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Plato
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Chapter 38 of 39

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Extranjero. -Comprenderá cuatro partes: dos que se refieren a nosotros y que son artes humanas, y dos que se refieren a los dioses y son artes divinas.

Teetetes. -Sí.

Extranjero. –Pero, tomando la división en otro sentido, cada una de las dos primeras partes comprende dos: el arte de hacer las cosas mismas, y el arte que se puede llamar de hacer imágenes. He aquí cómo el arte de hacer se divide aún en dos.

Teetetes. -Explícame el objeto de estas dos ultimas divisiones.

Extranjero. -Nosotros mismos, todos los animales, los elementos de las cosas, el fuego, el agua, y todos los seres análogos a estas cosas, todo, ya lo sabemos, es producción y obra de un dios. ¿No es verdad?

Teetetes. -Sin duda.

Extranjero. –Pero, todas estas cosas van acompañadas de sus imágenes, que no son ellas, y estas imágenes son también el resultado de un arte divino.

Teetetes. -¿Qué imágenes?

Extranjero. –Los fantasmas de nuestros sueños, los cuales se ofrecen naturalmente a nuestra vista durante el día, la sombra por el reflejo del fuego, y este doble fenómeno de la luz propia del ojo y de la luz exterior, encontrándose sobre una superficie lisa y brillante, y produciendo una imagen tal, que la sensación, que experimenta la vista, es lo contrario de la sensación ordinaria.

Teetetes. -He allí, pues, los dos productos de la parte divina del arte de hacer: la cosa misma y la imagen que la sigue.

Extranjero. -Pasemos a nuestro arte humano de hacer. ¿No decimos que él construye una casa verdadera por medio de la arquitectura y, por medio de la pintura, otra que es como un sueño de creación humana, al uso de las gentes despiertas?

Teetetes. -Ciertamente.

Extranjero. -Todas nuestras obras pueden reducirse a estas dos producciones de nuestro arte de hacer: si se trata de la cosa misma, es el arte de hacer las cosas; de la imagen, es el arte de hacer imágenes.

Teetetes. -Ahora ya comprendo. Se divide el arte de hacer en dos especies, bajo dos puntos de vista. Bajo el uno, el arte es divino y humano; bajo el otro, hay el arte de producir seres y el de producir sólo semejanzas de los mismos.

Extranjero. -Ahora recordemos lo que hemos dicho del arte de hacer imágenes. Debe comprender dos especies: el arte de copiar y el arte de la fantasmagoría, si lo falso es realmente lo falso, y pertenece naturalmente a la categoría de los seres.

Teetetes. -Muy bien..

Extranjero. -Está bien resuelto, y debemos, sin ninguna dificultad, reconocer estas dos especies.

Teetetes. -Sí.

Extranjero. -A su vez, dividamos en dos el arte de la fantasmagoría.

Teetetes. -¿Cómo?

Extranjero. -Unas veces se recurre a instrumentos extraños y, otras, el autor de la representación se sirve de sí mismo como instrumento.

Teetetes. -¿Qué dices?

Extranjero. -Cuando alguno representa tu manera de ser mediante posiciones de su cuerpo, o tu voz, mediante las inflexiones de su voz, esta parte de la fantasmagoría se llama propiamente mímica.

Teetetes. -Sí.

Extranjero. –Démosle, pues, el nombre de arte mímica. En cuanto a la otra parte, para mayor comodidad, la dejaremos a un lado, y dejamos a otro el cuidado de formar, con sus variedades, un todo, y darle el nombre que le convenga.

Teetetes. -Admitamos estas divisiones, y despreciemos la segunda.

Extranjero. –Pero, la primera debe aún ser dividida en dos; fija tu atención. He aquí por qué.

Teetetes. -Habla.

Extranjero. -Entre los que imitan, unos lo hacen sabiendo lo que imitan, y otros no sabiéndolo. Ahora bien, ¿hay diferencia más profunda que la que media entre la ignorancia y el conocimiento?

Teetetes. -No la hay.

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