Chapter 46 of 49
CAPÍTULO 111 Que es provechoso comulgar con frecuencia,
EL ALMA: 1. ÁTivengo, Señor, para disfrutar de tu don sagrado y regocijarme en tu santo convite, que en tu dulzura preparaste, Dios mío, para el pobre.
En Ti está cuanto puedo y debo desear; Tú eres mi salud y redención, mi esperanza y fortaleza, mi honor y mi gloria,
Alegra, pues, hoy el alma de tu siervo, porque á Ti, Jesús mío, he levantado mi espíritu.
leseo yo recibirte ahora con devoción y reveren- cia; deseo hospedarte en mi casa de manera que merezca, como Zaqueo, tu bendición, y ser contado entre los hijos de Abraham.
Mi alma anhela tu sagrado cuerpo; mi corazón desea ser unido contigo.
2. Date, Señor, á mí, y me basta; porque sin Ti, ninguna consolación satisface.
Sin Ti no puedo existir, y sin tu visitación no pue- do vivir.
Por eso me conviene llegarme muchas veces á Ti y recibirte para remedio de mi salud, para que no me desmaye en el camino si fuere privado de este manjar celestial.
Pues Tú, benignísimo Jesús, predicando á los ueblos y curando diversas enfermedades, dijiste: 'o quiero consentir que se vayan ayunos d su casa,
Haz, puso ahora contigo de esta suerte, pues te a e en el Sacramento para consolación de los eles.
Tú eres suave alimento del alma, y quien te co- miere dignamente, será participante y heredero de la Gloria eterna.
Yo, que tantas veces caigo y peco, tan presto me entibio y desmayo, necesito verdadera mente reno- varme, purificarme y alentarme por la frecuencia de oraciones y confesiones y de la sagrada participa- ción de tu Cuerpo, no sea que absteniéndome de co- a gar por mucho tiempo, decaiga de mi santo pro- pósito.
3. Porque las inclinaciones del hombre son hacia lo malo desde su juventud; y si no le socorre la medicina celestial, al punto va de mal en peor.
Así es que la santa Comunión retrae de lo malo y conforta en lo bueno.
Y si ahora que comulgo ó celebro soy tan negli- gente y tibio, ¿qué sucedería si no tomase tal medi- cina y si no buscara auxilio tan grande?
Y aunque no esté preparado cada día ni bien dis- puerto ara celebrar, procuraré, sin embargo, reci-
ir los divinos misterios en los tiempos convenien- tes para hacerme participante de tanta gracia.
Porque el principal consuelo del alma fiel mien- tras peregrina unida á este cuerpo mortal, es acor- darse frecuentemente de su Dios y recibir á su ama- do con devoto corazón,
4. ¡Oh admirable dignación de tu clemencia para con nosotros, que tú, Señor Dios, Creador y Vivifi- cador de todos los espíritus, te dignas venir á una
obrecilla alma y satisfacer su hambre con toda tu
¡Oh feliz espíritu y dichosa alma la que merece recibir con devoción á su Dios y Señor y rebosar así de gozo espiritual!
¡Oh; qué Señor tan grande recibe, qué huésped tan amable aposenta, qué compañero tan agradable admite, qué amigo tan fiel elige, qué esposo abraza tan noble y tan hermoso, y más amable que todo cuanto se puede amar y desear!
Callen en tu presencia, mi dulcísimo amado, el Cielo y la Tierra con todo su ornato, porque todo cuanto tienen de esplendor y de hermosura lo han recibido de tu beneficencia, y nunca pueden aproxi- marse á la gloria de tu nombre, cuya sabiduría es
De los muchos bienes que se conceden á los que devotamente comulgan.
EL ALMA: 1. Señor, Dios mío, prevén á tu siervo con las bendiciones de tu dulzura, para que merez- E LCEAn digna y devotamente á tu sublime Sacra-
Mueve mi corazón hacia Ti, y sácame de este gra- ve entorpecimiento; visítame con tu gracia saluda- ble para que pueda gustar en espiritu de suavidad, cuya abundancia se halla en este Sacramento como en su fuente.
Alumbra también mis ojos para que pueda mirar tan alto misterio, y esftuérzame para creerlo con fir- mísima fe,
Porque obra tuya es, y no poder humano; sagrada institución tuya, y no invención de hombres.
Ninguno, ciertamente, es capaz por sí mismo de entender cosas tan altas, que aun á la sutileza an- gélica exceden.
Pues yo, pecador indigno, tierra y ceniza, ¿qué podré escudriñar y entender de tan alto secreto?
2. Señor, con sencillez de corazón, con fe firme y sincera y por mandato tuyo, me acerco á Ti con re- verencia! confianza, y creo verdaderamente que estás aquí presente en el Sacramento como Dios y como hombre.
Pues quieres, Señor, que yo te reciba y que me una contigo en caridad.
Por eso suplico á tu clemencia y pido la gracia es- pecial de que todo me deshaga “en Ti y rebose de amor, y que no cuide ya de ninguna otra consolación.
Porque este altísimo y dignísimo Sacramento es la salud del alma y del cuerpo, medicina de toda enfer- medad espiritual, con la cual se curan mis vicios, refrénanse mis pasiones, las tentaciones se vencen 6 disminuyen, dase mayor gracia, la virtud comen- zada crece, confirmase la fe, esfuérzase la esperan- za, y se enciende y dilata la caridad.
. Porque muchos bienes has dado y das siempre en este Sacramento á tus amados que devotamente comulgan, Dios mío, huésped de mi alma, reparador de la enfermedad humana y dador de toda consola- ción interior.
Tú les infundes mucho consuelo contra diversas tribulaciones, y de lo profundo de su propio despre- cio los levantas á esperar tu protección, y con una nueva gracia los recreas Y alumbras interiormen- te; y así, los que antes de la Comunión estaban in- quietos y sin devoción, después, recreados con
este sustento celestial, se hallan muy mejorados.
Y esto lo haces de gracia con tus escogidos para que conozcan verdaderamente y experimenten á las claras cuánta flaqueza tienen en sí mismos, y cuán grande bondad y gracia alcanzan de tu clemencia,
Porque, siendo por sí mismos frios, duros é inde- yotor; de Ti reciben el estar fervorosos, devotos y alegres.
¿Pues quién, llegando humildemente á la fuente de la suavidad, no vuelve con algo de dulzura?
¿0 quién está cerca de algún gran fuego, que no reciba algún calor?
Tú eres fuente llena que siempre mana y rebosa; fuego que de continuo arde y nunca se apaga.
4. Por eso, si no me es dado sacar agua de la abundancia de la fuente, beber hasta hartarme, pon- dré siquiera mis labios á la boca del caño celestial, para que álo menos reciba de allí alguna gotilla para templar mi sed y no secarme enteramente.
Y sino puedo ser todo celestial y tan abrasado como los querubines y serafines, trabajaré á lo me- nos por hacerme devoto y disponer mi corazón para adquirir siquiera una pequeña llama del divino in- cendio, mediante la humilde comunión de este vivi- fico Sacramento.
Pero todo lo que me falta, buen Jesús, Salvador santisimo, súplelo Tú penigas y graciosamente por mí, pues tuviste por bien llamar á todos, diciendo: Venid á Mi todos los que tenéis trabajos y estáis car- gados, que yo Os recrearé.
Yo, pues, trabajo con sudor de mi rostro, soy atormentado con dolor de mi corazón, estoy carga- do de pecados, combatido de tentaciones, envuelto y oprimido por muchas pasiones, y no hay quien me valga, no hay quien me libre y salve, sino Tú, Señor Dios, Salvador mío, á quien me encomiendo y todas mis cosas, para que me guardes y lleves á la vida eterna.
Recíbeme para honra y Elorla de tu nombre, pues me dispusiste tu Cuerpo y ngre en manjar y bebida.
Concédeme, Señor Dios, Salvador mío, que crezca el afecto de mi devoción con la frecuencia de este soberano misterio.
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