Chapter 8 of 10
EUTIFRON Ó DE LA SANTIDAD. · 6
Porque es falso que la vergüenza se encuentre donde quiera que esté el miedo. El miedo tiene más extension que la vergüenza. En efecto, la vergüenza es una parte del miedo, como lo impar es una parte del número. Donde quiera que hay un número, no es precision que en él se encuentre el impar, pero donde quiera que aparezca el impar hay un número. ¿Me entiendes ahora?
{{c|EUTIFRON.
Esto es precisamente lo que te pregunté ántes: ¿si donde quiera que se encuentre lo justo allí está lo santo, y si donde quiera que se encuentre lo santo allí está lo justo? Parece que lo santo no se encuentra siempre con lo justo, porque lo santo es una parte de lo justo. ¿Sentaremos este principio, ó eres tú de otra opinion?
A mi parecer, este principio no puede ser combatido.
Ten en cuenta lo que voy á decirte; si lo santo es una parte de lo justo, es preciso averiguar qué parte de lo justo tiene lo santo, como si me preguntases, qué parte del número es el par, y cuál es este número, y yo te respondiese que es el que se divide en dos partes iguales y no desiguales. ¿No lo crees como yo?
Sin duda.
Haz pues el ensayo de enseñarme á tu vez, qué parte de lo justo es lo santo á fin de que indique á Melito que ya no hay materia para acusarme de impiedad; á mí que tan perfectamente he aprendido de tí lo que es la piedad y la santidad sus contrarias.
Me parece á mí, Sócrates, que la piedad y la santidad son esta parte de lo justo, que corresponde al culto de los dioses, y que todo lo demás consiste en los cuidados y atenciones que los hombres se deben entre sí.
Muy bien, Eutifron; sin embargo, falta alguna pequeña cosa, porque no comprendo bien lo que tú entiendes por la palabra culto. ¿Este cuidado de los dioses es el mismo que el que se tiene por todas las demás cosas? Porque decimos todos los dias, que sólo un jinete sabe tener cuidado de un caballo; ¿no es así?
Sí, sin duda.
El cuidado de los caballos ¿compete propiamente al arte de equitacion?
Seguramente.
Todos los hombres no son á propósito para enseñar á los perros, sino los cazadores.
Sólo los cazadores.
Por consiguiente el cuidado de los perros pertenece al arte venatorio.
Sin dificultad.
Pertenece sólo á los labradores tener cuidado de los bueyes?
Sí.
La santidad y la piedad es del cuidado de los dioses. ¿No es esto lo que dices?
Ciertamente.
El cuidado que un buen cazador tiene de sus perros, el que un buen labrador tiene de sus bueyes, no hace mejores lo mismo á los unos que á los otros, y así en todos los casos análogos? ¿Puedes creer, que el cuidado en estos casos tienda á dañar lo que se cuida?
No sin duda, ¡por Júpiter!
¿Tiende pues á hacerlos mejores?
Seguramente.
La santidad, siendo el cuidado de los dioses, debe tender á sų utilidad, y tiene por objeto hacer los dioses mejores. Pero te atreverias á suponer, que cuando ejecutas una accion santa, haces mejor á alguno de los dioses?
Jamás, ¡por Júpiter!
No creo tampoco, que sea ese tu pensamiento, y esta es la razon porque te he preguntado cuál era el cuidado de los dioses, de que querias hablar, bien convencido que no era éste.
Me haces justicia, Sócrates.
Este es ya punto concluido. ¿Pero qué clase de cuidado de los dioses es la santidad?
El cuidado que los criados tienen por sus amos.
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