Chapter 17 of 39
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Teetetes. –Te sigo sin dificultad.
Extranjero. -Esforzándome en asociar el SER al NO-SER, ¿me he contradicho a mí mismo?
Teetetes. -Parece que sí.
Extranjero. –Pero, atribuyéndole el SER, ¿no hablaba como de alguna cosa una?
Teetetes. -Sí.
Extranjero. -Por consiguiente, en el momento de decir que escapa al razonamiento, al lenguaje y a la palabra, yo razonaba sobre el como de alguna cosa una.
Teetetes. -Sin duda.
Extranjero. –Pero, ya hemos dicho que para hablar con propiedad, no se puede determinar el NO-SER, ni por la unidad, ni por la pluralidad, ni siquiera nombrarle, porque con sólo nombrarle, se le ponía en la categoría de la unidad.
Teetetes. -Incontestablemente.
Extranjero. -¿Qué es lo que se dirá ahora de mí? Heme aquí, después de muchos rodeos, batido en mi refutación del NO-SER. Ésta es la razón por que, como antes dije, no es, a mí, a quien es preciso dirigirse, para saber como puede hablarse con propiedad del NO-SER; y, a ti, te toca ser el guía en esta indagación.
Teetetes. -¿Qué es lo que dices?
Extranjero. -Adelante; haz un esfuerzo generoso, tú, que eres joven; emplea todos los recursos posibles para encontrar el medio de explicarte, con exactitud, sobre el NO-SER, sin unir a él el SER, ni la unidad, ni la pluralidad.
Teetetes. -Muy exagerada y loca confianza tendría en mí mismo, si viéndote naufragar en esta empresa, yo la intentara.
Extranjero. -Pues bien, si así te parece, dejemos esta cuestión. Y hasta que no encontremos alguno capaz de sacarnos de esta dificultad, digamos que el sofista, con una habilidad sin igual, se ha refugiado en un fuerte inaccesible.
Teetetes. -Enhorabuena.
Extranjero. -Sea lo que quiera, si llegamos a decir que el sofista ejerce una especie de arte fantasmagórico, fácilmente podrá sacar partido de nuestras palabras, y las volverá contra nosotros; y si entonces le llamaremos autor de imágenes o ficciones, ¿qué entendéis, -nos diría-, precisamente por una imagen? Fijémonos bien, mi querido Teetetes, en la respuesta que daremos a tan vigoroso adversario.
Teetetes. -Evidentemente, le citaremos las imágenes reflejadas en el agua y en los espejos, las pinturas, las molduras y todas las demás cosas semejantes.
Extranjero. -Es claro, mi querido Teetetes, que tú nunca has visto un sofista.
Teetetes. -¿Por qué?
Extranjero. -Creerás que él cierra los ojos, y aun que es completamente ciego.
Teetetes. -¿Cómo?
Extranjero. -Cuando le des esa respuesta, hablándole de espejos y de figuras, se reirá al ver que le hablas como a un hombre que ve claro; fingirá que no conoce los espejos, ni el agua, ni siquiera la vista, y todos tus discursos los reducirá a esta única cuestión.
Teetetes. -¿Cuál?
Extranjero. -¿Qué hay, de común, entre todas estas cosas, que, a pesar de ser una multitud, las has designado con un solo nombre, el de imagen, como si formasen una unidad?
Teetetes. -¡Ah extranjero! Dado un objeto verdadero, ¿no llamaré más imagen a otro objeto que se le parece?
Extranjero. -¿ Y este otro objeto es verdadero o a qué lo refieres?
Teetetes. -De ninguna manera es verdadero, pero parece serlo.
Extranjero. -¿No entiendes por verdadero lo que existe realmente?
Teetetes. -Sin duda.
Extranjero. -¿Y qué? Lo que no es verdadero, ¿es lo opuesto a lo que lo es?
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