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Chapter 18 of 49

CAPÍTULO XXV De la fervorosa enmienda de toda nuestra vida

1. Vela con mucha diligencia en el servicio de Dios, y piensa de ordinario á qué viniste, y por qué dejaste el mundo.

¿No es, por ventura, con el fin de vivir para Dios y ser hombre espiritual?

Corre, pues, con fervor á la perfección, que pres- to recibirás el galardón de tus traba, jos, y no habrá de ahí adelante temor ni dolor en tu fin.

Ahora trabajarás un poco, y hallarás después gran

Si permaneces fiel y fervoroso en obrar, sin duda, será Dios fiel y rico en pagar.

Ten firme esperanza de que alcanzarás victoria; mas no conviene tener seguridad, porque no aflojes nite ensoberbezcas.

2. Se hallaba uno lleno de congoja luchando en- tre el temor y la esperanza: un día cargado de tris- teza entró en la iglesia y se postró delante del altar en oración, y meditando en su corazón varias cosas,

dijo: ¡Oh! ¡Si supiese que había de perseverar! Y Juego oyó en lo interior la divina respuesta: ¿Qué harías si eso supieses? Haz ahora lo que entonces quisieras hacer, y estarás seguro.

Y en aquel punto, consolado y confortado, se ofre- ció á la divina voluntad, y cesó su congojosa turba- ción.

Y no quiso escudriñar curiosamente para saber lo que habia de sucederle, sino que anduvo con mu- cho cuidado de saber lo que fuese la voluntad de Dios y á sus divinos ojos más agradable y perfecto, para comenzar y perfeccionar toda buena obra.

3. El Profeta dice: Espera en el Señor, y haz bon- dad, y habita en la Tierra, y serás apacentado en sus riquezas.

letiene á muchos en el fervor desu aprovechamien- to el espanto de la dificultad ó el trabajo de la pelea.

Ciertamente, aprovechan más en las virtudes aquellos que más varonilmente ponen todas sus fuerzas para vencer las que les son más graves y contrarias.

Porque allí Aprovecká el hombre más Y, alcanza mayor gracia adonde más se vence á sí mismo y se mortifica el espíritu.

4. Pero no todos tienen igual ánimo para vencer y mortificarse.

No obstante, el diligente y celoso de su aprove- chamiento más fuerte será para la perfección, aun- que tenga muchas pasiones, que el de buen natural, si pone poco cuidado en las virtudes.

los cosas especialmente ayudan mucho á enmen- darse, es á saber: desviarse con esfuerzo de aquello á que le inclina la naturaleza viciosamente, y traba- jar con fervor Pp el bien que más le falta.

Trabaja también en vencer y evitar lo que de or- dinario te desagrada en tus prójimos.

5. Mira que te aproveches dondequiera; y si vie- res y oyeres buenos ejemplos, anímate á imitarlos.

Mas si vieres alguna cosa digna de represión, guárdate de hacerla; y si alguna vez la hiciste, pro- cura enmendarte luego.

al ¡omo tú miras á los otros, asi los otros te mi- ran á ti.

¡Oh! ¡Cuán alegre y dulce cosa es ver los devotos y fervorosos hermanos con santas costumbres y en observante disciplina!

¡Cuán triste y penoso es verlos andar desordena- dos y que no hacen aquello á que son llamados por su vocación!

¡Oh! ¡Cuán dañoso es ser negligentes en el propó- sito de su llamamiento, y ocuparse en lo que no les mandan!

6. Acuérdate de la profesión que tomaste, y pro- ponte por modelo al Crucificado.

Bien puedes avergonzarte mirando la vida de Je- sucristo, porque aún no estudiaste á conformarte más con Él, aunque ha muchos años que estás en el camino de Dios,

El religioso que se ejercita intensa y devotamente en la santísima vida y pasión delSeñor, halla allí todo lo útil y necesario cumplidamente para sí, y no hay necesidad de que busque cosa mejor fuera de Jesús.

¡Oh! ¡Si viniese á nuestro corazón Jesús crucificado, cuán presto y cumplidamente seríamos enseñados!

7. El fervoroso religioso acepta todo lo que le mandan, y lo lleva muy bien.

El negligente y tibio tiene tribulación sobre tribu- lación, y de todas partes padece angustia, porque carece de la consolación interior y no le dejan bus- car la exterior.

El pGuigtoso que vive fuera de la observancia, cer- ca está de caer gravemente.

El que busca vivir más ancho Y, descuidado siem- pre estará en angustias, porque lo uno y lo otro le descontentará.

8. ¿Cómo lo hacen tantos religiosos que están en- cerrados en la observancia del monasterio?

Salen pocas veces, viven abstraídos, comen pobre- mente, visten ropa basta, trabajan mucho, hablan poco, velan largo tiempo, madrugan muy temprano, tlenen continuas horas de oración, leen 4 menudo, y guardan en todo exacta disciplina.

ira cómo los cartujos, los, cistercienses y los

monjes y monjas de diversas Órdenes se levantan cada noche á alabar al Señor. B

Y por eso seria cosa torpe que tú emperezases en

obra tan santa, donde tanta multitud de religiosos comienzan á alabar á Dios.

9, ¡Oh! ¡Si nunca hubiésemos de hacer otra cosa sino alabar al Señor nuestro Dios con todo el cora- zÓón es la boca!

10h! ¡Si nunca tuvieses necesidad de comer, be- ber y dormir, sino que siempre pudieses alabar á Dios y solamente ocuparte en cosas espirituales!

Entonces serías mucho más dichoso que ahora cuando sirves á la necesidad de la carne.

¡Pluguiese á Dios que no tuviésemos estas nece- sidades, sino solamente las refacciones espirituales, las cuales gustamos bien raras veces!

10. Cuando el hombre llega al punto de no buscar su consuelo en ninguna criatura, entonces comienza á gustar de Dios perfectamente y está contento de todo lo que le sucede.

Entonces ni se alegra en lo mucho ni se entriste- ce por lo poco; mas pónese entera y fielmente en Dios, el cual le es todo en todas las cosas y para quien ninguna perece ni muere, sino que todas viven y le sirven sin tardanza.

11. Acuérdate siempre del fin y de que el tiempo perdido jamás vuelve. Nunca alcanzarás las virtu- des sin cuidado y diligencia.

Si comienzas á ser tibio, comenzará á irte mal.

Mas si te excitares al fervor, hallarás gran paz, y sentirás el trabajo muy HREO por la gracia de Dios y por el amor de la virtud.

1 hombre fervoroso y diligente á todo está dis- puesto. "4 e

Mayor trabajo es resistir á los vicios y pasiones que sudar en los trabajos corporales.

El que no evita los defectos pequeños, poco á poco cae en los grandes.

ul alegrarás siempre á la noche si gastares bien el día.

Vela sobre ti, despiértate á ti, amonestate á ti, sea de los otros lo que fuere, no te descuides de ti.

Tanto aprovecharás, cuanto más fuerza te hicie- res. Amén.

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CAPÍTULO XXV De la fervorosa enmienda de toda nuestra vida · The Imitation of Christ — Thomas à Kempis · The Conscious Library