Chapter 5 of 10
EL BANQUETE ó DEL AMOR. · 4
—De alguna cosa, seguramente.
—Conserva bien en la memoria lo que dices, y acuérdate de qué cosa el Amor es amor; pero antes de pasar adelante, dime si el Amor desea la cosa que él ama.
—Sí, ciertamente.
—Pero, replicó Sócrates, ¿es poseedor de la cosa que desea y que ama, ó no la posee?
—Es probable, replicó Agaton, que no la posea.
—Probable? mira si no es más bien necesario que el que desea le falte la cosa que desea, ó bien que no la desee si no le falta. En cuanto á mí, Agaton, es admirable hasta qué punto es á mis ojos necesaria esta consecuencia. ¿Y tú qué dices?
—Yo, lo mismo.
—Muy bien; así, pues, ¿el que es grande deseará ser grande, y el que es fuerte ser fuerte?
—Eso es imposible, teniendo en cuenta aquello en que ya hemos convenido.
—Porque no se puede carecer de lo que se posee.
—Tienes razon.
—Si el que es fuerte, repuso Sócrates, desease ser fuerte, el que es ágil, ágil, el que es robusto, robusto... quizá alguno podria imaginarse en este y otros casos semejantes que los que son fuertes, ágiles y robustos, y que poseen estas cualidades, desean aún lo que ellos poseen. Para que no vayamos á caer en semejante equivocacion, lo que insisto en este punto. Si lo reflexionas, Agaverás que lo que estas gentes poseen, lo poseen necesariamente, quieran ó no quieran; y ¿cómo entónces podrian desearlo? Y si alguno me dijese: rico y sano deseo la riqueza y la salud; y, por consiguiente, deseo lo que poseo, nosotros podriamos responderle: posees la riqueza, la salud y la fuerza, y si tú deseas poseer estas cosas, es para el porvenir, puesto que al presente las posees ya, quiéraslo ó nó. Mira, pues, si cuando dices: deseo una cosa, que tengo al presente, no significa esto: deseo poseer en el porvenir lo que tengo en este momento. ¿No convendrias en esto?
—Convendria, respondió Agaton.
—Pues bien, prosiguió Sócrates, ¿no es esto amar lo que no se está seguro de poseer, aquello que no se posee aún, y desear conservar para el porvenir aquello que se posee al presente?
—Sin duda.
—Por lo tanto, lo mismo en este caso que en cualquiera otro, el que desea, desea lo que no está seguro de poseer, lo que no existe al presente, lo que no posee, lo que no tiene, lo que le falta. Esto es, pues, desear y amar.
—Seguramente.
—Resumamos, añadió Sócrates, lo que acabamos de decir. Primeramente, el Amor es el amor de alguna cosa; en segundo lugar, de una cosa que le falta.
—Sí, dijo Agaton.
—Acuérdate ahora, replicó Sócrates, de qué cosa, segun tú, el Amor es amor. Si quieres, yo te lo recordaré. Has dicho, me parece, que se restableció la concordia entre los dioses mediante el amor á lo bello, porque no hay amor de lo feo. ¿No es esto lo que has dicho?
—Lo he dicho, en efecto.
—Y con razon, mi querido amigo. Y si es así, el Amor es el amor de la belleza, y no de la fealdad?
Convino en ello.
—¿No hemos convenido en que se aman las cosas cuando se carece de ellas y no se poseen?
—Sí.
—Luego el Amor carece de belleza y no la posee.
—Necesariamente.
—¡Pero qué! ¡Llamas bello á lo que carece de belleza, á lo que no posee en manera alguna la belleza?
—No, ciertamente.
—Si es así, repuso Sócrates, ¿sostienes aún que el Amor es bello?
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