Chapter 34 of 49
CAPÍTULO XXI Sólo se ha de descansar en Dios sobre todas las cosas
EL ALMA: l. Alma mía, descansa sobre todas y en todas las cosas siempre en Dios, que es el eterno descanso de los Santos.,
Concédeme Tú, dulcísimo y amantisimo Jesús, que
descanse en Ti sobre todas las cosas creadas, sobre toda salud y hermosura, sobre toda gloria y honra, sobre todo poder y dignidad, sobre toda ciencia y sutileza, sobre todas las riquezas y artes, sobre toda alegría y gozo, sobre toda fama y alabanza, sobre toda suavidad y consolación, sobre toda esperanza
promesa, sobre todo merecimiento y deseo, sobre Tollos los dones y regalos que puedes dar y enviar, sobre todo gozo y dulzura que el alma puede reci- bir y sentir, y, en fin, sobre todos los ángeles yar- cángeles, y sobre todo el ejército celestial; sobre to- do lo visible € invisible, y sobre todo lo que no es lo que eres Tú, Dios mio.
2. Porque Tú, Señor Dios mío, eres bueno sobre todo; Tú solo altísimo; Tú solo potentísimo; Tú solo suficientísimo y llenísimo; Tú solo suavísimo y agra- dabilísimo.
Tú solo hermosísimo z amantísimo; Tú solo nobi- lísimo y gloriosísimo sobre todas las cosas, en quien están, estuvieron y estarán todos los bienes junta y perfectamente.
Por eso es poco é insuficiente cualquier cosa que me das ó prometes ó me descubres de Ti mismo, no viéndote ni poseyéndote cumplidamente.
Porque no puede mi corazón descansar del todo contentarse verdaderamente si no descansa en Ti trascendiendo todos los dones y todo lo creado,
3. ¡Oh esposo mío, amantisimo Jesucristo, ama- dor purísimo, Señor de todas las criaturas! ¿Quién me dará alas de verdadera libertad para volar y des- cansar en Ti?
¡0h! ¿Cuándo me será concedido ocuparme en Ti capa ne y ver cuán suave eres, Señor Dios mio
¿Cuándo me recogeré del todo en Ti, que ni me sienta á mi por tu amor, sino á Ti solo sobre todo sentido y modo y de un modo no manifiesto 4 todos?
Pero ahora muchas veces gimo y llevo mi infeli- cidad con dolor.
Porque en este valle de miserias acaecen muchos males que me turban á menudo, me entristecen y anublan; muchas veces me impiden y distraen, hala- gan y embarazan para que no tenga libre la entra-
da á Ti y no goce de tus suaves abrazos, los cua- les sin impedimento gozan los espiritus bienaven- turados.
Muévante mis suspiros y la grande desolación que hay en la Tierra.
4. ¡Oh Jesús, resplandor de la eterna gloria, con- solación del alma que anda peregrinando!
Delante de Ti está mi boca muda, y mi silencio te habla.
enga á mí, pobrecito tuyo, y lléneme de alegría. Extiende tu mano, y libra á este miserable de toda angustia.
en, ven; pues sin Ti ningún día ni hora será ale- gre, porque Tú eres mi gozo, y sin Ti está vacía mi mesa.
Miserable soy A como encarcelado y preso con grillos, hasta que Tú me recrees con la luz de tu pre- sencia, y me pongas en libertad, y me muestres tu amigable rostro.
5. Busquen otros lo que quisieren en lugar de Ti, que á mi ninguna otra cosa me agrada ni agradará sino Tú, Dios mío, esperanza mía, salud eterna.
No callaré ni cesaré de clamar hasta que tu gracia vuelva y me hables interiormente.
JESUCRISTO: 6. Aquí estoy, á ti he venido, pues me Jlamaste. Tus lágrimas, y el deseo de tu alma, y tu humildad y la contricción de tu corazón me han in- clinado y traído á ti.
EL ALMA: 7. Y dije: Señor, yo te llamé, y deseé gozar de Ti, dispuesto á menospreciarlo todo por Ti.
Pero Tú primero me despertaste para que te bus- case.
Seas, pues, bendito, Señor, que hiciste con tu siervo este beneficio según la muchedumbre de tu misericordia.
¿Qué tiene más que decir tu siervo delante de Ti, sino humillarse mucho en tu acatamiento, acordán- dose siempre de su propia maldad y vileza?
Porque no hay semejante á Ti en todas las mara- villas del Cielo y de la Tierra,.
Tus obras son perfectisimas, tus juicios, verdade- ros, y por tu providencia se rige el Universo.
Por eso alabanza y gloria á Ti, ¡oh sabiduria del Padre! Alábete y bendigate mi boca, mi alma, y jun- tamente todo lo creado.
De la memoria de los innumerables beneficios de Dios.
EL ALMA: 1. Abre, Señor, mi corazón á tu ley, y enséñame á andar en tus mandamientos.
Concédeme que conozca tu voluntad y con gran reverencia y diligente consideración tenga en la me- moria tus beneficios, así generales como especiales, para que pueda de aquí adelante darte dignamente las gracias.
Mas yo sé y confieso que no puedo darte las de- bidas alabanzas y gracias por el más pequeño de tus beneficios.
Yo soy menor que todos los bienes que me has hecho; y cuando miro tu generosidad, desfallece mi espia á la vista de su grandeza.
, Todo lo que tenemos en el alma Y, enel cuerpo Y cuantas cosas poseemos en lo interior ó en lo ex- terior, natural ó sobrenaturalmente, son beneficios cuyos y te engrandecen, como bienhechor piadoso y Bueno de quien recibimos todos los bienes.
Y aunque uno reciba más y otro menos, todo es
tuy, y Sin Ti no se puede alcanzar la menor cosa.
| que más recibió no puede gloriarse de su me- recimiento, ni estimarse sobre los demás, ni desde- ñar al menor; porque aquel que es mayor y mejor menos se atribuye á sí, y es más humilde, devoto y agradecido.
Y el que se tiene por más vil que todos y se juzga por más indigno, está más dispuesto para recibir mayores dones.
3. Mas el que recibió menos no debe entriste- cerse, indignarse, ni envidiar al que tiene más; antes debe reverenciarte y engrandecer sobremanera tu bondad, que tan copiosa, gratuita y liberalmente re- parte tus beneficios, sin acepción de personas.
Todo procede de Ai, y por lo mismo en todo debes ser alabado.
Tú sabes lo que conviene darse á cada uno; y por qué tiene uno menos y otro más, no nos toca 4nos- otros discernirlo, sino á Ti, que sabes determinada- mente los merecimientos de cada cual.
4. Poreso, Señor Dios, tengo también por gran- de beneficio no tener muchas cosas por las cuales me alaben y honren los hombres; de modo que cual- quiera que considere la pobreza y vileza de su per- sona, no sólo no recibirá pesadumbre, ni tristeza, > abatimiento, sino más bien consuelo y grande alegría.
Porque Tú, Dios, escogiste para familiares do- mésticos tuyos á los pobres, bajos y despreciados de este mundo.
Testigos son tus mismos apóstoles, á quienes constituíste principes sobre toda la Tierra.
Mas conversaron en el mundo sin queja y fueron tan humildes y sencillos, viviendo tan sin malicia ni fraude, que se alegraban de padecer injurias por tu nombre y abrazaban con grande afecto lo que el mundo aborrece.
5. Poreso ninguna cosa debe alegrar tanto al que te ama y reconoce tus beneficios como tu vo- luntad para con él y el beneplácito de tu eterna disposición.
Lo cual ha de consolarle de manera que quiera tan voluntariamente ser el menor de todos, como desearía otro ser el mayor.
Y así, tan pacifico y Contento debe estar en el úl- timo lugar como en el primero, y tan de buena gana sufrir verse despreciado Y desechado y no tener nombre y fama, como si fuese el más honrado y mayor del mundo,
Porque tu voluntad y el amor de tu honra ha de ser sobre todas las cosas, y más se debe consolar y contentar una toy con esto que con todos los beneficios recibidos ó que puede recibir,
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