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Capítulo 7 de 49

CAPÍTULO VIII Cómo se ha de evitar la mucha familiaridad

1. No descubras tu corazón á cualquiera; mas co- munica tus cosas con el sabio y temeroso de Dios.

Con los jóvenes y extraños, conversa poco.

Con los ricos no seas lisonjero, ni estés de buena gana delante de los grandes.

Acompáñate con los humildes y sencillos y con los devotos y bien acostumbrados, y trata con ellos cosas de edificación.

No tengas familiaridad con ninguna mujer; mas, en general, encomienda á Dios todas las buenas.

Desea ser familiar á sólo Dios y sus ángeles, y huye de ser conocido de los hombres.

2. Justo es tener caridad con todos; pero no con- viene la familiaridad con muchos.

Algunas veces sucede que la persona no conocida resplandece por la buena fama; pero su presencia suele parecer mucho menos.

Pensamos algunas veces agradar á los otros con nuestra conversación, y más los ofendemos, porque ven en nosotros costumbres menos ordenadas.

1. Gran cosa es estar en obediencia, vivir debajo de un superior y no tener voluntad propia.

Mucho más seguro es estar en sujeción que en mando.

Muchos están en obediencia más por necesidad que por caridad, los cuales tienen trabajo y lige- ramente murmuran; y nunca tendrán libertad de ánimo si no se sujetan por Dios de todo corazón.

Anda de una Pons á otra, y no hallarás descanso sino en la humilde sujeción al superior.

La imaginación y mudanza de lugar, á muchos han engañado.

2. Verdad es que cada uno se rige de buena gana porsu propio parecer y se inclina más á los que siguen su sentir.

Mas si Dios está entre nosotros, necesario es que qee algunas veces nuestro parecer por el bien e la paz. ¿Quién es tan sabio que lo sepa todo enteramente? ues no quieras confiar demasiadamente en tu sentido; mas gusta también oir de buena gana el pa- recer de otro. Si tu parecer es bueno, y lo dejas por Dios y si- gues el ajeno, más aprovecharás de esta manera. 3. Porque muchas veces he oído decir ser más seguro oir y tomar consejo que darlo. ien puede también acaecer que sea bueno el pa- recer de uno; mas no querer sentir con los otros cuando la razón 6 la causa lo demandan, es señal de soberbia y pertinacia.

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CAPÍTULO VIII Cómo se ha de evitar la mucha familiaridad · La imitación de Cristo — Tomás de Kempis · The Conscious Library