Chapter 33 of 49
CAPÍTULO XVII Toda nuestra atención ha de ponerse sólo en Dios
JESUCRISTO: 1. Hijo, déjame hacer contigo lo que quiero, pues yo sé lo que te conviene,
Tú piensas como hombre, y sientes en muchas co- sas como te sugiere el afecto humano.
EL ALMA: 2, Señor, verdad es lo que dices: mayor
es el cuidado que Tú tienes de mí que todo el cui- dado que yo puedo poner en mirar por mí.
Muy en peligro de caer está el que no pone toda su atención en Ti.
Señor, esté mi voluntad firme y recta contigo, y haz de mí lo que te agradare.
Que no puede ser sino bueno todo lo que Tú hi- cieres de mí.
Si quieres que esté en tinieblas, bendito seas; y si quieres que esté en luz, seas también bendito.
Si te dignares consolarme, bendito seas; y si quieres atribularme, también seas bendito para siempre.
JESUCRISTO: 3. Hijo, así debes hacer, si deseas an- dar conmigo.
Tan pronto debes estar para padecer como para gozar.
Tan de grado debes ser pobre y menesteroso co- mo abundante y rico.
EL ALMA: 4. Señor, de buena gana padeceré por Ti todo lo que quisieres que venga sobre mí.
Indiferentemente quiero recibir de tu mano lo bueno y lo malo, lo dulce y lo amargo, lo alegre y lo triste, y te daré gracias por todo lo que me sucediere.
Guárdame de todo pecado, y no temeré la muerte ni el Infierno.
Con tal que no me apartes de Ti para siempre ni me borres del libro de la vida, no me dañará cual- quier tribulación que venga sobre mí.
Que se sufran con serenidad de ánimo las miserias temporales, á ejemplo de Cristo.
JESUCRISTO: 1. Hijo, yo bajé del Cielo por tu sal- vación; abracé tus miserias, no por necesidad, sino por la caridad que me movía, para que aprendieses paciencia y sufrieras sin enojo las miserias tempo- rales.
Porque desde la hora en que nací, hasta la muer- te en la Cruz, no me faltaron dolores que sufrir.
Tuve mucha falta de las cosas temporales, oí mu- chas veces grandes quejas de Mi, y sufrí benigna-
mente sinrazones y afrentas. Por beneficios recibí ingratitudes, por milagros, blasfemias, y por la doc- trina, reprensiones. '
EL ALMA: 2. Señor, si Tú fuiste paciente en tu vi- da, principalmente cumpliendo en esto el mandato de tu padre, justo es que yo, miserable pecador, sufra con paciencia según tu voluntad, y mientras Tú quisieres lleve por mi salvación la carga de una vida corruptible.
Pues aunque la vida presente parece pesada, ya se ha hecho por tu gracia muy meritoria, y más to- lerable y esclarecida para los flacos por tu ejemplo y el de tus Santos.
Y aun de mucho más consuelo de lo que fué en tiempo pasado bajo la ley antigua, cuando estaba cerrada la puerta del Cielo y el camino parecía tan obscuro, que eran raros los que tenian cuidado de buscar el reino de los Cielos.
Pero aun los que entonces eran justos y ha- bían de salvarse, no podían entrar en el reino celes- tial hasta que llegase tu pasión y la satisfacción de tu sagrada muerte.
3. ¡Oh! ¡Cuántas gracias debo darte porque te dignaste demostrarme á mí y á todos los fieles el camino derecho y bueno de tu eterno reino!
Porque tu vida es nuestro camino, y por la santa paciencia vamos á Ti, que eres nuestra corona,
Si Tú no nos hubieras precedido y enseñado, ¿quién cuidaría de seguirte?
¡Ay! ¡Cuántos quedarian lejos y muy atrás si no mirasen tus heroicos ejemplos!
Si con todo eso aún estamos tibios después de haber oído tantas maravillas y lecciones tuyas, y ué haríamos si no tuviésemos tanta luz para seguirte?
De la tolerancia de las injurias, y cómo se prueba el verdadero paciente. JESUCRISTO: 1. Hijo, ¿qué es lo que dices? Cesa de
quejarte, considerando mi pasión y la de los Santos. Aún no has resistido hasta derramar sangre.
Poco es lo que padeces, en comparación de lo padecieron tantos tan fuertemente tentados, tan gravemente atribulados, probados y ejercitados de
Conviénete, pues, traer á la memoria las cosas muy graves de otros, para que fácilmente sufras tus pegueños trabajos.
si no te parecen pequeños, mira no lo cause tu mpaciencia. 'ero, sean grandes ó pequeños, procura llevarlos todos con paciencia.
2. Cuanto más te dispones para padecer, tanto más cuerdamente obras y más mereces, y lo lleva- rás también más ligeramente si preparas con dili- gencia tu ánimo y le acostumbras á esto.
No digas: No puedo sufrir esto de aquel hombre ni debo aguantar semejantes cosas, porque me in- jurió gravemente y me levanta cosas que nunca pensé; mas de otro 'sufriré de grado y según me pa- reciere que se debe sufrir.
Indiscreto es tal pensamiento, que no considera la virtud de la paciencia ni mira quién la ha de galar- donar: antes se ocupa en hacer caso de las personas y de las injurias que le hacen.
3. No es verdadero paciente el que no quiere padecer sinolo que leacomoda y de quien le parece,
El verdadero paciente no mira quién le ofende, si es superior, igual 6 inferior; si es hombre bueno y santo, ó perverso éindigno.
Sino que cualquier adversidad que le venga de cualquier criatura indiferentemente y en cualquier tiempo, la recibe de buena gana como de la mano de Dios, y la estima por mucha ganancia.
Porque nada de cuanto se padece por Dios, por poco que sea, puede pasar sin mérito ante su divino acatamiento.
4, Está, pues, preparado para la batalla, si quie- res conseguir la victoria.
Sin pelear, no puedes alcanzar la corona de la pa- ciencia.
Si no quieres padecer, rehusa ser coronado; pero si deseas ser coronado, pelea varonilmente, sufre con paciencia.
Sin trabajo no se llega al descanso, ni sin pelear se consigue la victoria.
EL ALMA: 5. Hazme, Señor, posible por la gracia lo que me parece imposible por mi naturaleza.
ú sabes cuán poco puedo yo padecer, y qué pres-
Séame por tu nombre amable y deseable cualquier ejercicio de paciencia; porque el padecer y serator- mentado por Ti, es de gran salud para mi alma.
De la confesión de la propia flaqueza, y de las miserias de esta vida.
ELALMA: 1. Confesaré, Señor, contra mí mismo mi
iniquidad; te confesaré mi Madera: uchas veces es una cosa bien pequeña la que me abate y entristece,
Propongo pelear varonilmente; mas en viniendo una pequeña tentación, me lleno de angustia.
Algunas veces de la cosa más despreciable me viene una grave tentación.
Y cuando me creo algún tanto seguro, cuando no lo advierto, me hallo á veces casi vencido y derriba- do por un ligero soplo.
2. Mira, pues, Señor, mi bajeza y fragilidad, que te es bien conocida.
Compadécete, y sácame del lodo, para que no sea atollado y quede desamparado del todo.
Esto es lo que continuamente me acobarda y con- funde delante de Ti; ver que tan deleznable y flaco soy para resistir á las pasiones.
aunque no me induzcan enteramente al consen- timiento, sin embargo, me es molesto y pesado el domarlas, y muy tedioso el vivir asi siempre en com- bate. En esto conozco yo mi flaqueza; en que las abominables imaginaciones más fácilmente vienen sobre mí que se van.
3. ¡Ojalá, fortisimo Dios de Israel, celador de las almas fieles, mires el trabajo y el dolor de tu siervo y le asistas en todo lo que emprendiere!
_Fortifícame con fortaleza celestial, de modo que ni el hombre viejo ni la carne miserable, aún no
bien sujeta al espíritu, pueda señorearme; contra la cual conviene pelear en tanto que vivimos en este miserabilísimo mundo.
¡Ay! ¡Cuál es esta vida, donde no faltan tribula- ciones l, miserias, donde todas las cosas están lle- nas de aos. enemigos!
Porque en faltando unatribulación ó tentación, vie- ne otra; y aun antes que se acabe el combate de la primera, sobrevienen otras muchas no esperadas.
4. ¿Y cómose puede amar una vida llena de tantas amarguras, sujeta á tantas calamidades y miserias?
¿Y cómo no se ha de llamar vil á la que engendra tantas muertes y pestes?
Con todo esto, se ama, y muchos la quieren para deleitarse en ella,
Muchas veces nos quejamos de que el mundo es engañoso y vano; mas no poreso lo dejamos fácil- mente, porque los apetitos sensuales nos señorean demasiado.
Unas cosas nos incitan á amar al mundo, y otras, á despreciarlo.
Nos incitan á amarlo la sensualidad, la codicia y la soberbia de la vida; -pstS las penas y miserias que los siguen causan tedio y aversión al mundo.
5. Pero, ¡oh dolor!, que vence el deleite al alma que está entregada al mundo, y tiene por gusto es- tar envuelta en espinas; porque ni vió ni gustó la suavidad de Dios, ni el interior gozo de la virtud.
Mas los que perfectamente desprecian al mundo y trabajan en vivir para Dios en santa vigilancia, saben que está prometida la divina dulzura á quien de veras se renunciare á sí mismo, y ven más claro cuán gravemente yerra el mundo y de muchas ma- neras se engaña.
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