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Cristianismo · Mística cristiana · Catolicismo

Ignacio de Loyola

1491 – 1556Persona históricamente documentada

Noble guipuzcoano (1491–1556) herido en Pamplona en 1521 que, convertido durante la convalecencia, se hizo peregrino, estudiante en Alcalá, Salamanca y París, y fundador con sus compañeros de la Compañía de Jesús (1540), de la que fue primer general. Sus Ejercicios espirituales, nacidos de la experiencia de Manresa, son un método de oración y discernimiento que ha formado a religiosos y laicos durante cinco siglos. Dejó además las Constituciones de la orden, un Diario espiritual, su relato autobiográfico dictado y unas siete mil cartas.

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Retrato de Ignacio de Loyola

Retrato de Ignacio de Loyola · Public domain

En sus palabras

«El hombre es criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor, y mediante esto salvar su ánima.»

Ejercicios espirituales, [23] Principio y fundamento (trad. inglesa de Elder Mullan, 1914)

Su idea central

Principio y fundamento e indiferencia: El Principio y fundamento ([23]) abre la primera semana de los Ejercicios: el ser humano es criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios, y las demás cosas son criadas para ayudarle en ese fin; de ahí se sigue que debe usarlas «tanto cuanto» le ayuden y apartarse de ellas «tanto cuanto» se lo impidan.

Biografía

5 min de lectura

Un segundón de Loyola

Íñigo López de Loyola nació en 1491 en la casa-torre de Loyola, junto a Azpeitia, en Guipúzcoa, el menor de los trece hijos de Beltrán Yáñez de Oñaz y Loyola y Marina Sánchez de Licona. El año procede de la tradición jesuita fijada por sus primeros biógrafos; el día no consta, y él mismo, al dictar sus recuerdos, se contradice sobre su edad. Fue tonsurado de niño, pero la familia lo destinó a la corte: hacia 1506 entró como paje en la casa de Juan Velázquez de Cuéllar, contador mayor de Castilla, en Arévalo, donde aprendió la cortesía, el gusto por las armas y la lectura de libros de caballerías. Un proceso abierto en 1515 en Azpeitia por delitos cometidos de noche, en carnaval, junto a su hermano Pero López, recuerda que aquella juventud no fue edificante, y él la resumiría después sin indulgencia: «hombre dado a las vanidades del mundo».

Pamplona y la convalecencia

Caído Velázquez en desgracia y muerto en 1517, Íñigo pasó al servicio del duque de Nájera, virrey de Navarra. El 20 de mayo de 1521, durante el asedio francés de Pamplona, convenció al alcaide de resistir cuando todos querían rendirse; una bala de artillería le pasó entre las piernas y le quebró una de ellas. Los franceses lo devolvieron en litera a Loyola, donde los cirujanos volvieron a romper el hueso mal soldado y, a petición suya, serraron el que sobresalía bajo la rodilla, porque le afeaba la pierna y él «determinaba seguir el mundo». Durante la convalecencia pidió novelas de caballerías; en la casa solo había la Vita Christi de Ludolfo de Sajonia y un Flos sanctorum en romance. Leyendo, empezó a preguntarse qué sería si hiciese lo que hicieron san Francisco y santo Domingo, y advirtió que unos pensamientos le dejaban seco y otros alegre: así describe él mismo su primer discernimiento de espíritus.

Montserrat, Manresa y Jerusalén

En febrero de 1522 abandonó Loyola. En Montserrat hizo una confesión general de tres días, colgó la espada y el puñal ante la Virgen, dio sus ropas a un pobre y veló armas a la manera de Amadís la noche del 24 al 25 de marzo. Se detuvo luego cerca de un año en Manresa, mendigando, sirviendo en el hospital y orando muchas horas en una cueva junto al Cardoner. Allí atravesó escrúpulos que le llevaron a pensar en el suicidio y, después, una serie de iluminaciones; la más importante, junto al río, le dejó «como si fuese otro hombre». En esos meses tomó las notas que se convertirían en los Ejercicios espirituales. En 1523 peregrinó a Jerusalén por Roma y Venecia; los franciscanos custodios le obligaron a regresar, y él volvió a Barcelona en 1524 preguntándose qué hacer.

Estudiante bajo sospecha

Decidió estudiar «para ayudar a las ánimas». Aprendió latín en Barcelona entre niños, pasó a Alcalá en 1526 y a Salamanca en 1527. En ambas ciudades predicaba sin grados y reunía seguidores vestidos de sayal, lo que bastó para que la Inquisición y los dominicos lo investigaran como posible alumbrado: estuvo preso cuarenta y dos días en Alcalá y veintidós en Salamanca, donde respondió a quien le compadecía que no había en la ciudad tantos grillos ni cadenas que él no desease más por amor de Dios. Absuelto pero con la prohibición de enseñar sobre pecado mortal y venial hasta haber estudiado, se marchó «solo y a pie» a París a comienzos de 1528.

Los compañeros de París

En el colegio de Montaigu y después en Santa Bárbara compartió cuarto con el saboyano Pierre Favre y el navarro Francisco de Jaso, Javier. Les dio los Ejercicios uno a uno, y a ellos se sumaron Diego Laínez, Alfonso Salmerón, Nicolás de Bobadilla y Simão Rodrigues. El 15 de agosto de 1534, en una capilla de Montmartre, los siete hicieron voto de pobreza y de ir a Jerusalén, o, si en un año no podían embarcar, de ponerse a disposición del papa. Íñigo, maestro en Artes en 1535, volvió a Azpeitia para reponerse y escandalizó a su hermano pidiendo limosna y enseñando catecismo en el hospital de la Magdalena.

Roma y la Compañía

Reunidos en Venecia en 1537, sirvieron en hospitales y fueron ordenados sacerdotes el 24 de junio. La guerra con el turco cerró el paso a Tierra Santa. Camino de Roma, en la capilla de La Storta, en noviembre de 1537, Ignacio —el nombre que empezaba a usar— sintió que el Padre lo ponía con su Hijo; Laínez transmitió las palabras «Ego vobis Romae propitius ero». En la primavera de 1539 los compañeros deliberaron si debían unirse bajo obediencia, y el 27 de septiembre de 1540 Pablo III aprobó la Compañía de Jesús con la bula Regimini militantis Ecclesiae. En abril de 1541 Ignacio fue elegido general por unanimidad, salvo su propio voto, y profesó el 22 en San Pablo Extramuros.

Quince años en un cuarto

No volvió a salir apenas de Roma. Desde las pequeñas habitaciones junto a Santa María de la Estrada gobernó por carta una orden que, a su muerte, rondaba el millar de miembros y unos cuarenta colegios. Pablo III aprobó los Ejercicios en 1548; Ignacio redactó con su secretario Juan Alfonso de Polanco las Constituciones, fundó el Colegio Romano (1551) y el Germánico (1552), abrió la casa de Santa Marta para mujeres que dejaban la prostitución y dejó cerca de siete mil cartas. Su Diario espiritual de 1544–1545 revela, bajo la prosa del gobernante, una mística de lágrimas centrada en la Trinidad. Entre 1553 y 1555 dictó a Luís Gonçalves da Câmara el relato de su vida, en el que se nombra a sí mismo «el peregrino».

La muerte y el legado

Murió al amanecer del 31 de julio de 1556, casi sin que su comunidad advirtiera la gravedad: la víspera había pedido a Polanco que solicitara la bendición del papa Paulo IV, que no le era favorable, y Polanco lo dejó para la mañana siguiente. Fue beatificado en 1609 y canonizado el 12 de marzo de 1622 junto a Francisco Javier, Teresa de Jesús, Felipe Neri e Isidro Labrador. Su legado no es una doctrina, sino un método: aprender a distinguir las mociones interiores, elegir con libertad y «buscar y hallar a Dios en todas las cosas». Los Ejercicios han formado durante cinco siglos a religiosos y laicos de confesiones distintas, y la Compañía se convirtió en la mayor red educativa de la Iglesia. La figura histórica, menos legendaria que la del «soldado convertido», es la de un hombre bajo, cojo y paciente que aprendió a gobernar escuchando.

Fuentes: Ignacio de Loyola. Obras. Transcripción, introducciones y notas de Ignacio Iparraguirre, Cándido de Dalmases y Manuel Ruiz Jurado. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos, 1991 (5.ª ed.). ISBN 9788479140342. · Ignacio de Loyola. Autobiografía (Acta Patris Ignatii), recogida por Luís Gonçalves da Câmara, 1553–1555. Texto castellano en Wikisource. · Ignatius of Loyola. The Spiritual Exercises of St. Ignatius of Loyola. Translated from the Autograph by Elder Mullan, S.J. New York: P. J. Kenedy & Sons, 1914. Texto en Christian Classics Ethereal Library. · García-Villoslada, Ricardo. San Ignacio de Loyola: nueva biografía. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos (BAC Maior), 1986. · Tellechea Idígoras, José Ignacio. Ignacio de Loyola, solo y a pie. Madrid: Cristiandad, 1986.

Cronología

La vida, año a año

Cada punto es un acontecimiento documentado. Pulsa para leerlo, con su fuente y su grado de certeza.

  1. 1491 · 0 años

    Nacimiento

    Nace Íñigo, el menor de trece hermanos, en la casa-torre de los Oñaz y Loyola. El año lo fija la tradición jesuita; el día no consta.

    Probable

  2. c. 1506

    Paje en Arévalo

    Entra en la casa de Juan Velázquez de Cuéllar, contador mayor de Castilla, donde se educa como cortesano hasta 1517.

    Probable

  3. 1515

    Proceso en Azpeitia

    Se le procesa junto con su hermano Pero López por delitos cometidos de noche en carnaval; las actas se conservan.

    Documentado

  4. 20 de mayo de 1521 · 29 años

    Herido en Pamplona

    Una bala de artillería le destroza una pierna durante el asedio francés de la fortaleza. Convalecencia en Loyola y lectura de la Vita Christi y del Flos sanctorum.

    Documentado

  5. 25 de marzo de 1522

    Vela de armas en Montserrat

    Tras una confesión general de tres días, deja espada y puñal ante la Virgen, da sus ropas a un pobre y vela armas la noche de la Anunciación.

    Documentado

  6. 1522

    Manresa y el Cardoner

    Casi un año de oración, penitencia y escrúpulos; la «eximia ilustración» junto al río Cardoner y las primeras notas de los Ejercicios.

    Documentado

  7. 4 de septiembre de 1523

    Peregrino en Jerusalén

    Llega a Jerusalén; los franciscanos custodios le ordenan regresar y vuelve a Barcelona en 1524.

    Documentado

  8. 1527

    Procesos y cárcel

    Investigado como posible alumbrado, pasa 42 días preso en Alcalá y 22 en Salamanca; se le prohíbe definir qué es pecado mortal o venial.

    Documentado

  9. febrero de 1528

    Llegada a París

    Llega «solo y a pie»; estudia en Montaigu y en Santa Bárbara, donde convive con Pierre Favre y Francisco Javier.

    Documentado

  10. 15 de agosto de 1534

    Votos de Montmartre

    Con Favre, Javier, Laínez, Salmerón, Bobadilla y Rodrigues hace voto de pobreza y de peregrinar a Jerusalén o ponerse a disposición del papa.

    Documentado

  11. 24 de junio de 1537

    Ordenación sacerdotal

    Es ordenado sacerdote en Venecia con varios compañeros; retrasa su primera misa hasta la Navidad de 1538.

    Documentado

  12. noviembre de 1537

    Visión de La Storta

    Camino de Roma siente que el Padre lo pone con su Hijo; Laínez transmite las palabras «Ego vobis Romae propitius ero».

    Documentado

  13. 27 de septiembre de 1540

    Aprobación de la Compañía de Jesús

    Pablo III aprueba la Fórmula del Instituto con la bula Regimini militantis Ecclesiae.

    Documentado

  14. 22 de abril de 1541

    Primer general

    Elegido general por sus compañeros, profesa con ellos en San Pablo Extramuros.

    Documentado

  15. 2 de febrero de 1544

    Comienza el Diario espiritual

    Anota hasta febrero de 1545 sus mociones, lágrimas y visiones mientras discierne la pobreza de las iglesias de la Compañía.

    Documentado

  16. 31 de julio de 1548

    Aprobación de los Ejercicios

    Breve Pastoralis officii de Pablo III; la versión latina se imprime en Roma ese año.

    Documentado

  17. febrero de 1551

    Colegio Romano

    Funda el Colegio Romano, origen de la Pontificia Universidad Gregoriana; al año siguiente, el Colegio Germánico.

    Documentado

  18. 4 de agosto de 1553

    Dicta su relato

    Comienza a contar su vida a Luís Gonçalves da Câmara; las sesiones siguen en 1555.

    Documentado

  19. 31 de julio de 1556 · 64 años

    Muerte

    Muere al amanecer en la casa profesa; Polanco había ido a pedir la bendición de Paulo IV.

    Documentado

  20. 12 de marzo de 1622

    Canonización

    Gregorio XV lo canoniza con Francisco Javier, Teresa de Jesús, Felipe Neri e Isidro Labrador; había sido beatificado en 1609.

    Documentado

Obras

Obras esenciales

Las obras sin las que no se entiende su legado.

Ejercicios espirituales — Ignacio de Loyola

Obra escrita · 1548

Ejercicios espirituales

No es un libro para leer, sino un manual para quien da los ejercicios a otro. Se organiza en cuatro «semanas» de duración flexible: el pecado y la misericordia; la vida de Cristo y la elección de estado; la pasión; la resurrección y la «contemplación para alcanzar amor», que culmina en la oración «Tomad, Señor, y recibid». Lo enmarcan el Principio y fundamento, las anotaciones, los métodos de examen y oración, las reglas de discernimiento de espíritus, de distribución de limosnas, sobre los escrúpulos y «para el sentido verdadero que en la Iglesia militante debemos tener». Su novedad está en la pedagogía de la libertad interior: aprender a reconocer consolaciones y desolaciones para elegir sin afecciones desordenadas.

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Autobiografía (Relato del peregrino) — Ignacio de Loyola

Enseñanza oral recogida · 1555

Autobiografía (Relato del peregrino)

Acta Patris Ignatii (Relato del peregrino)

Cubre los años que van de Pamplona (1521) a la llegada a Roma (1538), con un breve apéndice sobre la redacción de los Ejercicios y las Constituciones. Es una autobiografía espiritual más que una crónica: Ignacio selecciona los episodios en que aprendió a leer «la diversidad de los espíritus» —la convalecencia en Loyola, los escrúpulos y la ilustración del Cardoner en Manresa, el viaje a Jerusalén, los procesos de Alcalá y Salamanca, los estudios en París— y los narra con sobriedad, ironía y sin hagiografía. Es la fuente primaria principal sobre su conversión.

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Constituciones de la Compañía de Jesús — Ignacio de Loyola

Obra escrita · c. 1556

Constituciones de la Compañía de Jesús

Diez partes que siguen el itinerario de un jesuita: admisión, despedida, formación de los novicios, estudios y colegios (la parte IV, base de la pedagogía jesuita), incorporación definitiva, vida de los profesos, misiones, unión de los dispersos, gobierno del general y conservación del cuerpo. Combinan normas jurídicas con criterios espirituales: obediencia «como si fuese un cuerpo muerto» que se deja llevar, movilidad apostólica, pobreza, y el principio de adaptar todo «a personas, tiempos y lugares». Ignacio las dejó deliberadamente abiertas a revisión.

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Diario espiritual — Ignacio de Loyola

Manuscrito · 1544

Diario espiritual

Registro casi diario de las mociones, lágrimas, visiones y «loquela» que acompañaron a Ignacio mientras discernía si las iglesias de la Compañía debían tener rentas fijas. Escrito con abreviaturas, signos y tachaduras, muestra a la vez el método de la elección de los Ejercicios aplicado por su autor y una mística trinitaria y eucarística muy intensa, ligada a la celebración de la misa. Es el documento más íntimo que se conserva de él.

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Frases

Frases localizadas en una obra concreta. Cada una lleva su procedencia y su nivel de confianza.

El hombre es criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor, y mediante esto salvar su ánima.

VerificadaEjercicios espirituales, [23] Principio y fundamento (trad. inglesa de Elder Mullan, 1914)

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Citas apócrifas o de atribución discutida (3)
  • ««Confía en Dios como si todo el éxito dependiera de ti y nada de Dios; pero pon en ello todo tu esfuerzo como si tú no hicieras nada y Dios lo hiciera todo.»»

    Máxima de las Scintillae Ignatianae de Gabriel Hevenesi (Viena, 1705), sin correspondencia literal en los escritos de Ignacio. Circula en una versión invertida y simplificada («Reza como si todo dependiera de Dios y trabaja como si todo dependiera de ti»), que ya no conserva la paradoja del original latino. Puede resumir su espíritu, pero no es una cita suya.

  • ««Dadme un niño hasta los siete años y os mostraré al hombre.»»

    Se atribuye a los jesuitas en general, a veces a Ignacio o a Francisco Javier, sin fuente en sus escritos ni en las fuentes narrativas del siglo XVI. Es una atribución moderna, a menudo usada en clave polémica contra la educación jesuita.

  • ««Id e incendiad el mundo» (Ite, inflammate omnia).»

    Frase muy difundida en la tradición jesuita como despedida de Ignacio a sus enviados, sobre todo a Francisco Javier. No aparece en sus cartas ni en la Autobiografía; es una fórmula de la piedad posterior.

Últimas palabras

Relato posterior de testigos

«¡Ay, Dios!»

¡Ay, Dios!

No hubo una despedida solemne: Ignacio murió al amanecer del 31 de julio de 1556 con muy pocos testigos, mientras Polanco iba al Vaticano a pedir la bendición de Paulo IV. Lo único que se conserva es la exclamación que el hermano enfermero Cannizaro creyó oírle durante la noche, transmitida en la carta de Polanco del 6 de agosto de 1556 (Fontes narrativi I). José Ignacio Tellechea la cita como «Ay, Dios, Jesús»; otras versiones se limitan a «¡Ay, Dios!». Se registra la forma breve, común a todas.

Fuente: Tellechea Idígoras, José Ignacio. «Semblanza de Ignacio de Loyola». Conferencia en Forum Deusto, 24 de enero de 2006. Bilbao: Universidad de Deusto. ISBN 978-84-9830-696-5.

Preguntar

Lo que su obra responde

Doce grandes preguntas de la humanidad y lo que sus textos permiten responder, con referencias. Nunca ponemos palabras en su boca.

  • ¿Qué es lo Absoluto? ¿Existe Dios?

    Dios es Creador y Señor, que trata inmediatamente con la criatura

    Un Dios personalLo dice expresamente

    Ignacio de Loyola parte, en el Principio y fundamento de los Ejercicios espirituales, de un Dios creador al que el ser humano está ordenado: ha sido creado para alabarle, hacerle reverencia y servirle. Ese Dios no es lejano: la anotación 15 pide a quien da los ejercicios que deje obrar «inmediate» al Creador con la criatura. En la Contemplación para alcanzar amor, Dios habita en las criaturas, trabaja por el ser humano en ellas y desciende como los rayos del sol. El Diario espiritual de 1544 muestra además una devoción intensa a las tres Personas de la Trinidad, con lágrimas y visiones. Lo Absoluto es para Ignacio un Señor personal que comunica su voluntad y espera respuesta.

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  • ¿Quién soy yo? ¿Existe un yo verdadero?

    Soy criatura hecha para alabar y servir, y así salvar el alma

    Un alma creada e inmortalLo dice expresamente

    Ignacio de Loyola define al ser humano por su fin: el Principio y fundamento de los Ejercicios espirituales afirma que ha sido creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios, y mediante esto salvar su alma. El yo no es un dato fijo, sino una libertad atravesada por mociones: los Ejercicios enseñan a distinguir en uno mismo pensamientos propios y pensamientos que vienen de fuera, del buen y del mal espíritu, y a ordenar las afecciones desordenadas. Conocerse es aprender a leer consolaciones y desolaciones. El yo verdadero es el que, indiferente ante las cosas creadas, elige lo que más conduce al fin para el que fue creado.

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  • ¿Por qué sufrimos?

    La desolación tiene causas, y en ella no se hace mudanza

    La separación de DiosLo dice expresamente

    Ignacio de Loyola no construye una teodicea; ofrece un discernimiento. En los Ejercicios espirituales llama desolación a la oscuridad, la turbación, la inquietud y la falta de fe, esperanza y amor, en que el alma se siente como separada de su Creador. Le asigna tres causas: la propia tibieza y negligencia, la prueba de cuánto se vale sin consuelo, y la enseñanza de que la consolación es don de Dios y no mérito propio. En tiempo de desolación nunca hay que cambiar las decisiones tomadas. La primera semana medita además el pecado y sus consecuencias. El sufrimiento espiritual nace del alejamiento y puede volverse escuela.

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  • ¿Qué ocurre después de la muerte?

    Decidir como si se estuviera en el artículo de la muerte

    Vida eterna y resurrecciónLo dice expresamente

    Ignacio de Loyola da por supuesta la fe cristiana en la vida eterna, el juicio y la posibilidad de la condenación, y la pone al servicio de la decisión. El Principio y fundamento orienta toda la vida a salvar el alma; la primera semana de los Ejercicios incluye la meditación del infierno con los cinco sentidos. Más original es su uso de la muerte como criterio de discernimiento: en el segundo modo de hacer elección, propone considerar qué forma y medida querría haber tenido uno en la elección presente si estuviera en el artículo de la muerte, y cómo se hallará el día del juicio. La muerte no se especula: se usa para vivir con verdad.

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  • ¿Cómo se alcanza la liberación o la salvación?

    Ejercitarse para quitar las afecciones desordenadas y buscar la voluntad divina

    Por la práctica disciplinadaLo dice expresamente

    Ignacio de Loyola es, entre los maestros cristianos, el gran autor de un método. La primera anotación de los Ejercicios espirituales los define como todo modo de examinar la conciencia, meditar, contemplar y orar, y los compara con el ejercicio corporal: así como pasear y correr son ejercicios del cuerpo, estos lo son del alma, para quitar de sí todas las afecciones desordenadas y, una vez quitadas, buscar y hallar la voluntad divina. Cuatro semanas, con horarios, adiciones, exámenes y reglas de discernimiento, conducen a la elección. Pero el método no produce la salvación: pide en cada ejercicio la gracia que se desea y deja que el Creador obre inmediatamente con la criatura.

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  • ¿Hace falta un maestro?

    Quien da los ejercicios deja obrar al Creador con la criatura

    Útil, pero no imprescindibleLo dice expresamente

    Ignacio de Loyola define con precisión el papel del acompañante. Los Ejercicios espirituales están pensados para que alguien los dé a otro, y sus anotaciones dan consejos detallados: adaptar los ejercicios a la persona, no darle más de lo que puede llevar, ayudarla a discernir las mociones. Pero la anotación 15 marca el límite: quien da los ejercicios no debe inclinar a quien los recibe hacia una u otra elección, sino estar en medio como un fiel de balanza y dejar que el Creador obre inmediatamente con la criatura. El maestro es útil y casi necesario para no engañarse, pero no ocupa el lugar de Dios.

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  • ¿Es real el mundo?

    Las cosas son criadas para ayudar al hombre a su fin

    Creación buena y realLo dice expresamente

    Ignacio de Loyola mira el mundo desde su finalidad. El Principio y fundamento de los Ejercicios espirituales afirma que las otras cosas sobre la faz de la tierra son creadas para el hombre, para que le ayuden a conseguir el fin para el que fue creado; por eso hay que usarlas tanto cuanto ayuden y apartarse de ellas tanto cuanto estorben, haciéndose indiferente. Pero la Contemplación para alcanzar amor añade una mirada más honda: Dios habita en los elementos, en las plantas, en los animales y en el ser humano, trabaja por él en todas las cosas, y todos los bienes descienden de arriba como los rayos del sol. El mundo es creación buena y lugar donde se halla a Dios.

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  • ¿Qué es el amor?

    El amor se pone más en las obras que en las palabras

    Amor de Dios y al prójimoLo dice expresamente

    La Contemplación para alcanzar amor, que cierra los Ejercicios espirituales, empieza con dos advertencias que definen el amor según Ignacio de Loyola. La primera: el amor se debe poner más en las obras que en las palabras. La segunda: el amor consiste en comunicación de las dos partes, en que el amante da y comunica al amado lo que tiene y puede, y el amado al amante. Contemplar cuánto ha dado Dios lleva a la ofrenda de sí: tomad, Señor, y recibid toda mi libertad. Ese amor se traduce en servicio, y las Constituciones lo extienden a la ayuda de las almas y al trato con el prójimo, que el presupuesto de los Ejercicios pide interpretar siempre en el mejor sentido.

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  • ¿Somos libres o está todo determinado?

    No hablar de la gracia de modo que se quite la libertad

    Libre albedrío realLo dice expresamente

    Ignacio de Loyola construye los Ejercicios espirituales en torno a una elección libre: todo el método busca que la persona, libre de afecciones desordenadas, elija lo que más conduce al fin para el que fue creada. La ofrenda que los culmina comienza precisamente por la libertad: tomad, Señor, y recibid toda mi libertad. Y en las reglas para sentir con la Iglesia, escritas en plena polémica con la Reforma, advierte que no se debe hablar tanto de la predestinación ni insistir tanto en la gracia que se engendre la idea de que las obras y el libre albedrío no sirven. La libertad es un don real que se ejerce y, al final, se entrega.

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  • ¿Para qué meditar u orar?

    Hablar con Dios como un amigo habla a otro

    Trato de amistad con DiosLo dice expresamente

    Los Ejercicios espirituales son un repertorio de modos de orar: examen de conciencia, meditación con las tres potencias, contemplación de escenas evangélicas componiendo el lugar, aplicación de sentidos, tres modos de orar con palabras. Pero todos desembocan en el coloquio, que Ignacio de Loyola define en la primera semana como hablar propiamente así como un amigo habla a otro, o un siervo a su señor. La segunda anotación da el criterio: no el mucho saber harta y satisface al alma, sino el sentir y gustar de las cosas internamente. Orar es tratar con alguien, y el fruto es conocer internamente al Señor para más amarle y seguirle.

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  • ¿Puede la razón conocer lo último?

    No el mucho saber, sino gustar; y aun así, estudiar

    Fe y razón se ayudanLo dice expresamente

    Ignacio de Loyola sostiene dos cosas que se completan. Por una parte, la segunda anotación de los Ejercicios espirituales advierte que no el mucho saber harta y satisface al alma, sino el sentir y gustar de las cosas internamente; y la Autobiografía cuenta que junto al río Cardoner se le abrieron los ojos del entendimiento con una ilustración tan grande que le parecían nuevas todas las cosas. Por otra, a los treinta y tantos años se sentó entre niños para aprender latín y estudió en Alcalá, Salamanca y París, y las reglas para sentir con la Iglesia mandan alabar la teología positiva y la escolástica. Para él la razón formada sirve a la fe y a la ayuda de las almas.

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  • ¿Retirarse del mundo o transformarlo?

    Buscar y hallar a Dios en todas las cosas

    Contemplación en la acciónLo dice expresamente

    Ignacio de Loyola empezó como ermitaño en Manresa, pero fundó una orden de vida activa: la Compañía de Jesús no tiene coro ni clausura, y sus miembros deben estar disponibles para ir a cualquier parte del mundo donde se espere mayor servicio de Dios. Las Constituciones piden a los jesuitas buscar a Dios en todas las cosas, apartando en lo posible el amor de las criaturas para ponerlo en el Creador. La Contemplación para alcanzar amor enseña a ver a Dios presente y trabajando en todo. Su secretario Jerónimo Nadal acuñó la fórmula que lo resume: contemplativo en la acción. La oración no se opone al trabajo apostólico: lo orienta y lo sostiene.

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Anécdotas y relatos

Anécdotas y relatos

Testimonio1521

La pierna serrada

Tras la herida de Pamplona, los huesos de la pierna se soldaron mal. Los cirujanos que acudieron a Loyola decidieron romperla otra vez para recolocarla, una «carnicería» que Ignacio soportó, según contó después, sin decir palabra y apretando los puños. Cuando ya sanaba, descubrió que bajo la rodilla le quedaba un hueso montado sobre otro que hacía la pierna más corta y fea. Como todavía «determinaba seguir el mundo», preguntó si podía cortarse; le advirtieron que dolería más que todo lo anterior. Se lo hizo serrar de todos modos, ante el espanto de su hermano mayor, y después pasó días estirando la pierna con instrumentos. El episodio, narrado por él mismo con ironía al final de su vida, retrata la vanidad caballeresca que la conversión iba a reorientar sin destruir: la misma voluntad de soportarlo todo pasaría de la apariencia al servicio.

Origen del relato: Autobiografía, n.º 2–5, dictada por Ignacio a Gonçalves da Câmara en 1553: es su propio testimonio, treinta años después.

Fuente: Ignacio de Loyola. Autobiografía (Acta Patris Ignatii), recogida por Luís Gonçalves da Câmara, 1553–1555. Texto castellano en Wikisource.

Testimonio1522

El moro y la mula

Camino de Montserrat, en 1522, Íñigo se encontró con un moro a caballo y conversaron sobre la Virgen. El moro admitía que María hubiera concebido sin varón, pero no que permaneciera virgen después del parto, y las razones del peregrino no le convencieron. Cuando el otro se adelantó, Íñigo se sintió en deuda con la honra de Nuestra Señora y empezó a desear alcanzarle y darle de puñaladas. Incapaz de decidir, resolvió dejar la rienda suelta a la mula en la bifurcación: si tomaba el camino del pueblo adonde iba el moro, lo buscaría; si seguía por el camino real, lo dejaría. La mula siguió el camino real. Ignacio contó la escena sin adornos, como ejemplo de lo poco que entonces sabía de las cosas interiores: el futuro maestro del discernimiento empezó dejando una decisión moral en manos de una mula.

Origen del relato: Autobiografía, n.º 15–16. Es el único testimonio del episodio.

Fuente: Ignacio de Loyola. Autobiografía (Acta Patris Ignatii), recogida por Luís Gonçalves da Câmara, 1553–1555. Texto castellano en Wikisource.

Testimonio1522

La vela de armas en Montserrat

Con la cabeza llena todavía de Amadís de Gaula, Íñigo decidió hacer de su conversión una investidura caballeresca. En Montserrat dedicó tres días a una confesión general por escrito con un monje francés, entregó la mula al monasterio y colgó su espada y su puñal ante el altar de la Virgen. La víspera de la Anunciación de 1522 dio en secreto sus ropas de caballero a un pobre, se vistió con el sayal que había comprado y pasó la noche en vela, de pie o de rodillas, como los caballeros noveles antes de recibir las armas. Al amanecer salió hacia Manresa evitando el camino de Barcelona para no ser reconocido. El pobre fue detenido después, acusado de haber robado aquellas ropas, y el peregrino, al saberlo, lloró por haberle causado daño.

Origen del relato: Autobiografía, n.º 17–18. El nombre del confesor, Jean Chanon, procede de la tradición de Montserrat y de los biógrafos, no de la Autobiografía.

Fuente: Ignacio de Loyola. Autobiografía (Acta Patris Ignatii), recogida por Luís Gonçalves da Câmara, 1553–1555. Texto castellano en Wikisource.

Testimonio1522

Junto al Cardoner

Una tarde de 1522, yendo a una iglesia a las afueras de Manresa, Ignacio se sentó mirando al río Cardoner, que iba hondo. Allí, contó treinta años después, se le abrieron «los ojos del entendimiento»: no vio ninguna visión, pero entendió muchas cosas espirituales, de fe y de letras con una claridad tal que todo le parecía nuevo. Aseguró a Gonçalves da Câmara que, sumando todas las ayudas recibidas de Dios en sus sesenta y dos años, no le parecía haber alcanzado tanto como en aquella sola vez, y que quedó como si fuese otro hombre. No reveló los contenidos. Sus compañeros remitían después a «lo que pasó en Manresa» para explicar decisiones fundacionales, y la tradición jesuita ha visto en esa iluminación la raíz del modo de proceder de la Compañía.

Origen del relato: Autobiografía, n.º 30; la expresión «eximia ilustración» procede de la tradición jesuita posterior (Nadal, Laínez).

Fuente: Ignacio de Loyola. Autobiografía (Acta Patris Ignatii), recogida por Luís Gonçalves da Câmara, 1553–1555. Texto castellano en Wikisource.

Testimonio1527

Los grillos de Salamanca

En 1527, pocos días después de llegar a Salamanca, Ignacio y su compañero Calixto fueron llamados al convento de San Esteban por los dominicos, que les preguntaron cómo predicaban sin haber estudiado y si lo hacían por el Espíritu Santo. Acabaron presos, encadenados el uno al otro por un pie. Entre los visitantes llegó Francisco de Mendoza, futuro cardenal de Burgos, a preguntarles si les pesaba la prisión. Ignacio respondió lo que esa mañana había dicho a una señora que le compadecía: que no había en Salamanca tantos grillos ni cadenas que él no desease más por amor de Dios. Poco después los presos se fugaron dejando las puertas abiertas y solo los peregrinos se quedaron, lo que, según el relato, causó gran edificación en la ciudad. Tras veintidós días fueron absueltos con la prohibición de definir qué era pecado mortal y venial, y Ignacio decidió marcharse a París.

Origen del relato: Autobiografía, n.º 64–70; la sentencia de Salamanca y los procesos de Alcalá se conservan en los Monumenta (Scripta de S. Ignatio).

Fuente: Ignacio de Loyola. Autobiografía (Acta Patris Ignatii), recogida por Luís Gonçalves da Câmara, 1553–1555. Texto castellano en Wikisource.

Testimonio1540–1552

«Sus, heme aquí»: Javier parte hacia la India

En marzo de 1540 el rey Juan III de Portugal había pedido jesuitas para la India y Ignacio había designado a Simão Rodrigues y a Nicolás de Bobadilla. Bobadilla cayó enfermo cuando el embajador portugués estaba a punto de partir. Ignacio, también en cama, llamó a Francisco Javier y le dijo que aquella era su empresa. Javier respondió en el acto: «Pues, sus, heme aquí», y al día siguiente salió de Roma con el embajador. Antes de irse dejó por escrito su voto para la elección del general: el «antiguo y verdadero padre» Ignacio, que «nos juntó a todos». Ya no volverían a verse. Javier llevaba al cuello, en una bolsita, la firma de Ignacio recortada de una carta y leía de rodillas las suyas; en 1552 Ignacio le escribió llamándolo a Roma, pero la carta llegó cuando Javier ya había muerto ante las costas de China.

Origen del relato: El diálogo procede de la Vida de Ribadeneira (libro II) y lo recoge Tellechea en su «Semblanza»; el voto escrito de Javier (15 de marzo de 1540) y sus cartas desde Asia se conservan en los Monumenta Xaveriana.

Fuente: Tellechea Idígoras, José Ignacio. «Semblanza de Ignacio de Loyola». Conferencia en Forum Deusto, 24 de enero de 2006. Bilbao: Universidad de Deusto. ISBN 978-84-9830-696-5.

Testimonio1555

Un cuarto de hora de oración

Los primeros jesuitas transmitieron una confidencia de Ignacio sobre el desapego: preguntado por lo que sentiría si la Compañía, su obra de toda una vida, fuera disuelta por el papa, respondió que le bastaría un cuarto de hora de oración para quedar tan en paz como antes. La frase se cita a menudo como síntesis de la «indiferencia» de los Ejercicios: no la ausencia de afecto, sino la libertad de no hacer depender la propia paz de ningún resultado, ni siquiera del más querido. Tiene un eco histórico: en 1555 fue elegido papa Gian Pietro Carafa, Paulo IV, hostil a la Compañía, y Tellechea recoge que, al saberlo, a Ignacio se le estremecieron los huesos, se recogió unos minutos en la capilla y salió sereno.

Origen del relato: La confidencia figura en las fuentes narrativas de los primeros compañeros (Memorial de Gonçalves da Câmara y Ribadeneira, en Fontes narrativi); no se ha cotejado aquí el pasaje exacto. La reacción ante la elección de Carafa la narra Tellechea (s7).

Fuente: Monumenta Historica Societatis Iesu. Fontes narrativi de S. Ignatio de Loyola et de Societatis Iesu initiis, ed. Dionisio Fernández Zapico, Cándido de Dalmases et al., 4 vols. Roma: MHSI, 1943–1965 (incluye el Memorial de Gonçalves da Câmara y la carta de Polanco sobre la muerte de Ignacio, 6 de agosto de 1556).

Enseñanzas

Enseñanzas

Las nociones que articulan su pensamiento, explicadas en su contexto.

Principio y fundamento e indiferenciaprincipio-y-fundamento
El Principio y fundamento ([23]) abre la primera semana de los Ejercicios: el ser humano es criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios, y las demás cosas son criadas para ayudarle en ese fin; de ahí se sigue que debe usarlas «tanto cuanto» le ayuden y apartarse de ellas «tanto cuanto» se lo impidan. La consecuencia práctica es la indiferencia: no querer de suyo más salud que enfermedad, riqueza que pobreza, honor que deshonor, vida larga que corta, sino desear y elegir solamente lo que más conduce al fin. No se trata de apatía estoica, sino de una libertad previa a la elección, que deja espacio para que el deseo más hondo —el «más» o *magis*— oriente la decisión. Toda la arquitectura de los Ejercicios presupone esta disposición.

Texto programático de la primera semana; su lenguaje escolástico procede de los estudios de París.

Fuente: Ignatius of Loyola. The Spiritual Exercises of St. Ignatius of Loyola. Translated from the Autograph by Elder Mullan, S.J. New York: P. J. Kenedy & Sons, 1914. Texto en Christian Classics Ethereal Library.

Discernimiento de espíritusdiscernimiento-de-espiritus
Ignacio llama «mociones» a los movimientos interiores —pensamientos, afectos, gustos y desganas— y enseña a distinguir de dónde proceden y adónde llevan. Las reglas de la primera semana ([313–327]) sirven a quien empieza: el «mal espíritu» propone placeres aparentes a quien va de mal en peor y pone tristeza y obstáculos a quien se convierte, mientras el bueno actúa al revés. Las de la segunda semana ([328–336]), más sutiles, enseñan a desconfiar incluso de consolaciones que empiezan bien y terminan en algo menos bueno, examinando «el principio, medio y fin» de los pensamientos. El método nace de la experiencia de Loyola, cuando advirtió que unos pensamientos le dejaban seco y otros alegre. No es una técnica psicológica autónoma: supone una relación de oración y la ayuda de quien acompaña.

Reelabora una tradición patrística y monástica (Casiano, Gerson) con un lenguaje práctico propio.

Fuente: Ignatius of Loyola. The Spiritual Exercises of St. Ignatius of Loyola. Translated from the Autograph by Elder Mullan, S.J. New York: P. J. Kenedy & Sons, 1914. Texto en Christian Classics Ethereal Library.

Consolación y desolaciónconsolacion-y-desolacion
Consolación es toda moción que inflama el alma en amor de su Creador, las lágrimas que mueven a ese amor y «todo aumento de esperanza, fe y caridad y toda leticia interna»; desolación es lo contrario: oscuridad, turbación, inclinación a lo bajo, inquietud, falta de fe, de esperanza y de amor ([316–317]). No coinciden con estar contento o triste en sentido psicológico: lo que importa es la dirección en que mueven. La regla más conocida dice que en tiempo de desolación nunca se debe hacer mudanza en las decisiones tomadas antes ([318]), porque entonces aconseja más el mal espíritu. Ignacio pide además actuar contra la desolación con más oración y examen, y prepararse en la consolación para la desolación que vendrá.

Núcleo de las reglas de la primera semana; ilustrado en su propia vida por el Diario espiritual.

Fuente: Ignatius of Loyola. The Spiritual Exercises of St. Ignatius of Loyola. Translated from the Autograph by Elder Mullan, S.J. New York: P. J. Kenedy & Sons, 1914. Texto en Christian Classics Ethereal Library.

La elección y sus tres tiemposeleccion
La elección es el centro de la segunda semana: decidir un estado de vida o reformar el propio, a la luz de la contemplación de Cristo. Ignacio distingue tres «tiempos» o modos de elegir ([175–188]). En el primero, Dios mueve la voluntad de tal manera que no cabe duda, como en las vocaciones de Pablo o Mateo. En el segundo, se llega a la claridad a través de la experiencia de consolaciones y desolaciones. En el tercero, en tiempo «tranquilo», se razona: se ponen por escrito ventajas e inconvenientes, se imagina a una persona desconocida a quien aconsejar, se piensa en qué se querría haber elegido en la hora de la muerte. La elección se ofrece luego a Dios para que la confirme. El Diario espiritual muestra a Ignacio aplicando estos tiempos durante meses a una cuestión de gobierno.

Es la finalidad práctica de los Ejercicios según su primera anotación: «buscar y hallar la voluntad divina».

Fuente: Ignatius of Loyola. The Spiritual Exercises of St. Ignatius of Loyola. Translated from the Autograph by Elder Mullan, S.J. New York: P. J. Kenedy & Sons, 1914. Texto en Christian Classics Ethereal Library.

El examen de concienciaexamen
Los Ejercicios proponen dos exámenes diarios. El particular ([24–31]) se centra en un solo defecto o virtud y lleva una cuenta, mañana y tarde, de su evolución. El general ([32–43]) recorre el día en cinco puntos: dar gracias por los beneficios recibidos, pedir luz para conocer las faltas, repasar hora por hora pensamientos, palabras y obras, pedir perdón y proponer enmienda. Ignacio lo consideraba tan importante que, según sus compañeros, dispensaba a los enfermos de otras oraciones pero no del examen. La pedagogía jesuita moderna lo ha reformulado como «examen de conciencia» o «examen consciente», con énfasis en reconocer la presencia de Dios en lo vivido más que en contabilizar culpas.

Práctica cotidiana que prolonga los Ejercicios en la vida ordinaria.

Fuente: Ignatius of Loyola. The Spiritual Exercises of St. Ignatius of Loyola. Translated from the Autograph by Elder Mullan, S.J. New York: P. J. Kenedy & Sons, 1914. Texto en Christian Classics Ethereal Library.

Contemplación imaginativa y composición de lugarcontemplacion-imaginativa
Para meditar los misterios de la vida de Cristo, Ignacio propone «componer el lugar»: ver con la imaginación el sitio físico —el camino de Nazaret a Belén, la casa, el monte— y luego mirar a las personas, oír lo que dicen y considerar lo que hacen, «reflectiendo para sacar algún provecho». Al final del día recomienda la «aplicación de sentidos», que repasa la escena con la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto imaginativos ([121–126]). La intención no es fantasear, sino implicar a la persona entera para alcanzar «conocimiento interno» de Cristo, de modo que el afecto, y no solo el entendimiento, se oriente. La técnica, heredera de la *Vita Christi* de Ludolfo de Sajonia que leyó en Loyola, influyó en el arte y la oratoria del Barroco.

Método propio de la segunda, tercera y cuarta semanas.

Fuente: Ignatius of Loyola. The Spiritual Exercises of St. Ignatius of Loyola. Translated from the Autograph by Elder Mullan, S.J. New York: P. J. Kenedy & Sons, 1914. Texto en Christian Classics Ethereal Library.

Magis y «en todo amar y servir»magis
El adverbio «más» recorre los Ejercicios: elegir lo que «más» conduce al fin, desear «más» seguir a Cristo pobre. La tradición lo ha condensado en la palabra latina *magis* y en el lema *Ad maiorem Dei gloriam* (a la mayor gloria de Dios), que Ignacio usa con frecuencia en las Constituciones. Junto a ello está la fórmula final de la contemplación para alcanzar amor: «en todo amar y servir» ([233]), que Jerónimo Nadal, intérprete autorizado de Ignacio, resumió diciendo que era «contemplativo en la acción» y que sabía «hallar a Dios en todas las cosas». El *magis* no es activismo ni perfeccionismo: es el criterio comparativo que, una vez lograda la libertad interior, orienta hacia el mayor servicio posible en circunstancias concretas.

La expresión «contemplativus in actione» es de Nadal, no de Ignacio.

Fuente: O'Malley, John W. The First Jesuits. Cambridge (Mass.): Harvard University Press, 1993.

Vídeos

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Grabaciones, entrevistas y documentales. Los vídeos se reproducen desde YouTube; no se alojan aquí.

  • JESUITS ON...Ignatius of Loyola

    Documental· EN· 21 min

    Loyola Productions, Inc.Canal oficial

  • John O'Malley Sacred Lecture Fall 2018: The New Spirituality of St. Ignatius

    Conferencia· EN· 39 min

    Georgetown University Campus MinistryCanal oficial

  • On Magnanimity and the Magis: What St. Ignatius Loyola Really Said about Finding God's Will

    Conferencia· EN· 47 min

    Georgetown University Campus MinistryCanal oficial

  • Saint Ignatius of Loyola

    Documental· EN· 9 min

    SaintLouisUniversityCanal oficial

  • Ignatius of Loyola – Finding God In All Things

    Documental· EN· 10 min

    Jesuits in BritainCanal oficial

  • What are the Spiritual Exercises of St Ignatius?

    Análisis· EN· 4 min

    Jesuits in BritainCanal oficial

  • Ignacio - el buscador de Dios - premiado Documental de animación

    Documental· ES· 62 min

    Loyola Productions Munich – Visualizing MindsCanal oficial

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  • El Camino Ignaciano

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  • Manresa: cortometraje sobre Ignacio de Loyola

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    Jesuitas del PerúCanal oficial

  • Saint Ignace de Loyola

    Documental· FR· 53 min

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    Conferencia· FR· 53 min

    KTO TV

  • Ignatius of Loyola – Gott in allen Dingen finden

    Documental· DE· 10 min

    JesuitenCanal oficial

  • Ignatius von Loyola kurz erklärt. Heiligenportraits.

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    katholisch.de

  • Divini Devoti - 5 ep I GESUITI Chiesa Ss Nome di Gesù e Chiesa Sant'Ignazio

    Documental· IT· 40 min

    Dialogues, raccontare l'Arte

Galería

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Imágenes con licencia verificada. Cada una conserva su autoría y su atribución.

Manuscritos

Manuscritos

Testimonios manuscritos y textos antiguos, con su custodio y sus condiciones de consulta.

  • ES · Latin · c. 1541–1548

    Ejercicios espirituales («Autógrafo»)

    Testimonio conservado
    Manuscrito único conocido como Autógrafo
    Custodio
    Archivum Romanum Societatis Iesu (Roma)
  • ES · Latin · 2 de febrero de 1544 – 27 de febrero de 1545

    Diario espiritual

    Testimonio conservado
    Dos cuadernillos autógrafos
    Custodio
    Archivum Romanum Societatis Iesu (Roma)
  • ES · Latin · 1553–1555

    Acta Patris Ignatii (Autobiografía)

    Testimonio conservado
    Copias manuscritas del siglo XVI
    Custodio
    Archivum Romanum Societatis Iesu (Roma)
Manuscritos →

Relaciones

Relaciones

Influencias, discipulados y afinidades. Se distingue la relación documentada de la similitud identificada por análisis.

  • Recibió influencia de

    Francisco de Asís

    Durante la convalecencia de 1521 leyó su vida en el Flos sanctorum y se propuso imitarle («¿qué sería si yo hiciese esto que hizo san Francisco…?», Autobiografía n.º 7).

    Relación documentada

  • Recibió influencia de

    Tomás de Kempis

    Conoció la Imitación de Cristo (que entonces circulaba como obra de Gerson, el «Gersoncito») en Manresa y, según el Memorial de Gonçalves da Câmara, la leía a diario y la recomendaba.

    Relación documentada

  • Influyó en

    Pierre Teilhard de Chardin

    Teilhard ingresó en la Compañía de Jesús en 1899 y fue formado en los Ejercicios; su búsqueda de Dios «en todas las cosas» de la materia y la evolución se ha leído como prolongación de la espiritualidad ignaciana.

    Relación documentada

  • Influyó en

    Carl Gustav Jung

    Jung dedicó su seminario de la ETH de Zúrich de 1939–1940 a un comentario psicológico de los Ejercicios espirituales.

    Relación documentada

  • Contemporáneo de

    Teresa de Ávila

    Contemporánea española; tuvo como confesores a varios jesuitas y canonizada el mismo día de 1622. No consta que se conocieran.

    Similitud identificada por análisis

  • Ideas afines a

    Juan de la Cruz

    Ambos describen la purificación de los apegos como condición de la unión con Dios; la «indiferencia» ignaciana y la «nada» sanjuanista se han comparado a menudo, con acentos distintos (elección apostólica frente a vía contemplativa).

    Similitud identificada por análisis

  • Ideas afines a

    Thomas Merton

    Merton practicó y comentó la tradición ignaciana de la meditación en sus primeros años, aunque su camino fue el monástico cisterciense.

    Similitud identificada por análisis

Fuentes

Fuentes

Bibliografía y catálogos consultados para esta ficha.

  1. Wikidata, «Ignatius of Loyola» (Q44281).
  2. Ignacio de Loyola. Obras. Transcripción, introducciones y notas de Ignacio Iparraguirre, Cándido de Dalmases y Manuel Ruiz Jurado. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos, 1991 (5.ª ed.). ISBN 9788479140342.
  3. Ignacio de Loyola. Autobiografía (Acta Patris Ignatii), recogida por Luís Gonçalves da Câmara, 1553–1555. Texto castellano en Wikisource.
  4. Ignatius of Loyola. The Spiritual Exercises of St. Ignatius of Loyola. Translated from the Autograph by Elder Mullan, S.J. New York: P. J. Kenedy & Sons, 1914. Texto en Christian Classics Ethereal Library.
  5. García-Villoslada, Ricardo. San Ignacio de Loyola: nueva biografía. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos (BAC Maior), 1986.
  6. Tellechea Idígoras, José Ignacio. Ignacio de Loyola, solo y a pie. Madrid: Cristiandad, 1986.
  7. Tellechea Idígoras, José Ignacio. «Semblanza de Ignacio de Loyola». Conferencia en Forum Deusto, 24 de enero de 2006. Bilbao: Universidad de Deusto. ISBN 978-84-9830-696-5.
  8. O'Malley, John W. The First Jesuits. Cambridge (Mass.): Harvard University Press, 1993.
  9. Monumenta Historica Societatis Iesu. Fontes narrativi de S. Ignatio de Loyola et de Societatis Iesu initiis, ed. Dionisio Fernández Zapico, Cándido de Dalmases et al., 4 vols. Roma: MHSI, 1943–1965 (incluye el Memorial de Gonçalves da Câmara y la carta de Polanco sobre la muerte de Ignacio, 6 de agosto de 1556).
  10. Ribadeneira, Pedro de. Vida del P. Ignacio de Loyola, fundador de la religión de la Compañía de Jesús. Madrid, 1583 (versión latina, Nápoles, 1572). Reimpresión de 1880 en Internet Archive.
  11. Pollen, John Hungerford. «St. Ignatius Loyola». The Catholic Encyclopedia, vol. 7. New York: Robert Appleton, 1910 (texto en Wikisource).
  12. Ignatius of Loyola. The Autobiography of St. Ignatius. Ed. J. F. X. O'Conor, S.J. New York: Benziger Brothers, 1900 (Project Gutenberg n.º 24534).
  13. Ignatius of Loyola. Personal Writings: Reminiscences, Spiritual Diary, Select Letters, including the text of The Spiritual Exercises. Trad. Joseph A. Munitiz y Philip Endean. London: Penguin Books, 1996. ISBN 9780140433852.
  14. Hevenesi, Gabriel. Scintillae Ignatianae, sive S. P. Ignatii de Loyola sententiae et effata sacra. Viena, 1705.
  15. Rahner, Hugo. Saint Ignatius Loyola: Letters to Women. Freiburg / New York: Herder, 1960.
  16. Open Library, registros de edición consultados por ISBN (obras de Ignacio de Loyola).
  17. The Online Books Page, «Online Books by Saint Ignatius of Loyola», ed. John Mark Ockerbloom (University of Pennsylvania).
  18. Dalmases, Cándido de. El Padre Maestro Ignacio: breve biografía ignaciana. Madrid: BAC, 1979.
  19. Wikidata, «Pierre Teilhard de Chardin» (Q189564): miembro de la Compañía de Jesús (P611 = Q36380).
  20. Jung, Carl Gustav. Jung on Ignatius of Loyola's Spiritual Exercises: Lectures Delivered at ETH Zurich, vol. 7, 1939–1940. Ed. Martin Liebscher. Princeton: Princeton University Press, 2023. ISBN 9780691244167.
  21. Frisbee, S. H. «Anima Christi». The Catholic Encyclopedia, vol. 1. New York: Robert Appleton, 1907 (texto en Wikisource).
Titular de derechos
Los textos de Ignacio son de dominio público; las traducciones y ediciones críticas modernas pertenecen a sus editoriales (BAC, Sal Terrae–Mensajero, Loyola Press, Institute of Jesuit Sources, Penguin, etc.).

Pendiente de confirmar

Lo que esta ficha aún no ha podido cerrar. Preferimos decirlo a rellenarlo.

  • Localizar una transcripción de dominio público y con OCR limpio del texto castellano de los Ejercicios espirituales (Wikisource en español no lo tiene; el facsímil de 1908 es solo imagen).
  • Cotejar en Fontes narrativi (MHSI) la carta de Polanco del 6 de agosto de 1556 para fijar la forma exacta de la exclamación final («¡Ay, Dios!» / «Ay, Dios, Jesús»).
  • Verificar el número exacto del Memorial de Gonçalves da Câmara donde figura la confidencia del «cuarto de hora de oración».
  • Signaturas (shelfmark) del Autógrafo de los Ejercicios, del Diario espiritual y de los códices de la Autobiografía en el Archivum Romanum Societatis Iesu; buscar digitalización oficial.
  • Completar ISBN de ediciones en italiano, ruso y árabe de los Ejercicios y de la Autobiografía (no localizados en Open Library), y de una edición castellana actual de las Constituciones con sus Normas complementarias.
  • Fechas de muerte de Juan José de la Torre y Antonio Cabré, editores de las Cartas (1874), para cerrar la nota de derechos.
  • Programas de afiliación: ninguno verificado para las editoriales listadas.

Investigado el 2026-10-25