Chapter 38 of 49
CAPÍTULO XXXIX Que el hombre no sea importuno en los negocios
JESUCRISTO. 1. Hijo, encomiéndate siempre á tus negocios, y yo los dispondré bien y oportunamente.
EL ALMA. 2. Señor, de muy buena gana te enco- miendo todas las cosas, porque poco puede aprove- char mi cuidado.
¡Ojalá que no me ocupasen mucho los aconteci- mientos que pueden venirme, sino que me ofrecie- ra sin tardanza á tu voluntad!
JESUCRISTO. 3. Hijo, muchas veces el hombre ne- gocia con ahinco lo que desea; mas cuando ya lo al- canza comienza á pensar de otro modo, porque las aficiones no duran mucho cerca de una misma cosa, sino que nos llevan de una Cosa á otra.
Por lo cual no es poco dejarse á sí mismo, aun en las cosas pequeñas.
4. El verdadero aprovechar es negarse á sí mis- mo, y el hombre negado á sí es muy libre y está se-
ro, E Mas el enemigo antiguo y adversario de todos los buenos no cesa de tentar, sino que de día y de no- che pone graves asechanzas para precipitar, si pu- diere, al incauto en el lazo del engaño.
Velad y orad, dice el Señor, para que no entréis en
Que ningún bien tiene el hombre de suyo ni cosa alguna de qué alabarse.
EL ALMA. 1. Señor, ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él, 6 el hijo del hombre para que le visites? y
¿Qué ha merecido el hombre para que le dieses tu gracia?
118 LIBRO TERCERO Señor, ¿de qué puedo quejarme si me desampa-
ras, Ó cómo jutmenis podré contender contigo si no hicieres lo que pido?
Por cierto, una cosa puedo yo pensar y decir con verdad: Nada soy, Señor, nada puedo, nada bueno tengo de ml; mas en todo me hallo vacio, y camino siempre á la nada.
Y sino soy ayudado € instruido interiormente por Ti, me vuelvo enteramente tibio y disipado.
2. Mas Tú, Señor, eres siempre el mismo, y per- maneces eternamente, siempre bueno, justo y santo, haciendo las cosas bien, justa y santamente, y or- denándolas con sabiduria.
Pero yo, que soy más inclinado á caer que á apro- vechar, no persevero siempre en un estado, y me mudo siete veces cada día.
Mas luego me va mejor cuando te dignas alargar- me tu mano auxiliadora; porque Tú solo, sin huma- no favor, puedes socorrerme y fortalecerme de mane- ra que no se mude más mi semblante, sino que á Ti solo se convierta y en Ti descanse mi corazón.
3, Por lo cual, si yo supiera bien desechar toda consolación humana, ya sea por alcanzar devoción ó por la necesidad que tengo de buscarte, porque no hay hombre que me consuele, entonces con ra- zÓón podría yo esperar en tu gracia y alegrarme con el don de la nueva consolación.
4. Gracias sean dadas á Ti, de quien viene todo siempre que me sucede algún bien.
Porque delante de Ti yo soy vanidad y nada, hombre mudable y flaco.
¿De dónde, pues, puedo gloriarme, Ó por qué de- seo ser estimado?
Por ventura de la nada? Esto es vanísimo,
erdaderamente, la gloria frivola es una verdade- ra peste y grandisima vanidad, porque nos aparta de la verdadera gloria y nos despoja de la gracia celestial.
Porque contentándose un hombre á sí mismo, te descontenta á Ti; cuando desea las alabanzas hu- manas, es privado de las virtudes verdaderas.
La verdadera gloria y la alegriasanta consisten en gloriarse enTi, y no en sí; gozarse en tu nombre,
y no en su propia virtud, ni deleitarse en criatura alguna, sino por Ti.
ea alabado tu nombre, y no el mío; engrandeci- das sean tus obras, y no las mías: bendito sea tu santo nombre, y no me sea á mi atribuida parte al- guna de las alabanzas de los hombres.
Tú eres mi gloria; Tú la alegría de mi corazón.
En Ti me gloriaré y ensalzaré todos los días; mas de mi parte no hay de qué, sino de mis flaquezas.
6. Busquen los hombres la gloria que se dan re- ciprocamente; yo buscaré la gloria que viene sola- mente de Dios.
Porque toda la gloria humana, toda honra tempo- ral, toda la alteza del mundo, comparada con tu eterna gloria, es vanidad y necedad.
¡Oh Verdad mía y Misericordia mía, Dios mío, Tri- nidad bienaventurada; á Ti solo sea alabanza, hon- ra, virtud y gloria para siempre jamás!
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