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Chapter 45 of 49

CAPÍTULO PRIMERO Con cuánta reverencia se ha de recibir d Jesucristo

EL ALMA: 1. Éstas son tus palabras, ¡oh buen Je- sús, Verdad eterna! Aunque no fueron dichas en un tiempo ni escritas en un mismo lugar.

Y, pues son tuyas y verdaderas, debo yo recibir- las todas con gratitud.

Tuyas son, pues Tú las dijiste; y también son mías, pues las dijiste por mi bien.

Muy de grado las recibo de tu boca, para que sean más profundamente grabadas en mi corazón.

Despiértanme palabras de tanta piedad, llenas de dulzura y de amor; mas, por otra parte, mis propios

'ecados me espantan, y mi mala conciencia me re-

La dulzura de tus palabras me convida; mas la multitud de mis vicios me oprime.

2. Me mandas que me llegue á Ti con gran con- fianza si quiero tener parte contigo, y que reciba el manjar de la inmortalidad si deseo alcanzar vida y gloria para siempre.

Dices: Venid a Mi todos los que tenéis trabajos y estais cargados, que yo os recrearé.

¡Cuán dulces y amables son á los oídos del peca- dor estas palabras, por las cuales Tú, Señor Dios mío, convidas al pobre y al mendigo á la comunión de tu Santísimo Cuerpof

Mas ¿quién soy yo, Señor, para que presuma lle- garme 1?

Veo que no cabes en los Cielos de los Cielos, y Tú dices: ¡ Venid á Mi todos!

3, ¿Qué quiere decir esta tan piadosa dignación y este tan amistoso convite?

¿Cómo osaré llegarme yo, que no reconozco en mí cosa buena en que pueda confiar?

¿Cómo te pospedara en mi habitación yo, que tan- tas veces ofendi tu benignísima presencia?

Los ángeles y arcángeles tiemblan; los Santos y justos temen, y Tú dices: ¡ Venid á Mi todos!

Si Tú, Señor, no dijeses esto, ¿quién lo creería? 4 A Tú no lo mandases, ¿quién osaría llegarse

4. Noé, varón justo, trabajó cien años en fabricar un o guarecerse en ella con pocas personas: ¿pues cómo podré yo en una hora prepararme para recibir con reverencia al que fabricó el mundo

Moisés, tu gran siervo y tu amigo especial, hizo un arca de madera incorruptible, y la guarneció de oro purísimo para poner en ella las tablas de la Ley; y yo, criatura podrida, ¿osaré recibirte tan fácilmen- teá Ti, hacedor de la ley y dador de la vida?

Salomón, el más sabio de los reyes de Israel, edi-

ficó en siete años en honor de tu nombre un mag- nífico templo.

Celebró ocho dias la fiesta de su dedicación, ofre- ció mil hostias pacíficas, y colocó solemnemente el Arca del Testamento, con músicas y regocijos, en el lugar que le estaba preparado,

yo, miserable y el más pobre de los hombres, ¿cómo te introduciré en mi casa, que difícilmente estoy con devoción media hora? ¡Y ojalá que alguna vez gastase bien media hora!

5. ¡Oh Dios mío! ¿Qué no hicieron aquéllos por agradarte?

Mas, ¡ay de mi! ¡Cuán poco es lo que yo hago! ¡Qué corto tiempo gasto en prepararme para la munión!

Rara vez estoy del todo recogido, y rarísima me veo libre de toda distracción.

Y en verdad que en tu saludable y divina presencia no debiera ocurrirme pensamiento alguno poco de- cente ni ocuparme criatura alguna, porque no voy á hospedar á algún ángel, sino al Señor de los ángeles,

6. Además, hay grandísima diferencia entre el Arca del Testamento con cuanto contenía, y tu puri- simo Cuerpo con sus inefables virtudes; entre aque- Mos sacrificios de la ley antigua que figuraban los venideros, y el sacrificio de tu Cuerpo, que es el cum- plimiento de todos los sacrificios antiguos.

7. ¿Por qué, pues, no me inflamo más en tu ve- nerable presencia?

¿Por qué no me dispongo con mayor cuidado para recibirte en el Sacramento al ver que aquellos anti- guos santos patriarcas y profetas, reyes y prínci- pes, con todo su pueblo, mostraron tanta devoción al culto divino?

8. El devotísimo rey David bailó con toda su fuerza delante del arca de Dios, acordándose de los beneficios hechos en otro tiempo á los padres. Hizo diversos instrumentos músicos, compuso salmos y ordenó qe se cantasen con alegría, y aun él mismo los cantó frecuentemente al arpa, inspirado por la gracia del Espíritu Santo; enseñó al pueblo de Israel

alabar á Dios de todo corazón, y á bendecirle y ce- lebrarle cada día con voces acordes.

Pues si tanta era entonces la AeNoción y tanto se pensó en alabar á Dios delante del Arca del Testa- mento, gente reverencia y devoción debo zo te- ner y todo el pueblo cristiano en presencia del Sacra- mento y al recibir el Santísimo Cuerpo de Cristo?

9, uchos corren á diversos lugares lira visitar las reliquias de los Santos, y se maravillan de oir sus hechos; miran los grandes edificios de los tem- pios, y besan los sagrados huesos guardados en oro y seda.

Y Tú estás aquí presente delante de míen el altar, Dios mío, Santo de los Santos, Creador de los hom- bres y Señor de los ángeles. E

Muchas veces los hombres hacen aquellas visitas por la novedad y por la curiosidad de ver cosas que no han visto; y asies que sacan muy poco fruto de enmienda, mayormente cuando andan con livian- or de una parte á otra sin contrición verda-

Mas aquí, en el Sacramento del Altar, estás todo presente, Jesús mio, Dios y hombre; en él se coge copioso fruto de eterna salud todas las veces que te recibieren digna y devotamente.

Y á esto no nos trae ninguna liviandad ni curiosi- dad ó sensualidad, sino la fe firme, la esperanza de- vota y la pura caridad.

10. ¡Oh Dios invisible, Creador del mundo; cuán maravillosamente lo haces con nosotros!

¡Cuán suave y graciosamente te portas con tus escogidos, á quienes te ofreces á Ti mismo en este Sacramento para que te reciban!

Esto, en verdad, excede sobre todo entendimiento; esto especialmente cautiva los corazones de los de- votos y enciende su afecto.

Porque los verdaderos fieles tuyos que se dispo- nen para enmendar toda su vida, de este Sacramento dignísimo reciben continuamente grandísima gracia de devoción y amor de la virtud.

11. ¡Oh admirable y escondida gracia de este Sa- cramento, la cual conocen solamente los fieles de Cristo! Pero los infieles y los que sirven al pecado no la pueden gustar.

En este Sacramento se da gracia espiritual, se re-

para en el alma la virtud perdida, y reflorece la her- mosura afeada por el pecado. Tanta es algunas ve- ces esta gracia, que de la abundante devoción que causa no sólo el alma, sino aun el cuerpo flaco, siente haber recibido fuerzas mayores.

12. Pero es muy mucho de sentir y de llorar nuestra tibieza y negligencia, porque no nos move- mos con mayor afecto á recibir á Cristo, en quien consiste toda la esperanza y el mérito de los que han de salvarse.

Porque Él es nuestra santificación y redención,

1, nuestro consuelo en esta peregrinación y el gozo eterno de los Santos,

Y así, es muy digno de llorarse el poco caso que muchos hacen de este saludable Sacramento, el cual ar al Cielo y conserva al Universo mundo.

¡0h ceguedad y dureza del corazón humano, que tan poco atiende á tan inefable don, y por la mucha frecuencia ha venido á reparar menos en él!

13. Porque si este sacratisimo Sacramento se ce- lebrase en un solo lugar y se consagrara por un solo sacerdote en todo el mundo, ¿con cuánto deseo y afecto acudirian los hombres á aquel sacerdote de Dios para verle celebrar los divinos misterios?

Mas ahora hay muchos sacerdotes, y se ofrece Cristo en muchos lugares, para que se muestre tan- to mayor la gracia y amor de Dios al hombre cuan- to lasagrada Comunión es más liberalmente difun- dida por el mundo.

Gracias á Ti, buen Jesús, pastor eterno que te dig- naste recrearnos á nosotros, pobres y desterrados, con tu precioso Cuerpo y Sangre, y también convi- darnos con palabras de tu propia boca á recibir es- tos misterios diciendo: Venid á Mi todos los que te- néis trabajos y estáis cargados, que yo os aliviaré.

CAPÍTULO Il De la bondad y caridad de Dios, que se manifiesta en este Sacramento para con los hombres. EL ALMA: 1. Señor, confiando en tu bondad y gran

misericordia, vengo yo, enfermo, al médico; ham- briento y sediento, á la fuente de la vida; pobre, al

rey del Cielo; siervo, al Señor; criatura, al Creador; desconsolado, á mi piadoso consolador.

Mas ¿de dónde á mi tanto bien, que Tú_vengas á mi? ¿Quién soy yo para que te me des á Ti mismo?

¿Cómo se atreve el pecador á comparecer delante de Ti? Y Tú ¿cómo te dignas venir al pecador?

Tú conoces á tu siervo, y sabes que ningún bien tiene por donde pueda merecer que Tú le hagas este beneficio.

Yo te Eafcto: pues mi vileza, reconozco tu ver- dad, alabo tu piedad, y te doy gracias por tu extre- mada caridad.

Pues así lo haces conmigo, no por mis mereci- mientos, sino por Ti mismo, para darme á conocer mejor tu bondad, para que se me infunda mayor ca- ridad y se recomiende más la humildad.

Pues así te agrada á Ti y así mandaste que se hi- ciese, también me Agtada á mí que Tú lo hayas te- nido por bien. ¡Ojalá que no lo impida mi maldad!

2. ¡Oh dulcisimo y benignísimo Jesús! ¡Cuánta reverencia y gracias Acompañados de perpetua ala- banza te son debidas por habernos dado tu Sacra- tísimo Cuerpo, cuya dignidad ningún hombre es capaz de explicar!

as ¿qué pensaré en esta Comunión cuando quiero llegarme á mi Señor, á quien no puedo venerar debi- damente, y, sin embargo, deseo recibir con devoción?

¿Qué cosa mejor y más saludable pensaré, sino humillarme profundamente delante de Ti y ensal- zar tu infinita bondad sobre mi?

Yo te alabo, Dios mío, y deseo que seas ensal- zado para siempre. Despréciome y me rindo á tu Majestad en el abismo de mi bajeza.

3. Túeresel Santo de los Santos, y yo, la basura de los pecadores.

Tú te bajarás á mí, que no soy digno de alzar los ojos para mirarte.

Tú vienes á mí, Tú quieres estar conmigo, Tú me convidas á tu mesa.

Tú quieres darme á comer el manjar celestial y el pan de los ángeles, que no es otra cosa, por cierto, sino Tú mismo; pan vivo que descendiste del Cielo y das vida al mundo.

4. ¡Cuánto es, pues, tu amor, cuál tu dignación, y cuántas gracias y alabanza te son debidas por esto!

¡Oh; cuán saludable y provechoso designio tuviste en la institución de este Sacramento! ¡Cuán suave es y cuán agradable este convite, en que te das á Ti mismo por manjar!

¡Oh; cuán admirables son tus obras, Señor! ¡Cuán poderosa tu virtud! ¡Cuán inefable tu verdad!

Pues Tú hablaste, y fué hecho el Universo, y se hizo lo que Tú mandaste.

5. Admirable cosaes, digno objeto de la fe y su- perior alentendimiento humano, que Tú, Señor Dios mío, verdadero Dios y hombre, eres contenido en- tero debajo de las especies de pan y vino, y sin de- trimento eres comido por el que te recibe.

Tú, Señor de todo, que de nada necesitas, quisis- te habitar entre nosotros por medio de este Sacra- mento.

Conserva mi corazón y mi cuerpo sin mancha, pa- ra que con alegre y limpia conciencia pueda cele- brar frecuentemente y recibir para mi eterna salva- ción este digno misterio, que ordenaste y estable- ciste principalmente para honra tuya y memoria continua.

6. Alégrate, alma mía, y da gracias á Dios por don tan excelente y consuelo tan singular que te fué dejado en este valle de lágrimas.

Porque cuantas veces te acuerdas de este miste- rio y recibes el cuerpo de Cristo, tantas represen- tas la obra de tu redención, y te hace participante de todos sus merecimientos.

Porque la caridad de Cristo nunca se disminuye, y la grandeza de su misericordia nunca mengua.

7. Poreso debes prepararte siempre con nueva devoción del alma, y pensar con atenta considera- ción este gran misterio de salud.

Así debe parecerte tan grande, tan nuevo y agra- dable cuando celebras ú oyes Misa como si fuese el mismo día en que Cristo, descendiendo en el vientre de la yigen se hizo hombre, ó aquel en

jue, puesto en la Cruz, padeció y murió por la salud

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