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Filosofía presocrática

Heráclito

Ἡράκλειτος ὁ Ἐφέσιος

c. 535 a. C. – c. 475 a. C.Persona históricamente documentada

Filósofo de Éfeso (c. 535–475 a. C.) que escribió un solo libro, perdido, del que quedan unas ciento treinta frases citadas por otros autores. Enseñó que un lógos común gobierna todas las cosas, que los contrarios forman una unidad en tensión y que el mundo es un fuego siempre vivo que se enciende y se apaga según medida. Llamado «el Oscuro» por su estilo oracular, su biografía antigua es casi toda leyenda deducida de sus propios fragmentos.

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Heráclito, de Johannes Moreelse

Heráclito, de Johannes Moreelse · Public domain

En sus palabras

«Este lógos, que es siempre, los hombres no lo comprenden, ni antes de oírlo ni después de haberlo oído por primera vez; pues, aunque todo sucede según este lógos, parecen inexpertos cuando se ponen a prueba con palabras y obras como las que yo expongo, distinguiendo cada cosa según su naturaleza y mostrando cómo es. A los demás hombres se les escapa lo que hacen despiertos, igual que olvidan lo que hacen dormidos.»

DK 22 B1, transmitido por Sexto Empírico, Contra los matemáticos VII 132; Aristóteles (Retórica III 5) lo cita como comienzo del libro. Griego: Diels-Kranz; inglés: John Burnet, Early Greek Philosophy (1908), fr. 2 de la numeración de Bywater; español: traducción propia.

Su idea central

Lógos: En el griego del siglo VI, *lógos* significa palabra y discurso, pero también cuenta, cálculo y proporción.

Biografía

6 min de lectura

El Oscuro de Éfeso

De Heráclito no se conserva ninguna obra completa. Escribió un solo libro en prosa jonia, que todavía circulaba en época helenística y que después se perdió; lo que hoy leemos son unas ciento treinta frases breves que otros autores citaron, unas veces al pie de la letra y otras de memoria, a lo largo de más de mil años: Platón y Aristóteles, Plutarco, Sexto Empírico, Marco Aurelio, Clemente de Alejandría, Hipólito de Roma, Diógenes Laercio, Estobeo. Desde la edición de Hermann Diels (1903) se citan por un número precedido de la sigla DK 22 B. Tienen la forma del oráculo y de la sentencia, y la Antigüedad ya las encontró difíciles: Timón de Fliunte lo llamó «el que habla en enigmas», y la tradición posterior lo apodó «el Oscuro».

Éfeso hacia el año 500

Diógenes Laercio, que escribe en el siglo III d. C. siguiendo la cronología de Apolodoro, lo hace hijo de Blisón —o de Heracón, según otros— y sitúa su madurez en la 69.ª olimpiada (504–501 a. C.). Esa fecha es una convención de los cronógrafos antiguos, que colocaban el apogeo de un autor hacia los cuarenta años, y permite situar su nacimiento hacia el 540–535 a. C. Su ciudad era una de las grandes polis jonias de la costa de Asia Menor, sometida a Persia desde mediados del siglo VI y célebre por el santuario de Ártemis, uno de los mayores templos del mundo griego. Que Heráclito nombre en pasado a Pitágoras y a Jenófanes, y que Parménides parezca responderle, confirma una cronología a caballo entre los siglos VI y V.

Casi todo lo demás es dudoso. Antístenes de Rodas, citado por Diógenes, cuenta que pertenecía a la familia real de Éfeso y que cedió a su hermano el título de basileus, que en su tiempo conservaba funciones religiosas y honoríficas. John Burnet consideró que es quizá el único dato de su vida que puede aceptarse; el resto, como se verá, son historias deducidas de sus propias frases.

Un libro en el templo

Según Diógenes, su libro trataba «de la naturaleza» y estaba dividido en tres discursos —sobre el universo, sobre la política y sobre la teología—; lo depositó en el templo de Ártemis y lo escribió a propósito de forma oscura, para que solo los capaces se acercaran a él. Ni el título ni la división son seguros: los antiguos lo citaban también como «Las Musas» o como «timón certero para el rumbo de la vida», y el reparto en tres partes refleja probablemente la organización que le dieron sus comentaristas. Lo que sí muestran los fragmentos es un estilo deliberado, de frases simétricas, juegos de palabras y paradojas, a imagen del dios de Delfos, que «ni dice ni oculta, sino que da señales» (B93).

Contra los sabios y contra su ciudad

Heráclito habla con desdén de casi todos. La mucha erudición no enseña a tener entendimiento, escribe: si lo hiciera, se lo habría enseñado a Hesíodo, a Pitágoras, a Jenófanes y a Hecateo (B40). Homero merece ser expulsado de los certámenes y azotado, y Arquíloco también (B42); Hesíodo, maestro de la mayoría, no sabía que el día y la noche son uno (B57). Tampoco perdona a sus conciudadanos: los efesios harían bien en ahorcarse todos los adultos y dejar la ciudad a los muchachos, porque desterraron a Hermodoro, el mejor de ellos (B121). A esa voz aristocrática, para la que uno vale por diez mil si es el mejor (B49), corresponde una ética exigente: el pueblo debe luchar por la ley como por su muralla (B44).

Lo que enseñan los fragmentos

El centro de su pensamiento es el lógos, palabra que en griego significa a la vez discurso, cuenta y proporción. El fragmento que probablemente abría el libro (B1) afirma que este lógos es siempre, pero que los hombres no lo comprenden ni antes ni después de oírlo y viven como dormidos. Escuchando no al autor sino al lógos, dice B50, es sabio reconocer que todas las cosas son una. Esa unidad no es quietud, sino tensión de contrarios: lo que discrepa concuerda consigo mismo, como el arco y la lira (B51); el camino hacia arriba y hacia abajo es uno y el mismo (B60); la guerra es padre de todas las cosas (B53) y la justicia es discordia (B80). El mundo, el mismo para todos, no lo hizo ningún dios ni ningún hombre: fue, es y será fuego siempre vivo, que se enciende y se apaga según medida (B30).

La imagen del río procede de ahí. A quienes entran en los mismos ríos les llegan aguas siempre distintas (B12): el río permanece porque el agua cambia. Platón resumió la doctrina con la fórmula «todo se mueve y nada permanece» (Crátilo 402a), y la tradición la convirtió en el lema panta rhei, que no figura en ningún fragmento. Desde G. S. Kirk (1954), muchos especialistas sostienen que el flujo universal es una lectura platónica y que Heráclito subrayaba más bien la estabilidad que nace del cambio medido; otros, como Daniel W. Graham, defienden que el flujo sí formaba parte de su doctrina. El alma ocupa un lugar propio: sus límites no se encuentran aunque se recorra todo camino, tan hondo es su lógos (B45); el alma seca es la más sabia (B118); y el propio Heráclito escribe: «me he buscado a mí mismo» (B101).

La leyenda

Diógenes Laercio recoge una biografía novelesca. Heráclito se habría negado a dar leyes a los efesios y se habría retirado al templo de Ártemis a jugar a las tabas con los niños; misántropo, vivió en los montes alimentándose de hierbas, enfermó de hidropesía, preguntó en enigma a los médicos si sabrían convertir la lluvia en sequía y, como no le entendieron, se cubrió de estiércol para secarse al calor. Murió a los sesenta años; según Hermipo fue enterrado en el ágora, y según Neantes de Cícico, irreconocible bajo el estiércol, lo devoraron los perros. Burnet y, con más detalle, Ava Chitwood han mostrado que estas historias se fabricaron a partir de los fragmentos: la muerte del alma que se vuelve agua (B36) produjo la hidropesía; los cadáveres que deben arrojarse antes que el estiércol (B96), el estiércol; el tiempo como un niño que juega (B52), las tabas.

Otra tradición, de origen helenístico y difundida por Séneca, Juvenal y Luciano, lo convirtió en el filósofo que llora ante la necedad humana, frente a Demócrito, que ríe; el Renacimiento y el Barroco hicieron de la pareja un motivo pictórico. Son también tardías las nueve cartas que circularon con su nombre, entre ellas la respuesta al rey Darío en la que declina acudir a su corte: proceden de ambientes cínicos de los siglos I a. C. y I d. C. Más fiable es la escena que cuenta Aristóteles: a unos visitantes que dudaban en entrar al verlo calentándose junto al horno, les dijo que pasaran, porque también allí había dioses.

Herencia

Su influencia fue inmediata y duradera. Aristóteles cuenta que Platón trató en su juventud a Crátilo, heracliteano radical, y que de él tomó la convicción de que lo sensible fluye siempre; los estoicos hicieron del fuego y del lógos el centro de su física, y Cleantes escribió una explicación de su libro. Los autores cristianos lo citaron unas veces para elogiarlo y otras para combatirlo: gracias a Hipólito de Roma, que lo presentó como la fuente de la herejía de Noeto, conocemos muchos de los fragmentos principales. En la época moderna, Hegel afirmó que no había frase de Heráclito que no hubiera acogido en su Lógica; Nietzsche lo admiró; Heidegger le dedicó sus cursos de 1943 y 1944 y un seminario con Eugen Fink en 1966–1967. Sigue siendo el presocrático más leído, quizá porque sus frases, sueltas y pulidas, invitan a cada época a reconocerse en ellas.

Fuentes: Jung, Carl Gustav. Psychologische Typen. Rascher, Zúrich, 1921, cap. XI, «Definiciones», s. v. «Enantiodromie». · Diógenes Laercio. Vidas y opiniones de los filósofos ilustres, libro IX, 1–17 (Heráclito), y II 22, VII 174, s. III d. C. Trad. inglesa de C. D. Yonge, Bohn, Londres, 1853 (Project Gutenberg n.º 57342); trad. inglesa de R. D. Hicks, Loeb Classical Library, 1925 (Wikisource). · Diels, Hermann y Kranz, Walther. Die Fragmente der Vorsokratiker, 6.ª ed., 3 vols. Weidmann, Berlín, 1951–1952; cap. 22 (Heraklit), A (testimonios) y B (fragmentos 1–126, más los dudosos y espurios). Texto griego de los fragmentos B consultado en la transcripción de Wikisource en griego. · Kirk, G. S., Raven, J. E. y Schofield, M. The Presocratic Philosophers: A Critical History with a Selection of Texts, 2.ª ed. Cambridge University Press, Cambridge, 1983, cap. VI (Heraclitus of Ephesus). Trad. esp. de Jesús García Fernández, Los filósofos presocráticos, Gredos, Madrid, 1987. · Kahn, Charles H. The Art and Thought of Heraclitus: An Edition of the Fragments with Translation and Commentary. Cambridge University Press, Cambridge, 1979.

Cronología

La vida, año a año

Cada punto es un acontecimiento documentado. Pulsa para leerlo, con su fuente y su grado de certeza.

  1. c. 535 a. C. · 0 años

    Nacimiento

    Nace en Éfeso, hijo de Blisón (o de Heracón, según otros). La fecha se deduce de la madurez que Apolodoro fija en la 69.ª olimpiada; Wikidata registra 535 a. C. Los años anteriores a nuestra era se expresan en negativo.

    Probable

  2. c. 504 a. C. · 31 años

    Madurez («acmé») según Apolodoro

    Diógenes Laercio (IX 1), siguiendo la cronología de Apolodoro, sitúa su madurez en la 69.ª olimpiada (504–501 a. C.), en tiempos de Darío I.

    Tradición

  3. c. 500 a. C.

    Cesión del título real

    Según Antístenes de Rodas (en Diógenes Laercio IX 6), cede a su hermano el título de basileus, con funciones religiosas. Fecha desconocida; Burnet lo considera el dato biográfico más verosímil.

    Tradición

  4. 499 a. C.

    Revuelta jonia

    Las ciudades jonias se sublevan contra Persia (499–494 a. C.); Éfeso queda en la órbita persa. Es el marco político de las tensiones civiles que reflejan sus fragmentos.

    Documentado

  5. c. 490 a. C.

    Destierro de Hermodoro

    Los efesios destierran a su amigo Hermodoro, «el mejor de ellos», y Heráclito los increpa (B121). La fecha es desconocida: Zeller la situaba después del 478 a. C. y Burnet la creía posible bajo dominio persa.

    Discutido

  6. c. 480 a. C.

    El libro depositado en el Artemisio

    Según Diógenes Laercio (IX 6), deposita su libro en el templo de Ártemis. La noticia es tardía, aunque la dedicación de escritos en santuarios era una práctica conocida.

    Tradición

  7. c. 475 a. C. · 60 años

    Muerte

    Muere hacia los sesenta años, según Diógenes Laercio (IX 3). Las circunstancias (hidropesía, estiércol, perros) son legendarias y se derivan de sus fragmentos.

    Tradición

  8. c. 385 a. C.

    Platón, «Crátilo»

    Platón atribuye a Heráclito que «todo se mueve y nada permanece» y que no se puede entrar dos veces en el mismo río (402a); Aristóteles cuenta que Platón trató de joven al heracliteano Crátilo.

    Probable

  9. c. 260 a. C.

    Cleantes comenta su libro

    El estoico Cleantes escribe unas «Explicaciones de Heráclito» en cuatro libros (Diógenes Laercio VII 174); los estoicos adoptan el fuego y el lógos.

    Documentado

  10. c. 225 a. C.

    Hipólito cita sus fragmentos

    En la «Refutación de todas las herejías» (IX 9–10), Hipólito de Roma transcribe una serie de fragmentos (B1, B50–B67) para mostrar que la herejía de Noeto procede de Heráclito.

    Documentado

  11. 1877

    Edición de Bywater

    Ingram Bywater publica «Heracliti Ephesii reliquiae», primera edición crítica moderna de referencia.

    Documentado

  12. 1903

    Diels fija la numeración

    Hermann Diels publica «Die Fragmente der Vorsokratiker»; su numeración, revisada por Walther Kranz (5.ª ed., 1934–1937; 6.ª, 1951–1952), es la que se usa hoy (DK 22 B).

    Documentado

  13. 1943

    Heidegger dicta sus cursos sobre Heráclito

    Martin Heidegger dedica a Heráclito los cursos de los semestres de verano de 1943 y 1944; en el invierno de 1966–1967 dirige con Eugen Fink un seminario sobre sus fragmentos.

    Documentado

  14. 1979

    «The Art and Thought of Heraclitus»

    Charles H. Kahn publica una edición comentada que reordena los fragmentos y defiende la unidad literaria y la ambigüedad deliberada del libro.

    Documentado

Obras

Obras esenciales

Las obras sin las que no se entiende su legado.

Sobre la naturaleza (libro perdido) — Heráclito

Obra escrita · c. 500 a. C.

Sobre la naturaleza (libro perdido)

Περὶ φύσεως (título convencional)

Libro en prosa jonia, escrito hacia el 500 a. C. y depositado, según la tradición, en el templo de Ártemis de Éfeso. Se leyó y comentó durante siglos —Teofrasto, Cleantes, Esfero y varios gramáticos lo explicaron— y se perdió en la Antigüedad tardía. Su contenido se reconstruye a partir de unas ciento treinta citas: la doctrina del lógos común, la unidad y tensión de los contrarios, el fuego siempre vivo que se enciende y se apaga según medida, el alma y su profundidad, la crítica de Homero, Hesíodo y Pitágoras, la religión de los misterios y la vida política de Éfeso. El orden original de las frases es desconocido; cada editor propone el suyo.

15 ediciones · amazon.es

Fragmentos (Diels-Kranz 22 B 1–126) — Heráclito

Edición crítica · 1903

Fragmentos (Diels-Kranz 22 B 1–126)

Ἡρακλείτου ἀποσπάσματα (DK 22 B)

El corpus de citas literales que la filología moderna atribuye a Heráclito, unas 125 frases agrupadas como DK 22 B, junto a los testimonios indirectos (DK 22 A). Proceden de autores que las citaron con sus propios fines: Hipólito de Roma (que transmite B1 y la serie B50–B67), Clemente de Alejandría, Plutarco, Sexto Empírico, Diógenes Laercio, Estobeo, Marco Aurelio, Porfirio, Orígenes y otros. Cada cita plantea problemas de delimitación —dónde termina la frase de Heráclito y empieza la paráfrasis— y de dialecto. Las ediciones posteriores (Marcovich 1967, Kahn 1979, Mouraviev 1999–2011, Laks y Most 2016) reordenan el material, pero la referencia DK sigue siendo universal.

7 ediciones · amazon.com

Frases

Frases localizadas en una obra concreta. Cada una lleva su procedencia y su nivel de confianza.

Este lógos, que es siempre, los hombres no lo comprenden, ni antes de oírlo ni después de haberlo oído por primera vez; pues, aunque todo sucede según este lógos, parecen inexpertos cuando se ponen a prueba con palabras y obras como las que yo expongo, distinguiendo cada cosa según su naturaleza y mostrando cómo es. A los demás hombres se les escapa lo que hacen despiertos, igual que olvidan lo que hacen dormidos.

τοῦ δὲ λόγου τοῦδ᾽ ἐόντος ἀεὶ ἀξύνετοι γίνονται ἄνθρωποι καὶ πρόσθεν ἢ ἀκοῦσαι καὶ ἀκούσαντες τὸ πρῶτον· γινομένων γὰρ πάντων κατὰ τὸν λόγον τόνδε ἀπείροισιν ἐοίκασι, πειρώμενοι καὶ ἐπέων καὶ ἔργων τοιούτων, ὁκοίων ἐγὼ διηγεῦμαι κατὰ φύσιν διαιρέων ἕκαστον καὶ φράζων ὅκως ἔχει· τοὺς δὲ ἄλλους ἀνθρώπους λανθάνει ὁκόσα ἐγερθέντες ποιοῦσιν, ὅκωσπερ ὁκόσα εὕδοντες ἐπιλανθάνονται.

VerificadaDK 22 B1, transmitido por Sexto Empírico, Contra los matemáticos VII 132; Aristóteles (Retórica III 5) lo cita como comienzo del libro. Griego: Diels-Kranz; inglés: John Burnet, Early Greek Philosophy (1908), fr. 2 de la numeración de Bywater; español: traducción propia.

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Citas apócrifas o de atribución discutida (5)
  • «Todo fluye (panta rhei).»

    La fórmula no aparece en ningún fragmento. Resume la lectura platónica de Heráclito («todo se mueve y nada permanece», Crátilo 402a) y la expresión literal πάντα ῥεῖ procede de comentaristas tardíos como Simplicio. Muchos especialistas creen que Heráclito subrayaba la estabilidad que resulta del cambio medido, no el flujo universal.

  • «Ningún hombre se baña dos veces en el mismo río, porque ni el río ni el hombre son los mismos.»

    Ampliación moderna que combina B12, B91 y el discutido B49a («entramos y no entramos en los mismos ríos, somos y no somos»). La segunda mitad, sobre el hombre que ya no es el mismo, no figura en ninguna fuente antigua.

  • «Lo único constante es el cambio.»

    Muy difundida en libros de empresa y redes sociales. No tiene fuente antigua; es una paráfrasis moderna del tópico del flujo.

  • «El alma se tiñe del color de sus pensamientos.»

    Se atribuye a Heráclito con frecuencia, pero es de Marco Aurelio, Meditaciones V 16, seis siglos posterior.

  • «De cada cien hombres, diez no deberían estar allí, ochenta son solo blancos, nueve son los verdaderos combatientes… y uno es un guerrero.»

    Circula en ambientes militares y en internet con el nombre de Heráclito. No aparece en ninguna colección de fragmentos ni en ningún autor antiguo.

Últimas palabras

No existen registros verificables de sus últimas palabras.

No se conserva ningún registro de sus últimas palabras. Diógenes Laercio (IX 3) solo transmite el enigma que habría planteado a los médicos —si sabrían convertir un aguacero en sequía— dentro de un relato de su muerte que la crítica considera derivado de sus propios fragmentos (B36).

Fuente: Diógenes Laercio. Vidas y opiniones de los filósofos ilustres, libro IX, 1–17 (Heráclito), y II 22, VII 174, s. III d. C. Trad. inglesa de C. D. Yonge, Bohn, Londres, 1853 (Project Gutenberg n.º 57342); trad. inglesa de R. D. Hicks, Loeb Classical Library, 1925 (Wikisource).

Preguntar

Lo que su obra responde

Doce grandes preguntas de la humanidad y lo que sus textos permiten responder, con referencias. Nunca ponemos palabras en su boca.

  • ¿Qué es lo Absoluto? ¿Existe Dios?

    Un lógos común y un fuego siempre vivo que ningún dios hizo

    Un Absoluto impersonalLo dice expresamente

    Para Heráclito lo último es el lógos, la medida según la cual todo sucede, y el fuego siempre vivo que se enciende y se apaga según medida. El fragmento B30 niega expresamente que el cosmos lo hiciera ninguno de los dioses ni de los hombres: fue siempre, es y será. Lo divino no tiene aquí rostro de artesano ni de padre. Sin embargo, Heráclito no prescinde del lenguaje religioso: B32 dice que lo uno, lo único sabio, no quiere y quiere ser llamado con el nombre de Zeus, y B67 llama dios a la unidad de los contrarios, día y noche, invierno y verano, guerra y paz. Es un principio impersonal e inteligente que el nombre tradicional del dios solo designa a medias.

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  • ¿Quién soy yo? ¿Existe un yo verdadero?

    El alma no tiene límites: su medida es el lógos común

    El Ser es lo AbsolutoSe deduce de su doctrina

    Heráclito dice de sí mismo que se ha buscado (B101) y que a todos los hombres les es dado conocerse y ser sensatos (B116). Pero lo que encuentra al buscarse no es una interioridad privada: los límites del alma no los hallarías aunque recorrieras todos los caminos, tan profundo es su lógos (B45). Ese lógos es común a todos, como común es el pensar (B113), y el error de la mayoría consiste en vivir como si tuviera un entendimiento propio (B2). El alma es además de naturaleza ígnea y cambiante: nace del agua y muere en agua (B36). Su obra sugiere que lo más hondo del yo coincide con la medida que rige el cosmos, aunque nunca formula una identidad.

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  • ¿Por qué sufrimos?

    La enfermedad hace dulce la salud: sufre quien no comprende el lógos

    La ignorancia de lo que somosSe deduce de su doctrina

    Heráclito no dedica un fragmento a la causa del sufrimiento, pero su obra permite reconstruir una actitud. Los contrarios son inseparables: la enfermedad hace agradable la salud, el hambre la saciedad, el cansancio el descanso (B111), y no sería mejor para los hombres que les ocurriera todo lo que desean (B110). Para el dios todo es bello, bueno y justo; son los hombres los que han tenido unas cosas por injustas y otras por justas (B102). La guerra misma es común y la justicia es discordia (B80). El dolor nace, pues, de una visión parcial: de quienes no comprenden el lógos aunque todo sucede según él (B1) y viven como dormidos.

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  • ¿Qué ocurre después de la muerte?

    Al morir aguardan cosas que los hombres no esperan ni imaginan

    Silencio o reservaSe deduce de su doctrina

    Heráclito habla de la muerte en varios fragmentos, siempre en su estilo enigmático, y ninguno ofrece una descripción del más allá. B27 dice que a los hombres, al morir, les aguardan cosas que no esperan ni imaginan; B62, que inmortales y mortales viven la muerte unos de otros; B36 inserta el alma en el ciclo de los elementos, pues para las almas es muerte volverse agua. B25 promete mayores suertes a las muertes más grandes, quizá las de los caídos en combate. El conjunto sugiere que la muerte es una transformación más dentro del flujo regido por el lógos, y que lo que viene después no corresponde a las expectativas habituales; no permite afirmar una supervivencia personal ni negarla.

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  • ¿Cómo se alcanza la liberación o la salvación?

    Lo sabio es uno: conocer el pensamiento que gobierna todo a través de todo

    Por el conocimiento directoSe deduce de su doctrina

    Heráclito no habla de salvación, sino de despertar. Los hombres viven como dormidos, sin comprender el lógos aunque todo suceda según él (B1), y cada uno se vuelve hacia un mundo propio. Lo sabio, dice B41, es una sola cosa: conocer el pensamiento que gobierna todas las cosas a través de todas. Esa comprensión no la da la mucha erudición, que no enseñó a Hesíodo ni a Pitágoras (B40), sino escuchar al lógos y convenir en que todo es uno (B50). B112 une conocimiento y conducta: pensar bien es la mayor virtud, y la sabiduría consiste en decir la verdad y obrar según la naturaleza, escuchándola. Lo que libera es comprender la medida común.

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  • ¿Hace falta un maestro?

    No a mí, sino al lógos: la erudición ajena no da entendimiento

    Ninguna autoridad espiritualLo dice expresamente

    Heráclito es quizá el pensador griego más hostil a la autoridad de los sabios reconocidos. La mucha erudición no enseña a tener entendimiento, dice B40; si no, se lo habría enseñado a Hesíodo, a Pitágoras, a Jenófanes y a Hecateo. Homero merecería ser expulsado de los certámenes y azotado, y Hesíodo, maestro de los más, no sabía que el día y la noche son uno. Ni siquiera reclama autoridad para sí: es sabio, escuchando no a él sino al lógos, convenir en que todo es uno (B50). Y frente a cualquier escuela opone su propio método: me he buscado a mí mismo (B101). Nadie puede comprender por otro el lógos que es común a todos.

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  • ¿Es real el mundo?

    Fuego siempre vivo que se enciende y se apaga según medida

    Orden natural en transformaciónLo dice expresamente

    Para Heráclito el mundo es real y está en perpetua transformación. B30 lo describe como un fuego siempre vivo que se enciende y se apaga según medida, que nadie hizo y que siempre fue, es y será. A los que entran en los mismos ríos les fluyen encima aguas distintas (B12): la identidad de las cosas se mantiene a través del cambio, como la del río. Los contrarios están unidos en tensión, como en el arco y la lira (B51), y la guerra es padre de todas las cosas (B53). Pero el flujo no es caos: el sol no rebasará sus medidas (B94). Lo real es el curso cambiante de las cosas, ordenado por un lógos al que el sabio se acompasa.

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  • ¿Qué es el amor?

    Ningún fragmento habla del amor; la fuerza que une es la tensión

    No se pronunció

    Entre los fragmentos conservados de Heráclito no hay ninguno dedicado al amor, ni erótico ni como benevolencia. Lo que une las cosas en su obra no es la atracción, sino la tensión de contrarios: lo que difiere concuerda consigo mismo, armonía de tensiones opuestas, como la del arco y la lira (B51). La guerra es padre de todos (B53) y la justicia es discordia (B80). Heráclito incluso reprocha a Homero haber deseado que la discordia desapareciera de entre dioses y hombres, pues sin ella no habría armonía (A22). Sería forzado extraer de aquí una doctrina del amor; lo más cercano es la armonía oculta, que vale más que la manifiesta (B54).

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  • ¿Somos libres o está todo determinado?

    El carácter es para el hombre su destino

    Destino y responsabilidadLo dice expresamente

    El fragmento más citado de Heráclito sobre esta cuestión es B119: el carácter es para el hombre su destino, su dáimon. La frase puede leerse en dos sentidos que no se excluyen: el destino de cada uno no es una potencia ajena, sino que se identifica con su modo de ser; y, a la vez, ese carácter funciona como una fuerza que lo conduce. Por otra parte, Heráclito afirma que todo sucede según el lógos (B1) y por discordia y necesidad (B80), y que el sol no rebasará sus medidas, pues las Erinias, ayudantes de la Justicia, lo descubrirían (B94). Hay un orden que todo lo rige, pero el centro de gravedad del destino humano está en la conducta.

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  • ¿Para qué meditar u orar?

    Rezar a las estatuas es hablar con las paredes: hay que comprender el lógos

    Ver la realidad tal como esSe deduce de su doctrina

    Heráclito critica con dureza las formas religiosas de su tiempo. Los que se purifican manchándose con sangre son como quien, tras pisar el barro, quisiera lavarse con barro; y rezan a las estatuas como si alguien conversara con las casas, sin conocer a los dioses ni a los héroes (B5). Los ritos mistéricos, tal como se practican, son impíos (B14). Lo que propone en su lugar es una forma de atención: escuchar al lógos y no a él (B50), despertar del sueño en que viven los más (B1) y buscarse a uno mismo (B101). La finalidad no es obtener favores, sino ver lo que hay, el lógos común que la naturaleza, amiga de ocultarse, esconde.

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  • ¿Puede la razón conocer lo último?

    La naturaleza ama ocultarse; el lógos es común, pero pocos lo comprenden

    Conocimiento esotéricoSe deduce de su doctrina

    Heráclito cree que el lógos puede comprenderse —es común a todos, como lo es el pensar (B113)—, pero que casi nadie lo hace. La naturaleza ama ocultarse (B123), la armonía invisible vale más que la visible (B54), y el señor del oráculo de Delfos ni dice ni oculta, sino que da señales (B93), igual que su propio estilo enigmático, que le valió el sobrenombre de «el Oscuro». Los ojos y los oídos son malos testigos para quien tiene alma bárbara (B107), y la mucha erudición no da entendimiento (B40). Si no se espera lo inesperado, no se hallará (B18). Lo último es accesible, pero exige descifrar los signos; la verdad está a la vista, escondida para quien no sabe mirar.

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  • ¿Retirarse del mundo o transformarlo?

    El pueblo debe luchar por la ley como por su muralla

    Ordenar la sociedadLo dice expresamente

    La biografía antigua cuenta que Heráclito renunció a la realeza hereditaria en favor de su hermano, se negó a dar leyes a Éfeso y acabó viviendo en los montes, alimentándose de hierbas. Pero estas anécdotas, transmitidas por Diógenes Laercio, se consideran en buena parte deducciones de sus fragmentos. Los propios fragmentos hablan de otro modo: el pueblo debe luchar por la ley como por la muralla (B44); quienes hablan con inteligencia deben apoyarse en lo común a todos, como la ciudad en su ley, y con mucha más fuerza, pues todas las leyes humanas se nutren de una sola, la divina (B114). La sabiduría tiene, pues, una dimensión cívica: la ley justa refleja el lógos.

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Anécdotas y relatos

Anécdotas y relatos

Testimonioc. 500 a. C. (incierto)

«También aquí hay dioses»

Unos forasteros llegaron a Éfeso con la intención de conocer al famoso Heráclito. Al entrar en su casa lo encontraron en la cocina, calentándose junto al horno —el *ipnós*, un lugar humilde y poco decoroso para recibir visitas—, y se quedaron en el umbral, desconcertados. Heráclito los animó a pasar sin reparo: «También aquí hay dioses». Aristóteles se sirve de la escena para defender el estudio de los animales más modestos: en todas las cosas naturales hay algo admirable, y no hay que apartarse con desdén de ninguna. La frase se ha leído como expresión de la idea heraclitea de que lo divino recorre todo el cosmos, y también como un gesto de ironía ante quienes esperaban encontrar a un sabio en un lugar solemne.

Origen del relato: Aristóteles, Partes de los animales I 5, 645a17–23, que lo introduce con un «se dice». Es el testimonio más antiguo de una anécdota sobre Heráclito y no procede de la tradición biográfica tardía, aunque Aristóteles escribe siglo y medio después.

Fuente: Aristóteles. Partes de los animales I 5, 645a17–23 (la anécdota del horno); Metafísica A 6, 987a29–b1 (Platón y Crátilo) y Γ 3, 1005b23–25; Retórica III 5, 1407b11–18 (la puntuación de B1). Trad. inglesa de W. Ogle (1882) y W. D. Ross (1908), Internet Classics Archive (MIT).

Disputadoc. 500 a. C.

El rey que cedió el trono

En Éfeso, como en otras ciudades jonias, la familia que descendía de los fundadores conservaba el título de *basileus*, «rey», vaciado ya de poder político pero ligado a ciertos sacrificios y privilegios, como el asiento de honor en los juegos. Antístenes de Rodas contaba que Heráclito, que pertenecía a esa familia, renunció al título en favor de su hermano. Diógenes Laercio aduce el gesto como prueba de su «grandeza de ánimo». John Burnet lo consideró quizá el único dato fiable de su biografía, porque no parece deducido de ningún fragmento; otros especialistas lo tratan con la misma cautela que el resto de la tradición.

Origen del relato: Diógenes Laercio IX 6, citando las «Sucesiones» de Antístenes de Rodas (s. II a. C.). Estrabón (XIV 1.3) confirma que los descendientes de Androclo, fundador de Éfeso, conservaban el título real y sus honores.

Fuente: Diógenes Laercio. Vidas y opiniones de los filósofos ilustres, libro IX, 1–17 (Heráclito), y II 22, VII 174, s. III d. C. Trad. inglesa de C. D. Yonge, Bohn, Londres, 1853 (Project Gutenberg n.º 57342); trad. inglesa de R. D. Hicks, Loeb Classical Library, 1925 (Wikisource).

No verificablec. 490–480 a. C. (tradicional)

Las tabas en el templo de Ártemis

Cuando los efesios le pidieron que les diera leyes, Heráclito se negó: la ciudad, dijo, estaba ya dominada por una mala constitución. Se retiró al templo de Ártemis y se puso a jugar a las tabas con los niños. Al ver que los ciudadanos se agolpaban a su alrededor, les preguntó: «¿De qué os asombráis, miserables? ¿No es mejor hacer esto que gobernar la ciudad con vosotros?». La escena condensa la imagen de un aristócrata asqueado de su ciudad tras el destierro de Hermodoro, pero casi con seguridad es una dramatización de dos fragmentos: el que dice que los efesios deberían dejar la ciudad a los muchachos (B121) y el que compara el tiempo con un niño que juega (B52).

Origen del relato: Diógenes Laercio IX 2–3 (s. III d. C.), sin fuente nombrada. Burnet (Early Greek Philosophy, § 63, n. 324) y Chitwood (Death by Philosophy, 2004) muestran cómo la tradición biográfica derivó estas escenas de los fragmentos.

Fuente: Diógenes Laercio. Vidas y opiniones de los filósofos ilustres, libro IX, 1–17 (Heráclito), y II 22, VII 174, s. III d. C. Trad. inglesa de C. D. Yonge, Bohn, Londres, 1853 (Project Gutenberg n.º 57342); trad. inglesa de R. D. Hicks, Loeb Classical Library, 1925 (Wikisource).

No verificables. V a. C. (tradicional)

El buceador de Delos

Eurípides, cuenta Aristón, prestó a Sócrates el libro de Heráclito y le preguntó qué le había parecido. Sócrates respondió: «Lo que he entendido es excelente; creo que también lo que no he entendido. Pero hace falta un buceador de Delos». Los buceadores de la isla tenían fama de bajar a grandes profundidades, y la frase se volvió proverbial para designar un texto cuya verdad está al fondo. Diógenes Laercio la repite en la vida de Heráclito, atribuyendo otra versión a un tal Crates, que habría traído el libro a Grecia. Es una anécdota ingeniosa sobre la oscuridad de Heráclito, pero no hay testimonio contemporáneo de que Sócrates lo leyera.

Origen del relato: Diógenes Laercio II 22 (vida de Sócrates, citando a Aristón) y IX 11–12 (citando a Seleuco el gramático y a Crotón). No figura en Platón ni en Jenofonte.

Fuente: Diógenes Laercio. Vidas y opiniones de los filósofos ilustres, libro IX, 1–17 (Heráclito), y II 22, VII 174, s. III d. C. Trad. inglesa de C. D. Yonge, Bohn, Londres, 1853 (Project Gutenberg n.º 57342); trad. inglesa de R. D. Hicks, Loeb Classical Library, 1925 (Wikisource).

Disputadoc. 475 a. C. (tradicional)

La muerte bajo el estiércol

Al final de su vida, cuenta Diógenes Laercio, Heráclito se volvió misántropo y vivió en los montes alimentándose de hierbas y plantas. Enfermó de hidropesía, bajó a la ciudad y preguntó en enigma a los médicos si serían capaces de convertir un aguacero en sequía. Como no le entendieron, se encerró en un establo y se cubrió de estiércol de buey, esperando que el calor evaporase el agua de su cuerpo. Murió a los sesenta años. Hermipo da otra versión: preguntó a los médicos si alguien podía sacar el agua vaciando las entrañas, se hizo untar de estiércol al sol y murió al día siguiente, y fue enterrado en el ágora. Neantes de Cícico añade que, incapaz de arrancarse el estiércol y desfigurado, lo devoraron los perros. Aristón e Hipóboto, en cambio, afirmaban que se curó y murió de otra enfermedad.

Origen del relato: Diógenes Laercio IX 3–5, con las versiones de Hermipo, Neantes, Aristón e Hipóboto. Ava Chitwood (Death by Philosophy, 2004) y antes Burnet mostraron que la historia se construye con sus fragmentos: el agua que es muerte del alma (B36), los cadáveres más desechables que el estiércol (B96), el desprecio de los médicos (B58). Las versiones se contradicen entre sí.

Fuente: Chitwood, Ava. Death by Philosophy: The Biographical Tradition in the Life and Death of the Archaic Philosophers Empedocles, Heraclitus, and Democritus. University of Michigan Press, Ann Arbor, 2004.

No verificabletópico helenístico y romano

El filósofo que llora

Desde época helenística, Heráclito y Demócrito forman una pareja moral: ante la locura del mundo, el primero llora y el segundo ríe. Séneca se pregunta cuál de las dos actitudes es preferible y se inclina por la risa, que es más humana; Juvenal y Luciano repiten el contraste, este último en una escena satírica en la que Heráclito, puesto a la venta, solo sabe lamentarse. El tópico no tiene apoyo en los fragmentos —que son más desdeñosos que melancólicos— y probablemente nace de la noticia de Teofrasto, recogida por Diógenes Laercio, sobre la «melancolía» que le hacía dejar obras sin terminar. El Renacimiento lo convirtió en motivo pictórico: Bramante, Rubens, Moreelse y Ter Brugghen pintaron al filósofo lloroso junto al globo terráqueo.

Origen del relato: Séneca, De ira II 10.5 y De la tranquilidad del ánimo 15.2; Juvenal, Sátiras X 28–32; Luciano, Subasta de vidas 13–14. La palabra «melancolía» procede de Teofrasto según Diógenes Laercio IX 6. Es un tópico literario, no un dato biográfico.

Fuente: Séneca. De ira II 10.5 y De tranquillitate animi 15.2; Juvenal, Sátiras X 28–32; Luciano, Subasta de vidas 13–14 (el tópico de Heráclito que llora y Demócrito que ríe).

Disputadoc. 500 a. C. (tradicional)

El libro depositado en el templo

Diógenes Laercio cuenta que Heráclito depositó su libro en el templo de Ártemis, el gran santuario de Éfeso, y que lo escribió a propósito de forma oscura para que solo los capaces se acercasen a él y no quedara expuesto al desprecio del vulgo. El gesto tiene paralelos —consagrar un objeto o un escrito a la divinidad era práctica conocida— y encaja con el tono oracular de los fragmentos. Pero la noticia llega tarde, sin fuente nombrada, y la explicación de la oscuridad como estrategia para alejar a la multitud parece una interpretación de los lectores antiguos más que un dato. Teofrasto ofrecía otra: la melancolía, que le hacía dejar frases a medio terminar.

Origen del relato: Diógenes Laercio IX 6; Teofrasto citado en el mismo lugar. Kahn (1979) y Burnet discuten la noticia sin descartarla del todo.

Fuente: Diógenes Laercio. Vidas y opiniones de los filósofos ilustres, libro IX, 1–17 (Heráclito), y II 22, VII 174, s. III d. C. Trad. inglesa de C. D. Yonge, Bohn, Londres, 1853 (Project Gutenberg n.º 57342); trad. inglesa de R. D. Hicks, Loeb Classical Library, 1925 (Wikisource).

Enseñanzas

Enseñanzas

Las nociones que articulan su pensamiento, explicadas en su contexto.

Lógoslogos
En el griego del siglo VI, *lógos* significa palabra y discurso, pero también cuenta, cálculo y proporción. Heráclito lo usa en todos esos sentidos a la vez. En B1 es el discurso que él mismo expone y, al mismo tiempo, la ley según la cual sucede todo; en B50 pide escuchar no al autor sino al lógos, que dice que todo es uno; en B2 subraya que es común (*xynós*), aunque la mayoría vive como si tuviera un pensamiento propio. El lógos no es una divinidad personal ni una razón separada del mundo: es la estructura que hace que los contrarios se correspondan y que los cambios guarden medida. Comprenderlo exige despertar, porque los hombres, dice, se comportan con él como dormidos. Los estoicos convirtieron el término en el principio racional que penetra el cosmos, y el prólogo del Evangelio de Juan lo cargó de un sentido teológico ajeno a Heráclito, aunque los apologistas cristianos aprovecharon la coincidencia.

Concepto central del libro, presente en B1, B2, B45, B50, B72 y B115.

Fuente: Kahn, Charles H. The Art and Thought of Heraclitus: An Edition of the Fragments with Translation and Commentary. Cambridge University Press, Cambridge, 1979.

Unidad de los contrariosunidad-de-los-contrarios
Heráclito afirma que pares aparentemente opuestos —día y noche, invierno y verano, guerra y paz, vida y muerte, arriba y abajo— son en realidad uno. Los fragmentos muestran varios tipos de unidad: la misma cosa es buena y mala según para quién (el agua del mar es pura para los peces e impotable para los hombres, B61); una cosa pasa a su contraria (lo frío se calienta, lo húmedo se seca, B126); los opuestos se necesitan, porque la enfermedad hace agradable la salud (B111); y un mismo camino es ascendente y descendente (B60). La imagen del arco y la lira (B51) explica la clave: la unidad es una armonía de tensiones contrarias, y la armonía invisible es mejor que la visible (B54). Aristóteles le reprochó negar el principio de no contradicción; los intérpretes modernos prefieren ver en estas frases una lógica de la relación y del equilibrio dinámico, no una negación de la lógica.

Doctrina transmitida sobre todo por Hipólito (B51–B67), que la relaciona con la teología de Noeto.

Fuente: Kirk, G. S., Raven, J. E. y Schofield, M. The Presocratic Philosophers: A Critical History with a Selection of Texts, 2.ª ed. Cambridge University Press, Cambridge, 1983, cap. VI (Heraclitus of Ephesus). Trad. esp. de Jesús García Fernández, Los filósofos presocráticos, Gredos, Madrid, 1987.

Fuego siempre vivofuego-siempre-vivo
B30 afirma que el mundo no fue hecho por dioses ni por hombres, sino que siempre fue, es y será «fuego siempre vivo» que se enciende y se apaga según medida. El fuego no es solo uno de los elementos, como el agua de Tales o el aire de Anaxímenes: es el modelo de un proceso que consume y transforma sin perder la proporción. Todo se intercambia por fuego y el fuego por todo, como las mercancías por oro (B90); sus «giros» son el mar y la tierra (B31), y el rayo gobierna todas las cosas (B64). Aristóteles y Teofrasto lo leyeron como un principio material; los estoicos, como el fuego artesano que periódicamente consume el cosmos en una conflagración (*ekpýrosis*). Que Heráclito sostuviera esa conflagración cíclica es dudoso: B30 dice que el mundo siempre ha sido y será, y Kirk, entre otros, atribuye la ekpýrosis a la relectura estoica.

Cosmología de los fragmentos B30, B31, B64, B66, B90.

Fuente: Kirk, G. S. Heraclitus: The Cosmic Fragments. Cambridge University Press, Cambridge, 1954.

El río y el flujoel-rio
Los fragmentos fluviales son tres: B12 (a los que entran en los mismos ríos les fluyen aguas distintas), B91 (no se puede entrar dos veces en el mismo río) y B49a (entramos y no entramos, somos y no somos). Solo el primero se considera hoy con seguridad literal. Platón, en el Crátilo y el Teeteto, convirtió la imagen en la tesis del flujo universal —todo se mueve, nada permanece— y la usó para argumentar que lo sensible no puede ser objeto de ciencia. Aristóteles atribuye a Crátilo, discípulo radical, la conclusión de que ni una sola vez se puede entrar en el mismo río. La lectura de B12 que defendió Kirk y desarrollaron otros es casi la contraria: el río sigue siendo el mismo precisamente porque sus aguas cambian; la identidad depende de un proceso regulado. Graham, en cambio, sostiene que Heráclito defendía un flujo real, aunque medido. El debate decide qué tipo de pensador era: un teórico del cambio o un teórico de la estabilidad en el cambio.

Fragmentos B12, B49a y B91; testimonios de Platón (Crátilo 402a) y Aristóteles (Metafísica Γ 5, 1010a10–15).

Fuente: Graham, Daniel W. «Heraclitus». The Stanford Encyclopedia of Philosophy, ed. Edward N. Zalta y Uri Nodelman; primera publicación el 8 de febrero de 2007, revisión sustancial del 8 de diciembre de 2023.

Pólemos: la guerra y la justiciapolemos
«La guerra es padre de todos y rey de todos» (B53). Heráclito invierte el deseo de Homero, que en la Ilíada pide que la discordia desaparezca de entre los dioses y los hombres: si se cumpliera, dice Aristóteles resumiendo a Heráclito, no habría armonía, porque no habría agudo ni grave. B80 lleva la idea más lejos: hay que saber que la guerra es común, que la justicia es discordia y que todo sucede según discordia y necesidad. Frente a Anaximandro, para quien los contrarios se pagan castigo unos a otros por su injusticia, Heráclito hace de la lucha misma la forma de la justicia. No elogia la violencia militar, aunque honra a los caídos (B24): describe un orden en el que cada cosa existe por la tensión con su contraria, y en el que esa tensión, mantenida en su medida, es lo que el lógos expresa.

Fragmentos B53, B80 y A22 (Aristóteles, Ética eudemia VII 1, 1235a25).

Fuente: Kirk, G. S., Raven, J. E. y Schofield, M. The Presocratic Philosophers: A Critical History with a Selection of Texts, 2.ª ed. Cambridge University Press, Cambridge, 1983, cap. VI (Heraclitus of Ephesus). Trad. esp. de Jesús García Fernández, Los filósofos presocráticos, Gredos, Madrid, 1987.

El alma (psyché)psyche
Heráclito es uno de los primeros autores griegos que hacen del alma un objeto de reflexión. El alma forma parte del ciclo cósmico: para ella es muerte volverse agua, y del agua nace de nuevo (B36). Su excelencia es la sequedad, es decir, su cercanía al fuego: el alma seca es la más sabia y la mejor (B118), mientras que el borracho, con el alma húmeda, se tambalea guiado por un muchacho (B117). Pero el alma es también inagotable: sus límites no se encuentran aunque se recorran todos los caminos, tan hondo es su lógos (B45), y tiene un lógos que se acrecienta a sí mismo (B115, de autenticidad discutida). De ahí la indagación sobre uno mismo de B101 y la máxima de que el carácter es el destino del hombre (B119). La combinación de física y ética —el alma como fuego que debe mantenerse seco, el conocimiento de sí como conocimiento del lógos— fue decisiva para Platón y para los estoicos.

Fragmentos B36, B45, B77, B85, B101, B115–B119.

Fuente: Kahn, Charles H. The Art and Thought of Heraclitus: An Edition of the Fragments with Translation and Commentary. Cambridge University Press, Cambridge, 1979.

Vídeos

Vídeos

Grabaciones, entrevistas y documentales. Los vídeos se reproducen desde YouTube; no se alojan aquí.

  • Heraclitus: Pre-Socratic Philosophy

    Conferencia· EN· 2022· 28 min

    Philosophy Overdose

  • HoP 005 - Old Man River - Heraclitus

    Conferencia· EN· 2020· 18 min

    history of philosophy without any gapsCanal oficial

  • 2) The Pre-Socratics: Xenophanes and Heraclitus

    Conferencia· EN· 2016· 74 min

    Adam RosenfeldCanal oficial

  • Prof. Richard Capobianco: Heidegger's Readings of Heraclitus: The Metaphysical and Spiritual Import

    Conferencia· EN· 2023· 33 min

    Stonehill CollegeCanal oficial

  • Heraclitus of Ephesus | The Logos | Philosophy Core Concepts

    Análisis· EN· 2020· 19 min

    Gregory B. Sadler - That Philosophy GuyCanal oficial

  • Heraclitus of Ephesus | Strife, Opposition, and Harmony | Philosophy Core Concepts

    Análisis· EN· 2020· 20 min

    Gregory B. Sadler - That Philosophy GuyCanal oficial

  • Heráclito de Éfeso

    Documental· ES· 2016· 22 min

    UNEDCanal oficial

  • Conferencia Teresa Oñate "Heráclito"

    Conferencia· ES· 2018· 134 min

    Hercritia-Cátedra de Hermenéutica CríticaCanal oficial

  • Heráclito, Empédocles y Anaxágoras | Historia de la filosofía (7/61)

    Conferencia· ES· 2017· 68 min

    Ernesto CastroCanal oficial

  • Filosofía más allá de la academia. Ciclo de filosofía antigua. Parménides y Heráclito

    Conferencia· ES· 2022· 88 min

    Universidad Nacional Abierta y a Distancia UNADCanal oficial

  • Héraclite avec André Laks

    Entrevista· FR· 2010· 56 min

    Résonance[s]

  • Hans-Georg Gadamer über Heraklit/on Heraclitus (full, 1989)

    Entrevista· DE· 1989· 50 min

    PhilosophieKanal

Galería

Galería

Imágenes con licencia verificada. Cada una conserva su autoría y su atribución.

Manuscritos

Manuscritos

Testimonios manuscritos y textos antiguos, con su custodio y sus condiciones de consulta.

  • GRC · Minúscula griega · c. 222–235 d. C.; copia del s. XIV

    Ἱππολύτου κατὰ πασῶν αἱρέσεων ἔλεγχος (Refutatio omnium haeresium), libros IV–X

    Testimonio conservado
    Códice en papel, único testigo de los libros IV–X; atribuido a Orígenes hasta mediados del s. XIX
    Custodio
    Bibliothèque nationale de France, París · Supplément grec 464
Manuscritos →

Relaciones

Relaciones

Influencias, discipulados y afinidades. Se distingue la relación documentada de la similitud identificada por análisis.

  • Discrepó de

    Pitágoras

    Lo critica en B40 entre los eruditos sin entendimiento; B129, de autenticidad discutida, lo acusa de apropiarse escritos ajenos y llama a su sabiduría «artimaña».

    Relación documentada

  • Discrepó de

    Jenófanes

    Lo nombra en B40 junto a Hesíodo, Pitágoras y Hecateo. Soción lo hizo discípulo de Jenófanes, noticia que Burnet considera improbable.

    Relación documentada

  • Discrepó de

    Homero

    B42 pide que lo expulsen de los certámenes y lo azoten; B56 lo pone como ejemplo de que los hombres se engañan sobre lo visible.

    Relación documentada

  • Discrepó de

    Hesíodo

    «Maestro de la mayoría», no sabía que el día y la noche son uno (B57); figura también en B40 y B106.

    Relación documentada

  • Contemporáneo de

    Parménides

    Fueron contemporáneos. Muchos especialistas leen en Parménides B6 («mortales de dos cabezas… para quienes el camino de todo es de ida y vuelta») una alusión polémica a Heráclito; otros lo niegan.

    Similitud identificada por análisis

  • Influyó en

    Sócrates

    Diógenes Laercio (II 22) cuenta que Eurípides le prestó el libro de Heráclito y que pidió «un buceador de Delos» para entenderlo; la anécdota no tiene confirmación contemporánea.

    Similitud identificada por análisis

  • Influyó en

    Platón

    Según Aristóteles (Metafísica A 6), trató de joven al heracliteano Crátilo y conservó la convicción de que lo sensible fluye; discute la doctrina en el Crátilo y el Teeteto.

    Relación documentada

  • Influyó en

    Aristóteles

    Lo cita y lo critica: le reprocha negar el principio de no contradicción (Metafísica Γ 3), comenta la ambigüedad de su prosa (Retórica III 5) y transmite la anécdota del horno.

    Relación documentada

  • Influyó en

    Zenón de Citio

    Los estoicos, desde Zenón y Cleantes —autor de unas «Explicaciones de Heráclito»—, adoptaron el fuego como principio y el lógos como razón del cosmos.

    Relación documentada

  • Influyó en

    Marco Aurelio

    Las Meditaciones citan y parafrasean a Heráclito (IV 46, VI 42); de ellas proceden los fragmentos DK B71–B76.

    Relación documentada

  • Influyó en

    Carl Gustav Jung

    Tomó de Heráclito el término «enantiodromía» —el paso de algo a su contrario— y lo definió en «Tipos psicológicos» (1921).

    Relación documentada

  • Ideas afines a

    Empédocles

    El Amor y la Discordia de Empédocles prolongan, en otra clave, la tensión heraclitea entre armonía y guerra.

    Similitud identificada por análisis

  • Ideas afines a

    Laozi

    La complementariedad de los opuestos, el elogio de lo oculto y el agua como imagen del cambio acercan el Daodejing a los fragmentos de Heráclito; la comparación es frecuente desde el siglo XIX, sin contacto histórico.

    Similitud identificada por análisis

  • Ideas afines a

    Siddhartha Gautama, el Buda

    Contemporáneos aproximados, ambos hicieron del cambio continuo una clave de la realidad, aunque el Buda lo entendió como impermanencia que libera y Heráclito como medida que ordena.

    Similitud identificada por análisis

Fuentes

Fuentes

Bibliografía y catálogos consultados para esta ficha.

  1. Jung, Carl Gustav. Psychologische Typen. Rascher, Zúrich, 1921, cap. XI, «Definiciones», s. v. «Enantiodromie».
  2. Wikidata, entidad Q41155 «Heraclitus» (146 enlaces entre wikis; P31=Q5). Registra nacimiento en 535 a. C. y muerte en 470 a. C., ambos en Éfeso.
  3. Diógenes Laercio. Vidas y opiniones de los filósofos ilustres, libro IX, 1–17 (Heráclito), y II 22, VII 174, s. III d. C. Trad. inglesa de C. D. Yonge, Bohn, Londres, 1853 (Project Gutenberg n.º 57342); trad. inglesa de R. D. Hicks, Loeb Classical Library, 1925 (Wikisource).
  4. Diels, Hermann y Kranz, Walther. Die Fragmente der Vorsokratiker, 6.ª ed., 3 vols. Weidmann, Berlín, 1951–1952; cap. 22 (Heraklit), A (testimonios) y B (fragmentos 1–126, más los dudosos y espurios). Texto griego de los fragmentos B consultado en la transcripción de Wikisource en griego.
  5. Kirk, G. S., Raven, J. E. y Schofield, M. The Presocratic Philosophers: A Critical History with a Selection of Texts, 2.ª ed. Cambridge University Press, Cambridge, 1983, cap. VI (Heraclitus of Ephesus). Trad. esp. de Jesús García Fernández, Los filósofos presocráticos, Gredos, Madrid, 1987.
  6. Kahn, Charles H. The Art and Thought of Heraclitus: An Edition of the Fragments with Translation and Commentary. Cambridge University Press, Cambridge, 1979.
  7. Burnet, John. Early Greek Philosophy, 2.ª ed. Adam and Charles Black, Londres, 1908, cap. III (Herakleitos of Ephesos), §§ 63–80 (Project Gutenberg n.º 67097).
  8. Graham, Daniel W. «Heraclitus». The Stanford Encyclopedia of Philosophy, ed. Edward N. Zalta y Uri Nodelman; primera publicación el 8 de febrero de 2007, revisión sustancial del 8 de diciembre de 2023.
  9. Laks, André y Most, Glenn W. (eds. y trads.). Early Greek Philosophy, vol. III: Early Ionian Thinkers, Part 2. Loeb Classical Library 526, Harvard University Press, Cambridge (Mass.), 2016.
  10. Graham, Daniel W. (ed. y trad.). The Texts of Early Greek Philosophy: The Complete Fragments and Selected Testimonies of the Major Presocratics, 2 vols. Cambridge University Press, Cambridge, 2010.
  11. Eggers Lan, Conrado y Juliá, Victoria E. (introd., trad. y notas). Los filósofos presocráticos I. Biblioteca Clásica Gredos 12, Gredos, Madrid, 1978 (incluye Heráclito).
  12. Chitwood, Ava. Death by Philosophy: The Biographical Tradition in the Life and Death of the Archaic Philosophers Empedocles, Heraclitus, and Democritus. University of Michigan Press, Ann Arbor, 2004.
  13. Aristóteles. Partes de los animales I 5, 645a17–23 (la anécdota del horno); Metafísica A 6, 987a29–b1 (Platón y Crátilo) y Γ 3, 1005b23–25; Retórica III 5, 1407b11–18 (la puntuación de B1). Trad. inglesa de W. Ogle (1882) y W. D. Ross (1908), Internet Classics Archive (MIT).
  14. Platón. Crátilo 402a; Teeteto 152d–e y 160d; Sofista 242d–e; Banquete 187a. Trad. inglesa de Benjamin Jowett, The Dialogues of Plato, 3.ª ed., Clarendon Press, Oxford, 1892 (Project Gutenberg n.º 1616, Cratylus).
  15. Attridge, Harold W. First-Century Cynicism in the Epistles of Heraclitus. Harvard Theological Studies 29, Scholars Press, Missoula, 1976; y Malherbe, Abraham J. (ed.), The Cynic Epistles: A Study Edition, Scholars Press, Missoula, 1977.
  16. Séneca. De ira II 10.5 y De tranquillitate animi 15.2; Juvenal, Sátiras X 28–32; Luciano, Subasta de vidas 13–14 (el tópico de Heráclito que llora y Demócrito que ríe).
  17. Fairbanks, Arthur (ed. y trad.). The First Philosophers of Greece: An Edition and Translation of the Remaining Fragments of the Pre-Sokratic Philosophers. Kegan Paul, Trench, Trübner, Londres, 1898 (Project Gutenberg n.º 78670).
  18. Bywater, Ingram (ed.). Heracliti Ephesii reliquiae. Clarendon Press, Oxford, 1877; y Patrick, G. T. W., The Fragments of the Work of Heraclitus of Ephesus on Nature, translated from the Greek text of Bywater, N. Murray, Baltimore, 1889 (Internet Archive).
  19. «Heraclitus», Wikipedia en inglés, y «Heráclito», Wikipedia en español (consultadas para contrastar datos y bibliografía; texto propio).
  20. Open Library (Internet Archive): ediciones de los fragmentos de Heráclito y de las colecciones de presocráticos verificadas por ISBN.
  21. Bibliothèque nationale de France. Hippolyte, Réfutation de toutes les hérésies (notice de titre conventionnel), y manuscrito Supplément grec 464 (s. XIV), único testigo de los libros IV–X; ed. M. Marcovich, Hippolytus. Refutatio omnium haeresium, De Gruyter, Berlín, 1986.
  22. Mondolfo, Rodolfo. Heráclito. Textos y problemas de su interpretación. Siglo XXI, México, 1966 (reed. 2007).
  23. García Calvo, Agustín. Razón común. Edición crítica, ordenación, traducción y comentario de los restos del libro de Heraclito. Lucina, Madrid, 1985 (Lecturas presocráticas II).
  24. Marcovich, Miroslav. Heraclitus. Greek Text with a Short Commentary. Editio maior. Universidad de los Andes, Mérida (Venezuela), 1967.
  25. Kirk, G. S. Heraclitus: The Cosmic Fragments. Cambridge University Press, Cambridge, 1954.
  26. Marco Aurelio. Meditaciones IV 46 y V 16. Trad. inglesa de George Long, 1862 (Project Gutenberg n.º 2680).
Titular de derechos
Textos antiguos en dominio público; cada traducción y edición crítica pertenece a su traductor o editorial

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  • Fechas: se adopta c. 535–475 a. C. (Wikidata y uso común); Diógenes Laercio solo da la madurez en la 69.ª olimpiada (504–501) y la edad de sesenta años al morir (así traduce Hicks; la versión de Yonge dice «setenta», probablemente por error).
  • Ediciones con ISBN no verificado en catálogo: Diels-Kranz (Weidmann; los ISBN de la reimpresión de 2005 no indican volumen), Marcovich (Mérida, 1967, sin ISBN) y Mouraviev (solo se ha verificado una parte).
  • Traducción española de dominio público de los fragmentos: no localizada en línea con URL estable.
  • Manuscrito BnF Supplément grec 464: no se ha localizado digitalización en Gallica; añadir el enlace si existe.
  • Imagen de la moneda de Éfeso: licencia «Public domain» según Commons sin plantilla específica; revisar la ficha si se usa como principal.
  • Programas de afiliación: ninguno verificado (Gredos, Alianza, Cambridge, Harvard). Lista vacía.
  • Año de los vídeos: el de la grabación cuando la descripción lo indica y, si no, el de publicación en YouTube.

Investigado el 2026-10-25