Chapter 5 of 6
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Ion: En eso no dirías más que la verdad.
Sócrates: Tu respuesta no es menos verdadera, Ion. Lo mismo que te he señalado en la Odisea y en la Iliada pasajes que pertenecen, unos al adivino, otros al médico, otros al pescador, desígname tú ahora, Ion, tú que conoces mejor que yo a Homero, los pasajes que son del resorte de la rapsodia, y que te corresponde examinar y juzgar con preferencia á los demás hombres.
Ion: Te respondo, Sócrates, que todos son de la competencia del rapsodista.
Sócrates: Pero eso no lo decías hace poco. ¿Cómo tienes tan mala memoria? No es propio de un rapsodista ser tan olvidadizo.
Ion: ¿Pues qué es lo que yo he olvidado?
Sócrates: ¿No te acuerdas haber dicho que el arte del rapsodista es distinto que el del cochero?
Ion: Sí, me acuerdo.
Sócrates: ¿No has confesado que, siendo distinto, tiene que conocer de otros objetos?
Ion: Sí.
Sócrates: El arte del rapsodista, según lo que tú dices, no conocerá todas las cosas, como no las conocerá el rapsodista.
Ion: Quizá es preciso exceptuar esta clase de objetos, Sócrates.
Sócrates: Pero tú entiendes por esta clase de objetos todo lo que pertenece a las otras artes. Por consiguiente, ¿qué objetos habrás de conocer tú como rapsodista, puesto que no puedes conocerlos todos?
Ion: Conoceré, creo yo, los discursos que se ponen en boca del hombre y de la mujer, de los esclavos y de las personas libres, de los que obedecen y de los que mandan.
Sócrates: ¿Quieres decir que el rapsodista sabrá mejor que el piloto de qué manera debe hablar el que manda una nave batida por la tempestad?
Ion: No; para esto será mejor el piloto.
Sócrates: ¿El rapsodista sabrá mejor que el médico los discursos de que habrán de valerse los que dirigen a enfermos?
Ion: No, lo confieso.
Sócrates: ¿Quieres hablar de los discursos que convienen a un esclavo?
Ion: Sí.
Sócrates: Por ejemplo, ¿pretendes que el rapsodista, y no el vaquero, sabrá lo que es preciso decir para amansar las bestias cuando están irritadas?
Ion: No.
Sócrates: ¿Y sabrá mejor que un trabajador en lana lo tocante a su trabajo?
Ion: No.
Sócrates: ¿Sabrá mejor los discursos de que un general debe valerse para inspirar ánimo a sus soldados?
Ion: Sí, he aquí lo que el rapsodista debe conocer.
Sócrates: ¡Pero qué! ¿el arte del rapsodista es el mismo que el arte de la guerra?
Ion: Por lo menos yo sé muy bien cómo debe hablar un general de ejército.
Sócrates: Quizá, Ion, estás versado en el arte de mandar la tropa. En efecto, si fueses a la vez buen picador y buen tocador de laúd, distinguirías los caballos que tienen buena o mala marcha. Pero si yo te preguntase mediante qué arte conoces los caballos que marchan bien, si por tu cualidad de picador o por la de tocador de laúd, ¿qué me responderías?
Ion: Te respondería que como picador.
Sócrates: En igual forma, si conocieses los que tocan bien el laúd, ¿no confesarías que este discernimiento le hacías como tocador de laúd y no como picador?
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