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Cristianismo · Mística cristiana · Catolicismo

Pierre Teilhard de Chardin

1881 – 1955Persona históricamente documentada

Jesuita, geólogo y paleontólogo francés (1881–1955) que participó en el estudio del hombre de Pekín y pasó veinte años investigando en China. Quiso unir la teoría de la evolución con la fe cristiana: en El fenómeno humano describe un universo que asciende hacia más complejidad y conciencia, forma una «noosfera» y converge en un Punto Omega que identifica con Cristo. Roma le prohibió publicar sus obras filosóficas, que aparecieron tras su muerte y tuvieron una enorme influencia, junto con El medio divino y La misa sobre el mundo.

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Pierre Teilhard de Chardin en 1955

Pierre Teilhard de Chardin en 1955 · CC BY-SA 3.0

En sus palabras

«Ver. Podría decirse que toda la Vida está ahí, si no finalmente, al menos esencialmente.»

Le Phénomène humain, prólogo «Voir»

El fenómeno humano — Pierre Teilhard de Chardin

Para empezar, una obra

El fenómeno humano

Su idea central

La evolución no es solo un hecho biológico, sino el movimiento entero del universo: la materia se ordena en estructuras cada vez más complejas y, a la par, cada vez más conscientes. Teilhard lo formula como ley de complejidad-conciencia y la toma como hilo conductor de toda la historia cósmica.

Biografía

4 min de lectura

Un niño y su «Dios de hierro»

Marie-Joseph Pierre Teilhard de Chardin nació el 1 de mayo de 1881 en el castillo de Sarcenat, en Orcines, cerca de Clermont-Ferrand, cuarto de los once hijos de Emmanuel Teilhard de Chardin, archivero y naturalista aficionado, y de Berthe-Adèle de Dompierre d'Hornoy, sobrina bisnieta de Voltaire. Del padre heredó la pasión por las piedras y los insectos; de la madre, una piedad ardiente centrada en el Sagrado Corazón. En El corazón de la materia, escrito al final de su vida, recordó que hacia los seis o siete años adoraba en secreto a su «Dios de hierro» —una clavija de arado, la cabeza de un perno, unas esquirlas de obús— porque nada le parecía más duro ni más duradero: la «consistencia», escribe, fue para él el atributo fundamental del Ser, y buscaba ya lo inalterable en el corazón de la materia.

Jesuita en el exilio

Estudió en el colegio jesuita de Mongré, en Villefranche-sur-Saône, y en marzo de 1899 ingresó en el noviciado de la Compañía de Jesús en Aix-en-Provence. Las leyes anticongregacionistas de 1901 obligaron a los jesuitas franceses a exiliarse, y Teilhard completó su formación filosófica en la isla de Jersey, donde la geología se convirtió en vocación. Entre 1905 y 1908 enseñó física y química en el colegio de la Sagrada Familia de El Cairo, y entre 1908 y 1912 estudió teología en Ore Place, Hastings, donde leyó La evolución creadora de Henri Bergson. Fue ordenado sacerdote el 24 de agosto de 1911.

La guerra, encuentro con lo absoluto

De 1912 a 1914 se formó en paleontología en el Museo Nacional de Historia Natural de París con Marcellin Boule. En 1913 participó unos días en las excavaciones de Piltdown, que años después se revelarían un fraude. Movilizado en diciembre de 1914, sirvió como camillero en un regimiento de tiradores marroquíes en Ypres, Verdún y el Chemin des Dames y fue condecorado con la Medalla Militar y la Legión de Honor. En las trincheras escribió sus primeros ensayos —La vida cósmica (1916), El medio místico, La potencia espiritual de la materia (1919)— y una correspondencia con su prima Marguerite Teillard-Chambon que muestra nacer su pensamiento. Pronunció los votos solemnes el 26 de mayo de 1918.

Del Instituto Católico a China

Doctor en ciencias por la Sorbona en 1922 con una tesis sobre los mamíferos del Eoceno inferior francés, enseñó geología en el Instituto Católico de París. En 1923 viajó a Tianjin para unirse al jesuita Émile Licent; en el desierto de Ordos, sin pan ni vino para celebrar, escribió La misa sobre el mundo. Una nota privada sobre el pecado original, que circuló sin su permiso, provocó la intervención de Roma: en 1925 se le retiró la enseñanza y en 1926 regresó a China, que sería su base durante veinte años. Allí redactó El medio divino (1926–1927), cuya publicación se le negó.

El geólogo de Asia

Como consejero del Laboratorio de Investigación Cenozoica de Pekín participó en las excavaciones de Zhoukoudian, donde en 1929 Pei Wenzhong halló el cráneo del Sinántropo, el «hombre de Pekín»; Teilhard estableció la geología del yacimiento y, con Henri Breuil, la presencia de útiles y fuego. Tomó parte en la Croisière jaune de Citroën (1931–1932), recorrió el Yangtsé, la India, Birmania y Java, y trazó un mapa geológico general de China. Sus centenares de artículos científicos, reunidos en once volúmenes, lo situaron entre los grandes geólogos del continente. En Pekín trabó una amistad intensa y casta con la escultora Lucile Swan, documentada en una larga correspondencia.

El fenómeno humano

Entre 1938 y 1940, en Pekín, escribió su obra mayor, El fenómeno humano: una lectura de la evolución como ascenso de complejidad y de conciencia que, tras la biosfera, genera la «noosfera» y converge hacia un polo de unidad personal, el Punto Omega, que él identifica con el Cristo cósmico. Retenido en China durante la Segunda Guerra Mundial, fundó con Pierre Leroy el Instituto de Geobiología. De vuelta en París en 1946, gozó de un prestigio creciente, pero Roma le prohibió publicar obras filosóficas, renovó en 1948 la negativa a imprimir El fenómeno humano y le impidió aceptar una cátedra en el Collège de France. En 1950 fue elegido para la Academia de Ciencias.

Nueva York y la muerte en Pascua

En 1951 se instaló en Nueva York, vinculado a la Fundación Wenner-Gren, desde donde viajó dos veces a Sudáfrica para estudiar los australopitecos. Siguió escribiendo: El corazón de la materia (1950) y Lo crístico (1955) son su testamento espiritual. Según varios testigos, había expresado el deseo de morir un domingo de Resurrección. Murió de un infarto el domingo de Pascua, 10 de abril de 1955, en Nueva York, y fue enterrado en el cementerio del noviciado jesuita de Saint Andrew-on-Hudson, junto al río Hudson.

Una obra que salió a la luz después

Antes de morir había confiado sus manuscritos a su secretaria, Jeanne Mortier, para burlar la prohibición de publicar, que no alcanzaba a los inéditos de un difunto. El fenómeno humano apareció en Seuil en 1955 y las Obras completaron trece volúmenes. Su difusión fue inmensa en los años sesenta; el Santo Oficio respondió en 1962 con un monitum que advertía de ambigüedades y errores en sus escritos, nunca retirado formalmente. Científicos como Peter Medawar criticaron con dureza su lenguaje, mientras teólogos como Henri de Lubac lo defendieron. Benedicto XVI evocó en 2009 su «gran visión» y Francisco lo citó en Laudato si' (2015). Su figura sigue entre la mística y la ciencia: un jesuita obediente que no dejó de pensar.

Fuentes: Cuénot, Claude. Pierre Teilhard de Chardin: les grandes étapes de son évolution. Paris: Plon, 1958. · Speaight, Robert. Teilhard de Chardin: A Biography. London: Collins, 1967. · King, Ursula. Spirit of Fire: The Life and Vision of Teilhard de Chardin. Maryknoll (N.Y.): Orbis Books, 1996 (ed. revisada, 2015). · Teilhard de Chardin, Pierre. Le Phénomène humain. Paris: Éditions du Seuil, 1955 (Œuvres, t. I). Texto en Wikisource. · Teilhard de Chardin, Pierre. Le Milieu divin. Paris: Éditions du Seuil, 1957 (Œuvres, t. IV). Texto en Wikisource.

Cronología

La vida, año a año

Cada punto es un acontecimiento documentado. Pulsa para leerlo, con su fuente y su grado de certeza.

  1. 1 de mayo de 1881 · 0 años

    Nacimiento

    Cuarto de once hijos de Emmanuel Teilhard de Chardin y Berthe-Adèle de Dompierre d'Hornoy.

    Documentado

  2. marzo de 1899 · 17 años

    Novicio jesuita

    Ingresa en el noviciado de la Compañía de Jesús.

    Documentado

  3. c. 1902

    Exilio en Jersey

    Expulsados los jesuitas de Francia, estudia filosofía en Jersey y se apasiona por la geología de la isla.

    Documentado

  4. 1905

    Profesor en El Cairo

    Enseña física y química en el colegio de la Sagrada Familia (1905–1908).

    Documentado

  5. 24 de agosto de 1911 · 30 años

    Ordenación sacerdotal

    Ordenado sacerdote al final de sus estudios de teología en Ore Place.

    Documentado

  6. 1913

    Excavaciones de Piltdown

    Pasa unos días en las excavaciones de Piltdown con Charles Dawson; el «hombre de Piltdown» resultó un fraude en 1953.

    Documentado

  7. diciembre de 1914

    Camillero en la Gran Guerra

    Movilizado como camillero en un regimiento de tiradores marroquíes; Medalla Militar y Legión de Honor.

    Documentado

  8. 1916

    La vida cósmica

    Escribe su primer ensayo, núcleo de toda su obra posterior.

    Documentado

  9. 26 de mayo de 1918

    Votos solemnes

    Durante un permiso militar pronuncia sus votos definitivos como jesuita.

    Documentado

  10. 1922

    Doctorado en ciencias

    Defiende en la Sorbona su tesis sobre los mamíferos del Eoceno inferior francés.

    Documentado

  11. 1923

    La misa sobre el mundo

    En su primera expedición china, sin pan ni vino para celebrar, escribe la ofrenda de «la Tierra entera».

    Documentado

  12. abril de 1926

    Exilio en China

    Apartado de la enseñanza en París por una nota sobre el pecado original, regresa a China; escribe El medio divino (1926–1927).

    Documentado

  13. diciembre de 1929

    El hombre de Pekín

    Pei Wenzhong halla el cráneo del Sinántropo; Teilhard es el geólogo del yacimiento.

    Documentado

  14. 1931

    Croisière jaune

    Participa como científico en la expedición Citroën por Asia central (1931–1932).

    Documentado

  15. 1938

    El fenómeno humano

    Escribe su obra mayor (1938–1940); Roma le niega el permiso para publicarla.

    Documentado

  16. 1946

    Regreso a Francia

    Tras la guerra vuelve a París, donde su pensamiento circula en copias mecanografiadas.

    Documentado

  17. 1950

    Academia de Ciencias

    Elegido para la Academia de Ciencias; escribe El corazón de la materia.

    Documentado

  18. 1951

    Nueva York

    Se establece en Nueva York, vinculado a la Fundación Wenner-Gren; viaja a Sudáfrica en 1951 y 1953.

    Documentado

  19. 10 de abril de 1955 · 73 años

    Muerte en domingo de Pascua

    Muere de un infarto; es enterrado en el cementerio del noviciado de Saint Andrew-on-Hudson.

    Documentado

  20. noviembre de 1955

    Publicación de El fenómeno humano

    Éditions du Seuil publica el primer tomo de sus Obras, gracias a que había legado sus manuscritos a Jeanne Mortier.

    Documentado

  21. 30 de junio de 1962

    Monitum del Santo Oficio

    Advertencia a obispos y superiores sobre las ambigüedades y errores doctrinales de sus obras.

    Documentado

  22. 24 de mayo de 2015

    Laudato si'

    El papa Francisco cita su contribución en la encíclica sobre la ecología integral (n.º 83, nota 53).

    Documentado

Obras

Obras esenciales

Las obras sin las que no se entiende su legado.

El fenómeno humano — Pierre Teilhard de Chardin

Obra póstuma · 1955

El fenómeno humano

Le Phénomène humain

Su obra mayor, presentada como un ensayo «solo fenomenológico». Recorre la Previda (la materia y su «dentro»), la Vida (la biosfera y la ley de complejidad-conciencia), el Pensamiento (el umbral de la reflexión y la noosfera) y la Sobrevida, en la que la humanidad, comprimida sobre la superficie cerrada del planeta, converge hacia un centro personal, el Punto Omega. Un epílogo sobre el «fenómeno cristiano» identifica ese centro con Cristo. Su prosa visionaria fascinó a millones de lectores y exasperó a científicos como Peter Medawar.

No disponible Ver el libro

6 ediciones

El medio divino — Pierre Teilhard de Chardin

Obra póstuma · 1957

El medio divino

Le Milieu divin. Essai de vie intérieure

Tratado de espiritualidad para cristianos que viven en el mundo. La primera parte muestra la «divinización de las actividades»: todo trabajo humano, llevado a su perfección, colabora en la consumación del mundo en Cristo, porque Dios espera «al final de mi pluma, de mi pico, de mi pincel». La segunda trata de la «divinización de las pasividades» —lo que se sufre, la disminución, la muerte—, y la tercera describe el «medio divino», la presencia de Cristo que lo envuelve todo. Es su libro más leído como guía espiritual.

No disponible Ver el libro

5 ediciones

La misa sobre el mundo — Pierre Teilhard de Chardin

Obra póstuma · 1923

La misa sobre el mundo

La Messe sur le Monde

Oración en forma de misa cósmica: sin pan, vino ni altar, el sacerdote ofrece «sobre el altar de la Tierra entera» el trabajo y el dolor del mundo, y pide que la consagración alcance a todo el universo. Sus partes —la ofrenda, el fuego sobre el mundo, el fuego en el mundo, la comunión, la oración— condensan su mística de la materia y su intuición del Cristo cósmico.

No disponible Ver el libro

3 ediciones

El corazón de la materia — Pierre Teilhard de Chardin

Obra póstuma · 1976

El corazón de la materia

Le Cœur de la Matière

Autobiografía espiritual en tres partes —lo cósmico, lo humano, lo crístico— que narra cómo el niño fascinado por el «Dios de hierro» llegó a descubrir la convergencia del universo y el «corazón» personal que lo atrae. Junto a Lo crístico, escrito un mes antes de morir, es la síntesis última de su visión y la mejor puerta biográfica a su pensamiento.

No disponible Ver el libro

2 ediciones

Frases

Frases localizadas en una obra concreta. Cada una lleva su procedencia y su nivel de confianza.

Ver. Podría decirse que toda la Vida está ahí, si no finalmente, al menos esencialmente.

Voir. On pourrait dire que toute la Vie est là, — sinon finalement, du moins essentiellement.

VerificadaLe Phénomène humain, prólogo «Voir»

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Ideas esenciales (resumen editorial)

Por respeto a los derechos de autor, estas ideas se resumen con palabras propias y no se presentan como citas literales.

  • La evolución no es solo un hecho biológico, sino el movimiento entero del universo: la materia se ordena en estructuras cada vez más complejas y, a la par, cada vez más conscientes. Teilhard lo formula como ley de complejidad-conciencia y la toma como hilo conductor de toda la historia cósmica.
  • Todo ser tiene un «fuera», lo que la ciencia mide, y un «dentro», un grado de interioridad o de psiquismo, ínfimo en los átomos y máximo en el ser humano; sin admitir ese dentro, dice, no se entiende la aparición del pensamiento.
  • Con el ser humano la evolución cruza un umbral: la reflexión, saber que se sabe. Desde entonces la evolución continúa sobre todo en el plano cultural y colectivo, y la Tierra se cubre de una capa pensante, la noosfera, que se densifica a medida que la humanidad se comunica y se unifica.
  • La convergencia de la humanidad no lleva a un colectivo despersonalizado sino a una unión que diferencia: cuanto más se une la persona, más se personaliza. Ese proceso apunta a un centro supremo, personal y ya existente, que Teilhard llama Punto Omega.
  • Para el creyente, el Punto Omega es Cristo resucitado: el Cristo cósmico de las cartas paulinas, en quien todo se sostiene, que atrae la evolución desde delante. La historia del cosmos es así una cristogénesis.
  • El trabajo humano, la investigación y la técnica no alejan de Dios: llevados a su perfección, son colaboración en la consumación del mundo. Igualmente, lo que se padece —enfermedad, disminución, muerte— puede ser asumido como comunión. Son las dos caras, activa y pasiva, de su espiritualidad.
  • El amor es la energía que une a los seres por lo que tienen de más íntimo; Teilhard habla de «amorización» del universo y predice que algún día la humanidad aprenderá a dominar esa energía como antes dominó el fuego.
Citas apócrifas o de atribución discutida (1)
  • ««No somos seres humanos que viven una experiencia espiritual; somos seres espirituales que viven una experiencia humana.»»

    Es la frase más difundida con su nombre y no aparece en ninguno de sus escritos publicados. Se popularizó en la literatura de autoayuda estadounidense de los años noventa, sin fuente; algunos la atribuyen también a G. I. Gurdjieff o a Wayne Dyer. No se corresponde con su vocabulario ni con su pensamiento, que no opone espíritu y experiencia humana.

Últimas palabras

No existen registros verificables de sus últimas palabras.

No se conserva un registro fiable de sus últimas palabras. Murió de un infarto en la tarde del domingo de Pascua, 10 de abril de 1955, en casa de unos amigos en Nueva York, tras haber asistido a misa por la mañana. Varias fuentes transmiten, en versiones distintas y sin cita documental precisa, que poco antes había expresado el deseo de morir el día de la Resurrección. Lo último que se conserva escrito de su mano es la página del Diario del Jueves Santo, 7 de abril de 1955, que resume su credo en dos artículos: el cosmos está centrado y «el Cristo es su centro» (publicada en Le Cœur de la Matière).

Fuente: Teilhard de Chardin, Pierre. Le Cœur de la Matière (incluye Le Christique y la última página del Diario, 1955). Paris: Éditions du Seuil, 1976 (Œuvres, t. XIII). Texto en Wikisource.

Preguntar

Lo que su obra responde

Doce grandes preguntas de la humanidad y lo que sus textos permiten responder, con referencias. Nunca ponemos palabras en su boca.

  • ¿Qué es lo Absoluto? ¿Existe Dios?

    Dios es el Omega personal hacia el que converge la evolución

    Un Dios personalLo dice expresamente

    Teilhard de Chardin piensa a Dios desde la evolución. En El fenómeno humano, la ley de complejidad-conciencia lleva al universo a converger en un punto Omega, que no puede ser una abstracción: debe ser ya actual, trascendente y personal, porque solo un centro personal puede unir personas sin disolverlas. Su fe identifica ese Omega con el Cristo cósmico, en quien todo se recapitula: en Cómo creo resume su itinerario como fe en el mundo, en el Espíritu, en la inmortalidad y en la personalidad. El medio divino describe a ese Dios presente en toda la materia y en toda acción. Lo Absoluto es para él hiperpersonal: más persona, no menos, que lo humano.

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  • ¿Quién soy yo? ¿Existe un yo verdadero?

    Ser más es unirse más: la unión diferencia a la persona

    Un yo que se cultiva en relaciónLo dice expresamente

    Teilhard de Chardin piensa el yo dentro de la evolución. En El fenómeno humano, la conciencia reflexiva aparece cuando el universo, al complejizarse, se centra sobre sí mismo: el ser humano es la evolución que se ha vuelto consciente de sí. Pero ese centro personal no se perfecciona aislándose, sino uniéndose: «ser más es unirse más» resume la obra, y su ley es que la unión verdadera no confunde, diferencia. La persona se realiza en un proceso de centración, descentración en el otro y sobrecentración en Dios. El yo no es una sustancia cerrada, sino un centro en crecimiento cuya plenitud está en la convergencia de todos en Omega.

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  • ¿Por qué sufrimos?

    El mal es el precio estadístico de un mundo que evoluciona

    El karma y el aprendizaje del almaLo dice expresamente

    Teilhard de Chardin sitúa el mal dentro de la evolución. En el apéndice de El fenómeno humano sobre el lugar y la parte del mal, explica que un universo que avanza por tanteo hacia la unidad produce inevitablemente desorden, fracaso, descomposición, soledad y angustia: el mal es el subproducto estadístico de una creación en marcha. El medio divino añade la otra mitad: las «pasividades de disminución» —enfermedad, vejez, muerte— pueden ser asumidas en comunión con Dios, que no las quiere por sí mismas pero las transforma. El sufrimiento es el coste del crecimiento y puede convertirse en energía de unión.

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  • ¿Qué ocurre después de la muerte?

    La muerte es la última disminución, en la que Dios nos toma

    Vida eterna y resurrecciónLo dice expresamente

    Teilhard de Chardin cree en la inmortalidad personal y la piensa a escala cósmica. En El fenómeno humano argumenta que un universo que ha producido la conciencia no puede acabar en la nada: la evolución exige la irreversibilidad de lo personal, que se conserva y se consuma en Omega. En El medio divino, la muerte es la última y más radical de las pasividades de disminución, la que nos despoja de todo; y su oración pide que, en ese momento, sea Dios quien, desde dentro, nos desprenda de nosotros mismos para asumirnos en él. La muerte individual se inscribe en una consumación colectiva: la humanidad entera madurando hacia su encuentro con Cristo.

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  • ¿Cómo se alcanza la liberación o la salvación?

    Dios divinaliza nuestras acciones y nuestras pasividades

    Por gracia y amorSe deduce de su doctrina

    Teilhard de Chardin no plantea la salvación como huida del mundo, sino como divinización de todo lo humano. El medio divino distingue dos vertientes: las actividades, en las que el ser humano coopera con la creación y, con intención recta, construye algo que Cristo recoge; y las pasividades, de crecimiento y de disminución, en las que Dios actúa sobre nosotros. Ambas, vividas en comunión, nos unen a Dios. La salvación es personal y a la vez colectiva: la humanidad entera, convergiendo en Omega, prepara la plenitud de Cristo. El esfuerzo humano cuenta, pero lo que diviniza es la presencia de Dios en todo, recibida por la fe.

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  • ¿Hace falta un maestro?

    Abandonar la corriente del catolicismo sería un error biológico

    La comunidad y la tradiciónLo dice expresamente

    Teilhard de Chardin sufrió durante décadas la censura de sus superiores jesuitas y de Roma: se le retiró la docencia en París, se le prohibió publicar sus obras filosóficas y religiosas, que solo vieron la luz tras su muerte. Aun así, se negó a abandonar la orden y la Iglesia. En el texto «Sobre mi actitud ante la Iglesia oficial», recogido en El corazón de la materia, lo justificó con una fórmula característica: sería para él un error biológico separarse de la corriente religiosa del catolicismo, porque es en ese tronco vivo donde la conciencia cristiana sigue creciendo. No reivindica un maestro personal, sino la pertenencia a un organismo en evolución, con sus tensiones, del que espera que acabe asumiendo su visión.

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  • ¿Es real el mundo?

    Para quien sabe ver, nada es profano aquí abajo

    Manifestación de lo divinoLo dice expresamente

    Teilhard de Chardin ama la materia como lugar de lo divino. En El medio divino afirma que, en virtud de la creación y más aún de la encarnación, nada es profano aquí abajo para quien sabe ver; Dios se encuentra en la punta de la pluma, del pico, del pincel o de la aguja. El mundo no es un decorado estático ni una ilusión: es una cosmogénesis, un proceso de complejidad creciente que, en El fenómeno humano, avanza hacia la conciencia y la unidad. En La misa sobre el mundo, celebrada sin altar en el desierto de Ordos, ofrece a Dios el trabajo y el dolor de la Tierra entera. El mundo es lo divino haciéndose visible, en marcha hacia Cristo.

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  • ¿Qué es el amor?

    El amor es la energía que une a los seres hacia Omega

    Anhelo y uniónLo dice expresamente

    Teilhard de Chardin da al amor un alcance cósmico. En El fenómeno humano sostiene que el amor, en su realidad biológica, es la afinidad de un ser por otro, presente en forma rudimentaria en toda la materia y plenamente consciente en el ser humano; es la única fuerza capaz de unir a los seres de modo que se completen sin destruirse, porque los toma por lo más profundo de sí mismos. La humanidad solo podrá converger si aprende a amar más allá del círculo próximo, y eso solo es posible si existe un centro amante y amable hacia el que todo tiende: Omega, que él identifica con Cristo. El amor es la energía que conduce la evolución hacia su consumación.

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  • ¿Somos libres o está todo determinado?

    La libertad crece con la conciencia: la evolución pasa a nuestras manos

    Libre albedrío realLo dice expresamente

    Teilhard de Chardin ve la libertad como un fruto de la evolución. En El fenómeno humano, a medida que la materia se complejiza crece la interioridad, y con el pensamiento reflexivo aparece un ser capaz de prever, elegir y orientarse: la evolución, que avanzaba a tientas, se vuelve consciente de sí y queda en parte en manos humanas. Por eso insiste en la responsabilidad colectiva de construir la Tierra y en el «gusto de vivir», sin el cual la humanidad podría negarse a seguir adelante. La convergencia hacia Omega no es un destino mecánico: requiere que las libertades humanas consientan en unirse. La providencia actúa a través de esa libertad, no en su lugar.

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  • ¿Para qué meditar u orar?

    Ofrecer sobre el altar de la Tierra el trabajo y el dolor del mundo

    Ritual y cultivo de síLo dice expresamente

    La oración más célebre de Teilhard de Chardin nació de la imposibilidad de celebrar: en 1923, en el desierto de Ordos, sin pan, sin vino y sin altar, compuso La misa sobre el mundo, en la que ofrece a Dios, sobre el altar de la Tierra entera, el trabajo y el dolor del mundo. La liturgia se expande a escala cósmica: la consagración alcanza a la materia, que se convierte en cuerpo de Cristo. El medio divino propone una oración unida a la acción: la pureza de intención convierte cada trabajo en comunión, y la fidelidad diaria es la forma de entrar en contacto con Dios. Meditar es aprender a ver lo divino en todo.

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  • ¿Puede la razón conocer lo último?

    Ciencia y fe convergen al ver el fenómeno entero

    Fe y razón se ayudanLo dice expresamente

    Teilhard de Chardin fue paleontólogo y jesuita, y quiso unir ambas vocaciones. El fenómeno humano se presenta como obra científica, no teológica ni metafísica: un intento de ver el fenómeno humano entero, incluida la conciencia, dentro de la evolución. Esa mirada conduce, por extrapolación de los hechos, a la hipótesis de un punto Omega; la fe cristiana reconoce en ese Omega a Cristo. En Ciencia y Cristo y en Cómo creo sostiene que la investigación científica, llevada hasta el final, no aleja de Dios sino que plantea las preguntas a las que la revelación responde. La razón prepara y la fe consuma, sin que una absorba a la otra.

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  • ¿Retirarse del mundo o transformarlo?

    Construir la Tierra es colaborar en la obra de Dios

    Comprometerse con el mundoLo dice expresamente

    Teilhard de Chardin rechaza la espiritualidad que ve en el mundo un obstáculo. En El medio divino sostiene que el esfuerzo humano —la investigación, el trabajo, la técnica, el arte— no es indiferente para la salvación: por la intención recta, cada obra contribuye a la consumación del mundo en Cristo, y nada de lo que se construye se pierde. En El espíritu de la Tierra y en los ensayos reunidos en El porvenir del hombre llama a la humanidad a tomar conciencia de su unidad y a construir la Tierra, uniendo fuerzas por encima de naciones y razas. El cristiano no debe huir del mundo, sino ser el primero en trabajar por su progreso, sabiendo que se ordena a algo mayor.

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Anécdotas y relatos

Anécdotas y relatos

Testimonioc. 1887–1888

El «Dios de hierro»

En El corazón de la materia, escrito en 1950, Teilhard cuenta que hacia los seis o siete años, mientras parecía un niño piadoso que amaba «al pequeño Jesús», su verdadero yo estaba en otra parte: se retiraba en secreto a contemplar su «Dios de hierro». Recuerda la serie de sus ídolos: en el campo, una clavija de arado escondida en un rincón del patio; en la ciudad, la cabeza hexagonal de una columnita metálica que asomaba en el suelo del cuarto de los niños; más tarde, esquirlas de obús recogidas en un campo de tiro. Lo atraía el hierro porque nada le parecía más duro, más pesado ni más duradero. Sonríe ante esos «infantilismos», pero reconoce en ellos el germen de toda su vida espiritual: la búsqueda de lo consistente e inalterable en el corazón de la materia.

Origen del relato: Su propio relato en Le Cœur de la Matière (1950), parte I, «Le Cosmique».

Fuente: Teilhard de Chardin, Pierre. Le Cœur de la Matière (incluye Le Christique y la última página del Diario, 1955). Paris: Éditions du Seuil, 1976 (Œuvres, t. XIII). Texto en Wikisource.

Documentado1914–1919

El camillero de Verdún

Movilizado en diciembre de 1914, el jesuita y paleontólogo sirvió más de cuatro años como camillero en un regimiento de tiradores norteafricanos, en Ypres, Verdún y el Chemin des Dames. Sus compañeros recordaban su serenidad bajo el fuego, y recibió la Medalla Militar y la Legión de Honor. En las cartas a su prima Marguerite cuenta que la guerra fue para él un «encuentro con lo absoluto» y una experiencia de la humanidad como cuerpo colectivo. En los intervalos entre combates escribió La vida cósmica, que concibió como un testamento por si moría, y otros veinte ensayos: en las trincheras nació todo su pensamiento. Un memorial en una cueva de Paissy, en el Aisne, recuerda su paso por aquel frente.

Origen del relato: Cartas del frente publicadas en Genèse d'une pensée (1961); condecoraciones y destinos según las biografías y la Wikipedia (s11).

Fuente: Teilhard de Chardin, Pierre. Genèse d'une pensée: lettres 1914–1919. Ed. Alice Teillard-Chambon y Max Henri Begouën. Paris: Grasset, 1961. Texto en Wikisource.

Testimonio1923

La misa en el desierto de Ordos

En el verano de 1923, durante su primera expedición con Émile Licent por el desierto de Ordos, en la gran curva del río Amarillo, Teilhard se encontró un domingo sin pan, sin vino y sin altar para celebrar la eucaristía. Escribió entonces, a partir de un texto de 1918, La misa sobre el mundo: al amanecer, sobre el horizonte de las estepas de Asia, ofrece a Dios «sobre el altar de la Tierra entera» el trabajo y el dolor del mundo, y pide que las palabras de la consagración se extiendan a todo lo que nace, crece y muere ese día. El texto, inédito hasta 1961, se convirtió en una de las oraciones más conocidas del siglo XX y resume su intuición central: la materia entera llamada a ser cuerpo de Cristo.

Origen del relato: El propio texto sitúa la escena «en las estepas de Asia»; la datación en Ordos, 1923, procede de la edición de Hymne de l'Univers y de las cartas de viaje.

Fuente: Teilhard de Chardin, Pierre. Hymne de l'Univers (incluye La Messe sur le Monde, 1923). Paris: Éditions du Seuil, 1961. Texto en Wikisource.

Disputado1913 / 1980

La sombra de Piltdown

En 1913, siendo estudiante de teología en Hastings, Teilhard acompañó varios días al abogado y coleccionista Charles Dawson en las excavaciones de Piltdown, en Sussex, y encontró allí un canino que pareció confirmar el «eslabón perdido» presentado meses antes. En 1953 se demostró que el hombre de Piltdown era un fraude: un cráneo humano y una mandíbula de orangután manipulados. En 1980 Stephen Jay Gould acusó a Teilhard de haber sido cómplice de Dawson, basándose en contradicciones de una carta de 1953. La mayoría de los especialistas, incluidos los científicos que destaparon el fraude y sus tres biógrafos principales, rechazó la acusación, y la investigación posterior ha señalado a Dawson como autor. El episodio sigue citándose como ejemplo de la fragilidad de la evidencia y de la prisa por confirmar una teoría.

Origen del relato: La acusación se formuló en Gould (Natural History, 1980); su rechazo mayoritario lo resume la Wikipedia (s11).

Fuente: Gould, Stephen Jay. «The Piltdown Conspiracy». Natural History 89, n.º 8 (1980): 8–28.

Documentado1929–1931

El cráneo de Zhoukoudian

Desde 1926 Teilhard asesoraba las excavaciones de la colina de los Huesos de Dragón, en Zhoukoudian, a unos cincuenta kilómetros de Pekín. El 2 de diciembre de 1929 el joven paleontólogo chino Pei Wenzhong halló un casquete craneal casi completo del Sinántropo, el «hombre de Pekín». Teilhard, geólogo del Laboratorio de Investigación Cenozoica, estableció la estratigrafía del yacimiento y, con el prehistoriador Henri Breuil, demostró en 1931 que aquellos homínidos tallaban piedra y conocían el fuego. Sus artículos de divulgación lo dieron a conocer internacionalmente. Los fósiles originales se perdieron en 1941, durante la guerra con Japón, al intentar trasladarlos a Estados Unidos; solo quedan los moldes.

Origen del relato: Hechos de la historia de la paleoantropología recogidos en la Wikipedia y en sus propios artículos de L'Apparition de l'Homme («La découverte du Sinanthrope»).

Fuente: Wikipedia en inglés, «Pierre Teilhard de Chardin» (consultada para fechas y trayectoria, contrastada con las demás fuentes).

Testimonio1920s–1955

Un error biológico

Apartado de la enseñanza, privado de permiso para publicar y enviado una y otra vez lejos de París, Teilhard se planteó más de una vez si debía abandonar la Compañía o la Iglesia. En un texto titulado «Sobre mi actitud respecto a la Iglesia oficial» explicó por qué no lo hacía: no temía la persecución por las ideas y le parecía hermoso sacrificarse por una convicción, pero la Iglesia era una corriente tan poderosa y enraizada de la savia moral de la humanidad que salir de ella sería, para él, «un error biológico». Había que superarla creciendo con ella, no buscando un camino en solitario. Mantuvo esa obediencia hasta la muerte, mientras sus amigos difundían sus escritos en copias mecanografiadas.

Origen del relato: Texto recogido en Le Cœur de la Matière (1976), pp. 133–137.

Fuente: Teilhard de Chardin, Pierre. Le Cœur de la Matière (incluye Le Christique y la última página del Diario, 1955). Paris: Éditions du Seuil, 1976 (Œuvres, t. XIII). Texto en Wikisource.

Testimonio1955

Morir en Pascua

Varios testigos de sus últimos meses en Nueva York contaron que Teilhard había dicho que le gustaría morir el día de la Resurrección. El domingo de Pascua de 1955 asistió a misa por la mañana y pasó la tarde con amigos; esa tarde sufrió un infarto y murió poco después. Fue enterrado en el pequeño cementerio del noviciado jesuita de Saint Andrew-on-Hudson, hoy dentro de un instituto culinario, con muy pocos asistentes. La coincidencia, cargada de sentido para quien había visto en la Resurrección la clave del cosmos, forma parte de su leyenda; las palabras exactas del deseo varían según las fuentes y no se ha localizado aquí un testimonio publicado de primera mano.

Origen del relato: Circula en las biografías (Cuénot, King) en versiones distintas; no se ha cotejado el testimonio original.

Fuente: King, Ursula. Spirit of Fire: The Life and Vision of Teilhard de Chardin. Maryknoll (N.Y.): Orbis Books, 1996 (ed. revisada, 2015).

Enseñanzas

Enseñanzas

Las nociones que articulan su pensamiento, explicadas en su contexto.

Ley de complejidad-concienciacomplejidad-conciencia
Teilhard observa que, a lo largo de la historia del universo, la materia se organiza en unidades cada vez más complejas —átomos, moléculas, células, organismos, sistemas nerviosos— y que a cada aumento de complejidad organizada corresponde un aumento de interioridad o conciencia. Generaliza esta correlación como ley: la «ley de complejidad-conciencia», que convierte la evolución en un proceso dirigido, con un eje privilegiado (la cerebralización) que culmina en el ser humano. Para hacerla inteligible postula que todo tiene un «dentro», un grado de psiquismo proporcional a su complejidad. Biólogos como Medawar le reprocharon mezclar descripción y metafísica; para sus defensores, es una hipótesis de trabajo fecunda sobre la dirección de la evolución.

Hilo conductor de El fenómeno humano (1938–1940).

Fuente: Teilhard de Chardin, Pierre. Le Phénomène humain. Paris: Éditions du Seuil, 1955 (Œuvres, t. I). Texto en Wikisource.

Noosferanoosfera
Del griego *nous*, mente: la «esfera del pensamiento», una capa que, tras la geosfera y la biosfera, envuelve la Tierra con el surgimiento del ser humano reflexivo. Teilhard desarrolló el término en conversación con Édouard Le Roy en París en los años veinte, y el geoquímico ruso Vladímir Vernadski lo adoptó con un sentido más naturalista. Para Teilhard, la noosfera se densifica a medida que la humanidad, comprimida sobre la superficie cerrada del planeta, multiplica sus intercambios, su técnica y su investigación: la evolución prosigue así de forma colectiva y cultural. Muchos han visto en la idea una anticipación de la comunicación planetaria y de internet, aunque para él lo decisivo era el crecimiento de la conciencia y del amor, no la red técnica.

Término acuñado hacia 1922–1925; central en El fenómeno humano y en El porvenir del hombre.

Fuente: Teilhard de Chardin, Pierre. Le Phénomène humain. Paris: Éditions du Seuil, 1955 (Œuvres, t. I). Texto en Wikisource.

Punto Omegapunto-omega
Si la evolución avanza hacia más conciencia y la humanidad converge sobre sí misma, Teilhard sostiene que ese movimiento exige un polo final de convergencia, al que llama Omega. No es un simple resultado futuro: para que la convergencia no disuelva a las personas en un colectivo, Omega debe ser ya personal, actual, autónomo e irreversible, y atraer desde delante. La unión que provoca diferencia en lugar de uniformar: «la unión diferencia». En el plano fenomenológico de El fenómeno humano, Omega es una extrapolación; en el epílogo y en los escritos religiosos, Teilhard lo identifica con Cristo resucitado. La noción ha influido en teólogos y en especulaciones posteriores, algunas muy alejadas de su intención.

Introducido en El fenómeno humano (libro IV, «La Survie»).

Fuente: Teilhard de Chardin, Pierre. Le Phénomène humain. Paris: Éditions du Seuil, 1955 (Œuvres, t. I). Texto en Wikisource.

El Cristo cósmico y la cristogénesiscristo-cosmico
A partir de los textos paulinos —Cristo en quien todo se sostiene, Dios «todo en todos»—, Teilhard concibe a Cristo no solo como redentor de los individuos, sino como centro orgánico del universo en evolución. La Encarnación inserta a Dios en la materia, y la historia cósmica, que es cosmogénesis, biogénesis y noogénesis, resulta ser en último término cristogénesis: la formación del Cristo total. Desde los ensayos de guerra («El Cristo en la materia») hasta Lo crístico, desarrolla esta idea como solución a lo que llamaba el problema de amar a la vez a Dios y al mundo. Sus críticos vieron en ella riesgo de panteísmo; él insistió en una «diferenciación» que preserva la trascendencia de Dios.

Presente desde 1916; formulado en la última página del Diario (1955): «Cristo es el centro del Cosmos».

Fuente: Teilhard de Chardin, Pierre. Le Cœur de la Matière (incluye Le Christique y la última página del Diario, 1955). Paris: Éditions du Seuil, 1976 (Œuvres, t. XIII). Texto en Wikisource.

El medio divino: actividades y pasividadesmedio-divino
En El medio divino Teilhard propone una espiritualidad para cristianos inmersos en el mundo. Dios no está lejos de la esfera tangible: espera en la acción y en la obra del momento. Todo trabajo humano, llevado hasta su perfección y ofrecido, colabora en la consumación del mundo en Cristo; es la «divinización de las actividades». Pero la mayor parte de la vida es lo que se padece: obstáculos, fracasos, enfermedad, vejez, muerte. Teilhard pide primero luchar contra el mal y, cuando ya no es posible, aceptar esas «pasividades de disminución» como comunión, porque también por ellas Dios puede tomar posesión de la persona. El «medio divino» es la presencia de Cristo que todo lo envuelve y en la que actividad y pasividad se unifican.

Escrito en 1926–1927; el texto más difundido como guía espiritual.

Fuente: Teilhard de Chardin, Pierre. Le Milieu divin. Paris: Éditions du Seuil, 1957 (Œuvres, t. IV). Texto en Wikisource.

Hominización y umbral de la reflexiónhominizacion
Teilhard llama hominización al paso de la vida al pensamiento: el momento en que un ser no solo sabe, sino que sabe que sabe. Lo concibe como un umbral, comparable a un cambio de estado en física, a la vez continuo con la evolución animal y cualitativamente nuevo. Con la reflexión aparecen la invención, la previsión y la capacidad de dirigir la propia evolución. Como paleontólogo, estudió el «grupo zoológico humano» y su estructura en abanico; como pensador, insistió en que el ser humano no es una anomalía en la naturaleza, sino la clave para leerla. La hominización continúa hoy en forma colectiva, en la socialización y la formación de la noosfera.

Tema de La Vision du Passé, de El grupo zoológico humano y del libro III de El fenómeno humano.

Fuente: Teilhard de Chardin, Pierre. Le Phénomène humain. Paris: Éditions du Seuil, 1955 (Œuvres, t. I). Texto en Wikisource.

Vídeos

Vídeos

Grabaciones, entrevistas y documentales. Los vídeos se reproducen desde YouTube; no se alojan aquí.

  • Portrait en 1981 de Teilhard de Chardin, théologien et paléontologue

    Documental· FR· 28 min

    Radio-Canada ArchivesCanal oficial

  • Teilhard de Chardin

    Documental· FR· 52 min

    KTO TV

  • L'Unité créatrice du monde - Pierre Teilhard de Chardin

    Ver en YouTube

    Este vídeo no permite la inserción; se abre en YouTube.

    L'Unité créatrice du monde - Pierre Teilhard de Chardin

    Documental· FR· 52 min

    KTO TV

  • Le Centre Teilhard-de-Chardin : un lieu de dialogue entre sciences et spiritualité

    Documental· FR· 9 min

    KTO TV

  • Teilhard et la Chine, un documentaire de Benoît Vermander

    Documental· FR· 44 min

    Benoît Vermander Videos

  • Ilia Delio / Why Science and Religion Need Each Other: Teilhard de Chardin's Deep Catholicity

    Conferencia· EN· 61 min

    College of the Holy CrossCanal oficial

  • Ilia Delio: Teilhard's Evolution and the Body of Christ

    Conferencia· EN· 48 min

    Centre for Catholic Studies, Durham UniversityCanal oficial

  • Ilia Delio: "Teilhard de Chardin and World Religions"

    Conferencia· EN· 100 min

    Yale Forum on Religion and EcologyCanal oficial

  • Annual Teilhard de Chardin, S.J. Lecture feat. Sr. Ilia Delio

    Conferencia· EN· 90 min

    Hank Center for the Catholic Intellectual HeritageCanal oficial

  • Teilhard de Chardin, entre el cielo y el suelo: Testimonios para la Iglesia del futuro

    Conferencia· ES· 68 min

    Centro Loyola - Loiola ZentroaCanal oficial

  • Teilhard de Chardin | Ciclo Los viernes de la evolución

    Conferencia· ES· 146 min

    El Colegio Nacional (México)Canal oficial

  • Ringvorlesung: Pierre Teilhard de Chardin

    Conferencia· DE· 69 min

    CTS Berlin

Galería

Galería

Imágenes con licencia verificada. Cada una conserva su autoría y su atribución.

Manuscritos

Manuscritos

Testimonios manuscritos y textos antiguos, con su custodio y sus condiciones de consulta.

  • FR · Latin · 1932–1955

    Teilhard de Chardin Manuscripts (cartas a Lucile Swan y otras colecciones)

    Testimonio conservado
    205 cartas a Lucile Swan, 77 cartas a un sacerdote biólogo francés (1938–1952) y documentos de su etapa china
    Custodio
    Booth Family Center for Special Collections, Georgetown University Library (Washington)
    Digitalización
    guides.library.georgetown.edu/teilhard-de-chardi…
Manuscritos →

Relaciones

Relaciones

Influencias, discipulados y afinidades. Se distingue la relación documentada de la similitud identificada por análisis.

  • Recibió influencia de

    Ignacio de Loyola

    Jesuita desde 1899, formado en los Ejercicios espirituales; su búsqueda de Dios «en todas las cosas» de la materia prolonga la espiritualidad ignaciana.

    Relación documentada

  • Recibió influencia de

    Jesús de Nazaret

    El Cristo resucitado, leído a través de san Pablo, es el centro de su visión: Omega y centro del cosmos.

    Relación documentada

  • Ideas afines a

    Sri Aurobindo

    Ambos, contemporáneos y sin contacto conocido, interpretaron la evolución como ascenso de la conciencia hacia una plenitud divina (la supermente de Aurobindo, el Punto Omega de Teilhard); la comparación es habitual en los estudios de religión comparada.

    Similitud identificada por análisis

  • Ideas afines a

    Vladímir Soloviov

    La visión de Soloviov de un proceso cósmico que culmina en la divinohumanidad se ha comparado con la cristogénesis teilhardiana.

    Similitud identificada por análisis

  • Contemporáneo de

    Simone Weil

    Contemporánea francesa en diálogo con el catolicismo desde una posición opuesta: Weil centrada en la desgracia y la necesidad, Teilhard en la convergencia y el progreso. No consta que se conocieran.

    Similitud identificada por análisis

  • Ideas afines a

    Francisco de Asís

    La fraternidad cósmica franciscana y el «Himno a la materia» de Teilhard comparten una mística de la creación; el papa Francisco, que tomó su nombre del santo, cita a Teilhard en Laudato si'.

    Similitud identificada por análisis

Fuentes

Fuentes

Bibliografía y catálogos consultados para esta ficha.

  1. Wikidata, «Pierre Teilhard de Chardin» (Q189564); orden religiosa: Compañía de Jesús (P611 = Q36380).
  2. Cuénot, Claude. Pierre Teilhard de Chardin: les grandes étapes de son évolution. Paris: Plon, 1958.
  3. Speaight, Robert. Teilhard de Chardin: A Biography. London: Collins, 1967.
  4. King, Ursula. Spirit of Fire: The Life and Vision of Teilhard de Chardin. Maryknoll (N.Y.): Orbis Books, 1996 (ed. revisada, 2015).
  5. Teilhard de Chardin, Pierre. Le Phénomène humain. Paris: Éditions du Seuil, 1955 (Œuvres, t. I). Texto en Wikisource.
  6. Teilhard de Chardin, Pierre. Le Milieu divin. Paris: Éditions du Seuil, 1957 (Œuvres, t. IV). Texto en Wikisource.
  7. Teilhard de Chardin, Pierre. Hymne de l'Univers (incluye La Messe sur le Monde, 1923). Paris: Éditions du Seuil, 1961. Texto en Wikisource.
  8. Teilhard de Chardin, Pierre. Le Cœur de la Matière (incluye Le Christique y la última página del Diario, 1955). Paris: Éditions du Seuil, 1976 (Œuvres, t. XIII). Texto en Wikisource.
  9. Teilhard de Chardin, Pierre. Écrits du temps de la guerre (1916–1919). Paris: Grasset, 1965; Seuil, 1976 (Œuvres, t. XII). Texto en Wikisource.
  10. Teilhard de Chardin, Pierre. Genèse d'une pensée: lettres 1914–1919. Ed. Alice Teillard-Chambon y Max Henri Begouën. Paris: Grasset, 1961. Texto en Wikisource.
  11. Wikipedia en inglés, «Pierre Teilhard de Chardin» (consultada para fechas y trayectoria, contrastada con las demás fuentes).
  12. Wikisource en francés, «Auteur:Pierre Teilhard de Chardin» (relación de las Œuvres de Seuil, 1955–1976, y de la correspondencia).
  13. Suprema Sagrada Congregación del Santo Oficio. Monitum sobre los escritos del P. Pierre Teilhard de Chardin, 30 de junio de 1962. Acta Apostolicae Sedis 54 (1962), p. 526.
  14. Francisco. Carta encíclica Laudato si' sobre el cuidado de la casa común, 24 de mayo de 2015, n.º 83 y nota 53.
  15. Teilhard de Chardin, Pierre, y Lucile Swan. The Letters of Teilhard de Chardin and Lucile Swan. Ed. Thomas M. King y Mary Wood Gilbert. Washington: Georgetown University Press, 1993. ISBN 9780878405220.
  16. Open Library, registros de edición consultados por ISBN (obras de Pierre Teilhard de Chardin).
  17. Teilhard de Chardin, Pierre. Comment je crois. Paris: Éditions du Seuil, 1969 (Œuvres, t. X). Texto en Wikisource.
  18. Teilhard de Chardin, Pierre. Science et Christ. Paris: Éditions du Seuil, 1965 (Œuvres, t. IX). Texto en Wikisource.
  19. Medawar, Peter B. Reseña de The Phenomenon of Man. Mind 70, n.º 277 (1961): 99–106.
  20. Gould, Stephen Jay. «The Piltdown Conspiracy». Natural History 89, n.º 8 (1980): 8–28.
Titular de derechos
Éditions du Seuil (Œuvres) y los derechohabientes de la Fondation Teilhard de Chardin; dominio público en la UE desde 2026, no en España (2036) ni en EE. UU. Traducciones con derechos propios (Trotta, Sussex Academic Press, HarperCollins, etc.).

Pendiente de confirmar

Lo que esta ficha aún no ha podido cerrar. Preferimos decirlo a rellenarlo.

  • Últimas palabras: localizar el testimonio de primera mano (Pierre Leroy, Cuénot o la familia) sobre la tarde del 10 de abril de 1955 y sobre el deseo de morir en Pascua, con su formulación exacta.
  • Derechos: todas las entradas de reading_texts llevan caution (España hasta 2036; EE. UU. 95 años desde la publicación póstuma). La tesis de 1921–1922 será plenamente de dominio público en 2036.
  • Comprobar si la Wikisource francesa ofrece páginas «Texte entier» para Le Phénomène humain y Le Milieu divin; ahora se registran las páginas índice con subpáginas.
  • Verificar la autoría y licencia de las fotografías TeilhardP 1947 y 1955 en Commons (autor desconocido con licencia CC BY-SA).
  • Localizar ISBN de ediciones actuales en español de El fenómeno humano y El porvenir del hombre (Taurus), y de ediciones en italiano (Queriniana, Il Saggiatore) y alemán de El medio divino.
  • Sitio oficial: no se ha verificado la web de la Fondation Teilhard de Chardin ni de la Association des Amis de Pierre Teilhard de Chardin; se deja official_site en null.
  • Localizar el fondo principal de manuscritos de los ensayos (depositados por Jeanne Mortier y la Fondation Teilhard de Chardin) y sus signaturas; solo se ha verificado la guía de Georgetown.
  • Programas de afiliación: ninguno verificado.

Investigado el 2026-10-25