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The ConsciousLibrary
Plato
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Chapter 19 of 39

· 19

Teetetes. –Eso equivale a decir que es imposible coger al sofista, desde el momento que se presenta como tal.

Extranjero. -¿Será porque le dejemos escapar? ¿Será porque nos acobardemos?

Teetetes. -A mmi parecer, no mientras tengamos fuerzas para apoderarnos de él.

Extranjero. -Serás indulgente y habrás de estimar nuestros esfuerzos, conforme decías antes, si llegamos a ver un poco claro en una cuestión tan oscura.

Teetetes. -Puedes contar con que así será.

Extranjero. -Te hago con mayor instancia un segundo ruego.

Teetetes. -¿Cuál?

Extranjero. -Que no me consideres como una especie de parricida.

Teetetes. -¿Qué quiere decir eso?

Extranjero. -Para defendernos, nos vemos en la necesidad de someter a un examen severo el sistema de nuestro maestro Parménides, y probar, estrechándole, que el NO-SER existe, bajo ciertos conceptos, y que, bajo ciertos conceptos, también el SER no existe.

Teetetes. -Ya veo que este es el punto que importa debatir en el curso de esta discusión.

Extranjero. -Un ciego lo vería, como suele decirse. En efecto, si no comenzamos por refutar o confirmar el sistema de Parménides, no se podría hablar de los falsos discursos, ni de la opinión, ni de las ficciones ni de las imágenes, ni de las imitaciones, ni de las arte, a que se refieren todos estos objetos, sin dar ocasión a risa, a causa de las contradicciones en que incurrimos necesariamente.

Teetetes. -Es muy cierto.

Extranjero. -Es preciso, pues, atacar resueltamente la máxima de nuestro maestro, o de nuestro padre, y si el pudor nos lo impide, la dejaremos a un lado.

Teetetes. -No, no; nada debe detenernos.

Extranjero. –Reclamo, de ti, una pequeña cosa, y es la tercera.

Teetetes. -Veamos.

Extranjero. -Decía antes que, para una refutación semejante, me he encontrado siempre muy débil y flaco, y ahora me sucede lo mismo.

Teetetes. -Así lo decías.

Extranjero. -Pues bien, temo que, después de estas palabras, me tengas por un insensato, viéndome pasar de un extremo a otro. Ten en cuenta que sólo para complacerte emprendemos esta refutación, si ella es posible.

Teetetes. - Tranquilízate; de ninguna manera llevaré a mal que ataques y refutes a Parménides y, así, ánimo y manos a la obra.

Extranjero.- Y bien, ¿por dónde comenzamos? ¿Por dónde abordamos esta cuestión llena de azares y de peligros? Si no me engaño, mi querido joven, he aquí el camino que necesariamente debemos seguir.

Teetetes. -¿Cuál]?

Extranjero. -Por lo pronto, fijemos nuestra atención en las cosas que nos parecen evidentes, no sea que turben nuestros espíritus y, para que no las concedamos recíprocamente con demasiada facilidad, como si nuestras ideas acerca de ellas fueran absolutamente fijas.

Teetetes. -Dime más claramente lo que quieres.

Extranjero. -No encuentro bastante profundidad en Parménides, ni en ninguno de cuantos han intentado definir los seres, y contar y caracterizar sus especies.

Teetetes. -¿Cómo?

Extranjero. -Todos ellos tienen trazas de recitarnos una fábula, como si fuéramos niños. Según uno, los seres son tres en número, los cuales tan pronto se hacen la guerra, como son amigos, se casan, procrean y alimentan su prole. Según otro, no hay más que dos, lo seco y lo húmedo, lo caliente y lo frío, y después los une y los pone en relación. Nuestra escuela de Elea, a partir de Jenófanes y aun de más atrás, nos refiere otras fábulas, presentando lo que llamamos universo, como un solo SER. Las Musas de Jonia y de Sicilia, un poco más tarde, han creído más seguro combinar estas dos opiniones, y decir que el SER es, a la vez, uno y muchos, y que se mantienen por el odio y la amistad. Las más altaneras de estas Musas pretenden que todo se une y se desune sin cesar, según las más moderadas no sucede siempre así, sino que tan pronto el universo es uno y está en perfecta armonía, mediante el poder de Venus, como es múltiple y está en guerra consigo mismo bajo el imperio de no sé que Discordia. Si todo esto es cierto o no lo es, es difícil decidirlo, y tampoco conviene hacerlo, cuando se trata de tan antiguos e ilustres personajes. Pero, he aquí lo que puede decirse sin incurrir en falta.

Teetetes. -¿Qué?

Extranjero. -Que en su orgullo han hecho muy poco aprecio de nosotros, que constituimos la multitud, porque, sin cuidarse de si seguíamos sus discursos o si quedábamos a retaguardia, marchan siempre derechos y a la vanguardia por el camino que han elegido.

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