Chapter 2 of 3
Apología de Sócrates por Jenofonte · 2
APOLOGIA DE SÓCRATES. (1)
I.
Trasmitir á la posteridad la conducta del célebre Sócrates cuando fué citado ante el Jurado, y decir las determinaciones que tomó respectivamente á su defensa y á su muerte, paréceme en verdad un digno asunto. Otros han escrito tambien (2) sobre lo mismo, y todos convienen en la sublime dignidad de su lenguaje. (3) Es, pues, una realidad que Sócrates en aquellas circunstancias habló con magnificencia. Mas no se han explicado claramente los motivos que tuvo para juzgar en tal ocasion la muerte preferible á la vida: de suerte que cabe dudar si la razon estuvo entonces á la altura de la elocuencia.
Pero su amigo Hermógenes, hijo de Hipónico, (4) nos ha dado sobre esto detalles que ponen en perfecta consonancia la elevacion de sus palabras con la de sus ideas. En efecto, cuenta que viéndole discurrir sobre tódo, ménos sobre su causa, le dijo: ¿No convendria, mi querido Sócrates, que discurrieras tambien algo sobre tu defensa?—A lo que el filósofo le contestó: Pues qué ¿mi vida entera no te prueba que constantemente me ocupo de ella?—Y cómo? replicó Hermógenes.—Procurando no hacer jamás una accion injusta: ése es á mis ojos el mejor modo de preparar una defensa.—¿Pero no ves, dijo nuevamente el hijo de Hipónico, que los tribunales de Atenas han hecho perecer á multitud de inocentes, víctimas de su turbación para defenderse, mientras que han absuelto á otros muchos siendo delincuentes, porque su lengua los ha movido á compasion ó cautivado por su elegancia?—Pues por Júpiter! dos veces he intentado ya ocuparme de preparar una defensa y otras tantas se ha opuesto á ello el «Génio», (5) que me inspira.—Lo que estás diciendo me sorprende!—Y porque sorprenderte, si la Divinidad juzga que es mas ventajoso para mí el dejar la vida desde este instante mismo? Pues tú no sabes que hasta el presente no hay un solo hombre á quien le conceda que haya vivido mejor que yo? Mi conciencia me dice, y es mi más dulce satisfaccion, que he vivido de una manera justa y religiosa, de tal modo, que despues de mi propia aprobacion me encuentro con la de cuantos me tratan, que tienen formada igual opinion sobre mi conducta. Pero ahora mi edad avanza; sé que han de sobrevenir las cosas propias de la vejéz: ver mal, oir peor, ser cada dia más tardío para aprender y de lo que tiene uno aprendido irse olvidando rápidamente. Y si yo me apercibo de la pérdida de mis facultades, y si he de estar incómodo conmigo mismo, cómo podré decir entónces: vivo gustosamente? Acaso Dios me concede esto como un don especial: pues no sólo voy á dejar la vida en el momento más favorable, por mi edad, sino de la manera ménos penosa: pues si hoy me condenan, me será permitido indudablemente escojer la especie de muerte que estimen mas sencilla los que entienden de esto, muerte que dé lo ménos que hacer á mis amigos, y que llene cumplidamente los deseos del que ha de sufrirla. Pues así se vá uno extinguiendo sin ofrecer nada repugnante ni molesto á los ojos de los que le rodean, teniendo el cuerpo sano y el alma dispuesta á la complacencia. Cómo por precision no ha de ser esta muerte apetecible?
Con razon los dioses, añadió, se han opuesto á la preparacion de mi Defensa, mientras que á todos nosotros nos pareceria que debian buscarse los medios de escapar á todo trance. ¿Y qué aconteceria en el caso de conseguirlo?: que en lugar de acabar ahora con la vida, tendria que resolverme á morir atormentado por los padecimientos ó por la vejéz, sobre la cual recaen todas las molestias y sinsabores. (6) Por Júpiter! Hermógenes, que no pensaré más en esto. Y si por hacer ver en el tribunal los favores que debo á los Dioses y á los hombres, si por manifestar libremente el concepto que tengo de mí mismo me indispusiere con mis jueces,......... preferiré morir ántes que mendigar servilmente que se me otorgue la prolongacion de una vida cien veces peor que la muerte.
Despues de esta resolucion fué cuando, segun Hermógenes, sus enemigos le acusaron de no reconocer los dioses que veneraba la Pátria, de haber introducido nuevas divinidades, y de corromper á la juventud.
Compareció ante los Jueces y dijo:
Atenienses! lo que más me maravilla en este asunto es la conducta de Mélito. (7) ¿Cómo ha osado asegurar que desprecio las deidades de la República, cuando todo el mundo me ha visto, y él mismo si lo ha querido, tomar parte en las comunes festividades y sacrificar en los altares públicos? ¿Es por ventura introducir númenes extraños, el haber yo dicho que la voz de un «Dios» (8) resuena en mi oido enseñándome cómo debo obrar? ¿Pues los que consultan los cantos de las aves ó los pronósticos de los mismos hombres, no se dejan influir tambien por sonidos articulados? ¿Quién puede negar que el trueno sea una voz y el más grande de todos los presagios? ¿Pues la Pitonisa colocada sobre la tripode, no se vale tambien de la voz para pronunciar los oráculos de su Dios? En una palabra, que Dios conoce y revela á quien le place el secreto de lo porvenir: hé ahí todo lo que yo digo, que és lo mismo que dicen y piensan los demás. Pues bien, los demás llaman á todo eso augurios, pronósticos, presagios, profecías; yo le llamo «Génio.» (Daimonion): y creo que llamándolo así, uso un lenguaje más verdadero y más piadoso que los que atribuyen á las aves el poder de los dioses. Y la prueba de que no miento contra la Divinidad és, que cuantas veces he manifestado á mis numerosos amigos los consejos del Dios, jamás les he parecido engañado. (9)
Alborotáronse los jueces al oir esta arenga: unos porque no daban crédito á lo que habian oido, otros aguijoneados por la envidia de que aquel hombre hubiera conseguido mayores distinciones que ellos de parte de los Dioses.
Sócrates tomó de nuevo la palabra, y les dijo:
—Ea, pues escuchad más todavia, á fin de que los que lo desean tengan un motivo más para no creer en los favores que me concede el Cielo. Un dia ante una reunion inmensa interrogó Cherefon (10) sobre mí al oráculo de Délfos; «No existe un hombre, respondió Apolo, más independiente, más justo, ni más sábio que Sócrates.» (11)
Como era de esperar, levantóse aun más el clamor de los jueces, cuando escucharon esto. El Sábio ateniense nuevamente les arguyó, diciendo: «Hijos del Ática! pues mayores alabanzas que las tributadas á mí, profirió el oráculo en honor de Licurgo, el legislador de los espartanos. Al verle entrar en el templo cuentan que exclamó: «No sé si te llame Dios ú hombre.» A mí, sin haberme comparado á un dios, sólo me ha hecho superior á los demás hombres.
Sin embargo, yo no quiero que ciegamente deis crédito á las palabras del oráculo; pero os ruego que las examineis una por una. ¿Conoceis un hombre ménos esclavo que yo de los apetitos del cuerpo? un hombre más independiente que yo, que de nadie admito dádivas ni recompensas? ¿Y á quién podreis vosotros considerar como el más justo, sino al hombre moderado que se acomoda con lo que tiene, sin tener nunca necesidad de lo de los demás? Y en fin, cual de vosotros puede negarme el último dictado del oráculo, (12) si desde el momento en que comencé á comprender la lengua humana, no he cesado de investigar, y he aprendido cuanto bueno he podido?
Y la prueba de que mis trabajos no son estériles, no la veis patente en la predileccion con que buscan mi sociedad gran número de ciudadanos, y aun de extranjeros, apasionados de la virtud? Porqué tantas gentes desean obsequiarme con regalos, cuando saben que yo no tengo riquezas con que remunerarles? Y en cuanto á mi, mientras que nadie puede decir que le he exigido un servicio, cómo confiesan todos que me deben agradecimiento? Por qué razon durante el sitio de Aténas, (13) mientras mis compatriotas se lamentaban todos de su miseria, yo no vivia ni más ni ménos angustiado que en los dias mas prósperos de la República? En fin, los más de los hombres tienen que comprar á caro precio los objetos de sus delicias en el mercado público; yo, sin costo ninguno, los encuentro infinitamente más dulces en el fondo de mi alma. Pues si todo cuanto he alegado en mi defensa es cierto, y nadie puede convencerme de que falto á la verdad, ¿cómo, haciéndome justicia, no he de ser ensalzado por los dioses y por los hombres?
Tal es mi conducta. Y sin embargo, Mélito, tú me acusas de pervertir á la juventud. (14) Pero todos sabemos en que consisten tales corrupciones: díme si conoces á uno sólo de esos jóvenes que con mis lecciones se haya pervertido: que siendo religioso se haya hecho un impío, que de moderado se haya tornado violento, de reservado en pródigo, de sóbrio en amante de la crápula, de trabajador en perezoso, uno sólo que se haya entregado á pasiones vergonzosas.—Sí, por Júpiter! conozco á algunos á quienes has seducido hasta el punto de que siguen con más confianza tus consejos que los de sus padres.—Lo confieso, dijo Sócrates; pero en lo respectivo á la educacion moral: que, como ellos saben, es el asíduo objeto de mis desvelos. Tambien en lo que conviene á la salud, seguimos mejor los consejos de los médicos que los de nuestros padres; y vosotros todos, atenienses, mirais en las asambleas á los que hablan en ellas con superior ilustracion con más predileccion que á los que se hallan unidos á vosotros por los vínculos de la sangre; así como en las elecciones de generales preferís los varones más hábiles en el arte de la guerra, no sólo á vuestros padres y á vuestros hermanos, sino por Júpiter! aun á vosotros mismos.—Ese es el uso, y así conviene á la Pátria, replicó Mélito.—Pues entonces, dijo Sócrates, ¿no te parece digno de admiracion, siendo en todos los asuntos los más hábiles considerados no sólo como iguales sino como superiores á los demás, que yo, por ser tenido en la opinion de algunos como el mejor en lo que es el mayor bien de los hombres, la educacion del espiritu, me haya de ver por tu causa condenado á muerte? (15)
Algunos más razonamientos se añadieron por el filósofo y por los amigos que hablaron en su defensa. (16) Mas no ha sido mi intento referir los pormenores de este célebre proceso. Bástame haber demostrado que Sócrates creía de gran importancia el no mostrarse irreverente con los dioses (17) ni injusto con los hombres.
Lo de conservar la vida creia que no debia pedirse con humillaciones; ántes bien, estaba convencido de que era la ocasion oportuna de morir: y que era ésta su conviccion claramente se vió despues de pronunciada la sentencia. Se le invitó primero á que conmutase la pena capital por una multa, (18) y ni accedió á ello, ni permitió á sus amigos que la entregáran, pues decia que condenándose á una pena pecuniaria, tenia que confesarse culpable. (19) Quisieron luego sus amigos proporcionarle una huida; (20) mas la rehusó tambien, y aun les preguntó, con cierto humor, si ellos tenian noticias que hubiese fuera del Ática algun lugar inaccesible á la muerte.
En fin, luego que la sentencia fué pronunciada, cuentan, que se expresó así:
Ciudadanos! los sobornadores que han inducido al perjurio á los testigos que han depuesto en contra mía, y los que se han prestado al soborno, deben imprescindiblemente reconocerse culpables de una gran impiedad, de una tremenda injusticia. ¿Y sería decoroso que yo mostrára menos ánimos ahora que ántes de haber sido condenado, yo que no estoy convicto de haber ejecutado nada de cuanto se me ha acusado? Se me ha visto á mí, desertor del culto de Júpiter y de Juno, y de los demás dioses y diosas, sacrificar á nuevas divinidades? en mis juramentos, en mis discursos, me veis invocar otros dioses que los vuestros? Y por lo que hace á la juventud, ¿cómo yo he de pervertirla, cuando la acostumbro á la paciencia y á la frugalidad? Ninguno de esos crímenes contra los que la Ley pronuncia la muerte: el sacrilegio, la perforacion de muros, la venta de hombres libres, la entrega de la Pátria, (21) ninguno de esos delitos me ha sido imputado por mis contrarios. Por lo que me parece muy digno de extrañeza que vosotros hayais podido encontrar en mi causa, accion alguna que merezca la muerte. Mas yo no me creo por eso ménos digno de estimacion, pues muero inocente. No es el oprobio para mí; sino para los que me condenan. Por otro lado, me sirve de consuelo el destino de Palamedes (22) muerto de una manera semejante á la mía. ¿Y en verdad, hoy mismo no inspira cantos más hermosos este héroe que el propio Ulises que le hizo perecer injustamente? Estoy seguro que el tiempo pasado y los siglos venideros atestiguarán que no he hecho mal á nadie, que á nadie he pervertido; sino que he sido benéfico con mis discípulos, enseñándoles de buen grado lo bueno que he podido.
Despues de haber hablado así, se salió de la manera que correspondia á sus palabras: la mirada radiante, el exterior y la marcha magestuosa. (23) Como se apercibió de que los que le acompañaban iban llorando, les dijo: y porqué es eso de llorar ahora? pues no sabíais, mucho tiempo ha, que la naturaleza desde que vine á la vida tenia decretada mi muerte? (24) ¡Y si se tratáse de que, rodeado de goces, tuviera qué morir prematuramente! ciertamente que debia ser un motivo de afliccion para mí y para mis amigos; pero si voy á dejar la vida cuando ya sólo sufrimientos debo esperar en ella!..... creo, pues, que al verme á mí contento, debeis participar de mi alegría todos vosotros. (25) —Pues yo me sublevo contra esa sentencia, dijo Apolodoro, hombre sencillo, que le era muy adicto y que estaba allí presente: porque veo que mueres injustamente.—Queridísimo Apolodoro, le contestó Sócrates, (26) pasándole la mano cariñosamente por la cabeza, pues ¿por ventura querrias tú mejor verme morir con justicia que con inocencia? y al mismo tiempo dejó ver su afable sonrisa. (27)
Cuentan tambien que al ver á Anito que pasaba, dijo: ese hombre va tan enorgullecido, como si hubiera realizado una accion grande y bella con haber votado mi muerte..... y porqué? porque le hice notar que no estaba bien que él, honrado por la Ciudad con los mas elevados cargos, rebajára á su hijo hasta el oficio de curtidor...... El insensato! no conoce que entre él y yo el triunfo será siempre de aquel que en todo tiempo haya ejecutado las cosas más útiles y bellas!..... Pero Homero concede á algunos de los que están para morir el don de penetrar en lo venidero, (28) y os voy á pronunciar un vaticinio: he tratado un poco de tiempo al hijo de Anito, y no me parece un espíritu desprovisto de energía: pues os anuncio que no ha de permanecer en el oficio servil á que el padre le ha consagrado; falto de un honrado guia que le conduzca, sucumbirá á una pasion vergonzosa; y ya en adelante continuará progresando en el camino de la depravacion.
Los hechos correspondieron á la profecía: el mancebo se entregó al vicio del vino, y ébrio á todas horas concluyó por hacerse un hombre inútil para su Patria, para sus amigos y para sí mismo. El padre, por la educacion infame que habia dado al hijo, y por su torpe ignorancia, ha logrado verse deshonrado aun hasta hoy, despues de muerto.
En cuanto á Sócrates el haberse engrandecido ánte sus jueces excitó contra él la envidia y los decidió más resueltamente á condenarle. (29) Por lo demás, creo tambien que su muerte fué un beneficio que le concedieron los dioses, puesto que dejó lo más triste de la vida y alcanzó la más dulce de las muertes. ¡Y qué alma tan grandiosa! Convencido como estaba de que la muerte era para él más ventajosa que una larga vida, del mismo modo que jamás se habia manifestado contrario á recibir lo bueno, tampoco se mostró débil ante la muerte; al contrario, le salió al encuentro y murió con júbilo. (30)
Por mi parte cuando considero la sabiduría é inmensa grandeza de aquel hombre, no puedo ménos de recordarle, y con mi recuerdo tributarle mis alabanzas: y si alguien que sea amante de la virtud, se ha encontrado con un hombre más útil que el sábio de Aténas, desde luego declaro que ese és el mas afortunado de los mortales.
(1) Recomendamos á nuestros lectores el interesante y concienzudo trabajo de Fr. Thurot: Apologie de Sócrate d'aprés Platon et Xénophon. En esta obra se encuentran tambien el Criton y el Phedon que son sus indispensables comentarios.
Véase así mismo la Apología de Sócrates de Libanio. Libanii Opera, edition Claude. Morel Paris-1607. p. 635.
(2) Principalmente Platon. Los diálogos de Platon se dividen en 10 grupos. Forman el 1.º los que tratan del Proceso y muerte de Sócrates y són: Euthyphron, la Apologia, Criton, Phedon y Cratylo. (J. Socher über Platons Schriften. Miinchen 1820.)
(3) Sócrates, dice Ciceron, no se presentó ante sus jueces humillado ni suplicante, sino con la magestad de un Soberano.
(4) Sobre Hermógenes véanse las Mem. de Jenof. II, 10; IV, 8.
(5) Decia Sócrates que tenia una voz interior «un Génio» (demonio) que le advertia constantemente lo que debia hacer y evitar. Por estas para sus émulos extravagancias demoniacas le acusaron. Nos hemos servido de la palabra Génio en la traduccion, porque la acepcion en que se toma en nuestro idioma la palabra demonio no expresa el concepto; pues lo que se quiere significar aquí es Númen, Génio, Oráculo, Dios.
Use the ← → keys to move between chapters.