Capítulo 43 de 49
CAPÍTULO LIV De los diversos movimientos de la naturaleza y de la gracia
ESUCRISTO: 1. Hijo, mira con vigilancia los movi- mientos de la naturaleza y de la gracia, porque son muy contrarios y sutiles, de modo que con dificul- tad son conocidos sino por varones espirituales é interiormente alumbrados.
Todos desean el bien, y en sus dichos y hechos buscan alguna bondad: por eso muchos se engañan con color del bien.
2. La naturaleza es astuta: atrae á si á muchos, los enreda y engaña, y siempre se pone á sí misma
or fin, E Mas la gracia anda sin doblez, se desvía de toda apariencia de mal, no pretende engañar, sino que hace todas las cosas puramente por Dios, en quien descansa como en su fin,
3. La naturaleza no quiere ser mortificada de buena gana, ni estrechada, ni vencida, ni sometida de grado.
as la gracia estudia en la propia mortificación, resiste á la sensualidad, quiere estar sujeta, desea ser vencida, no quiere usar de su propia libertad, apetece vivir bajo una estrecha observancia, no co- dicia señorear á nadie, sino vivir y servir y estar debajo de la mano de Mas por Dios está pronta á obedecer con toda humildad á cualquiera criatura humana. E
4. La naturaleza trabaja por su conveniencia, y tiene la mira á la utilidad que le puede venir.
Pero la gracia no considera lo quo le es útil y con- veniente, sino lo que aprovecha á muchos.
5. La naturaleza recibe con gusto la honra y la reverencia.
Mas la gracia atribuye fielmente á sólo Dios toda honra y gloria. 6. La naturaleza teme la confusión y el desprecio. Pero la gracia se alegra en padecer injurias por el nombre de Jesús. 7. Lanaturaleza ama el ocio y la quietud corporal. Mas la gracia no puede estar ociosa; antes abraza de buena voluntad el trabajo. 8. La naturaleza busca tener cosas curiosas y hermosas, y aborrece las viles y groseras. Mas la gracia se deleita con cosas llanas y bajas, no desecha las ásperas, ni rehusa el vestir ropas viejas. La naturaleza mira lo temporal y se alegra de las ganancias terrenas, se entristece del daño, y enó- jase con cualquier palabra injuriosa. Pero la gracia mira lo eterno, no está pegada á lo temporal, ni se turba cuando lo pierde, ni se exas- era con las palabras ofensivas, porque puso su 'esoro y gozo en el Cielo, donde ninguna cosa perece. 10. La naturaleza es codiciosa, y de mejor gana toma que da; ama sus cosas propias y particulares. Mas la gracia es piadosa y común para todos, hu- ye la singularidad, conténtase con poco, tiene por mayor felicidad el dar que el recibir. 11. La naturaleza nos inclina á las criaturas, á la propia carne, á la vanidad y á las distracciones. Pero la gracia nos lleva á Dios y álas virtudes, renuncia las criaturas, huye el mundo, aborrece los deseos de la carne, refrena los pasos vanos, aver- giilénzase de parecer en público. 12. La naturaleza toma de buena gana cualquier placer exterior en que deleite sus sentidos. Pero la gracia en sólo Dios quiere consolarse, y deleitarse en el Sumo bien sobre todo lo visible. 13. Cuanto hace la naturaleza es por su propia utilidad y conveniencia; no puede hacer cosa de bal- de, sino que espera alcanzar otro tanto 6 más, ó sino, alabanza ó favor por el bien que ha hecho, y desea que sean sus obras y sus dádivas muy ponderadas. Mas la gracia ninguna cosa temporal busca, ni Quiere otro premio sino á sólo Dios, y de lo tempo- Tano quiere más que cuanto basta para conseguir 'erno.
14. La naturaleza se complace en sus muchos amigos y parientes, se gloría de su noble nacimien- to y distinguido linaje, halaga á los poderosos, lisonjea á los ricos, aplaude á los iguales.
Pero la gracia ama aun á los enemigos, no se en- gríe por los muchos amigos, ni hace caso de propio nacimiento y linaje si en él no hay mayor virtud.
Favorece más al pobre que al rico, se acomoda más bien al inocente que al poderoso, se alegra con el veraz, no con el engañoso.
Exhorta siempre á los buenos á que aspiren á gracias mejores y se asemejen al Hijo de Dios por sus virtudes.
15, La naturaleza luego se queja de la necesidad y del trabajo.
Pero la gracia lleva con buen rostro la pobreza.
16. La naturaleza todo lo dirige á sí misma, y por sí pelea y porfía.
as la gracia todo lo refiere á Dios, de donde origi- nalmente emana; ningún bien se arroga ni se atribu- ye ásí misma. No porfía ni prefiere su modo de pensar al de los otros, sino que en todo dictamen y opinión se sujeta á la Sabiduría eterna ¡En divino examen.
17. La naturaleza apetece saber secreto y oir no- vedades; quiere pecar en público y observar mu- cho por los sentidos; desea ser conocida y hacer cosas de donde le proceda alabanza y fama.
Pero la gracia no cuida de oir cosas nuevas ni cu- riosas, porque todo esto nace de la corrupción anti- gua, y no hay cosa nueva ni durable sobre la Tierra.
Enseña á recoger los sentidos, á huir la vana com- placencia y ostentación, 4esconder humildemente lo que tenga digno de admiración ó alabanza, y buscar en todas las cosas y en toda ciencia fruto de utilidad y la alabanza y honra de Dios.
No quiere que ella ni sus cosas sean pregonadas, sino que Dios sea glorificado en sus dones, que los da todos con purísimo amor.
18. Esta gracia es una luz Sobrenatural y un don especial de los. y propiamente la marca de los es- cogidos y la prenda de la salvación eterna, la cual levanta al hombre de lo terreno á amar lo celestial, y de carnal le hace espiritual.
Asi que cuanto más apremiada sea la naturaleza tanto mayor gracia se infunde, y cada día es refor- mado el hombre interior según la imagen de Dios con nuevas visitaciones.
De la corrupción de la naturaleza, y de la eficacia
EL ALMA: 1. Señor, Dios mío, que me creaste á tu imagen y semejanzas concédeme aquesta gracia que declaraste ser tan grande y necesaria para la salva- ción, á fin de que yo pueda vencer mi perversa na- turaleza, que me arrastra álos pecados y á la per- dición.
Pues yo siento en mi carne la ley del pecado que contradice á la ley de mi alma Y me lleva cautivo á obedecer en muchas cosas á Ía sensualidad, y no puedo resistir á sus pasiones si no me asiste tu san-
ies gracia, eficazmente infundida en mi corazón.
2. Necesaria es tu gracia, y grande gracia, para vencer la naturaleza, inclinada siempre á lo malo desde su juventud.
Porque, abatida en elpribier hombre Adán Ml vicia- da por el pecado, pasa á todos los hombres la pena de esta mancha; de suerte que la misma naturaleza, que fué creada por Ti buena l derecha, ya se toma por el vicio y enfermedad de la naturaleza corrom- pida, porque el mismo movimiento suyo que le que- dó, la induce al mal y á lo terreno,
Pues la poca fuerza que le ha quedado es como una centellita escondida en la ceniza.
ta es la razón natural, cercada de grandes tinie- blas, pero capaz todavía de juzgar del bien y del mal y de discernir lo verdadero de lo falso, aunque no tiene fuerza para cumplir todo lo que le parece bueno, ni usa de la perfecta luz de la verdad, ni tie- ne sanas sus aficiones.
3. De aquí viene, Dios mío, que yo, según el hom- bre interior, me deleito en tu ley, sabiendo que tus mandamientos son buenos, justos y santos, juzgan- do también que todo mal ecado se debe huir.
4 o zon la carne sirvo E sensualidad más que razón.
Asíes también que propongo frecuentemente hacer muchas buenas obras; pero como falta la gracia para ayudara mi flaqueza, con poca resistencia vuelvo atrás y desfallezco.
Porla misma causa sucede que conozco el camino de la perfección, y veo con bastante claridad cómo debo obrar.
Mas, agravado del peso de mi propia corrupción, no me levanto á cosas más perfectas.
4, ¡Oh; cuán necesaria me es, Señor, tu gracia para comenzar el bien, continuarlo y per eccionarlo!
Porque sin ella, ninguna cosa puedo hacer; pero en Ti todo lo puedo, confortado con la gracia.
¡Oh gracia verdaderamente celestial, sin la cual nada son los merecimientos propios, ni se han de estimar en algo los dones naturales!
Ni las artes, ni la riqueza, ni la hermosura, ni el ingenio ó la elocuencia valen delante de Ti, Señor, sin tu gracia.
Porque los dones naturales son comunes á buenos y á malos; mas la gracia ó la caridad es don propio de los escogidos, y con ella se hacen dignos de la vida eterna.
Tan encumbrada es esta gracia, que ni el don de la profecía, ni el hacer milagros dal gún otro saber, por sutil que sea, es estimado en algo sin ella.
Ni aun la fe ni la esperanza ni las otras virtudes son aceptas á Ti sin caridad ni gracia.
5. ¡Oh beatísima gracia, q al pobre de espíritu le haces rico en virtudes, y al rico de muchos bienes vuelves humilde de corazón!
en; desciende á mi, lléname luego de tu consola- ción, para que no desmaye mi alma de cansancio y sequedad de corazón!
juplícote, Señor, que halle gracia en tus ojos, pues me basta, aunque me falte todo lo que la natu- Taleza desea.
Si fuere tentado y atormentado de muchas tribula-
ciones, no temeré los males estando tu gracia con-
migo. lla es mi fortaleza, ella me da consejo y favor. Mucho más poderosa es que todos los enemigos, y mucho más sabia que todos los sabios.
6. Ella enseña la verdad, da la ciencia, alumbra el corazón, consuela en las aflicciones, destierra la tristeza, quita el temor, alimenta la devoción, pro- duce lágrimas afectuosas.
¿Qué soy yo sin la gracia, sino un madero seco y un tronco inútil y desechado?
Asístame, pues, Señor tu gracia, para estar siem-
re atento á emprender, continuar y perfeccionar
uenas vbras por tu Hijo Jesucristo. Amén.
Que debemos negarnos dá nosotros mismos, y asemejarnos á Cristo por la Cruz.
JESUCRISTO: 1. Hijo, cuanto puedes salir de ti, tanto puedes pasarte á Mi.
Así como no desear nada exteriormente produce la paz interior, así el negarse interiormente causa la unión con Dios,
Quiero que aprendas la perfecta renuncia de ti mismo en mi voluntad, sin réplica ni queja.
Sígueme: Yo soy camino, verdad y vida. Sin cami- no, no hay por donde andar; sin verdad, no podemos conocer; sin vida, no hay quen pueda vivir. Yo soy el camino que debes seguir, la verdad que debes creer, la vida que debes esperar, Yo soy camino in- violable, verdad infalible, vida interminable.
Yo soy camino muy derecho, verdad suma, vida verdadera, vida bienaventurada, vida increada.
Si permanecieres en mi camino, conocerás la ver- dad, y la verdad te librará y alcanzarás la vida eterna.
2. Si quieres entrar en la vida, guarda mis man- damientos.
Si quieres conocer la verdad, créeme á Mi.
Si quieres ser perfecto, vence todas las cosas.
Si quieres ser mi discípulo, niégate á ti mismo.
.Si quieres poseer la vida bienaventurada, despre- cia la presente,
Si quieres ser ensalzado en el Cielo, humíllate en el mundo,
Si quieres reinar conmigo, lleva la Cruz conmigo.
Porque sólo los siervos de la Cruz hallan el cami-
no de la bienaventuranza y de la luz verdadera.
EL ALMA: 3, Señor, Jesús, pues que tu camino es estrecho y despreciado en el mundo, concédeme que te imite en despreciar el mundo.
Pues no es mejor el siervo que su señor, ni el dis- cípulo es superior al maestro.
jercítese tu siervo en tu vida, pues en ella está
Cualquíer cosa que fuera de ella oigo ó leo, no me recrea ni satisface cumplidamente,
JESUCRISTO: 4. Hijo, pues sabes eso y lo has leí- do todo, si lo hicieres, serás bienaventurado.
El que abraza mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama, y Yo le amaré, y me manifestaré á él, y le haré sentarse conmigo en el reino de miPa-
re. EL ALMA: 5. Señor, Jesús, como lo dijiste y pro- metiste, así se haga, y pueda yo merecerlo, de tu mano la Cruz: yo la llevaré hasta la muerte, así como Tú me la pusiste. Verdaderamente, la vida del buen religioso es cruz; pero guía al Paraíso. Ya hemos comenzado: no se debe volver atrás, ni conviene dejarla. 6. ¡Ea, hermanos; vamos juntos: Jesús será con nosotros! Por Jesús tomamos esta cruz; por Jesús perseve- remos en ella. Será nuestro auxiliador el que es nuestro capitán y fué nuestro ejemplo. Mirad á nuestro rey, que va delante de nosotros y ES por nosotros. igámosle varonilmente; nadie tema los terrores; estemos preparados á morir con ánimo en la bata- la, y no demos tal afrenta á nuestra gloria que hu- yamos de la Cruz.
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