Chapter 18 of 27
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¿Qué dices? ¿Puede haber en el arte de la palabra [326] alguna parte importante distinta de la dialéctica? Verdaderamente guardémonos bien de desdeñarla, y veamos en qué consiste esta retórica de que no hemos hablado.
Fedro
No es poco, mi querido Sócrates, lo que se encuentra en los libros de retórica.
Sócrates
Me lo recuerdas muy a tiempo. Lo primero es el exordio, porque así debemos llamar el principio del discurso. ¿No es este uno de los refinamientos del arte?
Fedro
Si, sin duda.
Sócrates
Después la narración{25}, luego las deposiciones de los testigos, en seguida las pruebas, y por fin las presunciones. Creo que un entendido discursista, que nos ha venido de Bizancio, habla también de la confirmación y de la sub-confirmación.
Fedro
¿Hablas del ilustre Teodoro?
Sócrates
Sí, de Teodoro. Nos enseña también cuál debe ser la refutación y la sub-refutación en la acusación y en la defensa. Oigamos igualmente al hábil Eveno de Paros, que ha inventado la insinuación y las alabanzas recíprocas. Se dice también que ha puesto en versos mnemónicos la teoría de los ataques indirectos; en fin, es un sabio. ¿Dejaremos dormir a Tisias y Gorgias? Estos han descubierto que la verosimilitud vale más que la verdad, y saben, por medio de su palabra omnipotente, hacer que las cosas grandes parezcan pequeñas, y pequeñas las grandes, dar un aire de novedad a lo que es antiguo, y un aire de antigüedad a lo que es nuevo; en fin, han [327] encontrado el medio de hablar indiferentemente sobre el mismo objeto de una manera concisa o de una manera difusa.
Un día que yo hablaba a Prodico, se echó a reír, y me aseguró que sólo él estaba, en posesión del buen método, que era preciso evitar la concisión y los desenvolvimientos ociosos, conservándose siempre en un término medio.
Fedro
Perfectamente, Prodico{26}.
Sócrates
¿Qué diremos de Ripias? Porque pienso que el natural de Elis debe ser del mismo dictamen.
Fedro
¿Por qué no?
Sócrates
¿Qué diremos de Polus con sus consonancias, sus repeticiones, su abuso de sentencias y de metáforas, y estas palabras que ha tomado de las lecciones de Licimnion, para adornar sus discursos?
Fedro
Protágoras{27}, mi querido Sócrates, ¿no enseñaba artificios del mismo género?
Sócrates
Su manera, mi querido joven, era notable por cierta propiedad de expresión unida a otras bellas cualidades. En el arte de excitar a la compasión, en favor de la ancianidad o de la pobreza, por medio de exclamaciones patéticas, nadie se puede comparar con el poderoso [328] retórico de Calcedonia{28}. Es un hombre que lo mismo agita que aquieta a la multitud, a manera de encantamiento, de lo que él mismo se alaba. Es tan capaz para acumular acusaciones, como para destruirlas, sin importarle el cómo. En cuanto al fin de sus discursos, en todos es el mismo, ya le llame recapitulación o le dé cualquiera otro nombre.
Fedro
¿Quieres decir el resumen, que se hace al concluir un discurso, para recordar a los oyentes lo que se ha dicho?
Sócrates
Eso mismo. ¿Crees que me haya olvidado de alguno de los secretos del arte oratorio?
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