Chapter 19 of 27
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Fedro
Es tan poco lo olvidado que no merece la pena de hablar de ello.
Sócrates
Pues bien, no hablemos más de eso, y tratemos ahora de ver de una manera patente lo que valen estos artificios, y dónde brilla el poder de la retórica.
Fedro
Es, en efecto, un arte poderoso, Sócrates, por lo menos en las asambleas populares.
Sócrates
Es cierto. Pero mira, mi excelente amigo, si no adviertes, como yo, que estas sabias composiciones descubren trama en muchos pasajes.
Fedro
Explícate más.
Sócrates
Dime, si alguno encontrase a tu amigo Eriximaco o a su padre Acumenos, y les dijese: yo sé, mediante la [329] aplicacion de ciertas sustancias, calentar o enfriar el cuerpo a mi voluntad, provocar evacuaciones por todos los conductos, y producir otros efectos semejantes; y con esta ciencia puedo pasar por médico, y me creo capaz de convertir en médicos a las personas a quienes comunique mi ciencia. A tu parecer, ¿qué responderían tus ilustres amigos?
Fedro
Seguramente le preguntarían si sabe además a qué enfermos es preciso aplicar estos remedios, en qué casos y en qué dosis.
Sócrates
Él les respondería que de eso no sabe nada, pero que con seguridad el que reciba sus lecciones sabrá llenar todas estas condiciones.
Fedro
Creo que mis amigos dirían que nuestro hombre estaba loco, y que habiendo abierto por casualidad un libro de medicina ú oído hablar de algunos remedios, se imagina con sólo esto ser médico, aunque no entienda una palabra.
Sócrates
Y si alguno, dirigiéndose a Sófocles o a Eurípides, les dijese: yo sé presentar, sobre el objeto más mezquino, los desenvolvimientos más extensos, y tratar brevemente la más vasta materia; sé hacer discursos indistintamente patéticos, terribles o amenazadores, poseo además otros conocimientos semejantes, y me comprometo, enseñando este arte a alguno, a ponerle en estado de componer una tragedia.
Fedro
Estos dos poetas, Sócrates, podrían con razón echarse a reír de este hombre, que se imaginaba hacer una tragedia de todas estas partes reunidas a la casualidad, sin acuerdo, sin proporciones y sin idea del conjunto.
Sócrates
Pero se guardarían bien de burlarse de él [330] groseramente. Si un músico encontrase a un hombre que cree saber perfectamente la armonía, porque sabe sacar de una cuerda el sonido más agudo o el sonido más grave, no le diría bruscamente: desgraciado, tú has perdido la cabeza. Sino que, como digno favorito de las musas, le diría con dulzura: querido mío, es preciso saber lo que tú sabes para conocer la armonía; sin embargo, se puede estar a tu altura sin entenderla; tú posees las nociones preliminares del arte, pero no el arte mismo.
Fedro
Eso sería hablar muy sensatamente.
Sócrates
Lo mismo diría, Sófocles a su hombre, que posee los elementos del arte trágico, pero no el arte mismo; y Acumenos diría al suyo, que conocía las nociones preliminares de la medicina, pero no la medicina misma.
Fedro
Seguramente.
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