Chapter 14 of 49
CAPÍTULO XVIII Del ejemplo de los Santos Padres
1. Considera bien los heroicos ejemplos de los Santos Padres, en los cuales resplandece la verdade- Ea periócción y religión, y verás cuán poco ó casi nada es lo que hacemos.
1 Y de nosotros! ¿Qué es nuestra vida, comparada con la suya?
Los Santos y amigos de Cristo sirvieron al Señor en hambre, en sed, en frío y desnudez, en trabajos y fatigas, en vigilias y ayunos, en oraciones y santas meditaciones, en persecuciones y muchos oprobios.
¡Oh! ¡Cuán graves y muchas tribulaciones padecie- ron los apóstoles, mártires, confesores, vírgenes, y todos los demás que quisieron seguir las pisadas de Jesucristo!
Pues en esta vida aborrecieron su vida para po- seer su alma en la eterna.
¡Oh! ¡Cuán estrecha y retirada vida hicieron los Santos Padres en el jecmo! ¡Cuán largas y graves ten- taciones padecieron! ¡Cuán de ordinario fueron ator- mentados por el enemigo! ¡Cuán continuas y fervien- tes oraciones ofrecieron á Dios! ¡Cuán rigurosas abs- tinencias cumplieron! ¡Cuán gran celo y fervor tu- vieron en su aprovechamiento espiritual! ¡Cuán fuertes peleas pasaron para vencer los vicios! ¡Cuán pura y recta intención tuvieron con Dios!
De día trabajaban, y por la noche se ocupaban en larga oración; y aunque trabajando, no cesaban en la oración mental,
3. Todo el tiempo lo gastaban bien; las horas les parecían cortas para darse á Dios, y por la gran dul- zura de la contemplación se olvidaban de la necesi- dadd el mantenimiento corporal.
Renunciaban todas las riquezas, honras, dignida- des, parientes y amigos: ninguna cosa querían del mundo; apenas tomaban lo necesario para la vida, y les era pesado servir á su cuerpo, aun en las cosas más necesarias.
De modo que eran pobres de lo temporal, pero ri- quisimos en gracia y virtudes.
En lo de fuera eran necesitados, pero en lo interior estaban con la gracia y divinas consolaciones re- creados.
4. Ajenos eran al mundo; mas muy allegados á Dios, del cual eran familiares amigos.
Teníanse por nada cuanto á sí mismos, y para con el mundo eran despreciados; mas á los ojos de Dios eran muy preciosos y amados.
Estaban en verdadera humildad, vivian en sencilla obediencia, andaban en caridad y paciencia, y por eso cada día crecían en espíritu y alcanzaban mucha gracia delante de Dios. >
Fueron puestos por dechados á todos los religio- sos, y más deben movernos para aprovechar en el bien que no la muchedumbre de los tibios para aflo- jar y descaecer.
5. ¡Oh! ¡Cuán grande fué el fervor de todos los re- ligiosos al principio de sus sagrados institutos!
¡Cuánta la devoción de la oración! ¡Cuánto el celo de la virtud! ¡Cuánta disciplina floreció! ¡Cuánta re- verencia y obediencia al superior hubo en todas las cosas!
Aun hasta ahora dan testimonio de ello las señales que quedaron de que fueron verdaderamente varo- nes santos y perfectos que, peleando tan esforzada- mente, vencieron al mundo.
Ahora ya se estima en mucho aquel que no es transgresor y si con paciencia puede sufrir lo que aceptó por su voluntad.
6. ¡Oh tibieza y negligencia de nuestro estado, que tan presto declinamos el fervor primero, y nos es molesto vivir por nuestra flojedad y tibieza!
¡Pluguiese á Dios que no durmiese en ti el apro- vechamiento de las virtudes, pues viste muchas veces tantos ejemplos de devotos!
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