Chapter 48 of 77
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Sigamos, pues, el rastro del mal humor de estos hombres, de que hemos hablado, como si combatieran con nosotros. He aquí, a mi parecer, lo que dicen, comenzando por un punto bastante elevado. Si quisiéramos conocer la naturaleza de cualquiera cosa, sea la que sea, por ejemplo, de la dureza, ¿no la conoceríamos mejor, fijándonos en lo que hay de más duro, que entreteniéndonos en lo que sólo tiene un cierto grado de dureza? Protarco, es preciso que respondas a estos hombres cabilosos y también a mí.
Protarco
Así lo quiero yo; y digo, que para esto es preciso fijarse en las cosas más duras.
Sócrates
Por consiguiente, si quisiéramos conocer el placer y su naturaleza, no deberíamos fijarnos en placeres de un grado inferior, sino en los que pasan por más grandes y más vivos. [94]
Protarco
No hay nadie que te niegue esto.
Sócrates
Los placeres, cuyo goce nos es fácil, y que son al mismo tiempo los mayores, como se dice muchas veces, ¿no son los que se refieren al cuerpo?
Protarco
Sin duda alguna.
Sócrates
¿Son y se hacen más grandes respecto de los enfermos en sus enfermedades, que respecto de las personas sanas? Procuremos no dar un paso en falso, respondiendo sin reflexión.
Protarco
¿Cómo?
Sócrates
Diremos quizá que son mayores en los que están sanos.
Protarco
Así parece.
Sócrates
¿Pero qué?, ¿no son los placeres más vivos aquellos cuyos deseos son más violentos?
Protarco
Es cierto.
Sócrates
Los que están atormentados por la fiebre y otras enfermedades semejantes, ¿no tienen más sed, más frío, e igualmente otras afecciones, que experimentan por el intermedio del cuerpo?, ¿no advierten más necesidades, y cuando las satisfacen, no experimentan un gran placer?, ¿dejaremos de confesar que esto es lo que pasa?
Protarco
Seguramente, me parece bien.
Sócrates
Pero más aún; ¿no será hablar discretamente, si [95] decimos, que si se quiere conocer cuáles son los placeres más vivos, no es el estado de salud, en el que debemos fijar nuestras miradas, sino en el estado de enfermedad? Guárdate por lo demás de pensar que yo te pregunte, si los enfermos tienen más placeres que los sanos, puesto que debes figurarte que busco la magnitud del placer, y que te pregunto dónde se encuentra de ordinario con más vehemencia; porque nuestro objeto, decimos, es el descubrir la naturaleza del placer, y saber lo que piensan los que sostienen que él no existe por sí mismo.
Protarco
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