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Chapter 19 of 49

CAPÍTULO PRIMERO De la conversación interior

1. Dice el Señor: El reino de Dios dentro de vos- otros está. Conviértete á Dios de todo corazón, deja ese miserable mundo, y hallará tu alma reposo.

Aprende á menospreciar las cosas exteriores y darte á las interiores, y verás que se viene á ti el reino de Dios.

Pues el reino de Dios es paz y gozo en el Espiritu Santo, que no se da á los malos.

Si preparas digna morada interiormente á Jesu- cristo, vendrá á ti y te mostrará su consolación.

Toda su gloria y hermosura está en lo interior, y allí se está complaciendo.

Su continua visitación es con el hombre interior; con él habla dulcemente, tiene agradable consola- ción, mucha paz y admirable familiaridad.

2. Ea, pues, alma fiel; prepara tu corazón á este Esposo para que quiera venirse á ti y hablar con-

Porque Él dice así: Si alguno me ama, guardará mi palabra, y vendremos á él y haremos en él nuestra morada.

Da, pues, lugar á Cristo, y á todo lo demás cierra la puerta.

¡4 Cristo tuvieres, estarás rico, y te bastará. Él será tu fiel procurador y te proveerá de todo, de ma- nera que no tendrás necesidad de esperar en los hombres,

Porque los hombres se mudan fácilmente y des- fallecen en breye; pero Jesucristo permanece para siempre y está firme hasta el fin.

3. No hay que poner mucha conflanza en el hom- bre frágil y mortal, aunque sea útil y bien querido, ni has de tomar mucha pena si alguna vez fuere con- trario ó no te atiende.

Los que hoy son contigo mañana pueden con- tradecirte, y al contrario, porque muchas veces se vuelven como viento,

Pon en Dios toda tu esperanza, y sea Él tu temor y tu amor. Él responderá por ti, y lo hará bien como mejor convenga.

lo tienes aquí domicilio permanente; dondequie- ra que estuvieres serás extraño y peregrino, y no tendrás nunca reposo si no estuvieres íntimamente unido con Cristo,

4. ¿Qué miras aquí, no siendo éste el lugar de tu descanso?

En los Cielos debe ser tu morada, y como de paso has de mirar todo lo terrestre.

Todas las cosas pasan, y, tú también con ellas.

Guárdate de pegarte á ellas por que no seas preso y perercas:

.n el Altisimo pon tu pensamiento, y tu oración sin cesar sea dirigida á Cristo.

Si no sabes contemplar las cosas altas y celestia- les, descansa en la pasión de Cristo y habita gusto- samente en sus sagradas llagas.

_Porque si te acoges devotamente á las llagas y pre- ciosas heridas de Jesús, gran consuelo sentirás en la

tribulación, no harás mucho caso de los desprecios de los hombres, y fácilmente sufrirás las palabras de los maldicientes,

5. Cristo fué también en el mundo despreciado por los hombres, y vivió entre grandes afrentas desam- parado de amigos y conocidos y en suma necesidad.

Cristo quiso padecer y ser despreciado; ¿y tú te atreves á quejarte de alguna cosa?

Cristo tuvo adversarios y murmuradores; ¿y tú quieres tener á todos por amigos y bienhechores?

¿Con qué se coronará tu paciencia, si ninguna ad- versidad se te ofrece?

Si no quieres sufrir ninguna adversidad, ¿cómo serás amigo de Cristo?

Sufre con Cristo y por Cristo, si quieres reinar con Cristo.

6. Si una vez entrases perfectamente en lo secre- to de Jesús y gustases un poco de su encendido amor, entonces no tendrías cuidado de tu propio provecho ó daño; antes te holgarías más de las inju- rias que te hiciesen, porque el amor de Jesús hace al hombre despreciarse á sí mismo.

El amante de Jesús y de la verdad y el hombre ver- daderamente interior y libre delas afíciones desorde- nadas, se puedo volver fácilmente 4 Dios, levantar- se sobre si mismo en el espíritu y descansar gozo- samente.

7. Aquel á quien gustan todas las cosas como son, no como se dicen ó estiman, es verdaderamente sa- bio y enseñado más de Dios que de los hombres.

El que sabe andar dentro de si y tener en poco las cosas exteriores, no busca lugares ni espera tiempos para darse á ejercicios devotos,

El hombre interior presto se recoge, porque nun- ca se entrega todo á las cosas exteriores.

No le estorba el trabajo exterior ni la ocupación necesaria á tiempos, sino que así como suceden las cosas se acomoda á ellas. p

El que está interiormente bien dispuesto y orde- nado, no cuida de los hechos famosos y perversos de los hombres.

Tanto se estorba el hombre y se distrae cuanto atrae á sí las cosas de fuera.

8. Si fueses recto y puro, todo te sucedería bien y con provecho.

Por eso te descontentan y conturban muchas cosas frecuentemente, porque aún no has muerto á ti del todo ni apartado de todas las cosas terrenas.

Nada mancilla ni embaraza tanto el corazón del hombre cuanto el amor desordenado delas criaturas.

Si desprecias las consolaciones de tuera, podrás contemplar las cosas celestiales y gozarte muchas veces dentro de ti.

1. No te importe mucho quién es por tió contra ti, sino busca y procura que sea Dios contigo en todo lo que haces,

Ten buena conciencia, y Dios te defenderá.

Al que Dios quiere ayudar no podrá dañarle la malicia de alguno.

DU sabes callar y sufrir, sin duda verás el favor de

Él sabe el tiempo Y el modo de librarte, y por eso te debes ofrecer á Él.

Á Dios pertenece ayudar y librar de toda confusión.

Algunas veces conviene mucho, para guardar ma-

'or humildad, que otros sepan nuestros defectos y

Le Elando un hombre se humilla porsus defectos, entonces fácilmente aplaca á los otros y sin dificul- tad satisface á los que le odian.

Dios defiende y libra al humilde, al humilde ama y consuela, al hombre humilde se inclina, al humilde concede gracia, y después de su abatimiento le le- vanta á gran honra.

Al humilde descubre sus secretos, le trae dulce- mente á Sí y le convida,

El humilde, recibida la afrenta, está en paz, por- que está en Dios, y no en el mundo.

No pienses haber aprovechado algo si no te esti- mas por el más inferior de todos.

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CAPÍTULO PRIMERO De la conversación interior · The Imitation of Christ — Thomas à Kempis · The Conscious Library