Grandes conceptos de la humanidad
El yo
आत्मन्
ātman
sa · Devanagari
Sí mismo; en las Upaniṣad, el principio consciente e imperecedero de la persona, que el Vedānta no dual identifica con Brahman.
अहंकार
ahaṃkāra
sa · Devanagari
Literalmente, hacedor del yo; en el Sāṃkhya, la función que se apropia de la experiencia diciendo yo y mío. Suele traducirse por ego.
anattā
anattā
pi · Latin
No-yo; una de las tres marcas de la existencia en el budismo: nada de lo que se observa en uno mismo es un yo permanente y autónomo.
བདག
bdag
bo · Tibetan
Yo, sí mismo; en el budismo tibetano, sobre todo como objeto de negación: la ausencia de un yo con existencia propia (bdag med).
نَفْس
nafs
ar · Arabic
Alma, persona, uno mismo; en el sufismo, el yo apetitivo que hay que educar, con grados que el Corán nombra de la incitadora al mal a la sosegada.
己
jǐ
zh · Han
Uno mismo; en las Analectas, el yo que se cultiva y se vence para volver al rito y realizar la humanidad (仁).
A qué se refiere la palabra yo
Todo ser humano dice yo sin dificultad, y casi ninguno sabría decir a qué se refiere. La pregunta que las tradiciones formulan con este concepto no es psicológica en primer lugar, sino ontológica y práctica a la vez: si hay en nosotros algo permanente que sea propiamente uno mismo, y si la respuesta cambia el modo de vivir. Las respuestas van desde la afirmación de un Sí mismo idéntico al Absoluto hasta la negación de cualquier yo sustancial, pasando por un yo que solo existe en relación. Conviene no traducirlas todas a la misma palabra.
Afirmar, negar, construir
Las Upaniṣad buscan el ātman, el que ve sin ser visto. La Chāndogya Upaniṣad (6.8.7) concluye una serie de enseñanzas de Uddālaka a su hijo con la fórmula tat tvam asi, tú eres eso; la Bṛhadāraṇyaka (2.3.6) describe lo último por negaciones sucesivas, neti neti, no esto, no esto. El Vedānta no dual de Śaṅkara identifica el ātman con Brahman y considera que el yo empírico es una superposición. Para esa misma tradición, y para el Sāṃkhya del que toma el término, el ahaṃkāra, el hacedor del yo, no es el Sí mismo sino un producto de la naturaleza: la función que se apropia de la experiencia. Cuando hoy se traduce ahaṃkāra por ego y ātman por Yo, con mayúscula, se conserva esa distinción.
El budismo antiguo tomó el camino contrario. En el discurso sobre la característica del no-yo (Saṃyutta Nikāya 22.59), el Buda examina los cinco agregados, cuerpo, sensación, percepción, formaciones y conciencia, y muestra que ninguno puede ser un yo, porque es impermanente, causa malestar y no obedece a nuestra voluntad. Pero cuando el asceta Vacchagotta le pregunta directamente si existe un yo, guarda silencio (Saṃyutta Nikāya 44.10), porque ambas respuestas confirmarían una opinión extrema. Anattā es una enseñanza para soltar el apego, no una tesis metafísica más. La escuela Madhyamaka, central en el budismo tibetano, precisa que lo negado es un yo con existencia propia (bdag), no el yo convencional que actúa y responde de sus actos.
Otras culturas no plantean la cuestión en términos de sustancia. En las Analectas (12.1) Confucio define la humanidad (仁) como vencerse a uno mismo y volver al rito: el yo (己) es algo que se cultiva en las relaciones con los padres, los gobernantes y los amigos. El sufismo distingue en la nafs grados que toma del Corán: la que incita al mal (12,53), la que se reprocha (75,2) y la sosegada (89,27). El yo no se niega ni se identifica con Dios sin más: se educa y, en su culminación, se extingue en Él (fanāʾ) para subsistir por Él (baqāʾ).
Coincidencias aparentes
En el siglo XX se multiplicaron las voces que llaman ego a una construcción mental. Krishnamurti sostuvo que el yo es un haz de recuerdos y que el observador es lo observado; Gurdjieff y Ouspensky enseñaron que el ser humano no tiene un yo único, sino muchos que se turnan; Eckhart Tolle describe el ego como identificación con el pensamiento.
Las coincidencias son reales en lo negativo: casi todos desconfían del yo que se defiende, se compara y se apropia. Pero divergen en lo positivo. Para el Vedānta, bajo el ego hay un Sí mismo eterno; para el budismo, no hay que buscar nada debajo; para Gurdjieff, el yo verdadero todavía no existe y hay que construirlo; para Confucio, el yo se completa en la relación; para el sufismo, el yo purificado retorna a un Dios personal. Decir que todos hablan de trascender el ego oculta que no coinciden en qué queda cuando el ego deja de mandar.
Desde cada tradición
Advaita Vedanta · ātman
Para el Vedānta no dual, el yo verdadero es el ātman, conciencia pura que no nace ni muere, idéntica a Brahman. Śaṅkara explica el error ordinario como superposición (adhyāsa): atribuimos al Sí mismo las propiedades del cuerpo y de la mente, y a la mente la conciencia del Sí mismo; así lo expone en la introducción a su comentario a los Brahma Sūtra. Ramana Maharshi propuso un método directo: preguntar quién soy yo y seguir el pensamiento yo hasta su fuente, donde se disuelve. Nisargadatta Maharaj enseñaba a permanecer en el sentimiento de ser hasta ver que uno no es nada de lo que percibe. El ego no se destruye por esfuerzo: se reconoce como irreal.
Budismo · anattā
El Anattalakkhaṇa Sutta (SN 22.59), presentado como el segundo discurso del Buda, recorre los cinco agregados y concluye que de ninguno puede decirse esto es mío, esto soy yo, esto es mi yo. El budismo no niega que haya una persona que actúa y recoge los frutos de sus actos; niega que exista en ella un núcleo permanente e independiente. La escuela Madhyamaka, de Nāgārjuna a Tsongkhapa, precisa que el yo existe de modo convencional y dependiente, pero no por sí mismo; esa es la posición que explica el Dalái Lama. Thich Nhat Hanh lo expresa con la noción de interser: estamos hechos de elementos que no son nosotros.
Confucianismo · 己
Confucio no especula sobre la naturaleza metafísica del yo. Su interés es su formación. En las Analectas (12.1) define la humanidad (仁) como vencerse a uno mismo y volver al rito, y añade que su práctica depende de uno mismo, no de los demás. El yo se forma en el estudio, en el examen diario de la propia conducta, del que habla su discípulo Zengzi (1.4), y sobre todo en las relaciones: hijo, padre, súbdito, amigo. No se trata de descubrir un fondo oculto ni de negarlo, sino de llegar a ser plenamente humano. Ser alguien es un logro social y moral, no un dato previo.
Sufismo · nafs
La tradición sufí lee en el Corán una pedagogía del yo. La nafs que incita al mal (12,53) es el yo apetitivo y posesivo; la que se reprocha (75,2), la conciencia que empieza a examinarse; la sosegada (89,27), el alma reconciliada a la que se invita a volver a su Señor. El camino consiste en combatir y educar la nafs bajo la guía de un maestro hasta la extinción (fanāʾ) del yo propio en Dios y la subsistencia (baqāʾ) por Él. Ibn Arabi interpreta el dicho tradicional quien se conoce a sí mismo conoce a su Señor como clave de esa vía. Rumi multiplica las imágenes del yo que debe morir para vivir.
Cuarto Camino · muchos yoes
Según Gurdjieff, tal como lo transmite Ouspensky en Fragmentos de una enseñanza desconocida, el ser humano no tiene un Yo permanente e indivisible. Cada pensamiento, deseo o sensación dice yo, y cada uno de esos pequeños yoes compromete a todo el ser humano sin consultar a los demás; por eso promete lo que otro yo no cumplirá. La enseñanza no niega que pueda haber un Yo real, pero sostiene que no se nace con él: hay que formarlo mediante trabajo consciente, recuerdo de sí y sufrimiento voluntario. Esta tesis se parece al no-yo budista en el diagnóstico, pero lo invierte en el remedio, que consiste en construir unidad, no en soltar la idea de yo.
No dualidad contemporánea · ego
Eckhart Tolle, en El poder del ahora (1997) y Un nuevo mundo, ahora (2005), describe el ego como la identificación con la mente: con los pensamientos, la historia personal, los roles y las posesiones. No lo considera una entidad, sino un patrón que necesita compararse, tener razón y proyectarse en el tiempo. Frente a él sitúa la presencia, la conciencia que puede observar el pensamiento sin confundirse con él. Su lenguaje toma elementos del Vedānta, del budismo y de la mística cristiana sin adherirse a ninguno, y no incluye las disciplinas éticas, rituales o comunitarias que esas tradiciones consideran inseparables de la transformación del yo.
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