Grandes conceptos de la humanidad
Compasión
करुणा
karuṇā
sa · Devanagari
Compasión, deseo de que los seres se liberen del sufrimiento; una de las cuatro moradas sublimes del budismo y, en el Mahāyāna, inseparable de la sabiduría.
སྙིང་རྗེ
snying rje
bo · Tibetan
Compasión; literalmente, corazón y señor o noble. Traduce karuṇā y es la base de la mente del despertar (bodhicitta) en el budismo tibetano.
惻隱
cèyǐn
zh · Han
Conmiseración, el dolor ante el sufrimiento ajeno; para Mencio, el brote innato de la humanidad (仁).
רַחֲמִים
raḥămîm
he · Hebrew
Misericordia, ternura; de la misma raíz que reḥem, seno materno. Es uno de los atributos con que Dios se proclama en Éxodo 34,6.
رحمة
raḥma
ar · Arabic
Misericordia; de la raíz r-ḥ-m, emparentada con el seno materno. De ella proceden al-Raḥmān y al-Raḥīm, los dos nombres divinos de la fórmula que abre las suras.
σπλαγχνίζομαι
splanchnízomai
grc · Greek
Conmoverse en las entrañas; verbo con que los evangelios describen la reacción de Jesús ante la multitud o el enfermo, y la del samaritano.
Sufrir con otro
La palabra latina compassio calca la griega sympátheia: padecer con. La pregunta que la humanidad formula con este concepto tiene tres partes. Si es posible sentir el dolor ajeno como propio; si es deseable; y qué lo funda, la naturaleza humana, la imitación de Dios o la comprensión de que no hay un yo separado. Que la mayoría de las tradiciones valoren la compasión no significa que valoren lo mismo.
Las lenguas semíticas la ligan al cuerpo de la madre. El hebreo raḥămîm y el árabe raḥma comparten la raíz del seno materno, y ambas tradiciones la atribuyen primero a Dios. En Éxodo 34,6 Dios se proclama compasivo y clemente; el Corán abre casi todas sus suras invocando a Dios como al-Raḥmān y al-Raḥīm, y afirma que su misericordia lo abarca todo (7,156). Para el judaísmo rabínico, la compasión humana es imitación de Dios: el Talmud enseña a seguir sus atributos, vestir al desnudo, visitar al enfermo, consolar al que está de luto (Sotá 14a). El griego de los evangelios usa un verbo de entrañas, splanchnízomai, para la reacción de Jesús ante la multitud (Marcos 6,34) y para la del samaritano ante el herido (Lucas 10,33).
Una emoción, una virtud, una visión
En el budismo, karuṇā es una de las cuatro moradas sublimes, junto con la benevolencia, la alegría por el bien ajeno y la ecuanimidad. Buddhaghosa, en el Visuddhimagga (cap. 9), la define como el deseo de eliminar el sufrimiento de otros y advierte de sus peligros: su enemigo lejano es la crueldad, y el cercano, la tristeza que se confunde con ella. El Mahāyāna la hace inseparable de la sabiduría: el bodhisattva aspira al despertar por el bien de todos los seres, y Śāntideva, en la Bodhicaryāvatāra (cap. 8), argumenta que, si no hay un yo que sea dueño del sufrimiento, no hay razón para proteger el propio y no el ajeno. La compasión se funda aquí en una tesis sobre la persona.
En China, Mencio (2A6) sostiene que todo ser humano siente conmiseración (惻隱) al ver a un niño a punto de caer en un pozo, sin cálculo de recompensa, y que ese sentimiento es el brote de la humanidad (仁). Pero la tradición confuciana defiende un amor con grados, que empieza por la familia, frente al amor imparcial de los mohistas, que Mencio rechazó (3B9). Los estoicos fueron más lejos en la cautela. Séneca, en Sobre la clemencia (II.5-6), distingue la clemencia de la piedad, que considera un vicio del ánimo: el sabio socorre al que sufre, pero sin dejarse arrastrar por la pasión.
Lo que se comparte y lo que no
Hay un núcleo común: casi todas estas tradiciones reconocen que ante el sufrimiento ajeno algo se mueve en el ser humano y que la vida buena exige responder. También comparten la advertencia de que la compasión puede degenerar en lástima, en sentimentalismo o en desprecio.
Las diferencias son de fundamento. La misericordia bíblica y coránica es ante todo un atributo de Dios que el ser humano imita, y se ejerce en una relación personal. La karuṇā budista se apoya en la ausencia de un yo separado y se extiende a todos los seres sin distinción. La conmiseración menciana es un dato de la naturaleza humana que se cultiva por grados. La clemencia estoica ayuda sin padecer. Decir que todas enseñan la compasión es verdad; decir que enseñan lo mismo, no.
Desde cada tradición
Theravada · karuṇā
En el canon pali, karuṇā es una de las cuatro moradas sublimes (brahmavihāra), estados que se cultivan irradiándolos en todas las direcciones hacia todos los seres. El Visuddhimagga de Buddhaghosa (siglo V) describe su práctica en el capítulo 9: se empieza por alguien que sufre de manera evidente y se extiende progresivamente a los demás, incluidos los enemigos. Su característica es querer eliminar el dolor ajeno; su fallo, la crueldad; su falsificación, la tristeza que se apodera del que mira. Por eso necesita el equilibrio de la ecuanimidad. Los textos muestran también al Buda enseñando por compasión, una motivación que la tradición considera la razón de que no se quedara en silencio tras despertar.
Mahayana · karuṇā / snying rje
El Mahāyāna eleva la compasión a motor del camino. El bodhisattva genera la mente del despertar (bodhicitta) no para sí, sino para liberar a todos los seres, y la compasión y la sabiduría de la vacuidad se describen como dos alas que solo vuelan juntas. Śāntideva, en el capítulo 8 de la Bodhicaryāvatāra, propone igualar y después intercambiar el yo y el otro, porque el sufrimiento no tiene dueño. El budismo tibetano conserva métodos para cultivarla, como la práctica de dar y tomar (tonglen). El Dalái Lama la presenta como fundamento de una ética secular; Thich Nhat Hanh la vincula a la escucha profunda y a la comprensión del que hace daño.
Confucianismo · 惻隱 / 仁
En las Analectas, Confucio responde a Fan Chi que la humanidad (仁) consiste en amar a los demás (12.22), y resume la conducta en no hacer a otros lo que uno no desea para sí (15.24). Mencio desarrolló el fundamento: todo ser humano siente conmiseración (惻隱) al ver a un niño a punto de caer en un pozo, y ese sentimiento espontáneo es el brote de la humanidad (2A6). Pero el confucianismo no predica un amor indiferenciado: el afecto se ordena empezando por los padres y se extiende hacia fuera, y Mencio criticó a Mozi por proponer un amor igual para todos (3B9). La compasión es aquí naturaleza que se cultiva dentro de relaciones concretas.
Judaísmo · raḥămîm
Los trece atributos de misericordia que la tradición extrae de Éxodo 34,6-7 empiezan por la compasión y la clemencia de Dios, y se recitan en la liturgia penitencial. La palabra raḥămîm deriva de reḥem, seno materno, y sugiere la ternura de quien ha engendrado. El Talmud convierte el atributo divino en obligación humana: así como Dios vistió a Adán, visitó a Abraham enfermo y consoló a Isaac, así debe hacerse (Sotá 14a). Esa imitación se concreta en preceptos, como la limosna (tsedaká) y las obras de bondad (gemilut ḥasadim). La compasión judía no es un sentimiento abstracto: es una conducta prescrita que responde a un Dios que primero se compadece.
Islam · raḥma
La raḥma es el atributo con el que el Corán presenta a Dios con más frecuencia: al-Raḥmān y al-Raḥīm abren todas las suras salvo una, y Dios declara que su misericordia abarca todas las cosas (7,156). Una tradición recogida por al-Bujārī y Muslim afirma que, al crear, Dios escribió que su misericordia prevalece sobre su ira. El creyente está llamado a reflejarla en el trato con los débiles y con los animales. Ibn Arabi hizo de ella un principio ontológico: la existencia misma de las criaturas es efecto del aliento misericordioso de Dios (nafas al-Raḥmān). Rumi la canta como el amor que precede y sostiene todo.
Cristianismo · splanchnízomai
Los evangelios usan el verbo splanchnízomai, conmoverse en las entrañas, para describir la reacción de Jesús ante la multitud sin pastor (Marcos 6,34; Mateo 9,36) y ante el leproso (Marcos 1,41), y lo ponen también en el samaritano que se detiene ante el herido (Lucas 10,33) y en el padre del hijo pródigo (Lucas 15,20). La compasión se traduce siempre en un gesto: curar, alimentar, acoger. Jesús manda ser misericordiosos como el Padre es misericordioso (Lucas 6,36) y, en la escena del juicio (Mateo 25,31-46), identifica el servicio al necesitado con el servicio a él mismo. Teresa de Ávila insiste en que el amor al prójimo es la señal más cierta del amor a Dios.
Estoicismo · clementia
Los estoicos ofrecen el contrapunto más claro. Para ellos la piedad o conmiseración (éleos, misericordia) es una pasión, un sufrimiento por el mal ajeno que nubla el juicio. Séneca, en Sobre la clemencia (II.5-6), afirma que el sabio no se compadece en ese sentido, pero no por dureza: socorrerá al náufrago, dará al necesitado y devolverá el hijo a la madre que llora, con ánimo sereno. La clemencia es una virtud de la razón; la piedad, un defecto del ánimo débil. El estoicismo apoya esa ayuda en la idea de una comunidad racional de todos los seres humanos. La benevolencia activa sustituye aquí al padecer con.
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