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Chapter 49 of 49

CAPÍTULO X No se debe dejar fácilmente la Sagrada Comunión

JESUCRISTO: 1. Muy á menudo debes acudir á la fuente de la gracia y de la misericordia divina, á la fuente de la bondad y de toda pureza, para que puedas sanar de tus pasiones y vicios, y merezcas

hacerte más fuerte y más despierto contra todas las tentaciones y ene del Demonio.

El enemigo, sabiendo el Eeudicimo fruto y reme- dio que hay en la sagrada Comunión, trabaja cuan- to puede, sin prder medio ni ocasión por retraer y estorbar á los fieles y devotos.

2. Asísucede con algunos que, cuando piensan en preparares para la sagrada Comunión, entonces padecen peores tentaciones de Satanás que antes.

Este espíritu maligno se mete entre los hijos de Dios, como se dice en el libro de Job, para turbarlos con su acostumbrada malicia, ó para hacerlos exce- sivamente Amtdos y perplejos, y de este modo en- tibiar su devoción ó quitarles la fe con las impug- naciones que les sugiere, por si acaso consigue así que dejen del todo la Comunión ó se lleguen á ella con tibieza.

Mas no debemos cuidar de sus astucias y tenta- ciones, por más torpes y espantosas que sean, sino rechazar contra él mismo los fantasmas abomina- bles que nos representa.

Despreciarse debe este desdichado y burlarse de él, y no dejar la sagrada Comunión por todos sus acometimientos y por las turbaciones que levantare.

3. Muchas veces estorba también la demasiada ansia de tener devoción, y cierta inquietud por con- fesarse bien.

Haz en esto lo que te aconsejen los sabios, y deja el ansia y el escrúpulo, porque impide la gracia Dios y destruye la devoción del alma.

No dejes la sagrada Comunión por alguna peque- ña tribulación ó pesadumbre, sino vete luego á con- fesar, y perdona de buena gana todas las ofensas que te han hecho.

Y si tú has ofendido á alguno, pidele perdón con humildad, y Dios te perdonará también de buena voluntad.

4. ¿De qué sirve retardar mucho la confesión ó diferir la sagrada Comunión?

Limpiate cuanto antes, vomita luego el veneno, toma presto el remedio, y te hallarás mejor que si lo dilatares mucho tiempo.

Si hoy la dejas por alguna causa, mañana puede

acaecerte otra mayor y asi te apartarás mucho tiem- po de la Comunión, y después estarás menos dis- puesto.

Lo más presto que pudieres, sacude tu pereza é inacción; porque nada se gana con angustiarse ¿in- quietarse largo tiempo, y apartarse del divino Sacra- mento por obstáculos diarios.

Al contrario, daña mucho el dilatar demasiado la Comunión, porque eso suele causar un grave entor- pecimiento.

Pero ¡oh dolor! Algunos tibios y disipados dilatan con gusto la confesión y desean retardar la sagrada Comunión por no verse obligados á guardar su alma con mayor cuidado.

5. ¡Oh; cuán poca caridad justa devoción tienen los que tan fácilmente dejan la sagrada Comunión!

¡Cuán bienaventurado 57 cuán agradable á Dios el que vive tan bien y guarda su conciencia con tan- ta pureza, que esté dispuesto á comulgar cada día y muy deseoso de hacerlo así, si le conviniere y no 'uese notado!

El que se abstiene algunas veces por humildad ó por alguna causa legítima, es de alabar por su res- peto.

Mas si poco á poco le entrare la tibieza, debe des- pertarse á sí mismo y hacer lo que esté de su parte, y el Señor ayudará su deseo por la buena voluntad, que es á la que especialmente atiende.

6. Mas cuando estuviere legitimamente impedi- do, tenga siempre buena voluntad y devota inten- ción de comulgar, y así no carecerá del fruto del Sa- cramento.

Porque cualquier devoto puede cada día y cada hora comulgar espiritualmente con fruto.

Mas en ciertos días y en el tiempo mandado debe recibir sacramentalmente el Cuerpo de su Redentor con afectuosa reverencia, y buscar más bien la gloria y honra de Dios que su propia consolación.

Porque tantas veces comulga misticamente y se alimenta invisiblemente su espíritu, cuantas se acuerda con devoción del misterio de la Encarnación y Pasión de Cristo y se enciende en su amor.

El que no se prepara sino al acercarse á la fies-

ta 6 cuando le fuerza la costumbre, muchas veces se hallará mal preparado.

Bienaventurado el que se ofrece á Dios en entero sacrificio cuantas veces celebra ó comulga.

No seas muy prolijo ni acelerado en celebrar, sino guarda el medio justo y ordinario de los demás con quienes vives,

No debes causará los otros molestia ni enfado, sino ir por el camino ordinario de los mayores, y mi- rar más al aprovechamiento de los otros que á tu propia devoción y afecto.

El Cuerpo de Cristo y la Sagrada Escritura son muy necesarios al alma fiel.

EL ALMA: 1. ¡Oh dulcisimo señor Jesús! ¡cuánts es

la dulzura del alma devota que se regala contigo

en tu banquete, donde no se le presenta otro manjar

que ásu único amado, apetecible sobre todos los eseos de su corazón!

Sería, ciertamente, mu y dulce para mí derramar en tu presencia copia de lágrimas afectuosas, y regar con ellas tus pies como la piadosa Magdalena.

Mas ¿dónde está ahora esta devoción? ¿Dónde el soplos derramamiento de lágrimas devotas?

'or cierto, en tu presencia y en la de tus santos ángeles todo mi corazón debiera encenderse y llo- rar de gozo.

Porque en el Sacramento te tengo verdaderamen- te presente, aunque encubierto bajo otra especie.

Porque mirarte en tu propia y divina clari- dad no podrían mis ojos resistirlo, ni el mundo en- tero subsistiría ante el resplandor de la gloria de tu maleta:

ienes, pues, consideración á miimbecilidad cuan- do te ocultas bajo este Sacramento.

Yo tengo verdaderamente y adoro al mismo á quien adoran los ángeles en el Cielo: mas yo, sólo con la fe por ahora; ellos, claramente y sin velo.

Debo yo contentarme con la luz de una fe verda- dera, y andar con ella hasta que amanezca el dia de

la claridad eterna y desaparezcan las sombras de las figuras.

Mas cuando llegue este perfecto estado cesará el uso de los Sacramentos, porque los bienaventura- dos en la Gloria no necesitan de medicina sacra- mental,

Sino que están siempre absortos de gozo en la presencia de Dios, contemplando cara á cara su glo- ria, y trasladados de esta claridad al abismo de la clarídad de Dios, gustan el Verbo encarnado como fué en el principio y permanecerá eternamente.

3. Acordándome de estas maravillas, cualquier contento, aunque sea espiritual, se me convierte en grave tedio, porque mientras no veo claramente á mi Señor en su Gloria, en nada estimo cuanto en el mundo veo y oigo.

Tú, Dios mío, me eres testigo de que ninguna cosa puede consolarme ni criatura alguna darme descanso sino Tú, Dios mio, á quien deseo contem- plar eternamente.

Mas esto no es posible mientras vivo en carne mortal

Por eso debo tener mucha paciencia y sujetarme á Ti en todos mls deseos.

Porque también, Señor, tus Santos, que ahora se regocijan contigo en el reino de los Cielos, cuando vivían en este mundo esperaban con gran fe y pa- ciencia la venida de tu gloria. Lo que ellos creyeron creo yo; lo que esperaron, espero; adonde llegaron ellos finalmente por tu gracia, tengo yo confianza de llegar.

Entretanto caminaré con la fe, confortado con los ejemplos de los Santos,

También tendré los libros santos para consola- ción y Espejo de la vida; y sobre todo esto, el Cuer- po santísimo tuyo por singular remedio y refugio.

4. Pues conozco que tengo grandísima necesi- dad de dos cosas, sin las cuales no podría soportar esta vida miserable.

Detenido en la cárcel de este cuerpo, confieso serme necesarias dos cosas, que son mantenimiento y luz.

Me diste, pues, como á enfermo, tu sagrado Cuer- po para alimento del alma y del cuerpo, y además me comunicaste tu divina palabra para que sirviera de luz á mis pasos.

Sin estas dos cosas yo no podría vivir bien, por- que la palabra de Dios es la luz de mi alma, y tu

Éstas se pueden llamar dos mesas colocadas á uno y otro lado en el tesoro de la Santa Eglesia.

Una es la mesa del sagrado altar, donde está el pan santificado; esto es, el precioso Cuerpo de Cristo.

Otra es la de la ley divina, que contiene la doc- trina sagrada, enseña la verdadera fe, y nos condu- ce con seguridad hasta lo más interior del velo don- de está el Santo de los Santos.

Gracias te doy, Jesús mío, esplendor de la luz eterna, por la mesa de la santa doctrina que nos diste por tus siervos los profetas, los apóstoles y los otros doctores.

5. Gracias te doy, Creador y Redentor de los hom- bres, de que para manifestar á todo el mundo tu ca- ridad dispusiste una gran cena, en la cual diste á comer, no el cordero figurativo, sino tu Santísimo Cuerpo y Sangre, alegrando á todos los fieles, y em- briagándolos con el cáliz saludable en este sagrado banquete, donde están todas las delicias del Parai- so, y donde los santos ángeles comen con nosotros, aunque guta una suavidad más feliz.

6. ¡Oh; cuán grande y honorífico es el oficio de los sacerdotes, los cuales es concedido consagrar al Señor de la majestad con las palabras sagradas, bendecirle con sus labios, tenerleen sus manos, re- cibirle en su propia boca, y distribuirle á los demás!

Oh; cuán limpias deben estar aquellas manos, cuán pura la boca, cuán santo el cuerpo, cuán inma- culado el corazón del sacerdote, donde tantas veces entra el Autor de la pureza!

De la boca del sacerdote no debe salir palabra que no sea santa, que no sea honesta y útil, pues tan continuamente recibe el Santísimo Sacramento,

7. Deben ser simples y castos los ojos acostum- brados á mirar el Cuerpo de Cristo, puras y levan- tadas al Cielo las manos que tocan al Creador del Cielo y de la Tierra.

los sacerdotes especialmente se dice en la ley: Sedsantos. porque, 10, vuestro Dios y Señor, s0y santo. 8. ¡Oh Dios todopoderoso! Ayúdenos tu gracia á

los que hemos recibido el oficio sacerdotal, para que podamos servirte digna y devotamente con toda pureza y buena conciencia.

Y si no podemos proceder con tanta inocencia de vida como debemos, otórganos llorar dignamente los pecados que hemos cometido, y de aqui adelan- te servirte con mayor fervor, con espiritu de humil- dad, y con voluntad buena y constante.

Debe disponerse con gran diligencia el que ha de re- cibir á Cristo.

JESUCRISTO: 1. Yo soy amante de la pureza, y da- dor de toda santidad.

Yo busco un corazón puro, y allí es el lugar de mi descanso.

Prepárame una sala grande y adornada, y cele- braré contigo la Pascua con mis discipulos.

Si quieres gue venga á ti y me quede contigo, arroja de ti la levadura vieja, y limpia la morada de tu corazón.

Desecha de ti todo el mundo y todo el ruido de los vicios; siéntate como pájaro solitario en el teja- do y piensa en tus excesos con amargura de tu alma.

Pues cualquier persona qee ama dispone á su amado el mejor y más aliñado lugar, porque en eso se conoce el amor del que hospeda al amado.

2. Pero sabe que no puedes alcanzar esta pre- paración con el mérito de tus obras, aunque te pre- parases un año entero y no pensaras en otra cosa.

Mas por sola mi piedad y gracia se te permite lle- gar á mi mesa, como si un rico convidase é hiciera comer con él á un pobre mendigo que no tuviera otra cosa para pagar este beneficio sino humildad y agradecimiento.

Haz lo que esté de tu parte, y hazlo con mucha diligencia, no por costumbre ni por necesidad, sino con temor, reverencia y amor recibe el Cuerpo de Jesucristo, tu amado Dios Y Señor que se digna ve- nir á ti. Yo soy el que te llamé y mandé que vinie- ses, yo supliré lo que te falta; ven y recibeme.

3. Cuando yo te concedo afectos de devoción, da gracias á tu Dios, no porque eres digno, sino por- que tuve misericordia de ti.

Si no sientes devoción y te hallas muy seco, per- severa en la oración, gime, llama, y no ceses hasta que merezcas recibir una migaja ó una gota de gracia saludable.

Tú me necesitas á MÍ; yo no necesito de ti.

Ni tú vienes á santificarme á Mí, sino que yo ven- go á santificarte y mejorarte..

Tú vienes para que seas por Mi santificado y uni- do conmigo, para que recibas nueva gracia y te en- fervorices de nuevo para la enmienda.

No desprecies esta gracia; más bien prepara con toda diligencia tu corazón, y recibe dentro de ti á tu amado.

4. Pero conviene que no sólo procures la devo- ción antes de comulgar, sino que también la conser- ves con cuidado después de recibido el Sacramento. Ni es menos necesario después el recogimiento y vigilancia que lo es antes la devota preparación, porque el cuidado que después se tiene es la mejor disposición para recibir nuevamente mayor gracia.

al contrario, se indlpons para ella el que luego se entrega con exceso á las complacencias exte- riores.

Guárdate de hablar mucho, recógete á algún lugar secreto, y goza de tu Dios, pues tienes al que no te puede quitar todo el muhdo.

Yo soy á quien debes entregarte sin reserva, de manera que ya no vives en ti, sinoen Mi sin cui- dado alguno.

Cómo el alma devota debe desear ardientemente

EL ALMA: l. ¿Quién me dará, Señor, que te halle solo, para abrirte todo mi corazón, y gozarte como mi alma desea, y que ya ninguno me desprecie, ni criatura alguna me mueva ú ocupe mi atención, sino que Tú sólo me hables y yo áTicomo se hablan dos que mutuamente se aman, ó como se regocijan dos amigos entre sí?

Lo que pido, lo que deseo, es unirme á Ti entera- mente, desviar mi corazón de todas las cosas crea- das, y aprender á gustar las celestiales y eternas pos medio de la sagrada Comunión y frecuente ce- lebración. z

¡Ay Dios mio! ¿Cuándo estaré absorto y entera- mente unido á Ti y del todo olvidado de mí?

¿Cuándo me concederás estar Tú en mí y yoen Ti, y permanecer así unidos eternamente?

2 n verdad Tú eres mi amado escogido entre millares, con quien mi alma desea estar todos los días de su vida.

Tú eres verdaderamente el autor de mi paz; en Ti está la suma tranquilidad y el verdadero descanso: fuera de Ti todo es trabajo, dolor y miseria infinita.

Verdaderamente eres Tú el Dios escondido no comunicas á los malos, sino que tu conversación es con los humildes y sencillos.

¡Oh Señor; cuán suave es tu espíritu, pues para manifestar tu dulzura para con tus hijos te dignaste mantenerlos con el pan suavísimo bajado del Cielo!

Verdaderamente, no hay otra nación tan grande

jue tenga dioses que tanto se le acerquen como Tú,

ios nuestro, te acercas á todos tus fieles, á quienes te das para que te coman y disfruten, y así perciban un continuo consuelo y levanten su corazón á los Cielos,

3. Porque ¿dónde Bay gente alguna tan ilustre como el pueblo cristiano'

¿0 qué criatura hay debajo del cielo tan amada como el alma devota, quicn se comunica Dios para apacentarla con su gloriosa carne?

¡Oh inefable gracia! ¡Oh maravillosa dignación!

¡Oh amor sin medida, singularmente reservado para el hombre!

Anas ué daré yo al Señor por esta gracia, por esta caridad tan grande?

No hay cosa más agradable que yo pueda darle

jue mi corazón todo entero, para que esté unido con

Entonces se alegrarán todas mis entrañas cuando mi alma estuviere perfectamente unida á Dios.

Entonces me dirá: Si tú quieres estar conmigo, yo

uiero estar contigo. Y yo le responderé: Dignate, Beñor, quedarte conmigo, pues yo quiero de buena gana estar contigo.

Este es todo mi deseo: que mi corazón esté con- tigo unido.

Del ansia con que algunos apotos desean el Cuerpo risto.

EL ALMA: 1. ¡Oh Señor; cuán grande es la abun- dancia de tu dulzura, que reservaste para los que te temen! Cuando me acuerdo, Señor, de algunos de- votos que se llegan á tu Sacramento con dignisima devoción y afecto, me confundo muchas veces, ma avergilenzo de ml mismo al ver que llego tan tibio yan frio á tu altar y á la mesa de la sagrada Comu- nión.

Que me quedo tan Seto y sin dulzura de corazón; que no estoy todo encendido delante de Ti, Dios mío, ni tan vehementemente atraído y poseído de amor como otros muchos devotos, que por el gran deseo de comulgar y por el amor sensible de su co- razón no pudieron detener las lágrimas.

Sino que con la boca del corazón y del cuerpo anhelaban afectuosamente á Ti, Dios mio, fuente viva, no pudiendo templar ni hartar su hambre de otro modo sino recibiendo tu cuerpo con indecible regocilo y ansia espiritual.

. ¡Oh verdadera y ardiente fe la suya, prueba manifiesta de tu sagrada presencia en este Sacra- mento!

Estosson verdaderamente los que conocen á su Se- ñor en el partir del pan, pues su corazón arde en ellos tan vivamente porque festa anda en su compañía.

Lejos está de mí muchas veces semejante afecto y devoción, tan grande amor y fervor.

Buen Jesús, séme propicio, dulce y benigno, y concede á este tu pobre mendigo siquiera alguna vez sentir en la santa Comunión un poco de afecto entrañable de tu amor, para que mi fe se fortalezca, crezca la esperanza en tu bondad, y la caridad, una vez perfectamente encendida y experimentada del maná celestial, nunca desfallezca.

Poderosa es, pues, tu misericordia para conceder- me gracia tan deseada, y visitarme clementísima- mente con este espiritu de fervor el día que tuvie- res por bien.

Y aunque no me hallo inflamado del gran deseo de tus especiales devotos, quiero á lo menos con tu gracia tener tan fervoroso deseo, y pido y deseo ser participante de los que tan fervorosamente te aman, y ser contado en su número.

Que la devoción se alcanza con la humildad y abnegación de si mismo.

JESUCRISTO: 1. Debes buscar con diligencia la gra- cia de la devoción, pedirla con instancia, esperarla con paciencia y confianza, recibirla con gratitud, guardarla con humildad, obrar solícitamente con ella, y dejar á Dios el tiempo y el modo en que se digne visitarte.

ebes humillarte en especial cuando sientas in- teriormente poca ó ninguna devoción; mas no teaba- tas demasiado, ni te entristezcas desordenadamente.

Dios da muchas veces en un instante lo que negó largo tiempo.

'ambién da algunas veces al fin de la oración lo que dilató desde el principio.

2. Si siempre se nos diese la gracia sin dilación y á medida de nuestro deseo, no podría abrazarla bien el hombre flaco.

Por eso debes esperarla con segura confianza y humilde paciencia; y cuando no tees concedida ó te fuere quda secretamente, echa la culpa á ti mismo y á tus pecados.

Algunas veces es bien pequeña cosa la que impide y esconde la gracia, si es que se debe llamar poco, y no mucho, lo que tanto bien estorba.

Mas si aquello poco ó mucho apartares y perfec- tamente vencieres, tendrás lo que suplicaste.

3. Porque luego que te entregares á Dios de todo tu corazón y no buscares cosa alguna por tu propio gusto, sino que del todo te pusieres en sus manos, te hallarás recogido y sosegado; porque nada te

agradará ni te sabrá tan bien como el beneplácito de la divina voluntad.

Cualquiera, pues, que levantare suintención á Dios con sencillo corazón y se despojare de todo amor ú odio desordenado de cualquier cosa creada, estará muy bien dispuesto para recibir la divina gracia, y se hará digno del don de la devoción.

Porque el Señor echa su bendición donde halla los vasos vacios.

Y cuanto más perfectamente renunciare alguno las cosas bajas y estuviere muerto á sí mismo por su propio desprecio, tanto más presto viene la gra- cia, más copiosamente entra y más alto levanta el corazón ya libre.

4. Entonces verá y abundará, y se maravillará, y se dilatará su corazón; porque la mano del Señor está con él, y él se puso enteramente en sus manos para siempre. De esta manera será bendito el hom-

re que busca á Dios con todo su corazón y no ha recibido su alma en vano.

Este, cuando recibe la santa Comunión, merece la singular gracia de la unión divina, porque no mira á su propia devoción y consuelo, sino sobre todo á la gloria y honra de Dios.

Que debemos manifestar á Cristo nuestras necesidades y pedirle su gracia.

EL ALMA: 1. ¡Oh dulcísimo y amantísimo Señor, á quien deseo recibir ahora devotamente! Tú conoces mi flaqueza y la necesidad que padezco, en cuántos males y vicios estoy abismado, cuántas veces me veo agobiado, tentado, turbado y amancillado.

A vengo por remedio, á Ti acudo por consuelo y alivio.

Hablo á quien todo lo sabe, á quien son manifiestos todos los secretos de mi corazón, y á quien única- mente puede consolarme y ayudarme perfectamente.

Tú sabes los bienes que más falta me hacen, y cuán pobre soy en virtudes.

A. eme aquí delante de Ti, pobre y desnudo, pidiendo gracia é implorando misericordia.

Da de comer á este tu hambriento mendigo, en- ciende mi frialdad con el fuego de tu amor, alumbra mi ceguedad con la claridad de tu presencía.

Conviérteme todo lo terreno en amargura, todo lo pesado y contrario, en paciencia, todo lo ínfimo y creado, en menosprecio y olvido.

Levanta mi corazón á Ti en el Cielo, y no me dejes andar vagando por la Tierra.

Tú sólo me seas dulce desde ahora para siempre, pues Tú sólo eres mi manjar y bebida, mi amor, mí gozo, mi dulzura y todo mi bien.

¡Oh; si me encendieras todo con tu presencia y me abrasases y transformases en Ti, para ser un espíritu contigo por la gracia de la unión interior y por la efusión de un amor perfecto!

No consientas que me separe de Ti ayuno y seco, sino pórtate conmigo piadosamente, como lo has hecho muchas veces con tus Santos de un modo ad- mirable.

¡Qué extraño sería que yo me abrasara todo en tu amor sin acordarme de mí, siendo Tú fuego que siempre arde y nunca cesa, amor que limpia los co- razones y alumbra el entendimiento!

Del amor fervoroso y del vehemente deseo de recibir á Cristo.

EL ALMA: 1. Con suma devoción y abrasado amor, con todo el afecto y fervor del corazón deseo, Señor, recibirte en la Comunión, como lo desearon muchos Santos y personas devotas que te agrada- ron mucho con la santidad de su vida y tuvieron devoción ardentísima.

¡Oh Dios mío, amor eterno, todo mi bien, felici- dad interminable! Deseo recibirte con el deseo más vehemente y con la reverencia más digna, cual ja- más tuvo ni pudo sentir ninguno de los Santos.

2. Y aunque yo sea indigno de tener aquellos sentimientos devotos, te ofrezco todo el afecto de mi corazón, como si yo solo tuviese todos aquellos inflamados deseos. ]

Y cuanto puede el alma piadosa concebir y de-

sear, todo te lo presento y ofrezco con humildisima reverencia y con entrañable fervor,

Nada deseo reservar para mí, sino ofrecerme en sacrificio con todas mis cosas voluntariamente y con el mayor afecto.

Señor, Dios mio, Creador y Redentor mío, con tal afecto, reverencia, honor y alabanza, con tal agra- decimiento, dignidad y amor, con tal fe, esperanza y pureza deseo recibirte hoy, como te recibió y de- seó tu Santisima Madre la gloriosa Virgen María, cuando al ángel que le anunció el misterio de la Encarnación respondió humilde y devotamente: ¡He aquí ta esclava del Señor; hágase en Mi según tu pa- labra.

3. Y como el bienaventurado San Juan Bautista, tu precursor y el mayor de los Santos, cuando aún estaba encerrado en el vientre de su madre, dió sal- tos de alegría en tu presencia con gozo de Espíritu Santo; y después, viéndote, Jesús mío, conversar entre los hombres, con devoto y humildÍsimo afecto decía: El amigo del esposo, que está en su presencia y le oye, se regocija mucho al oir la voz del esposo; así deseo yo estar inflamado de grandes y santos deseos y presentaros á Ti con todo el afecto de mi corazón, Por eso te ofrezco y dedico los júbilos de todos los corazones devotos, los vivísimos afectos, los embelesos espirituales, las soberanas ilumina- ciones, las visiones celestiales as las virtudes peciabanzas con que te han celebrado y pueden ce- ebrarte todas las criaturas en el Cielo y en la Tierra: recíbelo todo por mí y por todos los encomendados á mis oraciones, pata que seas por todos dignamen- te alabado y glorificado para siempre.

4. Recibe, Señor, Dios mío, mis deseos y ansias de darte infinita alabanza y bendición inmensa, los cuales te son justísimamente debidos, según la mul- titud de tu inefable grandeza.

Esto te ofrezco ahora, y deseo ofrecerte cada dia y cada momento; y convido y ruego con instancia y afecto á todos los espiritus celestiales y á todos tus elos 4 que te alaben y te den gracias juntamente

5. Alábente todos los pueblos, todas las tribus y

lenguas, y engrandezcan tu santo y dulcísimo nom- bre con sumo regocijo é inflamada devoción.

Merezcan hallar tu gracia y misericordia todos los que con reverencia y devoción celebran tu Altísimo

acramento y con entera fe lo reciben, y rueguen á Dios humildemente por mí pecador,

Y cuando hubieren gozado de la devoción y unión deseada y se partieren de la mesa celestial muy consolados y maravillosamente recreados, tengan por bien acordarse de este pobre.

Que el hombre no debe ser curioso en examinar este Sacramento, sino humilde imitador de Cristo, sometiendo su parecer á la sagrada Fe

JESUCRISTO: 1. Guárdate de escudriñar inútil y cu- riosamente este profundísimo Sacramento, si no quieres verte anegado en un abismo de dudas.

El que es escrudiñador de la Majestad, será abru- mado de su gloria. Más puede obrar Dios que lo que el hombre puede entender.

Pero no se prohibe el devoto y humilde deseo de alcanzar la verdad á aquellos que siempre están prontos á ser enseñados, y caminar según las sanas doctrinas de los Santos Padres.

2. Bienaventurada la sencillez, que dejando los ásperos caminos de las cuestiones, va por la senda llana y segura de los Mandamientos de Dios.

Muchos perdieron la devoción queriendo escu- driñar las cosas sublimes.

Fe se te pide y vida sencilla, no elevación de en- cimiento ni profundidad de los misterios de

Si no entiendes ni comprendes las cosas más tri- viales, ¿cómo entenderás las que están sobre la es- fera de tu alcance?

Sujétate á Dios y humilla tu juicio á la Fe, y se te dará la luz de la Ciencia, según te fuere útil y nece- saria,

3. Algunos son gravemente tentados contra la Fe

en este Sacramento; mas esto no se ha de imputarlo á ellos, sino al enemigo.

No tengas cuidado, no disputes con tus pensa- mientos, ni respondas á las dudas que el Diablo te sugiere; sino cree en las palabras de Dios, cree á sus Santos y á sus Profetas, y huirá de ti el malva- do enemigo.

Muchas veces es muy conveniente al siervo de Dios padecer estas tentaciones.

Pues no tienta el Demonio á los infieles y pecado- res á quienes ya tiene seguros, sino que tienta y atormenta de “diversas maneras á los fieles y de- votos.

4. Acércate, pues, con una fe firme y sencilla,

légate al Sacramento con suma reverencia; y todo lo que no puedes entender, encomiéndalo con se- guridad al Dios todopoderoso.

Dios no te engaña: el que se engaña es el quese cree á sí mismo demasiadamente.

Dios anda con los sencillos, se descubre á los hu- mildes, y da entendimiento á los pequeños, alumbra á las almas puras, y esconde su gracia á los curio- sos y soberbios.

La razón humana es flaca y puede engañarse; mas la fe verdadera no puede ser engañada.

5. Toda razón y discurso natural debe seguir á la fe, y no ir delante de ella ni quebrantarla,

Porque la ley y el amor muestran aquí mucho su excelencia, y Obran secretamente en este santisimo y sobreexcelentísimo Sacramento. ñ

El Dios eterno, inmenso y de poder infinito hace cosas grandes é inescrutables en el Cielo y en la Tierra, y sus obras admirables se ocultan á toda in- vestigación,

i tales fuesen las obras de Dios que fácilmente pudieran comprendas por la razón humana, no se diría que son inefables y maravillosas.

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CAPÍTULO X No se debe dejar fácilmente la Sagrada Comunión · The Imitation of Christ — Thomas à Kempis · The Conscious Library