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Chapter 37 of 49

CAPÍTULO XXVIII Contra las lenguas maldicientes

JESUCRISTO: 1. Hijo, no te enojes si algunos tuvie- ren cea opinión de ti y dijeren lo que no quisie- ras oir.

Tú debes sentir de ti peores cosas y tenerte por el más flaco de todos.

Si andas dentro de ti, no apreciarás mucho las pa- labras que vuelan.

No es poca prudencia callar en el tiempo adver- so y volverse á mi corazón, sin turbarse por los juicios humanos.

2. No esté tu paz en la boca de los hombres; pues si pensaren de ti bien Ó mal no serás por eso

¿Dónde está la verdadera paz y la verdadera glo- ria sino en Mi?

Y el que no desea contentar á los hombres ni te- me desagradarlos, gozará de mucha paz.

Del desordenado amor y vano temor nace todo sosiego del corazón y la distracción de los sen-

Cómo debemos llamar á Dios y bendecirle en el tiempo de la tribulación.

EL ALMA: 1. Sea tu nombre, Señor, para siempre bendito, que Ara que viniera sobre mi esta ten- tación y tribulación.

Yo no puedo huirla, sino que necesito acudir á Ti para que me ayudes y me la conviertasen provecho.

Señor, ahora estoy atribulado y no le va bien á mi corazón, sino que me atormenta mucho esta pasión.

¿Y qué diré ahora, Padre amado? Rodeado estoy de angustias. Sálvame en esta hora.

Mas he llegado á este trance para que seas Tú poniticado cuando yo estuviere muy humillado y

a librado or pa di A nate, Señor, librarme, porque yo, pobre, ¿qu puedo hacer y adónde iré sin mo

Dame paciencia, Señor, también en este trance.

Ayúdame, Dios mío, y no temeré, por más atribu- lado que me halle.

Hágase, Señor, tu voluntad. Bien he merecido ser atribulado y angustiado.

Aún me conviene sufrir: ¡ojalá sea con pacien- cia hasta que pase la tempestad y haya bonanza!

Pues poderosa es tu mano omnipotente para qui- tar de mí esta tentación y amansar su furor para que del todo no caiga; así cómo antes lo has hecho mu- chas veces conmigo, Dios mío, misericordia mía.

Y cuanto para mí es más difícil, tanto es para Ti fácil esta mudanza de la diestra del Altísimo.

Cómo se ha de pedir el favor divino, z de la confianza en recobrar la gracia.

JESUCRISTO: 1. Hijo, yo soy el Señor, que confor- ta en el día de la triDulación.

Lo que más impide la consolación celestial es que muy tarde vuelves á la oración.

Porque antes de orar con atención buscas mu- chas consolaciones, y te recreas en lo exterior.

De aquí viene que todo te aprovecha poco, hasta que conozcas que Yo soy el que libro á los que es- peran en Mí; y fuera de Mí no hay auxilio eficaz, consejo provechoso ni remedio durable.

Mas, recobrado el aliento después de la tempes- tad, esfuérzate á la luz de mis misericordias, porque cerca estoy (dice el Señor) para reparar todo lo per- dido, no sólo cumplida, sino abundante y colmada- mente.

2. ¿Por ventura, hay cosa dificil para Mi? ¿Ó seré yo como el que dice y no hace?

¿Dónde está tu fe? Ten firmeza y perseverancia.

é varón fuerte y magnánimo, y á su tiempo te llegará el consuelo. spérame, espera; Yo vendré y te curaré.

Tentación es la que te atormenta, y vano temor el que te espanta.

¿Qué aprovecha el cuidado de lo que está por ve- nir, sino para tener tristeza sobre tristeza? Bástale á cada dia su molestia.

Vana cosa es y sin provecho entristecerse ó ale- grarse de lo venidero, que quizás nunca acaecerá.

3. Pero es propio de la humana flaqueza enga- ñarse con tales imaginaciones, y también es señal de poco ánimo dejarse burlar tan ligeramente por el enemigo.

Pues él no cuida de que sea verdadero ó falso aquello con que nos burla ó engaña, ó de si derri- bará con el amor de lo presente ó con el temor de lo futuro.

Cree en Mí, y ten confianza en mi misericordia.

Cuando piensas que estás lejos de Mí, estoy más cerca de ti regularmente.

Cuando piensas que está todo casi perdido, enton- ces muchas veces está cerca la ganancia del merecer.

No está todo perdido cuando alguna cosa te suce- de contraria,

No debes juzgar como sientes ahora, ni embara- zarte ni acongojarte con cualquier contrariedad qe te venga, como si no hubiese esperanza de remedio.

4. Note tengas por desamparado del todo aun- que te envíe á tiempos alguna tribulación ó te pri- ve del consuelo deseado, porque de ese modo se llega al reino de los Cielos.

Y sin duda te conviene más á ti yá los demás siervos míos ser ejercitados en adversidades, que si todo os sucediese á vuestro gusto.

Yo penetro los secretos, y sé que te conviene mu- cho para tu bien que algunas veces te deje descon- solado, para que no te ensoberbezcas en los sucesos

rósperos ni quieras complacerte en ti mismo por lo que no eres.

Lo que yo te di puedo quitártelo, y volvértelo cuando mé agradare,

5. Cuando te lo diere, mio es: cuando te lo quita- re, no tomo cosa tuya, pues mía es cualquier dádiva buena y todo don perfecto.

Si te enviare pesadumbre ó alguna contrariedad, no te indignes ni desfallezca tu corazón.

Presto puedo levantarte y mudar toda pena en

'OZ.O. sto soy y digno de ser alabado cuando así me porto contigo. A

6. Si bienlo entiendes y lo miras á la luz de la verdad, nunca debes entristecerte ni descaecer tanto por las adversidades, sino antes holgarte más y darme gracias.

Y tener por único gozo el ver que afligiéndote con dolores, no te contemplo.

Así como me amó el Padre, Yo os amo, dije á mis amados discípulos, á los cuales no envié á gozos tem- porales, sino á grandes.peleas; no á honras, sino á desprecios; no á ocio, sino á trabajo; no al descan- so, sino á recoger grandes frutos de paciencia. Acuérdate, hijo mío, de estas palabras.

Del desprecio de todas las criaturas para hallar al Creador.

EL ALMA: 1. Señor, necesaria me es aún mayor gracia, si tengo de llegar adonde nadie ni criatura alguna, pueda embarazarme.

Porque mientras que alguna cosa me detiene, no puedo volar á Ti libremente.

Deseaba volar libremente el gue decia: ¿Quién me dará alas como de paloma, y volaré y descansaré?

Qué cosa hay más quieta que la puraintención? ¿Y quién más libre que el que nada desea en la Tierra?

Por eso conviene levantarse sobre todo lo creado y olvidarse totalmente de sí mismo, elevándose, y quedando suspenso para ver que Irá, Creador de todo, no tienes semejanza con las criaturas.

Y el queno se desocupare de lo creado, no podrá libremente entender en lo divino.

Por eso, pues, se hallan posos contemplativos, porque son raros los que saben desasirse del todo de las criaturas y de lo perecedero.

2. Para eso es menester gran gracia que levante el alma y la suba sobre sí misma.

Pero si no eleva al hombre levantado en espíritu, libre de todo lo creado y todo unido á Dios, de poca estima es cuanto sabe y cuanto tiene.

Mucho tiempo será niño y mundano el que estima alguna cosa por grande, sino sólo el único, inmenso y eterno Bien.

Y lo que Dios no es, nada es, y por nada se debe contar.

Hay gran diferencia entre la sabiduría del varón iluminado y devoto y la ciencia del letrado y del estudioso clérigo.

Mucho más noble es la doctrina que emana de la influencia divina que la que se alcanza con trabajo por el ingenio humano.

3. Se hallan muchos que desean la contempla- ción, pero no procuran ejercitar las cosas que para ella se requieren.

Es grande impedimento fijarse en las cosas exte- riores y sensibles, y descuidar la verdadera mortifi- cación.

No sé qué es, ni qué espíritu nos lleva, ni qué es- peramos los que perece somos llamados espirituales, cuando tanto trabajo y solicitud ponemos en las co- sas transitorias y viles, y con dificultad y muy tar- de pos recogemos del todo á considerar nuestro in-

4. ¡Oh dolor; que al momento que nos hemos re- cogido un poco. nos distraemos y no escudriñamos nuestras obras con riguroso examen!

No miramos dónde tenemos nuestras aficiones, ni lloramos cuán manchadas están todas nuestras cosas.

Toda carne había corrompido su camino, y por eso se siguió el gran diluvio.

Porque estando corrompido nuestro afecto inte- rior, es necesario que la obra que de él dimana (señal de la privación de la virtud interior) también se co- rrompa.

e corazón puro procede el fruto de la buena vida,

5. Se examina cuanto hace alguno; pero no inda- gamos de cuánta virtud proceden sus acciones.

Se averigua si alguno es valiente, rico, hermoso, hábil ó buen escritor, buen cantor, buen artista; pero poco se habla de cuán pobre sea de esp, Cuán paciente y manso, cuán devoto y recogido.

La naturaleza mira las cosas exteriores del hom- bre; mas la gracia se ocupa en las interiores. Aqué- lla muchas veces se engaña, y ésta espera en Dios para no engañarse.

De la abnegación de si mismo y de la abdicación de todo apetito.

JESUCRISTO: l. Hijo, no puedes poseer libertad perfecta si no te niegas del todo á ti mismo,

En prisiones están todos los ricos y amadores de sí mismo, los codiciosos, ociosas Y) vagabundos, y los que buscan siempre las cosas de gusto, y no las de Jesucristo, sino que antes componen é inventan muchas veces lo que no ha de durar.

Porque todo lo que no procede de Dios perecerá.

Imprime en tu alma esta breve y perfectisima má- xima: Déjalo todo, y lo hallarás todo; deja tu apeti- to, y hallarás sosiego.

Reflexiona bien esto, y Cuando lo cumplieres lo entenderás todo. dd

EL ALMA: 2, Señor, no es esta obra de un día ni

juego de niños; antes en tan breve sentencia se en- cierra toda la perfección religiosa.

JESUCRISTO: 3. Hijo, no debes volver atrás, ni de- caer presto en oyendo el camino de los perfectos; antes debes esforzarte para cosas más altas, 6 á lo menos aspirar á ellas con deseo.

¡Ojalá hubieses llegado á tanto que no fueras ama- dor de ti mismo, y estuvieses dispuesto puramente á mi voluntad y á la del superior que te he dado! Entonces me agradarías sobremanera, y toda tu vida correría gozosa y pacífica.

Aún tienes mucho que dejar, que si no lo renun- cias enteramente, no alcanzarás lo que pides.

Para que seas rico, te aconsejo que compres de Mi oro acendrado; esto es, la sabiduría celestial, que desprecia todo lo terreno.

Pospón la sabiduría terrena y toda humana y pro- pia complacencia.

4. Yo te dije que las cosas más viles al parecer humano deben comprarse con las preciosas y altas.

Porque muy vil y pequeña parece la verdadera sabiduría celestial, puesta casi en olvido entre los hombres, Ella no sabe grandezas de sí, ni quiere ser engrandecida en la Tierra. Está en la boca de muchos, pero muy lejos de sus obras, siendo ella una perla preciosisima escondida para los más.

De la inconstancia del corazón, y ai la intención final ha de dirigirse á Dios.

JESUCRISTO: 1. Hijo, no creas á tu deseo, pues el que ahora es, presto se te mudará en otro.

Mientras vivieres, estás sujeto á mudanzas, aun- que no quieras, porque A te hallarás alegre, ya triste, ya sosegado, ya turbado, ya devoto, ya inde- voto, ya diligente, ya perezoso, ahora pesado, aho- ra liviano.

Mas el sabio bien instruido en el espiritu es su- perior á estas mudanzas, no mirando lo que experi- menta dentro sí ni de qué parte sopla el viento de la instabilidad, sino á dirigir toda la intención de su espiritu al debido y deseado fin.

Porque asi podrá permanecer siempre el mismo é ileso en tan varios casos, dirigiendo á Mí sin cesar la mira de su sencilla intención.

2. Y cuanto más pura fuere, tanto estará más constante entre las diversas tenipestades.

Pero en muchas cosas se obscurecen los ojos de la pura intención, porque se mira fácilmente á lo que se presenta como deleitable.

Así es que rara vez se halla quien esté entera- mente libre del lunar de su propio interés.

De este modo los judios en otro tiempo fueron á casa de Marta y de María en Betania, no sólo por Jesús, sino también para ver á Lázaro.

Débense, pues, limpiar los ojos de la intención, para que sea sencilla y recta y se enderece á Mí sin detenerse en los medios.

Que Dios es para quien le ama más delicioso que todo, y en todo.

EL ALMA: 1 ¡Oh mi Dios y mi todo! ¿Qué más quiero yo y que mayor dicha puedo apefecer? ¡Oh sabrosa y dulce palabra! Pero para quien ama á Dios, y no al mundo ni á lo que en él está.

Mi Dios y mi todo. Al que entiende, basta lo dicho, y repetirlo muchas veces es deleitable al que ama.

Porque estando Tú presente, todo es agradable; mas estando ausente, todo fastidioso.

Tú haces el corazón tranquilo y das gran paz y alegría festiva.

ú haces sentir bien de todo y que te alaben todas las cosas. No puede cosa alguna deleitar mucho tiempo sin Ti; pero si ha de agradar y gustarse de veras, conviene que tu gracia la presencie y tu sabi- duría la sazone.

2. A quien Tú eres sabroso, ¿qué no le sabrá bien?

Y á quien de Ti no gusta, ¿qué podrá agradarle?

Mas los sabios del mundo, y los que lo son según la carne, no tienen idea de tu sabiduría; en aquéllos se encuentra mucha vanidad, y en éstos, la muerte.

Pero los que te siguen, despreciando al mundo y mortificando su carne, éstos son verdaderos sabios, porque pasan de la vanidad á la verdad, y de la car- ne al espiritu.

A éstos es Dios sabroso, y cuanto bien hallan en las criaturas todo lo refieren á gloria de su Creador.

Pero diferente y muy diferente es el sabor del Creador y de la criatura, de la eternidad y del tiem- po, de la luz increada y de la luz creada.

. ¡Oh luz perpetua, que estás sobre toda luz creada! Envía desde lo alto tal resplandor, que pe- netre todo lo secreto de mi corazón.

Purifica, alegra, clarifica y vivifica mi espíritu y sus potencias, para que se una contigo con exceso de júbilo.

¡Óh; cuándo vendrá esa dichosa y deseada hora, para que Tú me hartes con tu presencia y me seas todo en todas las cosas!

Entretanto que esto no se me concediere, no ten- dré gozo cumplido.

Mas, ¡ay dolor!, que vive aún el hombre viejo en mí; no está del todo crucificado ni perfectamente muerto.

Aún codicia vivamente contra el espíritu, mueve guerras interiores, y no consiente que esté quieto el

4. Mas Tú, que señoreas el poderío del mar y amansas el movimiento de sus Ondas, levántate y ayúdame.

Destruye á las gentes que buscan guerras; que- brántalas con tu virtud.

Ruégote que muestres tus maravillas y que sea glorificada tu diestra, porque no tengo Otra espe- ranza ni otro refugio sino á Ti, Señor Dios mío.

En esta vida no hay seguridad de carecer de tentaciones. JESUCRISTO: 1. Hijo, nunca estás seguro en esta

vida, porque mientras vivieres tienes necesidad de armas espirituales.

Entre enemigos andas; á diestra y siniestra te combaten.

Si, pues, no te vales del escudo de la paciencia á cada instante, no estarás mucho tiempo sin herida.

Demás de esto, si no pones tu corazón fijo en Mí, con pura voluntad de sufrir por Mí todo cuanto vi- niere, no podrás pasar esta recia batalla, ni alcanzar la palma de los bienaventurados. Conviénete, pues, romper varonilmente con todo y pelear con mucho esfuerzo contra lo que viniere,

Porque al vencedor se da el maná, y al perezoso le aguarda mucha miseria.

2. Si buscas descanso en esta vida, ¿cómo halla- rás entonces la eterna bienaventuranza?

No procures mucho descanso, sino mucha pa- ciencia.

Busca la verdadera paz, no en la Tierra, sino en el Cielo; no en los hombres ni en las demás criaturas, sino sólo en Dios.

Por amor de Dios debes padecer de buena gana todas las cosas adversas, como son trabajos, dolo- res, tentaciones, vejaciones, congojas, necesidades, dolencias, injurias, murmuraciones, reprensiones, humillaciones, confusiones, correcciones y menos- precios.

Estas cosas aprovechan para la virtud, estas prueban al nuevo soldado de Cristo y fabrican la corona celestial.

Yo daré eterno galardón por breve trabajo, y Glo- ria infinita por confusión pasajera.

3. ¿Piensas tener siempre consolaciones espiri- tuales al sabor de tu paladar?

Mis Santos no siempre las tuvieron, sino muchas pesadumbres, diversas tentaciones y grandes des- consuelos.

Pero las sufrieron todas con paciencia y confia- ron más en Dios que en sí, porque sabían que no son equivalentes todas las penas de esta vida para merecer la Gloria venidera.

¿Quieres hallar de pronto lo que muchos después de copiosas lágrimas y trabajos con dificultad al- canzaron? E. Ñ

Espera en el Señor, trabaja y esfuérzate varonil-

mente: no desconfíes, no huyas; mas ofrece el cuer- po y el alma por la gloria de Dios con gran cons-

tancia. CAPÍTULO XXXVI Contra los vanos juicios de los hombres.

JESUCRISTO: 1. Hijo, pon tu corazón fijamente en Dios, y no temas los juicios humanos cuando la con- ciencia no te acusa.

Bueno es, y dichoso también, padecer de esta suer- te; y esto no es duro al corazón humilde que confia más en Dios que en sí mismo.

Los más hablan demasiadamente, y por eso se les debe dar poco crédito.

Y también satisfacer á todos no es posible.

Aunque San Pablo trabajó en contentar á todos en el Señor Y fué todo para todos, sin embargo, en nada tuvo el ser juzgado del mundo.

2. Mucho hizo por la salud y edificación de los otros, trabajando cuanto pudo y estaba de su parte; pero no pudo librarse de que le juzgaran y despre- ciaran algunas veces.

Por eso lo encomendó todo á Dios, que lo conoce todo, y con paciencia y humildad se defendía de las malas lenguas y de los que piensan vanidades y mentiras, y las dicen como se les antoja.

Y también respondió algunas veces, por que no ee eacancallzagen algunas almas déblles en verle callar.

3. ¿Quién eres tú para que temas al hombre mor- tal? Hoy es, y mañana no parece.

Teme á Dios, y no te espantes de los hombres.

¿us puedo hacerte el hombre con palabras ó in- jurias? Más bien se daña á sí mismo que á ti, y, cual- quiera que sea, no podrá huir el juicio de Dios.

Ten presente á Dios, y no contiendas con palabras de queja.

Si ahora quedas debajo, al parecer, y sufres la humillación que no mereciste, no te indignes por eso, ni por la impaciencia disminuyas tu victoria.

Sino mírame á Mí en el Cielo, que puedo librar

de toda confusión é injuria y dar á cada uno según sus Obras.

De la pura y entera renuncia de sí mismo para alcanzar la libertad del corazón.

Jesucristo: 1. Hijo, déjate á ti, y me hallarás á Mi. ive sin voluntad ni amor propio, y ganarás siempre.

Porque al punto que te renunciares sin reserva, se te dará mayor gracia.

EL ALMA; 2. Señor, ¿cuántas veces me renunciaré y en qué cosas me dejaré?

JESUCRISTO: 3. Siempre y cada hora, así en lo poco como en lo mucho. Nada exceptúo, sino que en todo quiero hallarte desnudo,

De otro modo, ¿cómo podrás ser mío y yo tuyo, si no te despojas de toda voluntad interior y exte- riormente?

Cuanto más presto hicieres esto, tanto mejor te irá; y cuanto más pura y cumplidamente, tanto más me agradará y mucho más ganarás,

4. Algunos se renuncian, pero con alguna excep- ción; no confían en Dios del todo, y por eso trabajan en mirar por sí.

También algunos al principio lo ofrecen todo; pero después, combatidos por alguna tentación, se vuelven á sus comodidades, y por eso no aprove- chan en la virtud.

Estos nunca Pegarán á la verdadera libertad del corazón puro ni á la gracia de mi suave familiari- dad, sí no se renuncian antes haciendo de todo cada día sacrificios de sí mismos, sin lo cual no están ni estarán en la unión con que se goza de Mi.

5. Muchas veces te dije, y ahora vuelvo á decír- telo: Dejate á ti, renúnciate, y gozarás de grande paz interior,

Dalo todo por el todo: nada busques, nada exi- jas; está puramente y sin dudar en Mi, y me po- Seerás.

Serás libre de corazón, y no te ofuscarán las ti- nieblas.

Encamina todos tus esfuerzos, deseos y oraciones la fin de despojarte de todo apego para seguir así

desnudo á Jesús desnudo, morir para ti, y vivir para Mi eternamente.

Entonces se desvanecerán todas las vanas imagi- naciones, las perturbaciones malas y los cuidados os

'ntonces también desaparecerá el temor excesivo, y morirá el amor desordenado.

Del buen régimen en las cosas exteriores y del recurso á Dios en los peligros.

JESUCRISTO: 1. Hijo, con diligencia debes mirar que en cualquier lugar y en toda ocupación exterior estés muy dentro de ti, libre y señor de ti mismo, y que todas las cosas estén debajo de ti, y no tú deba- jo de ellas.

Para que seas señor y director de tus obras, no siervo ni esclavo venal, sino más bien libre y ver- dadero israelita que pasa á la suerte y libertad de los hijos de Dios.

Los cuales desprecian las cosas presentes y atien-

rio con el ojo izquierdo, y con el derecho lo celestial.

Y no los atraen las cosas temporales para estar asidos á ellas; antes ellos las atraen más para ser- virse bien de ellas según están ordenadas por Dios é instituídas por el Supremo Artífice, que no hizo cosa sin orden en lo creado.

2. Sien cualquier acontecimiento estás firme y no juzgas de él según la apariencia exterior, ni mi- ras con la vista del sentido que lo oyes y ves, antes luego por cualquier causa entras á lo interior, como Moisés en el tabernáculo, á pedir consejo al Señor, oirás algunas veces la respuesta divina, y volverás instruido de muchas cosas presentes y venideras.

Pues siempre recurrió Moisés al tabernáculo para determinar las dudas y dificultades, y tomó el auxi- lio de la oración para librar de los peligros y mal- dades á los hombres.

este modo debes tú entrar en el secreto de tu corazón, pidiendo con eficacia el socorro divino.

Por eso se lee que Josué y los hijos de Israel fue- ron engañados por los gabaonitas, porque no con- sultaron primero con el Señor, sino que, creyendo fácilmente en las blandas palabras, con falsa piedad fueron engañados.

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CAPÍTULO XXVIII Contra las lenguas maldicientes · The Imitation of Christ — Thomas à Kempis · The Conscious Library