Chapter 36 of 49
CAPÍTULO XXVII El amor propio nos desvía mucho del bien eterno
JESUCRISTO: 1. Hijo, conviene que lo des todo por el 'todo, y no ser nada de ti mismo.
Sabe que el amor propio te daña más que ninguna cosa del mundo.
Según fuere el amor y afición que tienes á las co- Sas, estarás más ó menos ligado á ellas.
Si tu amor fuere puro, sencillo y bien ordenado, no serás esclavo de ninguna.
Ni quieras tener cosa que pueda impedirte y quitarte la libertad interior.
Es de admirar que no te entregues á Mi de lo in- timo del corazón con todo lo que puedes tener ó desear.
2. ¿Por qué te consumes con vana tristeza? ¿Por qué te fatigas con superfluos cuidados?
Está á mi voluntad, y no sufrirás daño alguno.
Si buscas esto 6 aquello y quisieres estar aquí ó allí por tu provecho y propia voluntad, nunca ten- drás quietud ni estarás libre de cuidados; porque en todas las cosas hay alguna falta, y en cada lugar habrá quien te ofenda.
3. Y así, no cualquier cosa alcanzada Ó multip i- cada exteriormente aprovecha, sino más bien la des- preciada y desarraigada del corazón.
No entiendas eso solamente de las posesiones y de las riquezas, sino también de la ambición de la honra y deseo de vanas alabanzas, todo lo cual pa- sa con el mundo.
Importa poco el lugar si falta el fervor del espíri- tu; ní durará mucho la paz buscada por de fuera si falta el verdadero fundamento de la disposición del corazón: quiero decir, si no estuvieses en Mí, pue- des mudarte, pero no mejorarte.
Porque en llegando y agradando la ocasión, ha- llarás lo mismo que huías, y más.
ORACIÓN PARA PEDIR LA LIMPIEZA DE CORAZÓN Y LA SABIDURÍA CELESTIAL
EL ALMA: 4. Confírmame, Señor, en la gracia del Espíritu Santo.
Dante esfuerzo para fortalecerme en mi interior y desocupar mi corazón de toda inútil solicitud y congoja, y para que no me lleven tras sí tan varios deseos por cualquier cosa vil 6 preciosa, sino que las mire todas como pasajeras, y á mí mismo como que he de pasar por ellas.
Porque nada ha y permanente debajo del Sol, adon- de todo es vanidad y aflicción de espíritu. ¡Oh! ¡Cuán sabio es el que así piensa!
5. Dame, Señor, sabiduría celestial para que aprenda á buscarte y hallarte sobre todas las cosas, gustarte y amarte sobre todas y entender lo demás como es, según el orden de tu sabiduría.
Dame prudencia para desviarme del lisonjero y sufrir con paciencia al adversario.
Porque es muy gran sabiduría no moverse á todo viento de palabras, ni tampoco dar oídos á la enga- ñosa sirena, pues así se anda con seguridad el ca- mino del Cielo.
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