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The ConsciousLibrary

Chapter 28 of 30

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Sócrates: ¿Ni puede ser tampoco un buen administrador para gobernar una casa?

Alcibíades: No.

Sócrates: ¿Ni sabe lo que hace?

Alcibíades: Nada sabe.

Sócrates: No sabiendo lo que hace, ¿es posible que no cometa faltas?

Alcibíades: Imposible, seguramente.

Sócrates: Cometiendo faltas, ¿no causa mal en particular y en público?

Alcibíades: Seguramente.

Sócrates: Haciendo mal ¿no es desgraciado?

Alcibíades: Sí, muy desgraciado.

Sócrates: ¿Y aquellos a cuyo servicio se consagra?

Alcibíades: Desgraciados también.

Sócrates: ¿Luego no es posible que el que no es ni bueno, ni sabio, sea dichoso?

Alcibíades: No, sin duda.

Sócrates: ¿Todos los hombres viciosos son entonces desgraciados?

Alcibíades: Muy desgraciados.

Sócrates: ¿Luego no son las riquezas, sino la sabiduría la que libra al hombre de ser desgraciado?

Alcibíades: Seguramente.

Sócrates: Por lo tanto, mi querido Alcibíades, los Estados para ser dichosos no tienen necesidad de murallas, ni de buques, ni de arsenales, ni de tropas, ni de grande aparato; la única cosa de que tienen necesidad para su felicidad es la virtud.

Alcibíades: Es cierto.

Sócrates: Y si quieres manejar bien los negocios de la república, es preciso que imbuyas a tus conciudadanos en la virtud.

Alcibíades: Estoy persuadido de eso.

Sócrates: ¿Pero puede darse lo que no se tiene?

Alcibíades: ¿Cómo puede darse?

Sócrates: Ante todas cosas es preciso, pues, que pienses en ser virtuoso, como debe de hacer todo hombre, que no sólo quiera tener cuidado de sí mismo y de las cosas que son suyas, sino también del Estado y de las cosas que pertenecen al Estado.

Alcibíades: Sin dificultad.

Sócrates: No debes, por consiguiente, pensar en adquirir para ti y para el Estado un grande imperio y el poder absoluto de hacer todo lo que te agrade, sino únicamente lo que dicten la sabiduría y la justicia.

Alcibíades: Eso me parece muy cierto.

Sócrates: Porque si tú y el Estado gobernáis sabia y justamente, obtendréis el favor de los dioses.

Alcibíades: Estoy persuadido de ello.

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· 28 · Alcibiades I — Plato · The Conscious Library