Ir al contenido
The ConsciousLibrary

Grandes conceptos de la humanidad

Meditación

  • भावना

    bhāvanā

    sa · Devanagari

    Hacer llegar a ser, cultivo; en el budismo, el término general para el desarrollo deliberado de la mente, sea calma o visión.

  • ध्यान

    dhyāna

    sa · Devanagari

    Absorción meditativa; en el Yoga, el flujo continuo de la mente hacia un objeto; en el budismo, los estados de absorción (pali jhāna). De él derivan el chino chan y el japonés zen.

  • 坐禅

    zazen

    ja · Kanji

    Meditación sentada; práctica central del zen, que en la escuela Sōtō se entiende como expresión del despertar y no como medio para alcanzarlo.

  • སྒོམ

    sgom

    bo · Tibetan

    Meditación; emparentado con la idea de familiarizarse o habituarse. El budismo tibetano distingue la meditación analítica de la meditación de asentamiento.

  • meditatio

    meditatio

    la · Latin

    Ejercicio, ensayo, reflexión; en la tradición monástica, la rumiación de un texto sagrado, etapa discursiva previa a la oración y a la contemplación.

  • ذِكْر

    dhikr

    ar · Arabic

    Recuerdo, mención; en el sufismo, la repetición de los nombres de Dios o de fórmulas sagradas. No es meditación en sentido estricto, sino rememoración de Dios.

Cultivar la mente

La meditación responde a una pregunta práctica que acompaña a la humanidad desde antiguo: si la mente puede transformarse deliberadamente, como se entrena un cuerpo, y qué se busca al hacerlo. Hoy la palabra se usa para casi cualquier práctica de silencio o concentración, y esa amplitud oculta que las tradiciones persiguen fines diferentes con métodos que solo se parecen desde fuera.

Un dato basta para mostrar la confusión. En latín, meditatio significaba ejercicio, ensayo, reflexión. El monje cartujo Guigo II, en su Escala de los monjes (hacia 1150), ordenó la lectura orante en cuatro peldaños: lectura, meditación, oración y contemplación. La meditación era el segundo, la rumiación discursiva de un texto; la contemplación, el silencio sin discurso, venía después y era superior. En el uso actual, meditación designa casi siempre lo contrario: la práctica no discursiva que Guigo habría llamado contemplación. Leer un texto medieval con el significado moderno lleva a malentenderlo.

Absorción, visión, rememoración

En sánscrito hay varias palabras. Dhyāna es la absorción: los Yoga Sūtra la sitúan entre la concentración (dhāraṇā) y el samādhi (3.1-3), y definen el yoga entero como el cese de las fluctuaciones de la mente (1.2). El budismo antiguo describe cuatro absorciones (jhāna), pero el término general es bhāvanā, cultivo, que abarca la calma (samatha) y la visión penetrante (vipassanā). La absorción sola no libera; libera la comprensión. Al pasar a China, dhyāna se transcribió como chan, y en Japón se leyó zen. Dōgen, en su Recomendación universal del zazen (1227), presenta el sentarse no como técnica para obtener algo, sino como práctica del despertar mismo.

El budismo tibetano llama a la meditación sgom, término relacionado con la familiarización, y distingue la meditación analítica, que examina un tema hasta convencerse, de la meditación de asentamiento, que reposa en lo comprendido. Aquí pensar es también meditar, lo que contradice la idea popular de que meditar es dejar la mente en blanco.

Las religiones abrahámicas cultivan algo próximo bajo otros nombres. El sufismo practica el dhikr, recuerdo de Dios mediante la repetición de sus nombres, apoyado en el Corán: en el recuerdo de Dios se sosiegan los corazones (13,28). El hesicasmo ortodoxo une la oración de Jesús a la respiración. El jasidismo de Breslov enseña la hitbodedut, conversación espontánea y solitaria con Dios. Todas estas prácticas son relacionales: no observan la mente, se dirigen a alguien. El taoísmo, por su parte, conoce el sentarse en el olvido (坐忘), que el Zhuangzi pone en boca de Yan Hui (cap. 6): dejar caer el cuerpo y la inteligencia hasta identificarse con la gran corriente.

Lo que se parece y lo que no

Casi todas estas prácticas comparten postura, silencio, repetición y la necesidad de constancia, y casi todas advierten de los estados extraordinarios como posibles distracciones. Por eso la ciencia contemporánea ha podido estudiarlas con instrumentos comunes.

Pero lo que buscan difiere. El yoga clásico aísla la conciencia de la naturaleza; el budismo cultiva la visión de la impermanencia y el no-yo; el zen de Dōgen no busca nada fuera del propio sentarse; el dhikr y la oración del corazón buscan la presencia de Dios; la meditación analítica tibetana transforma convicciones; la técnica secular, con frecuencia, alivia el estrés. Krishnamurti llegó a negar que la meditación pudiera ser un método. Hablar de meditación en singular es cómodo; suponer que es una sola práctica, no.

Desde cada tradición

Yoga · dhyāna

Los Yoga Sūtra definen el yoga como el cese de las fluctuaciones de la mente (1.2) y enumeran ocho miembros, de la ética y la postura a la concentración, la absorción (dhyāna) y el samādhi (2.29). Los tres últimos, practicados sobre un mismo objeto, forman el saṃyama (3.4). El fin es que el que ve repose en su propia forma (1.3), separado de lo visto. Vivekananda presentó este sistema en Raja Yoga (1896) como ciencia experimental de la mente. Yogananda difundió el kriya yoga, técnica de su linaje que describe en el capítulo 26 de su Autobiografía de un yogui (1946). Sadhguru enseña prácticas propias dentro del mismo horizonte de tecnología interior.

Theravada · bhāvanā

El canon pali distingue el cultivo de la calma (samatha), que conduce a las cuatro absorciones, y el cultivo de la visión (vipassanā), que examina la impermanencia, el malestar y el no-yo de los fenómenos. Los textos relatan que el futuro Buda aprendió de dos maestros estados de absorción muy elevados y los abandonó porque no conducían al despertar (Majjhima Nikāya 26). La calma prepara; la comprensión libera. El Visuddhimagga de Buddhaghosa sistematizó cuarenta objetos de meditación adaptados a distintos temperamentos. En el siglo XX, maestros birmanos como Mahasi Sayadaw difundieron métodos de visión que dieron origen a buena parte de la meditación laica actual.

Zen / Chan · zazen

El zen hizo de la meditación sentada el centro de la vida religiosa. Dōgen (1200-1253), fundador de la escuela Sōtō en Japón, describe en la Recomendación universal del zazen la postura, la respiración y la actitud de no perseguir pensamientos ni rechazarlos, y en el Bendōwa sostiene que la práctica y la realización son una sola cosa: sentarse no es un medio para despertar, sino su expresión. Esta práctica, llamada solo sentarse (shikantaza), contrasta con el trabajo con kōan de la escuela Rinzai, que busca una ruptura. Thich Nhat Hanh, formado en el zen vietnamita, extendió la meditación a caminar, comer y trabajar, con la respiración como ancla.

Budismo tibetano (Vajrayana) · sgom

La palabra tibetana para meditar está emparentada con familiarizarse, y el Dalái Lama la explica a menudo así: meditar es habituar la mente a un modo de ver hasta que se vuelva natural. La tradición distingue la meditación analítica (dpyad sgom), que razona sobre un tema como la impermanencia o la compasión, y la de asentamiento (’jog sgom), que reposa en la convicción alcanzada; ambas se alternan. El Vajrayāna añade la visualización de deidades, la recitación de mantras y prácticas del cuerpo sutil, transmitidas por iniciación. Milarepa representa el ideal del meditador solitario: años en cuevas bajo las instrucciones de Marpa, practicando el calor interior (gtum mo) y el Mahāmudrā.

Sufismo · dhikr

El Corán manda recordar mucho a Dios (33,41) y afirma que en su recuerdo se sosiegan los corazones (13,28). El sufismo convirtió ese recuerdo en método: la repetición, en voz alta o en silencio, de la profesión de fe, del nombre Allāh o de otros nombres divinos, a menudo con un ritmo respiratorio y bajo la dirección de un maestro. Las órdenes difieren: la Naqshbandiyya prefiere el dhikr silencioso del corazón; la Mawlawiyya, fundada en torno al legado de Rumi, practica la audición musical y el giro ceremonial (samāʿ). El dhikr no busca observar la mente ni vaciarla, sino que el recuerdo de Dios la ocupe por completo hasta el olvido de sí.

Mística cristiana · meditatio

En la tradición latina, la meditación es la reflexión sobre la Escritura o los misterios de la vida de Cristo, y forma parte de una escala que culmina en la contemplación; así la ordena Guigo II en su Escala de los monjes. Teresa de Ávila defendió la oración mental, que define en el Libro de la vida (cap. 8) como tratar de amistad con quien sabemos que nos ama, frente a quienes la consideraban peligrosa para las mujeres. Pero advirtió contra el intento de suspender el pensamiento por esfuerzo propio: en las cuartas moradas del Castillo interior (cap. 3) aconseja no forzar el silencio de la mente, que si llega, lo da Dios.

Preguntas relacionadas