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Plato
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Chapter 7 of 10

EL BANQUETE ó DEL AMOR. · 6

—De ninguna manera.

—Pero, en fin, Diotima, díme que es.

—Es, como dije ántes, una cosa intermedia entre lo mortal y lo inmortal.

—¿Pero qué es por último?

—Un gran demonio, Sócrates; porque todo demonio ocupa un lugar intermedio entre los dioses y los hombres.

—¿Cuál es, la dije, la funcion propia de un demonio?

—La de ser intérprete y medianero entre los dioses y los hombres; llevar al cielo las súplicas y los sacrificios de estos últimos, y comunicar á los hombres las órdenes de los dioses y la remuneracion de los sacrificios que les han ofrecido. Los demonios llenan el intervalo que separa el cielo de la tierra; son el lazo que une al gran todo. De ellos procede toda la esencia adivinatoria y el arte de los sacerdotes con relacion á los sacrificios, á los misterios, á los encantamientos, á las profecías y á la magia. La naturaleza divina como no entra nunca en comunicacion directa con el hombre, se vale de los demonios para relacionarse y conversar con los hombres, ya durante la vigilia, ya durante el sueño. El que es sabio en todas estas cosas es demoniaco[18]; y el que es hábil en todo lo demás, en las artes y oficios, es un simple operario. Los demônios son muchos y de muchas clases, y el Amor es uno de ellos.

—¿A qué padres debe su nacimiento? pregunté á Diotima.

—Voy á decírtelo, respondió ella, aunque la historia es larga.

Cuando el nacimiento de Venus, hubo entre los dioses un gran festin, en el que se encontraba, entre otros, Poros[19] hijo de Metis[20]. Despues de la comida, Penia[21] se puso á la puerta, para mendigar algunos desperdicios. En este momento, Poros, embriagado con e nectar (porque aún no se hacia uso del vino), salió de la sala, y entró en el jardin de Júpiter, donde el sueño no tardó en cerrar sus cargados ojos. Entónces, Penia, es- trechada por su estado de penuria, se propuso tener un hijo de Poros. Fué á acostarse con él, y se hizo madre del Amor. Por esta razon el Amor se hizo el compañero y servidor de Venus, porque fué concebido el mismo dia en que ella nació; además de que el Amor ama natural- mente la belleza y Venus es bella. Y ahora, como hijo de Poros y de Penia, hé aquí cuál fué su herencia. Por una parte es siempre pobre, y léjos de ser bello y deli- cado, como se cree generalmente, es flaco, desaseado, sin calzado, sin domicilio, sin más lecho que la tierra, sin tener con qué cubrirse, durmiendo á la luna, junto á las puertas ó en las calles; en fin, lo mismo que su ma- dre, está siempre peleando con la miseria. Pero, por otra parte, segun el natural de su padre, siempre está á la pista de lo que es bello y bueno, es varonil, atrevido, perseverante, cazador hábil; ansioso de saber, siempre maquinando algun artificio, aprendiendo con facilidad, filosofando sin cesar; encantador; mágico, sofista. Por naturaleza no es ni mortal ni inmortal, pero en un mismo dia aparece floreciente y lleno de vida, mientras está en la abundancia, y despues se extingue para volver á revi- vir, á causa de la naturaleza paterna. Todo lo que ad- quiere lo disipa sin cesar, de suerte que nunca es rico ni pobre. Ocupa un término medio entre la sabiduría y la ignorancia, porque ningun dios filosofa, ni desea hacerse sabio, puesto que la sabiduría es aneja á la naturaleza divina, y en general el que es sabio no filosofa. Lo mismo sucede con los ignorantes; ninguno de ellos filosofa, ni desea hacerse sabio, porque la ignorancia produce preci- samente el pésimo efecto de persuadir á los que no son bellos, ni buenos, ni sabios, de que poseen estas cualidades; porque ninguno desea las cosas de que se cree provisto.

—Pero, Diotima, ¿quiénes son los que filosofan, si no son ni los sabios, ni los ignorantes?

—Hasta los niños saben, dijo ella, que son los que ocupan un término medio entre los ignorantes y los sabios, y el Amor es de este número. La sabiduría es una de las cosas más bellas del mundo, y como el Amor ama lo que es bello, es preciso concluir que el Amor es amante de la sabiduría, es decir, filósofo; y como tal se halla en un medio entre el sabio y el ignorante. A su nacimiento lo debe, porque es hijo de un padre sabio rico, y de una madre que no es ni rica ni sábia. Tal es, mi querido Sócrates, la naturaleza de este demonio. En cuanto á la idea que tú te formabas, no es extraño que te haya ocurrido, porque creias, por lo que pude conjeturar en vista de tus palabras, que el Amor es lo que es amado y no lo que ama. Hé aquí, á mi parecer, por qué el Amor te parecia muy bello, porque lo amable es la belleza real, la gracia, la perfeccion y el soberano bien. Pero lo que ama es de otra naturaleza distinta como acabo de explicar.

—Y bien, sea así, extranjera; razonas muy bien, pero el Amor, siendo como tú acabas de decir, ¿de qué utilidad es para los hombres?

—Precisamente eso es, Sócrates, lo que ahora quiero enseñarte. Conocemos la naturaleza y el origen del Amor; es como tú dices el amor á lo bello. Pero si alguno nos preguntase: ¿qué es el amor á lo bello, Sócrates y Diotima, ó hablando con mayor claridad, el que ama lo bello á qué aspira?

—A poseerlo, respondí yo.

—Esta respuesta reclama una nueva pregunta, dijo Diotima; ¿qué le resultará de poseer lo bello?

—Respondí, què no me era posible contestar inmediatamente á esta pregunta.

—Pero, replicó ella, si se cambiase el término, y poniendo lo bueno en lugar de lo bello te preguntase: Sócrates, el que ama lo bueno, ¿á qué aspira?

—A poseerlo.

—¿Y qué le resultaria de poseerlo?

—Encuentro ahora más fácil la respuesta; se hará dichoso.

—Porque creyendo las cosas buenas, es como los seres dichosos son dichosos, y no hay necesidad de preguntar porqué el que quiere ser dichoso quiere serlo; tu respuesta me parece satisfacer á todo.

—Es cierto, Diotima.

—Pero piensas que este amor y esta voluntad sean comunes á todos los hombres, y que todos quieran siempre tener lo que es bueno; ¿ó eres tú de otra opinion?

—No, creo que todos tienen este amor y esta voluntad.

—¿Por qué entónces, Sócrates, no decimos que todos los hombres aman, puesto que aman todos y siempre la misma cosa? ¿por qué lo decimos de los unos y nó de los otros?

— Es esa una cosa que me sorprende tambien.

—Pues no te sorprendas; distinguimos una especie particular de amor, y le llamamos amor, usando del nombre que corresponde á todo el género; mientras que para las demás especies, empleamos términos diferentes.

—Te suplico que pongas un ejemplo.

—Hé aquí uno. Ya sabes que la palabra poesía[22] tiene numerosas acepciones, y expresa en general la causa que hace que una cosa, sea la que quiera, pase del no-ser al ser, de suerte que todas las obras de todas las artes son poesía, y que todos los artistas y todos los obreros son poetas.

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