Chapter 48 of 49
CAPÍTULO VI Ejercicios para antes de la Comunión
EL ALMA: 1. Señor, cuando pienso en tu dignidad
en mi vileza, tengo gran temblor y me hallo con-
Porque si no me llego á Ti, huyo de la vida, y si indignamente me atrevo, incurro en tu ofensa.
¿Pues qué haré, Dios mío, ayudador mío, conse- jero mio, en las necesidades?
2. Enséñame Tú el camino derecho; propónme algún ejercicio conveniente para la sagrada Comu- nión.
Porque es inútil saber de qué modo deba yo pre- parar mi corazón devotamente y con reverencia para recibir saludablemente tu Sacramento, ó para celebrar tan grande y divino sacrificio.
Del examen de la propia conciencia, y del propósito de la enmienda.
JESUCRISTO: 1. Sobre todas las cosas es necesa- rio que el sacerdote de Dios llegue á celebrar, ma- nejar recibir este Sacramento con grandísima hu- mildad de corazón y con devota reverencia, con en- tera fe y con pacos intención de la honra de Dios.
Examina diligentemente tu conciencia, y según tus fuerzas limpiala y adórnala con verdadero dolor y humilde confesión, de manera que no tengas ó sepas cosa grave que te remuerda y te impida llegar libremente al Sacramento,
Ten aborrecimiento de todos tus pecados en ge- neral, y por las faltas diarias duélete y gime más particularmente.
Y si el tiempo lo permite, confiesa á Dios todas las miserias de tus pasiones en lo secreto de tu corazón.
2. Llora, y duélete de que aún eres tan carnal y mundano, tan poco mortificado en las pasiones, tan lleno de movimientos de concupiscencia;
Tan poco diligente en la guarda de los sentidos exteriores, tan envuelto muchas veces en vanas ima- ginaciones;
Tan inclinado á las cosas exteriores, tan negligen- te en las interiores;
Tan fácil á la risa y á la disipación, tan duro para las lágrimas y la compunción;
Tan dispuesto á la relajación y regalos de la car- ne, tan perezoso al caos y al fervor;
Tan curioso para olr novedades y ver cosas her- mosas, tan remiso en abrazar las humildes y despre- ciadas;
Tan codicioso de tener mucho, tan encogido en dar, tan avariento en retener;
Tan inconsiderado en hablar, tan poco detenido en callar, tan descompuesto en las costumbres, tan indiscreto en las obras;
Tan desordenado en el comer, tan sordo á las pa- labras de Dios;
Tan presto para holgarte, tan tardio para trabajar;
Tan despierto para oir hablillas y cuentos, y tan soñoliento para velar en oración;
Tan impaciente por llegar al fin, y tan vago en la atención;
Tan negligente en el rezo, tan tibio en la Misa, tan indevoto en la Comunión;
Tan á menudo distraído, tan raras veces entera- mente recogido;
Tan prontamente conmovido por la ira, tan fácil para disgustar á los demás;
Tan propenso á juzgar, tan riguroso en reprender;
Tan alegre en la prosperidad, tan abatido en la ad- versidad;
Tan fecundo en buenos propósitos, y tan estéril en ponerlos por obra.
3. Después de haber confesado y llorado estos y otros defectos con dolor y gran disgusto de tu pro- pia fragilidad, propón firmemente enmendar siem- pre tu vida y mejorarla de allí adelante.
En seguida, abandonándote á Mi con absoluta y entera voluntad, ofrécete á ti mismo para gloria de mi nombre en el altar de tu corazón como sacrificio perpetuo, encomendándome á Mi con entera fe el cuidado de tu cuerpo y de tu alma.
Para que de esta manera merezcas llegar digna- mente á ofrecer el santo sacrificio, y recibir saluda- blemente el Sacramento de mi Cuerpo.
4, Pues no hay ofrenda más digna ni mayor sa- tisfacción para borrar los pecados que vírecerse á sí mismo pura y enteramente á Dios, con el sacrificio del Cuerpo de Cristo en la Misa y Comunión.
Si el hombre hiciere lo que está de su parte y se arrepintiere verdaderamente, ¡cuantas veces acudie- ra á Mí por perdón y gracia! Vivo yo, dice el Señor, que no quiero la muerte del pecador, sino que se con- vierta y viva, porque no me acordaré más de sus pe- cados, sino que todos le serán perdonados.
Del ofrecimiento de Cristo en la Cruz, y de la propia resignación.
JESUCRISTO: 1. Así como yo me ofrecí voluntaria- mente por tus pecados á Dios Padre con las manos extendidas en la Cruz y todo el cuerpo desnudo, de modo que nada me quedó que no pasase en sacrifi- cio para reconciliarte con Dios,
Así debes tú también ofrecérteme cada dia en la Misa en ofrenda pura y santa, cuanto más entraña- blemente puedas, con toda la voluntad y con todas tus fuerzas y deseos,
Que otra cosa quiero de ti más que te entregues á Mi sin reserva?
Cualquier cosa que me des sin ti, no gusto de ella, porque no quiero tu don, sino á ti mismo.
Así como no te bastarían todas las cosas sin Mí, así no puede agradarme á Mi cuanto me ofrecie- res sin ti.
Ofrécete á Mi y date todo por Dios, y será muy aceptado tu sacrificio,
ira cómo Yo me ofrecí todo al Padre por ti; y también te di todo mi Cuerpo y Sangre en manjar, para ser todo tuyo y que tú te quedases todo mío.
Mas si tú estás pegado á ti mismo y no te ofreces de buena gana á mi voluntad, no es cumplida ofren- da la que haces, ni será entre nosotros entera la unión.
Por eso á todas tus obras debe preceder el ofre- cimiento voluntario de ti mismo en las manos de Dios, si quieres alcanzar libertad y gracia.
Porque por eso tampoco se hacen varones ilustra- dos y libres en lo interior, porque no saben del todo negarse á sí mismos.
sta es mi firme sentencia: Que no puede ser mi discípulo el que no renunciare todas las cosas. Por lo cual, si tú deseas serlo, ofréceteme con todos tus deseos.
Que debemos ofrecernos d Dios con todas nuestras cosas y rogarle por todos.
EL ALMA: 1. Señor, tuyo es todo lo que está en el Cielo y en la Tierra.
Yo deseo ofrecérteme de mi voluntad y quedar tuzo para siempre.
jeñor, con sencillez de corazón me ofrezco hoy á Ti por siervo perpetuo, en obsequio y sacrificio de eterna alabanza.
Recíbeme con este santo sacrificio de tu precioso Cuerpo, que te ofrezco hoy en presencia de los án- geles, que están asistiendo invisiblemente para que lo recibas por mi salud y la de todo el pueblo.
2. Señor, yo te presento en el altar de tu miseri- cordia todos mis pecados y delitos, cuantos he co- metido en tu presencia y de tus santos ángeles des- de el día que comencé á pecar hasta hoy, para que Tú los abrases todos juntos y los quemes con el fuego de tu caridad, quites todas las manchas de ellos, limpies mi conciencia de todo delito y me vuelvas á tu gracia, que perdí por el pecado, perdo- nándomelos todos enteramente Y admitiéndome mi- sericordiosamente al ósculo de tu paz y amistad,
3. ¿Qué puedo yo hacer por mis pecados, sino confesarlos humildemente, llorando € implorando tu misericordia sin cesar?
Yo la imploro, pues, en tu divino acatamiento: óyeme propicio, bios mío.
Aborrezco mucho todos mis pecados, y no quiero ya cometerlos jamás; antes, arrepentido y pesaroso de ellos mientras viviere, estoy dispuesto para ha- cer penitencia y satisfacer según mis fuerzas.
¡Perdona, oh Dios, perdona mis pecados por tu santo nombre! ¡Salva mi alma, que redimiste con tu preciosa sangre!
Veme aquí, que me encomiendo á tu misericordia, me entrego en tus manos.
Haz conmigo según tu bondad, y no según mi ma- licia é iniquidad. + iS
4, También te ofrezco, Señor, todos mis bienes, aunque muy pocos é imperfectos, para que Tú los enmiendes y santifiques, para que los hagas agra- dables y aceptos á Ti y siempre los mejores; yá mí, hombrezuelo inútil perezoso, me lleves á un santo y bienaventurado fin.
5. También te ofrezco todos los santos deseos de los devotos y las necesidades de mis parientes, ami- pos hermanos y de todos mis conocidos, y de cuan- tos me han hecho bien á mí y á otros por fu amor;
Y de todos los que desearon y pidieron que yo orase ó dijese Misa por ellos, y por todos los suyos vivos y difuntos;
Para que todos sientan el favor de tu gracia, el auxilio de tu consolación, la protección en los peli-
ros y el alivio en los trabajos; para que, libres de todos los males, te den muy alegres y cordialísimas gracias.
6. También te ofrezco mis oraciones y el sacrifi- cio de propiciación, especialmente por los que en algo me han enojado Ó vituperado Ó me han hecho algún daño ó agravio;
or todos los que yo enojé, turbé, agravié y es- candalicé, por palabra, por obra, por ignorancia ó advertidamente, para que Tú nos perdones á todos nuestros pecados y ofensas recíprocas.
Aparta, Señor, de nuestros corazones toda mala sospecha, toda ira, indignación y contienda, y cuan- opueda estorbar la caridad y disminuir el amor del prójimo.
isericordia, misericordia, Señor; da tu miseri- cordia á los que la piden y tu gracia á los que la necesitan, y haz que vivamos de tal modo, que sea- mos dignos de gozar de tu gracia y que aproveche- mos para la vida eterna. Amén.
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