustín de Hipona

354 – 430Persona históricamente documentada

Retórico, filósofo y obispo norteafricano (354–430). Tras años de maniqueísmo y escepticismo, la lectura de los platónicos y la predicación de Ambrosio lo condujeron en Milán a la conversión de 386. Obispo de Hipona durante treinta y cuatro años, escribió más de noventa obras —las Confesiones, La ciudad de Dios, De Trinitate— además de cientos de cartas y sermones, y polemizó con maniqueos, donatistas y pelagianos. Su doctrina de la gracia, el tiempo, la interioridad y las dos ciudades modeló la teología y la filosofía occidentales.

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El retrato más antiguo de Agustín (fresco de Letrán, s. VI)

El retrato más antiguo de Agustín (fresco de Letrán, s. VI) · Public domain

En sus palabras

«Nos hiciste para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti.»

Confesiones I,1,1

Confesiones — Agustín de Hipona

Para empezar, una obra

Confesiones

Su idea central

La interioridad (redi in te ipsum): La vía agustiniana hacia la verdad pasa por el interior: «no salgas fuera, vuelve a ti mismo; en el hombre interior habita la verdad» (De vera religione 39,72).

Biografía

6 min de lectura

Un africano de Tagaste

Aurelio Agustín nació el 13 de noviembre de 354 en Tagaste, un municipio de la provincia romana de Numidia que hoy es Souk Ahras, en Argelia. Su padre, Patricio, pertenecía a la curia local sin ser rico y fue pagano hasta poco antes de morir; su madre, Mónica, era una cristiana de fe intensa cuya figura domina las Confesiones. La familia se sacrificó para que el hijo dotado estudiara gramática en Madaura y retórica en Cartago, con la ayuda de Romaniano, un rico conciudadano. Casi todo lo que sabemos de esos años procede del propio Agustín, que los narró dos décadas después con una intención confesional y teológica que obliga a leerlos con cautela.

En Cartago, hacia 371, inició una unión estable con una mujer cuyo nombre nunca escribió; de ella nació hacia 372 su hijo Adeodato. A los diecinueve años la lectura del Hortensio de Cicerón, hoy perdido, le encendió el amor a la sabiduría; la Biblia latina, en cambio, le pareció tosca. Durante nueve años fue oyente de los maniqueos, una religión dualista que prometía una explicación racional del mal sin exigir fe.

Cartago, Roma, Milán

Enseñó retórica en Tagaste y en Cartago, donde escribió su primer libro, De pulchro et apto, perdido ya en su tiempo. La decepción ante Fausto de Milevi, el obispo maniqueo incapaz de responder a sus preguntas, enfrió su adhesión. En 383 se marchó a Roma y en 384, con el apoyo del prefecto Símaco, obtuvo la cátedra oficial de retórica de Milán, entonces residencia de la corte imperial.

En Milán escuchó al obispo Ambrosio, cuya exégesis alegórica le mostró que el Antiguo Testamento podía leerse sin las objeciones maniqueas, y leyó, en la traducción de Mario Victorino, los «libros de los platónicos»: tratados de Plotino y, probablemente, de Porfirio. Aquella lectura le dio lo que buscaba desde hacía años, la idea de una realidad espiritual e inmutable y la del mal como privación del bien y no como sustancia. Su madre, que lo había seguido, concertó un matrimonio conveniente y la compañera de quince años fue devuelta a África; Agustín lo narra como una herida que no cerró.

La conversión y Casiciaco

En agosto de 386, en un jardín de Milán, oyó según su relato una voz infantil que repetía «toma y lee», abrió las cartas de Pablo y leyó Romanos 13,13-14. Pierre Courcelle mostró que la escena tiene una elaboración literaria deliberada; que hubo una crisis decisiva y una renuncia a la carrera y al matrimonio no lo discute nadie. Agustín se retiró con su madre, su hijo, su hermano Navigio y algunos discípulos a la finca de Casiciaco, en la Brianza, al norte de Milán, donde escribió diálogos filosóficos —Contra los académicos, Sobre la vida feliz, Sobre el orden, los Soliloquios— que muestran a un neoplatónico cristiano todavía muy confiado en el poder de la razón.

Ambrosio lo bautizó junto a Adeodato y a su amigo Alipio en la vigilia pascual de 387. En el viaje de regreso a África, Mónica murió en Ostia pocos días después de una conversación con su hijo junto a una ventana que las Confesiones convierten en una de las páginas más altas de la mística occidental.

Hipona

De vuelta en Tagaste en 388, fundó con sus amigos una comunidad de vida ascética. Adeodato murió poco después. En 391, de paso por Hipona Regia, un puerto activo de la costa númida, los fieles lo retuvieron y el anciano obispo Valerio lo ordenó presbítero casi a la fuerza. En 395 o 396 fue consagrado obispo coadjutor y poco después sucedió a Valerio. Durante treinta y cuatro años fue pastor de una ciudad mediana: predicaba varias veces por semana, juzgaba pleitos en la audiencia episcopal, administraba los bienes de la Iglesia, rescataba esclavos y viajaba a los concilios de Cartago. Hacia 397 empezó las Confesiones, en las que un obispo recién consagrado expone ante Dios y ante sus lectores lo que había sido y lo que era.

Tres controversias

Su obra es, en buena parte, polémica. Contra los maniqueos, que había conocido desde dentro, defendió la bondad de la creación y el libre albedrío. Contra los donatistas —la Iglesia mayoritaria en amplias zonas de África, que se tenía por la de los mártires puros— sostuvo que la validez de los sacramentos no depende de la santidad del ministro, y tras la conferencia de Cartago de 411 aceptó, con argumentos que la posteridad ha discutido, que el poder imperial coaccionara a los disidentes. Contra Pelagio y después contra Julián de Eclano defendió que el ser humano, herido por el pecado original, no puede querer el bien sin la gracia, y llevó esa tesis hasta una doctrina de la predestinación que ya en vida inquietó a los monjes de Hadrumeto y de Provenza.

La ciudad de Dios y la Trinidad

El saqueo de Roma por los godos de Alarico en 410 conmocionó al Imperio y reavivó la acusación pagana de que el abandono de los dioses había traído la ruina. Agustín respondió entre 413 y 426 con los veintidós libros de La ciudad de Dios: una crítica de la religión y de la historia romanas y una teología de la historia como convivencia de dos ciudades fundadas en dos amores. En paralelo escribió los quince libros Sobre la Trinidad, en los que busca en la mente humana —memoria, inteligencia y voluntad— una imagen del Dios trino, y los doce libros del comentario literal al Génesis.

Revisar la propia obra

Hacia 426-427, con setenta y dos años, designó sucesor al presbítero Eraclio y emprendió una tarea sin precedentes: releer y corregir sus libros en orden cronológico. Las Retractationes revisan noventa y tres obras en doscientos treinta y dos libros; las cartas y los sermones quedaron fuera. Posidio de Calama, su discípulo y primer biógrafo, añadió a la Vida un Indiculum que enumera también tratados, cartas y sermones conservados en la biblioteca de Hipona. Ningún autor antiguo nos ha legado un catálogo tan completo de sí mismo.

El asedio

En 429 los vándalos de Genserico pasaron de Hispania a África y en la primavera de 430 cercaron Hipona. Agustín cayó enfermo de fiebre al tercer mes del asedio. Según Posidio, mandó copiar los salmos penitenciales, los hizo colgar en la pared frente a su lecho y los leía llorando; diez días antes de morir pidió que nadie entrara salvo los médicos y quien le llevaba la comida. Murió el 28 de agosto de 430. No hizo testamento porque, pobre de Dios, nada tenía; pidió, eso sí, que se custodiaran la biblioteca de la Iglesia y todos sus códices.

La herencia

Pocos autores han modelado tanto a una civilización. La teología latina medieval, la Reforma protestante y el jansenismo se reconocieron agustinianos; los lectores de Descartes vieron en el «si me engaño, existo» un precedente del cogito; Petrarca subió al Mont Ventoux con las Confesiones en el bolsillo; Wittgenstein abrió las Investigaciones filosóficas con un pasaje suyo y Hannah Arendt le dedicó su tesis doctoral. Su Regla sigue rigiendo órdenes religiosas. Que fuera también el teórico de la coacción religiosa y de una antropología sombría de la sexualidad forma parte de la misma herencia, y explica por qué sigue siendo un interlocutor y no una estatua.

Fuentes: Brown, Peter. Augustine of Hippo: A Biography. Londres: Faber & Faber, 1967; nueva edición con epílogo, Berkeley: University of California Press, 2000. Trad. esp.: Agustín de Hipona. Madrid: Acento, 2001. · Agustín de Hipona. Confessionum libri XIII. Ed. Lucas Verheijen. Corpus Christianorum Series Latina 27. Turnhout: Brepols, 1981. Trad. inglesa de Henry Chadwick, Oxford: Oxford University Press, 1991. · Posidio de Calama. Vita Augustini y Operum S. Augustini elenchus (Indiculum). Ed. A. Wilmart, «Operum S. Augustini Elenchus a Possidio eiusdem discipulo Calamensi episcopo digestus», en Miscellanea Agostiniana II. Roma: Tipografia Poliglotta Vaticana, 1931, pp. 149–233; Vita ed. A. A. R. Bastiaensen, Vita di Cipriano, Vita di Ambrogio, Vita di Agostino. Milán: Fondazione Lorenzo Valla / Mondadori, 1975. · Agustín de Hipona. Retractationum libri II. Ed. Almut Mutzenbecher. Corpus Christianorum Series Latina 57. Turnhout: Brepols, 1984. · Fitzgerald, Allan D. (dir.). Augustine through the Ages: An Encyclopedia. Grand Rapids: William B. Eerdmans, 1999 (trad. esp.: Diccionario de San Agustín. Burgos: Monte Carmelo, 2001).

Cronología

La vida, año a año

Cada punto es un acontecimiento documentado. Pulsa para leerlo, con su fuente y su grado de certeza.

  1. 13 de noviembre de 354 · 0 años

    Nacimiento

    Nace Aurelio Agustín, hijo de Patricio, miembro de la curia local, y de Mónica, cristiana. Él mismo da la fecha en De beata vita 1,6.

    Documentado

  2. c. 370 – 371 · 16 años

    Estudios de retórica en Cartago

    Tras un año ocioso en Tagaste, marcha a Cartago con el apoyo de Romaniano. Inicia allí la unión con la madre de su hijo.

    Documentado

  3. c. 372 · 18 años

    Nace Adeodato

    Nace su único hijo, Adeodato, de una compañera cuyo nombre Agustín nunca escribió.

    Probable

  4. c. 373 · 19 años

    El Hortensio y los maniqueos

    La lectura del Hortensio de Cicerón despierta su vocación filosófica; poco después se hace oyente maniqueo, condición que mantendrá nueve años (Conf. III,4,7; IV,1,1).

    Documentado

  5. 383 · 29 años

    Fausto de Milevi y el viaje a Roma

    La conversación con el obispo maniqueo Fausto lo decepciona. Embarca para Roma a escondidas de su madre.

    Documentado

  6. 384 · 30 años

    Cátedra de retórica en Milán

    Por recomendación del prefecto Símaco obtiene la cátedra oficial de retórica en Milán. Escucha la predicación de Ambrosio.

    Documentado

  7. 386 · 31 años

    Los libros de los platónicos

    Lee en la traducción de Mario Victorino tratados neoplatónicos (Plotino, probablemente Porfirio), que transforman su idea de Dios y del mal (Conf. VII,9,13).

    Documentado

  8. agosto de 386 · 31 años

    La escena del jardín: «toma y lee»

    Crisis de conversión narrada en Confesiones VIII,12,29. Renuncia a la cátedra y al matrimonio proyectado.

    Documentado

  9. c. 386 – 387 · 32 años

    Retiro de Casiciaco

    Retiro filosófico con su madre, su hijo y sus discípulos; escribe Contra Academicos, De beata vita, De ordine y los Soliloquia.

    Documentado

  10. abril de 387 · 32 años

    Bautismo por Ambrosio

    Recibe el bautismo en la vigilia pascual, junto a Adeodato y Alipio.

    Documentado

  11. 387 · 33 años

    La visión de Ostia y la muerte de Mónica

    Conversación contemplativa con su madre junto a una ventana (Conf. IX,10) y muerte de Mónica pocos días después.

    Documentado

  12. 388 · 34 años

    Comunidad en Tagaste

    Tras una estancia en Roma, vuelve a África y organiza con sus amigos una vida común ascética en su casa familiar.

    Documentado

  13. 391 · 37 años

    Ordenado presbítero

    Los fieles de Hipona lo presentan al obispo Valerio, que lo ordena presbítero contra su voluntad (Posidio, Vida 4).

    Documentado

  14. c. 395 – 396 · 41 años

    Obispo de Hipona

    Consagrado obispo coadjutor de Valerio, al que sucede poco después.

    Documentado

  15. c. 397 – 401 · 43 años

    Las Confesiones

    Redacción de los trece libros de las Confesiones (fecha discutida entre 397 y 401).

    Probable

  16. junio de 411 · 56 años

    Conferencia de Cartago contra los donatistas

    Gran debate entre obispos católicos y donatistas presidido por el tribuno Marcelino; Agustín es el principal portavoz católico y resume sus actas en el Breviculus collationis.

    Documentado

  17. c. 413 – 426 · 59 años

    La ciudad de Dios

    Tras el saqueo de Roma de 410, comienza los veintidós libros de La ciudad de Dios, que concluye hacia 426.

    Documentado

  18. mayo de 418 · 63 años

    Condena de Pelagio

    El concilio general de Cartago condena las tesis pelagianas, en cuya refutación Agustín llevaba trabajando desde 411-412.

    Documentado

  19. 26 de septiembre de 426 · 71 años

    Designa sucesor y emprende las Retractationes

    Ante el pueblo designa sucesor al presbítero Eraclio (Carta 213) y se dedica a revisar sus obras: las Retractationes registran noventa y tres obras en doscientos treinta y dos libros.

    Documentado

  20. 28 de agosto de 430 · 75 años

    Muerte durante el asedio vándalo

    Muere en el tercer mes del asedio de Hipona por los vándalos, según el testimonio de Posidio (Vida 28–31).

    Documentado

  21. 1298

    Doctor de la Iglesia

    Bonifacio VIII reconoce como doctores de la Iglesia a Ambrosio, Jerónimo, Agustín y Gregorio Magno.

    Documentado

  22. 1981

    Las cartas Divjak

    Johannes Divjak publica en el CSEL 88 veintinueve cartas inéditas halladas en manuscritos de Marsella y París.

    Documentado

  23. c. 1990 – 1996

    Los sermones Dolbeau

    François Dolbeau identifica en un códice de la Biblioteca municipal de Maguncia veintiséis sermones desconocidos o completos por primera vez, editados entre 1991 y 1996.

    Documentado

Obras

Obras esenciales

Las obras sin las que no se entiende su legado.

Confesiones — Agustín de Hipona

Obra escrita · c. 397

Confesiones

Confessionum libri XIII

Trece libros dirigidos a Dios en segunda persona. Los nueve primeros narran la vida de Agustín desde la infancia hasta la conversión de 386, el bautismo y la muerte de Mónica en Ostia: el robo de las peras, la muerte del amigo, el maniqueísmo, Ambrosio, los libros de los platónicos, el jardín de Milán. El libro X examina la memoria y las tentaciones del obispo que escribe; el XI es una meditación sobre el tiempo como distensión del alma; los XII y XIII interpretan el primer capítulo del Génesis. Confessio significa a la vez reconocimiento de culpa y alabanza; la unidad del libro, que tanto ha discutido la crítica, está en esa doble confesión. Es la primera gran autobiografía introspectiva de Occidente y uno de los libros más leídos de la Antigüedad tardía.

11 ediciones · amazon.es

La ciudad de Dios — Agustín de Hipona

Obra escrita · c. 413

La ciudad de Dios

De civitate Dei contra paganos libri XXII

Respuesta monumental, en veintidós libros escritos entre 413 y 426, a los paganos que culpaban al cristianismo del saqueo de Roma de 410. Los diez primeros desmontan la religión cívica romana, la teología de Varrón y el culto a los demonios de los platónicos; los doce siguientes narran el origen, el desarrollo y los fines de dos ciudades —la terrena, fundada en el amor de sí hasta el desprecio de Dios, y la celestial, fundada en el amor de Dios hasta el desprecio de sí— que se mezclan en la historia hasta el juicio. El libro XIX, sobre la paz y el orden, fundó la teoría política cristiana medieval. Es la primera gran filosofía de la historia de Occidente.

5 ediciones · amazon.es

Sobre la Trinidad — Agustín de Hipona

Obra escrita · c. 400

Sobre la Trinidad

De Trinitate libri XV

Quince libros compuestos a lo largo de unos veinte años (c. 399–c. 420), publicados después de que una copia sin terminar circulara sin permiso. Los siete primeros exponen la doctrina trinitaria a partir de la Escritura y discuten las misiones del Hijo y del Espíritu y el lenguaje de las relaciones; los ocho últimos buscan en el ser humano, imagen de Dios, analogías de la Trinidad: amante, amado y amor; mente, conocimiento y amor; y, sobre todo, memoria, inteligencia y voluntad. La obra es a la vez tratado dogmático y ejercicio de ascenso interior, y su llamada analogía psicológica dominó la teología trinitaria latina hasta Tomás de Aquino y más allá.

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Sobre la doctrina cristiana — Agustín de Hipona

Obra escrita · c. 396

Sobre la doctrina cristiana

De doctrina christiana libri IV

Manual de interpretación y de predicación de la Escritura. Empezado hacia 396–397 y dejado en el libro III, 25,35, lo concluyó Agustín en 426–427 al redactar las Retractationes. El libro I distingue entre las cosas que se gozan (frui) y las que se usan (uti) y establece la caridad como clave de toda lectura; los libros II y III exponen una teoría de los signos y reglas para resolver ambigüedades, con la apropiación del saber pagano como «oro de Egipto»; el libro IV adapta la retórica ciceroniana a la predicación cristiana. Fue el programa de la cultura escolar cristiana durante la Edad Media.

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Enquiridion (Manual sobre la fe, la esperanza y la caridad) — Agustín de Hipona

Obra escrita · c. 421

Enquiridion (Manual sobre la fe, la esperanza y la caridad)

Enchiridion ad Laurentium de fide et spe et caritate

Breve compendio de la fe cristiana escrito hacia 421–422 a petición de un tal Lorenzo, que quería un manual de bolsillo. Organizado según las tres virtudes teologales, comenta el Credo (fe), el Padrenuestro (esperanza) y la caridad como fin del precepto. Resume con concisión las posiciones maduras de Agustín sobre la creación, el mal como privación, el pecado original, la gracia, la predestinación, el purgatorio y la resurrección, y fue durante siglos la síntesis más leída de su teología.

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Comentarios a los Salmos (Enarrationes in Psalmos) — Agustín de Hipona

Recopilación posterior · c. 392

Comentarios a los Salmos (Enarrationes in Psalmos)

Enarrationes in Psalmos

El mayor de sus comentarios bíblicos: exposiciones de los ciento cincuenta salmos compuestas entre c. 392 y c. 422, unas dictadas y otras predicadas ante el pueblo y recogidas por taquígrafos, entre ellas los treinta y dos sermones sobre el salmo 118. Agustín lee los salmos como la voz del Cristo total, cabeza y cuerpo, que canta y gime en la Iglesia peregrina. Es la obra donde mejor se oye al predicador y donde su espiritualidad del deseo y de la alabanza se expresa con más libertad. El título Enarrationes se debe a Erasmo.

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Tratados sobre el Evangelio de san Juan — Agustín de Hipona

Recopilación posterior · c. 406

Tratados sobre el Evangelio de san Juan

In Iohannis evangelium tractatus CXXIV

Ciento veinticuatro homilías sobre el cuarto evangelio, las primeras predicadas en Hipona hacia 406–407 y las últimas dictadas para la lectura en fechas posteriores, quizá hasta 419–420. Combinan la exégesis versículo a versículo con la polémica antidonatista y antiarriana y con una teología del Verbo y de la interioridad que ha marcado la lectura latina de Juan. Contienen fórmulas célebres sobre el sacramento como «palabra visible» y sobre la Iglesia como cuerpo de Cristo.

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Cartas — Agustín de Hipona

Correspondencia · c. 386

Cartas

Epistulae

Corpus de unas trescientas cartas conservadas (la serie de los Maurinos numera 270, con cartas de sus corresponsales), al que se sumaron en 1981 las veintinueve cartas descubiertas por Johannes Divjak. Escritas entre 386 y 430, abarcan la correspondencia con Jerónimo sobre la traducción bíblica y la mentira oficiosa, con Paulino de Nola, con funcionarios imperiales como Marcelino, Macedonio o Bonifacio, cartas-tratado como la 147 sobre la visión de Dios o la 187 sobre la presencia de Dios, y asuntos pastorales: esclavos vendidos por traficantes, obispos díscolos, viudas y vírgenes. Son la fuente más directa para la vida cotidiana del obispo.

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Sermones — Agustín de Hipona

Recopilación posterior · c. 391

Sermones

Sermones ad populum

Unos quinientos sermones auténticos predicados entre 391 y 430 en Hipona, Cartago y otras ciudades africanas y recogidos por taquígrafos (Posidio calcula que predicó varios miles). La serie de los Maurinos (1683) numera 396, a la que se han sumado los hallazgos de Morin, Lambot, Étaix, los veintiséis sermones Dolbeau de Maguncia (1990) y los seis de Erfurt (2008). Organizados por la tradición en sermones sobre el Antiguo y el Nuevo Testamento, de tiempo litúrgico, de santos y de temas diversos, muestran al Agustín oral: dialogal, juguetón con las palabras y atento a las reacciones de su público.

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Toda su obra (139)

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Frases

Frases localizadas en una obra concreta. Cada una lleva su procedencia y su nivel de confianza.

Nos hiciste para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti.

Fecisti nos ad te et inquietum est cor nostrum, donec requiescat in te.

VerificadaConfesiones I,1,1

1 / 14
Citas apócrifas o de atribución discutida (3)
  • «En lo necesario, unidad; en lo dudoso, libertad; en todo, caridad.»

    No aparece en ninguna obra de Agustín. La fórmula «in necessariis unitas, in non necessariis libertas, in utrisque caritas» procede del tratado irenista Paraenesis votiva pro pace ecclesiae (1626) del teólogo luterano Peter Meiderlin (Rupertus Meldenius), y se atribuyó a Agustín desde el siglo XIX.

  • «Quien canta, reza dos veces.»

    La forma proverbial («qui cantat, bis orat») no se encuentra en sus obras. Se suele relacionar con Enarrationes in Psalmos 72,1, donde Agustín dice que quien canta la alabanza no solo alaba, sino que alaba con alegría, y con su reflexión sobre el canto en Confesiones X,33,49–50; la fórmula abreviada es posterior.

  • «El mundo es un libro, y quienes no viajan leen solo una página.»

    Atribución moderna sin respaldo en el corpus agustiniano ni en la tradición manuscrita; circula en antologías de citas y en publicidad turística sin referencia a ninguna obra.

Últimas palabras

No existen registros verificables de sus últimas palabras.

No se conservan últimas palabras. Posidio de Calama, testigo de su última enfermedad durante el asedio vándalo de Hipona, cuenta que Agustín mandó copiar los cuatro salmos penitenciales «de David», los hizo fijar en la pared frente a su lecho y los leía llorando; que durante los diez días anteriores a su muerte pidió no ser visitado salvo por los médicos y por quien le llevaba la comida, para dedicarse a la oración; y que murió el 28 de agosto de 430 con los miembros sanos, la vista y el oído intactos, en presencia de los suyos, que oraban (Vida 31). No transmite ninguna frase final.

Fuente: Posidio de Calama. Vita Augustini y Operum S. Augustini elenchus (Indiculum). Ed. A. Wilmart, «Operum S. Augustini Elenchus a Possidio eiusdem discipulo Calamensi episcopo digestus», en Miscellanea Agostiniana II. Roma: Tipografia Poliglotta Vaticana, 1931, pp. 149–233; Vita ed. A. A. R. Bastiaensen, Vita di Cipriano, Vita di Ambrogio, Vita di Agostino. Milán: Fondazione Lorenzo Valla / Mondadori, 1975.

Preguntar

Lo que su obra responde

Doce grandes preguntas de la humanidad y lo que sus textos permiten responder, con referencias. Nunca ponemos palabras en su boca.

  • ¿Qué es lo Absoluto? ¿Existe Dios?

    Dios es el Ser inmutable y trino, más íntimo que lo íntimo de uno

    Un Dios personalLo dice expresamente

    Agustín llega a Dios por un doble camino: el de la filosofía platónica, que le enseña a pensarlo como ser inmutable, incorpóreo y verdad eterna (Confesiones VII), y el de la Escritura, que lo revela como creador, Padre y Trinidad. Ese Ser es a la vez alguien: las Confesiones están escritas enteras en segunda persona y empiezan afirmando que el corazón está inquieto hasta descansar en él. Dios es más interior que lo más íntimo del alma y más alto que lo más alto de ella. En Sobre la Trinidad busca en la mente humana —memoria, inteligencia y voluntad— una imagen de las tres Personas. Y advierte que un Dios comprendido ya no es Dios: el Absoluto es personal, pero excede todo concepto.

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  • ¿Quién soy yo? ¿Existe un yo verdadero?

    Soy un enigma para mí mismo; me conozco al volver hacia dentro

    Un alma creada e inmortalLo dice expresamente

    Agustín hizo del yo un problema filosófico: en las Confesiones dice que se había convertido para sí mismo en una gran cuestión. Su respuesta es el alma: sustancia espiritual, creada, distinta del cuerpo y destinada a la inmortalidad, a la que dedica obras tempranas como Sobre la inmortalidad del alma. Contra los escépticos formula una certeza anterior a Descartes: si me engaño, existo. En Sobre la Trinidad analiza la mente que se recuerda, se entiende y se ama, imagen de las tres Personas. Pero el yo no se basta: el Dios que busca está más dentro de él que lo más íntimo suyo. Conocerse es descubrir una criatura hecha para Dios e inquieta sin él.

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  • ¿Por qué sufrimos?

    El mal es privación de bien; sufrimos por un amor desordenado

    La separación de DiosLo dice expresamente

    Agustín pasó nueve años entre los maniqueos, que explicaban el mal como una sustancia opuesta al bien. Su respuesta madura, en las Confesiones y en Sobre la naturaleza del bien, es que todo lo que existe es bueno y que el mal no es una cosa, sino privación de bien. El mal moral nace de la voluntad que se aparta del Bien inmutable y se vuelve hacia bienes inferiores: es amor desordenado. El sufrimiento humano —mortalidad, ignorancia, concupiscencia— es para él consecuencia del pecado original, que la humanidad hereda de Adán. Pero el corazón inquieto es también señal de su origen: sufre porque está hecho para Dios.

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  • ¿Qué ocurre después de la muerte?

    El fin sin fin: veremos, amaremos y alabaremos

    Vida eterna y resurrecciónLo dice expresamente

    Agustín espera la resurrección de la carne y la vida eterna. La ciudad de Dios termina, en su libro XXII, describiendo ese descanso: allí descansaremos y veremos, veremos y amaremos, amaremos y alabaremos, en el fin que no tendrá fin. Sostiene la resurrección de los cuerpos frente a los platónicos que despreciaban la carne, y también la condenación eterna de los que no se salvan, que defiende con dureza en el libro XXI. El libro IX de las Confesiones narra la visión compartida con su madre en Ostia, días antes de su muerte, como anticipo de esa vida. Sobre el cuidado de los difuntos justifica la oración por los muertos.

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  • ¿Cómo se alcanza la liberación o la salvación?

    Da lo que mandas y manda lo que quieras

    Por gracia y amorLo dice expresamente

    Agustín es el doctor de la gracia. Su propia conversión, narrada en el libro VIII de las Confesiones, muestra una voluntad dividida que no puede querer del todo lo que quiere hasta que una lectura de Pablo en el jardín de Milán la libera. De ahí la oración del libro X: da lo que mandas y manda lo que quieras, que escandalizó a Pelagio. En la controversia pelagiana sostiene que, después del pecado original, la voluntad humana no puede hacer el bien que salva sin la gracia de Cristo, que la precede, la sana y la sostiene hasta el final; en sus últimas obras habla de predestinación y del don de la perseverancia. El ser humano coopera, pero porque antes ha sido movido.

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  • ¿Hace falta un maestro?

    El único Maestro es Cristo, que enseña en el hombre interior

    El maestro está dentroLo dice expresamente

    En Sobre el maestro, diálogo con su hijo Adeodato, Agustín llega a una conclusión radical: las palabras humanas no enseñan nada por sí mismas; a lo sumo advierten y remiten. Quien de verdad enseña es la Verdad que habita en el hombre interior, Cristo, a quien cada uno consulta dentro de sí. Por eso, en Sobre la verdadera religión, la consigna es no salir fuera, sino volver a uno mismo, porque en el hombre interior habita la verdad. Sin embargo, Agustín no es individualista: él mismo fue maestro y obispo, y sostuvo la autoridad de la Iglesia, hasta el punto de escribir que no creería en el Evangelio si no le moviera a ello la autoridad de la Iglesia católica.

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  • ¿Es real el mundo?

    Todo lo que existe es bueno, porque Dios lo hizo de la nada

    Creación buena y realLo dice expresamente

    Contra los maniqueos, que veían en la materia la obra de un principio malo, Agustín defiende la bondad de toda la creación: en las Confesiones concluye que todas las cosas que existen son buenas, y Sobre la naturaleza del bien desarrolla que toda naturaleza, en cuanto naturaleza, es buena. Dios creó el mundo de la nada, no de su propia sustancia: por eso el mundo es real, distinto de Dios y mudable. Agustín medita también sobre el tiempo, creado con el mundo, en el libro XI de las Confesiones. Las criaturas, interrogadas, responden que no son Dios, sino que él las hizo; su belleza es una voz que remite a su autor.

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  • ¿Qué es el amor?

    Mi peso es mi amor: él me lleva a donde voy

    Anhelo y uniónLo dice expresamente

    Agustín piensa el amor como una fuerza que mueve al alma hacia su lugar, igual que el peso mueve a los cuerpos: mi peso es mi amor, escribe en las Confesiones. Todo ser humano ama; la cuestión es qué ama y en qué orden. La caridad es el amor ordenado, que ama a Dios por sí mismo y a todo lo demás en Dios; la codicia es el amor que se detiene en las criaturas. De ahí que dos amores funden dos ciudades: el amor de sí hasta el desprecio de Dios y el amor de Dios hasta el desprecio de sí. Y de ahí también su fórmula más audaz: ama y haz lo que quieras, porque de la raíz del amor no puede salir sino el bien.

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  • ¿Somos libres o está todo determinado?

    La voluntad es libre, pero solo la gracia la libera para el bien

    Libre albedrío realLo dice expresamente

    Agustín escribió Sobre el libre albedrío contra los maniqueos, para mostrar que el mal procede de la voluntad libre y no de una sustancia mala: Dios dio al ser humano la voluntad libre como un bien, y el pecado es su mal uso. Años después, en la controversia con Pelagio, subrayó que tras la caída esa voluntad, aunque sigue eligiendo, no puede querer eficazmente el bien que salva sin la gracia, que la libera. En Sobre la gracia y el libre albedrío sostiene que ambos existen y no se anulan. En sus últimas obras radicaliza la doctrina de la predestinación. La libertad es real, pero la libertad plena es la del que ya no puede pecar.

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  • ¿Para qué meditar u orar?

    Vuelve a ti mismo, y luego trasciéndete

    Volver a la fuente del yoLo dice expresamente

    Agustín describe el camino hacia Dios como un movimiento de interiorización. En Sobre la verdadera religión lo formula así: no salgas fuera, vuelve a ti mismo, en el hombre interior habita la verdad; y si encuentras mudable tu naturaleza, trasciéndete también a ti mismo. El libro X de las Confesiones recorre los «anchos palacios de la memoria» buscando dónde está Dios, y descubre que estaba dentro mientras él lo buscaba fuera. La oración, por otra parte, es deseo: en el Comentario a los Salmos escribe que el deseo mismo es la oración, y que si el deseo es continuo, la oración es continua. En la carta a Proba enseña a pedir sobre todo la vida feliz.

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  • ¿Puede la razón conocer lo último?

    Cree para entender, entiende para creer

    Fe y razón se ayudanLo dice expresamente

    Agustín llegó a la fe después de haber pasado por el escepticismo académico y por el neoplatonismo, y nunca dejó de pensar. Su fórmula, en el sermón 43, une los dos movimientos: entiende para creer, palabra mía; cree para entender, palabra de Dios. La razón prepara la fe, mostrando que es razonable creer; la fe, a su vez, purifica la mente y le permite comprender lo que antes solo aceptaba. Contra los académicos refuta que no se pueda conocer nada con certeza. Pero Agustín sabe también que hay un límite: si lo comprendes, no es Dios. Sobre la Trinidad termina reconociendo que ha hablado mucho sin alcanzar lo que busca.

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  • ¿Retirarse del mundo o transformarlo?

    Ni tan ocioso que olvide al prójimo, ni tan activo que olvide a Dios

    Contemplación en la acciónLo dice expresamente

    Agustín soñó con una vida retirada de estudio y oración —la vivió en Casiciaco y en Tagaste—, pero fue ordenado sacerdote contra su voluntad y pasó más de treinta años como obispo de Hipona, predicando, juzgando pleitos y polemizando. En el libro XIX de La ciudad de Dios formula el equilibrio: nadie debe estar tan ocioso que en su ocio no piense en la utilidad del prójimo, ni tan ocupado que no busque la contemplación de Dios; el amor de la verdad busca el ocio santo, y la necesidad de la caridad acepta el trabajo justo. La ciudad de Dios convive con la terrena y usa su paz, aunque peregrina hacia otra patria.

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Anécdotas y relatos

Anécdotas y relatos

Documentadoc. 370

Las peras robadas

Tenía Agustín dieciséis años y pasaba en Tagaste un año ocioso, a la espera de que su padre reuniera dinero para enviarlo a Cartago. Una noche, con una pandilla de amigos, sacudió un peral de un huerto vecino y se llevaron una carga de peras que ni eran hermosas ni tenían hambre de comer; las tiraron a los cerdos. Veinticinco años después, el obispo dedica a aquel hurto casi todo el libro II de las Confesiones. Lo que le inquieta no es el valor de lo robado, sino que no deseaba las peras: deseaba el robo mismo, el gusto de lo prohibido y la complicidad del grupo; solo, confiesa, no lo habría hecho. El episodio, deliberadamente trivial y con ecos del árbol del Génesis, le sirve para examinar la naturaleza del mal moral como una imitación torcida de la libertad de Dios, y se ha convertido en uno de los análisis clásicos de la psicología del pecado y de la presión de los pares.

Origen del relato: Relatado por el propio Agustín en Confesiones II,4,9–10,18. Es el único testimonio del suceso.

Fuente: Agustín de Hipona. Confessionum libri XIII. Ed. Lucas Verheijen. Corpus Christianorum Series Latina 27. Turnhout: Brepols, 1981. Trad. inglesa de Henry Chadwick, Oxford: Oxford University Press, 1991.

Documentado384–386

Ambrosio lee en silencio

En Milán, Agustín acudía a casa del obispo Ambrosio con la esperanza de plantearle sus dudas, pero lo encontraba casi siempre leyendo. La puerta estaba abierta a todos y nadie era anunciado; los visitantes se sentaban y lo miraban leer. Ambrosio, cuenta Agustín, recorría las páginas con los ojos mientras el corazón buscaba el sentido, pero la voz y la lengua callaban. Los visitantes se marchaban sin atreverse a interrumpirlo, y Agustín se pregunta por qué leía así: quizá para no tener que explicar a un oyente atento los pasajes oscuros, quizá para cuidar su voz, que se le quebraba con facilidad. La escena ha sido citada durante décadas como prueba de que en la Antigüedad la lectura silenciosa era una rareza. Los estudios posteriores han matizado mucho esa conclusión, pero el pasaje conserva su valor como retrato de un obispo absorto y de un joven profesor que quería hablar con él y no sabía cómo.

Origen del relato: Confesiones VI,3,3. La interpretación del pasaje como testimonio de la rareza de la lectura silenciosa ha sido discutida, entre otros, por B. M. W. Knox (1968).

Fuente: Agustín de Hipona. Confessionum libri XIII. Ed. Lucas Verheijen. Corpus Christianorum Series Latina 27. Turnhout: Brepols, 1981. Trad. inglesa de Henry Chadwick, Oxford: Oxford University Press, 1991.

Testimonioagosto de 386

«Toma y lee»

Agosto de 386, en el jardín de la casa que Agustín compartía en Milán con su amigo Alipio. Acababa de oír de Ponticiano la historia de dos funcionarios imperiales que, al leer la vida de Antonio, el monje de Egipto, lo habían dejado todo. Agitado, se apartó bajo una higuera y lloró. Entonces oyó desde una casa vecina una voz, de niño o de niña, que repetía cantando: «toma, lee; toma, lee». No recordaba ningún juego infantil con ese estribillo; lo tomó como una orden, volvió adonde estaba Alipio, abrió el códice de las cartas de Pablo y leyó en silencio el primer pasaje que encontró: «no en comilonas ni borracheras, no en lechos ni impudicias… revestíos más bien del Señor Jesucristo» (Rom 13,13-14). Dice que no quiso leer más ni hacía falta: una luz de seguridad le inundó el corazón. Alipio leyó el versículo siguiente y lo aplicó a sí mismo. Fueron juntos a contárselo a Mónica.

Origen del relato: Relato autobiográfico en Confesiones VIII,8,19–12,30, escrito unos once años después. Pierre Courcelle (1950) subrayó su construcción literaria (la higuera de Natanael, el modelo de la Vida de Antonio); la crítica posterior admite la crisis real y discute el grado de estilización.

Fuente: Agustín de Hipona. Confessionum libri XIII. Ed. Lucas Verheijen. Corpus Christianorum Series Latina 27. Turnhout: Brepols, 1981. Trad. inglesa de Henry Chadwick, Oxford: Oxford University Press, 1991.

Testimonio387

La ventana de Ostia

Otoño de 387. De regreso a África, Agustín y Mónica esperaban embarcar en Ostia, el puerto de Roma, alojados en una casa con jardín. Apoyados en una ventana, hablaban a solas de cómo sería la vida eterna de los santos. La conversación fue subiendo, cuenta Agustín, por encima de los cuerpos, del cielo y de las propias almas, hasta tocar por un instante, «con todo el golpe del corazón», la Sabiduría por la que todo ha sido hecho; luego volvieron con un suspiro al ruido de las palabras, que empiezan y acaban. Mónica le dijo entonces que ya nada la retenía en esta vida, puesto que había visto a su hijo cristiano. A los cinco días cayó enferma de fiebre y nueve días después murió, a los cincuenta y seis años, tras pedir a sus hijos que la enterraran en cualquier parte y se acordaran de ella en el altar del Señor. Es una de las descripciones de experiencia contemplativa más citadas de la literatura cristiana.

Origen del relato: Confesiones IX,10,23–11,28. Los estudios (Courcelle, O'Donnell) han señalado su vocabulario plotiniano; el relato es el único testimonio de la conversación.

Fuente: Agustín de Hipona. Confessionum libri XIII. Ed. Lucas Verheijen. Corpus Christianorum Series Latina 27. Turnhout: Brepols, 1981. Trad. inglesa de Henry Chadwick, Oxford: Oxford University Press, 1991.

Documentado391

Ordenado a la fuerza

Agustín, ya conocido por su vida ascética en Tagaste, evitaba visitar las ciudades cuya sede episcopal estaba vacante, por miedo a que lo hicieran obispo. Hipona tenía obispo, el anciano Valerio, de lengua griega y escaso latín, y allí fue en 391 para ver a un funcionario que quería hacerse monje. Mientras asistía a la liturgia, Valerio habló al pueblo de la necesidad de un presbítero; los fieles, que sabían quién estaba entre ellos, lo rodearon, lo empujaron hacia el obispo y reclamaron su ordenación. Agustín lloraba. Algunos creyeron, cuenta Posidio, que lloraba porque se le ofrecía el presbiterado y no el episcopado, y trataron de consolarlo; él lloraba por los peligros que preveía. Valerio, dejándole predicar ante él, contra la costumbre africana, y procurando después que fuese su sucesor, hizo de aquella captura el comienzo de treinta y nueve años de ministerio en la misma ciudad.

Origen del relato: Posidio, Vida 4, y el propio Agustín en el Sermón 355,2 (predicado en 425), donde recuerda que evitaba las sedes vacantes.

Fuente: Posidio de Calama. Vita Augustini y Operum S. Augustini elenchus (Indiculum). Ed. A. Wilmart, «Operum S. Augustini Elenchus a Possidio eiusdem discipulo Calamensi episcopo digestus», en Miscellanea Agostiniana II. Roma: Tipografia Poliglotta Vaticana, 1931, pp. 149–233; Vita ed. A. A. R. Bastiaensen, Vita di Cipriano, Vita di Ambrogio, Vita di Agostino. Milán: Fondazione Lorenzo Valla / Mondadori, 1975.

No verificablesin fecha

El niño y la concha

Según una leyenda muy difundida, Agustín paseaba por la playa meditando sobre el misterio de la Trinidad cuando vio a un niño que, con una concha, iba llenando de agua del mar un pequeño hoyo excavado en la arena. Le preguntó qué hacía; el niño respondió que pensaba meter todo el mar en aquel agujero. Al objetarle Agustín que era imposible, el niño replicó que más difícil era que él comprendiera la Trinidad con su inteligencia, y desapareció: era un ángel, o el propio Cristo. La escena se convirtió en tema iconográfico desde finales de la Edad Media —Garofalo, Rubens, Murillo la pintaron— y sigue contándose como episodio de su vida. No aparece, sin embargo, en ninguna obra de Agustín, ni en la Vida de Posidio, ni en las fuentes de los siglos V al XII.

Origen del relato: Leyenda medieval sin base en las fuentes antiguas. Los estudios la sitúan en la predicación y los exempla de la Baja Edad Media, donde el protagonista no siempre era Agustín; no se ha podido fijar aquí su primera aparición escrita.

Fuente: Fitzgerald, Allan D. (dir.). Augustine through the Ages: An Encyclopedia. Grand Rapids: William B. Eerdmans, 1999 (trad. esp.: Diccionario de San Agustín. Burgos: Monte Carmelo, 2001).

Testimonioagosto de 430

Los salmos en la pared

En el verano de 430 Hipona llevaba tres meses cercada por los vándalos de Genserico; dentro de sus murallas se habían refugiado obispos de otras ciudades, entre ellos Posidio de Calama. Agustín, con setenta y cinco años, cayó enfermo de fiebre. Había dicho a menudo, recuerda Posidio, que ni siquiera un cristiano y un sacerdote de vida loable debían salir de este mundo sin una penitencia digna. Mandó copiar los salmos penitenciales, que eran muy breves, los hizo fijar en la pared frente a su lecho y, tendido, los leía y lloraba copiosamente. Diez días antes de morir pidió que nadie entrara, salvo los médicos y quien le llevaba la comida, para no ser distraído de la oración. Murió el 28 de agosto. No hizo testamento, porque nada tenía que legar; dejó encargado que se conservaran la biblioteca de la Iglesia y todos los códices. La ciudad cayó poco después, pero la biblioteca sobrevivió.

Origen del relato: Posidio, Vida 28–31, testimonio presencial de un discípulo que vivió el asedio dentro de Hipona.

Fuente: Posidio de Calama. Vita Augustini y Operum S. Augustini elenchus (Indiculum). Ed. A. Wilmart, «Operum S. Augustini Elenchus a Possidio eiusdem discipulo Calamensi episcopo digestus», en Miscellanea Agostiniana II. Roma: Tipografia Poliglotta Vaticana, 1931, pp. 149–233; Vita ed. A. A. R. Bastiaensen, Vita di Cipriano, Vita di Ambrogio, Vita di Agostino. Milán: Fondazione Lorenzo Valla / Mondadori, 1975.

Enseñanzas

Enseñanzas

Las nociones que articulan su pensamiento, explicadas en su contexto.

La interioridad (redi in te ipsum)interioridad
La vía agustiniana hacia la verdad pasa por el interior: «no salgas fuera, vuelve a ti mismo; en el hombre interior habita la verdad» (De vera religione 39,72). El movimiento tiene tres tiempos. Primero, de lo exterior a lo interior: de las cosas sensibles al alma que las percibe y juzga. Después, de lo interior a lo superior: el alma descubre en sí normas —la verdad, la belleza, el número— que no ha producido y que la juzgan a ella, y por las que reconoce algo más alto que la mente. Por último, el reconocimiento de que ese Dios estaba dentro antes de ser buscado: «más íntimo que lo más íntimo mío». Las Confesiones narran este itinerario como biografía y el libro X lo convierte en exploración de la memoria, los «vastos palacios» donde se guardan imágenes, saberes y afectos y donde el alma se busca a sí misma sin abarcarse. La interioridad agustiniana no es intimismo: es el lugar donde se encuentran la autoconciencia y la trascendencia, y de ella beben la mística medieval, Descartes, Pascal y la fenomenología.

Recepción cristiana del ascenso plotiniano (Enéadas I,6; V,1), filtrado por la lectura de los «libros de los platónicos» en Milán.

Fuente: Agustín de Hipona. Confessionum libri XIII. Ed. Lucas Verheijen. Corpus Christianorum Series Latina 27. Turnhout: Brepols, 1981. Trad. inglesa de Henry Chadwick, Oxford: Oxford University Press, 1991.

Gracia y pecado originalgracia-y-pecado-original
Desde Ad Simplicianum (396) y de forma sistemática en la polémica pelagiana, Agustín sostiene que la naturaleza humana, creada buena, quedó herida por el pecado de Adán, en quien en cierto modo pecaron todos sus descendientes. De ahí una voluntad que sigue siendo libre para elegir, pero que no puede querer eficazmente el bien sin la gracia: no solo la ley o el ejemplo de Cristo, como decía Pelagio, sino una acción interior de Dios que derrama la caridad en el corazón (Romanos 5,5). La gracia precede a todo mérito —incluso al comienzo de la fe— y la perseverancia final es también un don. De ahí se sigue una doctrina de la predestinación: Dios elige gratuitamente a quienes salva, sin que por ello sea injusto con los demás, que reciben lo que merecen. El concilio de Cartago (418) y después el de Orange (529) asumieron lo esencial de su doctrina, aunque no la predestinación en su forma más dura. Lutero, Calvino y Jansenio la reivindicaron por caminos diversos; sus críticos, desde Julián de Eclano, la han acusado de pesimismo antropológico.

Controversia pelagiana (411–430) y lectura de Pablo (Romanos, Gálatas) desde 394.

Fuente: Bonner, Gerald. St Augustine of Hippo: Life and Controversies. Londres: SCM Press, 1963; 3.ª ed., Norwich: Canterbury Press, 2002.

Las dos ciudadesdos-ciudades
La ciudad de Dios interpreta la historia como la coexistencia de dos ciudades definidas no por territorios ni instituciones, sino por amores: la terrena, fundada en el amor de sí hasta el desprecio de Dios, y la celestial, fundada en el amor de Dios hasta el desprecio de sí (XIV,28). Ambas nacen con la caída de los ángeles, recorren la historia desde Caín y Abel y están mezcladas en este mundo hasta el juicio final; ni la Iglesia visible coincide sin más con la ciudad de Dios, ni Roma con la ciudad terrena. La ciudad peregrina usa de la paz terrena —el orden, la ley, la concordia— sin poner en ella su fin, y el libro XIX define la paz como «tranquilidad del orden». Con esta tesis Agustín desacraliza el Imperio, que los cristianos de la época de Teodosio tendían a identificar con la providencia, y priva a toda política de pretensión salvífica. La lectura medieval del agustinismo político, que subordinó el poder temporal al espiritual, simplificó una teoría mucho más reticente con cualquier poder.

Respuesta a la crisis de 410 y a la teología imperial cristiana de Eusebio de Cesarea y Orosio.

Fuente: Agustín de Hipona. De civitate Dei libri XXII. Ed. Bernhard Dombart y Alfons Kalb. Corpus Christianorum Series Latina 47–48. Turnhout: Brepols, 1955.

La iluminación divinailuminacion
¿Cómo conoce la mente verdades necesarias e inmutables, como que siete y tres son diez o que hay que preferir lo eterno a lo temporal, si ella misma es mudable? Agustín rechaza la reminiscencia platónica de una vida anterior y responde con la imagen de la luz: así como el ojo ve los cuerpos iluminados por el sol, la mente ve las verdades inteligibles en una luz incorpórea que no es ella misma, la Verdad que es Dios, presente a toda mente racional (De Trinitate XII,15,24; De magistro). Cristo, «maestro interior», enseña sin palabras desde dentro; los maestros humanos solo advierten. La doctrina no pretende que veamos a Dios al conocer, sino que toda certeza participa de una luz que nos excede. Su interpretación ha sido muy discutida: desde Buenaventura, que la defendió como fundamento de la certeza, hasta Tomás de Aquino, que la reinterpretó como la luz natural del entendimiento agente, y Malebranche, que la llevó a la visión en Dios.

Herencia platónica (la idea del Bien como sol en la República) y respuesta al escepticismo académico.

Fuente: Mendelson, Michael. «Saint Augustine». Stanford Encyclopedia of Philosophy, ed. Edward N. Zalta (primera publicación 2000; revisiones posteriores).

La analogía psicológica de la Trinidadanalogia-psicologica
En la segunda mitad de De Trinitate Agustín busca en el ser humano, creado «a imagen de Dios», una huella de la Trinidad que ayude a pensarla sin confundir las personas ni dividir la sustancia. Ensaya varias tríadas —amante, amado y amor; mente, conocimiento de sí y amor de sí— y se detiene en la más célebre: memoria, inteligencia y voluntad, tres facultades que son una sola mente y una sola vida, distintas por su relación mutua y cada una implicada en las otras. La imagen culmina cuando la mente no solo se recuerda, se entiende y se ama a sí misma, sino que recuerda, entiende y ama a Dios: la imagen se realiza al volverse hacia su modelo. Agustín insiste en que la analogía es deficiente y que se ve «en espejo y en enigma». La tríada pasó a Pedro Lombardo, Buenaventura y Tomás, estructuró la mística (Teresa de Ávila, Catalina de Siena) y fue criticada en el siglo XX por favorecer una concepción individualista de Dios.

Teología trinitaria latina posterior a Nicea y Constantinopla, en diálogo con Mario Victorino y Plotino.

Fuente: Agustín de Hipona. Retractationum libri II. Ed. Almut Mutzenbecher. Corpus Christianorum Series Latina 57. Turnhout: Brepols, 1984.

El tiempo como distensión del almatiempo-distensio-animi
El libro XI de las Confesiones parte de una pregunta de los maniqueos —¿qué hacía Dios antes de crear el cielo y la tierra?— y la desactiva: no hubo un «antes», porque el tiempo es criatura y comenzó con el mundo. Pero entonces, ¿qué es el tiempo? El pasado ya no es, el futuro aún no es y el presente, si siempre fuera presente, sería eternidad. Agustín concluye que pasado, presente y futuro solo existen en el alma, como memoria de lo pasado, atención a lo presente y espera de lo futuro; medimos el tiempo en el alma, que se extiende en esas tres direcciones. El tiempo es una distentio animi, una distensión de la mente. El ejemplo del salmo recitado de memoria —que pasa de la expectativa a la memoria a través de la atención— ilustra la tesis, que contrapone la dispersión de la vida temporal al recogimiento en lo eterno. Husserl, Heidegger y Ricoeur partieron de estas páginas.

Respuesta a la física aristotélica del tiempo como número del movimiento y a Plotino (Enéadas III,7).

Fuente: O'Donnell, James J. Augustine: Confessions. Introduction, Text and Commentary. 3 vols. Oxford: Clarendon Press, 1992 (versión electrónica en stoa.org).

El mal como privación del bienmal-como-privacion
Durante nueve años Agustín aceptó la respuesta maniquea al problema del mal: existen dos principios, el bien y el mal, y el mal es una sustancia tenebrosa en lucha con la luz. La lectura de los platónicos le ofreció otra: todo lo que es, en cuanto es, es bueno, porque procede del Bien supremo; el mal no es una naturaleza, sino la privación o corrupción de un bien —de la medida, la forma y el orden que Dios da a cada cosa (De natura boni). Un ser totalmente malo no podría existir. Para el mal moral, la causa es la voluntad libre que se aparta del bien mayor hacia uno menor: no busca algo malo, sino que ama desordenadamente algo bueno. La tesis libera a Agustín del dualismo, funda su defensa de la bondad de la materia y del cuerpo y sitúa la responsabilidad en el sujeto. Sus críticos modernos, desde Bayle hasta la teodicea contemporánea, han discutido si basta ante el sufrimiento.

Polémica antimaniquea y recepción de Plotino (Enéadas I,8).

Fuente: Lancel, Serge. Saint Augustin. París: Fayard, 1999. Trad. inglesa de Antonia Nevill, Saint Augustine. Londres: SCM Press, 2002.

Vídeos

Vídeos

Grabaciones, entrevistas y documentales. Los vídeos se reproducen desde YouTube; no se alojan aquí.

  • 05. St. Augustine's Confessions

    Conferencia· EN· 2012· 46 min

    YaleCoursesCanal oficial

  • Why Study St Augustine of Hippo with John Milbank

    Conferencia· EN· 2016· 11 min

    University of NottinghamCanal oficial

  • Augustine's Confessions and Language

    Conferencia· EN· 2017· 40 min

    Villanova UniversityCanal oficial

  • St Augustine Lecture 2012 | 'A Tangle of Two Cities' Dr. James Wetzel

    Conferencia· EN· 2012· 94 min

    Villanova UniversityCanal oficial

  • St. Augustine Lecture 2016 | Fr. Allan Fitzgerald, OSA 'Engaging the Gospel of John'

    Conferencia· EN· 2016· 70 min

    Villanova UniversityCanal oficial

  • The City of God: The Philosophical Vision of St. Augustine of Hippo with Dr. Chad Pecknold

    Conferencia· EN· 2026· 79 min

    Institute of Catholic CultureCanal oficial

  • Christians in Times of Catastrophe: Augustine's 'City of God'

    Conferencia· EN· 2020· 99 min

    Lumen Christi InstituteCanal oficial

  • The Confessions (Pusey translation) by Saint AUGUSTINE OF HIPPO Part 1/2 | Full Audio Book

    Grabación de terceros· EN· 2018· 624 min

    LibriVox Audiobooks

  • Agustín de Hipona | Un Documental por Agustín Remesal | Completo

    Documental· ES· 2022· 61 min

    Centro de Espiritualidad AgustinosCanal oficial

  • Conferencia - Conociendo más a San Agustín por Fray Enrique Eguiarte

    Conferencia· ES· 2018· 54 min

    Recoletos TVCanal oficial

  • Conferencia 'La Espiritualidad de San Agustín', Fray Enrique Eguiarte

    Conferencia· ES· 2017· 65 min

    Recoletos TVCanal oficial

  • 7ª.-8ª.- San Agustín de Hipona

    Conferencia· ES· 2023· 161 min

    Fundación Universitaria EspañolaCanal oficial

  • La Ciudad de Dios y la Ciudad de los Hombres en San Agustín

    Conferencia· ES· 2020· 52 min

    Instituto de Ciencias Teológicas

  • Augustinus | Josef Schmidt

    Conferencia· DE· 2016· 10 min

    uni auditorium – wissen online

  • Saint Augustin

    Documental· FR· 2012· 52 min

    KTO TVCanal oficial

Galería

Galería

Imágenes con licencia verificada. Cada una conserva su autoría y su atribución.

Manuscritos

Manuscritos

Testimonios manuscritos y textos antiguos, con su custodio y sus condiciones de consulta.

  • LA · Semiuncial · 397–401

    Confessiones (códice Sessoriano)

    Testimonio conservado
    Testimonio más antiguo conocido de las Confesiones (s. VI), base de las ediciones críticas modernas
    Custodio
    Biblioteca Nazionale Centrale Vittorio Emanuele II, Roma · Sessor. 55
  • LA · Minúscula · 386–430

    Epistulae (cartas Divjak)

    Testimonio conservado
    Dos manuscritos medievales que transmiten, junto a cartas conocidas, veintinueve cartas inéditas identificadas por Johannes Divjak en 1975
    Custodio
    Bibliothèque municipale de Marseille; Bibliothèque nationale de France, París · Marseille, BM 209; Paris, BnF lat. 16861
  • LA · Minúscula gótica · 391–430

    Sermones (códice de Maguncia, sermones Dolbeau)

    Testimonio conservado
    Códice del s. XV procedente de la cartuja de Maguncia que conserva una colección africana de sermones, entre ellos veintiséis desconocidos o incompletos, identificados por François Dolbeau en 1990
    Custodio
    Stadtbibliothek Mainz · I 9
  • LA · Minúscula · s. V (sermones)

    Sermones (códice de Erfurt)

    Testimonio conservado
    Manuscrito medieval en el que Isabella Schiller, Dorothea Weber y Clemens Weidmann identificaron en 2007–2008 seis sermones desconocidos
    Custodio
    Universitätsbibliothek Erfurt
Manuscritos →

Relaciones

Relaciones

Influencias, discipulados y afinidades. Se distingue la relación documentada de la similitud identificada por análisis.

  • Recibió influencia de

    Plotino

    Los «libros de los platónicos» que Agustín leyó en Milán en 386 eran, al menos en parte, tratados de Plotino en la traducción latina de Mario Victorino (Confesiones VII,9,13). Lo cita por su nombre en La ciudad de Dios (IX,10; X,14) y su ascenso interior, su teoría del mal como privación y su concepción del tiempo responden a las Enéadas.

    Relación documentada

  • Recibió influencia de

    Platón

    Agustín no leía griego con soltura y conoció a Platón sobre todo a través de Cicerón y de los neoplatónicos; aun así, en La ciudad de Dios VIII considera a los platónicos los filósofos más cercanos al cristianismo y discute el Timeo. Su teoría de las ideas como pensamientos divinos (De diversis quaestionibus 83, q. 46) cristianiza la doctrina platónica.

    Relación documentada

  • Recibió influencia de

    Jesús de Nazaret

    Toda la obra de Agustín es interpretación de la figura de Cristo, al que llama «maestro interior» y «camino»; sus comentarios a los evangelios (sobre el Sermón de la montaña, los Tratados sobre Juan, la concordancia de los evangelistas) son la parte más extensa de su exégesis.

    Relación documentada

  • Influyó en

    Teresa de Ávila

    Teresa leyó las Confesiones en la traducción castellana que acababa de aparecer, en la época de su conversión de 1554, y cuenta en el Libro de la vida (9,7–8) que al llegar a la escena del jardín se sintió leída: «me parece que me lo dijo a mí el Señor».

    Relación documentada

  • Influyó en

    Maestro Eckhart

    Agustín es, con Dionisio, la autoridad más citada por Eckhart, que retoma su tema del hombre interior, la imagen de Dios en el alma y la Trinidad de la mente; los procesos de Colonia y Aviñón discutieron precisamente si sus lecturas de Agustín eran ortodoxas.

    Relación documentada

  • Ideas afines a

    Catalina de Siena

    El Diálogo de Catalina organiza la vida del alma según la tríada agustiniana de memoria, entendimiento y voluntad, mediada por la predicación dominicana; no consta que ella leyera directamente a Agustín, que no conocía el latín escolar.

    Similitud identificada por análisis

  • Ideas afines a

    Juliana de Norwich

    Juliana reflexiona sobre el pecado, la caída y la gracia en un horizonte agustiniano, pero su visión del pecado como algo «necesario» y de Dios que no culpa se aparta del rigor del Agustín tardío. No hay lectura documentada.

    Similitud identificada por análisis

  • Ideas afines a

    Francisco de Asís

    Ambos encarnan una conversión radical que transforma una vida mundana, pero Francisco es un predicador de la pobreza sin pretensión teológica, y su espiritualidad de la creación contrasta con la interioridad agustiniana. Sin relación documentada.

    Similitud identificada por análisis

  • Ideas afines a

    Hildegarda de Bingen

    Hildegarda se formó en la teología monástica de tradición agustiniana y, como Agustín, escribe una teología de la historia de la salvación; pero su modo visionario y cosmológico es ajeno a la introspección agustiniana. Sin lectura documentada concreta.

    Similitud identificada por análisis

  • Ideas afines a

    Sócrates

    El «conócete a ti mismo» socrático, que Agustín conoce por Cicerón, reaparece transformado en su búsqueda de Dios a través del autoconocimiento.

    Similitud identificada por análisis

  • Ideas afines a

    Al-Ghazali

    Las memorias espirituales de al-Ghazali (El que libra del error) narran, como las Confesiones, una crisis escéptica superada por una iluminación y una conversión a la vida contemplativa. No hay relación histórica.

    Similitud identificada por análisis

Fuentes

Fuentes

Bibliografía y catálogos consultados para esta ficha.

  1. Wikidata, Q8018 «Agustín de Hipona / Augustine of Hippo» (P31=Q5; 228 enlaces entre wikis; P569 354-11-13, P570 430-08-28).
  2. Brown, Peter. Augustine of Hippo: A Biography. Londres: Faber & Faber, 1967; nueva edición con epílogo, Berkeley: University of California Press, 2000. Trad. esp.: Agustín de Hipona. Madrid: Acento, 2001.
  3. Agustín de Hipona. Confessionum libri XIII. Ed. Lucas Verheijen. Corpus Christianorum Series Latina 27. Turnhout: Brepols, 1981. Trad. inglesa de Henry Chadwick, Oxford: Oxford University Press, 1991.
  4. Posidio de Calama. Vita Augustini y Operum S. Augustini elenchus (Indiculum). Ed. A. Wilmart, «Operum S. Augustini Elenchus a Possidio eiusdem discipulo Calamensi episcopo digestus», en Miscellanea Agostiniana II. Roma: Tipografia Poliglotta Vaticana, 1931, pp. 149–233; Vita ed. A. A. R. Bastiaensen, Vita di Cipriano, Vita di Ambrogio, Vita di Agostino. Milán: Fondazione Lorenzo Valla / Mondadori, 1975.
  5. Agustín de Hipona. Retractationum libri II. Ed. Almut Mutzenbecher. Corpus Christianorum Series Latina 57. Turnhout: Brepols, 1984.
  6. Fitzgerald, Allan D. (dir.). Augustine through the Ages: An Encyclopedia. Grand Rapids: William B. Eerdmans, 1999 (trad. esp.: Diccionario de San Agustín. Burgos: Monte Carmelo, 2001).
  7. Mendelson, Michael. «Saint Augustine». Stanford Encyclopedia of Philosophy, ed. Edward N. Zalta (primera publicación 2000; revisiones posteriores).
  8. Lancel, Serge. Saint Augustin. París: Fayard, 1999. Trad. inglesa de Antonia Nevill, Saint Augustine. Londres: SCM Press, 2002.
  9. Agustín de Hipona. De civitate Dei libri XXII. Ed. Bernhard Dombart y Alfons Kalb. Corpus Christianorum Series Latina 47–48. Turnhout: Brepols, 1955.
  10. Dekkers, Eligius, y Aemilius Gaar. Clavis Patrum Latinorum. 3.ª ed. Turnhout: Brepols / Steenbrugge: Abbatia Sancti Petri, 1995, núms. 250–386 (Agustín).
  11. Divjak, Johannes (ed.). Sancti Aureli Augustini Opera: Epistolae ex duobus codicibus nuper in lucem prolatae. Corpus Scriptorum Ecclesiasticorum Latinorum 88. Viena: Hoelder-Pichler-Tempsky, 1981.
  12. Dolbeau, François. Augustin d'Hippone, Vingt-six sermons au peuple d'Afrique. París: Institut d'Études Augustiniennes, 1996 (2.ª ed., 2009).
  13. Sant'Agostino – Augustinus Hipponensis. Opera omnia (texto latino de la Nuova Biblioteca Agostiniana y traducción italiana, Città Nuova Editrice).
  14. New Advent, Fathers of the Church: textos de Agustín según Nicene and Post-Nicene Fathers, First Series, vols. 1–8, ed. Philip Schaff. Buffalo: Christian Literature Publishing Co., 1886–1888; transcripción de Kevin Knight.
  15. Wikipedia en inglés, «Bibliography of Augustine of Hippo» (consultada para el cotejo de la lista de obras).
  16. O'Donnell, James J. Augustine: Confessions. Introduction, Text and Commentary. 3 vols. Oxford: Clarendon Press, 1992 (versión electrónica en stoa.org).
  17. Courcelle, Pierre. Recherches sur les Confessions de saint Augustin. París: De Boccard, 1950 (2.ª ed. ampliada, 1968).
  18. Bonner, Gerald. St Augustine of Hippo: Life and Controversies. Londres: SCM Press, 1963; 3.ª ed., Norwich: Canterbury Press, 2002.
  19. Machielsen, John. Clavis Patristica Pseudepigraphorum Medii Aevi. Vol. I A–B: Opera homiletica; vol. II A–B: Theologica, exegetica… Turnhout: Brepols, 1990–1994 (pseudoagustinianos).
  20. Schiller, Isabella, Dorothea Weber y Clemens Weidmann. «Sechs neue Augustinuspredigten. Teil 1 mit Edition dreier Sermones». Wiener Studien 121 (2008), pp. 227–284; Teil 2, Wiener Studien 122 (2009), pp. 171–213.
  21. Verheijen, Luc. La Règle de saint Augustin. 2 vols. París: Études Augustiniennes, 1967.
  22. Project Gutenberg: The Confessions of St. Augustine (trad. E. B. Pusey, n.º 3296); The City of God, vols. I–II (trad. Marcus Dods, n.º 45304–45305); Confessiones (latín, n.º 33849); Writings in Connection with the Donatist Controversy (trad. J. R. King, n.º 45843).
  23. The Latin Library: Augustinus (Confessiones, De civitate Dei, De Trinitate y otros textos latinos).
  24. Open Library (Internet Archive), registros de edición consultados por ISBN para las ediciones listadas.
  25. Wikisource en español: Agustín de Hipona, La ciudad de Dios, trad. José Cayetano Díaz de Beyral (Madrid: Viuda de Hernando, Biblioteca Clásica, 1893).
Titular de derechos
Dominio público (obra del siglo V). Las ediciones críticas (Brepols/Corpus Christianorum, CSEL de la Academia de Viena), traducciones y aparatos modernos (BAC, New City Press, Oxford, Penguin, Cambridge, Città Nuova) están sujetos a los derechos de sus editores.

Pendiente de confirmar

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  • Verificar en catálogo los ISBN de las ediciones del Corpus Christianorum y del CSEL (se citan sin ISBN) y localizar ISBN de ediciones españolas de De doctrina christiana, Enchiridion, De libero arbitrio y los diálogos de Casiciaco (BAC, Obras completas I–III): Open Library no los devuelve con título fiable.
  • Confirmar el contenido exacto de los volúmenes de las Obras completas de la BAC registrados por ISBN (V: Trinidad; XIX: Enarraciones; XIb: Cartas; VII: Sermones): los títulos de Open Library mezclan el título de la serie («Escritos apologéticos») con el del volumen.
  • Los ISBN 9788479144593 (La ciudad de Dios, BAC, 2000) y 9788430946495 (Tecnos, 2007) aparecen en Open Library sin traductor: completar traductor y colección.
  • Localizar una traducción española de dominio público de las Confesiones con texto completo (Wikisource no la tiene transcrita; Gutenberg tampoco): candidata, la de Eugenio de Zeballos (1781) en escaneos de bibliotecas digitales; no se ha registrado porque los escaneos sin OCR no sirven a la sala de lectura.
  • Verificar el tipo de escritura y la datación exacta del códice Sessoriano 55 de las Confesiones y la signatura del códice de Erfurt de los sermones nuevos (Universitätsbibliothek Erfurt, Dep. Erf. CA 2° 12, según la bibliografía consultada de memoria; se ha dejado sin signatura).
  • Añadir el códice de Verona (Biblioteca Capitolare, XXVIII [26]), testimonio uncial del s. V de La ciudad de Dios, tras confirmar en CLA (Lowe) qué libros contiene.
  • Los traductores de NPNF registrados en reading_texts son del siglo XIX; conviene comprobar uno a uno las fechas de muerte (en especial R. E. Wallis, C. C. Starbuck y R. G. MacMullen) para la regla española de ochenta años.
  • New Advent agrupa en la página 1401 las dos partes del De moribus; la segunda (De moribus Manichaeorum) está en https://www.newadvent.org/fathers/1402.htm: el importador debe tratarlas como una sola obra.
  • Primera aparición escrita de la leyenda del niño y la concha: no se ha podido fijar con una fuente concreta (se marca como «unverifiable»).
  • Las descripciones de obras perdidas (Contra Hilarum, Ad Emeritum, Probationum et testimoniorum, etc.) son breves porque solo las conocemos por una frase de las Retractationes; no se han alargado artificialmente.
  • Programas de afiliación: ninguno verificado para las editoriales listadas; lista vacía.
  • Vídeos: no se encontró una clase universitaria en italiano de canal institucional verificable; se dejan quince vídeos en inglés, español, alemán y francés.

Investigado el 2026-10-25