Chapter 20 of 39
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Teetetes. -¿Qué quieres decir con esto?
Extranjero. -Cuando alguno de estos filósofos declara que existen o que han nacido o que nacen muchos seres o uno solo o dos, que lo caliente se mezcla con lo frío, suponiendo además toda clase de composiciones y de descomposiciones, ¡en nombre de los dioses!, dime, Teetetes, ¿has comprendido nunca lo que dicen? Yo, cuando era joven, y oía hablar de este NO-SER, que ahora nos embaraza tanto, creía comprenderlo perfectamente, hoy ya ves en qué abismo estamos metidos.
Teetetes. -Ya lo veo.
Extranjero. –Quizá, en el fondo del alma, no sabemos más sobre el SER que sobre el NO-SER. Cuando se habla de esto, creemos comprender el SER, sin dificultad, y no comprender el NO-SER, y quizá nos hallamos en el mismo caso respecto del uno que del otro.
Teetetes. -Quizá.
Extranjero. -Otro tanto puede decirse de los altos sistemas, a que acabamos de pasar revista.
Teetetes. -Así es.
Extranjero. -Si te parece, examinaremos los demás principios, mas, por ahora, es preciso fijarnos en el más grande, d que domina todo lo demás, el que es verdaderamente el primero.
Teetetes. -¿De qué quieres hablar? Sin duda, es del SER, de lo que debemos ocuparnos, en tu opinión, para saber qué han querido enseñarnos los que han tratado de esta materia.
Extranjero. -Me has comprendido perfectamente, Teetetes. Digo, pues, que el método que debe seguirse es interrogar a nuestros filósofos, como si estuviesen delante de nosotros, en estos términos: veamos, vosotros que reducís el universo a lo caliente y a lo frío o a dos elementos, sean los que sean, ¿qué afirmáis de estos dos elementos? ¿Decís del uno y del otro, a la vez, o de cada uno, por separado, que existen? ¿Qué es lo que deberemos entender por lo que llamáis SER? ¿Es un tercer principio, que debe añadirse a los otros dos, de manera que el universo comprenda tres, en lugar de los dos dichos al principio? Porque, si limitáis el nombre de SER, a uno de estos dos elementos, no decís ya que son igualmente los dos, y cualquiera que sea el elemento a que llamaréis SER, no habrá más que uno, y no dos.
Teetetes. -Es cierto.
Extranjero. -Pero ¿quizá a los dos elementos, a la par, apellidáis SER?
Teetetes. -Quizá lo dirán.
Extranjero. -Pero, mis queridos amigos, les diríamos: De esa manera, es más claro que la luz, que vuestros dos elementos no son más que uno.
Teetetes. -Perfectamente.
Extranjero. -Puesto que nos veis confundidos, debéis explicarnos claramente lo que queréis expresar, cuando pronunciáis la palabra SER. Evidentemente, lo debéis tener ya sabido muy de antemano. En cuanto a nosotros, habíamos creído comprenderlo, pero, en este momento, nos vemos confusos. Comenzad, pues, por ilustramos sobre este punto, a fin de que no nos imaginemos que entendemos vuestros discursos, cuando sucedería todo lo contrario. Hablando así y dirigiendo esta súplica a nuestros filósofos y a todos los que reconocen más de un principio en el universo, dime, mi querido joven, ¿nos haríamos, por esto, culpables?
Teetetes. -Nada de eso.
Extranjero. -¿Pero, no es justo que interroguemos a los que sostienen que el universo es uno, para que nos digan a qué llamar el SER?
Teetetes. -Si, ciertamente.
Extranjero. -Que me respondan, pues: ¿Decís que no existe más que una sola cosa? Nosotros lo decimos, -responderán ellos-. ¿No es así?
Teetetes. -Sí.
Extranjero. -Pero lo que llamáis SER, ¿es alguna cosa?
Teetetes. -Sí.
Extranjero. -¿Y esta cosa es la misma que llamáis, igualmente, lo Uno, dando dos nombres a un solo principio o qué debemos pensar?
Teetetes. -Interrogados de esa manera, ¿qué respuesta podrán dar?
Extranjero. -Es claro, mi querido Teetetes, que una vez admitida la hipótesis, que les sirve de punto de partida, ¿no hay cosa más difícil que responder a esta pregunta o a cualquiera otra del mismo género.
Teetetes. -¿Cómo?
Extranjero. -Reconocer que existen dos nombres, después de haber sentado, como principio, que no existe más que una sola cosa, sería ponerse en ridículo.
Teetetes. -En efecto.
Extranjero. -Hay más: No es posible servirse de ningún nombre, sin chocar con la razón.
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